Clint estuvo ligeramente sorprendido de recibir un mensaje de Tony esa tarde.

No era que estaba sorprendido de recibir un mensaje de Tony. El genio parecía preferir los mensajes a las llamadas. Él decía que era porque no quería que lo molestan mientras estaba trabajando. Clint pensaba que era porque así Tony podía pensar mejor sus palabras.

La sorpresa era que Tony no parecía haber pensado sus palabras tanto como solía hacerlo. Los mensajes de Tony siempre parecían como controlados.

"Por favor ven. Necesito compañía." No era un mensaje que Tony normalmente enviaría. Mostraba soledad, miedo y depresión.

La cual, sí, Tony sentía, pero nunca se lo dejaba saber a las personas. Porque si las personas sabían entonces podían tomar ventaja de ello.

Clint estaba seguro de que quebrantó varias leyes de velocidad mientras se apresuraba a ir a casa de Tony, pero él no fue el único. Se encontró con Steve en el garage, justo cuando descendía de su motocicleta.

—¿Recibiste su mensaje? —preguntó Steve.

—Sí. —asintió Clint.

—¿Alguna idea de por qué está así?

—Algunas —Clint se encogió de hombros —te lo diré más tarde. Por ahora, necesitamos concentrarnos en Tones.

Se subieron al elevador en silencio. Clint iba completamente quieto, Steve moviéndose constantemente. Una clara señal de que ambos estaban preocupados y ansiosos.

Una vez en el penthouse ambos se dirigieron con rapidez al estudio. Fue ahí donde encontraron a Tony sentado en el piso, envuelto en una manta y mirando a la nada.

Steve se sentó junto a Tony, con cuidado se acercó a tomar la mano de Tony, claramente no queriendo activar un episodio del TEPT de Tony. No importaba que tanto hubiera mejorado, aún podía tener una recaída.

Clint fue a la cocina a preparar chocolate caliente. Sorprendentemente, una de las especialidades de Clint cuando se trataba de cocinar. Tony aún seguía tratando de descubrir el ingrediente secreto que hacía que supiera tan bien (canela).

—Vuelve con nosotros Tony. —suplicó Steve mientras Clint repartía las tazas —¿Qué te molestó? ¿Cuál es el problema? ¿Cómo podemos ayudarte?

—¿Qué... Qué están haciendo aquí? —parpadeó Tony.

—Tú nos enviaste un texto, —Clint se encogió de hombros -asi que venimos. Dijiste que nos necesitabas.

—Nunca envié el mensaje. —Tony negó débilmente con la cabeza —Lo escribí. Pero no lo envié.

—Yo lo envié Señor. —la voz de JARVIS sonó desde los altavoces —Usted estaba claramente angustiado y necesitaba compañía más allá de la que los robots o yo podemos darle. Me tomé la libertad de conseguir lo que necesitaba, Señor.

—Recuérdame reescribir tu código JARVIS, —murmuró Tony —piensas demasiado.

—Señor esto es para lo que me diseñó. Para asistirle en su investigación y cuidar de usted.

—Lamento molestarlos, —murmuró Tony —estoy bien.

—No, ¡no lo estás! —insistió Steve —Estás temblando. Todo lo que quieras... Todo lo que necesites... estoy dispuesto a dártelo. Tony, podemos con esto. Lo sabes.

—Me pidieron construir un arma. —confesó Tony.

Clint estaba ligeramente tenso, por qué mientras él sabía lo que estaba pasando, Tony no sabía que él sabía. Por lo tanto Tony no tenía permitido dar detalles. No quería tener que reportar que Tony había hablado sobre algo confidencial. Estaba seguro de que en alguna parte del contrato había una cláusula en contra de ello.

—¿Quién? —demandó saber Steve —Yo sé que ya no quieres hacer eso. No tienes que hacerlo. Sólo recházalos.

—No puedo. —Tony negó con la cabeza —Tengo que hacer esto.

—No, no tienes que. Solo recházalos. —repitió Steve.

—Es muy tarde. —Tony rió amargamente —Ya firmé el contrato. Puse un par de condiciones. Pero ya está hecho. Tengo que hacerlo.

—¿Por qué? —Steve dejó salir un respiro —¿Quién? ¿Quién quiere que hagas esto?

—No puedo decirte quien. —Tony le tomó un sorbo a su bebida —No puedo decirte que estoy construyendo. Pero conseguí que acordaran que esta es la última arma que van a pedirme.

—¿Has trabajado para ellos antes?

—Son clientes regulares de IS —Tony se encogió de hombros —Al menos supieron venir con el mejor en lugar de ir con la compañía.

—¿Por qué? —Steve trató nuevamente.

—Para proteger a Pepper —dijo quedito Tony

—¿Pepper? —Clint frunció el ceño. No recordaba a nadie con ese nombre en los archivos de Tony.

—La señorita Potts —La llamo de esa forma o Pepper. Usualmente Pepper. Ella era mi Asistente Personal. La contraté para ese puesto después de que ella irrumpieron en mi oficina tras haber atacado a mis guardias de seguridad con spray de pimienta para decirme que había cometido un error en mis cálculos. Ella encontró un error que yo no había visto. Y sabía lo suficiente para saber que era un error. Y era lo suficientemente terca como para no dejar que nada la detuviera de hacer que lo corrigiera. Ella fue la única persona a la que tuve que dejar atrás.

—¿Qué? —Steve estaba confundido.

—Cuando 'desaparecí', —explicó Tony —tenía a tres personas que quería que supieran a donde me iba y que les importaba lo suficiente como para preguntar y que significaban para mí lo suficiente para decirles: Rhodey, Happy y Pepper. Rhodey está en la Fuerza Aérea, él no pudo venir, pero puede visitarme. Happy se convirtió en el Jefe de Seguridad del edificio, manteniéndome a salvó. Lo disfruta. A Pepper le pedí que se quedará. La compañía la necesitaba más que yo.

—¿Si sólo es una secretaria, —preguntó Clint —por qué la necesitaba la compañía?

—Una compañía con un mal CEO y una buena secretaria aún así logrará funcionar exitosamente. Una compañía con un buen CEO y una mala secretaria se mantiene a flote aún en la posibilidad de una crisis. —explicó Tony —Pepper es la mejor. IS la necesita más que yo. Sin embargo Stane no le tiene mucho aprecio. Ellos me prometieron que si hacía este proyecto se asegurarían de que Pepper se quedará en IS. Que se quedaría en el puesto en que está ahora y donde es necesaria. Pero que si conseguís un ascenso no interferirían.

—¿Haces esto por Pepper? —Steve le dió un abrazo con cuidado —Eres un buen hombre.

—¿Por qué le tienes tanto miedo a las armas? —preguntó Clint suavemente —Quiero decir, entiendo que te lastimaron, pero sigo sintiendo que hay algo que no sé.

Tony cerró los ojos y se apoyó más en el consuelo que le daba el abrazo de Steve.

—Nunca le dije esto a nadie, —empezó —ni siquiera a Rhodey. Cuando el convoy fue atacado en Afganistán, no fui herido en la explosión inicial. Incluso estaba consciente. Ví la bomba que cayó cerca de mí. La bomba que estalló y casi me mata. Pero más que eso, fue un diseño que reconocí. Un diseño que yo conocía. Fue concebido en mi cerebro. Modelado por mis manos Fabricado en una de mis fábricas. Con la intención de ser la espada del ejército Americano y sus aliados. Pero en lugar de eso usado en su contra, por los enemigos con los que peleaban.

—Oh Dios. —Clint tragó saliva.

No era sorpresa que Tony tuviera problemas. No era sorpresa que hubiera dicho que se estaba matando a si mismo.

—Se pone peor. —Tony rió amargamente —Cuando me llevaron a su cueva, ví docenas y docenas de cajas. Todas con mi nombre en ellas: Stark. Mis armas. Mis creaciones siendo usadas en contra de las personas que deberían usarlas. Usadas en contra de inocentes que no tenían forma de defenderse.

—¿Por qué no le dijiste a nadie? —preguntó Steve.

—Porque sólo tengo mi palabra. —Sólo la palabra de un egocéntrico y narcisista capitalista. La palabra del "Mercader de la Muerte". Habría sido acusado de, en en mejor de los casos, mentir; y en el peor, de venderles las armas a los Diez Anillos en persona. Además, tengo TEPT, quizás el trauma me estaba afectando.

Ambos operativos de SHIELD podían escuchar el tono burlón en la última oración de Tony. Estaba claro que el genio sabía como sus palabras podían ser fácilmente ignoradas.

—¿Cómo crees que las hayan conseguido? —preguntó Steve.

—Solo hay dos formas. —dijo Tony —Uno, alguien en el ejército las robó y vendió al los Traficantes de Armas. Dos, alguien en IS las vendió por debajo de la mesa. Siendo franco preferiría lo primero.

—¿Por qué? —demandó Clint —¿Crees que tener traidores en el ejército es mejor?

—No. —Tony negó con la cabeza —Pero tal robo sería menor. Habría menos de mis armas en las manos equivocadas. Y no serían las cosas grandes. Serían las cosas pequeñas que sin más fáciles de llevarse. No cosas como tanques o aviones.

—Además que es alguien de IS , significa que es alguien con el rango lo suficientemente alto para modificar los libros y hacer que las cifras coincidan. Notaríamos la discrepancia de otra forma. Y a todos los de ese rango o más alto los conozco personalmente. Prefiero ser traicionado por alguien que nunca he conocido que por alguien en quien confié lo suficiente para ponerle en esa posición de poder.

Eso Clint podía entenderlo. Tony preferiría una tradición anónima que una tradición por un compañero de trabajo. Tenía sentido. Porque una tradición anónima dolería muchísimo menos.

—No quiero que personas inocentes sean lastimadas por mis armas otra vez. —susurró Tony —Pero sigue pasando. Es lo que causó mi crisis nerviosa. Christine me mostró fotografías de mis armas siendo usadas contra civiles inocentes. Contra Gulmira.

—¿Gulmira? —presionó Steve con delicadeza —¿Qué es eso?

—Es un pequeño pueblo de Afganistán. —respondió Tony —Yinsen era de ahí.

—¿Quién es Yinsen?

—Un mejor hombre de lo que yo alguna vez seré. —Fue la única respuesta de Tony, susurrada tan bajo que Clint casi no lo escuchó.

No hubo más información. Tony simplemente se acurrucó contra Steve e ignoró las suaves preguntas que le hacían Steve y Tony.

De hecho solo dijo una cosa más antes de caer dormido en los brazos de Steve.

—Te amo.

—Lo sé. —contestó Steve, causando que una sonrisa adormilada adornara la cara de Tony.