Respuestas a Reviews:
Moontsee VR: La verdad sí, quiero matar a todos. Ah, de sentimientos ¿verdad? xD jajaja. Tony está indeciso entre si debe quedarse o marcharse, porque ama a Steve pero le debe muchísimo a Obadiah. Gracias por decirme que fue tu parte favorita, la mía también fue esa. Adoré escribirla. ¡Besos!
Sullen: ¿Qué crees? Sentí lo mismo. Me quedé con una sensación un tanto ambigua cuando publiqué el capítulo, y me tuve que leer toda la historia nuevamente. Quizá fue porque necesitaba avanzar y no quedarme estancada todo el capítulo en ellos teniendo sexo y besándose. El paso quizá fue un poco extremo, pero quería llegar al punto donde dejé el capítulo. Oh dios mío, jamás me haré responsable de sus noches de desvelo xD no te preocupes querida, me gustan las críticas porque para eso son: para detectar errores y mejorar. Agradezco tu sinceridad. ¡Besos!
Olilore: Mira, te seré sincera: me encanta ser mala y corté el capítulo ahí para que ustedes sufrieran un poquito jajaja. Me encanta cortar justamente cuando alguien dice o hace algo inesperado. Claro, el personaje de Obi estará entrando con fuerza a partir de este capítulo, y en los siguientes estará súper presente porque será la conexión con el clímax de la historia, así que espéralo pronto (esto sonó como anuncio, no sé). Obadiah no es un villano, es un ser humano que va a sufrir pero que también hará sufrir. Sobre Natasha sabremos más en este capítulo y en los siguientes, y Bruce aparecerá también muy pronto. ¡Besos!
Gaby: ¡Hola, Gaby! Muchísimas gracias por decidirte a dejar un comentario, es muy lindo saber que la historia te gusta. Espero que la historia te siga gustando. ¡Besos!
NinaCasillas: No, no. Me deslindo de todas las responsabilidades, eh. Si tienes ojeras no me voy a sentir culpable xD muchas gracias por tus palabras, me hace muy feliz saber que te gusta la historia y la narración. Y ya vendrán más situaciones en las que no sabrás de qué lado ponerte. ¡Besos!
MiaRiquelme: Lamento mucho la demora, pero ya está aquí el capítulo. Me gusta ser una villana y por eso dejé el capítulo hasta ahí jajaja. ¡Besos!
¡Holaaaa!
Gracias a Dios que volví. Mis vacaciones se extendieron más de lo premeditado pero aquí estoy. Tarde pero seguro. El capítulo no es taaan largo como había prometido, pero sí muy intenso porque estamos entrando ya a la etapa del clímax de la historia y, por lo tanto, pasarán algunas cosillas interesantes en este capítulo. Supongo que a esta historia le quedan algunos cuatro o cinco capítulos más.
Muchísimas gracias a todas las personitas que se toman un momento para comentar, eso me inspira y me alegra muchísimo.
¡Disfruten!
.
Capítulo X.
Es sorprendente cómo el silencio puede ser tan opresivo y a la vez tan liberador. Tony está ahí de pie, mirando a Steve y esperando que diga algo. Pero él no dice nada. Simplemente le mira con esos profundos ojos azules durante varios minutos. Después una pequeña sonrisa se deja entrever y luego, no sabe cómo jodidos o porqué, Steve se suelta a reír. Como si le hubieran contado el mejor chiste de la vida. Como si esto fuera una broma. Imbécil.
—¿Por qué te ríes? —le pregunta toscamente. Algo está oprimiendo su corazón porque Steve está burlándose de él, de sus malditos sentimientos. Y lo único que quiere es soltarle un puñetazo y joderle su dentadura perfecta. Entonces Steve deja de reír de repente, y vuelve a mirarlo, con una ceja alzada.
—Espera, ¿qué? —cuestiona, genuinamente confuso—. ¿No es una broma, Tony? —y mira sus ojos color avellana y se da cuenta que no, no es una broma. Diablos—. Pero, ¿qué? Estabas enamorado de mí y-no, espera, eso no… yo…—comienza a balbucear estupideces y no puede formar ni una frase coherente con todo el remolino de pensamientos y recuerdos que está teniendo en ese preciso momento. El enojo se le va al castaño al comprenderlo. Steve pensó que era una broma, puede verlo en su expresión. Se declina por la verdad, por confesar ya de una vez lo que ha ocultado por años. Es ahora o nunca.
—Me enamoré de ti, tonto. No sé cuándo fue exactamente, sólo sé que de repente un día me desperté pensando en ti más de lo normal. Nunca te lo dije porque tenías una relación con Bucky, y me pasé los años esperando a que terminaran para poderte confesar mi amor. —una sonrisa hueca se asoma por su rostro. Dios. Es tan difícil rememorar todo porque vuelve a doler como no se tiene idea. Porque es como volver a vivir el infierno del amor no correspondido. El corazón le martillea en las orejas, y un zumbido se apodera de él.
—Pero Tony, yo era… Dios, no. Yo era escuálido y torpe, y demasiado "estirado" a tus palabras. No nos llevábamos bien. Tú…—acaricia sus brazos, con delicadeza, para tratar de transmitirle lo que quiere decir, luego prosigue: — tú eras demasiado guapo e inteligente, y popular con las chicas y chicos como para fijarte en mí. —entonces toma su rostro entre sus manos, porque sabe que le ha hecho daño con su reacción—. Por eso me reí. Es casi imposible de creer que, de entre todas las personas, hayas puesto tus ojos justamente en mí.
—Tampoco sé por qué. Simplemente me enamoré, pero tú ya estabas amando a alguien más. —desvía su mirada porque no puede soportar seguir mirando esos mares claros que parecen tragárselo. Pasa saliva antes de proseguir: —. Después de la muerte de María, yo iba a volver. Iba a regresar sólo para confesarte mis sentimientos porque tenía una esperanza, pero entonces un día tú me marcaste y me contaste tus planes de proponerle matrimonio a Bucky, y yo… ¿cómo carajos iba a presentarme en tu boda? ¿Con qué cara iba a felicitarlos? —terminando sus palabras, siente los fuertes músculos calientes de Steve envolverlo en un tierno abrazo. El rubio lo sujeta con fuerza, con sus manos presionándole como si fuera a desvanecerse. Tony aspira profundo su delicioso olor y se pega a su pecho, con el rostro escondido en la curvatura entre el cuello y el hombro del rubio. Se aferra a este momento.
—Perdóname. —es todo lo que Steve dice. Su voz suena quebrada, afectada—. Si tan solo lo hubiera sabido, jamás… no habría insistido en este tema, Tony. Necesitaba una explicación porque te desvaneciste sin dejar rastro, y todos estos años me he preguntado qué hice mal para que cortaras el contacto. Ahora lo sé. —le da besitos en el cabello, sin soltarlo.
—El que debería pedir perdón soy yo, ya sabes, sé qué tan importante era para ti que estuviera en tu boda. Y te merecías una explicación. —suspira, acurrucándose más en ese pecho que le brinda calor y confort—. Simplemente no tenía el valor de decírtelo, ni en ese entonces y quizá tampoco antes de este momento. —se aleja poco a poco, atreviéndose a verle a los ojos y lo que está frente a él le deja un poco sin palabras: Steve tiene los ojos cristalinos, como si estuviera a punto de ponerse a llorar. Le mira pero no ve compasión en esos ojos, Steve no es de ese tipo de personas. Steve comprende. Comprende su dolor. Es quizá el gesto más hermoso que puede obtener de él y lo que más aprecia en este momento. Él odia la lástima.
—Seré sincero y admitiré que no me gustabas en el pasado. Ya sabes que yo estaba enamorado de Bucky. —dice el rubio. Tony siente como si alguien le jalara el corazón para desprendérselo del pecho. Bien, hay cosas obvias que no necesitaría que le recalcaran, gracias—. Sin embargo, cuando volviste y te vi en The Howling Commandos… había algo ahí, lo sé. Iba más allá de ver a un viejo amigo. —le confiesa, acunando una de sus mejillas con una de sus fuertes manos. Tony sonríe cuando Steve junta sus labios en un pequeño beso—. Sabía que ibas a ser mi ruina. —y entonces vuelve a besarlo, esta vez más ardiente, repasando con su lengua su labio inferior. El castaño le da el permiso que necesita y sus lenguas se encuentran en una danza sensual.
Cuando se separan, juntan sus frentes. Steve no puede creer que Tony haya soportado tanto, que su fuerza fuera tan grande. Que a pesar de los años y de lo sucedido, haya regresado y le siga amando. Eso le da miedo. El amor que Tony le tiene. Porque él jamás pensó que podría sentir algo por alguien aparte de Bucky y ahora hay una persona aquí frente a él que le está diciendo que lo ama y él siente que se está ahogando, pero en el buen sentido. Su corazón brinca con emoción porque cuando su esposo murió, creyó que la vida le tenía destinado un camino solitario, siendo feliz con otras cosas y otras relaciones que no implicaran una pareja. Ahora todo está dando un giro inesperado. Una vuelta de tuerca que le ha traído el cariño en la persona que menos pensó.
No puede decirle todavía que también le ama, porque a ciencia cierta no lo sabe. Y no puede ni quiere comparar este cariño que está floreciendo con el de Bucky porque no sería justo para nadie. Jamás será lo mismo. El amor jamás se sentirá igual con una persona o con otra. Esperará un poco más para descifrar sus sentimientos él mismo y cuando se sienta listo, lo dirá. No quiere lastimar a Tony más de lo que ya lo ha hecho. Sin embargo, se siente dichoso y alegre y temeroso, también. Porque él está comenzando a sentir muchas cosas a pasos agigantados y no sabe si debería parar porque Tony es un hombre casado y no se han puesto a pensar en el marido.
Se besan más tiempo y se abrazan. No hay lujuria. Ésta vez va más allá de eso y ambos lo saben. Esto no es nada más sobre el sexo.
Luego del momento incómodo-romántico-revelador-cursi, Tony toma una ducha primero y luego lo hace Steve, porque ambos saben que necesitan algo de tiempo para devolver sus pensamientos a donde pertenecen y aclarar sus ideas.
Stark se viste con una camisa holgada y se queda en calzoncillos. Él baja a la cocina y está hurgando en la nevera esperando encontrar algo apetitoso para desayunar, cuando Steve entra en pantalones de chándal y una camiseta ceñida a su pecho. Y está recién afeitado. Él parece mucho más joven de esta forma. Con la cara limpia los ojos le resaltan más. Tiene ganas de pasar sus dedos a lo largo de las mejillas de Steve y sobre su mandíbula. No obstante, si lo hace terminarán teniendo sexo como siempre y el desayuno quedará postergado y él se está muriendo por comer algo.
—Thor me acaba de llamar. Dice que todos se reunirán en el bar de siempre y nos invitaron. —dice Steve y se acerca lentamente y rodea la cintura de Tony con sus dedos— ¿Quieres ir? —le cuestiona, quizá dudoso por todo lo que ha pasado entre ellos. Hay un brillo en sus ojos. No ha cambiado nada, pero quizá hay algunos sentimientos que se han aclarado en esa cabecita rubia y a Tony le emociona eso más de lo que debería.
—¿Cómo no voy a querer ir? Jamás me perdería los chistes malos de Barton. —sonríe, divertido. Pasar tiempo con los amigos de Steve es un buen cambio. Le da un pequeño besito en la nariz al ojiazul, luego se aparta para sacar las cosas del refrigerador y comenzar a preparar el desayuno. El rubio le sonríe de esa forma que hace que se le derritan las rodillas, y luego se pone a su lado para ayudarle.
o.o.o.o.o.o
Cuando llegan al bar, ya todos están ahí. Ellos saludan a todos los presentes con fuertes abrazos, como si hace mucho tiempo no les vieran. Cuando es turno de saludar a Barton, éste los recibe con una sonrisa pícara.
—Todavía huelen a sexo. —es lo único que dice antes de que Laura le suelte un ligero zape en la parte posterior de la cabeza. Todos se ríen para el bochorno de Steve. Tony mira sus mejillas encendidas y piensa que no hay nada más lindo que eso.
Todos beben y bailan, y se ríen y cuentan historias pasadas vergonzosas de cada uno. María está al lado de Sharon, codeándose cuando alguien dice algo gracioso, como si supieran cosas que ellos no saben. Es así. Las mujeres siempre saben más de las historias que, incluso, quien las vive.
Loki se sienta a un lado de Tony, y le pasa una cerveza y cuando se la termina, le pasa otra. No hay muchas palabras entre ellos pero realmente no se necesitan porque con simples miradas, ellos hablan. Luego de un tiempo, se enfrascan en una conversación un oco rara acerca de un libro titulado Ragnarok, pasan a Shakespeare, y luego terminan hablando de música. Loki es un gran conocedor del arte y la literatura, y amante de la buena música. Tony le pregunta cómo es posible que viva en ese pueblo habiendo tanto mundo por descubrir en la ciudad.
—Hay muchos lados a donde puedes moverte desde aquí. —responde Loki sencillamente—. Además este pueblo es muy pacífico. Por las madrugadas se ven las estrellas sin necesidad de un telescopio, y puedes escuchar música a todo volumen sin que algún vecino se queje porque las casas están alejadas entre sí. Me gusta aquí. —una pequeña sonrisa se asoma de entre sus labios, luego dice: —. Es como un sorbo de vida.
Tony puede comprenderlo. Cuando llegó odiaba el lugar. En primera por los recuerdos que le traía, pero también porque él no se hacía viviendo en un lugar tan alejado del concepto del siglo veintiuno. No hay tanta luz, sólo las farolas de las calles. Música country, gente amable, sin coches en las calles. Es algo que le aterraría porque él es amante del cambio, del progreso tecnológico, del futuro. Si se pone a analizarlo ahora, se da cuenta de que le aterra el simple hecho de marcharse y abandonar esta paz y tranquilidad que ha encontrado aquí y en los brazos de Steve.
Pensando en él, lo busca insistentemente porque lo ha perdido de vista. Hay rostros desconocidos por todos lados, pero de repente cruza mirada con un atractivo hombre que lo está viendo fijamente. Al principio no le toma importancia, pero cuando vuelven a cruzar miradas, se da cuenta que él viste ropa cómoda como toda la gente, pero lleva un costoso reloj en la muñeca izquierda y tres anillos de oro. Claramente no es del pueblo. El hombre le sonríe genuinamente como si le conociera y se da la vuelta, bebiendo un trago de su vaso. Tony hace una mueca pero decide no prestarle importancia. Quizá ese desconocido sólo está coqueteándole. Al poco tiempo después ve a Steve en la barra bebiendo una cerveza con Thor. Luce feliz, con pequeñas arrugas alrededor de sus ojos porque se está riendo. Él se ve tan joven, lleno de vida. Es tan amable, tan atento. Dios, es todo lo que Tony pensó sobre él. Muchas veces se creyó que la idealización no le llevaría a nada bueno porque solemos darle a las personas más virtudes de las que tienen cuando estamos enamorados. No obstante, Steve es todo eso que se imaginó, e incluso más. Mucho más.
—¿Vas a terminar con él? —le pregunta Loki, sosteniendo su botella por la boquilla y jugando con el envase. Tony le da una breve mirada a Steve antes de volver su atención al otro hombre.
—No quiero hacerlo, lo amo. —murmura. Está harto de guardárselo y está seguro que con esa intuición que el ojiverde tiene, ya lo ha de saber desde hace mucho—. Sin embargo, tengo un marido que me ama y que ha estado para mí todos estos años. No sé qué habría hecho sin él, y yo… es difícil decidir. —hace una mueca. Lo ha pensado mucho. Ha pensado en abandonar a Obadiah porque su corazón se lo dicta, pero su conciencia le dice que no lo haga. Que es el hombre que le ama incondicionalmente. Que no se lo merece.
—Amor no es lo mismo que agradecimiento. —dice Loki—. Muchas veces confundimos esas dos cosas y permanecemos al lado de alguien que no amamos simplemente porque nos dan el cariño que no encontramos en otra persona. S muy fácil mentirse uno mismo y decir "no lo amo, pero me siento bien a su lado". La conformidad es una mala excusa para no arriesgarnos a ir por más. —y Dios que le duele que se lo diga. Es cierto. Lo que Loki le está diciendo es jodidamente cierto y le da un trago largo a su cerveza para tragarse la sensación amarga que le deja saberlo. Jamás ha amado a Obadiah. Y no lo hará así se marche de aquí.
—Me he mentido durante años haciéndome creer que podía ser feliz con mi marido. —murmura, con la mirada fija en la espuma de su cerveza que poco a poco se va acabando—. "Todo va a estar bien", era la frase más común. Me casé con él para no dejar caer la empresa de mi padre en las manos equivocadas, pero también lo hice porque en el fondo esperaba poder superar a Steve. Fui un idiota, porque pensé en él todos los días, y jamás me di la oportunidad de amar a Obadiah. —suspira, dejando caer la cabeza entre sus manos, derrotado—. Me siento infinitamente culpable por haberle hecho creer que también lo amaba. Quizá por eso no puedo dejarlo. No sería capaz. —en este punto, habla más para sí mismo que para su acompañante y no sabe si realmente Loki le ha escuchado. Tal parece que lo hace porque, después de un silencio prolongado, otra nueva cerveza fría se deja caer en la mesa frente a sus ojos.
—Dicen que las culpas con alcohol saben menos amargas. —
Tony sonríe.
o.o.o.o.o.o
Steve y Thor beben como si el alcohol fuera agua. Ellos siempre han tenido más resistencia para el alcohol que todos sus amigos, y se vanaglorian de eso desde hace muchos años. Sin embargo, hoy simplemente beben lento, saboreando el momento y su amistad y los tragos de licor. Han dejado la cerveza atrás y tienen una botella de tequila a la mitad.
—Mi amigo Steve, te siento feliz y enamorado. —dice con una bella sonrisa que parece iluminar toda la barra. Steve se ríe, apenado, con una mano rascándose los mechones de la nuca y deja que el sentimiento lo invada. Sí, se siente feliz y dichoso de tener a Tony a su lado, tiene que admitirlo.
—No sé si enamorado sea la palabra correcta en este momento, Thor. Es quizá muy pronto para sentir algo así. —dice.
—¿Qué dices? ¡El amor surge en cualquier momento! Se puede construir poco a poco, cierto, pero también puede ser como un rayo que te deje estancado a la mitad de la calle. —dice, sin borra su sonrisa peculiar. Ambos se sirven tequila en un par de vasos pequeños y lo huelen, antes de beberlo lentamente para sentir cómo el líquido raspa sus gargantas. Thor prosigue: — ¿Sabes una cosa, mi buen amigo? El amor es una cosa extraña: puede destruirte, puede borrarte. El amor puede curarte, reinventarte y, si eres lo suficientemente afortunado, el amor puede hacerte de nuevo por completo. —suena tan cursi viniendo de un hombre como él, que Steve piensa por un momento que está borracho, pero luego le mira fijamente y se da cuenta que no. Que Thor está enamorado, simplemente—. Así que no dejes que el amor te aterre, mi buen amigo. Agárralo con uñas y dientes si lo has encontrado. Hallarlo por segunda vez en este mundo tan complicado es casi como encontrar un tesoro. —y tiene razón.
Steve está a punto de decir algo, pero siente unas cálidas manos pasarse alrededor de su cuello y una respiración suave en la nuca. No necesita girarse para saber quién es el dueño. Loki llega dos segundos después y besa a Thor en la mejilla.
Tony besa su nuca y Steve se da media vuelta y se quiere reír. El castaño tiene algo revuelto su cabello, las mejillas sonrojadas y los ojos más abiertos de lo normal. Está un poco borracho. Recuerda su episodio pasado, pero no tiene miedo. Tony no lo hará de nuevo y él confía. Así que simplemente le da un besito en la nariz y lo jala de la mano para salir del bar y que les dé el aire.
Cuando están afuera, él enciende un cigarrillo y ambos se recargan en una de las paredes laterales del bar. Tony agradece la ráfaga de aire porque recupera pronto los cinco sentido y el mareo que sentía dentro del bar, se esfuma. Ellos platican de la noche mientras Steve se termina el cigarrillo. Esto se siente bien, se siente como estar en casa.
Su conversación se desvía un poco y de repente Steve suspira con una diminuta risa que ilumina todo su rostro a pesar de lo cansado que parece por la hora, y Tony quiere. Lo quiere todo y no sabe por qué jodidos no se ha permitido quererlo como tanto desea. Se despega de la pared casi de un salto y sí, es imponente y da miedo el mar de sentimientos que se desbordan de su pecho, pero Tony no quiere seguir teniendo miedo de lo que no conoce y no puede controlar. Entonces pasa las manos por la cintura del rubio y lo besa con la necesidad y el cariño. Por supuesto, Steve le corresponde de inmediato y ellos se besan mucho tiempo, quién sabe cuánto.
Cuando alguien carraspea a su lado, ellos se separan y los labios les duelen. Sus amigos lo están viendo con sorna. Thor lleva una sonrisa pegada en su rostro y a su lado, tomando su mano, Loki también parece disfrutar la escena.
—Lamentamos interrumpir su… ardiente momento. —dice Natasha, sonriendo de medio malo. Steve se hace el desentendido por el comentario porque está aburrido de que todos busquen el momento para hacerlo sonrojar—. Pero ya nos vamos y no los encontrábamos. Mañana es día de trabajo y la hora no es exactamente la mejor si queremos descansar. —entonces la pelorroja se acerca y se despide con un beso en la mejilla de cada uno. Luego el el turno de Thor y Loki, quienes les dan un breve abrazo. Laura y Barton simplemente les dicen adiós con la mano, porque etsán unos metros más lejos. Cuando todos se marchan, ellos se ríen. Los momento siempre son bochornosos.
Steve apoya su frente en el pecho de Tony, todavía reacio a alejarse, a dejarlo ir, no quiere que la noche termine. Y él quiere confirmar la realidad de la presencia de ese pulso. Las manos de Tony se envuelven alrededor de su cuello, y Steve siente que sus manos son protección y seguridad. Él no ha esperado eso. No ha pensado que podía sentir eso de nuevo y sin embargo aquí está.
Tony está a punto de alzarle el rostro y besarle, cuando un ligero presentimiento le recorre la columna vertebral y sus ojos buscan algo a su alrededor y lo ve. Es el hombre del bar. Está de otro lado de la calle, apoyado lánguidamente contra el poste de luz, así que Tony no puede ver bien su rostro pero sabe que es él. Dios, no. ¿Es un reportero? Busca ansiosamente alguna cámara, su celular, lo que sea que lo delate. Pero el hombre no lleva nada, solo las manos en los bolsillos y su mirada fija en él, como si estuviera tratando de memorizarlo. Entonces le hace un asentimiento de cabeza, luego le dice adiós con la mano y se pierde en la oscura calle.
El corazón de Tony le late fuertemente porque no sabe qué jodidos ha sido eso. Él no conoce a ese hombre, por supuesto. Tampoco parece un reportero. ¿Quién es? Algo dentro de él le dice que vaya a buscarlo, que lo intercepte y le pregunte qué ha querido decirle con sus gestos y miradas, pero no quiere alarmar a Steve y tampoco quiere preocuparse él. Este día ha sido perfecto como para que lo arruine. Quizpa ese hombre simplemente estaba buscando en é algo como un polvo rápido pero descubrió que ya esá con alguien y eso es todo.
Espera que sea eso, en verdad.
Lo olvida pronto cuando unos ojos del color del cielo en septiembre se ponen frente a él. Una boca con sabor a menta, cerveza y tabaco se ciñe sobre la suya, y esas manos tan grandes del tamaño de toda la cara de Tony que son tan, tan suaves, se envuelven a su alrededor.
o.o.o.o.o.o
Natasha está poniéndose la blusa del pijama cuando Rumlow entra en la habitación. Ellos han decidido dormir en recamaras separadas por el momento, no quieren apresurar nada. Ella ni siquiera se inmuta, pero cuando los labios de Brock se ciñen sobre su hombro, da un ligero salto de la sorpresa. Habían acordado que la intimidad sería después. Se pone nerviosa y algo en su interior, a la altura del estómago, se aprieta.
—Brock… —ella se da la vuelta para tratar de decirle que no lo haga, que no está lista todavía. Pero se ve silenciada por unos labios apetitosos y suaves que le hacen perder, por un momento, el miedo. Ella corresponde el beso lento y cariñoso, y posa ligeramente sus dedos sobre los hombros masculinos. Se deja hacer con los ojos cerrados, pero cuando las manos del hombre rodean su cintura y acunan con ligereza su trasero, algo dentro de ella grita para que se detenga. Cierra los ojos con fuerza y trata de concentrarse en el beso, pero a pesar de que Rumlow deja sus manos ahí, sobre sus nalgas, y no hace otro movimiento, ella no puede controlar el temblor y las ansias que la invaden. Tiene miedo. Comienza a temblar, y aunque al principio es imperceptible, el movimiento se hace más notorio hasta que no puede controlarlo y se separa del beso y se pone a llorar.
Rumlow se espanta porque no sabe qué ha hecho mal. Bueno, sí lo sabe. Se siente culpable porque es algo que no había podido evitar al sentir su cuerpo tan cerca. Estaba siendo amable, cariñoso, pero no es suficiente. Le da asco el grado al que ha llegado para que Natasha llore con sólo tocarla de esta forma. Se odia a sí mismo porque nadie más que él, ha provocado esto. Y no sabe qué hacer porque quiere abrazarla pero, quizá, si lo hace, ella lo rechace. Y él se lo merece. Se queda ahí parado como un imbécil hasta que la pelirroja se abraza a él y sus lágrimas le mojan la playera suelta. Él pasa poco a poco sus manos por la espalda de ella.
—Perdóname, Natasha. —murmura, con la voz quebrada—. Juntos vamos a arreglar esto, lo prometo. —ella asiente y se acurruca más contra él. Él suspira y besa sus cabellos rojizos que caen con soltura sobre sus hombros. Es como una niña pequeña e indefensa como cuando se conocieron. Él se había prometido entonces que la amaría y le ayudaría a construir su fuerza y encontrar su voluntad. No ha hecho más que sobajarla, que maltratarla. Dios, es un monstruo.
Rumlow tararea una cancioncilla que sabe que a ella le gusta, y juntos se balancean en la oscuridad de la recámara, a media noche.
o.o.o.o.o.o
Son casi las cuatro de la mañana y Tony no puede creer que terminará teniendo más ojeras que con las que llegó al pueblo. Es simplemente que no puede evitar no mirar a Steve mientras éste duerme. Es como si quisiera memorizar su rostro, las líneas de su mandíbula, la forma en que frunce los labios cuando está teniendo un mal sueño. Es como si quisiera aprenderse su cara antes de que esto se termine.
No quiere. No quiere dejarlo. Llámenlo bastardo egoísta, no le importa porque está consciente que sí, que lo es. Que está jugando con fuego y que cada vez se introduce más en este huracán que lo dejará destruido, pero ¿qué puede hacer? ¿Cómo puede retirarse cuando ha conseguido el amor que tan desesperadamente ha buscado por años? Él tiene que irse y lo sabe, pero no puede.
Mueve su mano sólo un poco, lo suficiente para tocar la mano de Steve, pues ésta descansa sobre el abdomen desnudo del rubio. Tony lucha por no tocar más, por no extender la mano. A él le excita su cuerpo, pero no, no es eso. Va más allá. No quiere tocar a Steve más de lo necesario y hacerle daño. Su respiración es tranquila, su pecho sube y baja con un compás definido, paciente. Tony siente el cuerpo cálido en cada rincón donde Steve le ha tocado, donde ha reconstruido a un hombre bajo los escombros de vidrio. Es por eso que se detesta. Lo ama demasiado como para dañarlo.
Así que en medio de la noche y bajo la luna llena que se cuela por la ventana, Tony toma una decisión definitiva entre si quedarse o marcharse.
o.o.o.o.o.o
Obadiah estira su cuerpo y lleva una mano a su dolorido cuello y soba. No ha podido dormir bien desde que llegó a Nueva York. Quizá es la ausencia del cuerpo de Tony a su lado.
Él saluda a Pepper cuando la ve en un pasillo de la empresa, y busca un momento con ella para preguntarle cómo está Tony. Ella le cuenta a punto y seña sobre su estado de salud, y la mejoría en su ánimo. También se queja porque por supuesto que los hábitos de sueño de Tony no han cambiado mucho, y él sigue haciendo proyectos en un laboratorio que ha montado en el sótano, cuando lo que debería hacer es descansar. Obadiah sabe que Tony no es el del tipo de personas que se queden sin hacer nada, así que simplemente se ríe de las quejas de Pepper, con buen humor.
Nota un cambio casi imperceptible en ella cuando le pregunta sobre si ha hecho amigos en ese pueblo, y ella responde que sí con ojos evasivos. Él piensa que a ella no se le dan bien las mentiras y quiere indagar más en el asunto, pero una secretaria le pide a Pepper unos informes y le avisa de una junta con algunos inversionistas y Virginia se disculpa con él por tener que marcharse. Ella se pierde rápidamente por el pasillo que ha venido y él siente que algo no anda muy bien ahí pero tampoco quiere verse paranoico. Simplemente deja que se vaya y él se mete a su oficina.
Está preparándose para la junta con los inversionistas y presentar los contratos que ha conseguido a nivel mundial, cuando dos toquidos en la puerta lo distraen. Su secretaria le informa que alguien quiere verlo y él no necesita saber el nombre de esa persona para saber quién es. Le dice que lo deje pasar.
—Buenos días, jefe. —dice un hombre de traje y corbata, dando pasos certeros a lo largo de la alfombra hasta encontrarse con Obadiah. Lleva bajo el brazo un sobre de papel y se dan la mano. Él le asiente saludándolo y le pide que tome asiento en una de las sillas frente a su escritorio. Le sirve una copa de whisky y se sienta en su lugar.
—No creí que volverías tan pronto. ¿Cómo está Tony? —le cuestiona, bebiéndose de un trago el alcohol. Toma la botella y se sirve un poco más, aguardando la respuesta. Hace cuatro días, cuando llegó a Nueva York, le pidió a su detective que fuera a ver qué tal trataba a Tony la vida rural. No fue por desconfianza, pero quería asegurarse por sus propios medios, que el castaño no estuviera mintiéndoles acerca de su recuperación. Pensó que el hombre tardaría más tiempo en regresar, pero está aquí y le está mirando con una mueca entre seria y triste en su atractivo rostro. Algo anda mal.
—Está muy bien, señor. Pero encontré algo… algo interesante, que creo que usted debería saber. —él estira la mano y sobre su muñeca izquierda reluce un carísimo reloj de oro, y sobre sus dedos, anillos. Obadiah estira la mano y abre el sobre sin ponerse a meditarlo.
—¿De cuándo son? —pregunta con la voz ronca. Su rostro sereno no cambia, no se altera. Él simplemente bebe su vaso de whisky y vuelve a llenarlo, una y otra vez. El alcohol le quema la garganta. Lo que ha descubierto le quema el pecho.
—De antier en la noche. Traté de regresar lo más pronto posible pero estaba reuniendo algunos otros datos. —dice el hombre, acomodándose mejor en el asiento de cuero. Puede ver los labios fruncidos y secos de Obadiah, pero lo conoce bastante y sabe que no demostrará nada enfrente de él—. Conseguí algunas direcciones, como la de su casa y su negocio. Hablé con algunas personas del pueblo y me han dicho que los han visto juntos desde hace algunas semanas. —él termina diciendo. Se toma su whisky también de un solo sorbo y espera, paciente.
—¿Tony te vio? —alza por un momento sus ojos de las fotos, y a él le recorre un escalofrío por esa mirada de acero. Frío como el hierro. Él casi suspira de alivio cuando esos ojos vuelven a mirar las fotografías.
—Sí, cruzamos miradas un par de veces en el bar, pero pensó que yo estaba coqueteando con él. No sospechó, señor. —es todo lo que dice.
—Mañana estará depositado tu pago en tu cuenta de banco. —dice Obadiah sin despegar los ojos de las fotos que tiene entre sus manos—. Ahora largo. —y sin escuchar nada más que el golpeteo de los zapatos en la alfombra, espera a que el detective cierre la puerta con seguro. Después hace un esfuerzo enorme y con un dedo tembloroso, presiona el intercomunicador y escucha la voz de su secretaria. Dice: —. Que nadie me moleste en todo el día. Cancela juntas y reuniones, di que no podré atenderlos. —y sin esperar alguna palabra más, corta la comunicación.
Luego se pone de pie. Se pasea por su oficina pasándose las manos nerviosamente por su cabeza casi calva. No puede creer esto. Esta traición es demasiado. Luego mira las fotos esparcidas sobre su escritorio y ruge del dolor y la decepción. Avienta las sillas que están a su alcance. Tira papeles, avienta su botella de whisky contra la pared y abre otra y bebe sin clemencia. Sus trofeos, sus reconocimientos, sus portarretratos. Avienta todo sin piedad.
—¡Maldito! ¡Mil veces maldito! —grita a la nada, y no le importa que lo escuchen. A esta altura ya nada le importa—¡¿Por qué?! ¡Te di todo! ¡Todo! Te di mi amor, mi vida, mis años…¡te di un futuro! —sigue bebiendo. Arroja sus manos al escritorio y toma entre ellas las fotos que le han entregado. Las aprieta con odio, con dolor. Y se pone a llorar mientras sigue maldiciendo una y otra vez a Tony Stark.
Sobre el suelo, maltratadas, yacen las fotos de Steve y Tony en el bar besándose y abrazándose.
¿Qué les pareció el capítulo? ¡Espero sus reacciones en los comentarios!
Espero tengan una linda semana, ¡Besos!
