¡Hola!
Phew, después de tanto tiempo ausente, por fin aquí me tienen...
Umm, ya sé que no tengo justificación, pero ya saben cómo es esto de "final del año escolar". ¡Hay tantos trámites! Que certificado esto, que título aquello, que la Universidad no-sé-qué. Y éstas últimas semanas han girado en torno a esto.
Además debo decir que la inspiración me abandonó. Tengo un proyecto en el fandom de Death Note que me tiene muy emocionada, y seguramente por eso la inspiración de aquí se fue por allá, pero al menos por el momento les voy a dejar esto.
De antemano, muchísimas gracias a las personitas que me dejaron reviews en el capítulo anterior y se han mantenido a la espera de la actualización. Gracias. ;w;
También otra cosita, no es que yo me haga publicidad ni nada de eso. Como ciertamente Facebook es una página a la que la mayoría de nosotros tenemos acceso, pues decidí hacerme una cuenta especial para la cuestión de mis fanfics, digo pues, para que allí me puedan preguntar qué hago, cuándo actualizo, porqué estoy desaparecida y eso. Si alguien está interesado me pueden buscar como Violeta Jiménez (UchihaDiana).
Y les adelanto algo, mi cabezita ya le dio luz verde a un nuevo proyecto de Yuri/Layla. Apenas se termine éste nos vamos en corto con el otro. ;D
Ok, es noche. Yo mañana me tengo que despertar temprano, porque para colmo de males, ya "trabajo"... En uno de los periódicos locales. XD
Así que nos vemos en la próxima actualización.
¡Reviews Please!
~Cenizas Doradas~
Chapter 10
Para cuando Layla pudo reaccionar con claridad, Yuri ya no se encontraba cerca. Había mirado a su alrededor buscándolo, pero simplemente no lo había encontrado. Suspiró lentamente, sonriendo sin poder evitarlo; sus mejillas aún permanecían rojas, calientes las podía sentir. Sus dedos dudaron un momento antes de alzarse rozando suavemente sus labios.
Su cuerpo entero tembló, como si una corriente de aire extremadamente frío le hubiera pasado cerca, y solamente podía atribuir eso… a que de alguna manera, estaba emocionada.
Ya no podía negarlo: la presencia de Yuri Killian siempre terminaba emocionándola.
Una risa discreta se escapó de su boca, al sentir un leve cosquilleo en el estomago.
–Así que… así se siente, eh– se dijo.
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
Yuri miró a su alrededor, aparentemente nadie se encontraba cerca, eso era un alivio.
Lentamente apoyó la espalda sobre la pared, terminando por deslizarse hasta el suelo. Su corazón latía con mucha fuerza, sin poder detenerse, descontrolando su respiración también.
Sentía cómo el ardor se expandía por todo su rostro.
Finalmente, tras calmarse un poco, terminó por sonreír satisfecho.
No podía arrepentirse: ésos ojos celestes, la tersa piel de la mujer y los labios tan rosados habían vencido a su autocontrol. La había besado sorpresivamente y lo había disfrutado.
Pero había algo que en ésos momentos lo incomodaba: ¿ella qué pensaría?
–Layla…– suspiró.
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
Fool dejó de intentar espiar el baño de las mujeres, no porque simplemente se hubiera resignado, sino porque algo había ocurrido con una de las estrellas que él custodiaba. Hizo aparecer su bola de cristal donde la constelación de Leo apareció. El espíritu del escenario puso un gesto de interés al mirarla.
–Con que se trata de Layla Hamilton…– murmuró.
En sus manos apareció el mazo de cartas del tarot, una por una éstas se esparcieron a su alrededor girando rápidamente, al detenerse una se alzó hacia su mano. Fool la miró con cierta sorpresa, debía admitir que nunca se lo había esperado.
–"The Lovers"– leyó –Ésta carta representa el nacimiento de una relación–
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
El resto del día y la noche pasaron en "relativa" calma. Nadie comentó sobre lo que había sucedido en la reunión de la tarde, nadie mencionó el nombre "Layla" por los pasillos, pero también, nadie dejó de pensar en eso.
Hamilton a su vez tampoco dejó de hacerlo, Killian tampoco.
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
El Sol brillante de la costa se coló por las ventanas de la mansión Hamilton, haciendo brillar la melena dorada de su única hospedante en ése momento. Los ojos celestes de la mujer se abrieron, lentamente, algo cansados. Ciertamente, durante la noche, conciliar el sueño había sido una dura labor; simplemente no podía, porque su mente se encontraba en pleno caos. Sin más qué hacer más que iniciar el día, se incorporó de la amplia cama, con el fin de comenzar a arreglarse.
Minutos más tarde, el ruido de un vehículo estacionándose fuera, la alertó. Su garganta reseca sintió cómo la saliva pasaba lentamente, ¿nervios?, no los quería reconocer. Firmemente tomó la perilla de la puerta principal, abriéndola sin titubear; el que esperaba afuera solo era Kalos Eido.
–¿Kalos?– le habló –¿Qué haces aquí?–
–Yuri me pidió de favor que pasara por ti– se explicó.
–¿Por qué Yuri te pidió eso?–
–A él le preocupaba que te fueras sola en un taxi de sitio–
–Pero él siempre viene por mí…– soltó sin pensarlo.
Kalos enarcó una ceja ante el inusual tono de decepción que la mujer había empleado. Layla al darse cuenta de su indiscreción, frunció el ceño con seriedad, aparentando que nada había ocurrido y que sólo había sido un comentario acorde a la conversación. Eido suspiró silenciosamente: la siempre orgullosa estrella, así era ella.
–Supongo que Yuri se encontraba ocupado y por eso no pudo venir– le comentó, con sutileza –Cuando estemos en Kaleido pregúntale–
–No es necesario– chistó.
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
Durante el trayecto, ambos iban en silencio. Jamás habían sido de tanto hablar entre ellos, así que el silencio los mantenía cómodos. Aunque aún así, Kalos no podía evitar mirarla cada cierto tiempo; algo de raro había en Layla Hamilton, pero conociéndola bien como la conocía, ella no lo contaría tan fácilmente.
–"Claro. El único que guarda los pensamientos de Layla es Yuri"– pensó divertido –"No me sorprende"–
–¿Ocurre algo?–
–De hecho sí– le respondió franco –Estaba pensando en que estés presente en las audiciones, tenía pensando que Sora estuviera, pero…–
–¿Pasa algo malo con Sora?– lo interrogó, preocupada.
–No realmente, pero ya la conoces, es indecisa. Eso sólo retrasaría las audiciones– se explicó –En cambio tú tienes buen ojo clínico–
–¿Ojo clínico?– repitió.
–Es algo que le escuché decir a Sarah– respondió, algo avergonzado.
–Ya veo…– murmuró sonriendo –¿Y quién más estará allí?–
–Mia, León y Yuri–
–¿Yuri también?– habló alto, sorprendida –Creí que a él no le interesaba ver las audiciones–
–Al final cambió de opinión– contestó sin más.
Cuando la rubia miró al frente, el auto de Kalos ya se encontraba dentro del aparcadero de Kaleido Stage, a un lado del automóvil de León que a su vez estaba a un lado del de Yuri. Rojo, un rojo brillante que resaltaba más con los rayos del Sol.
–¿Entonces, vas o no?– la hizo decidir.
–Está bien, iré– asintió –Quiero ver que ésos papeles sean escogidos acorde al talento que Kaleido siempre ha mostrado–
–Bien, y por último, antes de irnos. ¿Aún deseas el papel de Julieta?–
–No entiendo tu pregunta– rezongó –¿Desde cuándo me retracto de mis palabras?–
–Está bien, está bien– suspiró cansado –Te lo pregunto porque ayer Yuri fue a pedirme el papel de Romeo–
–Ayer él me dijo que sería mi compañero… de nuevo– explicó.
–Eso es suficiente– la detuvo –Sólo procuren hacer un buen trabajo–
Layla esperó a que Eido saliera para sonreírse abiertamente. "Ayer", seguramente después de su pequeño suceso. Se sintió tranquila por breves minutos, Yuri no la había abandonado.
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
Fool se mantenía en la puerta principal del escenario, observando hacia el horizonte. Aquella era una mañana bastante brillante, y después de leer las cartas nuevamente, se encontraba de muy buen humor.
Después de mucho tiempo, una nueva magia volvería a ver la luz; porque lo que en cuestión de días sucedería, era eso, la magia de los sentimientos humanos.
Observó cómo Layla y Kalos se acercaban a paso calmo hacia dentro de las instalaciones. Con gracia y elegancia el espíritu se elevó en el aire, mirando fijamente a la rubia. Una sonrisa y una reverencia.
Layla quien había desviado su mirada al frente, sólo pudo observar un brillo morado bastante familiar. Sus pies perdieron el ritmo hasta quedarse completamente quietos. ¿De verdad sería lo que pensaba?
–¿Qué te ocurre?–
–Creí ver… no, olvídalo– lo tranquilizó –No era nada–
La brisa refrescante sopló, meneándole su cabellera. Ella miró hacia el cielo. Sin duda ése sería un buen día
