Capítulo X

Cat y Tori

Tori's PoV

¿Qué es más extraño que ver a Jade sin una tijera? Creo que es el hecho de que Cat venga a cada rato y anden a hurtadillas en mi propio departamento. Y lo peor de todo es que la pelirroja la reprende cada vez que las sorprendo. Es como una época de Hollywood Arts que sospecho haber perdido.

Se siente raro no tener la calidez de las manos y el vientre de la pelinegra por las noches, ya me había acostumbrado a sentirla bajo mi piel. Más yo seguía durmiendo en el otro cuarto, después de que me arrancara de mis casillas realmente, por una vez en mi vida.

Ella no me conoce verdaderamente enojada y tal vez sea mejor así, para no cometer un error tan estúpido como el de Beck y asustarle.

No he sabido nada de Alphonse desde aquella vez en el emporio. Y tengo que admitir que lo extraño, muchísimo. El vacío que dejó no me es demasiado indiferente, y aparece cada que Jade no tiene algún lugar entre mis ocupaciones.

Fruncí mis labios frente a mi portátil. Hacía tiempo que Trina no venía a mi departamento y se le ocurrió visitarme justo hoy, cosa que había olvidado. Y no conforme con eso, venía con mis padres a cenar. Fantástico. Cat, Trina, mamá, papá y Jade juntos.

¿Cómo les explicaría a ellos, ahora, mi situación y la de ella? ¿Cómo impedir que el ego de mi hermana salga con algo de malas intenciones, sabiendo que en la escuela ella y Jade no se llevaban lo que se diga bien, y los comentarios fuera de foco de la pelirroja?

Fuese como fuese, eran mis padres, y por muy descuidados, que hayan sido antes con Trina y yo, les debo respeto. Y lo último que sabían era yo vivía completamente sola.

- ¿Puedo pasar? - la voz de Cat me interrumpió en la puerta. Dejé el laptop a un lado, invitándole a pasar. Ella entró con una sonrisa encantadora adornando sus labios.

- ¿Que sucede pequeña? - hablé al ver que no decía nada por un par de minutos, perdiendo su mirada entre las repisas de los muros. Acarició su pelo, y balanceó su cuerpo de un lado a otro. - Cat... ¿Qué pasa? ¿Está bien Jade?

- Si, si. No te preocupes por ella. Es sólo que se durmió y no me quiero ir aún...

Golpeé a un lado mío en la cama, para que se acercara.

- Hace mucho que no hablamos. – inició cuando Cat estuvo ya a mi lado. Su sonrisa siempre ha sido su mayor cualidad.

- Tienes razón ¿Cómo va todo en tú vida?

Ella suspiró cerrando sus ojos.

- Todo igual. Vivo con mamá y mi hermano, aunque estoy viendo si me voy a New York el próximo año. Mi mejor amiga está embarazada y parece que no quiere volver con su novio. Hace un par de días conocí a un chico lindo.

- Ya veo. - le sonreí.

La quedé mirando fijo, rebuscando lo que realmente le preocupaba. La pelirroja escondió su rostro tras su cabello, sabía que de cierta manera eso le inquietaba.

- ¿Nada más que agregar?

- ¿Por qué dejaste a Jade quedarse aquí?

- Supongo que si a ti te pasara lo mismo, también lo haría. Son mis amigas a pesar de todo.

- ¿Incluso cuando te odiaba ella?

Medité la respuesta, sabiendo que debía utilizar magistralmente mis palabras para no dar a entrever algo que aferro y tengo tan cerrado para mí.

-Con el tiempo, comprendí que ella muchísimo más, de lo inquietante que aparenta ser. Es una chica después de todo. La mayoría de las veces que dice 'no' es para que te esfuerces en lograr un sí. Además no hay que entenderla, es sólo... Quererla. Y creo que eso tú lo sabes mejor que yo.

La mirada de Cat osciló entre mis ojos y mis labios, finalizando con una hermosa sonrisa en su boca. Sus brazos rodearon mis hombros y yo correspondí su abrazo, al momento de besar mi mejilla.

- ¿Por qué tienes que ser una chica? - susurró contra mi oído, electrizando mi cuerpo. Maldita debilidad. La separé de mi cuerpo, antes de quejarme, notando que tenía un puchero dibujado en su rostro infantil.

-Le tendré que preguntar a mi mamá. – bufé recordando nuevamente que hoy vendría. – Cat, antes que lo olvide, ¿Por qué no te quedas aquí esta noche? Vendrán mis padres y Trina, sería bueno que estés aquí con nosotras.

-¡Está bien! Te ayudaré a cocinar y todo eso – exclamó agitando sus brazos. – Además esta semana no tengo grandes cosas que hacer en el teatro, como para llegar temprano, digo.

-Me vendría bien tu ayuda, tú sabes que aún no se me da totalmente bien lo de cocinar.

-Creo que no es lo mismo que me dijo Jade hace un rato. – habló y luego tapó su boca, con sus ojos desmesuradamente abiertos. – Al parecer no debí decir eso… Ugh, Tori, deberás borrar lo que he dicho, de tu mente… yo no he hablado de ti con Jade. Sólo fue producto de tu mente, no he dicho nada, nada es real.

-Cat Valentine, eso no funcionó en Hollywood Arts, y no te funcionará ahora. Y me dirás justo en este momento, qué es lo que ha dicho tú amiga de mí.

Su rostro reveló algo de espanto e incomodidad. Ya no es la niña pequeña que llora por todo, pero sí es alguien a quien le cuesta un poco guardar secretos.

-Bueno, pero no me hables así, te pareces a mi papá cuando ve que mi hermano no se ha tomado su medicamento. – resopló inflando sus mofletes. – Sólo que no le digas que te dije, ¿Sí? – asentí a su mueca. – Bien… Jadey me ha dicho que eres muy atenta con ella, le encanta como cocinas, aunque no fue exactamente lo que dijo, y que te extraña cuando duerme, porque se había acostumbrado a que la abrazaras.

-Aww ¿De verdad? – sonreí como una estúpida. La pelirroja a mi lado asintió, notando mi cara embobada.

Con lo orgullosa que es Jade, jamás admitiría frente a mí ese tipo de cosas, pero Cat, y su maestría en manipular a los demás con sus gestos, y voz adorable, lograba cosas que nadie más imaginaría en cometer. La mayor particularidad de esta chica, al igual que la pelinegra, era su bipolaridad y la capacidad de cambiar el ambiente en un grupo de personas. Quizás por eso se llevan bien, a pesar de que intente Jade demostrar lo contrario.

El resto de la tarde nos lo pasamos ideando qué cocinar. Mi compañera de departamento no se apareció en ningún instante, por lo menos, no mientras yo estuviese presente. Dejé que Cat se preocupara de ella por mientras, veía los ingredientes de la comida. Pollo relleno al horno, y ensalada caesar para Jade. Ni tan gourmet para no dejar un desastre, ni tampoco algo tan simple.

-Jade dijo que no comería nada si yo cocino. Dice que tal vez le eche algo por accidente y la intoxique, pero no creo que lo haga.

-Tiene cierta paranoia con lo de intoxicarse, últimamente, así que no te preocupes. Ya sé que haré para ella.

Las 20:00 en punto y ya tenía todo listo. Unos minutos después, quizás cinco, Trina me llamó –y gritó– que ya estaba afuera. La pelirroja se encargó de recibirlos, mientras yo ponía todo en la mesa.

Trina, tan diva como siempre, tiró su cartera de colores fluorescentes por alguna parte de la sala, corriendo a abrazar a Cat. Había acertado, simplemente. Mamá, atrás de ella, venía con una sonrisa simple y sorprendiéndome con un par de canas adornando su flequillo, sus brazos rodearon los míos cuando preguntó cómo iba todo. No me había percatado de cuanto extrañaba sus abrazos tan cálidos y protectores. Papá venía con sus manos tras su espalda, observando a todo. Tardó un poco en reconocer a Cat, pasando por un listado de nombre de chicas que ni siquiera yo sabía que conocía.

A los minutos de todo el bullicio que generaban Trina y Cat, apareció Jade con una cara inmutable. Las bolsas amoratadas bajo sus ojos no decían nada bueno.

-¿Qué haces tú en la casa de mi hermana? – asaltó Trina a penas la vio. Jade, se quedó allí, mirándome a mí, queriendo que dijera algo. No recordaba cuánto era lo que me encantaban esos ojos grises, y lo hice cuando un hormigueo recorrió mi estómago.

-¿Por qué no mejor te sientas, Trina? – atiné. Mis padres me miraron preocupados. Yo sólo les ofrecí una sonrisa satisfactoria. – Sospecho de que tenemos mucho de qué hablar.

En cierto modo fue algo llevadera la cena, después de todo. Cada vez que mi hermana atacaba con alguno de sus dardos apuntando a Jade, Cat o yo interveníamos con alguna acotación que desviaba el tema. La pelinegra habló muy poco, y sólo lo hacía en voz alta cuando mis padres preguntaban por Beck, dejando, falsamente, en claro que seguían juntos y que está de paso. En un momento me tocó incomodarme aún más, cuando preguntó por Alphonse.

- Terminamos hace un par de días - contesté cortante. Fue la única vez en la noche que pude sentir la mirada intensa de Jade sobre mí.

De vez en vez, Cat y yo nos mirábamos extrañadas por el comportamiento pasivo y amable de ella.

Pasada las once de la noche, luego de mucha sobremesa, mi papá anunciaba la despedida de los tres. Mañana tendría doble turno en la estación de policías, después de una semana libre.

- Si necesitas algo, cariño, no dudes en pedírmelo. Sabes que siempre seremos tú familia pase lo que pase. - mi mamá se despidió de mí en la puerta del edificio, con otro de sus abrazos y sonrisas pacíficas.

Al subir de vuelta, la futura mamá y Cat estaban viendo una comedia romántica en el living. Al verme, la pelirroja apagó el televisor.

- Bien, es hora de irme. Mi misión de hoy aquí terminó. - anunció poniéndose de pie dejando desencajado el rostro de Jade.

- Pensé que te quedarías - habló Jade suplicante.

- No dije que lo haría toda la noche. Además ya está por llegar por mí.

- ¿Quién? - cuestioné esta vez yo al pasar por mí lado.

- Mi novio. - sentenció devolviéndose antes de salir. - Y creo que ustedes deberían arreglar sus asuntos ¿Cómo es posible que vivan en la misma casa y no se hablen?

Desapareció dejando una risa traviesa en el ambiente tenso. Tomé asiento, dudosa, a un lado de Jade, quien permanecía mirando la tv apagada.

-¿Por qué les has dicho que tú Beck siguen juntos? - comencé con un tono suave, observando en la penumbra el perfil de su rostro delineado con la luz tenue de la luna blanca. Incluso con esa perspectiva se veía hermosa.

- ¿Qué querías que les contara? ¿Que vivo con su hija, porque él me echó? ¿Y que además me mantienes? Tú hermana fue lo más desagradable que pudo conmigo ¿Querías que condimentara eso? No, gracias.

Sus palabras sonaron secas y monótonas, y me herían aunque no quisiera hacerlo.

- Mira Jade, olvidemos esto ¿Sí? Tú conoces a mi hermana, y nunca le has caído bien. Yo sé que has cambiado, pero ella no. Por favor ignórala, como siempre lo hiciste ¿Está bien? - no sé qué habrá sido lo que hizo que ella me mirara. Tal vez fue mi tono de suplica, o quizá el hecho de que tomé su mano, un poco desesperada.

Una sonrisa perfectamente curvada se extendió en su rostro. Se la devolví al abrazar su cuerpo tibio.

- Lo siento por lo del otro día, Tori. Es tú privacidad, y no debí hurgar en algo que te dolía. - habló con su aliento chocando contra mi oído. La colisión en toda mi anatomía fue severa. Tuve que morder mis labios para que no se escapara algún sonido del que luego me arrepentiría.

- Está bien, Jadey. Ya no importa eso. Comenzaremos desde cero.