Disclaimer: Todos los personajes correspondientes de Death Note no me pertenecen. A excepción de múltiples OC mencionados.

8

K IS FOR KATRINA

b.b

Por la rendija de la ventana; había observado

una joven llegar. De piel morena y de cabello castaño, ojos negros y mejillas rosadas. Podía verla. Estaba a las a fueras del instituto y venía caminando con Quillsh y Roger. Mantenía una sonrisa cálida.

— Capturó tu vida ojo — A mencionó con tranquilidad para guiñarme — No te culpo, se ve que es guapa. Parece extranjera y juzgando por la manera que camina tiene gracia. Un porte impecable de mujer.

Más no respondí. Mis ojos no se desviaban de la mujer por la ventana; era bastante atractiva y siempre había sentido atracción hacia mujeres mayores que yo. Está, no era la excepción.

— Beyond, dudo que te de la oportunidad. Se ve que es agradable. Más mírala con atención — Recalcó —: Es una mujer fuera de tu alcance. Tú acabas de cumplir los dieciocho. Esa mujer demasiado refinada para un joven para ti.

Yo no replique ante sus palabras. No les juzgue; nunca había tenido novia en mi vida. Y siendo concreto, no sabía cómo tratar a una mujer. Más sabía que no me gustaban las chicas de mi edad. Eran tontas la mayoría del tiempo. Carecían de inteligencia y solían ser superficiales en aspectos socioeconómicos. Parecían desconocer de su mundo y la realidad donde vivían.

Poco a poco, les vi avanzando hasta entrar al edificio. Tenía la mano recargada sobre el mentón mientras inclinaba mi rostro hacia delante, sin antelación de tener las manos debajo del libro. Estaba nevando; se veían los copos de nieve alrededor de su cabello y su exaltación de piel tropical al constante de los cambios climáticos británicos.

— Vaya que es guapa — A repitió — Espero que nos toque una clase con ella.

Los escuche entrar a la biblioteca y los vi entrar sin mucha dificultad; se veían relajados. La chica poseía una belleza sin igual; desde sus labios rojos y esponjosos, sus ojos color negro, Sus pestañas largas y túpidas, sus cejas gruesas y arqueadas; su figura de reloj de arena que abrazaba sus pechos y sus caderas.

Sonroje ligeramente al mirarle. A había imitado mi acción — Era más joven que yo por dos años. Tenía dieciséis.

Era muy bella. al observarla mirándome hacia mi y sonreírme, mientras retiraba un par de mechones de su cabello hacia atrás de su oreja.

A me observó de reojo ante su tacto sutil; me estaba dirigiendo absolutamente toda la atención a mi. Podía notarlo.

— ¡Oh, A y Ryuzaki! Veo que están aquí — Roger dijo gustoso para ver a la mujer justo a su lado.

Podía notarlo, tenía un aura de madurez en el aire y a pesar de tener aquella sonrisa que calentaba a todos — Había algo, que siendo tan joven, le daba está autoritaria imagen de hacer lo que ella complacía. Se veía madura y en mis propias claras, se veía más como una mujer que una chica.

Más me era inevitable no dejar de mirarla; al momento que observe la belleza de sus piernas. Que había subido en sus caderas y me había hundido en sus costados arqueados. Sus pechos eran voluptuosos, tanto como sus caderas y debía de admitirlo; no me gustaban las chicas de mi edad.

Pero esta mujer — Por que estaba seguro que era una mujer —; Está mujer era mi tipo. Desarrollada, refinada y podía entender que para estar en esta institución, hablando con un tono ameno tendría que ser una intelectual. Comencé a juzgar si era alguna especie de científica — Más aquello no cuadraba. No cuadraba porque las científicas normalmente eran menos refinadas y eran más descuidadas. Mientras los escritores y poetas, tanto como de prosa y de poesía: siempre conservaban este porte.

Con las mejillas rojas, le mire e hice una reverencia corta hacia ella. Sus ojos le brillaron y ella me sonrío de vuelta.

— Conoce a la señorita Katrina — Mencionó Roger, para que la mujer tendiera su mano —Katrina, ellos son Alaric y Ryuzaki. El segundo sucesor de L. Mientras Ryuzaki es el primer sucesor.

A sacudió su mano con A, ambas de entrelazaron de manera en saludo. Cuando fue mi turno, yo la tomé con cuidado y la bese. Alaric me miro de reojo; Quillsh y Roger no parecían sorprendidos ante mis actos. Ni siquiera un poco.

La bella dama me miró con detención, mientras una sonrisa de lado a lado se le tendió en el rostro, un ligero rubor en sus mejillas se extendió.

Hubiera esperado todo menos esto; entonces sonreí e hice una reverencia. Creo que tenía una ventaja muy grande — A había mentido.

— A tus servicios, Katrina.

— Ella dará la clase de criminología y literatura, argumentación validaría en el ambiente de criminología y lenguas extranjeras — Escuche con atención, más me detuve al escuchar las materias impartidas aquí. No me tocaban. Ya había aludido a todas y cada una de ellas por mi propia cuenta. Eso significaba, que no la vería.

Entonces, está exquisita mujer era una mujer de lenguaje. No había fallado en nada. Era una mujer intelectual de letras: debía de saber muchas cosas y traducir muchos textos. No la había escuchado hablar para nada y aún así, me encantaba verle. Sabía mis objetivos — Algo me llamaba.

— Ahora, iremos a visitar a los siguientes sucesores. Los siguientes son Near, Mello, Matt y Linda — Mencionó Quillsh, observando a la mujer con sutileza — Son los más jóvenes, también. Por lo que se, Katrina, es que adoras los niños.

Ella rio. Esa risa era tan melodiosa que debía de ser guardada en un frasco algún día; debía de ser grabada y crear un vinilo coleccionable.

— ¿Quién me dio la fama, esa es mi pregunta? — El acento comenzaba a matarme.

Si. Debía de ser extranjera — corrección, era extranjera.

— Nadie esperaría que X. C. K. James, una figura anónima tan frívola en sus textos y critica, fuese tan cálida con los niños — Roger complemento para finalmente, sonreír nuevamente —; Más lo puedes ver en tu sonrisa. Nadie tomaría en cuenta que fueses tan...desdoblada.

— Son facetas. Eso es todo — Murmuró ella ante el halago para mirar hacia la habitación —; ¿Proseguimos, caballeros? Un gusto conocerlos. — Mencionó hacia nosotros.

A y yo accedimos con la cabeza; antes que ella se retirada observe con claridad su rostro; olvide mis instintos y recobre la cordura.

¿Quién era esta mujer, después de todo? X. C. K. James era un seudónimo, mientras que al igual que Katrina, era una gran bazofia.

Mis ojos se detuvieron a sutileza, sin buscar objetivos de belleza o apreciación y en aquel momento me quede rígido al no encontrar las fuentes ni respuestas a mi investigación visual; ella carecía de esa información.

Por más que trate de leerla con el expediente me fue en vano. Pues no encontré nada de información que pospondría mis propósitos de saber quién era ella.

No había nombre. No había apellido. No había números de días restantes. Más tenía unos ojos; unos ojos como velas relucientes y podía ver fuegos en ellos; había flores sobre su cabeza y ligero tono amarillento y el color dorado reluciente de sus aretes.

No había nombre. No había apellido. No había números restantes.

Esto ya no era atracción.

Esto era una obsesión intrigante de saber quién era esa mujer.