Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece a mi.


CapituloBeteadopor:Shades


Capítulo 11: ¡Mi padre, mi odio!

Edward POV

Una suave brisa acariciaba y refrescaba mi cara. A lo lejos escuchaba como los autos pasaban por el pavimento de la calle.

Había dormido como nunca entre sus brazos, sus pechos habían sido mi cómoda almohada.

Me había hecho hombre, ella me había hecho su hombre, suyo, solo suyo. Jamás me había sentido tan feliz en toda mi vida.

Me sentía completo, como cuando aún vivía mi madre.

Estire mi brazo para traerla de nuevo a donde pertenecía, en mis brazos, pero solo encontré un vacío.

Abrí mis ojos de golpe y me sobresalte al no encontrarla.

—Bella amor—llame, pero nadie me contesto, mire el reloj que posaba sobre la mesita de noche y marcaba las 11:15hs.

Me levante y me puse lo primero que vi, mis bóxer negros. Salí así como estaba, solo en ropa interior y la busque en el baño y nada; me fui a la sala y nada.

Por ultimo me dirigí a la cocina y allí estaba.

Dios, algo bueno tuve que haber hecho para merecer semejante mujer… se veía tan sexy, con mi camisa puesta, solo llevaba sus bragas. Estaba demasiado tentadora para su propia seguridad… y la mía.

Me acerque sigilosamente, sin que se diera cuenta. Ella estaba preparando el desayuno.

De una sola vez, pase un brazo por su cintura y el otro por encima de su hombro dejando reposar mi mano en su pecho… mierda, ella estaba sin sostén.

Dio un salto y derramo un poco de jugo de naranja.

—¡ Amor, me dejaste solo!…—exclame con un tono que aparentaba estar ofendido.

—Jesús… Edward, me asustaste—dijo. Y sin querer froto su trasero firme, por mi miembro.

—Lo siento, pero no debiste dejarme solo—dije frotando ahora intencionalmente mi cadera por su trasero. Ella jadeo y comenzó a respirar con dificultad.

—Yo… yo quería darte una sorpresa…—habló mientras se aferraba al borde de la encimera.

—Bella, te dije que te amo—pregunte besando su cuello y presionando sus pechos con mis manos.

—No… hoy no, solo anoche—dijo mientras se restregaba contra mí ya prominente erección.

Llevo sus manos a mi cuello, aun de espaldas, y corrió su cara para besarme. Le saque mi camisa y la deje solo con las bragas puestas, hice que diera la vuelta, lleve mis manos hacia su trasero y la levante poniéndola sobre la encimera.

Inmediatamente tome uno de sus pechos con mi boca… no sabía si lo estaba haciendo bien, pero a ella parecía gustarle.

Su cabeza estaba echada hacia atrás y tenía la espalda arqueada, dándome mejor acceso a sus pechos, lamia y succionaba y frotaba con mis manos, mientras que ella se sostenía con una mano de mi hombro y con la otra del borde de la encimera.

Llevo la mano que estaba en mi hombro hacia mi trasero, lo acaricio y metió la mano dentro de mi bóxer acariciándolo por dentro. Y sin más llevo su mano hacia delante, tomando mi miembro.

Yo jadee y maldije, tome sus bragas y se las retire, no aguantaba más

—Ed… - dijo con voz ronca—Ed, amor espera.

—No puedo, déjame… déjame hacértelo aquí—

Ella asintió y me beso con tanta pasión que por un momento creí asfixiarme, intento bajarme el bóxer pero no podía, yo mismo me los baje hasta las rodillas y sin más me posicione en su entrada.

Ahora que era de día y que había bastante claridad la pude ver en todo su esplendor.

—Eres mía Bella, tú eres mía… —y tuve la urgente necesidad de meter mis dedos en su interior, quería sentirla, quería sentir lo que nadie más sentiría mientras yo estuviera vivo. Sin más deslice uno de mis dedo dentro suyo, ella tiro su cabeza hacia atrás y gimió tan alto que retumbo en las paredes. Metí otro dedo y acaricie acelerando mi movimiento.

—Oh… Edward, eres asombroso amor… —dijo entre jadeos

La mire contorsionarse frotando su cadera contra mi mano; mientas nos besábamos. Nuestras lenguas jugaban en una guerra sin fin.

—Mas… ahhh… más rápido – dijo azotando su cadera contra mi mano.

Cuando estaba ya a punto de llegar a su orgasmo llevo sus labios a mi cuello y me mordió, de tal manera que sangro, pero a mí no me pudo importarmenos. Su orgasmo llego tan fuerte que sentí que yo me venía con ella.

Pero aun no terminaba con mi propósito

Automáticamente posicione el extremo de mi sexo presionando ligeramente su húmeda entrada.

La penetre sin más y ella arqueo su espalda, la tome de las caderas y entre en ella una y otra vez.

—Ah… ¡Demonios, Bella! —gemí embistiéndola. Me encontraba al borde de mi orgasmo, pero me rehuía a tenerlo sin que ella lo tuviera conmigo. Continué frotándola, y frotándolo.

—Edward, tienes que… oh mierda… tienes que venirte, ¡ahora! – dijo, casi inmediatamente ella se vino y yo fui detrás. Grité cuando la explosión me golpeó.

Nada podía superar esta sensación. Era la sensación de la perfección pura. Era algo tan surreal estar con Bella de esta forma. El dejarme ser, y sentir algo tan fuerte e intenso como el amor físico. Después de experimentar el sexo por mí mismo, no podía entender como la gente podía tener múltiples compañeros sexuales. No creo que podría disfrutar de hacer el amor con otra persona que no sea Bella. Sí, tal vez se sienta bien, pero hacer el amor es más que tener unos cuantos orgasmos. Es entregarse a esa persona que uno ama y volverse uno solo.

Empecé a repartir besos mariposa por todo su hombro, hasta que finalmente salí de ella.

Me acomode mi bóxer y le alcance su braga, ella me sonrió y se bajó de la encimera con mi ayuda, se puso sus bragas y luego voltio a ponerse la camisa.

-Bella… necesito darme una ducha... – le susurre mientras acomodaba el desastre que habíamos dejado.

—Usa mi baño, ahí está todo a mano- dijo abrochándose la camisa. Le di un beso en la mejilla y me fui a su baño. Tome una ducha rápida y me puse la ropa que tenía en la habitación.

Me dirigí a la cocina y Bella me esperaba sentada con el desayuno listo, desayunamos y mientras lo hacíamos ella se acercó a mí rodeando la mesa y me planto un pequeño beso en la mejilla, volvió a sentarse y me sonrió.

— ¿Y eso? – pregunte sorprendido por su acción.

—Es por tu cumpleaños, no te salude como era debido – y un sonrojo apareció en sus mejillas.

—Claro que sí, lo hiciste anoche… acaso no recuerdas… - dije moviendo mis cejas sugestivamente.

—Cállate y sigue comiendo… —dijo tirándome con un pedazo de pan tostado.

— ¿Ed? —

—Uhmm— yo estaba más que entretenido con mis waffles.

— ¿A qué hora te tienes que ir? Anoche tú estuviste conmigo toda la noche… Emmett ha de estar preocupado y… —No la deje terminar

—No te preocupes por eso, Emmett ya se habrá imaginado donde pude haber pasado la noche —inmediatamente sus mejillas se tiñeron de un rojo escarlata

—Si bueno eso también… pero… hoy es tu cumpleaños y por lo que me dijo Emmett, ustedes tienen visitas, y yo no quiero que piensen que… —la corte y la mire a los ojos

—Bella amor, ellos no van a pensar nada, pero si te preocupa eso, y si tú quieres por supuesto, puedes venir conmigo – dije apartando la mirada y encogiendo mis hombros. Me gustaría poder presentársela a mis primos, estaba seguro que tanto Jasper como las chicas la aceptarían enseguida.

—¿ yo?… ¿tú quieres? –Dijo insegura.

—Tu sabes que yo quiero estar donde tu estés – quería que no tuviera miedo.

—Mmm oK… —suspiro y me miro— ¿y si no les caigo bien? —me pregunto con un tono de voz que denotaba que la inseguridad seguía presente.

—Claro que no, ya verás que ellos te amaran, como yo lo hago, las gemelas te volverán locas, ya verás – y le sonreí porque sabía que así seria.

—Ok, entonces me voy a dar un baño rápido y nos vamos—salió disparada hacia la puerta

Levante las cosas que habíamos ensuciado y las puse en la lava vajillas.

Luego de me fui hacia la sala y me dedique a esperarla sentado en el sofá.

Luego de una hora íbamos en su auto hacia mi departamento, en un silencio acogedor con el radio de fondo, de vez en cuando miraba a Bella de reojo se la notaba tranquila, pero sus manos demostraban todo lo contrario, ella apretaba el volante de tal manera que sus nudillos se habían puesto blancos. No quise decirle nada para no causarle más nervios.

Al llegar a mi departamento, nos bajamos y fui a su lado, la tome de la mano y le di un apretón para infundirle valor.

Subimos al ascensor sin apurarnos. Dentro me acerque a ella y la bese muy tiernamente para sacarle todos los pensamientos que de seguro estaba teniendo, nos separamos y le di un beso en la frente. Salimos y caminamos por el pasillo que nos llevaba a mi hogar, y al llegar a la puerta iba a entrar cuando sentimos pasos detrás de nosotros, me di la vuelta y una muy sonriente Rosalie venía dando saltitos

—Hasta que aparecieron… - dijo sonriéndonos.

—Rose yo… - quiso hablar Bella.

—No tienen nada que decir… solo Edward, yo que tu entraría al departamento, te… te llego una visita – dijo encogiéndose de hombros.

— ¿Quién? ¿Quién vino? – pregunte.

—Emm… mejor entren y ya lo verán – y sin más abrí la puerta.

Pero antes de verlo lo sentí, sentí su presencia en el ambiente. El muy desgraciado al final había cumplido con lo que había prometido, había venido.

Estaba tan sumido en mis pensamientos que no sentí cuando me envolvieron en un fuerte abrazo.

— ¡Edward hijo!— dijo Carlisle Callen, mi padre.

—Ya me puedes soltar – dije tratando de zafarme de su abrazo.

—Me da gusto verte, Feliz Cumpleaños, ten – me dijo y me tendió un sobre.

—No hacía falta, no lo quiero – volví a extenderle el sobre pero él me lo rechazo.

—Claro que hacía falta, es tu cumpleaños por lo tanto te corresponde un regalo, soy tu padre y debes aceptarlo – dijo con vos fría, pero hoy iba a ser el día más feliz de mi vida y nadie me lo iba a arruinar, mucho menos él.

—Ahora te acuerdas que eres mi padre, desde que nos mudamos Emmett y yo a este departamento no fuiste capas de llamarnos ni siquiera una vez y vienes ahora y te apareces con que… —dije abriendo el sobre que me había entregado — un viaje ¡Ja, Ja! Me regalas un viaje, padre eres decadente. Estoy en clases si no lo sabes, a donde demonios quieres que vaya —dije ya muy exasperado. Isabella todavía estaba junto a mí con su mano sobre mi espalda baja.

—Cuida tu vocabulario Edward —y en ese mismo momento se dio cuenta de que no estábamos solos. Recompuso su cara y cambio olímpicamente de tema.

—Oh… que mal educado eres Samuel, disculpe señorita que no nos hayan presentado, usted es… —dijo mirando a Bella que aún estaba a mi lado. El muy maldito la escaneaba de arriba abajo, estaba ocurriendo lo que yo más temía, él estaba usando toda su galantería con MI novia.

—Isabella Swan– dijo Bella con voz calmada, pero fría.

— ¡Mi novia! —dije envolviéndola con un brazo por su cintura y estrechándola fuertemente

—oh… bueno eso es toda una sorpresa, si hubiéramos sabido que ibas a traer a una señorita muy hermosa, hubiéramos preparado algo más sofisticado –

—No hace falta a ella no le gustan esas cosas—lo sé, estaba actuando como un idiota no dejando hablar a Bella pero… el muy maldito no dejaba de mirarla como si fuera un pedazo de carne y eso me estaba sacando de las casillas

Alguien se aclaró la garganta pero yo no podía dejar de prestar atención a las tonterías de mi padre.

—Oh disculpa cariño… —dijo trayendo a su lado a una mujer treinta y cinco años, su cabello era de un color caramelo, su cara era la bondad figurada, pero yo jamás me dejaría ablandar por eso. No hizo falta que la presente. Yo sabía muy bien quien era. Su amante.

Esa mujer había sido la amante de mi padre desde mucho tiempo antes que mi madre hubiera muerto.

Emmett se acercó a mí y me susurro unas palabras al oído.

—Tranquilízate Edward, no querrás hacer un escándalo delante de Isabella, además recuerda que esta Kate y a ella no le hacen bien estas cosas —yo asentí

— ¿Por qué la trajiste?, esta mujer no es bienvenida aquí— dije y pude sentir un apretón en mi mano. Mi enojo se podía percibir a leguas. Como pudo haber tenido el descaro de haberla traído hoy.

—Edward no seas grosero, tu sabes muy bien que Esme es mi mujer… —no pude más y explote

— ¡Mi madre era tu mujer, ella es la que debería estar aquí y no está, o quieres que te recuerde como se dieron las cosas! —grite y todos se me quedaron mirando, Emmett estaba a un lado mío con la cabeza gacha, pero sabía muy bien que él estaba con lágrimas en los ojos, en un segundo Rose le había tomado la mano. Pude ver por el rabillo de mi ojos como Jasper le susurraba cosas al oído a Kate, ella inmediatamente acompañada de Alice salieron hacia la cocina. Y yo miraba fijamente a los ojos de mi padre, y él me miraba de la misma forma. Cualquier otra persona hubiera agachado la cabeza pero él muy maldito no se arrepentía de nada y no tenía respeto ni siquiera por la memoria de mi madre.

—OK… emm porque no dejamos esos temas para otro momento, Edward vamos primo, hoy es tu cumpleaños y no es un día para ponernos en ese plan… —mi pobre primo está queriendo alivianar el ambiente pero lejos de eso estaba yo.

—Lo siento, pero yo no puedo permanecer en el mismo lugar donde estén estos dos sinvergüenzas – tome fuertemente la mano de Isabella y la jale hacia mi habitación dejando a todos a mi espalda, con mi padre llamándome, mas eso no me importo.

Al entrar en mi habitación y hacer entrar a Isabella no aguante más y me derrumbe, caí de rodillas frente a la puerta un doloroso sollozo salió de mí y de mis ojos lagrimas comenzaron a emanar, lágrimas de dolor contenido.

Unos tiernos brazos me envolvieron por mi espalda, su cabeza estaba apoyaba sobre mi hombro y me susurraba tiernas palabras de consuelo en mi oído.

— ¿Edward?—los delicados dedos de mi ángel acariciaron mis cabellos— ¿Qué sucedió?—su voz era en un susurro.

Levanté mi rostro para mirarla, en sus ojos se veía clara su preocupación por mí. Se corrió con dificultad y se levantó, camino hacia la cama y palmeó el colchón a su lado. Me arrastré penosamente sobre el piso y luego subí a la cama me recosté a su lado y coloque mi rostro junto a su vientre.

Sus dedos acariciaban el contorno de mi rostro, sabía que estaba tratando de calmarme. Por suerte la habitación no tenía suficiente iluminación, de lo contrario, ella hubiera pensado que yo era una criatura lastimosa.

— ¿Quieres contarme que sucedió ahí afuera? —su voz era un suave murmullo. Aspiré su limpio y delicado aroma. Saber que ella estaba conmigo, me hacía sentir mejor.

—Yo… no sé cómo empezar—dije en seco, mi voz se rompió dos veces.

—Está bien, no tienes que decirme nada si no quieres—siguió acariciando mis cabellos, dando por finalizada la conversación, pero yo necesitaba desahogarme y sabía que ella era la única que me ayudaría a lamer mis heridas sin juzgarme.

Así que le empecé a relatar todos los sucesos que me llevaron a odiar a mi padre, mientras lo veía pasar en mi mente como en una película.

Flash Back.

Dos años antes.

Había llegado del instituto muy cansado, hoy había tenido deportes, al estacionarme en la entrada de mi casa pude ver a mi padre salir muy enojado y subiéndose a su auto como alma que lleva el diablo, al pasar junto a mí con su auto se dio cuenta de que yo lo había visto y en sus ojos pude ver una gran confusión y por primera y única vez vi dolor.

Me apresure a entrar y me dé dique a escanear la casa en busca de algo fuera de lo normal, pero todo parecía estar más que bien. Suspire y me encamine a mi habitación.

Al pasar por la habitación de mis padres pude escuchar un débil sollozo, me detuve en seco e incline mi cabeza hacia la puerta en busca de algún sonido proveniente de esa habitación, pude oír bien claro como alguien jadeaba dolorosamente.

Entre sin pensarlo y no había nada solo algunas ropas tiradas sobre el cubrecamas blanco, fue cuando volví a escuchar ese doloroso jadeo que provenía del baño. Al acercarme la puerta estaba entre abierta, pude ver a mi madre hincada sobre el retrete.

Sus ojos y mejillas estaban abnegados en ríos de lágrimas.

—Mamá… ¿estás bien? —

—Ed… bebé… si yo… yo estoy bien, solo un poco descompuesta —dijo mientras se levantaba y se sentaba sobre la tapa del retrete, inhalo aire y se levantó, y cuando lo hizo se tambaleo.

—Mamá no estás bien acabas de tener un mareo… ven vamos a recostarte—dije mientras la ayudaba caminar hasta su cama; la ayude recostarse y me senté a su lado, pero algo incómodo hizo que me levantara y mirara.

Debajo de la ropa que estaba regada por la cama había una serie de papeles, eran análisis médicos.

—Mamá… ¿de… de quién es esto?—pegunte preocupado.

—Edward hijo… no… —quiso hablar, pero el nudo en la garganta no se lo permitió

No. No podía ser, simplemente esto estaba incorrecto, no Dios no, mi madre no.

—Mamá ¿Qué es esto?... Dime que esto no es tuyo, por favor, mamá dímelo.

—Lo siento, lo siento – repetía una y otra vez.

— ¿Qué? No, tú no puedes tener… por favor, dime que tú no tienes cáncer – no lo quería decir, me negaba a pensar en eso.

— ¿Qué? –

Emmett y Kate, quienes nos habían estado visitando en la última semana yacían inmóviles en el marco de la puerta, blancos como la nieve y sin expresión alguna en sus rostros. Pude ver como a Emmett le temblaban las manos y como Kate comenzaba a temblar. La madre de Kate, la tía Lilian había muerto de cáncer de útero, luego de haberlas dado a luz, el cáncer se le había despertado y en menos de dos meses la enfermedad la había consumido de tal forma que ni siquiera llego a darles de comer ni una sola vez.

Kate se culpaba por eso ella decía que, ella y su hermana la habían matado, pero jamás le había hecho saber ese pensamiento suyo a su hermana; Irina era muy diferente de ella, Irina con ayuda de unos cortos meses de terapia lo había superado mientras que Kate llevaba más de quince años en terapia y aun así se seguía culpando de no tener a su madre con ellas.

No me había dado cuenta de que estaba llorando hasta que sentí los débiles dedos de mi madre acariciando mis mejillas y limpiándome las lágrimas que derramaba.

Arrodillado junto a ella había comenzado a sollozar. Emmett se había acomodado junto a mí y había tomado la mano de mamá mientras que un doloroso sollozo salía de su garganta.

—Hijos, por favor… no piensen que me iré, porque no lo hare—

— ¿Cuánto tiempo? – quiso saber Emmett, no fue necesario decir a que se estaba refiriendo.

—Los médicos aun no lo saben – dijo sorbiendo su nariz.

— ¿Mi padre ya lo sabe? – está vez fui yo el que había preguntado, él debía estar aquí junto a su esposa, ella nos necesitaba a todos en este momento ¿será que él ya sabía de su enfermedad? ¿Por eso fue su expresión de hace un rato? Pero aun así eso no justificaba que la abandonara en este momento.

—Sí—dijo agachando la mirada.

— ¿Y a donde se fue? – pregunte enojado.

—Tienen que entenderlo, fue demasiado para él – definitivamente mi madre lo amaba demasiado para no ver su verdadera realidad.

Varias veces había escuchado como mi padre hablaba por teléfono, con la que parecía ser una mujer, por la forma de dirigirse y por la forma en que se reía.

Una vez buscando en su estudio unas carpetas que él tenía en des-uso, revisando por los cajones me había topado con una pequeña caja, en cuanto la abrí lo primero que vi fueron varios atados de preservativos, yo no quería pensar en que eso lo usaba con mi madre, dado que por la naturaleza de una mujer a cierta edad ellas ya no ovulan, suponía que mi madre se encontraba en esa etapa de su vida, muchas veces la había escuchado hablar sobre sus calores, menopausia precoz y cosas así. Así que definitivamente con mi madre eso no lo usaba; volví a dejar la caja donde estaba dentro del cajón y me fui.

Emmett y yo no dijimos nada, con solo una mirada y nos habíamos entendido.

Desde esa noche donde nos había cambiado la vida y donde la habíamos sufrido en carne propia, ya habían pasado meses, en los cuales mi madre se deterioraba cada vez más, sus síntomas avanzaban, la enfermedad estaba haciendo estragos con mi ella.

Durante todos esos meses mi padre muy pocas veces se había aparecido por la habitación de mi madre, él alegaba que tenía demasiado trabajo pendiente cuando Emmett o yo le reclamábamos algo. Llegaba de su trabajo y se encerraba por horas en su estudio sin dar señales de vida.

En algunas ocasiones había encontrado a mi madre llorando mientras que miraba un retrato de ellos dos que yacía sobre su mesa de noche, me dolía horrores verla en ese estado.

Mi odio hacia mi padre, cada vez se hacía más grande a medida que pasaban los días. El dolor de mi madre yo lo vivía en carne propia, porque sabía muy bien que ella sabía hace mucho tiempo que mi padre tenía un amante.

Había pasado un año desde que nos habíamos enterado de que aquel monstruo, le estaba quitando la vida a mi madre.

De mi madre no quedaba ni la sombra de lo que alguna vez fue. Donde antes estaba su cabello castaño claro, ahora solo había un pañuelo cubriendo su calvez. Sus ojos ya no tenían ese brillo juguetón, el que a mi hermano y a mi tanto nos gustaba, su piel color canela clara, ahora solo era unos tres tonos más clara de lo normal.

De noche nos turnábamos Emmett y yo para cuidarla, y cuando muchas veces sentíamos que ya no dábamos más, Dios nos mandaba a nuestros primos.

Tanto Jasper como las gemelas estaban sufriendo muchísimo, pero todos sabíamos que la más afectada era Kate, ellos nos ayudaban a cuidarla, decían que nunca nos dejarían solos con su tía Elizabeth en ese estado.

El tío Eleazar, padre de mis primos y viudo de mi tía Lilian había insistido en que la viera un médico y así nosotros lo habíamos consentido.

Solo con ver la cara de él en cuanto había salido de la habitación, nos había dicho todo, no hacían falta palabra alguna. A mi madre le quedaba poco tiempo.

Dos noches después de que la visitara el Dr. Henry, mi padre había entrado a la habitación donde estaba mi madre.

Al percatarnos de su presencia, él se acercó a paso inseguro hacia la cama y contemplo el estado en el que estaba su esposa.

— ¿Qué haces aquí? —mi voz sonaba calmada y monótona carente de sentimiento alguno, y como no, sí la mujer que me había dado la vida, a la que le agradecía infinitamente el amor que siempre me había dado, el ejemplo de persona que me había dejado a seguir, mi madre, mi amiga, la vida del ser más importante de mi vida, se estaba apagando minuto a minuto sin que yo pudiera hacer nada.

—Yo… yo necesito habla con su madre un minuto… por favor —Emmett y yo nos miramos era un desgraciado, un maldito sinvergüenza.

—Padre, no creo que sea buena idea – dijo Emmett.

—Un año —dije con la voz temblorosa.

— ¿Qué? —mi padre contestaba sorprendido, mas no me importo su reacción y le dije lo que llevaba conteniendo por un maldito año.

—Un año, hace que mamá te espera, un año hace que ella está en este estado, un puto año hace, que ella llora todas las noches mirando su retrato, esperando porque dejes de lado cualquier cosa que fuera más importante que ella y vinieras a verla, y ahora después de tanto tiempo te dignas a venir, sabes lo que ella te necesito todo este tiempo, sabes por lo que ella sufrió, un jodido año se aguantó sus dolores sin siquiera quejarse para no preocuparnos a nosotros, y tu vienes como si nada, luego de un año… —expuse calmadamente porque mi madre dormía, y no quería que escuchara mi cruce de palabra con mi padre.

—Yo… yo… lo siento – dijo sin decir más nada, pero eso a mí ya no me bastaba, el odio se había apoderado de mí y el rencor me había nublado el juicio con respecto a él.

—Eso ya no es suficiente para mí – dije mirándolo a los ojos para que se diera cuanta que jamás lo perdonaría por haber abandonado a mi madre cuando ella más lo necesito.

Me dirigí a la puerta y escuche que Emmett habló en tono seco, pero doloroso.

—Trata de no alterarla, está muy delicada—no espere a escuchar su respuesta y salí de ese lugar.

Me fui a la cocina y pude sentir los pasos de Emmett detrás de mí.

—No te parece que fue demasiado lo que le dijiste.

—No, él se merece eso y mucho mas —Emmett por momentos me exasperaba—acaso no fue él quien abandono a mamá, la dejo estando enferma, no tuvo contemplación de nada, y mientras nosotros cuidábamos a mamá, él vaya a saber uno, que demonios estaba haciendo y con quién… —inmediatamente me arrepentí luego de decir esa última frase. Emmett se me quedo mirando y frunció su ceño.

—Acabas de insinuar que papá le es infiel a mamá —dijo con la voz quebrada, pero él necesitaba saber que mi padre no era ningún santo.

—Sí, hay cosas que él ha estado haciendo y Kate lo ha visto también —mi hermano tenía la cara comprimida por el dolor que le causaba esta revelación, pero necesitaba saberlo.

—No… no puede… ser —decía mientras negaba con la cabeza.

—Kate lo vio entrar en un restaurant acompañado de una mujer, y antes de que preguntes o dudes, ella me había explicado bien que no estaban en plan de trabajo o nada de ese estilo, ellos más bien parecían estar en una cita… y yo le creo a Kate —dije enojándome otra vez de la misma forma que la primera vez, cuando Kate, me lo había confirmado.

—Dios, es un maldito, como pudo—recién ahora se había dado cuenta de la basura de padre que nos había tocado.

—No sé, solo sé que lo odio, lo odio como jamás imagine hacerlo—dije con rabia en mi voz

Nos quedamos en silencio y al cabo de unos minutos sentimos la voz de mi padre, que del segundo piso nos llamaba, subimos corriendo y lo vimos a él en el marco de la puerta con sus ojos brillantes por lágrimas sin derramar. El maldito lloraba. —Tarde —pensé para mis adentros.

Al entrar mi madre estaba despierta y en cuanto nos vio entrar cerró sus ojos e inhalo aire.

Yo y mi hermano nos sentamos el bore de su cama uno de cada lado y la miramos.

—Mis bebes… cuantos los amo—dijo con su voz débilmente.

—Mamá no… —quise decir pero me interrumpió.

—Shhh déjenme decirles algo, no quiero que estén mal, quiero que estén feliz, quiero que sean feliz —volvió a tomar aire pero esta vez se le dificulta más.

—Recuerden que mamá siempre los va a amar, Emmett mi pequeño hombrecito, cuida a tu hermano hijo—le hizo un gesto para que se acercara y le susurro— te lo dejo en tus manos —fue un susurro débil pero aun así lo pude escuchar. Emmett asintió y dejo escapar una lagrima — te amo Emmett —dijo para luego mirarme a mí

— Mamá no, no lo hagas, no te despidas —dije acariciando su mejilla ya casi traslucida

— Sabes que tú eres mi debilidad ¿verdad?, siempre fuiste, sos, y serás mi bebé Ed, hijo no quiero verte lleno de ese sentimiento que tienes ahora, eso no es propio de ti, tu siempre te distinguiste por ser una persona cálida, dulce, tierna y sobre todo amable y respetuosa, ambos son unos caballeros están muy bien educados, bebé no dejes que ese sentimiento que tienes aquí te corrompa—dijo posando su mano en medio de mi pecho, tomo aire y eso pareció dolerle—te amo Edward, te amo —y con eso hizo un gesto para que nos recostáramos junto a ella, así lo hicimos. No sabía cómo, pero un calmado suspiro salió de sus labios, Emmett levantó la cabeza y le hablo.

—Mamá… —dijo con voz penosa.

—Mamá…—volvió a repetir, está vez atragantándose con sus sollozos.

—No… no… mamá, por favor abre los ojos, ábrelos, no nos hagas esto por favor no…—Emmett lloraba mientras la zamarreaba delicadamente. Yo deje caer mi cabeza sobre su pecho mientas la abrazaba y lloraba silenciosamente.

Estaba fuera de la realidad, pero aun así pude escuchar un sollozo proveniente de mi padre, mas yo ya no le di importancia.

Así nos quedamos por una hora Emmett hablándole y llorando, mientras que yo lloraba aferrado a su pecho.

Tuvimos que separarnos ya que de un momento a otro habían aparecido mis primos y mi tío Eleazar, ellos nos separaron del cuerpo inerte y sin vida de mi madre y nos alejaron de su habitación, Emmett lloraba desconsoladamente aferrado a Irina, mientras que a mí me llevaba Kate, todos íbamos hacia la cocina.

Habíamos pasado toda la noche, mirando como un equipo forense y personal de una funeraria hacia presencia en mi casa, donde iban y venían, más a mí ya nada me importaba, mi vida se había apagado con la vida de mi madre.

Fin Flashback

—Luego de ese día en que murió mi mamá, las cosas habían cambiado drásticamente, mi padre había estado mal solo una jodida semana, luego de esa semana él nos dijo que se iba de viaje… su excusa era que no soportaba estar en el mismo lugar donde había muerto el amor de su vida —aun recuerdo ese día como si hubiese ocurrido ayer.

—Sin ofender amor… pero tu padre es un canalla—dijo a mi lado Bella quien me escuchaba atentamente.

—Lo sé, todos lo sabemos, Emmett también ya lo sabe, pero él es más tolerante, yo no puedo —dije limpiándome una lágrima traicionera.

— ¿Y… y que paso con la supuesta amante? —quiso saber.

—Pues es la que estaba junto a mi padre—dije inhalando profundamente.

— ¿Cómo? Acaso… es la misma—voltio su rostro mirándome, y su ceño estaba fruncido.

—Sí, es la misma, dos meses después de la muerte de mamá; Emmett y yo estábamos devastados, mi tío Eleazar y las chicas habían insistido en ir a pasar una temporada en la casa que ellos tienen en México más precisamente en la Isla Cozumel, nosotros habíamos accedido, pensábamos que un cambio de aire nos haría bien. En cierto punto estábamos entusiasmados de ir, no teníamos ganas de seguir viendo la cara de mi padre. Pero en cuanto llegamos la sorpresa nos la habíamos llevado nosotros. Mi tío Eleazar nos había asegurado que solamente íbamos a encontrar a las personas que la limpiaban, pero no, lo que encontramos fueron fotos de mi padre, acompañado de una mujer joven —reí irónicamente iba a seguir pero Bella me interrumpió.

—¿Él se había ido a vacacionar con esa mujer? —dijo tomando mi dolor como suyo y ahogando un sollozo en mi pecho.

—Sí —dije recordando ese día.

Flashback

Él se nos acercaba apresurado a explicar lo inexplicable, mis ojos se habían nublado con lágrimas de furia y rabia, mis puños estaban blancos por la fuerza que ejercía.

Sorpresa la que nos habíamos llevado al regresar del descanso que nos habíamos tomado Emmett y yo. En mi casa, nuestra casa, la casa de mi madre, hacia una semana que se hospedaba la amante de mi padre

—Hijos por favor…—él muy desgraciado quería explicar lo inexplicable.

— ¿Que nos dirás?, ¡Que no es lo que parece, que lo puedes explicar, pues sabes que… puedes meterte tus explicaciones por donde te quepan! —le dije gritando.

—Edward… —la mujer quiso hablar.

—Tú no te dirijas a mí, dale las gracias a Dios que eres mujer, porque si no ya te estaría arrastrando fuera de mi casa, de la casa de mi madre —ella debió ver en mis ojos a la mismísima muerte, porque enseguida agacho la mirada, estrujándose los dedos nerviosamente.

—Papá si tu no piensas respetar la memoria de mamá en esta casa, nosotros sí lo haremos, y como veo que la relación entre tú y Ed ya es casi inexistente, lo voy a llevar a vivir conmigo a mi departamento, no lo voy a dejar aquí, para que se maten… ah, y por consideración a mamá hubieras esperado un tiempo prudente para dar terminado tu luto y dar a conocer tus conquistas —está vez hablo Emmett, yo ya no podía hablar.

—Mamá aún no se moría y este ya se enredaba con esta, de que luto hablas—

Y con eso salí de la sala y me fui a preparar mi maleta, para irme de esa casa, que ya nada me ataba ahí.

Fin Flashback

—Y desde esa vez ya no volví a vivir en esa casa —dije susurrando.

—Mi amor, no sabes cuánto lamento que hayas pasado por todo eso —dijo acariciando mi pecho.

—Lo se… todo este tiempo, me hizo mucha falta la presencia de mi madre, ella sabía entenderme, sabia escucharme, ella simplemente me amaba… así como lo haces tú —dije acariciando su mejilla con tanta adoración.

—Ed, pero… pero yo no soy tu madre —dijo un poco tensa, al parecer me había interpretado mal. Yo la veía de todas las formas habidas y por haber, pero menos como a una madre.

—Ya lo sé amor, y eso lo tengo bien en claro, tu eres mi novia, mi mujer, mi mundo de ahora en más… —eso basto para que ella se relajara totalmente en mis brazos.

Nos quedamos por no sé cuánto tiempo recostados en mi cama, debes en cuando nos dormíamos por cortos periodos, pero aun así ella o yo nos despertábamos con besos.
Era endemoniadamente hermosa, era la mujer perfecta para mí, ella sabía escucharme, y me amaba con mi historia y todo.

Sin darme cuenta mi mano había viajado hacia sus muslos, los acariciaba con devoción, enterré mi cara en el hueco de su cuello eh inhale su perfume natural, ella se inquietó pero aun así se volvió a relajar. Lamí su cuello y deje besos húmedos por toda su extensión sin detenerme, una de mis manos desabotono el botón de su pantalón y bajo el cierre, y sin más, delicadamente fui metiendo mi mano en ese lugar que desde anoche era mío.

Ella emitió un gemido, y dijo mi nombre en voz baja aun con los ojos cerrados. Seguí acariciando e inmediatamente ella arqueo la espalda y abrió los ojos.

—Edward, ¿Que… —ella me miraba con sus ojos color chocolate un tono más oscuro.

—Shhh, solo disfruta —susurre sobre su boca.

—Ed, nos… nos pueden… oír —no la deje hablar.

—No te preocupes mi habitación es la más alejada… ahora cierra esa boquita, o mejor ábrela para mí, solo para mi… —y sin más tome posesión de sus labios y lengua, ella sabía tan bien, que nunca me era suficiente de sus besos.

De un momento a otro ella estaba por llegar a su orgasmo. Acelere mis caricias y ella llego al Olimpo derramándose sobre mi mano. La bese como un poseso mientras ella bajaba del trance en que se había sumergido.

Saque delicadamente mi mano y acomode su ropa.

Cuando ella estaba por recompensarme, dos golpes se escucharon en la puerta.

—Edward…—dijeron tímidamente.

— ¡maldición! —dije bajito, para no se escuchara, pero Isabella sí lo había hecho y la maldita se mofaba en mi cara.

—Edward… —volvieron a repetir, y por la vos deduje que sería Jasper.

—Un momento… —dije y me levante para poder ver que era lo que quería.

— ¿Qué pasa? —Dije al abrir la puerta.

—Uhmm… yo… lo siento, si interrumpí algo —Jazz tenía un leve sonrojo en sus mejillas, pero él muy desgraciado tenía una sonrisa burlona en sus labios.

—No te preocupes, no interrumpiste nada —dije casi gruñendo. Él se rio y siguió.

—Oh igual lo siento —dijo mientras seguía riendo.

— ¿Qué pasa Jasper, qué es lo qué quieres? —dije ya, hartado de su presencia.

—Oh… tu padre ya se fue, así que pensamos que como todavía es tu cumpleaños, nos gustaría que estés con nosotros, e Isabella también… —dijo asomando la cabeza por encima de mi hombro.

—Oh… emm, bueno enseguida vamos —dije tapando su campo visual con mi cuerpo para que no vea a Bella en mi cama y la forma en la que estaba.

—Ok… y primito, de veras que lo siento —no deje que me dijera más nada y le cerré la puerta en la cara.

—Bella, mi padre ya se fue, te apetece ir con los demás, ellos quieren festejar mi cumpleaños — dije rodando los ojos. Esperaba que dijera que no.

—Claro, me encantaría —dijo levantándose de la cama de un salto, maldición… yo aún quería seguir en donde habíamos quedado.

—Ok… —dije mientras, esperaba a que se acomodara el cabello, que lo tenía muy alborotado, yo decidí cambiarme mi ropa y a ponerme algo de mí perfume.

La tome de la mano y ella me detuvo

— ¿por qué te perfumas tanto? — dijo frunciendo el ceño.

—Porque quiero estar bien para ti —dije y le di un casto beso en sus labios.

—Siempre lo estas, siempre estás bien para mí, hasta el uniforme del instituto te queda perfecto —y me dio un beso en mi mejilla.

—Lo sé —y le mostré mi sonrisa, esa que sabía que a ella le encantaba.

—Engreído —dijo dándome un codazo en mi antebrazo, le di un beso y salimos a donde todos nos esperaban.

Había tenido una mañana hermosa, una tarde espantosa, pero con la mejor de las compañías, y por suerte mi noche iba a terminar mejor que nunca.

En la sala me esperaban todos los que yo realmente quería, nadie más.


Chicas y chicos quiero agradecerles enormemente por los reviews que recibo con cada capitulo de Amor Irracional, jamás pensé llegar a los que eh recibido, no solamente cuento los de sino que también los del blog de mi queridísima Isabella…

Todos y cada uno de ellos los guardo… Ok me despido hasta el próximo capitulo…

Y gracias a mi beta, se que le estoy haciendo salir canas verdes, pero bueno, es mi primera vez, lo siento nena!

Nos estamos leyendo, un beso enorme…

*** Gis Cullen ***