Se quedó parada en una esquina del balcón observando como Damon tomaba algo de la otra punta; una forma peculiar y conocida tenía el estuche negro del que estaba por sacar algo: una guitarra.

Yo… Hay veces que no sé expresarme bien hablando y termino arruinando todo. Por eso es que prefiero cantar y decirte todo lo que siento por vos. Y también quiero que sepas que la canción no es mía, porque las mías no se las muestro a nadie y nunca lo voy a hacer. Así que espero que te guste – empezó a tocar unas notas con la guitarra mientras no paraba de mirarla, esperando a que comprendiera todo lo que quería decirle.

Lo más lindo del mar, es cuando por completo

Lo moja la hermosura, de tu pelo.

Lo gracioso del sol, es cuando no ve nada

Le encandila los ojos, la luz de tu mirada

Lo lindo de la noche y las estrellas

Es que tu rostro habita en todas ellas

Lo lindo de mi vida es el saber eh…

Que la gobierna tu ser, que la gobierna tu ser.

Que la gobierna tu ser

Lo lindo de tocarte es que me mata

No me das tiempo ni de entrar en coma

Lo más lindo del viento es cuando trata

De ir de la mano junto con tu aroma

Pero eres para mí, como la luna

Que podría contemplarte hasta ser viejo

Radiante y más hermosa que ninguna

Pero siempre tan lejos, pero siempre tan lejos

Pero siempre tan lejos, pero siempre tan lejos

Pero siempre tan lejos, pero siempre tan lejos

Lentamente se fue acercando a él intentando rebuscadamente sacar algo de lo que su interior sentía al escuchar esa hermosa canción que Damon acababa de cantarle. Una canción que expresaba, según lo que le había dicho anteriormente, cuánto la amaba y lo hermoso que le parecía que ella estuviera en su vida. Que hubiera llegado para alegrarlo como nadie lo había hecho en años.

Quiso besarlo pero necesitaba agradecerle con palabras, por primera vez tenía que trasmitir sus sentimientos sin usar su mirada o algún gesto físico de cariño.

No… No sé qué decir, Damon.

Si no te gusto… Yo, a mí me encanta ésta canción y pensé que… - se revolvía el cabello una y otra vez dejando la guitarra en el piso y sin poder mirar a nada.

Me encanto, pero no es eso lo que quiero decirte es que… - ahora por fin la miraba, expectante en busca de algo que lo hiciera sentir completo, algo que no fueran sus labios o su cuerpo. Necesitaba su voz en estos momentos. – No soy buena en esto, o en éste momento justamente nada me viene a la cabeza; miles de sílabas sin sentido que se me acumulan y listo, se pierden. Se desarman y no puedo formar nada.

No hay que decir nada. - ¡Sí! Sí había que decir algo, pero no estaba seguro de que hubiera algo específico que quisiera oír.

Sí, tengo que decirte algo… - jugueteaba con sus manos impaciente a lo que pudiera llegar a confesarle – Nunca, jamás, en toda mi vida, quise a alguien tanto como a vos y… Y sé que por más que hayamos tenido nuestras peleas, estoy acá… Queriéndote cada vez más a cada segundo que pasa y con cada gesto que haces me derretís. Me haces sentir sobre una llama viva que me va quemando por dentro. Te quiero Damon y ésta fue la mejor cita que tuve y siempre será la mejor. – estaba paralizado, no se lo esperaba.

Yo también te quiero Elena. – sonrió sinceramente, feliz… Completamente feliz.

Se marcharon de allí, juntos, tomados de la mano siendo una pareja de lo menos oficial que pueda existir. Y se fueron en el auto, perdiéndose por completo en la inmensidad de esa ciudad tan pequeña que al principio no prometía nada, pero con el pasar de los días le juraba un futuro prometedor. Lleno de emoción y alegría, pero por sobre todo: amor.

Y después de esa primera cita, vinieron muchas más que terminaban en una noche de pasión que ambos pasaban juntos; una noche en la que se fundían en los nombres del otro. En la que no podían dejar de ser, le era imposible dejar de ser Damon; experimentado cuando de sexo se trataba y por más que con Elena fuera más que diferente, porque así lo era, esa necesidad salía a luz y la llevaba a la más ahogante de las demostraciones.

Pasó un mes, dos y hasta quizás tres pero el tiempo se les había ido volando que no tenían noción de que Elena pronto se iría a una universidad y él se quedaría sólo en ese pueblo y ahora sí, sin nada que le llamara de verdad la atención.

Lo único que hacía era estudiar, seguir estudiando y no parar, esperando que alguna universidad la aceptara y ella tendría que estar más que preparada para el examen de admisión.

Pero de lo que no se daba cuenta es que cada vez se alejaba más de Damon dándole un segundo plano en su vida, dejándolo devastado por la cantidad de citas que preparó y a las que no acudió por seguir estudiando y no tener tiempo para recordar que había quedado en encontrarse con él. Si tenía suerte podía verla cuando salía a correr, pero tan sólo eran diez minutos porque cuando volvía no quería hablar con él. Siempre tenía que estudiar.

Elena creo… Tenes que descansar un poco. Sabes un montón, vas a dar bien ese examen. – quería protegerla; cuidarla e intentar animarla, pero pocas veces lo había conseguido. – Elena…

¡Damon si no vas a hacer ningún comentario productivo no te necesito acá! Es más, no aparezcas en toda ésta semana… - con todo el malhumor que ambos tenían, que ella dijera eso sólo le dio una opción. Iba a irse… Ella no quería pasar tiempo con él y cuando estuviera en la universidad menos. Porque ahí tendría que seguir estudiando y para Elena era importante, pero él ya no.

Está bien. Adiós Elena. – escupió con furia y bajó casi corriendo las escaleras, esperando a que ella saliera a buscarlo y lo besara, se abrazara a él y prometerle que se quedarían juntos toda la noche como hace un mes que no hacían. Pero no iba a hacerlo, ni ahora ni en los seis años en la universidad… Porque eso duraba la carrera de medicina. Cruzó y comenzaría a armar las valijas. No le importó que luego se arrepintiera de eso, pero él también necesitaba despejarse un poco y pensar qué iba a hacer de su vida. Estudiar algo quizás… Tenía casi veinte años y alguna universidad tendría que aceptarlo. ¿Cómo había dejado que las cosas se pongan así? De un mes al otro él también se había alejado de Elena sin el gusto de ayudarla a estudiar o intentar calmarla porque sabía que todo iba bien. Lo sabía. Y la amaba tanto que sentía que le hacía daño, tanto daño como ella le había hecho.

¡Damon! – gritó parándolo en medio de la calle. Madrugada de Septiembre; ella en pijama y él sin su característica campera de cuero.

¿Qué? Me quedó claro que no me necesitas al lado tuyo y que soy un segundo plano en tu vida. – le tiró la verdad en la cara, todo lo que venía sintiendo en esos meses. – Me cansé Elena… Me abrí a vos como el peor de los libros, ese que nadie quiere leer; esperanzado pero con miedo de que no me eligieras, pero lo hiciste y no entiendo por qué. ¿Para a los meses dejarme de lado como si fuera un auto al que le falta una rueda? ¿Con qué necesidad hacerme ilusionar, Elena? – ya no se notaba el amor que sentía por ella, ahora sólo hablaba su rabia.

Damon yo… No quise…

Pero lo hiciste. Y si de verdad no hubieras querido, habrías pedido perdón… Pero aún los sigo esperando. – veía como las lágrimas se acumulaban en sus goteantes ojos, y es que no iba a dar vuelta atrás a excepción de que un buen motivo lo hiciera arrepentirse. Y con Elena, cualquiera era un buen motivo.

¡Es que no me entendes! No entendes que la universidad es lo más importante en estos momentos para mí y necesito toda la concentración del mundo y parece que lo único que te interesa es vos. ¡Damon por favor! Necesito que me acepten en la universidad y estudiar lo que tanto quiero estudiar…

¿Y cuando estés allá? ¿Te vas a acordar de mí, Elena? O siempre vas a estar estudiando. Me parece ilógico mantener ésta "relación" – ironizó con sus dedos – si no vas a tener tiempo para mí.

¿Entonces es mi culpa que no encuentres nada interesante para hacer? ¿Es mi culpa que no quieras ser nadie en la vida? ¡Hacé lo que quieras, Damon! Mi prioridad es mi futuro.

La mía es el presente. Evidentemente no encajamos Elena; perdón por tu perdida de tiempo, prometo no hacerlo más… - y cuando volvió a darse vuelta, fue cuando cayó en lo que hacía. ¿Y era lo mejor? Su orgullo no dejaba que continuara hablando, decir algo razonable; tampoco podía pensar. En esos momentos cualquier cosa que saliera de su cabeza iba a ser una idiotez. Lo dejó que se marchara, que se encerrara en su casa e hiciera lo que quería hacer, ella tan sólo iba a volver a estudiar.

Se quedó dormida sobre un libro de anatomía y cuando se despertó al día siguiente estaba contracturada; salió a correr… Necesitaba despejarse e intentar olvidar esa punzada que tenía en el corazón. Cuando volvió, algo no marchaba bien… Damon cargaba bolsos en su auto y no tenía el aspecto amable de siempre. Jeremy intentaba pararlo, parecían enojados.

No entendía lo que pasaba, no caía en nada. Ver que Damon ni siquiera la registraba era como si la metieran en un diccionario y tuviera que correr en busca de algún significado.

¿Iba a irse? ¿Así de fácil pensaba marcharse?

¿Qué sucede? – intentó que la voz no se le quebrase, no mostrarse frágil por más que ambos supieran que ya lo era ante éstas situaciones.

A mí no me toca explicarte eso Elena. – levantó ambas manos en símbolo de paz y se marchó de allí, dejándolos solos.

Me voy. – su mirada era fría; como la primera vez que lo había visto. Como cada vez que alguien lo lastimaba y él no podía defenderse de ninguna manera. Dolor cerca de la pupila. Lo notó.

¿Así nomás? ¡Te vas! – suspiró poniendo ambas manos en su cintura y dando vueltas pensando que así iba a despertarse; que se despertaría en la cama de Damon luego de aquella primera cita y que todo volvería a aquellos tiempos.

No es tu culpa que no encuentre nada interesante para hacer, me marcho a no sé dónde, a buscar algo interesante Elena y te dejo porque vos sí te mereces ser alguien en la vida y triunfar. Y yo, yo nada más estorbo y te culpo de no prestarme atención cuando se trata de un tema que de verdad te preocupa.

Damon, no por favor… - lo tomó de los brazos y se colocó frente a la puerta del conductor de su Camaro, impediría a toda costa que se vaya.

¡NO! – casi gritó – Por una vez no soy egoísta, por una sola vez hago las cosas bien Elena y necesito que me dejes hacerlo. Yo entendí que si estoy al lado tuyo nunca vas a ser alguien, y no te lo mereces. Me voy a ir porque creo que si tenemos que encontrarnos, vamos a hacerlo sin necesidad de buscarnos. Por eso me voy, Elena. Porque necesito que me demuestres qué tan grande podes llegar a ser. – de a poco la fue corriendo.

Tengo que detenerte Damon, eso pensaba hacer pero ahora simplemente no puedo; me duele tanto que me dejes así.

No te estoy dejando. Me estoy dejando. Estoy dejando de lado al Damon egoísta y caprichoso para ser la persona madura que se supone que debo ser. Y por vos Elena. Así que necesito que los dos nos separemos; que por más que nos cueste: nada de mensajes, de mails, llamadas, nada. La distancia también me va a servir. – a cada sonido que salía de su boca se iba alejando cada vez más de ella, marcando una distancia que con kilómetros jamás podría ser medida. Una distancia que abarcaba mucho más que sólo sentimientos.

¿Te vas a cuidar?

Eso vengo haciendo hace diecinueve años, Elena. La que tiene que cuidarse sos vos. – ya estaba a un costado del auto y le daba todo el espacio que él necesitaba para salir. Huir.

Lo prometo. – y no había vuelta atrás; él iba a irse dijera lo que le dijera.

Y lo más triste de todo era que no se despidió de ella con un último beso y lo entendió. Debía marcharse sin sufrir demasiado, era suficiente con lo que ya estaba sintiendo. Y ahí, en el momento menos oportuno fue cuando recordó el olor de Damon, ese que todavía no lograba descubrir… Y que tanto la traería demente todo ese tiempo que pasarían separados.

No dejó de mirarlo hasta que dobló a cinco cuadras de su casa, desapareciendo de la vida de ella y creyendo que si se iba, lograría ser feliz y triunfar. Y eso pensaba hace semanas atrás, que necesitaba estar sola… Pero se daba cuenta lo idiota que había sido ahora. Ahora que él se empeñó en desaparecer de su vida y lo había logrado. Cuando más la necesitaba ella no había estado para él; en el aniversario de la muerte de su madre él tuvo que irse solo al cementerio porque ella estaba estudiando y lo comprendió, sus estudios eran importantes. Y volvió devastado de aquella visita pero no dijo nada, no quería interrumpirla y prefería sufrir en silencio. Apenas se vieron por esas semanas, él sufriendo en silencio porque sino iba a molestarla y comenzarían a discutir como tantas veces ya lo habían hecho y no tenía las ganas suficientes. Ya no le importaba rendirse sin intentar; ella debía ser la que saliera ganando para conformarse un poco.

Y lloró lo que no había llorado en meses luego de cada discusión por siempre lo mismo, la atención que en él depositaba. Volvió a llorar y se fue sentando con su espalda contra la puerta de Damon; sabiendo que no iba a verlo allí. Lo había recuperado, había recuperado a su inconfundible niño de ojos tan claros que le parecía un insulto no pararse a observarlo, lo había recuperado diez años tarde. Y ahora volvía a perderlo en tan sólo unos meses, esperando y pidiendo con todas sus fuerzas, que no pasara tanto tiempo para volver a encontrarse. Juntó ambas manos sobre el volante y apretando su boca, no lloró; ya no iba a llorar más porque no se lo merecía. Sí, se lo merecía pero no iba a hacerlo. ¿A eso se referían con que madurar era duro?

Pero no iba a arrepentirse.

Tenía la fe de que iba a encontrarse con Elena.

Con su Elena.

¿Qué se suponía que iba a hacer ahora? Ric y Jenna estaban muy ocupados en ellos mismo y la "pareja" que habían logrado formar y él no quería molestarlos. No ahora. Necesitaba un lugar donde quedarse y pensar, lograr entender qué iba a hacer…

Condujo sin quererlo a su casa, esa casa en la que había crecido y que conocía de memoria. Que le traía tanta felicidad y tristeza. Miles de emociones pasaron por su cuerpo en segundos. Dejándolo atontado en el medio de la calle sin decidirse a entrar. ¿Debía hacerlo? Lo primero que se le ocurrió mientras manejaba solo por la autopista recorriendo el país, lo único que pasó por su mente fue arreglar las cosas con su papá. Era lo necesario.

Señor Salvatore ¡Qué gusto verlo! Su papá se encuentra en su escritorio, si desea pasar a verlo puedo informarle que ha venido… - un hombre que no conocía lo iba guiando por su casa.

Está bien, primero tengo que hacer unas cosas. Que mi papá no se entere que estoy acá.

Como guste señor. – lo dejó solo subiendo las escaleras, necesitaba estar nuevamente allí para saber que todo estaba tal y cual lo recordaba. La habitación de su madre. La inmensa cama en el medio y uno de los enormes ventanales alumbrándola. Todos los muebles aún allí y sus fotos, collares, anillos. Seguía intacto y se notaba que todos los días iban a limpiarla.

La extraño tanto como vos, Damon. – hablo alguien a su espalda.

Hola Giuseppe.

Damon… Creo que hiciste bien en venir.

¿Cómo sabías que estaba acá?

Siempre visito la habitación de tu mamá, todos los días a toda hora. Me hace falta, tanto como vos.

Tarde lo decís.

Pero lo digo, Damon. Mi generación no se acostumbraba a demostrar cosa, ni a sus hijos ni a nadie que no fuera su esposa, es así. Y también costaba decir lo que sentía, a mí mucho más. ¿Nunca te enamoraste Damon? ¿Intentaste hacerlo alguna vez? – y tocó el tema que menos quería tocar. Acababa de huir de Elena y era muy temprano para recordarla.

Vayamos al grano.

Yo sí me enamoré, de tu mamá. Y me costó muchísimo decirle lo que sentía… Compartíamos miles de cosas, ella sabía que la quería. Pero jamás iba a dar el primer pasó, tenía que esperarme a mí. Y cuando por fin lo hice, cuando comencé a demostrar mi amor por ella, a los años se enfermó Damon y me arrepentí de no haber aprovechado cada minuto con ella, besándola o estando a su lado. Y lo sufrí Damon…

No parecía.

Cada uno lo sufre a su manera. Y yo no podía llorar, tenía que ser fuerte para ella y estudiar día y noche si existía alguna cura en cualquier lugar del mundo. Por eso me encerré así, pensando que iba a hallar algo antes de que ella muriera, y no lo hice. Y ahora me arrepiento, de todo lo que no llegué a ver. De todo lo que me necesitabas y me culpé tanto por la muerte de tu mamá que vivía enojado conmigo mismo. Y mi vida era amarga, decidí alejar a todos. Creía que era lo mejor.

Sé muy bien lo que hiciste. Me lo hiciste a mí… - suspiró, necesitaba avanzar. Dejar todo de lado. Por una vez iba a hacer lo que de verdad tenía que hacer. – Pero te perdono; siento la necesidad de hacerlo y aprovechar el tiempo que pueda tener con vos antes de perder a alguien más. – se acercó y lo abrazó; sintiendo todo ese cariño paterno que siempre había necesitado. Volvió a recordar a su papá. Cuando de pequeños jugaban juntos todas las tardes en el jardín de su enorme casa. Giuseppe, su papá.

¿Qué hacías por acá? ¿Necesitabas algo?

Despejarme. Y últimamente pensar en mamá me ayuda mucho. Necesito saber qué quiero hacer…

Si te nombro la empresa no vas a pensar ni en acercarte ¿no?

No es lo mío. O no por ahora… ¿Puedo quedarme?

Es tu casa, Damon. Sos digno de hacer lo que quieras mientra estés acá.

Voy a bajar mis cosas del auto.

Se quedó dormido en su cama, aquella imperial cama de edredón blanco con un balcón que daba al fondo de su casa, mirando el jardín que su mamá tanto se había esforzado en diseñar y ambientar.

Y cuando se levantó, estaba atónito, pensaba que todo había sido un sueño y que no tenía motivos para haberse ido del lado de Elena. Pero la realidad se chocó contra él como un tren, dejándolo hecho pedazos. Y también, a la vez, transportándolo a una realidad enferma, de lo más podrida.

Tenía que hacer algo con su vida para dejar que el tiempo pase y que Elena pudiese estar tranquila. Pensar en que estaría con otra persona y quizás se enamoraría volvió a devastarlo, pero si así tenía que ser. No había otro camino.

Averiguó en universidades, ¿qué carrera iba a estudiar? Le gustaba mucho matemática, química, física y todo eso, pero no iba a ser farmacéutico.

¿Ingeniería industrial? – miraba su pantalla. Los nombres de las materias le parecían interesantes y era una carrera larga. O por lo menos lo suficiente como para mantenerlo ocupado y fuera de la vida de Elena por unos años. – Sí, por qué no. – se anotó, y pronto le mandaron la solicitud de inscripción. Como él podía pagar la cuota anual de la universidad, no necesitaba ninguna beca… Sólo estudiar para un falso examen de ingreso y listo. – Standford… - miraba una y otra vez la página de la universidad. Lo atraía, y quizás demasiado para ser la primera vez que se interesaba en una universidad.

Permiso… - su papá se asomaba por la puerta. – Venía a decirte si querías venir conmigo hoy, a cualquier lado. Pasar un rato juntos no nos haría mal. – dudó, estar tiempo con su papá ahora no le llamaba mucho la atención. Pero quedarse en casa sufriendo tampoco.

Sí. Termino de enviar esto y bajo.

¿Qué haces?

Me anoto en una universidad… Necesito gastar mi tiempo libre en algo productivo. Me cansé de ahogarme en alcohol todas las noches.

¿Qué vas a estudiar?

Ingeniería industrial. Me pareció la más interesante. - ¿por qué le daba explicaciones a alguien que no las necesitaba?

Me parece perfecto. – sonrió sinceramente después de años. – Te felicito; por fin.

¿Por fin?

Tu mamá y yo teníamos miedo de que te confiaras de la empresa y no quisieras estudiar nada. Yo sabía que algún día ibas a reaccionar.

Tarde, pero lo hice.

Y te felicito por ello. ¿Te espero abajo?

Sí. – completó todo y lo envió. Necesitaba irse de allí lo más rápido posible y si todo salía bien y lo aceptaban: en marzo se iría de allí, para lo cual sólo faltaba un mes.

Luego tuvo que entrar a bañarse para sacar todo ese peso extra de encima suyo; no sabía qué era lo que le molestaba así. Había hecho lo correcto por primera vez en toda su vida y se sentía pésimo. Dolía, sí, pero iba a alegrarse de dejar a Elena SER. La estaba librando de él y de todos sus problemas, de todo lo que significaba estar al lado de Damon. De cumplir sus caprichos y sus manías, de que tenía que estar cuando él la necesitaba. Que iba a tener que dejar de estudiar por él.

Y no podía negarle su vida. La vida de universitario.

Por eso lo hacía, sólo por eso.

Dejó de lado todo el amor que sentía.

Para verla feliz.

A Elena.

El amor de su vida.

La única mujer que le demostró valer la pena.

Ella.

Sólo ella.

Ella necesitaba volar.

Y él era una bolsa de piedras en su espalda.

Si tenían que reencontrarse iban a hacerlo, pero no ahora. Ninguno lo necesitaba en ese mismo momento.

Revisó su correo electrónico por esa inútil necesidad de revisar que Elena hubiera cumplido con lo que le pidió; que no pensara en él y no intentara comunicarse de ninguna manera.

Un correo había de ella. Y no podía leerlo porque iba a golpearse por dentro, a estrellarse contra la pantalla para leer con claridad sus palabras. A sentirse cada vez peor por si ella le decía que era un estúpido. Un estúpido con razones.

"Damon, todavía sigo sin entender por qué te fuiste. Te necesitaba cerca y por más que no lo demostrara, es el momento en el que más te necesito y sé que aunque leas esto no vas a volver; porque vas a buscar miles de motivos para seguir rompiéndote a pedazos. Pero aunque estemos lejos necesito que sepas que te amo, y que no voy a dejar de hacerlo.

No hace falta mencionar todo lo que siento por vos y cómo me estoy sintiendo en éste mismo momento en el que no puedo dejar de pensar en ir a buscarte.

Y como siempre hiciste, decidiste por los dos, sin darme oportunidad a hablar o quedarte para que hablemos con calma. Como dos personas maduras.

Pero es tu decisión sobre la mía, abarcaste lo que podría llegar a opinar y no sé cómo pero me hiciste pensar que era lo mejor. Y no es lo mejor.

Necesito aunque sea saber, con toda mi alma, que estás bien y que no te pasó nada.

Por favor, si te intereso aunque sea un poco, vas a contestar éste email.

Te ama, Elena."

Se debatía entre contestar o no, ella tenía razón; con su palabra había abarcado sus pensamientos y abarajado sus ideas dejándola por la mitad. Y aunque Elena pensara que ahora podía sonar malo, no lo era del todo.

Un sonido indicándole que otro email había llegado lo despertó. Elena nuevamente.

"Por favor Damon no me hagas esto, no nos hagas esto. Pensé durante toda la noche y… Y no sé qué creer. ¿No entendiste nunca que te amo? ¡Por qué me abandonaste si me amabas! ¿Por qué Damon? ¿Te gusta imaginarte cómo estoy sufriendo? Porque lo hago.

Te necesito Damon. A mi lado. Tu olor, lo único que no puedo dejar de hacer es recordar tu olor. Tus ojos Damon. Recuerdo tus ojos y pierdo todo tipo de esperanza.

Espero que me contestes porque de verdad que no entiendo qué pensar. Sólo un email. Nada más pido.

Te amo y te necesito demasiado."

Tenía que escribir, contestarle… Decirle bien el por qué de sus motivos para que cada vez que volviera a preguntárselo, leyera ese email y volviera a recordarlo. Necesitaba que creyera que era un imbécil y se alejara de él por un tiempo.

"Elena yo… Yo de verdad es que intento convencerme de que es lo mejor, porque sé que lo es pero ahora no suena así. A la larga va a serlo. Cada vez que tengas un examen en la universidad vas a darte cuenta de que sin mí requiriendo tu atención todo va a ser mejor.

Yo me sentiría culpable de quitarte tu atención también, de evitar que triunfes. Y no puedo hacerlo; no podría ser tan egoísta.

Aunque ahora lo esté siendo, necesito que estemos lejos; por un tiempo. No, no necesito aclararme. No necesito saber que te amo. No necesito saber que lejos todo sería peor.

Porque ya lo sé.

Lo único que necesito saber es que hago las cosas bien por primera vez en mi vida. Que lejos de mí vas a estar bien. Porque todo el mundo está bien lejos de mí.

Yo también te amo y lo único que hago es recordarte, ayer llegué a mi primer destino y estoy viendo qué hacer, Elena. Pero no vas a saber nada de mí, y yo tampoco quiero saber nada de vos porque no podría mantenerme lejos si sé dónde vas a estudiar. No podríamos Elena.

No te estoy haciendo "esto" porque tengo ganas, lo que menos querría es alejarme de vos. ¡Pero es lo necesario!

No te pido que entiendas lo que hice, sí que lo respetes. Quiero que respetes que necesito tener distancia.

A mí también me duele no tenerte cerca, no poder abrazarte o saber que cuando quiera voy a poder besarte. Y mucho más saber que quizás te vas a olvidar de mí y vas a salir con otras personas. Que otros van a ser dueños de tu boca. Eso duele y lo pienso sólo para no acercarme. Me autodestruyo. Y supongo que me toca por haber dañado a tanta gente… El karma.

Éste es mi primer y último mail, Elena. No me pidas que de alguna forma me acerque a ti porque me lastima.

Te amo. Damon.

PD: "Si el destino quiere que dos personas estén juntas, van a estarlo aunque tengan que pasar años para eso."

Y esperó una respuesta que tardó demasiado, según lo que él imaginaba, en llegar. Frenética respuesta. Estaba enojada, pero eso ni iba a hacer que corriera detrás de ella. No podía hacerlo.

Su mente estaba tan nublada que no entendía con claridad qué decía el email, ¿Elena? Tan rápido cambiaba de parecer.

"Te quiero lejos Damon. Después de todo lo que dijiste te quiero lejos de mí. No necesito a nadie para ser feliz.

De verdad te amo pero… Tenes razón, necesito estar lejos de ti y esto va a doler demasiado y va a tardar en sanar. Pero estoy de acuerdo, tenes razón.

Después de leer tu respuesta, sé que es lo mejor. Para mí y para vos también. Pero aún así sigo pensando que te equivocaste.

¿Sabes qué pienso? Que sí sos un cobarde, como Jenna te describió. ¡Tenías miedo y por eso hiciste todo esto! ¿De verdad tenías miedo Damon? ¡Alejarte de mí de esa manera! ¿Por qué? Sé que tenías miedo, pero no entiendo por qué.

Igual sigo manteniendo que lo mejor va a ser que estemos lejos.

No voy a dejar de extrañarte.

Te amo. Y adiós.

PD: espero que el destino quiera que estemos juntos."

Tenía miedo a que no triunfara. Pero le dio furia que le dijera que no necesitaba a nadie para ser feliz. Que estar con él todos estos meses habían sido como estar sin nadie porque era feliz con o sin él.

"Yo tampoco necesito a nadie para ser feliz.

Y lo hago por miedo, miedo a que no triunfes y tener yo la culpa. Y si eso me hace un cobarde, tener miedo a que no seas todo lo que esperas ser me dé terror. Entonces sí soy un gallina.

Adiós Elena y espero que no sea para siempre.

Con cariño, Damon."

Estaba tan enojado que ni siquiera pudo escribir que la amaba y que iba a extrañarla. ¿Con que no necesitaba a nadie para ser feliz? Le dolió, no lo hizo enojar, le inyectó aire en el corazón para matarlo en segundos.

Iba a salir y dedicar la poca energía corporal que le quedaba en despejarse. Y luego volvería para estudiar, Standford dijo llamarlo en lo que quedaba del día para comunicarle si lo aceptaban o no. Y eso lo tenía nervioso, quería entrar a esa universidad y ser alguien por primera vez.

No un borracho que podía tener a cualquier mujer que quisiera. Alguien que la gente pudiera tomar en cuenta.

¿Nos vamos? – se sentó en la isla de la cocina tomando una manzana. Su desayuno.

Sí. El auto está en la puerta… Quiero… Quiero que vayamos a un lugar juntos. – sus ojos se oscurecieron como la noche y se pasó una mano revolviéndose su canoso cabello.

¿A dónde? – se imaginó el peor de los lugares. - ¡Papá! – necesitaba que le confirmara que era el lugar que su imaginación recreó.

Necesito que me acompañes al cementerio. Desde que murió no voy; es suficientemente doloroso entrar a su habitación. Necesito tu apoyo, Damon. – entendió el sufrimiento de su papá al no poder acercarse a la tumba de su esposa porque podría morir al recordarla.

Sí… Vamos. – miró hacia abajo creyendo que era el piso mas interesante del planeta. Sintiéndose mal por su papá. No había comprendido jamás lo mucho que le dolía la muerte de su madre.

Subió a su Jeep Cherokee negra y con la calefacción quemándole los tobillos en una dura guerra contra el frío exterior y la calidez del interior. Luchando por ver quién se adueñaría de sus piernas. De su termostato corporal.

Las hojas caían de los árboles arrastradas por unas manos invisibles dueñas de su entorno, forzándolas a abandonar su hogar durante dos estaciones. Mientras que en las otras dos se sentían extranjeras en un país extraño. Con gigantes que pasaban sobre ellas sin tomarse el tiempo necesario para admirar su hermosura externa y solitaria.

Y hasta eso le parecía interesante antes que bajarse, que el aire llegue hasta su cuerpo y lo atraviese dejándolo vacío de emociones y órganos. Lo que más le molestaba era que tomara sus órganos.

Caminaron arrastrando los pies, rompiendo el césped como sentían que a cada paso se iba rompiendo su emoción de estar allí, sintieron algo quebrajarse pero ninguno dijo nada. Su cerebro se dobló a la mitad en una discusión de moral. No, de moral no. De sentimientos. ¿Recordarla o no? Recordar el día en que ella murió y volvieron a sentir un dolor oscuro apoderándose de sus ojos, dejándolos negros. Hasta sus lágrimas se tiñeron de ese color y volvieron al luto inicial.

Uno a la izquierda y otro a la derecha; esos dos hombres que la habían amado a más no poder. Demostrándole que aún lo hacían, que nada importaba más que ella y toda la emoción que les devolvía al cuerpo al leer su nombre.

Esa emoción que habían ido perdiendo a cada paso, volvió arrastrada también por esas manos invisibles a ellos. Llenándolos de golpe, hasta rebalsar convertida en agua.

Uno expulsó todo eso que tendría que haber sacado en años, y el otro sólo se dedicó a observar porque él ya había despedido todo lo que el otro hacía en ese momento. Nada más sonreía al venírsele la sonrisa de su mamá y que eso le sirviera para ir armando el resto de su cara. Al recordar sus ojos recordaba algo divertido.

Ese día que ella lo descubrió mirando con fascinación el piano luego de un año de clases.

"- ¿Te gusta, Damon? – preguntó refiriéndose al piano y sacándolo de esa imaginación tan creativa para sólo ser un pequeño.

Sí mami… - se sentó en la silla esperándola. Queriendo demostrarle todo lo que él había aprendido por su cuenta, superando esas lecciones que sólo le hacían gastar su tiempo.

¿Puedes tocar algo para mí? – se emocionó al saber que su mamá quería que le demostrara su especial don.

¿Algo que sepa o quieres que cree algo para vos? – mostró su sonrisa a la cual le faltaban varios dientes y que aún así le daban una imagen de lindura.

Quiero que crees algo. – se quedó pensando, hablando en silencio con las teclas del piano. Y cuando lograron ponerse de acuerdo junto con sus dedos, comenzó a tocar cerrando los ojos. Su mamá le acarició el pelo; lo que estaba creando era inimaginable para un pequeño de su edad. Y eso lo motivó más, esa pequeña caricia hizo que tocara con más intensidad seduciendo a las teclas que dejaban manosearse de esa manera. Finalizó con una intensa felicidad y esperó, casi muriendo, a que su mamá le dijera algo. – ¡Es hermoso, Damon! Prométeme que nunca vas a dejar de tocar el piano, porque tenes algo especial cuando tocas.

Sí mami, te lo prometo. – miró el jardín, ella no se marchaba y quería ir a jugar. - ¿Puedo ir afuera?

Sí, seguro que sí. – salió corriendo. Sin quedarse a aprovechar el tiempo con su mamá, sin tener el conocimiento que unos meses después se enteraría de la enfermedad de su mamá y se arrepintiese por dentro de no pasar todo el tiempo con ella mientras estaba sana."

Tuvieron que marcharse una hora después amenazados por lágrimas superiores a ellos que los mojaban. Su papá se agachó y dejó un beso sobre la tumba de su esposa para luego marcharse de allí. Necesitaba descansar. Ambos.

Miró su teléfono, dos mails le habían llegado. Elena y Standford. Dos interesados en él.

Primero el de Elena, quería dejar inconciente a su alma así dejaba de agobiarlo por un rato.

"No sé por qué contesto tu anterior email porque sinceramente creo que ya no hay más nada para decir. Sólo quiero recordártelo una vez más… Quizás así cambies de parecer:

Te amo Damon. Voy a extrañarte demasiado.

¡Necesito que siempre lo tengas presente, siempre!

Y sí, espero que esto no sea un adiós definitivo.

Te amo muchísimo.

Nunca te olvides de mí porque yo no pienso hacerlo."

Le llenó el corazón dejándolo palpitante, esperanzado y sin poder aguantar a que pase el tiempo.

"Estimado Salvatore Damon:

La universidad de Standford tiraría a la basura todos sus años de prestigio en educación al denegar la inscripción de alguien como usted. Con tanta inteligencia sumamente notable en calificaciones.

Por lo que nos orgullecemos en que usted pase a formar parte de nuestra universidad y sea uno de los tantos graduados con honores que tenemos anualmente.

Los exámenes de ingreso serán evaluados en las próximas dos semanas. Si logra aprobarlos no tardaremos en comunicarle su habitación y en qué campus estará.

Saludos cordiales, Benjamin Edson."

¡Me aceptaron! ¡Me aceptaron en Standford! – gritó contento festejando en el auto.

Te felicito, era evidente que iban a hacerlo. Igualmente te felicito.

Al llegar lo único que pudo hacer fue encerrarse a estudiar, no podía fallarle más a nadie y hacer una segunda cosa bien en su vida.

Nada nunca le pasó tan rápido pero estaba preparado para cargar todo en el auto y mudarse a su habitación en Standford. No supo cuándo pasó pero lo habían aprobado con la nota más alta de todas las evaluaciones y le comunicaron que iba a estar solo en una habitación en el campus universitario. Campus A de ingeniería industrial.

Y mucho menos se dio cuenta de que ya estaba instalado allí con su papá y Ric ayudándole a acomodar todo y bajarlo de su auto.

Una habitación, la más espaciosa de todas según le comunicaron. Sólo y sin nadie. Mucho mejor, no quería a ningún idiota a su lado que sólo le interesara su dinero o su auto.

Un baño, una biblioteca y varios estantes para las cosas. Una cama en otra habitación y un armario bastante grande. El sábado se mudó y el domingo por la noche estaba terminando de acomodar todo solo. Libros por todas partes tenía, literatura y de la más buena para leer. No necesitaba televisión porque le parecía una idiotez ver como la gente estaba a pocos años de arrodillarse ante ésta y creerla su Dios.

Le gustaba mirar de vez en cuando, pero tampoco parecer un ridículo más.

Necesitaba salir a dar una vuelta, mostrarse por todo el campus para que las mujeres no dejaran de hablar de él y entretenerse al oír su nombre por los pasillos y la cantidad de rumores que se hablaban de él. Eso le encantaba.

Volvió a las diez de la noche para bañarse y acostarse, buscó su horario para toda la semana y leyéndolo antes de dormir, puso la alarma y cogió un libro. "Ficciones" de Jorge Luis Borges.

Una gran obra de un excelente escritor para él, un gran lector.

Levantarse al otro día a las seis de la mañana no era lo que más le gustaba de la universidad, digamos que madrugar no era lo suyo y mucho menos para sentarse en una clase con un profesor que le hablaría sobre idioteces que ninguno de sus compañeros sabía, pero él sí.

Volvió a ducharse como lo había hecho la noche anterior, pero necesitaba refrescarse un poco y dejar de pensar en Elena, sólo por una mañana. ¿Pedía demasiado? Alejar su recuerdo por un momento.

Buscó en su ropero unos jeans de un color azul claro, ajustados a sus piernas, y luego de eso se buscó un cinturón de cuero marrón con tachas. Una remera blanca se puso para cubrir su torso desnudo del frío que sentía en la habitación. Tomó también una campera gris de algodón, pero era necesario algo más por el frío que hacía… Nevaba. Una campera de cuero marrón se puso encima de ésta y intentando peinarse (sin lograrlo) salió con una mochila bajo su brazo hacia su primera clase del día.

Sus Vans negras derretían la nieve bajo sus pies provocando que se hundiera un poco hasta poder llegar al camino de pequeñas piedras que lo llevaban al edificio.

Ingresó, ya había diez personas más allí que lo miraron obligadamente por el ruido que hizo al abrir la puerta. De las cuales siete eran mujeres y se le quedaron mirando, susurrando en un falso silencio lo sexy que era.

Muchos más fueron llegando alrededor de diez minutos antes que el profesor ingresara. Él ya estaba sentado en la décima fila de asientos. Remodelados asientos a los que tuvieron que cambiarle la madera porque se había empezado a romper con los años.

Buenos días. Soy su profesor de álgebra Thomas Parker. No necesito que se presenten, tengo una lista y voy a ir llamándolos por nombre. Levantan la mano y nada más… Ahorrémonos acciones. – comenzó a llamar a personas que no le interesaban en lo absoluto, gente que no se preocuparía en conocer por más que no fuera necesario. - ¡Damon Salvatore! – levantó su mano obligado. Todos hablaban de él, o mejor dicho, TODAS. Pero era común, no se esforzaba en oír porque era lo mismo de siempre. – Bien, comencemos. Voy a darle una lista de materiales que necesitan comprar, libros y temario que vamos a trabajar éste semestre. Es obligación que lo tengan.- anotó con atención sabiendo que ya tenía casi todos esos libros. - ¿Me imagino que saben lo que es un átomo?

Si no supiéramos lo que es un átomo, seguiríamos en primaría ¿no lo cree? O no estaríamos en Standford. – comentó harto de que su profesor se creyera superior.

Veo que hay alguien susceptible.

No, no soy susceptible. Soy inteligente y seguramente mucho más que usted. Porque se cree que por ser un poco mayor sabe todo y busca eso para aprovecharse. Si fuera inteligente de verdad, buscaría cosas más complicadas para intentar burlarse de nosotros. – no lo dejó contestar, lo humilló frente a todos los alumnos y con su cínica mirada colmada de superioridad volvió a anotar en su cuaderno. – Y respondiendo a su respuesta, un átomo es una partícula y no necesariamente es la más pequeña de todas. Cargada con protones y neutrones, en su exterior se encuentran girando, electrones. – volvió a dejarlo callado, sabiendo que era superior que él – Entonces, estaba diciendo…

La clase terminó y se marchó primero que todos; necesitaba desayunar algo y lo único que había visto era una cafetería cerca del campus B. Se sentó en una mesa, y pidió un café con leche, jugo de naranja y unas medialunas.

Esperó mientras revisaba su computadora en busca de algún email de Elena. Le enviaba uno por semana y éste día no era la excepción. Todos los lunes los mandaba.

"Me mudé a la universidad, Damon. Sé que no quieres saber cuál es y voy a respetar eso. Mañana es mi primera clase y estoy demasiado nerviosa.

Espero que estés bien y que te dignes en contestar, no sé qué estás haciendo pero… Me gustaría una respuesta.

Te amo.

PD: a Bonnie y a mí nos tocó la misma habitación en el campus 2 o B, aún no sabemos bien cómo se le dice aquí. Ella te manda saludos"

Hacía como si nada, como si no los leyera… Como si Elena no se acordara de él y dejara de amarlo.

Alguien abrió la puerta y lo supo por ese ruido molesto que hacía la campana cada vez que alguien ingresaba. Por inercia miró.

Nadie importante, pero le parecía familiar. Quizás se la había cruzado en algún lado, algún pasillo o algo y se la encontraba allí. Ella no paraba de mirarlo.

Se levantó luego de tomar su café, jugo y comer sus medialunas y se fue de allí. Metió la computadora en su mochila y salió casi corriendo de allí. La próxima clase empezaba en veinte minutos y todavía no entendía por qué tanta prisa. Era como si necesitara huir de algo. Sin saber de qué.

Se quedó parado en las escaleras del lugar recibiendo el viento frío que congelaba su nariz y la dejaba entumecida.

Caminó nuevamente hacia el campus A mientras otra persona, que no sabía que él estaba allí, caminaba hacia la misma cafetería que él acababa de abandonar. Pareciendo que allí se asfixiaba.

El destino.

Una maquina inmanejable.

Ingresó al salón diez para sentarse en los pocos lugares que quedaban disponibles, a las nueve de la mañana ya todo el mundo estaba mucho más despierto y no llegaba tarde.

Física cuántica.

El profesor volvió a presentarse y hasta a Damon, que nadie le caía bien, éste tipo le pareció, simpático de alguna manera rebuscada.

A las once volvió a salir y se quedó sentado en un banco nuevamente entre el A y el B. Esperando algo que no tendría que esperar. Pero nadie. Nadie aparecía y eso le devolvía la calma.

Hola. – una chica se apareció frente a él.

¿Hola? – un año atrás le hubiera dicho hasta el más estúpido de los cumplidos con tal de llevársela a la cama. Pero ahora nada más pensaba en Elena y revolcarse con otra mujer, teniendo en mente cada noche con Elena, sólo iba a darle una satisfacción dolorosa.

Compartimos la clase de física cuántica. Soy Rose.

Damon. – quería que se alejara de él. No la necesitaba, o por lo menos no en estos momentos.

Bueno yo… Venía a presentarme, por si necesitas algo. – había notado que la echaba de su lado con la mirada y no necesitaba quedarse allí.

Estoy bien. Gracias. – sacó su computadora mientras ella se marchaba.

A las once y media era su siguiente clase, pero era cerca de donde estaba por lo que no necesitó mucho tiempo de anticipación.

Todo el mundo lo miraba y ya comenzaba a molestarse de ello; era un estudiante más. Quizás por ser el nuevo, pero como él había quizás mil personas más de las cuales era su primer año.

Se sentó en un banco y se hundió en él esperando a que ingresara la persona que daría la clase.

Y anotó todo sin problema, tomó apuntes, comentó todo lo que ya sabía y de lo que podía agregar muchas cosas más. Demostraba su inteligencia, fanfarroneaba frente a todos y por sobre todo, era frío para que no se les llegase a ocurrir acercarse a él. Porque no iba a recibirlos con los brazos abiertos y una sonrisa. Los iba a alejar y a hacerles notar que no los quería a su lado.

Se sentó en la misma cafetería de hoy a la mañana y pidió lo primero que vio en el menú para comer allí. Nuevamente sacó su computadora para revisar su casilla de correo. ¿Un nuevo email de Elena? ¿Habría pasado algo?

"Te extraño demasiado. ¿Puedo llamarte hoy a la noche? Sólo por única vez, lo juro. Necesito oír tu voz para seguir adelante.

Te amo."

Y él también la necesitaba, iba a darse sólo un gusto. Hablar con ella para poder sentirse mejor.

"A las doce. Llámame a las doce de la noche.

Te amo, Damon."

Y sin saberlo, le había sacado una sonrisa a Elena. Estuviera donde Damon estuviera, le sacó una enorme sonrisa de felicidad y salió corriendo hacia su próxima clase en el salón quince del edificio de medicina.

Anatomía humana.

Se sentó junto a Bonnie, compartían casi todas las clases y se la pasaban juntas de salón en salón sin separarse.

A las cuatro salieron de ese salón y completamente hambrientas se fueron a almorzar. Cuando ellas subían las escaleras vieron al mismo chico de hoy a la mañana. Parecía tan misterioso.

Y el día se pasó terriblemente rápido dando así la media noche, momento en el que Bonnie dormía y Elena había salido abrigada hasta el cuello a sufrir sus nervios en otro lugar mientras llamaba a Damon.

Por fin se decidió a marcar el número mientras caminaba, recorriendo el hermoso jardín de la universidad. Vio la cancha de fútbol americano a lo lejos iluminada por unos potentes reflectores.

Hola. – se oyó del otro lado. - ¿Elena?

Ey… - susurró. Recordaba a la perfección su voz. - ¿Cómo estás?

Bien. Estoy saliendo de mi habitación… Necesito despejar.

Entiendo, yo hice lo mismo. Estoy paseando por el campus de la universidad.

¿Cómo va la uni?

Bien, hoy corrimos con Bonnie por todo el edificio intentando no llegar tarde. Hay una cafetería que es excelente… Sería hermoso que vieras nuestra habitación, tengo una foto tuya junto a mi cama.

Elena… Por favor no.

No Damon. Tengo esa foto ahí porque te amo y porque me alienta a seguir cada mañana, a no quedarme destruida en la cama. Porque es lo único que me da tu fuerza, no contestas ninguno de mis mails. ¿Qué esperas? ¿Qué me olvide de vos tan rápido? Es imposible, incluso sé que nunca voy a hacerlo. – la oía cerca. Caminaba despacio acercándose a las canchas.

Es lo mejor y no pienso volver a discutirlo.