Capítulo 9

Lo golpearía hasta el cansancio si continuaba estando junto a él, por lo que trató de levantarse… mas los brazos de Harry asidos con posesión a su cuerpo desnudo se lo impidieron. Lo miró, iracunda, quizás esperando intimidarlo. Sin embargo, mucho no tardó en querer llorar.

- Harry…

- No puedo regresar, Ginny.

- ¿Por qué no? Por Dios, Harry. No puedes decirme que no regresarás… es… yo no…

- Ginny, entiende. No puedo volver a Londres después de…

- Sí, sí, mataste a alguien. ¿Debo decir en voz alta que eso no me importa? Libraste al mundo de un desgraciado, ya. ¿Por qué no volver? Harry, de verdad que…

- Ginny…

- No puedes pretender que yo regrese, y dejarte acá…

- En Londres ya no tengo nada.

- ¿Y yo? – se empañaron ojos. – Está mi familia… y yo, Harry. Me tienes a mí.

- Ginny… - una de sus manos se apoyó en la pecosa mejilla de Ginevra. – Es… es sólo que… se me es tan difícil.

- Pues, debes superarlo. Y creo que la mejor forma es que regreses. Por favor, Harry, estoy de nuevo contigo… No puedo irme sin ti, y no pienso dejarte.

- Ginny…

- Volverás a Londres conmigo…

- Ginny…

- Verás de nuevo a mi familia…

- Ginny…

- Y te prometo que serás de nuevo feliz – tomó la mano que acariciaba su rostro y besó sus dedos con dulzura. – No vayas a dejarme otra vez – le miró fijamente, taladrando sus orbes verdes con sus almendrados ojos nublados.

- Esa cara… - Harry sonrió. – Sigues con esas expresiones que me manipulan sin remedio.

- ¿Regresarás conmigo?

- Ya estamos juntos – la besó con ímpetu. Muy en el fondo sabía que regresaría, no podría alejarse de Ginevra Weasley de nuevo. Primero muerto antes de tal cosa.

La tormenta se aplacaba por minutos en el transcurso de la noche. Ceto no regresó de su caminata bajo la lluvia, pero supieron que se encontraba perfectamente bien al escucharlo aullar cerca de la cabaña.

- ¿Es mitad lobo?

- Sí, ¿no viste su cola? – Harry acomodó su cabeza sobre el pecho de Ginny, cerrando los ojos. – Lo encontré en el otro lado del río dos años después de llegar a este lugar. Estaba solo, así que decidimos hacernos compañía mutuamente.

- ¿Recuerdas que siempre quise tener un perro? – preguntó Ginny, acariciando distraídamente su cabello.

- Sí… - rió Harry. – Llorabas por horas cada vez que tu madre decía que no era posible.

Ambos rostros mantuvieron una ligera sonrisa ante el silencio extrañamente agradable que se formó entre ellos. El joven postro una de sus manos en el plano abdomen de la pelirroja, rozando con la yema de sus dedos la textura de su piel, tersa, como la seda, y olía riquísimo. Mientras, Ginny se dedicaba a deslizar sus palmas sobre aquella indomable mata azabache. Harry sintió una relajante y agradable sensación apoderarse de cada fibra de su ser. Suspiró, sintiendo la piel de la chica enchinarse debido al contacto de su aliento contra su tez. Sonrió de nuevo, abrazándola más fuerte y permitiéndole al sueño ganar la batalla, estando seguro que al despertar, Ginny continuaría ahí.

La lluvia no volvió a tomar potencia al día siguiente, pero aún se podían percibir pequeñas gotas de agua caer precipitadas contra los caminos verdes que rodeaban la cabaña. Despertó a causa del escalofrío. Al abrir los ojos, se dio cuenta de la ausencia de Ginny. No se alarmó, puesto que sus orbes se clavaron en ella que reposaba frente a la única ventana abierta. Los rayos del sol eran nulos esa mañana, pero aún así, podía apreciar una increíble luz irradiar de aquel cuerpo de mujer.

Se levantó con sigilo del colchón, caminando hacia la mujer y rodeando su cintura con sus brazos, sintiéndola dar un respingo de la sorpresa. Pegó su pecho a su menuda espalda, luego besó su mejilla tiernamente.

- ¿Cómo dormiste? – preguntó Ginny acariciando los antebrazos del joven. Giró su rostro hacia un lado, logrando rozar los labios del muchacho con los suyos por unos muy considerables minutos.

- Hace tanto que no dormía tan bien – la abrazó más fuerte. – Pensé que esta tormenta sería por más tiempo.

- Aún no se va del todo, mira las nubes – el cielo continuaba cubierto por una gran cantidad de enormes motas grises. - El aroma es agradable.

Se podía apreciar un agradable olor a especias: Hierba buena, menta, flores de cayena, manzanilla; e incluso aquellos aliños que utilizaba su madre para muchos de sus guisos: Perejil, cilantro…

- Existen una gran variedad de plantas en estas montañas – comentó, admirando las colinas más próximas.

- Muchos de sus aromas me recuerdan a las comidas de tu madre.

- Justo en eso estaba pensando – sonrieron. – Harry… – se giró para tenerlo frente a frente. Sus manos se posaron en la base del cuello del joven mientras los brazos de Harry la acercaban más a él. Al despertar esa mañana, logró contar sin equivocaciones los días que pasaron después de abordar el avión en Londres. Estaba segura, y un pequeño almanaque que encontró arrugado en el suelo de madera se lo confirmaron. – Feliz Cumpleaños – lo besó en los labios.

- Ya… - dio pequeños besos a su boca antes de separarse. – Mi cumpleaños… - susurró, antes de besarla de nuevo.

- Sí, 31 de Julio – apoyó su frente contra la de él. – Creo que no estoy mal en mis cálculos. ¡Feliz cumpleaños! – lo besó repetidas veces. - Feliz cumpleaños – repitió, acariciando su cuello. - ¿Se te había olvidado?

- Admito que no estaba interesado. No desde hacía cinco años. Estando aquí era todo muy…

- Ya no estás solo, Harry - lo interrumpió Ginny. – Estamos junto - no se cansaba de repetir esas palabras. – Y... – lo miró a los ojos – no permitiré que te alejes de mí de nuevo. Si hubiera sabido… - él la calló con un beso.

- Perdóname… lo siento, yo… - ella fue quien lo besó.

- Ya… no importa, olvidemos eso – sus manos se deslizaron por la espalda descubierta del joven. – Lamentablemente, no poseo ningún obsequio para darte.

- Ginny… - la besó con tranquilidad. – ¿Recuerdas mi decimoséptimo cumpleaños? – preguntó conforme sus labios apresaban con suavidad el lóbulo de su oreja y sus manos se encargaban de desatar ese molesto nudo de la sábana que cubría la delgada figura de ella.

- Siempre.

- Fue el mejor de todos mis cumpleaños – besó un punto bajo su oreja, haciéndola estremecer. – Estar contigo, Ginevra, ha sido, es, y será siempre el mejor de los obsequios. El que me dejes ser parte de ti, a pesar de todo, es lo más maravilloso que me puedes dar… - besó suavemente la comisura de sus labios. – Te amo – su boca se apoyó contra la de ellan con una sed y una pasión que ambos sentían estallar dentro de sí. Se dejaron caer en la cama, solo conscientes el uno del otro. - Sentirte, ser parte de ti… - se adentró en ella con tal parsimonia que Ginny se sintió morir. – Estar contigo… - la capturó entre sus brazos, presionándola contra su cuerpo. – Permitirme estar contigo, es el mejor obsequio que me puedas dar.

Sus sentidos se impregnaron con la esencia de ella; sus caricias, sus gemidos, su aroma, su sabor, la visión de sus castañas clavadas en los verdes ojos de él. ¿De verdad había pensado no volver a estar con ella después de esos hermosos momentos dentro de esa cabaña? No lo soportaría de nuevo. Ya no podía imaginarse estar presente en la tierra si el cuerpo de Ginevra Weasley no estaba cerca de él.

Regresaría a Londres, sin importar las perturbaciones.

O O O

La cara de la muy agradable mujer mostraba una expresión de notable impresión y sorpresa que, muy en vano, trató de disimular.

- Bien… veo que sobreviviste a la tormenta. Me dejaste muy preocupada, mi niña – Doña Jimena habló con su característico tono sereno, dirigiéndose a Ginny pero sin despegar sus ojos de las manos que se hallaban entrelazadas con fuerza. - ¡Estaba muy preocupada! – el asombro pasó al leve enojo. – ¡Que imprudencia, muchacha! No…

- Lo siento mucho, de verdad… Pero…

- Creo que… - la vista de la señora se posó nuevamente sobre las manos de los jóvenes, luego se concentró en el rostro de Harry. – No sé si entienda muy bien lo que ocurre – Doña Jimena sonrió con un deje de diversión ante la incomodidad de él. – Harry, querido, preparé de esos bollos que tanto te gustan. ¿Desean desayunar?

Y ese delicioso desayuno trajo consigo una muy larga historia (con ciertas partes omitidas) que dejaron a la telenovela favorita de Doña Jimena (una que nunca se perdía, por nada del mundo), ser olvidada por ella.

- Es increíble cómo una mujer tan pequeña puede ser tan habladora.

- Le agradaste.

- Es una señora muy amable – Ginny tomó asiento en la cama que reposaba en la pequeña habitación de la posada. Palmeó el colchó junto a ella, invitando a Harry.

- Volverá a llover.

- Eso es muy predecible – ella sonrió y fijó su vista en el rostro de su compañero. Harry mantenía sus ojos clavados en el panorama que mostraba la ventana empañada desde afuera por la humedad. Algo dentro de ella osciló por unos instantes. Ese temor de separarse de él, de no tenerlo cerca, la atormentaba desde el momento en el que lo vio en la cabaña después de salir de su inconsciencia.

Creyó que dudaba.

- ¡Volverás conmigo a Londres! – la voz de Ginevra salió como una orden de un general dada a un principiante soldado. Harry dio un respingo, y sonrió.

-Separarme nuevamente de ti es condenarme al infierno por segunda vez. Creo que no lo soportaría de nuevo.

- Siento que dudas en regresar. Y no…

- Dudé… No sé cómo me sentiré al estar en Londres de nuevo.

- Yo estaré contigo, y te ayudaré a superar todo aquello que te atormenta.

- No creo que pueda superar la culpa alguna vez. Lo que hice no…

- Ya está en el pasado. No tienes que rememorarlo si sabes que te lastima tanto.

- Se me es inevitable… Creo que nunca olvidarlo será mi castigo. Aunque, no sé… Dios estaría siendo muy generoso.

- No eres una mala persona.

- Pero actué como una.

El silencio se presentó por un breve tiempo. Ginny se levantó de la cama sin emitir ningún sonido, se dirigió hacia el pequeño cuarto de baño y encendió la llave de la ducha, liberándose de las prendas de ropa llenas de barro.

- Ven aquí… - sacó sólo la cabeza del cuarto para llamar a Harry. – Imagino que Doña Jimena no mencionó nada de nuestro aspecto por la telenovela que le narramos, pero de verdad necesitamos un buen baño – extendió su delgado brazo, dándole a Harry el alcance para entrelazar sus dedos.

Entraron a la ducha y ambos soltaron un gemido de satisfacción al sentir el agua tibia.

- Esto era una de las cosas que más extrañaba, bañarme contigo - los brazos de Harry apresaron la cintura de la joven y la pegaron contra sí.

- Sólo nos bañamos un par de veces juntos estando en casa – rió Ginny – Con mis padres y mis hermanos presentes la mayoría de las veces, se nos era imposible infiltrarnos para estar solos los dos. – tomó la barra de jabón color verde manzana y la deslizó con suavidad por lo largo de la espalda del chico.

El pudor entre ellos era inexistente desde hacía tiempo. Desde su primera vez.

- Tendremos mucho que recuperar cuando estemos en Inglaterra – sonrió Ginny radiante.

- ¿Por qué no empezar ahora? – la besó fervientemente.

O O O

La tormenta que atacó no duró más de tres días seguidos, dejando al pueblo con el clima frío y olor a hierba y tierra húmeda. El verde del pasto y de las hojas de los árboles se encontraba más intenso y llamativo cuando pasaron frente a las extensiones que rodeaban la mayor parte del lugar.

Las despedidas de Harry con cada uno de los habitantes que se ganaron su entera amistad llegaron la tarde anterior al día en el que la pareja se disponía a conducir rumbo a uno de los aeropuertos del país.

¿Por qué te vas, Harry? ¿Acaso se conocen? ¿Cómo es posible? ¿Por qué no cuentan desde el inicio?

Bastaba con contarles parte de la verdad sólo a doña Jimena y a los señores dueños de la diminuta tienda. Personas que tanto Harry como Ginny recordarían con cariño por su amabilidad.

En la mente de Harry aún descansaba una minúscula sensación de duda. Miró a Ginny, la cual mantenía una ancha sonrisa capaz de iluminar hasta el más oscuro callejón nocturno estampada en su rostro. El brillo de sus ojos castaños se reflejaba en sus esmeraldas, iluminándolo. Observarla y sentirla cerca disipaban cualquier vestigio de temor. A pesar de aún sentirse inseguro, la presencia de Ginevra junto a él lo ayudaría más que cualquier otra cosa.

Hacía cinco años creyó que abandonar Londres era lo mejor que podía hacer. Pero ahora, regresar sin duda era lo ideal. No sólo por el hecho de que quizás su mente dejaría de aturdirlo con escenas del pasado, sino también por el pensamiento de que… construiría su vida con Ginny. Y podría ser una vida bonita.

- Una jaula para Ceto – Ginny habló interrumpiendo sus cavilaciones. – No creerías que lo dejaríamos, ¿cierto? Él lo odiaría, y sin duda tú también. ¡Es tu perro!

- No había imaginado dejarlo acá… yo, estaba pensando…

- Mañana por la mañana estaremos en el avión rumbo a casa… - la mujer posó sus manos sobre cada una de las mejillas del chico, haciéndolo verla fijamente. – Y todo estará bien ¿sí? Deja de pensar en eso que te angustia, que ya me estás empezando a exasperar, y cuando yo me exaspero no… - Harry la calló con un beso.

Mañana estarían rumbo a Inglaterra, y ya no habría vuelta atrás.


Nota de la Autora: No iba a crear vueltas con el "Harry regresa... Harry no regresa" Harry regresa y punto.

Muchisisisisisimas gracias a las lindas personitas que me dejan sus reviews de apoyo, lo aprecio mucho! Espero el cap no haya sido una completa decepción. Con sus reviews me lo harán saber ¿sí?

Un besote. Los quiero, y nos leeremos pronto!

Yani.!