Gatt: -Muy bien, ¡este capi promete!-
NK: -Te veo bastante entusiasmada, considerando todo lo que pasa-
Gatt: -A estas alturas, me preocupa más tenerlos a tiempo que lidiar contigo-
NK: -Oh. Bueno, algo debes haber madurado en todos estos años, supongo-
Gatt: -¡Psssh! ¡Soy el pináculo de madurez!-
NK: -¿No querrás decir antítesis?-
Gatt: -¿No tienes nada mejor que hacer con tu tiempo que ser un fastidio?-
NK: -Diría que la tarea, pero considerando que también deberías hacerla y estamos procrastinando…-
Gatt: -Aaah cierto. Todo esto empezó con el fin de esquivar la tarea-
NK: -Cómo pasa el tiempo. ¿Cuánto llevamos escribiendo? ¿Desde el 2008?-
Gatt: -De hecho, sí, son algo así como diez años. Aunque no nos metimos a FF hasta un rato más tarde-
NK: -En algún momento deberíamos reescribir algunos de nuestros pequeños desastres-
Gatt: -Honestamente, prefiero concentrarme en las portadas. Sirven para practicar y todo eso; en algún momento me tocará hacer portafolio y este tipo de cosas son buenos experimentos para cuando quiera hacer algo más profesional-
NK: -Igualmente no deberíamos descuidar nuestra escritura-
Gatt: -Obviamente no, cerebro de esfínter, pero recuerda que tenemos prioridades-
NK: -Yo tengo prioridades; tú eres la que no puede pensar y respirar al mismo tiempo, pedazo de protozoario-
(Mientras nuestros escritores continúan su titánica labor de buscar insultos creativos en lugar de hacer su tarea, les presentamos como siempre otro capítulo hecho con mucho cariño. Nuevamente, gracias a todos por su gran dedicación y apoyo; con este capítulo ya se llevarían aproximadamente dos tercios de la narrativa en su totalidad, así que, aunque todavía falta su buen trecho, ¡cada vez nos acercamos más hacia el final! Esperamos poder seguir contando con ustedes por un poco más de tiempo: nuestros intrépidos escritores harán su mejor esfuerzo para continuar publicando mensualmente para ustedes con el mismo amor de siempre; si llegase a ocurrir un atraso, recomendamos verificar en el perfil de autor por si hay algún tipo de anuncio importante. Todo bajo control. Gracias)
Capítulo 10
Al principio fue imperceptible; al fin y al cabo, no era difícil encontrar una excusa para justificar esos pequeños cambios, o más bien, el regreso a la normalidad en su vida. O por lo menos, normalidad dentro de lo que cabe. Lo cierto era que, como la marea, fue creciendo y alzándose y convirtiéndose en algo más brusco. Para cuando se había dado cuenta de lo violento que en realidad había sido todo el proceso, ya era demasiado tarde.
Empezó, como siempre lo hace todo, con algo pequeño. El periódico estaba frente a la puerta principal antes que de costumbre en las primeras dos mañanas; después de eso, no se entregó sino hasta dos mañanas después. El quinto día, uno de los muchachos sugirió ir a la playa y para sorpresa de todos, Tetra aceptó entrenar allí, en la bahía cerca de la oficina de correos; para cuando la noche cayó, estaban tan exhaustos que no debieron tener problemas para dormir, pero la niña de alguna forma se había mantenido despierta hasta el amanecer. Fue entonces cuando concedió el sexto día para descansar y discretamente se escabulló hacia el lago cercano; se quedó allí en soledad hasta que el último rayo del sol desapareció en el oscuro horizonte, y regresó a la casa de la colina con un humor de perros, pero sin decir palara se retiró a su cuarto a dormir.
Siete días. Una semana completa había pasado, y todos los intentos de Tetra habían sido en vano. Cada vez habían sido menos sutiles y más desesperados, pero no hubo recompensa alguna por sus esfuerzos. Una semana entera había transcurrido desde que habían visto a Link escaparse entre la multitud en la plaza, y desde entonces no lo habían vuelto a ver. Era la mañana del séptimo día, y no hacía falta mencionarlo para ver que la ausencia del muchacho era notable.
En un inicio fue fácil de justificar: todos sabían que el isleño tenía mucho trabajo y no siempre tendría tiempo para pasar el rato, o quizás los acontecimientos de la reunión lo habían alterado un poco y necesitaba su espacio. Pero estar siete días en Outset y no encontrarlo ni una vez ya era demasiado. Después de todo, su presencia se había conservado sin falta desde el primer día en que llegaron a la Isla, y hasta el momento siempre se habían encontrado sin dificultad; preguntarle a Daphnes estaba fuera como opción, ya que ninguno de los dos quería lidiar con el anciano y de todas formas no había garantía de que él supiera nada.
Sheik podía leer a Tetra como un libro, y sabía que su sobrina a esas alturas se estaba debatiendo entre sentirse preocupada o furiosa. Las probabilidades de que Link estuviese activamente esquivándola eran cada vez más altas, y lo peor de todo es que no sabían a qué atribuirlo. La última vez que habían hablado, todo estaba en orden y se supone que había quedado claro que ambos niños habían entablado una amistad bonita y bastante sólida.
-Me está evitando- dijo Tetra en un tono que no era de pregunta, sino de afirmación. Hasta ahora, los dos habían estado desayunando en silencio; era la primera vez en toda la mañana que decía algo, y Sheik no sabía cómo contestarle algo concreto. Aun así, hizo el intento.
-Probablemente está muy ocupado: si está asistiendo a las reuniones con el Gobernador, imagino que no tiene tiempo libre-
-No es eso. No puede ser eso. Tío, antes ni siquiera tenía que esforzarme para encontrármelo, simplemente estaba allí; ya ni siquiera entrega el diario a esta casa y Nayru sabe que necesita el dinero. Me está evitando-
-No me cuaja-
-A mí tampoco, pero las cosas son como son. Me gustaría que tuviese la decencia de decirme el porqué, pero ya no sé qué esperar de él. Creí que después de… Nada, no importa-
-¿Después de qué?-
-… Creí que él y yo habíamos… No sé, después de lo que ocurrió en el bote, lo hablamos en privado. Creí que todo se había arreglado-
-¿Había algo que arreglar?-.
Tetra negó con la cabeza y musitó un "no lo sé" casi imperceptible; Sheik tomó esto como una señal para no continuar presionándola por más respuestas. De todas formas, parecía que Tetra tampoco estaba muy clara con la situación: era obvio que ni ella misma podía pensar en una buena razón para justificar la ausencia de Link.
Y es que algo definitivamente no encajaba en todo esto. Tal y como había dicho Tetra, al inicio de su estadía no había sido difícil para Link encontrarse con ella; hasta hace una semana se habían cruzado con él todos los días sin falta. El niño estaba en todas partes, pero ahora era como si se hubiese esfumado por completo y sin dejar rastro… o quizás era eso lo que les hacía falta. Un rastro.
El equipo de natación se marchó junto con su Capitana para aprovechar la mañana y entrenar en el mar; Tetra prometió que no pasarían todo el día allí como la última vez, y otorgaría la tarde después de almorzar para descansar y hacer lo que quisieran; estaba personalmente interesada en pasar un rato a solas en el lago cerca de la casa de la colina, una señal que Sheik reconoció como su, probablemente, último intento por encontrar a su amigo desaparecido.
Sheik aprobó el plan del día que su sobrina había organizado y, con una sonrisa acogedora, se despidió del grupo mientras se alejaban hacia la costa. Él ya había decidido sus planes para ese día y esta era su oportunidad de hacer algo especialmente útil con su tiempo.
Quién mejor para encontrar a alguien que se esconde, que un hijo de las sombras como él.
Linebeck tenía tres reglas de vida que seguía diligentemente: la primera, era velar siempre por sí mismo y su barco sobre todas las cosas; la segunda, era que jamás se debía tomar la molestia de hacer nada que no pudiese aportarle un beneficio; y la tercera, era pensar siempre en los demás como potenciales socios o clientes, pero nunca como amigos. De alguna forma, Link hacía que Linebeck lanzase sus tres reglas por la borda como quien descarta la basura más repugnante en un incinerador.
Cómo habían llegado a este estado era una pregunta que el marinero se hacía de vez en cuando: hubo un tiempo en el que le habría horrorizado siquiera pensar en cuidar de alguien más que no fuese él mismo. Podían llamarlo egoísta tantas veces como quisieran, pero nunca le había molestado admitir que sólo tenía intenciones de cuidar su propia espalda y la de nadie más: las personas como él dependían de ese egoísmo para sobrevivir a la solitaria y cruda vida del mar. La única persona que lo había disuadido de esta actitud era Link, y sólo Link: el muchacho se había ganado lo que quedaba de su gastado y endurecido corazón.
Es por eso que, cuando llegó a su barco hace unos cinco días, desesperado y sin idea de a quién más acudir, Linebeck no tuvo más remedio que abrirle las puertas. Tomó cierto esfuerzo convencerlo, pero finalmente logró que Link le explicase lo que había ocurrido: la reunión con el Gobernador, la decisión de la administración, la traición de Daphnes… el exilio que le había costado todos sus empleos y, por lo tanto, su única forma de mantener a su familia. Linebeck no había sentido tanto desprecio hacia nadie en toda su vida hasta que vio a Link, la persona más buena que conocía, en la absoluta miseria por culpa de tantas personas egoístas. Una cosa era velar por uno mismo, y otra era… bueno, la monstruosidad que había cometido Outset contra uno de los suyos.
-Pueden meterse sus leyes por donde el sol no les pega, en lo que a mí respecta- es lo que había dicho, una vez había procesado todo -Que les den a todos con un cactus-.
Así pues, por los últimos cinco días, Linebeck había alojado en su morada a Link, si es que así se le podía llamar a un cuarto de calderas de un barquillo a vapor. No podía ofrecerle más que un viejo catre, comida instantánea y un salario que daba pena, pero igualmente Link se lo agradeció. Si se quedaba con la Abuela y Aryll, no había garantía de que Outset no las exiliaría también por tratar con él, y Linebeck era el único en toda la Isla que podía contratarlo en esos momentos. A pesar de todo por lo que estaba pasando, el isleño trabajaba con diligencia y dedicación, desde el amanecer hasta el ocaso. Era casi inspirador, de no ser porque Link se estaba auto-explotando con tal de no tener que pensar en el desastre en que se había convertido su vida de la noche a la mañana, y Linebeck lo sabía.
Según Link, ahora sólo quedaba el Gobernador como opción: Ganondorf estaba dedicado a su causa y a revocar la ley que lo había condenado, pero incluso con su apoyo, no había garantía de que así fuese; después de todo, Ganondorf llevaba años intentándolo sin ninguna respuesta por parte de los demás funcionarios del gobierno. El resultado era el mismo a pesar de las variables: ahora sólo podían esperar.
En esos cinco días, Linebeck pudo contar con los dedos todas las visitas que Link recibió: Medli, Komali y Quill insistieron en que continuarían buscando el apoyo de los demás Ritos para devolverle su trabajo y oponerse a la administración; la Abuela y Aryll llegaron con Jolene con un mensaje por parte del Gobernador, asegurando que se estaba haciendo todo lo posible para cambiar la decisión de Outset. Nadie más se había atrevido a desafiar el decreto de exilio del muchacho: en momentos de crisis como esos, sólo podían suponer que ese puñado de personas eran realmente aliados, y a nadie más se le podía considerar un verdadero amigo.
Por el momento, Linebeck no podía hacer más que ofrecer lo que podía: un hombro para llorar y oídos para escuchar.
Así pues, luego de siete días desde el incidente de la escolta, y cinco de esos días con Link viviendo en su sala de máquinas, Linebeck llegó a la terrible conclusión de que lo mejor que podían hacer era buscar fortuna en otra parte. De todas formas, el trabajo lo llevaría tarde o temprano a otros puertos para continuar con su empleo de correspondencia pesada, y ya habían perdido demasiado tiempo en los muelles de Outset; un cambio de ambiente podría ser beneficioso para todos, y estaba garantizado que volverían en algún momento.
Tendrían que reabastecerse antes de partir, pero no necesitaban de gran cosa y podrían zarpar a otra isla del Archipiélago en dos días como máximo: con apenas un par de bocas por alimentar, reunir las provisiones necesarias no era demasiado trabajo y la mayor prioridad era el mantenimiento del navío.
-Normalmente le pediría a Jolene que echase un vistazo, pero no creo que pueda seguir aumentando mi deuda… Una lástima, esa mujer tiene buen ojo para encontrar problemas-
-¿Casi tan buena como tú, Linebeck?-
-En mi caso, los problemas me encuentran a mí-.
Lo había dicho medio en broma y medio en serio, pero por lo menos logró sonsacarle una pequeña risilla al muchacho con esa respuesta. A pesar de todo lo que estaba ocurriendo, Link todavía era un rayito de luz filtrándose entre las nubes de una tempestad; con el tiempo volvería a brillar como el sol de verano.
Pasaron unos segundos antes de que Link rompiese el silencio que se había formado: -Podría intentar convencerla para que revise, como un favor-
-No creo que haga falta, grumete. Es cierto que tener una segunda opinión sería bueno, pero conmigo basta para irnos hasta el puerto más cercano-
-No pierdo nada con tratar, ¿verdad? Además…-
-¿Además?-
-Necesito decirle a Aryll y a la Abuela. No quiero irme sin avisarles primero, y me haría bien salir de aquí por un rato-.
Linebeck sabía que era justo hablarle a la familia al respecto: el muchacho y él estarían listos en pocos días y partirían pronto, ¿pero de verdad era buena idea que Link anduviese por allí? Nadie en Outset se había mostrado hostil, después de todo el castigo era el exilio y no linchamiento u otra cosa violenta, pero el marinero no podía evitar preguntarse si exponerse de esa forma era inteligente; que la gente le diese la espalda abiertamente seguía siendo cruel.
-¿Estás seguro de que estás cómodo dando vueltas allá afuera? Puedo ir yo y avisarles-
-Quiero avisarle a mi familia yo mismo. El resto… Tienen que ignorarme, ¿recuerdas? No corro ningún peligro en las calles. Y si no quiero encontrarme con nadie, conozco Outset como la palma de mi mano; ningún habitante de esta Isla puede encontrarme si es así-.
Bueno, tenía razón: Link podía evitar a quien quisiera con su conocimiento geográfico de la Isla. Además, todo el asunto de informar a sus últimos dos familiares de su próxima partida sonaba muy personal; lo más correcto sería dejar ir al niño para que conversase en privado, sin su intervención. Linebeck no tuvo más remedio que asentir después de pensarlo dos veces.
Link vio la silenciosa aprobación del marinero, y esbozó una pequeña sonrisa de agradecimiento; se levantó de la silla y se alejó de la mesa donde minutos antes habían terminado de almorzar, y se dirigió hacia la puerta que lo llevaría por la sala de máquinas hasta la cubierta del barco.
-Ve con cuidado, grumete-
-Siempre, capitán. Volveré pronto-.
Link salió y cerró la puerta tras de sí. Linebeck suspiró cansadamente: sería mentira decir que todo el lío que se había formado en esa semana no lo estaba estresando, pero no tenía ganas de agregarle más carga emocional al asunto; después de todo, el verdadero afectado era Link, y ese niño tan bueno como el pan no merecía que otro adulto le diera la espalda porque era más conveniente abandonarlo que ayudarlo. Por ahora, debería concentrarse en limpiar un poco la cocina e ir revisando la maquinaria.
Linebeck apenas se había levantado para recoger las dos tazas desechables de sopa instantánea que esperaban sobre su mesa, cuando Link entró como un rayo y cerró tras de sí con un terrible portazo.
-Vaya. Cuando dijiste "pronto", no pensé que-
-¡Shh! Creo que me vio- lo interrumpió Link con un susurro, mientras se apoyaba contra la puerta a modo de barricada -Si tengo suerte, no se atreverá a venir aquí abajo-.
¡TOC TOC!, alguien al otro lado de la puerta cerrada estaba tocando con los nudillos. Linebeck no entendía mucho de lo que estaba pasando, pero por la expresión alterada del niño y la persona al otro lado de la puerta, no era difícil entender que alguien estaba buscando a Link y él no quería ser visto.
-Capitán Linebeck, ¿se encuentra aquí?-.
El marinero reconoció la voz al otro lado de la puerta, pero por si acaso preguntó: -Sí, aquí estoy. ¿Quién es?-
-Soy Sheik, ¿me recuerda? Hace una semana usted ayudó a rescatar a mi sobrina. ¿Puedo pasar?-
-Ah, claro. Un momento-.
Linebeck indicó a Link que se escondiera, y el niño no se lo hizo repetir dos veces: se escabulló a un rincón y se metió en una caja de madera que utilizaban como alacena. Mientras tanto, el marinero se dirigió a la puerta y la abrió. Ciertamente, su visitante era el hombre de ojos rojos, Sheik.
-¿En qué puedo ayudarlo?-
-Sé que esto sonará extraño, pero estoy buscando a Link-
-¿A Link? No lo he visto en un buen rato. ¿Pasa algo?-
-Eso es lo que me gustaría averiguar. No tiene por qué mentirme, Linebeck, sé que está aquí-
-Ay amigo, creo que lleva demasiado tiempo bajo el sol. Les pasa mucho a los turistas-
-Por favor, simplemente quiero hablar con él. Lo vi en la cubierta y traté de llamarlo, pero no hizo caso y se metió a su barco. Normalmente no los molestaría, pero esto es muy importante para mi sobrina-
-¿Tetra?-.
La voz de Link llamó la atención de ambos adultos hacia la caja del rincón; el niño se había asomado de su escondite, y ahora salía de éste para acercarse tímidamente a la puerta. La expresión de Link era una mezcla entre vergüenza y preocupación mientras volvía a hablar: -¿Le pasó algo a Tetra? ¿Está bien?-
-Tetra está bien, Link. Pero está muy preocupada por ti; francamente, creyó que la estabas evitando-.
Link abrió la boca para decir algo, pero rápidamente la cerró y bajó la cabeza. Evidentemente Sheik estaba en lo cierto, y el isleño estaba avergonzado de su propio comportamiento. Linebeck no estaba muy seguro de qué hacer en esta situación, así que se limitó a observar. Sheik extendió su mano y la apoyó en el hombro de Link; la expresión del joven adulto era gentil y comprensiva.
-Debes tener tus razones para hacerlo, y vine hasta aquí por mi cuenta para saber por qué; quizás no quieras hablar con Tetra, pero pensé que podríamos conversar al respecto tú y yo. Ustedes dos parecían llevarse bien y ella no entiende qué pudo haber hecho para ofenderte-
-Ella no hizo nada…-
-¿Entonces qué pasó? Eres un buen muchacho, Link, y no dudo que tus intenciones son buenas. Prometo que no estoy aquí para juzgarte, y si no quieres explicarlo, me iré sin molestar nunca más… Pero espero que entiendas que, si estoy frente a ti ahora, es porque quiero escuchar lo que tienes que decir, y porque realmente quiero ayudar-.
Link se atrevió a alzar la vista y miró a los ojos a Sheik por primera vez desde que el hombre había llegado. El isleño necesitó lo que pareció un momento interminable para terminar de procesar la oferta que le habían hecho: podía sincerarse si así lo deseaba, confesar hasta el último detalle del embrollo en el que se había metido… o podía pedir que se le dejara en paz y se respetaría su decisión, sin repercusiones.
Finalmente, después del par de segundos más largos que Linebeck jamás había vivido, Link se atrevió a contestar: -Es una historia un poco larga, mejor sentémonos primero…-.
Ya habían transcurrido unas horas desde el mediodía, y aunque el sol no se alzaba hasta lo más alto del cielo en esos momentos, tampoco estaba lo suficientemente bajo como para considerarse un atardecer. Las aguas oscuras del lago reflejaban los rayos de luz que se filtraban entre los árboles, y de vez en cuando un pez asomaba perezosamente su lomo sobre la superficie antes de sumergirse. No había mucho viento, por lo que no hacía demasiado calor, pero tampoco estaba frío, y no había una sola nube rondando en el cielo azul del verano. Si alguien se tomase la molestia de hacer una foto del paisaje en esos instantes, la imagen sería lo suficientemente bonita como para usarse en una tarjeta postal.
A pesar de ser una tarde tan agradable, Tetra se veía incapaz de disfrutarla realmente en esos momentos: su mente estaba en otra parte, mucho más profunda y oscura que el ambiente que la rodeaba. No podía pensar en nada en concreto; en su lugar, su cabeza había decidido atormentarla con una mezcla de ideas y recuerdos, y un vacío extraño que le impedía concentrarse en alguna cosa en particular; era casi como estar en el ojo de un huracán.
Tetra quería regañarse por dejarse llevar de esa manera, pero ni siquiera podía concentrarse en eso. Lo peor de todo es que sabía perfectamente de dónde venía tanta confusión: había dejado salir por una ranura un poco de su gran carga, y le había mostrado a Link esa parte tan vulnerable de sí misma. Las acciones de Daphnes que amenazaban con separarla de la única figura paterna que había tenido, de sus amigos del equipo de natación, de la vida que había formado y la estabilidad que había logrado rescatar después del fallecimiento de su madre. Había permitido que un desconocido entrara, y ahora…
Ahora, ¿exactamente qué le quedaba? ¿Qué había ganado con todo esto? ¿Cómo se había dejado arrastrar por sus palabras bonitas y sonrisas amables, para que luego él la descartase de esa forma? No, Link no era el tipo de persona que haría eso. O al menos, eso era lo que Tetra quería pensar: en su lugar, tenía que batallar constantemente con su propia mente; su cabeza la tenía en un tira y afloja constante entre su situación familiar, su madre, y su amigo perdido.
La única certeza que tenía era que ya no le quedaban ánimos. Había venido al lago porque, de alguna forma, creyó en el fondo de su corazón que quizás él vendría a buscarla allí; creyó que su nuevo amigo tendría la decencia de explicar qué estaba ocurriendo, por qué la estaba esquivando; creyó que podrían hablarlo y arreglarlo y los dos se disculparían, si es que habían hecho algo malo; creyó que lo vería sonreír y él le preguntaría si realmente había observado lo precioso que estaba el día, y podrían reír juntos de nuevo con sincero alivio.
Creyó que Link le demostraría que, por una vez y sólo una vez, podía ser feliz a pesar de ser una niña a la que el mundo obligaba a actuar como una adulta.
En un súbito ataque de frustración, arrancó una piedra del suelo y la arrojó con todas sus fuerzas hacia el agua. Una, dos, tres veces rebotó contra la tranquila superficie, hasta que finalmente el pedrusco se hundió, dejando un rastro de ondas circulares allí donde había golpeado antes de desaparecer. La acción en sí no había sido la gran cosa y, sin embargo, la niña se había quedado jadeando, como si hubiese sido una montaña y no una roca apenas del tamaño de su puño.
-Ese fue un buen tiro-.
Sintió que se paralizaba al escuchar su voz; a estas alturas era imposible para ella no reconocerla. Lentamente, Tetra se giró sobre sus talones para verlo, finalmente verlo, después de siete días.
-Link…-
-Por tu cara, asumo que quieres lanzarme igual de lejos hacia el lago. No te culparía…-.
Decir que la idea no era tentadora sería una mentira, pero Tetra descubrió en esos instantes que ni siquiera tenía la energía mental como para procesar nada. Quería decir algo, pero no sabía por dónde empezar: ¿debería preguntarle si estaba bien? ¿por qué había desaparecido? ¿qué había hecho para que no quisiera verla por una semana entera? Era curioso cómo llevaba tanto tiempo buscándolo, y cuando realmente lo tenía frente a ella, simplemente se quedó sin palabras. Mientras más lo pensaba, más se acumulaba su frustración y más difícil era concentrarse en una sola pregunta.
El silencio que se había formado entre los dos era innecesariamente incómodo: no sería difícil romperlo, y era obvio que ambos tenían mucho que decir, pero ninguno quería dar el primer paso.
-Tu tío vino a buscarme- se atrevió a hablar Link -al parecer preguntó por mí en SPA y todo. Dijo que te preocupé bastante porque creíste que te estaba evitando. No era mi intención que-
-¿Es cierto?-
-… ¿Cierto?-
-Que me estabas evitando-.
Los ojos de Link no se atrevieron a mirarla a la cara. Era todo lo que necesitaba saber.
Tetra retiró apuradamente las sandalias de sus pies y se quitó la ropa; bajo la camiseta y los pantaloncillos llevaba su traje de baño de la escuela, que se había puesto por si acaso le daban ganas de nadar para despejarse, y era justo eso lo que iba a hacer. Con paso apresurado se zambulló al lago y no miró atrás ni se detuvo, incluso cuando escuchó que Link la llamaba. Nadó con furia, con largas brazadas y patadas feroces, hasta que quedó a una distancia segura: sabía que donde estaba era demasiado profundo como para que él la alcanzara caminando. Sólo entonces se atrevió a detenerse, jadeando más por la indignación que por el esfuerzo; no tenía problemas para mantenerse a flote y no estaba ni cerca de cansarse, y estar rodeada de agua le había retornado el vigor y la seguridad que necesitaba para enfrentarse a esto: ella era una nadadora de renombre y ahora estaba en su elemento.
-¡Tetra, por favor escúchame!-
Algo hizo clic en ese momento, como una pieza encajando en el rompecabezas que en esos instantes era la mente de Tetra, y que reorganizó todo lo que sentía en una única orden que surgía de lo más profundo de su estómago: ése fue el segundo exacto en que su cuerpo decidió que la emoción que necesitaba era ira. No le importaba si parecía un berrinche: si Link tenía derecho a descartarla como un juguete dañado, ella también.
-¡No, Link! ¡Tú escúchame! ¿Quién te crees que eres para jugar así conmigo? ¡Una cosa es que estés ocupado o te pase algo fuera de tu control, y otra es que me evadas como la plaga después de todo lo que hemos pasado! ¿Tienes idea de cómo me hizo sentir? ¡Creí que éramos amigos, pero de la nada desapareces por una semana, y ahora admites que fue a propósito!-
-¡No quería hacerte daño!-
-¡Pues lo hiciste, ZOQUETE!-.
Ya lo había insultado antes; varias veces lo había llamado tonto, torpe y zoquete; le había dicho cosas mucho más graves en la escala de epítetos, pero sin importar qué tan terribles parecían sus palabras, nunca lo habían herido… hasta ahora. Quizás porque esta era la primera vez que se lo decía con ese tono de voz quebrado y visceral, o quizás porque el insulto venía acompañado de una confesión dolida.
Tetra acababa de admitir, abiertamente y con genuino dolor, que Link la había herido con sus acciones.
Link siempre había sido una persona muy expresiva: su rostro se había contorsionado en una mueca de desdicha que en cualquier otro momento habría detenido a Tetra, pero la niña estaba tan cegada por sus emociones que aprovechó para golpearlo verbalmente una vez más.
-¡¿A qué estás esperando?! ¡Si no fuera por mi tío, no te habrías molestado en venir, ¿no?! ¡Largo de aquí!-.
Ella pudo distinguir cómo Link apretaba los puños, casi como si estuviese resistiendo la más terrible de las bofetadas. En algún lugar de su pecho sintió que se le apretaba el corazón, pero se rehusaba a hacerle caso a esa parte de sus sentimientos y se obligó a sí misma a concentrarse en la parte que le dolía a ella y que se rehusaba a soltar.
Link había abierto una herida muy vieja y en vez de cerrarla, le había derramado sal encima. Después de toda esa sinceridad y palabras sobre observar y apreciar y ver lo mejor en las personas; después de sonrisas gentiles y lágrimas amargas y guiños cómplices; después de confesar miedos y secretos y vulnerabilidad. Ésa era la palabra clave: vulnerabilidad. Tetra había enterrado muy bien y muy profundo esa parte sensible de sí misma y Link la había expuesto a la luz y luego abandonado allí, a agonizar bajo el sol. Si tanto deseaba ver esa tormenta, ahora podía ahogarse en ella.
El isleño dio media vuelta y comenzó a alejarse… sólo para girarse nuevamente, tomar carrera y hacer lo impensable.
Link agarró la ropa que Tetra había dejado descartada en la orilla y echó a correr.
-¡¿Pero qué estás haciendo?! ¡VUELVE ACÁ CON ESO, CRETINO!-.
Sus palabras cayeron en oídos sordos, porque Link seguía escapando tan rápido como podía. Tetra observó incrédula hasta que su cabeza finalmente procesó que Link no tenía intenciones de parar su locura: el muchacho ya casi había desaparecido en la distancia cuando Tetra logró reaccionar.
Tetra nadó tan rápido como pudo en dirección a Link; cada fibra de su ser en esos momentos estaba empeñada en alcanzar al niño a tiempo, sin importar el cansancio o la distancia cada vez más corta entre ellos. No importaba qué tan rápido estaba nadando, sentía que no era suficiente; nunca iba a ser suficiente; no hasta que recuperase su ropa y su dignidad y lo sacudiera como una maraca porque ¿¡CÓMO RAYOS se le ocurrió agarrarle sus cosas!? De alguna manera una treta así tenía que contar como trampa, ¿no? ¡Simplemente el descaro con que lo hizo le tenía la sangre hirviendo!.
Hasta que sus pies no tocaron la arenilla del fondo del lago, no dejó de nadar. Encontró suficiente tracción para no resbalarse y caer, así que se alzó del agua y echó a correr para atrapar al ladrón; no era necesariamente la persona más rápida cuando estaba en tierra, pero al parecer Link tampoco lo era, porque logró alcanzarlo al cabo de unos segundos de carrera.
Con lo que sólo puede describirse como un feroz grito de guerra, Tetra se abalanzó sobre Link; normalmente a este punto se cantaría victoria, pero la niña logró embestirlo y atraparlo con tal fuerza, que ambos perdieron el equilibrio y cayeron.
En un manojo de piernas y brazos, rodaron y rodaron colina abajo, dejando un rastro de tierra y ropa y hojas revueltas hasta que finalmente ¡SPLASH!, aterrizaron en el lago.
Tetra sacó a Link del agua a trompicones y se arrastró a un par de metros de la orilla; sólo entonces se atrevió a soltar el torso del isleño junto a ella. Sabía perfectamente que Link no podía nadar, así que a pesar de todo, su primer instinto era rescatarlo.
Su orgullo podía esperar a que su amigo no se estuviese ahogando de la forma más estúpida posible.
Ya se disponía a revisarlo de arriba abajo, pero cuando vio que Link estaba jadeante pero consciente, finalmente la rescatista se desplomó del cansancio. Necesitaba calmarse: tenía el corazón en la garganta y la respiración entrecortada; era un absoluto manojo de nervios en esos momentos y tenía que regularse si quería gritarle sus cuatro cosas al muchacho que la observaba detenidamente. Tetra no pudo evitar preguntarse si él se había dejado atrapar, considerando que no estaba ni la mitad de cansado que ella.
Cuando por fin logró dejar de respirar como alguien recién salido de un triatlón, se atrevió a hablarle entre dientes: -De todas las cosas que pudiste hacer… ¿En qué estabas pensando…?-
-No lo sé-
-¡Se nota! ¿Qué tienes, cinco años? ¡Te llevas mi ropa para que te persiga, ¿y luego qué?!-
-¡Sólo quería que me escucharas! No quise… No quise dejarte otra vez sin explicarte nada-
-Debiste pensar en eso hace siete días-
-¡Lo siento, ¿está bien?! ¡No era mi intención que todo se saliese de control, pero no querías escucharme de ninguna manera! Por el amor de Nayru, Tetra, ¡te metiste en el lago porque no querías darme la oportunidad de hablar, porque sabes que no puedo nadar! ¡Si yo tengo cinco, tú tienes tres años!-
-¡¿Qué tal si te guardas tus insultos bobos y me dices la razón por la que me dejaste tirada por una semana e hiciste todo lo posible para no verme la cara hasta ahora que te sientes culpable?!-
-¡Me despidieron de todos mis trabajos así que ahora tendré que dejar Outset!-.
Sus palabras cayeron como un balde de agua helada. Cualquier fuego interior que Tetra cargaba consigo hasta ese momento se vio reducido a meras ascuas mientras un escalofrío de súbito entendimiento le recorría la espalda.
Link se hizo un ovillo y abrazó sus rodillas contra su pecho. Por primera vez desde que empezaron a discutir, Tetra se giró para verlo a la cara; Link había escondido su rostro entre sus rodillas y brazos, así que no podía hacer contacto visual, pero ahora la niña no podía quitarle los ojos de encima.
-Link… ¿Qué fue lo que te pasó?-.
El sol había bajado un poco más en el horizonte y su luz se había convertido en un dorado tenue para cuando Link terminó de contarle a Tetra todo lo que había ocurrido durante la reunión administrativa que le había cambiado la vida. Le explicó cómo la intervención de sus amigos significaba que había fracasado en llevar el ritual de la escolta a cabo; le habló de la vieja ley que lo condenaba al exilio, y aunque los habitantes de Outset no lo expulsarían de la Isla, sí lo habían despedido de todos sus empleos y no lo consideraban más como un miembro de la comunidad; le contó de sus condiciones de vida en el barco de Linebeck, y cómo el marinero fue el único capaz de alojarlo y darle sustento después de lo ocurrido. Finalmente, Link concluyó con los intentos nulos de Ganondorf para arreglar las cosas.
Durante todo ese tiempo, Tetra escuchó cada palabra con absoluta atención. Muy de vez en cuando interrumpió el relato de Link para hacer preguntas, o para pedirle que continuase cuando al pobre muchacho se le hacía un nudo en la garganta y se le dificultaba hablar; era evidente que hablar del tema en general era estresante para él.
-¿No hay nada que Ganondorf pueda hacer para arreglar esto?-
-No tiene la potestad para revocar una ley tan antigua. Estamos esperando a que el gobierno responda a su petición. Nunca antes lo habían hecho, pero ahora que hay un afectado…-
-Te están usando como chivo expiatorio para llamar la atención-
-Básicamente, sí-
-Santa Trifuerza, esto es horrible…-.
El muchacho simplemente se encogió de hombros, pero Tetra probablemente sentía suficiente enojo por los dos en esos momentos. Hubo unos instantes de silencio entre ambos antes de que la niña volviese a hablar: -Link, tengo una duda-
-¿Qué pasa?-
-Entiendo que esta semana tiene que haber sido una de las peores de tu vida. Sinceramente, no te merecías que te pasara esto y tampoco que yo reaccionara así. Espero que sepas que puedes contar conmigo para lo que necesites… Pero nada de eso explica por qué me estabas evitando-.
Cuando Link escuchó esas palabras, sus ojos se abrieron como platos, pero no dijo nada; el gesto, sin embargo, no pasó desapercibido. Tetra se quedó muy quieta, a la espera de que Link le explicase un poco más las cosas. El isleño tragó saliva, pero se armó de valor y la miró directamente a la cara. Sus ojos avellana se cruzaron con los azules de ella.
-Antes de que te diga la verdad, quiero que sepas que nunca, jamás fue mi intención lastimarte. Lo juro por todas las diosas y espíritus que no sabía lo que estaba haciendo y cuando me di cuenta, decidí detenerlo antes de que pudiera hacerte daño… Que fue lo que terminé haciendo, pero hubiese sido peor si las cosas hubiesen continuado-
-¿De qué estás hablando?-
-Básicamente, ¿recuerdas cuando me dijiste que no confiara en el señor Daphnes porque me decepcionaría? Tenías razón-.
Su sonrisa era amarga mientras suspiraba; el asunto cada vez le gustaba menos a Tetra, pero dejó que siguiera hablando.
-La ayuda del Gobernador no es la única opción que existe, pero sí la única que estoy dispuesto a tomar. Tu abuelo se negó a ayudarme, probablemente para obligarme a hacer lo que él quería; por eso decidí que lo mejor que podía hacer era no involucrarte más-
-¡Debí saber que ese viejo maldito estaba detrás de esto…! ¿Qué es lo que quiere de ti, que seas su esclavo o algo así?-
-No. Quería que me hiciera amigo tuyo para convencerte de derrocar al Gobernador-
-… ¿Eh?-
-Esa es la respuesta resumida: el asunto completo es bastante largo y enredado, pero intentaré explicarlo lo mejor que pueda-.
Y vaya que fue una explicación larga y enredada, como una bola de estambre rodando por unas escaleras. Para cuando Link terminó de contarle todo, los últimos rayos del sol estaban desapareciendo en un hermoso ocaso.
El Archipiélago de Hyrule tenía una forma muy particular de administración gubernamental: sus islas se regían por una extraña amalgama de leyes modernas, y otras tan antiguas que podrían considerarse patrimonio histórico; éstas últimas eran las que los habitantes de Isla Outset estaban particularmente interesados en conservar. Como era de esperarse, algunas de ellas eran tan arcaicas que realmente resultaban obsoletas o inconvenientes, por lo que poco a poco quedaron enterradas por otras mucho más recientes, o los mismos isleños se negaban a reconocerlas y continuaban sus vidas sin hacer mayor caso. Varias de éstas explícitamente indicaban que sólo podían revocarse por un miembro de la Familia Real, la cual había dejado de gobernar el país varios siglos atrás; en el Archipiélago, el Gobernador se encargaba de la mayoría de las cosas, junto con las comunidades individuales de cada isla, y aunque no estaba en la potestad de ninguno de los dos cambiar la ley, en general se podía llegar a un consenso y pasarlas por alto.
Outset deseaba conservarlas, a pesar de que las demás comunidades no se sentían especialmente interesadas en hacerlo. ¿Para qué quedarse esperando a recibir trato especial cuando simplemente se podían ignorar y continuar con sus vidas? El progreso y la supervivencia pudieron más que la tradición y la cultura, y éstas últimas se convirtieron con el tiempo en una especie de fe ciega y necia que sólo terminó por gradualmente empeorar las cosas. Outset estaba prácticamente sola en su cruzada: nadie más quería quedarse sentado a esperar a que sus tradiciones y arcaísmos fuesen declarados suficientes como para beneficiarlos. Isla Outset llevaba décadas erosionando su propia economía y sustento por negarse a olvidar un pasado que nadie más deseaba recordar.
-Es algo que empeoró más cuando Ganondorf fue elegido Gobernador- explicó Link, mientras jugueteaba con una ramita distraídamente -Ese cargo se elige contando los votos de todas las islas, y la gran mayoría se inclinó por él porque su campaña prometía pasar por encima de todas esas leyes viejas. Lleva quince años en el puesto porque lo reeligen constantemente para que siga eliminándolas poco a poco-
-Entonces otras islas crecen porque él hace la vista gorda, pero Outset se queda igual y por eso está en crisis-
-Básicamente. Hasta cierto punto, él también ha permitido que lleguemos a donde estamos-
-Con todo el apoyo que tiene, me sorprende que no haya podido con ustedes-
-Es porque la gran mayoría de nuestras leyes viejas fueron escritas de tal manera que sólo alguien súper importante pudiera revocarlas. Tendría que ser alguien del órgano legislativo e incluso así sería difícil-
-¿Quién fue el babuino que hizo eso?-
-Tu familia-
-… ¿Qué?-
-Tu apellido es Hyrule, ¿cierto? Hyrule es el nombre del país. El país se llama así porque la Familia Real que lo fundó originalmente como un reino se apellidaba así. Era muy común que un reino se llamase como la familia gobernante. ¿No te lo enseñaron en la escuela?-
-No, digo, sí… Creí que era una coincidencia. Hay mucha gente de apellido Hyrule, ¿no?-
-Pues no. La verdad, no. Por eso tu abuelo es tan importante aquí, entre otras cosas: sabemos con certeza que tu familia viene de la realeza porque cuando se estaba aboliendo la monarquía, la Familia Real se retiró para acá. Una de las miles de cosillas culturales que enorgullecen a Outset es que se nos consideraba la más leal de las islas del Archipiélago a la corona, y por eso hay tantas leyes antiguas que protegen nuestras tradiciones y son irrevocables: tus ancestros las pusieron así a propósito-.
Tetra parpadeó un par de veces, como si la acción la fuese a ayudar a procesar mejor lo que acababa de escuchar. De todos los secretos o explicaciones que esperaba sacar de esta plática, no se esperaba una revelación tan curiosamente obsoleta. No era información que le sirviera de mucho: la monarquía había desaparecido hace siglos. No era como si ahora pudiese declararse princesa del país o nada por el estilo, porque su herencia familiar la había perdido cientos de años antes de siquiera haber nacido.
-Santa Trifuerza, no sólo mi familia de hace chorrocientos años hizo un montón de leyes que no sirven para nada y ya no se pueden quitar, sino que ahora causaron un lío en el que no tengo nada que ver, pero igual allí estoy metida. Lo que me faltaba. ¿De qué me sirve ser de la realeza con las cosas como están?-
-Honestamente, no sirve de mucho… excepto…-
-¿Excepto?-
-Para oponerse al poder de Ganondorf. Ese era el plan del señor Daphnes-
-¿Y cómo se suponía que haría eso? Déjame adivinar, ¿una vieja ley que nadie recuerda?-
-De hecho, sí-
-Tienes que estar bromeando-.
Tetra se frotó las sienes con los dedos: el inicio de una jaqueca la estaba molestando en esos instantes, y cada vez tenía menos ganas de continuar con el tema de conversación. Sin embargo, ya a esas alturas no tenía demasiado sentido detenerse; era importante que terminase de escuchar hasta el último detalle. Después de todo, esta era la actual fuente de todos sus problemas: la razón por la que su abuelo quería quitarle la custodia a Sheik; la razón por la que manipuló a Link y luego lo descartó como un juguete dañado; la razón por la que intentó atarla de la forma más rastrera posible al destino de Outset y sus habitantes.
La niña respiró profundamente y exhaló con cansancio, pero hizo un gesto a Link para que continuara con su explicación. El muchacho no se lo hizo repetir dos veces.
-Lo particular de Ganondorf es que es un hombre Gerudo. De acuerdo con la tradición Gerudo, eso lo convierte en el rey de la tribu, y de acuerdo con las leyes hyruleanas, que él esté a cargo del Archipiélago técnicamente lo califica como un rey invasor. Su posición desafía a la corona de Hyrule, así que alguien de la Familia Real le puede declarar guerra, retar a un duelo a muerte, o exigirle un desafío tradicional de la región para sacarlo del poder. Guerra y duelo a muerte quedan fuera por obvias razones, así que sólo queda el desafío-.
De cierta forma, Tetra tenía miedo de saber más. El cielo había terminado de oscurecer, y al horizonte sólo se distinguía un azul más claro; los tonos dorados y rosados del sol habían desaparecido por completo, y las primeras estrellas ya hacían acto de presencia en el firmamento. La pausa de Link le permitía escuchar los ruidos nocturnos del bosque que rodeaba el lago, pero el silencio del niño también le indicaban que debía hacer una última pregunta.
Necesitaba, simplemente, la pieza final del rompecabezas: -¿Y qué clase de desafío es que el maldito viejo no puede hacer por sí mismo?-
-Una carrera. Hay que nadar alrededor de una isla del Archipiélago de Hyrule-.
Fin del Capítulo
Gatt: -¡Aquí tienen, un capi publicado dentro de las fechas límites y además extra largo!-
NK: -Hay que admitirlo, ha sido un trabajo decente. Hasta la fecha, es el capítulo más largo que hemos escrito para este fic-
Gatt: -De alguna forma este fic se convirtió en una cosa seria. Juro por la Nutella que cuando empecé a escribirlo quería hacer algo mil veces más relajado-
NK: -Muchas cosas han pasado desde que comenzamos a escribir, y tampoco es que tuviésemos una idea muy clara. Logramos reparar mucho del desorden horrible que tenías planeado originalmente-
Gatt: -Digo, lo único que me falta es matar a un protagonista para convertir esta cosa en un velorio, ¡pero no está quedando tan mal!-
NK: -Matar a un personaje no solucionaría nada, de todas maneras. Esa idea la descartamos desde el principio, así que espero que nadie se preocupe-
Gatt: -La trama debería ir relajándose un poco a partir de aquí, pero no creo que pueda prometer nada. Aun así me estoy divirtiendo con los pocos espacios que tengo para hacer comedia-
NK: -Recuerden niños, lo importante de los hobbies es divertirse-
Gatt: -Listo, espero que eso sirva de excusa para que nos perdonen el revoltijo de trama que se nos formó y el vómito de revelación que hicimos-
(Por el momento avisamos que nuestros escritores están entrando en semanas de exámenes universitarios, por lo que es posible que el capítulo siguiente sea publicado a final del mes que corresponde, o a principios del siguiente a más tardar. En caso de tener alguna pregunta o duda, siéntanse libres de enviar un PM o revisar el perfil de nuestros escritores para verificar el estado del siguiente capítulo. Nuestras intenciones son, como siempre, entregarles algo que valga la pena leer por encima de la puntualidad, aunque se hace el esfuerzo por mantener un cronograma).
Gatt y NK: -¡Heil FRIKI!-
