Capítulo 9 - Túnel

Elia caminó de vuelta a su habitación intentando calmarse un poco. La conversación con Tony había sido bastante intensa y aunque la había llevado bien, ahora se arrepentía de haberle llevado la contraria de esa manera. La relación entre ellos estaba bastante tensa desde lo sucedido en Oscorp y esto no hacía más que empeorarlo. Sin embargo, había aprendido desde pequeña a defender las cosas en las que creía y eso estaba por encima de cualquier persona, incluido su padre. Abrió la puerta de la zona residencial y saludó sin fijarse bien en quién estaba.

-Hola.

-Hola.

Elia se quedó quieta y se dio la vuelta intentando asegurarse de que de verdad era él. En efecto, Visión estaba sentado en el sofá, viendo la tele, como si no hubiera estado unos días desaparecido.

-¿Dónde has estado? -preguntó ella, sentándose a su lado.

Visión apartó la mirada y cogió un cuenco de palomitas que había en la mesa.

-¿Quieres?

Elia las miró, tentada, pero se centró. No podía dejar que Visión la distrajera.

-¿Dónde has estado? -repitió.

Visión ignoró su pregunta y se volvió a sumergir en la televisión. Era uno de esos concursos que tanto la aburrían pero que la gente parecía disfrutar.

-¿De verdad vas a ignorarme? -insistió.

Entonces, Visión se levantó, dejándola sola en el sofá.

-Eh, ¿se puede saber qué pasa? -preguntó.

Nuevamente, no obtuvo respuesta. Vio como Visión se dirigía hacia la escalera y, con rapidez, se levantó y comenzó a perseguirle.

-¡Visión! -le llamó-. ¡Espera! -gritó mientras subía también por las escaleras.

Sin embargo, él continuó su camino y Elia vio como se metía en su habitación. Se sentía completamente insultada al haber sido tratada como una molestia, además de confusa. El comportamiento de Visión no tenía ningún sentido, él no se había portado así con ella antes, al contrario, la había tratado como a una amiga desde el primer momento y se había asegurado de su comodidad. Ese cambio tan repentino no era normal. Elia suspiró y analizó la situación. Él había comenzado a evitarla cuando le preguntó en dónde había estado, con lo que no había que ser muy inteligente para deducir que Visión no quería decirlo. Bien, de acuerdo, tenía que respetar su intimidad, pero algo había sucedido y ella quería averiguarlo. También le había visto escabullirse y su reacción entonces también había sido igual de insultante.

-Esto no va a quedar así -dijo, decidida.

La vocecita de su conciencia le decía que tenía que dejarle en paz, pero su curiosidad estaba ganando por goleada. Se dirigió hacia su habitación y rebuscó por los cajones. Cuando encontró lo que buscaba lo cogió y se lo guardó. También cogió dos destornilladores de su escritorio y salió de allí, dispuesta a enfrentarse a Visión. Una vez estuvo frente a su puerta, ni siquiera probó suerte llamando, sabía lo que iba a ocurrir, así que analizó la cerradura. En realidad, no había mucho que pudiera hacer, parecían estar hechas a prueba de intrusos, pero tenía una idea; tan solo tenía que conseguir que Visión estuviera distraído, pero eso no dependía de ella. Sacó los destornilladores y comprobó cuál de todos se ajustaba mejor a la cerradura y, una vez se decantó por uno, comenzó a quitar los tornillos. Fue despacio, tratando de no hacer demasiado ruido, aunque Visión podría detectarla sin problemas. No obstante, no se rindió y siguió hasta que quitó los cuatro. Una vez hizo eso, el mecanismo de la cerradura estaba ante ella. Varios tornillos más y consiguió sacar el mecanismo del pestillo. Se puso en pie y, haciendo uso de toda su fuerza y agradeciendo a Nat por el entrenamiento, pateó la puerta. Esta se abrió de golpe, demostrando que había tenido éxito y asustando a Visión. Él estaba tumbado en su cama, con los cascos puestos, pero se levantó de golpe ante el ruido que Elia había provocado. Ella, aunque se sentía mal, agradeció profundamente que se hubiera puesto esos cascos, de lo contrario la habría pillado.

-¿Qué pasa? -preguntó esta vez Visión.

Elia sacó su alarma-lanzatelarañas, ahora más bien pistola, y apuntó con ella a Visión.

-Quiero que me digas dónde has estado.

-¿Tanto te interesa?

-¡Es que no entiendo qué tienes que ocultarme!

-Elia… -dijo él, acercándose hacia ella-, es mejor así.

-¡No! -exclamó-. Te prometo que no diré nada, pero quiero saber dónde has estado estos días. Me tenías preocupada y ahora que has vuelto encima me evitas y no quieres hablar conmigo. ¡Esto no es algo normal!

-No puedo.

Las manos le temblaban, pero era lo que tenía que hacer. Apuntó cerca de él, procurando no dañarle, y disparó. Su tiro había hecho que Visión se apartase, facilitando así su intención de no herirle. Una pequeña red había salido disparada de su arma y estaba pegada al suelo, emitiendo pequeñas descargas.

-¿Querías electrocutarme? -Visión parecía ofendido.

-Ahora al menos sabes cómo me siento -replicó.

Visión suspiró. Esa chica era la persona más testaruda que había conocido en su vida y, aunque tampoco conocía demasiadas, todas eran tremendamente cabezotas. Era curioso que una adolescente los superase a todos.

-He ido a ver a Wanda -confesó. Sabía que su secreto estaría a salvo con ella y que, si no hablaba, volvería a disparar. Correr ese riesgo le parecía absurdo.

-Pero si no se sabe dónde está Wanda -Elia estaba confusa.

-Yo sí lo sé -repuso Visión.

Elia asistió, comprendiendo que ellos tenían más historia de la que el mundo sabía. Había conseguido que hablase, no iba a forzarle más con lo de Wanda.

-¿Y cómo has salido? -quiso saber-. Sabes que te ví el otro día -le recordó ante su nuevo silencio.

-Te lo mostraré si arreglas mi puerta -se ofreció.

-Trato hecho -Elia corrió y colocó las piezas de la misma forma en la que estaban antes. Aunque nunca lo había hecho, tenía una memoria muy buena para recordar los componentes de cualquier tipo de mecanismo-. ¡Ya está! -exclamó cuando finalizó-. Ahora, vamos.

Visión salió antes que ella y la guió en silencio. Elia se sentía mal por lo que acababa de hacer, pero no podía tolerar más secretos ni que la tratasen como a una niña. Ella también tenía derecho a saber, ahora vivía allí.
Bajaron las escaleras y, en lugar de salir, Visión la condujo por ese edificio hasta que llegaron a lo que parecía ser nada, pero entonces Visión empujó una de las paredes y esta se abrió, mostrando un pasillo estrecho y blanco. Él pasó primero, haciéndole un gesto a Elia para que tuviera cuidado. Al final de ese pasillo había unas pocas escaleras que bajaban hasta dar con una nueva puerta, la cual Visión también abrió. Entonces salieron a un pasillo más amplio, oscuro y de al menos 50 metros de largo. Al final, la luz blanquecina de la tarde indicaba la salida.
-¿Qué es esto? -preguntó Elia tras tanto silencio.
-La salida de emergencia de la mansión -explicó Visión-. Se creó por si era necesario huir, pero yo la utilizo cuando quiero ver a Wanda.
-¿Y ya está? -Elia estaba extrañada-. ¿Es así de sencillo? ¿Sales por ahí y luego vuelves a entrar?
-Ven -dijo Visión, comenzando a caminar hasta allí. Elia le imitó, aguantando su curiosidad-. Este panel desactiva el detector que hay -explicó una vez se encontraron allí.
Elia se asomó, cautivada por la belleza del pequeño valle al que daba esa salida. Podía salir por allí y pisar la hierba directamente, ya que el lugar en el que se encontraban apenas estaba a unos centímetros del suelo. Por aquella zona no había una gran diferencia de alturas, pero sí la suficiente como para poder crear esa salida.
-¿Ese panel también existe por fuera?
-No -negó Visión.
-¿Entonces cómo entras de nuevo?
-Puedo atravesar la roca y llegar al túnel -Elia abrió los ojos, asombrada-. No puedo atravesar grandes masas, pero esto es lo máximo que me permite mi cuerpo.
-¿Y existe alguna forma de abrir la barrera desde fuera?
-¿Estás planeando salir?
Elia se mordió el labio. ¿De verdad se lo estaba planteando?
-No, no lo sé -confesó-, me gusta ese lado del valle y parece un sitio tranquilo -dijo, soltando lo primero que se le había ocurrido.
-Quizás puedas hackear el panel y abrirlo desde fuera -respondió Visión con inocencia.
-¿Cuál es la contraseña? -preguntó Elia. Para poderlo hackear era necesaria.
-Prométeme que no harás nada malo.
-Lo prometo -aseguró ella.

Visión la llevó de vuelta al interior de la mansión, esta vez bastante más animado y amable. Él mismo comenzó a hablar sobre Wanda y de la relación que mantenían, confirmando las sospechas de Elia. Le alegraba ver que ambos habían encontrado la felicidad después de la vida tan complicada que habían tenido.
-Muchas gracias, Visión -sonrió Elia cuando salieron al pasillo-, y lo siento por lo de tu puerta y lo del lanza-telarañas -se disculpó.
-No tienes de qué preocuparte, me alegra ver que eres valiente -las palabras de Visión sonaron cálidas y sinceras-. Voy a ir a entrenar un rato -informó-, cualquier cosa, puedes avisarme, ¿de acuerdo?
Elia asintió y se despidieron. Entonces ella se dirigió hacia su habitación, pero se detuvo al ver a Peter de pie en mitad de la sala, muy concentrado en las noticias. Elia se fijó en la pantalla del televisor y vio cómo informaban de un atraco a un banco, el cual estaba ocurriendo en ese mismo instante. Según decían, tenían rehenes.
-¡Qué horror! -exclamó, haciendo que Peter se sobresaltase y se girase a verla. Estaba tan concentrado que ni se había dado cuenta de su presencia.
-Lo es -coincidió, y volvió a clavar la vista en la pantalla.
-Ven, anda -dijo Elia, obligándole a sentarse en el sofá. Peter parecía muy afectado por la situación y no le gustaba verlo así-. Tú no puedes hacer nada, la policía está allí y ayudarán a esas personas.
-Ellos no serán capaces de entrar sin salir heridos.
-Les subestimas -repuso Elia-, están entrenados para ello.
-Es una situación compleja, deben tener cuidado con todas las entradas y conseguir desarmar a todos los atracadores antes de que se de la voz de alarma. Podrían ponerse nerviosos y disparar a los rehenes -explicó Peter.
-Están entrenados para estas cosas -repitió Elia-. Además, ¿quién más podría hacerse cargo de eso?
-Spiderman podría.
Elia se le quedó mirando. Sí, Spiderman podría hacer eso y mucho más, lo había comprobado cuando él la había rescatado en la gala de Oscorp. Sin duda, era el superhéroe que más se preocupaba por los ciudadanos y el más indicado para ese tipo de trabajos, pero había un problema.
-Spiderman ya no se encarga de esas cosas -repuso-, ahora se ocupa de amenazas más grandes.
-¿A qué te refieres? -Peter la miraba con el ceño fruncido.
-Pues que se podría decir que es un Vengador, ¿no? -explicó Elia. La frente de Peter se arrugó aún más-. Estuvo también en Alemania y desde entonces ha hecho poco por Nueva York. Ahora va a defender la tierra de otras amenazas, no de unos pocos ladrones de los que puede encargarse la policía, al fin y al cabo, es su trabajo, ¿no?
Peter se revolvió en el sofá, incómodo. Sí, era cierto que Spiderman no había podido aparecer durante todo ese tiempo, pero él tan solo quería mejorar sus habilidades, no podía ser tan malo dejar la ciudad durante unos meses cuando iba a volver como alguien mejor, ¿no?
-Spiderman seguirá defendiendo Nueva York -aseguró.
-Yo tengo mis dudas -replicó Elia-, pero siempre habrá que mantener la esperanza.
No hubo más palabras, tan solo continuaron escuchando las noticias, pero en realidad ninguno de los dos estaba prestando atención.
Peter estaba preocupado, no sabía qué podía pensar ahora la gente de Spiderman. Había trabajado muy duro para salvar a todas las personas que se había encontrado, quería ser un ejemplo para los demás y hacer que su tío se sintiera orgulloso, pero ahora se estaba perdiendo dentro de la mansión de los Vengadores. Sí, había mejorado muchísimo y el traje del señor Stark era un gran avance para él, ¿pero de qué servía si no podía ayudar a nadie? Se encontraba en una encrucijada. Necesitaba seguir allí, aprender todo lo que pudiera, y no podía olvidar que la excusa de la beca Stark era maravillosa para explicar sus desapariciones como Spiderman, era la única forma de mantener a la tía May tranquila. Tan solo le faltaba poco más de un mes para volver a casa y así sería el Spiderman que todo el mundo necesitaba.
Elia, por el contrario, había comprendido que podía serle muy útil a la humanidad. No quería ser una vengadora, pero sí quería ayudar a los más débiles. Parecía que Nueva York necesitaba a alguien que hiciera el trabajo de Spiderman y ella podía ser esa persona. No había mucho que pensar, el trabajo de Spiderman era algo relativamente sencillo y más seguro en comparación con lo que hacían los demás Vengadores, con lo que su escaso entrenamiento con Natasha, más el que podía seguir recibiendo, serían suficientes. Además, no podía olvidar la armadura que mantenía oculta en su habitación. Esas dos cosas, sumadas a la vía de escape que le había enseñado Visión, le garantizaban su seguridad en todos los sentidos: podría enfrentarse a los malos y su padre no se preocuparía por ella ni la regañaría por arriesgarse, aunque con esa armadura sería complicado resultar herida.
Sí, ya no solo terminaría la armadura para tranquilizar a su padre, la terminaría para ayudar a toda Nueva York.