Como es rutina; Hetalia no me pertenece.


Autunm Nigths.

Capítulo 10.

Primera Parte.

Alfred no supo realmente como había terminado así, espiando una casa a lo lejos, eso era ilegal ¿no? Aunque estuviera al otro lado de la calle algo en su interior le decía que lo que hacía era una mala idea, que ayudar a François era una mala idea y que todo terminaría de la peor manera, mas su instinto de héroe le decía que algo malo le pasaba a Basilio y que era su deber ayudarlo en estos momento de oscuridad.

¡Pero que estaba pensando!, en primer lugar Basilio era responsable de sus angustias….y también le había salvado el culo en una ocasión…

Sin embargo allí estaba, con una ropa deportiva y lentes de sol y un late de vainilla solo para el…espera. ¿Lentes de sol?, en pleno otoño. ¿Qué clase de camuflaje era ese?, el sol apenas y salía de las negras nubes en esa temporada. Cuando François le dio la dirección de la casa en la cual había sentido un magnetismo concentrado y dijo "se discreto", no se refería a usar lentes de sol en otoño, o a clavar la mirada en las paredes blancas de la casa.

-… ¿Por qué tienes gafas? – Alfred escuchó de repente, cosa que le hizo pegar un brinco y casi hace que perdiera la mitad de su latte que se había enfriado porque al parecer era más un adorno que una bebida. –

Volvió los ojos al responsable de aquel susto y vio a François o a Louis, tenía una bufanda y un abrigo gris muy de acuerdo con el frio clima.

-…Basilio se quedó con mi lentes – Le dijo luego de incorporarse y dar un sorbo algo ansioso a su latte frio.

Debía de reconocer que aún no procesaba la idea de que Louis fuera François y por tanto otro demonio, tan cercano a Basilio y a la vez tan lejano.

El francés dio una mirada hacia la casa y luego al reloj. No serian ni las tres de la tarde de ese día. Miro a su alrededor y localizo a Cerbero a unos metro de ellos dos, vigilante con tan poca discreción como Alfred, justo en la acera, sentado con la cabeza dirigida a la entrada de la casa.

-¿Estás seguro que es esta casa? – Preguntó Alfred que le dio una mirada al perro lobo que asemejaba a una esfinge.

François solo se limitó a asentir.

-El dueño aún sigue en casa –Le dijo al poco tiempo- sospecho que puede ser un hechicero, uno de esos poderosos.

El demonio francés sonrió.

-Ya no se consiguen hechiceros de ese tipo.-

-¿Ah sí? – Alfred no estaba realmente interesado en si habían hechiceros o no, realmente estaba ansioso por terminar con lo que sea que le depararía, le causaba cierto nervio ¡claro! …pero en su interior algo le decía que debía de hacerlo pronto. –

-Si…-François arqueó ambas cejas relajadamente- ahora solo sacan conejos del sombrero o desaparecen…o solo caminan en el agua. Viejos trucos…nada entretenido.

François parecía algo decepcionado.

El americano no dijo nada al respecto… terminó de tomar su latte frio a una velocidad ridículamente rápida en comparación a todo el tiempo que lo había tenido en la mano anteriormente. Dio grande sorbos y suspiro intentando serenarse.

-… ¿estás seguro que esta es…

-Escucho su automóvil. – Advirtió el francés de repente y se acercó a Alfred cosa que lo tomo desprevenido al este último. François dio una somera mirada a su alrededor y localizo una papelera a pocos pasos de ellos dos.

Tomo a Alfred de la cintura en un gesto de cercanía e intimidad y lo empujo a esta, dándole la espalda a la casa, justo a tiempo para que la puerta del estacionamiento se abrirá automáticamente.

Fue cuando François dijo con aire jovial

-¡Oh mira, hay algo aquí! –

Alfred se dejó llevar por François con una extraña confianza, realmente sus piernas se movían solas y el brazo que tenía aplastado contra el cuerpo del francés estaba dormido, anestesiado. Lo arrastro hacia unos arbustos en la orilla de la acera justo al borde de una especie de quinta, grande, bien cuidada, de unas verjas blancas y con algunas enredaderas.

Alfred sintió como el rostro del otro se pegaba al suyo, de lado y apretó más el agarre, fue cuando escucho el motor del vehículo alejarse por la calle y al poco tiempo, Cerbero se acercó a ellos dos, fue cuando François lo soltó suavemente.

-Perfecto – Dijo el francés de repente, expresando profunda satisfacción y de sus labios un suspiro le abandono - ahora vamos a entrar.

Al apartarse del francés, Alfred sintió la cabeza de Cerbero golpear con sus piernas y se alejó de este también, ahora estaba confundido ¿Qué había pasado?

-¿Qué? – Pregunto el americano incorporándose, François sonrió y lo observó –

-Entraremos –Le dijo – O mejor dicho; entraras y vas a dejarme el camino para yo poder entrar también.

Alfred aun no comprendía. Miro a François con los ojos entornados detrás de los lentes oscuros, al momento, el otro le había acercado un especie de tiza roja.

-… ¿Tengo que entrar allí? – Alfred cuestiono-

¡Eso era allanamiento de morada!, Alfred podría querer ser un héroe en todo momento, pero eso era un crimen y estaba mal.

-…Es lo que te estoy diciendo, petit – El francés parecía perder la paciencia –Esa casa está llena de hechizos, repelentes y sellos. Te necesito Alfred,…Basilio esta allí adentro y te necesita.

Los ojos celestinos y brillantes buscaron los de Alfred tras los lentes oscuros, le entrego la tiza roja y mantuvo su mano capturada como un gesto de intimidad, de súplica.

El lobo también estaba atento a los que Alfred hacia o a lo que diría o respondería. Estaba más que entendido que Cerbero quería el bien de su amo.

-…Pero está mal –

-Lo sé, secuestrar alguien está mal – Aseguro François con aire de indignación. Totalmente fuera del contexto que Alfred planteaba– Escúchame Alfred, necesitamos entrar antes de regrese.

Alfred vio a los ojos de François, estos señalaban la urgencia de la situación y la importancia de su papel en esta misión, François dependida de Alfred para lograrlo, pero…a su vez…

Alfred tenía muchas dudas.

¿Qué pasaría si todo fuera un plan malvado para liberar a Basilio y…que este dominara el mundo? ¿Basilio era tan malo como Adriel lo afirmaba?...Alfred lo dudo, porque de otra forma y si fuera verdaderamente malvado ¿Cómo se dejó capturar tan fácilmente? .

¿Era Belial responsable de todo?

¿Y si lo era, que le aseguraba que saldría con vida al enfrentársele? …¿Qué haría si Belial estaba allí? ¿François lo protegería?...¿lo haría? ¿Basilio realmente estaba allí?, tantas preguntas, tantas…

-Alfred…por favor – François lo saco de su ensimismamiento y fue cuando el humano lo miro – Basilio nos necesita.

Alfred trago saliva, tomo la tiza con fuerza pero sin llegar a romperte y vio al demonio francés con atención. Asintió torpe, pero entendible y François sonrió internamente.

-Bien…haz lo que te voy a decir, al pie de la letra, de lo contrario, no podría acompañarte..

Oh. Oh. Algo viene, él lo sabe, lo siente, Vadim inclino un poco la cabeza y varios mechones le acariciaron las mejillas que levemente se había sonrosado por todo el frio que hacía a su alrededor. No estaba en el infierno porque simplemente era más fácil asignarle el trabajo a muchos de sus "amigos", pero al visitar la tierra podía contar siempre con el ojo omnipresente de sus bien afeminados seres de luz que no le quitaban la mirada de encima.

Vadim era peligroso, Vadim sabía muchas cosas, pero a la vez las ignoraban, casi nunca se conocían sus verdaderos propósitos, era una saco de sorpresas o una caja de pandora, por eso, Uriel procedió con cuidado y con cuidado quiere decir para él; ir al grano.

No vacilo al momento de plantarse a su frente haciendo que el viento producido por sus alas le golpeara el rostro del demonio ruso como un especie de saludo, el la altura de aquella estructura de piedra, Uriel se encontró con Vadim.

-… ¿Qué hice esta vez? – Preguntó el eslavo en repuesta a el rostro molesto del otro, era que ¿los ángeles siempre eran así?, siempre fruncían el ceño cuando lo veían….¿acaso no se consideraba un demonio tolerante, liberal y comprensivo ¿Por qué tanto odio? Vadim solo comía a las personas malas…-

Uriel no le respondió.

-¿Dónde está?

-¿Quién? –

-Belial. –

Vadim arqueó ambas cejas con leve sorpresa. Miro a Uriel, sus cejas gruesas fruncidas con más que molestia la indirecta de no mentirle y apresurarse.

Apenas y despego su mente para hacerlo, François se preguntó cómo demonios Basilio pudo llegar a interesarse en Alfred para capturar a un asesino, o mejor, se planteó ¿Qué cosas le había dicho Basilio para que ahora este comenzando a temblar?

-Vas a lanzarme por el encima del muro –Alfred lo vio al momento que se habían acercado a este, era blanco, de piedra y lisa –

Escuchó al humano un poco nervioso. Lo vio con una expresión semejante a la compasión y le tranquilizó tomándole de la cintura.

-No, ¿cómo crees que haría algo así? –Le dijo con voz melosa y lo tomo de la cintura con una velocidad que lo hizo parpadear, la tiza roja se rompió entre sus manos apretadas por la sorpresa- Basilio no me perdonara que te tratara de esa manera, él sabe bien que los humanos son…tan frágiles.

Alfred no entendía por qué él hablaba así, como si hubiera algún tipo de insinuación, algo oculto, algo que Alfred debería de saber. No pregunto nada en ese momento, miro a los ojos de François y noto algo verdaderamente hipnótico en ellos, por alguna razón no podía dejar de verlos, azules profundos, hermosos

François era un ser hermoso.

-Haz lo que te digo, estaré esperándote- Escuchó Alfred, como una voz detrás de su cabeza y a los pocos segundos parpadeo lentamente como embelesado, quedo sentado al borde de la muralla, en lo alto.

Tomó conciencia de su espacio, su posición y de la altura. Y la altura lo mareo por un segundos, casi amenazando a que se cayera de la muralla. Oh ¿Cómo había llegado allí? , supuso que François tuvo algo que ver, eso y sus ojos.

Vio a el jardín y lo encontró bien cuidado, había un enorme rosal en la ventana de la sala en la orilla de la muralla había un arbusto frondoso y alto, esperaba que pudiera soportar lo que sería su caída, Alfred vio a François al otro lado de la acera y este le dedico su mejor cara de "tu puedes", cosa que alentó a Alfred a ingeniársela para adentrarse a el interior del jardín, pero primero se aseguro de quedar justamente en el centro del arbusto, se alineo y poco a poco busco la manera que sus pies quedara lo mas próximos a la superficie, quería evitar lastimarse, lo menos posible.

François vio desaparecer a Alfred de la muralla y notó como Cerbero se removía ansioso en su lugar. Como él, aquel perro no podía entrar a esa área. Todavía.

Alfred estaba solo ahora.

La ramas eran más flexibles de lo que se imaginó, termino hundido entre las ramas y juraba que su espalda estaba tocando el suelo, pero afortunadamente para el toda la fuerza de choque fue amortiguada sin problemas, ni daños, ahora estaba enterrado en esa cama de ramas dobladas y hojas.

Al parecer no había mascota alguna que viniera a su encuentro y de encargar, como todo guardián de proteger la propiedad. En fin, Alfred ya tenía suficiente problemas como para que un perro viniera a arruinar sus planes. Lucho para salir de allí lo mas rápido posible, no podía perder tiempo. Encontró la tiza rota entre sus dedos pero no lo vio importante, aun podía utilizarla para hacer lo que tenía que hacer.

Dio una mirada panorámica del jardín, había algunos rosales en las ventanas, bien cuidadas, con muchas espinas, algo le decía que si no tenía cuidado podría terminar lastimado, sin embargo, casi moría desangrado hacer unos tres días, así que unas espinas de rosa no podía ser lo más letal que experimentaría.

Se adentró con mucho cuidado al jardín mientras buscaba algún lugar donde podía cumplir con su cometido, fue cuidadoso de acercarse a los rosales y movió algunas ramas que no tenían las espinas tan tiernas y podían romperlas para arrimar las hojas. No vio nada.

Camino alrededor de aquella casa y puso especial atención en las paredes de la misma y las ventanas. Una de ellas tenia apenas unas pequeños retoños y no parecían ser rosas, sino …otra flor ¿margaritas?. Blancas. Se mezclaban con el césped y las rosas. No tenían espinas. No había peligro.

Miro en el interior de la ventana; pegó los dedos del cristal y vio en su interior, era un estudio, tenía un escritorio del otro lado y varios estantes se alzaban en las paredes, juntos con cuadros y estantes pegados a la pared. Una alfombra verde en el piso y algunos sillones y una silla de madera acolchada, aquello no le decía nada. Intento mover el cristal pero estaba cerrado.

Desistió de aquella idea, entrar lo distraería de lo que tenía que hacer y…estaría solo, así que se apresuró en el avance, en la parte trasera de la casa, el musgo y la hierba subía por las paredes blancas, centenares de hojas secas estaban enterrando sus zapatos deportivos y las movió solo para asegurarse. Se agacho, había un pequeña ventana, el vidrio estaba sucio y parecía estar pegado o bloqueado, por que daba la impresión de que rara vez aquella ventana fuera abierta para que saliera la humedad del sótano. Porque era un sótano.

Casi todas las casas de Estados Unidos tenían sótano. ¿Por qué esta sería diferente?, normalmente esperaba que allí estuviera la caldera y las tuberías de la calefacción…toco el pequeño ventanal, el vidrio. Estaba tibio.

Se enderezó aun agachado en la pared y observo el musgo entrar por las pequeñas grietas de pintura blanca de la pared, levantaban la pintura, pintura de caucho, seguramente abultada por la humedad del otoño.

Paso los dedos por la pequeña laminan de pintura levantada y la movió de la tal manera que comenzó a pelar la pared con suavidad. Bajo de la pintura había otra de color verde, Entorno la vista y se quitó los lentes.

Era lo que estaba buscando, así que comenzó a desprender la pintura poco a poco. Debajo una pintura diferente se mostraba un dibujo, un dibujo que a Alfred se le hizo familiar. Recordaba haber visto uno de esos dibujos similares en el portal de internet y según por lo que François le explico; ese mismo pintura le impedía ingresar al interior de la casa.

Busco el pedazo de tiza roja y dibujo una x, arruinando el diseño, alterándolo, anulándolo.

Una corriente de aire le golpeo el rostro, empaño sus lentes y esto lo sobrecogió un tanto. …la brisa vino de la pared. Sintió haber liberado algo…algo que estaba así por alguna razón. Se incorporó, se quitó los lentes y dio una mirada a su alrededor como si buscara algún indicio de que lo estuvieran vigilando, pero no había nadie, aún estaba solo.

Se quedó por unos segundo a gachas en el piso lleno de hojas, pero con la mirada atenta a su alrededor y solo percibió el rumor del viento.

-François – Llamó pero él no respondió de alguna manera - ….

Volvió la vista en la pared y a el pequeño ventanal del sótano, se asomó por el vidrio sucio y tibio, pensó que una persona de su contextura podía ingresar por allí -con algo de esfuerzo claro-

Toco nuevamente el vidrio de la ventana y le otorgo presión. El vidrio se movió y pronto lo sintió empañarse, como si el aire frio de afuera y el aire frio de adentro se encontraran

-…Uuff…-Escuchó y sintió los pasos de alguien detrás de el –

François resopló, y se acercó a Alfred que aun estaba a gachas. Vio a el francés, parecía agotado, como si hubiera corrido un maratón, ¿acaso eso era sudor que corría por su frente?

-Muy bien, cheri, pero creo que te falto un más… -François respiro profundamente y Alfred se levantó para verlo con un rostro preocupado ¿de verdad era un dibujo le estaba haciendo eso a François? –

François no se dio el tiempo para que Alfred procesara su condición, y señalo a la pared nuevamente a veinte centímetros a la derecha de la pintura arrancada. Alfred supuso que allí había otro pero no sabía qué hacer, el dibujo estaba detrás de la pintura.

El francés apuntaba feneticamente y para aclararle la situación al americano hizo unas señas, para que Alfred dibujara encima de él. Estaba claro que Francos sufría a cada segundo que Alfred hacia un gesto de confusión con las cejas.

Hizo una gran "x" en la pared y se aseguró de arrumar la bella pintura blanca de esta. Agradeció que en la parte trasera nadie podía verla.

François soltó un gran suspiro, y se pasaron las manos por el cabello de seda como si quisiera recuperar su antigua serenidad. Al poco tiempo escucharon los trotes del lobo acercarse, ansioso. Se paró en dos patas queriéndose subir sobre Alfred.

Cerbero estaba más grande.

…¿verdad?

Y más alegre. De nuevo en cuatro patas olfateo el piso y empezó a buscar lo que sea que Cerbero buscaría, ¿a su amo quizá?

Alfred vio a François a su frente.

-Gracias – Le dijo el de cabellos de seda, miro el suelo y luego la pared- Hubiera preferido algo más sutil, pero…está bien, está muy bien cheri

Había una enorme X en la pared.

Cerbero se detuvo en la orilla justo cerca de la ventana de aquel sótano. Y comenzó a cavar, no tuvieron que pensar mucho para darse cuenta que aquel lobo había encontrado algo más.

-¿Crees que…-Alfred preguntó, pero no completo la oración cuando François ya se estaba acercando a la ventana, se agacho y toco el vidrio haciendo lo mismo que Alfred, pero esta vez cuando presionó, lo hizo con una fuerza que no se expresó en lo más mínimo, El vidrio se rompió cayendo en el interior, y solo hizo falta que golpeara los pedazos restantes para que fuera totalmente seguro entrar.

-Estoy totalmente seguro que Basilio esta aquí. – Le dijo cuándo de enderezó –Hay varios sellos en las paredes del sótano y estoy seguro que esos sellos restringen a Mi…-Hizo una pausa porque al parecer había confundido términos.

Alfred entorno los ojos y lo vio extrañado y fue cuando François le aclaro, acercándose a él ahora.

-…Entra, quita los malditos sellos y luego entraremos y buscaremos a Basilio. – Acto seguido se apartó de la pequeña ventana rota y el aire caliente le golpeo los pies

-¿Cómo sé que no estará él cerca para matarme? -Pregunto suspicaz el americano mirando al otro rubio. –

-¿crees que si estuviera aquí no hubiera acabado contigo ya? – Le cuestiono – Sera mejor apurarse, encontrar a Basilio y salir de aquí antes de que regrese.

Alfred un no estaba convencido, pero en parte tenía razón, si Belial estuviera cerca, no se arriesgaría a que alguien quitara los sellos de la casa.

¿Verdad?

Miro el interior del sótano al agacharse y lo encontró oscuro y amplio. Miro otra vez a François y a Cerbero que estaba reparando con la lengua afuera y una expresión ansiosa.

Inspiraban urgencia. Presionado ahora, Alfred metió los pies en la ventana, se sentó respiro profundamente y sintió el aire caliente por sus piernas al adentrarse, piso una superficie y fue cuando se desprendió de la ventana y aterrizo con cuidado en esta. Descubrió que era una mesa de madera con un mantel oscuro y había algunas cartas, libros y…un juego de tazas…dos tazas de té vacías y limpias.

Volvió la vista a la ventana y solo vio los brillantes ojos de cerbero François vigilándolo atento.

-¿Ves algo? – Preguntó el americano-

-No, los sellos me enceguecen – le explicó el francés- Las paredes, busca en las paredes…o el piso.

Alfred bajo con cuidado de la mesa y busco con la mirada algún interruptor que le diera más luz que la exterior que travesaba la ventana. Avanzo con cautela y descubrió que el sótano era más grande de lo que se imaginó, en la tenuidad del ambiente, choco torpemente con otra mesa, más pequeña, de madera y este no parecía tener mantel alguno. Estaba ocupada por una tetera y algunas tasas de porcelana muy finas. Una de ellas se cayó y se rompió y el líquido tibio se esparció por el piso.

Muy imprudente.

Alfred por inercia se agacho para recogerla pero algo lo detuvo en seco; en la esquina de la habitación, había una gran mantel negro cubriendo una figura. Era negro en su totalidad y si Alfred no se hubiera agachado la hubiera dejado pasar como nada en absoluto, pero haba visto las patas de una silla de madera. Los pedazos de la porcelana rota terminaron esparcidos por doquier.

-François. Creo que encontré algo. – Dijo Alfred.

-Alfred…cheri no puedo verte, necesito que rompas los malditos sellos –Advirtió el francés, parecía frustrado de no poder ver, ni usar sus poderes para algo útil. –

Alfred apenas y lo escuchó cuando entorno la mirada hacia aquella esquina oscura y amplia. Se levantó y arrimo un poco la mesa de madre sin mantel, con cuidado de que las tazas no se cayeran de nuevo.

Alfred sintió el corazón latirle en los oídos, se sentía ansioso, nervioso y lleno de incertidumbre. Era una cosa, desconocida, ¿Qué podía estar bajo esa manta negra, gruesa y llena de una ligera capa de polvo. Vio como una pequeña araña caminaba por la superficie de esta como si también se encontrara curiosa por saber que había tras esa barrera negra.

-Creo que es una persona…

François no respondió nada al respecto, pero Alfred estaba buscando la manera de encontrar la forma de levantar esa manta negra y descubrió que estaba atada a las patas de la silla.

Con cinta.

Un extraña sensación se apodado de él, un presentimiento y se dio en la búsqueda de algo afilado para cortar la cinta, lo único que encontró, en realidad, era el pedazo de porcelana de lo cual antes había sido una hermosa y refinada taza de té. Ahora era un cuchillo improvisado, se agacho al frente de la silla puso su mejor intensión en corta la gruesa cinta adhesiva que parecía cubrir una pierna humana.

Pasaron unos segundos antes de rompiera la cinta y seguirá con la otra por unos segundos más. Se puso de pies una vez que hubo terminado y dejo la porcelana rota en la mesa cerca de las tras tazas y algo lo detuvo. Allí en la mesa, más allá de las tazas, estaban sus lentes.

Sus lentes. Los reconocería donde fuera. Se acercó un poco más y los tomo atónito.

Se los coloco lentamente y como si de alguna manera fueran algún artículo nuevo y desconocido para él. Eran sus lentes, eso quería decir que…

Escucho un sonido de fricción. Volvió rápidamente, había jurado que se estaba moviendo.

-Ba-Basilio-

No obtuvo respuesta pero estaba más que seguro que sería el. Estaba sentado en esa silla amarrado y tenía una manta negra que ocultaba su figura.. Solapado.

-Alfred…-Llamo François desde la ventana – los sellos, Alfred los sellos- Recordó con insistencia y Alfred paseo la mirada por las paredes del sótano, pero nuevamente se distrajo por la aparente respiración de esa cosa en la silla. –

-Lo encontré, François…-Susurró dijo finalmente sin sonar realmente seguro y sin poder ocultar su ansiedad.

Se acercó a el manto negro y lo movió solo un poco, a continuación dejo salir un suspiro que no sabía que estaba conteniend,o al ver las manos en los reposabrazos, amarradas con una cinta roja.

Era una persona.

Alfred se aventuró a mover la funda negra de encima de esta cosa, de esta persona, quería saber si estaba en lo correcto. En efecto, era una persona; Era Basilio.

El americano sintió un corriente de emoción y miedo a la vez…Basilio estaba atacado fuertemente.

No es como se lo encuentra en las películas de secuestros, aquello sería muy sutil para lo que padecía el demonio.

Un profundo y acosador silencio abordo aquella habitación subterránea, enterrando cualquier intento de Alfred para moverse o formular alguna palabra.

La silla en efecto era de madera, oscura, elegante; casi asemejaba a un trono, acolchada, tres cadenas le sujetaban el pecho, estómago y cuello al espaldar de la misma, no podría moverse en absoluto, los pies estaban pegadas a las patas de la silla y las manos en los reposabrazos.

La imagen del prisionero movió muchas rocas dentro de él, empatía, compasión, urgencia por liberarlo.

No podía ver la expresión de su rostro, y si pudiera haberla visto Alfred no la hubiese soportado. Tenía un antifaz negro, y una cuerda negra de cuero le bloqueaba la boca, solo podía distinguir su nariz, a perfilada que suavemente inhalaba y exhalaba, con tanto amarre en su pecho Alfred dudaba que pudiera respirar adecuadamente.

Cerró los ojos por un momento, aquel trato hacia una persona le llenaba de malestar, y coraje, aun sabiendo que Basilio no era una persona.

-¿Alfred…que sucede contigo? – François lo saco de su mundo, recordó que aún estaba en la ventana, haciendo absolutamente nada. –

Alfred apenas y tenía conciencia de que estaba respirando y por un momento olvido lo que debía de hacer primero.

-Está aquí –Alcanzo a decir y cuando trago saliva agregó- Basilio esta aquí….

-¿Cómo está?

-Amarrado a una silla…-Articulo el rubio y volvió a verlo para darse cuenta que no se movía en absoluto pero seguía respirando.- François….

-Cálmate Alfred…-Exclamó el francés – tienes que hacer lo que digo, ¿entiendes? …Debajo de él debe de haber un pentagrama ¿ves algo?

Alfred apenas y volvía los ojos al piso con cautela, movió la mesa que tenía cerca de él, pero solo encontró una alfombra roja…oh.

La alfombra.

La alfombra estaba debajo de las patas de la silla, si quería moverla tendría que mover la silla junto con Basilio y todo aquel montón de cadenas. …

No sabía dónde estaban las llaves o algo por el estilo, y no podía contar con que el dueño de la casa se acordara que había dejado sus revistas favoritas y volviera. O en su defecto que volviera solo porque sí.

,,,,Lo peor de todo es que el prisionero en cuestión, no parecía dar señales de vida. Era una estatua y parecía esforzarse mucho en apegarse a su papel de estatua…

Alfred no se detuvo a confirmarlo, en cambio se mentalizo a lo próximo que haría, mover la silla…

Maldición. ¡Que pesada! .

Solo alcanzaba a arrastrarla y llenar de ruidos el sótano, haciendo eco, perturbándolo y a la vez animándolo a seguir.

-Gracias, Basilio…-Le dijo, pero este no se movió o respondió, estaba petrificado.

Alfred no perdió tiempo y movió la alfombra que parecía estar pegada al piso de piedra. El piso en efecto tenía un dibujo hecho en tinta roja. Busco desesperadamente la tiza roja que tenía en el bolsillo rayó, toda la franja roja. Tenía que hacer el diseño mal, dañarlo, estropearlo, anulándolo, dándole otro significado.

Cuando hubo terminado escucho un suspiro, y algo parecido a un lamento.

-Alfred…-Escuchó y vio a François de pie frente a él, con los ojos abiertos de par en par. Mirando la figura de Basilio en la silla – Aléjate de él.

Alfred no se movió al momento, solo levanto la vista y se fijó que Basilio tenía las manos clavadas en él apoya manos, con fuerza, casi podía pensar que rompería la madera de tanto presionar, las cadenas crujieron.

-Alfred…muévete.

Alfred se arrodilló, mirando a François y divisó a Cerbero esconderse intimidado detrás de él. La silla comenzó a temblar y supo que lo correcto y seguro seria alejarse, pero no podía moverse, una extraña aura se acercó a él y lo paralizo…una sombra.

François tampoco se acercó, tampoco podía moverse, si se acercaba más de lo debido algo muy malo podía desencadenar en Basilio, él lo conocía…. Sabía que Basilio estaba así por algo, habían reprimido su poder y ahora libre de todo hechizo se disponía a soltarlo sin reparos…que imprudente de su parte dejar que Alfred se acercara tanto a él.

-Alfred…Alfred, aléjate de él… -

Alfred rodo los ojos al rostro blanco de François y luego al prisionero que aún estaba temblando en la silla, las cadenas no dejaban de tiritar produciendo un frustrante sonido metálico. Algo detrás de la cabeza le empujo a obedecer al demonio francés, su raciocinio no estaba paralizado del todo.

Se arrastró lenta y parsimoniosamente lejos de la silla.

Fue cuando François comenzó a hablar en un idioma desesperadamente desconocido. Se acercó peligrosamente a Basilio y logro desatar el antifaz como el simple hecho de retirárselo le quemara los dedos.

-Mi Señor… - Llamó con cuidado, Basilio no respondió, ni abrió los ojos, sus pestañas negras y sus cejas estaban serenada a pesar de que todo su cuerpo se encontraba en un especie de ataque de nervios, temblando. - …Luzbel – intento nuevamente.

Los ojos del demonio se abrieron atendiendo a ese nombre. Su nombre. Abrió los ojos contemplando a François con atención, sus ojos azules, eléctricos, Una enorme sombra se alzó detrás de la silla, oscura y tenebrosa.

Alfred observo todo en silencio, ocultándose en la propia falta de luz de la habitación, debajo de las escaleras del sótano. Su corazón en un tambor en uno de esos carnavales del terror. Golpeando en sus oídos, el miedo, la incertidumbre.

La duda.

¿Quién era Luzbel? ¿Y….por que François se estaba arrodillado.

Alfred.

Todo mi cuerpo estaba temblando. No sabía lo que pasaba y no sabía que iba a pasar o que hacer, la tiza estaba completamente rota. No sabía lo que había provocado, pero sabía que la mirada de Basilio no significaba nada bueno.

Todo estaba en silencio, pero yo sabía que eso no era símbolo de calma. Una enorme sombra se alzaba sobre la cabeza del demonio negro y corría por las cadenas moviéndolas.

Los reposa brazos se rompieron,

Fue cuando alzo el brazo y una corriente de aire batió el cabello de François y levanto las tazas de porcelana tirándolas por el aire, hasta romperse contra la pared, Cerbero emitió un sonidito de miedo y se ocultó, fue a parar a donde yo estaba y se acurruco a mi lado, yo tenía tanto miedo que solo lo abrace por el cuello peludo.

Basilio se levantó lentamente de la silla y las cadenas se rompieron con suma facilidad, todas ellas cayeron al piso con un sonido que resonó por todo el lugar, pronto comenzó a hacer frio, frío en el sótano, a menos de tres metros de la caldera. Algo andaba mal y podía verlo en los ojos de Basilio que recorrían el cuerpo de François en el piso, lo estaba fulminando con la mirada. Aún tenía la cinta de cuero en los labios y cuando la última de ellas cayó al piso sentí que algo muy malo iba a pasar. Se quitó la cinta de cuero de la boca y mostró una expresión feroz.

-Mi Señor…intente calmarse, Alfred esta aquí….Dijo en un idioma que no entendía.

François retrocedió en el piso, y pude ver como Basilio pasaba los ojos por todo el sótano, eran totalmente azules, totalmente, no podía verle pupila, ni nada, Sentí un verdadero miedo cuando sus ojos pasaron por donde yo estaba y se detuvieron.

Se detuvieron y ya no eran azules eran negros. Negro

Tengo miedo. Apreté a Cerbero junto a mí y rogué por que no se acercara, oh no, me escucho, porque se estaba acercando hacia mí. Maldición.

Me agarre a Cerbero como si fuera un perro protector, necesitaba que me protegiera.

Basilio era una figura imponente, grande, sus cuernos eran muchos más grande y solo podía ver a un extraño pintado en su rostro blanco, sus ojos totalmente negros se enfocaban en mí. Cuando estuvo justo al frente de mí, sentí el corazón de Cerbero golpea alterado.

-….Basil… -Alcance a decir, mirándole –

Oh, tenía tanto miedo.


Gracias por leer esta historia y comentar, son muy lindos~

DamistaH.