Disclaimer: Gravity falls es propiedad de Alex Hirsch (Fausto~) a quien me encantaría conocer.
Summary: Ser un demonio todo poderoso es divertido, pero cuando llevas tanto sin cuerpo puedes extrañar el ser humano. Bueno, eso es lo que sintió Bill. Human!Bill. No pairing. Después del capítulo Teatro de calcetines de la segunda temporada. Colección de One-shots. El título está en código Cesar.
Personajes: Bill Cipher (Un poderoso demonio con forma triangular).
**Advertencia: Este capítulo es algo fuerte. Se recomienda discreción…
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One-shot 8: "Cicatrices profundas".
Bill estaba recostado sobre la cama nuevamente, el parche aun en su ojo ciego y él viendo el techo con aspecto perturbado, como si aún sopesara la decisión de estar ahí. Dipper estaba sentado en una banca a un lado, con libreta y lápiz en mano dispuesto a iniciar. Mabel descansaba de panza en la cama contigua, sin intenciones de perderse lo que podría ser una de las mejores historias que ha escuchado en su vida.
—Muy bien, primero te dejo en claro que tienes todo el tiempo que necesites para hablar, que nosotros no te juzgaremos en ningún aspecto…—Le pasó un tenedor al rubio, quien le quedó mirando extrañado—por esta vez te dejaré usar esto… Si algo te hace sentir muy ansioso te permitiré que te lo claves en el brazo para que la risa llene de endorfinas tu cuerpo y puedas sentirte mejor, ¿correcto? —el chico tirado en la cama miró el cubierto con esperanzas de no llegar a un punto tan sensible como para tener que usarlo.
—Está bien—contestó claro, tratando de disimular sus nervios. Su pasado estaba a punto de ser sacado de su celda y puesto en una mesa de disección.
—Bueno, entonces creo que hay que iniciar—le dio una sonrisa—veamos…—Se llevó el lápiz a la mejilla, sacando la lengua levemente y pensando cómo dar comienzo—pues… Podríamos ir de las cosas pequeñas a lo más fuerte para poder ir progresivamente… O… Podríamos ir de lo más fuerte a lo más pequeño para que te sea más fácil después…—Lo pensó un momento y encontró el momento justo. Sonrió. Seguramente ese recuerdo podría empezar bien para poder llegar a la raíz del asunto—cuéntame Bill ¿Cómo fue que te convertiste en demonio?
El rubio abrió grandes los ojos, dejando que solo uno se viera, y seguidamente apuñaló su brazo con el tenedor, sacándose una risa algo amarga. Ambos mellizos se extrañaron de esto.
—Bien… Creo que eso es una mala señal—hizo una mueca—pues… Supongo que podríamos partir de algún otro lado.
—No Pino—le detuvo Cipher sacándose el tenedor del brazo—creo que… Creo que quiero empezar por ahí—tomó mucho aire y frunció el ceño, llenándose de valor. Dipper pasó saliva, preparándose mentalmente para escuchar la historia con la capacidad de alterar de esa forma a Bill—me volví demonio hace mil años, como ustedes saben… Aquí mismo.
— ¿En Gravity falls? —Preguntó Mabel dándose vuelta para quedar de espaldas en la cama.
—No. Era un lugar que existía antes de Gravity falls—explicó tan calmado como podía—sinceramente no recuerdo el nombre, podría buscarlo en mi memoria y encontrarlo pero no viene al tema. Nunca entendí muy bien por qué… Pero este pueblo estaba algo avanzado a su época. Se contaban muchas leyendas, se creía en la magia y las personas tenían costumbres que hoy en día aún se ven…—Respiró hondo, dándose unos segundos para decidir si continuar, finalmente, siguió—algunos de los sucesos extraños que pasan, ya pasaban y la gente los tomaba ya como si fuesen normales. Gracias a esto se utilizaba un día al año para que los humanos más inocentes, o sea, los niños, pasaran de casa en casa, llenándolas de su pureza para que la maldad no pudiese entrar, y como forma de agradecimiento, a los se les daban pasteles caseros… Todos los años, en el 31 de octubre, el día con más espiritualidad maligna—volvió a respirar hondo, volviendo a clavarse el tenedor en el brazo, esta vez con menos fuerza.
— ¿Algo así como…? —Dipper fruncía el ceño, más concentrado en escuchar que en tomar notas.
—Sí, como Halloween—seguía mirando al techo, con un tic en el ojo izquierdo—se les decía "día del mal"… Los "días del mal" eran mi Halloween… Mi transformación ocurrió en mi último Halloween… Mi último Halloween…—Hiperventiló unos segundos, después logró calmarse lo suficiente y agregó—mi último Halloween… Fue a los doce años…
Los mellizos sudaron frío con esta última frase…
Mil años atrás, un simple niño de doce, con humildes ropas remendadas caminaba por las calles polvorientas comiéndose un trozo de tarta de manzana casera. En su mano izquierda llevaba otros tres pasteles, los cuales eran todos suyos, puesto que aunque quería compartirlos con sus padres, estos no comerían ningún "tributo" de niño. Mucho menos en el mismo Día del Mal.
— ¡Eh, Billy! ¡Te faltó esto! —Sintió una piedra grande golpearle la pierna. Con un gemido de dolor cayó al suelo, tirando la comida que se estropeó irremediablemente por la mugre. Con un gran hematoma creciéndole en la pierna herida miró a quienes le habían atacado.
Cuatro chicos que medían por lo menos el doble que él se reían en su cara, agitándose descontrolados y dándole ocasionales patadas ya que estaba en el suelo.
—Hola Billy—saludó con sorna uno de ellos, que le faltaban algunos dientes.
—Hola—contestó él bajito de forma temerosa, mirando con tristeza las golosinas desperdiciadas. Sin embargo, levantó la vista al sentir un palo golpeándole con fuerza la cabeza.
— ¿Qué tus padres no te enseñan? ¡Mírame cuando te hablo! —Volvió a azotarle la cabeza, provocándole una leve herida que empezó a teñirle el pelo de sangre y unos mareos increíbles, a la par de las náuseas que le revolvían el estómago—mucho mejor—rio entre dientes.
—Ahora levántate—gruñó otro, con los ojos cubiertos por el flequillo negro. Bill sintiéndose francamente mal y con la pierna adolorida apenas consiguió ponerse de pie después de varios segundos entre respiraciones agitadas—eres realmente lento…—Le dio un buen golpe en la mejilla haciéndole girar la cabeza y hacer acopio de toda su fuerza para no volver a caer.
—Por favor no me hagan nada—pidió el chiquillo con una vocecilla débil, mirando a sus verdugos, los cuales no ocultaban sus sádicas sonrisas.
—Pero William… Pequeñín, cariñito, ¿Qué te haríamos? —Se acercó el tercero, con la cara negra de mugre, abrazándole tan fuerte que al niño le empezaron a doler las costillas, causándole un gemido de dolor.
—Por supuesto que nada—, habló el último, que era el jefe, con un bigotillo corriéndole por encima del labio. Los cuatro eran mayores de edad, ya no eran niños, y por esto mismo iban cada Día del Mal a molestar a Bill…—Si, tiene suficiente para pagarnos—estiró la mano.
—Pero…—El rubio miró los pasteles llenos de tierra en el suelo—…Los… Los destrozaron…—siguió en un hilo de voz.
— ¿Disculpa? ¿Me fallan mis oídos? —El que le faltaban dientes se acercó poniendo la mano sobre su oreja mugrosa— ¿No tienes lo nuestro? —Frunció el ceño—y tú, mocoso…—Le picó con el dedo en la frente, enterrándole su uña llena de tierra, logrando una pequeña marca de medialuna— …¿Te atreves a decir que fue nuestra culpa?
Con un muy mal augurio en el estómago Bill entendió su error.
—Lo… Lo siento, nunca volverá a pasar…—Se inclinó con humildad. El de la cara negra le tomó su ensangrentada cabeza y la levantó para que les mirara a sus fríos ojos.
—Está bien Bill…—Sonrió con sus dientes amarillos—haremos como si nunca escuchamos tu atrevimiento—comentó casi benevolente, pero no duró mucho…—ahora, danos la paga—pidió estirando el brazo. Al ver que el chico abría la boca para contestar, agregó—ya te perdonamos algo hoy… Comprenderás que hemos sido muy buenos contigo—le acarició el cabello, con tanta ternura que parecía una ácida burla (Lo que realmente era)—así que… Nos merecemos nuestra paga justa.
—Se…—Se relamió sus labios resecos por el nerviosismo—se me cayeron—asumió la culpa que no le correspondía con un escalofrío.
— ¡¿Cómo que se te cayeron?! —Tercer golpe con el palo, esta vez en el estómago. Bill retrocedió gimiendo, con las manos en el torso y se puso a vomitar mezcla del golpe con las náuseas anteriores. Se sentía pésimo, la cabeza lo estaba matando.
— ¡¿Te perdonamos tu error y nos recompensas sin paga y deshonrándonos de ese modo?! —Hizo un gesto desdeñoso hacia el vómito el que tenía los ojos ocultos.
—Eres una lagartija…—El sin dientes lo tomó por la camiseta, acercándose y gruñendo, tirándole su aliento al rubio por toda su cara.
—Tranquilos muchachos—el del bigote sonreía casi con inocencia—seguro habrá alguna solución—se tomó el mentón como si estuviese pensando—venga, Chim (*), llevémoslo a la casa, seguro algo se me ocurrirá…—El nombrado soltó un gruñido bajo, haciendo colgar su brazo y avanzando, haciendo que el chico se arrastrara por el camino de tierra durante todo el viaje.
Llegaron a una casa bastante horrible, seguramente abandonada, donde residían aquellos jóvenes. Adentro estaba todo asquerosamente sucio, apestaba a alcohol de modo que Bill sintió que el resto de la comida del día se le saldría pronto del estómago y había algunas herramientas esparcidas por todos lados, incluyendo unos cuantos cuchillos embarrados.
—Veamos…—El líder sonrió teniendo al muchacho frente a él, sujeto por otros dos, mientras lo miraba de pies a cabeza—ya que no tienes para la paga, podrías darnos algo a cambio—se acercó para examinarle más detenidamente.
—Oh, jefe, es usted tan amable—respondieron los otros tres a coro, uno de ellos dándole un codazo en las costillas al rubio para que repitiera la misma frase.
—Lo sé, lo sé…—Contestó el líder haciendo gestos de grandeza—veamos…—siguió observando—debes tener algo que darme…—Le tanteó por sobre la ropa algunos órganos, haciendo que el chico se estremeciera y sintiera ganas brutales de llorar, las cuales reprimía con todas sus fuerzas.
—Los hombres no lloran…—Repetía en su fuero interno como un mantra para darse ánimo. Siguió mirando al mayor, quien ya iba tanteando sus orejas, cuando entonces la vista se detuvo en algo. El jefe soltó una risita.
—Tienes unos hermosos ojos, ¿eh William? —Le abrió los párpados con los pulgares, auscultando las iris de color azul verdoso—sí… Realmente adorables—le empezó a tocar la parte blanca del globo con la yema del dedo haciendo que el niño soltara un respingo. El joven miró ambos ojos un buen rato, y luego, riendo de buena gana, apuntó al derecho— ¡Quiero ese! —Soltó jovial.
— ¡¿Qué?! —Bill ya no pudo contenerse y comenzó a llorar a lágrima viva, rogándoles que no hicieran esa atrocidad, incluso diciéndoles que iría a robar pasteles suficientes para doblar la paga, pero ellos no aceptaban nada de lo que decía.
Lo pusieron sobre una mesa sobre la que se encontraba algo derramado desconocido, uno tomándole los brazos, otro las piernas, un tercero trayendo los instrumentos y el líder mirándolo con mucha satisfacción antes de empezar la operación.
—Tranquilo Bill… Soy un profesional—le "tranquilizó"—tal vez te duela—los cuatro soltaron una risotada—supongo que sabes, que no podrás decirle esto a nadie… A menos que quieras dejar el segundo como castigo por tu traición—habló muy frío. Bill lloró aún más fuerte y trató de luchar inútilmente.
Dos horas después, regresaba a su casa, maltrecho y con un parche cubriendo donde debería estar su ojo derecho…
—…—Bill se detuvo un momento con la respiración agitada. Dipper y Mabel se sentían francamente mal, muy perturbados, no solo mental sino físicamente. Sentían que necesitaban un respiro, no solo para poder relajarse, sino también para recordarle al rubio que ya estaba bien, que eso había pasado. Sin embargo, este volvió a aspirar una bocanada grande de aire, su ojo visible se volvió negro con la pupila blanca y luego prosiguió el relato. Los mellizos se tomaron de las manos para animarse mutuamente, preguntándose ambos al mismo tiempo si el chico tirado en la cama necesitaba también que le reconfortaran de la misma forma.
El Bill de doce años entró a casa como un condenado a muerte, totalmente desanimado. Quitó rápidamente las preguntas de sus padres, (las de su padre muy molesto por la hora que era y su madre preocupada por sus heridas, además del parche) marchándose a su habitación.
Ya ahí, se sentó en el suelo sintiéndose desgraciado. Levantó el brazo con un temblor notorio y llevó la mano al punto de la cara que le dolía de forma punzante. Jefe tenía razón, era realmente un profesional… Debía admitir que eran buenos en eso, puesto que los puntos fueron puestos bastante bien. Nadie se daría cuenta de la falta de su ojo mientras él dijera que no se quitaría el parche por gusto.
De su único ojo ahora, comenzaron a brotar lágrimas, de rabia y tristeza, haciéndole apretar los puños. Se sentía terrible y aunque había "dado" uno de sus ojos a esos idiotas, estos seguirían molestándole ¿Por qué tenía que ser así?
Comenzó a respirar agitadamente con ganas de romper todo lo que había en su habitación, ¿qué importaba ya? Tarde o temprano esos tipos acabarían quedándose con todo eso, chupando su alma poco a poco… Hasta llegar el momento en que tomarían su vida, entre risas y malicia como hoy se habían robado el globo ocular.
Las lágrimas siguieron brotando, calientes de rabia, mientras el chico rechinaba los dientes. ¡Él era tan pequeño! ¡Tan débil! ¡¿Qué rayos podía hacer?!... La sangre empezó a emanar de sus puños sin que se diera cuenta, llenándole los dedos de rojo. Se miró las manos sintiendo algo muy extraño brotarle de adentro, dándole instrucciones…
Llevó su dedo al piso y empezó a dibujar un pentagrama con total frialdad, sabiendo lo que hacía pero ignorante de las consecuencias. Cuando ya estuvo listo, se concentró en el centro, dirigiendo su frustración a ese lugar, creando suficiente vibra negativa como para atraer a un ente oscuro por el Día de la maldad.
En ese momento sus ojos estaban tan nublados de rabia, que se encontró incapaz de reconocer a quien tenía en frente. El demonio que había invocado le sonrió con dientes afilados, diciéndole que le ayudaría… No midió lo que hacía. Lo demás se volvió borroso.
Despertó entre llamas y ruinas, todo a su alrededor era un caos inenarrables. La sangre prácticamente flotaba en el ambiente, algunos sollozos apagándose también… Bill volteó la vista, viendo los cuatro chicos que le molestaban huir despavoridos del pueblo junto con unas pocas personas, muy maltrechos y parecían todos al borde de la muerte.
No entendía nada… Se sentía ligero, calmado, saludable incluso, pero sus sentidos parecían algo atrofiados. No podía sentir el viento corriendo por el lugar ni nada. Empezó a caminar sin sentir la tierra bajo los zapatos ni sus músculos moverse, pero se desplazaba… ¿Qué rayos estaba ocurriendo?
Miró entre ligeros estremecimientos los cuerpos tirados en el suelo, reconociéndolos todos y cada uno. Sentía una opresión que le hacía querer llorar, pero al mismo tiempo se sentía calmo, como si aquella barbarie fuese parte de él.
Finalmente llegó a su casa, encontrándola apenas en pie, como si estuviese a punto de caerse. Entró dispuesto a hallar con sus padres una explicación, pero el aliento se le enganchó al ver los cuerpos de ambos en el suelo, con tal expresión de sorpresa y horror que sintió helar su sangre… ¿Qué monstruo había provocado todo eso?
No pudo seguir preguntándoselo, puesto que prontamente la estructura cedió cayéndole encima. Aterrado trató de cubrir el impacto con los brazos, anticipando el dolor… Sin embargo, este no llegó y se encontró simplemente en las ruinas del que fuera su hogar antes. Extrañado miró sus manos, descubriendo que no solo el suelo estaba algo más lejos que antes, sino que sus extremidades eran distintas. Conmocionado levantó un trozo de vidrio que fue parte de la ventana… Y en su reflejo se encontró con una criatura amarilla, triangular y extraña ¡¿Qué…?!
Tardó cuatro días en moverse luego de eso, apenas pudiendo superar el shock. Cuando esto ocurrió, empezó a pensar en qué podía hacer…
—Lo primero que hice cuando conseguí asimilarlo fue buscar a los sobrevivientes, de los cuales solo diez seguían en pie buscando un pueblo—Bill sudaba frío, respiraba agitadamente y apretaba con fuerza las sábanas con una mano, apuñalándole el brazo con el tenedor con la otra—los hice llegar a salvo… Y en el camino probé un poco con ellos… Ahí descubrí que podía meterme en las mentes. Borré todo lo que encontré sobre nuestro pueblo y les inventé sus propios pasados felices—tomó aire—luego de eso volví. Enterré a todos los que me encontré… Tardé otros tres días en mejorarme cuando vi mi propio cuerpo abierto en el pecho por haberme arrancado el alma y con la cicatriz donde debía estar mi ojo—cerró los párpados con fuerza, haciendo un gran esfuerzo por terminar el relato—quemé las pocas ruinas que quedaban y quité las cenizas vaciando el lugar, quitando todo rastro de civilización—soltó un gemido lastimero—luego pasaron años… Muchos años… Iba a vigilar a los sobrevivientes y su descendencia de vez en cuando, mientras mi moral se atrofiaba por cada cosa que descubría de este mundo… Hice muchas cosas en esos años… Muchas.
—No es necesario tratar eso ahora—trató de tranquilizar Dipper, en apenas un hilo de voz. Mabel hace poco había ido al baño a vomitar y él sinceramente también se encontraba algo enfermo.
—…—Bill asintió en acuerdo, aun tratando de terminar el relato—después de muchos años los descendientes de los sobrevivientes se mudaron… Fue como si a todos les hubiese dado el mismo pensamiento… Todos vinieron aquí, como si lo sintieran en los huesos—volvió a abrir los ojos, levemente más calmado—fue… Fue entonces cuando volví aquí, donde todo comenzó… Pero yo, ya no era el mismo—soltó la sábana y se quitó el tenedor, relajándose totalmente sobre la cama, incluso soltando el cubierto en el suelo.
Dipper y Mabel se miraron sin saber realmente qué hacer, sin embargo, ambos se tomaron de las manos y decidieron hacer lo que su corazón decía, compartiendo el mismo pensamiento… Se levantaron de donde estaban sentados, dirigiéndose a la cama. Se recostaron a ambos lados del rubio, abrazándole de forma reconfortante, quedando los tres en el pequeño colchón.
Bill rompió a llorar.
-Fin del One-shot 8-
(*) El apodo "Chim", lo saqué de la palabra "Chimuelo" que significa, "Sin dientes".
Al igual que Bill, yo respiraba hondo mientras escribía xD animándome para escribir toda la película mental que tenía sin confundir a nadie… Espero les gustara n.n y que si hay errores temporales en relación a la serie me disculpen =/ tuve algunos problemas al agregar eso a lo que tenía planeado…
Fue algo difícil de pensar y de escribir .-.
Otra cosa. Según sé el Halloween se originó por la cacería de brujas… Así que, sí, me tomé algunas licencias creativas xD
Ojalá les haya gustado =) no estoy del todo segura de qué tendrá el siguiente cap. xD nos vemos~
