CUARENTENA

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"Revisando archivos"

by yesterdayForgetful

—Stan, te llama el jefe. Ya sabes para que así que no tardes…— La voz por el otro lado cuelga sin darle tiempo de hablar al pelinegro.

Stan cierra el celular y lo guarda en el bolsillo del pantalón. Luego se dirige a la oficina de su misterioso jefe y después de tocar la puerta y escuchar un "adelante" entra.

—Stanly, ¿cómo has estado, hijo?— La habitación en penumbra y el olor a tabaco volando por todas partes. Dos cortinas guindas abiertas a la mitad que hacían juego con otras más delicadas y blancas cerradas que le daban contraste a la figura del jefe, dejándolo en total anonimato.

—Bien, señor— Responde con la cabeza baja sin mirarle a los ojos. Los dos guardaespaldas que estaban al lado de la silla del jefe soltaron una carcajada.

—Guarden silencio… lo que tengo que hablar con Stan es algo serio. ¡Largo!— Golpea con fuerza el escritorio levantándose y los dos tipos salen asustados como perros con la cola bajo las patas. Stan seguía con la mirada baja y neutral y cuando se escuchó la puerta cerrar el tipo gordo de enfrente se sentó.

—Lo que tengo que hablar contigo, es algo con lo que no hablaré con nadie más ¿entiendes? Ahora acércate y toma asiento— Le hace un gesto con la mano de que tome asiento.

El pelinegro se acercó hacia la silla enfrente del jefe y aun con la mirada baja se sentó. Cualquiera que viera los ojos del mafioso jefe terminaría 3 metros bajo tierra en cuestión de segundos.

—Stan, tú has llegado a ser… Más que un hombre que mata para mí, tú lograste ser lo que muchos no. Eres mi mano derecha, mi hijo. Por eso mismo… te propongo algo— Tomó una botella de whisky que tenía sobre el escritorio y la vació en dos vasos de vidrio pequeños.

Le acercó uno al pelinegro y después cerró la botella, apartándola.

—Brindemos por ti, Stan. Eres el único que puede cumplir este pedido para mí. Y lo harás ¿no es así?— Stan agarró el pequeño vaso de vidrio y vio su reflejo en el whisky.

—Sí, señor— Responde con voz neutral y su jefe sonriente toma un trago.

—Así me gusta, Stanly. Aquí están los detalles, sal ahora mismo. Cada segundo cuenta— Dejó casi un libro de papeles en el escritorio y volvió a tomar un trago de whisky. Stan tomaba los papeles y debido a la oscuridad total no pudo leerlos.

Después de esa pequeña charla con su jefe, terminó el asunto dándole un trago al whisky, vaciando el recipiente de vidrio y salió de la oficina con el manojo de papeles.

Se encontraba en un edificio por los malos barrios de la ciudad de South Park. Ese edificio era reconocido por su buena comida italiana. Si, Stan estaba en la mafia italiana. Su jefe era italiano y había abierto el lugar, un restaurante llamado "La zorra dormilona".

Toda la familia de la mafia estaba ahí, muchos iban a comer. Pero Stan solo iba por pedidos. Era la joya más especial que el tan popular jefe, Giovanni, tenía en sus manos.

Bajó con los papeles en las manos y cuando estuvo caminando por la primera planta, el restaurante, se iba guardando los papeles en la chaqueta.

"Rápido, es bastante ágil… Déjalo quedarse. Me servirá cuando sea un muchacho. Por ahora le enseñare a respetarme y a convertirlo en una máquina mortal", cierra los ojos al recordar aquel momento en el que estuvo a punto de morir y Giovanni le salvó la vida. Sale del restaurante, ninguna de las personas comiendo y sentadas en las mesas del restaurante le prestó atención.

Era de noche, hacía frió por las calles de la ciudad y había luna llena. Caminaba cabizbajo pensando en un plan para el pedido de Giovanni cuando, "accidentalmente" se tropezó con alguien.

—¡Oh, lo siento! No te había visto. Me llamo Cartman— Eso fue bastante extraño para el pelinegro. Ese chico castaño había salido de un callejón y se chocó con él a propósito. Hasta parecía que lo estaba esperando.

—No importa, solo ten cuidado— Lo esquivó y siguió con su camino sin la más mínima emoción. El frío de la noche se reflejaba en su aliento cálido que era visible como vapor. Una mano dentro de la chaqueta y la otra sosteniendo los papeles.

—Oye… ¿No me dirás tu nombre? Quizás esto sea algo del destino, ¿sabes?— Le siguió por detrás y le cortó el paso poniéndose enfrente de Stan.

—Déjate de cuentos y lárgate— Bajó los papeles y le miró fijo. Estaba hastiado de ese chico ¿qué demonios quería?

—Sé quién eres, te he espiado. Ocupo que hagas algo por mí— El gentil Cartman se había ido por uno más serio.

—¿Y por qué piensas que voy a obedecer órdenes de alguien como tú?— Su voz era seria, ambos se miraban con enojo. Y claro, Cartman no se daría por vencido hasta que Stan aceptara.

—Porque sé que lo necesitas. Aparte, vine preparado— Sonríe con una paca de dinero entre los dedos y Stan se muerde el labio al verla. Si, estaba algo pobretón y tenía algunas deudas por ahí.

No todo en la vida de un mafioso es mucho dinero y lujos. Bueno, no en la vida de Stan.

Intentó tomar el dinero pero el castaño se lo alejó y le chasqueó la lengua repetidas veces al igual que negaba con la cabeza.

—Primero tienes que aceptar el pedido— Le sonrió con malicia y sus ojos casi brillaban de orgullo.

—Si me dijeras sería lo mejor— Se cruzó de brazos y le vio con enfado. Siempre había un cliente orgulloso y creído por las calles. Y Cartman era uno de esos.

—Bien, entonces… quiero que te deshagas de alguien, que no me cae muy bien que digamos.

—Entiendo.

—Aquí tengo la información, lo quiero muerto— Dijo con tono agresivo y le extendió una carpeta con información de Kyle.

El pelinegro se le adelantó y tomó la carpeta junto con el rollo de billetes y siguió caminando por la acera. Quería terminar rápido, estaba algo molesto.

Mientras caminaba, oía las quejas de Cartman a lo lejos pero le dio igual. Al fin y al cabo cumpliría con su misión.

—Excelente… ahora tengo negocio exprés— Sonrió con burla por su posición de mercenario y decidió irse primero con el pedido de Cartman. Mejor ganancia empezar con cosas fáciles y luego acabar con las difíciles.

No muy lejos de ahí había un establecimiento de comida, y como no le gustaba la del tipo italiana decidió ir a tomar un café o algo mientras revisaba el caso.

—Buenas noches— Empujó la puerta para entrar cabizbajo y fue atendido inmediatamente por un joven pelirrojo y de ojos verdes.

—Buenas— Respondió al gesto sin ganas y miró la mayoría de las mesas vacías. Tal y como al ojiazul le gustaba.

—¿Qué va a ordenar?— Insistía el joven, por lo que Stan volvió su mirada hacia él y habló.

—Voy a comer aquí— Ambas miradas se cruzaron y el contacto visual no acababa. Por una extraña razón, el pelinegro sintió una punzada profunda en el corazón y este le empezó a palpitar rápido con emoción inexplicable.

—Ah, entonces tome asiento— Le sonríe amablemente y le enseña las mesas vacías con las manos. Apenas el pelinegro reacciona y rápido va y se sienta cercas de ese chico que le hacía sentir "raro".

Estaba confundido, demasiado confundido. Algo dentro le hizo voltear de nuevo a Kyle y bajó la mirada de inmediato. Kyle también le había visto. Era un encuentro de miradas. Repetidas veces Stan le miraba de reojo.

¿Por qué hacía eso?... Ni el mismo lo sabía pero, cuando el pelirrojo le volteaba a ver, rápido dirigía la mirada a la TV que estaba en una esquina de la cafetería. Amor a primera vista… y un amor muy fuerte.

Siempre es lo mismo en algunos, la inexplicable enfermedad del amor a primera vista. Se siente cálido, un flechazo al corazón y caes redondo. No es algo que puedas detener, es algo que te lleva como la corriente. Tal y cual le pasaba a Stan con Kyle.

Llegó una señora y pidió la orden del chico, éste volvió de nuevo en sí y ordenó un café sin azúcar, odiaba todo lo dulce. Sacó la carpeta mientras hacía la espera y revisó los informes.

"Ahora cualquiera puede pedirme lo que sea cuando quiera, ¿no? Veamos… ¿Que hay por aquí? Sexo, hombre. Dirección… Edad, 17 años. Joven. Qué pena quitarle la vida a alguien a quien apenas empieza a vivirla. Ni modo, así es la vida. Nombre, Kile Broflovski… ¿Kyly...? ¿Qué carajos? Cada vez vienen con nombres más extraños. Veamos más de cerca… Kyle Broflovski. Judío", en eso llega la misma señora que le atendió y cuando Stan apenas iba a mirar la foto de su objetivo, la señora Tweak lo tapa con la taza del café que pone sobre la mesa.

—Aquí esta su café, joven— Sonríe y luego regresa a la cocina. Toma la taza y le da un sorbo y su mirada queda congelada al ver la foto…

La persona a la que tenía que matar era al cajero de la cafetería del cual Stan se había enamorado, y que, Stan pensaba era una chica. Casi escupe el café en todas las hojas blancas de la mesa pero lo retuvo. Volvió su vista a Kyle, quien estaba cansado y se le notaba sueño.

Pensó un poco lo que había pasado hace rato. Lo que había sentido… ¡Se había enamorado de un HOMBRE! ¡AL CUAL DEBÍA MATAR!

Sintió las ganas de cachetearse mentalmente y quitarse la idea tonta pero cada vez que miraba a esos ojos verdes esmeraldas el corazón le latía casi al punto de salirse de su pecho y un sonrojo le invadía violentamente.

Cerró los ojos y se tomó de la frente, hastiado. Esto no le podría estar pasando al mejor mercenario de Giovanni. Estaba algo confuso con lo que decidió distraerse con el pedido de su jefe.

Estuvo leyéndolo y tomando café un buen rato y cuando vio que se estaba quedando solo y ya casi era hora de cerrar, fue a pagarle al cajero y casi se desangra de hemorragia nasal por estar tan cerca del pelirrojo.

Le dejó el dinero en la barra para no tocar las manos de Kyle y salió disparado sin ni siquiera tomar el cambio. El pelirrojo se quedó ahí parado perplejo viendo como Stan salía corriendo. Tiró todo el papeleo en un bote de basura al salir del establecimiento y se puso las manos en los bolsillos de la chaqueta negra.

Se sabía la dirección de su objetivo, la cual no estaba muy lejos de ahí. Caminó por la acera, las calles estaban desiertas, ni un auto pasaba. Su próximo acto sería entrar al apartamento de Kyle y cuando este regresara, lo asesinaría.

Ya que estuvo enfrente del edificio donde vivía el judío pelirrojo, decidió entrar sigilosamente. Pero… no contaba con que unos vándalos llegaran y le arruinaran el asesinato. Llegaron haciendo ademanes indescifrables con las manos y acercándose mientras hablaban vulgarmente hacia Stan. Luego lo rodearon.

Decían cosas que ni al caso e intentaban hacerlo enojar. Pero el pelinegro se quedó inmóvil, haciendo caso omiso. Una de las cosas que podría odiar era a los tipos que llegaban haciendo mucho "ruido" y luego terminaban "callados". Él estaba ahí por algo, él sabía cuál era su misión.

Y no dejaría que la mierda llamada amor a primera vista y los estúpidos cabrones que tenía alrededor echaran a perder su titulo de matón, de mercenario.

Después de un rato, vio a Kyle doblar la esquina y dirigirse a la puerta del edificio para entrar. Lo siguió con una mirada fría y callaron sus oídos para concentrarse en su víctima. Las bocas de los bravucones no cesaban de hablar vulgaridades y Stan ya se estaba cansando.

"Un poco más. Solo espera a que nadie vea y se enteraran de a quien le están manchando el nombre, hijos de puta", cierra los ojos y aprieta los puños. Kyle entra y desaparece luego y entonces Stan explota enfadado.

Extiende los brazos hacia dos sujetos y los agarra brusco de la camisa, luego, con fuerza sobre humana los jala haciendo que choquen sus cabezas y los deja tirados en el pavimento de la calle. Tenía a uno más atrás, con ese se desquitaría en serio… Se gira hacia él y le mira con enfado en la mirada.

El vándalo, que estaba atónito, le lanza un puñetazo a la cara pero Stan lo retiene entre su mano y se lo devuelve con un puño en el estómago. Fue tan duro y seco que de la boca del bravucón sale un poco de sangre.

Los otros dos se levantan dispuestos a atacarlo por la espalda pero el chico se da cuenta y golpea con su codo y brazo a ambos mientras se voltea hacia ellos. En toda la calle se oían los quejidos de dolor de los vándalos y ruidos de puñetazos y patadas. También se oían disculpas hacia Stan y como gritaban.

Al final, quedaron los tres en un callejón con la cara inflada de golpes y llena de sangre. Algunos dientes tirados por el piso y muy lastimados. En resumen, Stan les pateó el culo… y muy feo en un callejón.

Nunca molestes a un mercenario, y menos si su nombre es Stanley "Stan" Marsh. Se limpió las manos y fue detrás del pelirrojo. Lo mataría a como fuere lugar. Tenía un buen escenario nocturno, solo que al poner el silenciador al arma que tenía en manos se dio cuenta de que no tenía balas…

¿Qué carajos le estaba pasando al día de hoy? No ha roto ningún espejo para tener tanta mala suerte. Cerca había un centro comercial. Era muy visible por el gran letrero brillante. Apresuró el paso, de seguro cerrarían pronto por el horario tan entrado a la noche. Lo bueno es que tuvo tiempo de entrar al centro comercial… y también de llevarse una gran sorpresa que duraría toda la noche ahí dentro…

Zombis.


N/A: Y así fue como todo pasó.

No sé si me explique bien con eso de que Stan se enamoró a primera vista de Kyle, porque pensó que era una chica. Y por fin esos tipos que molestaban al judío tuvieron su merecido.