Hola chicas. Estamos llegando al final. Este es penúltimo capítulo. Gracias por todos los comentarios. Yo quiero pedir disculpas porque el capítulo 9 no ha sido una de mis mejores traducciones (por lo menos la parte en donde Emma está colgada del mástil), es un fragmento difícil por algunos términos marineros que me ha sido difícil encontrar, pero sobre todo por la redacción, así, a lo mejor en otro momento lo reviso otra vez y le doy otra vuelta, pero espero que eso no haya impedido disfrutar del resto del capítulo.

Bueno, y ahora a disfrutar de este capítulo y del que queda.

Capítulo 10

Navegaron durante días ininterrumpidamente. Hook ya no gobernaba el timón, dejando a la nave ir al pairo. Aunque todos los presentes no apreciaban la idea de navegar sin una meta precisa, sabían que fiarse de Hook era la mejor solución.

Apoyada sobre la torreta del mástil central, Emma grabó otra señal sobre el parapeto, mordisqueándose el labio. Resopló, mirando hacia abajo. Regina la estaba observando. Emma siguió mordiéndose el labio, se deslizó al interior de la torreta, sentándose con la espalda apoyada en el parapeto. No tenía intención de bajar. En el puente, Regina sacude la cabeza, desilusionada y enfadada. Snow golpeó la punta de las botas contra uno de los barriles

«¿Por qué tengo la impresión de que mi hija te está evitando?» preguntó, intentando no sonar demasiado acusadora.

Regina no la miró

«No es una impresión. Es la verdad» soltó, caminando malhumorada hacia la bodega.

Snow suspiró y miró hacia arriba, y pudo jurar haber visto la cabellera rubia de la hija desaparecer nuevamente detrás del parapeto. Sí, Emma la estaba evitando.

Emma se había despertado con un gemido, apenas había sentido los labios de Regina rozarle el interior del muslo. Había batido estúpidamente los párpados, abriendo instintivamente las piernas para permitir a la mujer que continuase tranquilamente lo que estaba haciendo. Regina no se detuvo en demasiados preliminares al encontrarla ya dispuesta y húmeda

«¿Estabas soñando conmigo?» había susurrado, divertida, Regina.

«Quizás» había respondido Emma, jadeante, cuando la lengua de Regina había comenzado a moverse lentamente a lo largo de su abertura.

Había hecho deslizar las uñas sobre la cabeza de Regina, empujando a la mujer para la satisficiera. No le estaría suplicando en voz alta, pero para Regina valía igual. Había sonreído y la había penetrado con la lengua, gimiendo de placer ante su especial desayuno.

«Si pudiese despertarme así cada día, sería perfecto» había jadeado Emma de repente después del orgasmo, haciendo espacio a Regina que se había echado a su lado.

«Oh, no tengo ningún problema en creerlo, querida»

Emma se había dado la vuelta para mirarla, fascinada por la risa de Regina. Había observado en silencio el perfil de su rostro, había analizado con cuidada minuciosidad el más mínimo detalle.

«Te amo» había susurrado.

La risa de Regina se detuvo. Sus ojos se desencajaron y sus labios se abrieron en una O de sorpresa.

«Yo…» había balbuceado Regina, el rostro que se iba enrojeciendo.

Emma había parpadeado rápidamente al haberse dado cuenta de lo que se le había escapado de los labios. Se había levantado velozmente y con furia. Regina se ha había quedado totalmente tan aturdida, fuera por sus palabras como por sus acciones, que no había logrado detenerla. En menos de un minuto, Emma se había vestido y había salido como una flecha de la habitación.

«Swan»

Emma se sobresaltó, y por poco no deja caer el cabo que tenía entre las manos.

«Hook, eres un cretino» dijo la muchacha, levantándose. Estaba balanceándose a unos diez metros sobre el suelo, agarrada a una de las cuerdas de dirección «Casi me caigo»

El pirata se encogió de hombros, apoyándose con el antebrazo en el parapeto de la torreta, un par de metros sobre ella

«No ha pasado» le hizo notar

Emma rodó los ojos, y volvió a escrutar el mar a su alrededor. De tanto en tanto lanzaba miradas cargadas de pesar hacia Regina, que había decidido pagarle con la misma moneda: la completa indiferencia.

«¿Quieres subir o debo bajar yo?» dijo nuevamente Hook.

Emma rodó los ojos «Imagino que es pedir mucho quedarme a solas»

Él asintió alegremente. Emma resopló nuevamente, rodeando el cabo en su brazo y comenzó a ascender. A medio metro de la torreta, Hook le tendió la mano. Emma soltó la cuerda y se aferró a su antebrazo, permitiendo que el pirata la ayudara. Se deslizó dentro de la torreta sin ningún esfuerzo. Hook sonrió; desenganchó una cantimplora de la cintura y se la tendió.

«¿Qué ha pasado?» preguntó sin ambages

Emma miró por unos instantes la cantimplora, antes de cogerla, sacar el tapón y dar algunos tragos. Frunció la nariz y arrugó los ojos cuando el fuerte sabor del ron le quemó la garganta seca.

«Le he dicho que la amo» graznó, tosiendo. Devolvió la cantimplora al pirata que la giró entre sus manos antes de beber él también.

«¿Y eso es un problema, porque…?»

Emma se encogió de hombros, y se pasó una mano por la boca, limpiándose toda huella de ron.

«Creo que ha sido demasiado pronto»

Hook se rio. Emma lo fulminó con una mirada. Ella no encontraba nada de divertido.

«¿Te hace gracia?» soltó, enfadada

Hook asintió.

«Oh sí» se giró para mirar a Emma a la cara, y su expresión se puso seria «Sois imposibles las dos. Desde que os conozco, estáis dando vueltas la una alrededor de la otra, guardándoos las espaldas la una a la otra, procurando siempre que la otra esté a salvo. Y al mismo tiempo os ensañáis, rechazando admitir lo que hay entre las dos. Incluso un ciego lo habría comprendido. Incluso vuestro hijo lo ha comprendido antes que vosotras»

Emma abrió y cerró la boca un par de veces, antes de decidirse a hablar

«Tú..tú has bebido demasiado»

Pero Hook no tenía intención de dejarse tomar el pelo.

«¡Despierta, Swan!» le dijo, agarrándola por el brazo, «Regina está enamorada de ti, y tú de ella. ¿Exactamente cuál es el problema?»

Emma miró la única mano del pirata aferrada a su brazo. La observó durante un momento antes de sacudir la cabeza. Se encogió de hombros, mostrando una amarga sonrisa.

«El problema es que la última vez no fue muy bien»

No tuvo necesidad de especificar. La mirada de Hook se dulcificó en cierto modo.

«Neal» comprendió

Emma desvió la mirada para dirigirla nuevamente al horizonte. Los dos permanecieron en silencio por mucho tiempo. Tanto que las punzadas de hambre comenzaron a sentirse, voraces y ruidosas. Hook se enderezó tan rápido que Emma se sobresaltó de la sorpresa. El pirata agarró uno de los cabos, pasó por encima del parapeto, dispuesto a bajar al puente.

«Regina no es Neal, Emma» dijo Hook seriamente «Y si te estás preguntando por qué deberías fiarte de ella, intenta pensar en lo que ha hecho desde que os conocéis»

Emma no respondió. Hook se encogió de hombros y descendió hasta el suelo. Y Emma pensó en ello. Pensó en el momento en que había llegado a Storybrooke. En Regina, que había intentado alejarla para protegerse a ella misma y a su hijo. Pensó en los errores que la mujer había hecho, y en el modo en que había intentado solucionarlos. Y se dio cuenta de lo estúpida que había sido. Pensó en el odio que Henry había sentido hacia una ex Regina Malvada a la que creía aún capaz de crueldades. Pensó en la madre de Regina, Cora, que la había abandonado, vendido, cambiado solo por el poder, y que nunca le había demostrado verdadero afecto. Pensó en el Amor que había perdido cuando joven, asesinado a causa de un secreto no guardado.

Regina había sido tan poco amada, que había conservado en su interior ese amor tan distinto, dispuesta a entregar a la primera persona que fuera digna de él. Y Emma no se había demostrado como tal. Emma, cuyos hombros se encogieron significativamente ante esa revelación, había sido una completa cretina.

Agarró la cuerda que colgaba por fuera de la torreta y saltó. La vela sobre la que estaba amarrada cedió ligeramente, y Emma se deslizó hacia abajo, quemándose las manos por el contacto abrasivo de la cuerda. Jadeando y maldiciendo, la muchacha aterrizó en el puente. Se sopló las manos y se arrastró hacia la sala donde normalmente almorzaban y cenaban, y abrió la puerta de un empujón. Cuatro cabezas se levantaron a mirarla. La de Regina permaneció obstinadamente mirando el plato.

«¿Podemos hablar?» dijo jadeante Emma

«No»

Seca. Clara. Concisa.

Emma se lo esperaba. Después de todo, era Regina.

«Por favor»

Regina se estiró sobre la mesa para alcanzar la garrafa de vino. Emma arrugó la frente: nunca bebía vino.

«Swan, la palabra "no" tiene un significado muy sencillo» la mirada de Regina se dirigió por un breve instante en su dirección «Incluso una mente obtusa y limitada como la tuya debería saberlo»

Emma no se movió de donde estaba.

Los otros cuatro habían dejado de comer y asistían a la escena con interés. Snow y Charming se apretaban las manos por debajo de la mesa. Hook se había puesto a balancearse en la silla, con una expresión satisfecha. Rumpel había cruzado las manos bajo la barbilla, pero su mirada no se desviaba de Regina.

«De acuerdo» soltó Emma, acercándose a la mesa «Tú no quieres hablar, yo sí. Así que me escucharás»

Regina rodó los ojos

«He dicho…»

«Yo he dicho que te amo» la interrumpió Emma, provocando un gemido de sorpresa a sus padres. Regina se inmovilizó. «Y a continuación me marché. ¡Y lo siento! Porque me comporté como una cretina, he sido una insensible y no te he dado ni siquiera la posibilidad de responder, de mandarme a la mierda, o qué sé yo»

Emma se agarró al borde de la mesa, pero quitó las manos cuando las abrasiones entraron en contacto con la rugosa madera.

«Lo siento muchísimo, porque he hecho lo que hago siempre. Huir. Y te amo. Te amo de verdad, pero tuve miedo por culpa de…»

Neal. Quería decir Neal. Pero la verdad es que no solo se trataba de Neal. Ella había sido abandonada por todas las personas que, se suponía, debían amarla «…lo que pasó en mi pasado» Emma retomó aliento. Solo estaba Regina. Ningún otro. Solo Regina existía para ella. Pero Regina no dijo nada. Se levantó, pasó por detrás de ella y salió de la sala sin dirigirle la mirada.

Había sellado la habitación. Rumpel, Hook, incluso David y Snow podrían entrar y hablar con Regina, pero ella no. Emma no. La había sellado para que ella no pudiese entrar. Emma se había pasado la sobremesa entera delante de la puerta, tocando y pidiendo que la dejara pasar. Pero no había podido hacerla razonar.

Snow había enviado a Emma a su camarote para que se aseara, y había aprovechado para entrar a hablar con Regina. Había encontrado la habitación patas arriba. Se había acercado a la única cama que había quedado intacta, la de Emma. Regina estaba echada en ella, y miraba hacia el techo. Snow se había preguntado durante cuánto tiempo llevaría así, con la mirada perdida en el techo, y durante cuánto tiempo más estaría de ese modo. Se sentó en el borde de la cama y apoyó una mano en la de Regina. Ella no la rechazó.

«No se comportó bien» murmuró Snow

«Es tu hija» fue la respuesta seca

Snow suspiró

«Sois las personas más imposibles que nunca haya conocido. Emma ha sido egoísta comportándose de ese modo, pero todos cometemos errores, Regina»

Regina volvió la cabeza para mirarla. Sonrió

«Sale de esta habitación, Snow» susurró con un tono de voz que no admitía réplica.

Desde ese momento, la entrada a la habitación fue negada a todos los demás.

Por la noche, solamente Rumpel tuvo la posibilidad de entrar en la estancia con la cena. Regina no se había sorprendido: los poderes del hombre eran muy superiores a los de ella. Y el sellado no era un hechizo exageradamente complejo.

Rumpel dejó el plato en el suelo, sentándose en el mismo sitio donde se había sentado Snow.

«¿Cuál es el problema?»

Regina resopló

«¿Me los estás preguntando en serio?»

Rumpel balancea la cabeza, pensándolo por unos instantes

«Sí, en efecto. Te lo estoy preguntando»

Regina se giró para mirarlo

«Emma ha…»

«Dicho que te ama, lo sé»

«Y después…»

«Y después se marchó. También sé eso»

Regina se sentó.

«Y después te pidió perdón»

Regina chasqueó la lengua, como si no supiese qué hacer con ese perdón

«Con todas las veces que un miembro de mi familia me ha pedido perdón podría escribir un libro»

Rumpel cruzó los brazos, asumiendo una expresión de reproche que Regina no le había visto nunca. Le pareció haber vuelto a ser una niña, cuando su padre la reprendía por una mala acción.

«¿Así que, le estás haciendo sufrir las penas del infierno a esa muchacha porque tus padres se equivocaron antes que ella?»

Regina enrojeció: por la incomodidad o por la furia, Rumpel no supo decirlo.

«Me dijo que me amaba y escapó. Me ha ignorado por horas, sin darme la posibilidad de hablar con ella. Creo que un poco de esto…» señaló la habitación, aludiendo a su propio comportamiento «…se lo merece»

Rumpel sacudió la cabeza, incrédulo

«Dejaste huérfana a esa muchacha, Regina» soltó, levantándose, «Obligaste a sus padres a abandonarla. Numerosas familias no la quisieron. Vagó de orfanato en orfanato. Por culpa de la maldición, incluso mi hijo tuvo que abandonarla, para que cumpliera con su destino de Salvadora. Se vio obligada a entregar a su único hijo porque no tenía medios para criarlo»

Regina, ante aquellas palabras, abrió desmesuradamente los ojos. Aquel no parecía Rumpelstilstkin.

«La maldición habrá sido mía también, pero fuiste tú quién decidió lanzarla. Desde que la Salvadora llegó a Storybrooke, no has hecho otra cosa que intentar alejarla. ¿Y ahora te sorprende que tenga miedo de amar y de dejarse amar? Creía que había formado a una alumna más despierta que tú, Regina Mills. Ha desnudado su alma por ti delante de todos, delante de sus padres»

Regina se dio cuenta de haberse hundido las uñas en el brazo solo cuando notó la sangre deslizarse por la piel. Dejó escapar un sollozo. Uno solo. Rumpel se inclinó sobre ella y le pasó una mano sobre el brazo. La marcas de las uñas desaparecieron al instante, y la sangre se evaporó.

«Se ha dormido en una de las hamacas de la bodega» dijo duramente Rumpel, dirigiéndose hacia la puerta «En lágrimas, naturalmente»

Aquello golpeó a Regina más que ninguna otra cosa. Que ella recuerde, no había visto a Emma llorar. Nunca. Y ahora lo hacía por su causa.

Fue necesario una hora antes de que saliera de la habitación. Cuando lo hizo, la noche había caído sobre Neverland, silenciosa e inquietante. Regina caminó, con la cabeza baja, hasta la escotilla que llevaba a la bodega. Se dio cuenta de la mirada interesada de Hook, pero la ignoró. Bajó rápida las escalerillas de madera y miró alrededor, intentando orientarse en la oscuridad. Murmuró algunas palabras, de sus manos emanaron media docena de llamas mágicas, que se esparcieron por la estancia. Vislumbró las hamacas después de unos instantes, y se dirigió a ellas con paso ágil, pero nervioso.

Emma estaba sobre la última hamaca, la de la esquina. Estaba de lado, la cara vuelta hacia la pared, la manta que le caía de mala manera sobre las caderas. Dormía. Regina se sentó con cuidado. La hamaca se deformó y se bajó. La mujer hizo una mueca, subió los pies a la hamaca y se acostó a lo largo. De repente, Emma se dio la vuelta, abriendo los ojos con expresión confusa.

«Regina» dijo inmediatamente. Los párpados batieron rápidamente, y no pudieron esconder los ojos rojos por el llanto y el sueño «Mi disc..»

Regina la calló con un beso, un beso apenas marcado. Para Emma fue como volver a respirar: se agarró a sus hombros, se estrechó contra ella, y Regina se preguntó cómo había hecho para estar alejada tanto tiempo. Se separó dulcemente de ella, apoyando los labios sobre su frente.

«He sido una estúpida» murmuró Emma

«También yo»

«Egoísta»

«También yo»

«Infantil»

Regina sonrió

«También yo»

Emma suspiró

«Somos un desastre»

Regina la besó de nuevo

«Duerme» susurró en su boca

Emma desencajó los ojos y sacudió la cabeza frenéticamente

«No me voy a ningún lado, Emma» murmuró Regina, el corazón en pedazos al ver a la muchacha tan frágil de repente «Te lo prometo»

Emma la miró por instantes que parecieron infinitos, antes de asentir. Cerró los ojos y apoyó la sien en su pecho, durmiéndose al cabo de pocos minutos. Regina se colocó mejor, deslizando su cuerpo bajo el de Emma; recuperó la manta, y las tapó a ambas, abrazando a la muchacha y durmiéndose ella a su vez.

Fueron despertadas a mitad de la noche por un ruido que provenía del puente. Emma se sobresaltó y levantó la cabeza, encontrando a Regina ya atenta y vigilante. Permanecieron tensas, a la escucha, dispuestas a saltar de la hamaca si fuera necesario, pero cuando escucharon la risa de Hook, se dieron cuenta de que el pirata probablemente se había emborrachado solo. Suspiraron de alivio las dos, cruzando sus miradas y sonriéndose instintivamente.

Las sonrisas murieron lentamente. Emma se mordió el labio inferior. Regina levantó una ceja. Sus bocas se encontraron con fuerza, sin que ninguna de las dos supiera quién había hecho el primer movimiento. Emma se colocó sobre ella, empujando la lengua en su boca y peleando con su corpiño.

«¡Mierda!» jadeó, apoyando la palma de la mano sobre la tela. En un momento, el corpiño desapareció, para reaparecer en el suelo a algunos metros de distancia. Regina emitió una exclamación de sorpresa.

«Cuando quieres te apli…¡AH!»

Emma sonrió ante su gemido, y comenzó de nuevo a recorrer con su lengua el pezón erecto de la mujer. Los dedos de Regina se incrustaron entre sus rizos rubios, manteniéndola más cercana a ella. Emma desabotonó con rapidez los pantalones de Regina y los suyos propios, bajándolos con urgencia por las piernas de ambas. No se preocupó por donde fueran a caer. Regina agarró los bordes de su camiseta y los subió hacia arriba, incitándola a que se la quitara. En poco segundos, desapareció también esta.

«Sácalo» jadeó Regina, los dientes de Emma atacando nuevamente el cuello de Regina.

Emma se no lo hizo repetir y sus cuerpos desnudos se enlazaron, encajando a la perfección uno en el otro. La mano derecha de Emma resbalo por las piernas de Regina, la de Regina por las de Emma. Se movieron en sincronía, acariciándose el clítoris con movimientos iguales y simétricos. Regina busco su otra mano, y entrecruzaron sus dedos, y a continuación empujó dos de sus dedos en su apertura, entrando en ella con demasiada facilidad. Emma gimió

«Eres…»jadeó

«Lo sé»

Emma hundió primero uno, después dos, y finalmente tres dedos en el sexo caliente de Regina. Golpearon fuere, empujando la una contra la otra hasta el agotamiento. Y continuaron después. Cuando la hamaca se hizo demasiada incómoda, las dos se deslizaron hacia el suelo con una simple manta como colchón.

«Te amo» repitió Emma después del que era probablemente el cuarto orgasmo, aún más arrebatador que los tres primeros.

Regina la beso, largamente y con pasión, volviendo a penetrarla y provocándole nuevos gemidos. La amaba, cierto que amaba. Intentó hacérselo comprender a través de sus gestos, de sus besos, de su pasión. Y a Emma le bastó.