Capítulo 9. Corazonada.
Las horas se pasaron sin sentir. Erick había invitado a Jazmín a comer y ella había aceptado, en parte por el hambre voraz que amenazaba con corroerle las entrañas y en parte porque el rubio tenía algo que atraía a Jazmín con la fuerza de un potente imán.
- No eres alemana.- no era una pregunta, era una afirmación por parte de Erick.
- No, no lo soy.- negó Jazmín.- Nací en México, pero mi padre es japonés.
- Eres la hija de Genzo Wakabayashi.- nuevamente, se trataba de una afirmación no una suposición.- Y de Lily Del Valle.
- ¿Cómo lo sabes?.- se sorprendió Jazmín.
- Tu padre es famoso.- Erick se encogió de hombros.- Un gran ex futbolista. Y tu madre, una gran mujer que compone música que parece creada por los mismos ángeles.
Jazmín se atragantó levemente con su limonada. Si Erick supiera...
- Sí, ellos son mis padres.- musitó Jazmín, mirando para otro lado.
- Bueno, pues los conozco, aunque solo de oídas, y sé que tienen dos hijos.- continuó Erick.- Tú, y un muchacho llamado Daisuke.
- Vaya.- Jazmín estaba impresionada.- Sí que sabes sobre mi familia... ¿Y tú? ¿Tienes apellido?
- Levin.- respondió Erick.- Y por cierto, yo también soy mitad mexicano.
- ¿En verdad?.- Jazmín no se lo hubiera imaginado, ya que el muchacho tenía toda la facha de tener ascendencia nórdica.
- Sí.- asintió Erick.- Mi madre es mexicana, aunque yo soy sueco como mi padre.
- Levin... .- repitió Jazmín, pensativa.- Ese apellido me suena familiar...
- Quizás algún día lo recuerdes.- Erick sonrió enigmáticamente.
- ¿No me vas a decir?
- No
El muchacho sonrió una risilla. Jazmín sintió que se puso colorada. Había algo en esos ojos grises que la perturbaban... En el reloj de la iglesia que se encontraba frente a la placita sonaron cuatro campanadas. Jazmín dio un respingo: era tardísimo.
- Creo que mejor me voy.- musitó Jazmín.- Es muy tarde ya y mis padres deben estar muy preocupados.
- Si vives muy lejos, puedo llevarte a tu casa.- ofreció Erick.
- No es necesario.- negó Jazmín.- Nada más dime a qué hora sale el próximo autobús de aquí.
- ¿Hacia dónde?.- preguntó Erick.
- Este... .- Jazmín titubeó. Tan aturdida estaba hacía unas horas que no se fijó en qué camión se subió.
- No sabes hacia dónde vives, ¿verdad?.- rió Erick.
- No...
- Bueno, no te preocupes.- dijo él.- Yo te llevaré.
- ¿Tienes en qué?
- Sí, mi coche.
- ¿Tienes coche?.- Jazmín exclamó.
- Claro, ¿cuántos años crees que tengo?.- cuestionó Erick.
- No lo sé... ¿Quince?.- dudó Jazmín.
- Diecisiete.- replicó Erick.- Tú eres la que debe tener quince.
- Los acabo de cumplir... .- murmuró ella.
- Pues feliz cumpleaños, entonces.- sonrió Erick, sin sospechar nada.
- Gracias.- musitó Jazmín.
Ella volvió a ponerse triste. Primero se había ido Cassidy. Después, Daibu. ¿Quién sería el próximo? ¿Alguno de sus primos? ¿Su padre, su madre, su propio hermano? Erick notó que ella estaba muy callada.
- ¿Te pasa algo?.- preguntó Erick.- Claro que te pasa algo. Cuando te vi estabas muy triste.
- Bueno, es que... .- Jazmín titubeó.- No debería de decírtelo, pero hace apenas unos cuantos días mi mejor amiga falleció quemada y ayer un gran amigo también murió...
- Lo lamento mucho.- Erick se puso serio.- No lo sabía...
- Yo sé que no.- Jaz sonrió con tristeza.- Y me siento mal, porque me sentí a gusto comiendo contigo, a pesar de que apenas te conozco, cuando debería sentirme mal por mis amigos...
- No tiene nada de malo que dejes tus problemas de lado por un momento.- comentó Erick.- A veces uno quisiera que el mundo dejara de girar por un momento...
Jazmín, sintiéndose conmovida, derramó una lágrima. Erick le limpió el rostro con ternura. Hubo una conexión entre ambos, algo casi... Mágico... Erick se hizo para atrás, confundido, y abrió la puerta de su coche.
- Mejor te llevo a tu casa.- murmuró él.- Vamos.
- Sí, gracias.- murmuró Jazmín, también avergonzada.
Después de perderse un rato y dar varias vueltas, Erick y Jazmín encontraron el camino a la cabaña. Como era de esperarse, Lily y Genzo casi se trepaban por las paredes. Jazmín saltó del coche cuando éste se detuvo y su madre se le dejó ir con un fuerte abrazo.
- ¿En dónde estabas?.- evidentemente, Genzo estaba enojado.- Estábamos muy preocupados por ti.
- Lo siento, papá.- se disculpó Jazmín, cuando su madre la soltó.- Es solo que tenía que aclarar mi mente...
- ¿Y no pudiste habernos dejado una nota.- reclamó Genzo.- ¿Tienes idea de lo mucho que nos hiciste sufrir?
- Perdón, papá.- la pelinegra agachó la cabeza, apenada.
Erick carraspeó. Genzo entonces se fijó en el muchacho rubio que había llevado a su hija.
- ¿Y tú eres?.- cuestionó Genzo.
- El que trajo a su hija a casa.- replicó Erick.
- No te quieras pasar de listo.- gruñó Genzo.- No sé quien eres y no creas que me causa gracia saber que estuviste todo este tiempo con mi hija.
- Papá... .- musitó Jazmín.
- Ya hablaremos, Jazmín.- gruñó Genzo, sin dejar de retar a Erick con la mirada, el cual se la sostuvo.- ¿Qué pretendes con mi hija?
- Nada, señor, se lo aseguro.- Erick trató de ser cortés.- Nos encontramos por casualidad y pues simplemente la traje a casa porque ella no sabía cómo regresar.
- Sí, claro.- masculló Genzo.
Lily, curiosa, miró a Erick se arriba abajo. Había algo en el muchacho que le llamaba mucho la atención... De pronto, el chico la miró a los ojos y Lily dio un respingo. Esos ojos grises eran tan... Profundos...
- Ya déjalo así, Genzo, por favor.- pidió Lily.- Jazmín está sana y salva, es todo lo que importa.
- Pero es que... .- gruñó Genzo.
- Ya, querido.- Lily tomó a su esposo por el brazo y le sonrió con ternura, de esa manera en que ella sabía que lograría convencerlo.- Déjalo así...
- Bueno.- Genzo desistió.- Pero más te vale que te alejes de mi hija.
Genzo se dio la vuelta, no sin antes lanzarle una mirada fulminante a Erick y se marchó. Jazmín sonrió a manera de disculpa.
- Perdona a mi papá.- dijo ella.- Es un tanto... Celoso...
- Todos los padres son así con sus hijas.- sonrió Erick.- No importa.
- Gracias por traerme.- sonrió Jazmín, aliviada.
- No hay de qué.- dijo Erick.
Lily no dejaba de mirar fijamente a Erick, como si lo evaluara. Jazmín entendió que mejor se iba y se metió en la cabaña. El muchacho entonces miró a Lily.
- No estaba haciendo nada malo con su hija.- dijo Erick.
- Yo sé que no.- replicó Lily.- Es solo que... ¿Vives cerca de aquí?
- Sí, en el siguiente poblado.- respondió Erick.- Vivo solo.
- ¿Y tus padres?.- quiso saber Lily.
- Mi madre está en México, mi padre en Suecia.- replicó Erick.- Cada uno con su familia arreglando asuntos pendientes.
Lily tuvo una corazonada, pero optó por no decir nada.
- Ya veo.- dijo ella, al fin.- Gracias por cuidar de mi hija.
- Fue un placer.- sonrió Erick.- Y perdone la molestia.
El rubio se marchó por donde llegó. Lily se preguntó si su corazonada sería cierta...
Bueno, parecía poco menos que increíble...
Todo parecía una pesadilla. Ni siquiera Suien, que se había enfrentado a los horrores del Caos, podía creer que realmente eso estuviera pasando... Ryou y Hiro, sus hijos gemelos, estaban al borde de la muerte. Ambos habían sido atravesados por una barra de metal, como si fueran pedazos de carne a punto de ser asados en una brocheta... Comparación demasiado burda, cruel e insensible, pero terroríficamente parecida...
Los cuerpos de rescate ya habían llegado al lugar y se habían llevado a Kojiro y a Chiaki, muy a pesar de ésta. Suien insistió en quedarse, más que nada por sus hijos y por sus poderes de convencimiento de ángel... Ryou y Hiro se veían muy tranquilos a pesar de su situación... Ellos confiaban en que los rescatistas pudieran sacarlos de ese aprieto...
- Dígame la verdad.- pidió Suien a un paramédico.- ¿Qué tan grave es la situación?
- Muy grave.- reconoció el hombre.- No sabremos qué tan graves son sus heridas internas hasta que los llevemos a un hospital.
Suien entendía la gravedad del problema, aunque sus hijos se veían tan tranquilos que no parecía real... Los paramédicos subieron al fin a los muchachos a una ambulancia con sumo cuidado para no mover la barra y los llevaron al hospital más cercano. Ahí, los médicos más especializados los estaban ya esperando e inmediatamente les hicieron todos los estudios posibles y después de largo rato al fin se tenía un diagnóstico...
- ¿Y bien?.- Suien estaba impaciente.- ¿Qué pasará con mis hijos?
- Verá... .- el médico suspiró.- No tenemos buenas noticias...
Al parecer, la barra de metal había perforado el pulmón de Hiro y la arteria aorta de Ryou, pero la misma barra había sellado las heridas evitando la muerte instantánea de ambos. Sin embargo, era obvio que no podían dejarles la barra de manera permanente y ahí radicaba el problema... Tendrían que separarlos para operarlos y quizás, al hacerlo, uno, o los dos, podrían morir... Y si no les quitaban la barra, también morirían... Así pues, debía tomarse una decisión sobre a quien operar primero...
- ¿Me está diciendo que debo elegir a cuál de mis dos hijos debo salvar?.- Suien no se lo podía creer.
- Lo lamento mucho... .- murmuró el cirujano.
No, no podía ser...
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Karla tenía un dolor de cabeza espantoso. Katya la estaba enseñando ser su receptora para que estuviera lo más conciente posible y poder dar los mensajes con claridad. Kazuki trataba de ayudar a la joven, pero no podía hacer gran cosa.
- Me siento tan inútil.- gruñó Kazuki.
- Ya lo creo.- Karla sonrió.
- ¿De qué te ríes?
- De algo que me dijo Katya.- confesó Karla.
- ¿Ella está aquí?.- Kazuki contuvo el aliento.
- Sí. Y me dice que tú siempre te sentiste un inútil.- Karla soltó una risilla.- Pero que ayudas más de lo que crees...
- ¿Ah, sí?.- Kazuki estaba escéptico.- ¿Y eso cómo?
- Katya dice que tu sola presencia la tranquiliza...
Sorimachi se ruborizó. Él sonrió por lo bajo.
- Te extraño.- murmuró Kazuki.
- Ella también.- dijo Karla.- Pero dice que es hora de poner manos a la obra...
- Muy propio de Katya.- rió Sorimachi.- ¿Qué te dice?
Karla trató de concentrase. Cerró los ojos y se puso en contacto con Katya. La habitación se puso en penumbras y el tiempo se detuvo.
- Va a haber muchas muertes en masa.- dijo Katya.- Eso es como consecuencia a que las Ángeles y los Neo Ángeles se niegan a aceptar sus destinos. Sus poderes ocultos no pueden permanecer así para siempre y buscarán la manera de salir. El Caos aprovechará esto y lo usará para sus propósitos...
- ¿Qué es lo que debo hacer?.- quiso saber Karla.
- Debes localizar a las Ángeles.- respondió Katya.- Sobre todo, al Ángel de la Esperanza y a la Hija de la Luz. Tengo un mensaje muy importante para ellas, pero debes localizarlas primero...
- Entiendo.- asintió Karla.- Ahora que ya puedo dominar mis visiones, le pediré a Kazuki que me ayude a encontrarlos.
- Date prisa.- urgió Katya.- No queda tiempo...
Karla parpadeó y el mundo normal apareció frente a ella. Kazuki la miraba, apremiante. Él deseaba tanto hablar con Katya que por un momento él esperó que ella le hablara a través de su sobrina. Y de pronto, Karla pareció entrar en trance otra vez y comenzó a hablar.
- No te sientas solo, Sorimachi-san.- dijo Katya.- Yo siempre estoy a tu lado. En ese punto del despertar, en donde aun recuerdas el sueño que tuviste, es donde siempre te amaré...
Karla cayó al sillón que estaba detrás de ella, inconsciente. Kazuki se apresuró a socorrerla, preocupado, pero al mismo tiempo, sonreía...
Fue una boda sencilla. A ninguno de los dos le interesaba anunciarle al mundo entero su amor, se conformaban con decírselo el uno a la otra... Lily llevaba un vestido blanco sencillo pro hermoso, con su largo cabello castaño con tonos rojizos cayendo sobre la espalda. Genzo estuvo seguro en esos momentos, más que nunca, de que ella era un Ángel...
Fue al atardecer, cuando las estrellas comenzaban a brillar pero el sol aún no se ocultaba por el horizonte. Ernesto Tapia fue el encargado de llevar a la novia al altar y entregársela a Genzo.
- Cuídala bien.- pidió el hombre.- Es una mujer muy especial...
- Eso lo sé.- sonrió Genzo.
Al momento de hacer sus votos, Genzo le repitió a Amankaya su promesa de amarla por siempre. A partir de ese momento, él sería su familia, su guardián, su eterno enamorado. Nadie de los presentes podía creer que alguien como Genzo Wakabayashi pudiera ser tan cursi... Amankaya lloraba a lágrima viva, no podía con la emoción que la Esperanza estaba sembrando en su corazón... Y cuando el juez de paz los casó, ambos sellaron su amor con un beso...
Jazmín nació varios meses después. Lily temía que ella hubiese heredado los oscuros poderes del Caos, pero eso no lo sabría en ese momento... Esa noche del 1 de abril, el Destino habló con Lily justo a la medianoche.
- Ángel de la Esperanza.- dijo una Voz suave y tranquilizadora.- Has tenido una hija que inevitablemente heredará tus poderes.
- Eso me temía.- confesó Lily.- ¿Qué clase de poderes tendrá? ¿Será un Ángel o un Demonio?
- Eso no te lo puedo decir y lo sabes.- respondió el Destino.- Así como tú tampoco puedes revelarle a ella tu verdadera identidad hasta que cumpla los quince años. Será hasta entonces cuando se echen a andar las ruedas de su plan de vida y entonces podrás decirle la verdad sobre su herencia...
- Ya veo... .- murmuró Lily.- Muy bien, yo obedeceré. No le diré nada a mi hija sobre lo que es hasta que sea el momento.
- Hasta las doce de la noche del día en que el primero se convierta en segundo.- repitió la Voz.- Hasta entonces, no podrás decir nada. Y recuerda no perder la Esperanza...
- No lo haré.- prometió Lily.
Ella habló con Genzo sobre lo que el Destino le había dicho. Él prometió también no decirle absolutamente nada a su hija hasta que fuera el momento... Jazmín fue creciendo, alegre y vivaracha, y era tan dulce que Lily pensaba en que alguien así no podía ser un Demonio...
Pero las apariencias engañan...
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Algunas frases y escenas han sido tomadas de películas o series de televisión y adaptadas a este fic... Sí, en aquella época era fan de Grey's Anatomy, lo admito…
