Hermione POV:

Es uno de marzo, el cumpleaños de Ron. Hoy íbamos a ir a Hogsmeade, Draco quería que nos viéramos en secreto, pero al final cancelaron la salida. Pese a que estoy peleada con Ron, éste no deja de ser mi mejor amigo, así que le he comprado la nueva bufanda de los Chudley Cannons; seguro que le encanta.

De camino al Gran Comedor Draco vuelve a atraparme. No me gusta tener que vernos en secreto, pero adoro que esté tan pendiente de mí como para saber por dónde paso y cuándo llevarme a parte. Casi se podría decir que es una rutina de cada mañana, parecemos pareja; pero esta mañana va a pasar algo diferente.

– ¡Hermione! –oigo la voz de Ginny a lo lejos.

– ¿Ginny? –le susurro a Draco– ¿Qué pasará?

– ¿Qué más da? –me dice al oído. Está mimoso.

Sonrío y me asomo a ver si puedo saber qué pasa con un vistazo. Ginny está pálida y en su cara hay una preocupación tal que me asusta ya a lo lejos.

– Draco, es algo grave –le freno, poniéndole las manos en el pecho. Frunce el ceño y mira él también.

– Ve –me susurra–, nos vemos luego.

Nos despedimos con un beso y salgo disparada hacia Ginny.

– ¡Ginny! Te he oído gritar mi nombre. ¿Qué…?

– ¡Ron! –exclama de repente.

– ¿Ron? –ahora estoy perdida– ¿Pasa algo con Ron? No me he olvidado de que hoy es su cumpleaños ni nada…

– No es eso –vuelve a cortarme–, bueno sí. Sí pero no. Ron está en la enfermería, le han envenenado.

– ¡¿Qué?! –exclamo– Vamos.

Salimos corriendo hacia la enfermería, con dos ojos grises siguiendo nuestros pasos.

Harry, Ginny y yo pasamos la mañana en la enfermería esperando a que Ron responda. Los señores Weasley acaban de llegar y están hablando con el profesor Dumbledore. De repente las puertas se abren de par en par y entra Snape llevando a Draco, casi se me sale el corazón del pecho del susto.

– ¿Qué ha pasado? –pregunta madame Pomfrey; eso me gustaría saber a mí– Póngalo en esta camilla.

Casualmente lo pone en la camilla de en frente de Ron, por lo que puedo seguir lo que pasa con facilidad. Por un momento nos miramos y hace una mueca de dolor.

– Estaba practicando en el campo de Quidditch y ha perdido el control de la escoba –contesta Snape.

– Un golpe muy fuerte de viento me ha desestabilizado –puntualiza Draco. No quiere quedar como un torpe, ¡qué orgulloso es!

– Muy bien –murmura madame Pomfrey mientras empieza a trabajar con él–. Tómese esto. Esta noche la pasará en la enfermería, señor Malfoy.

– Bien –susurra, sonriendo enigmáticamente. Realmente se ha caído de la escoba, ¿verdad?

Llega la hora de comer y convenzo a Harry y Ginny para que vayan ellos primero. Les digo que yo iré cuando vuelvan, para que Ron no se quede solo. No sé cuándo volverán los señores Weasley, así que aprovecho en cuanto salen por la puerta para ir con Draco.

– Vale, quiero la verdad –le abordo–. ¿Qué te ha pasado?

– Me estampé con la escoba para que me trajeran una temporada a la enfermería.

– ¿Estás loco? –exclamo– ¿Por qué?

– Sabía que te pasarías el día preocupada junto a su cama, y esta ha sido la única manera de ofrecerte apoyo que se me ha ocurrido.

– Estás loco, definitivamente. ¿En serio no se te ha ocurrido ninguna idea mejor?

Agacha la cabeza y veo cómo sus pálidas mejillas se tornan ligeramente sonrosadas.

– Puede que esté un poco celoso.

– Draco –digo alargando la última vocal, intentando aguantarme la risa–. No tienes que estar celoso de Ron, es mi mejor amigo, nada más.

Sonrío mientras le acaricio la mejilla.

– ¿Un besito? –pide. Le concedo su deseo y sonríe– Gracias.

Suspiro profundamente y le miro a los ojos un largo rato. Su mirada cambia, sabe que algo pasa.

– ¿Qué es, Hermione? –pregunta.

– No te ofendas Draco, pero… La bebida envenenada del profesor Slughorn… En fin, ya sabes cuál es la pregunta, ¿verdad?

– Verdad –pone cara triste y, tras un suspiro, sigue–. La tenía desde Navidad, pensé que si no había pasado nada era porqué igual la botella había sido interceptada, se había perdido,… he llegado a pensar que ese vino disminuyera o cambiara los efectos del veneno. El que aún no se hubiera probado… era una opción, pero no pensé en ella. Te prometo que no le quiero ningún mal a Weasley, siempre me he metido con él, pero nunca…

–Shh… –le corto con otro beso– Lo sé.

Su cara adopta una expresión de determinación que nunca antes le había visto.

– Hermione, no quiero que dudes de mí –empieza.

– No dudo de ti, es solo que…

– No me interrumpas –dice poniéndome un dedo en los labios. Está muy serio. Al ver que no tengo intención de hablar, continúa–. Sé que no dudas de mí en muchas cosas y lo raro sería que no dudaras en tantas otras… Pero no quiero que tengas dudas sobre quién soy yo, de cómo soy.

No tengo dudas al respecto. Ya no. Pero no quiero interrumpirle, así que sigo callada. Su característica media sonrisa aparece en su rostro y toma aire de nuevo.

– Ven, siéntate en la cama conmigo –lo hago callada y amplía su sonrisa–. No sabía que podías estar callada tanto rato.

– ¡Eh! –y ahora bromea. Me pregunto qué pretende.

– Vale, bien –me coge las manos y dice mirándome a los ojos–. Tengo un regalo para ti, algo que quiero que lleves siempre contigo, igual que lo que te regalo tu abuela, ¿de acuerdo?

– ¿Otro objeto mágico? –pregunto.

– Es un objeto mágico, sí, aunque no tiene ningún poder. Espero que te proteja por lo que representa –entonces se saca su anillo y continúa–. Dame tu mano izquierda, yo te lo pongo.

– Draco, es el anillo de la familia Malfoy –susurro mientras le tiendo mi mano, estoy temblando, esto es demasiado.

Entonces me lo pone en el dedo anular y noto cómo se ajusta mágicamente.

– Uau… –murmuro.

– Sí, es el… ¿uau? ¿Qué uau? –pregunta enarcando una ceja.

– Se me ha ajustado al dedo. ¿Es algo que hacen todos los anillos mágicos?

– No, no que yo sepa –responde con cautela.

– ¿Entonces es una particularidad de este anillo?

– Tendré que consultarlo.

Vaya, esto es extraño. El anillo actúa diferente conmigo por alguna razón. Diría que es por ser hija de muggles, pero en vez de rechazarme, parece que me haya aceptado.

– Ehem… –se aclara la garganta y sigue como si nada– Sí, es el anillo familiar de los Malfoy. Espero que nunca estés en ninguna situación de tanto peligro como para tener que recurrir a él, pero si así fuera no quiero que dudes, úsalo como salvoconducto, ¿de acuerdo?

Me quedo mirando el anillo, intentando asimilar todo lo que me transmite este gesto. No quiero despreciarlo, pero creo que le va a dar muchos problemas.

– Draco, esto es demasiado, no puedo aceptarlo –empiezo mientras hago el gesto de quitarme el anillo–. Piensa en la cantidad de problemas en los que te podrías meter si…

– Hermione –dice cogiéndome las manos– Te quiero. No quiero que te pase nada malo, y de momento esta es la única manera de protegerte desde lejos que conozco. Y aunque no fuera la única, hace tiempo que quiero que este anillo lo tengas tú. Lo usarás, ¿de acuerdo?

– De acuerdo –susurro. Ahora sí que tengo muchas cosas que asimilar–. Te quiero.

Me inclino hacia él y nos besamos despacio, sin prisa. Es un momento mágico. De repente oímos ruidos que hacen que nos separemos y nos miremos alarmados.

– Vuelve junto a Weasley –susurra.

– Pero… –intento protestar.

– Vamos –me apremia.

Con un último beso vuelvo junto a la cama de Ron. Entonces entran los señores Weasley con Ginny, Harry, los gemelos, Dumbledore y McGonagall. Los veo venir hacia mí, pero en lo único que puedo pensar es en lo que acabo de hablar con Draco, lo que nos hemos dicho y el anillo que brilla en mi dedo; antes no he podido sacármelo, no ha querido salir, tiene que haber un motivo y seguro que está relacionado con que se adaptara de forma mágica a mi dedo, lo presiento, pero no sé cuál es.

·


·

Draco POV:

Toda la familia reunida, que bonito. Es vox populis que los Weasley son una familia unida, todo el mundo lo sabe, por eso siempre me he metido con la comadreja; envidia pura. Oigo cómo le dicen a Hermione que se vaya a comer, ella no quiere, así que al final decide que irá a las cocinas a por unos sándwiches.

– Increíble –dice Potter cuando Hermione sale por la puerta–, si va a hacer que los elfos trabajen es que está realmente preocupada.

– Sí –corrobora la chica Weasley, sonriendo con cariño.

Hermione llega al cabo de media hora con una cesta llena hasta los topes.

– ¿Sándwiches? –pregunta sonriendo.

Todo el mundo coge uno y entonces se gira hacia mí.

– ¿Has comido?

Todo el mundo se nos queda mirando pasmados.

– Em… No, no. La señora Pomfrey aún no me ha traído la comida.

– ¿Quieres uno?

– ¡Hermione! –salta Potter–¿Qué haces?

– Bueno, imagino que tendrá hambre –contesta ella.

– ¡Es Malfoy! –exclama. En serio, ¿nació así de listo?

– ¡No más de seis visitas por paciente! –se oye de golpe. No sé de dónde ha aparecido madame Pomfrey, pero agradezco la interrupción.

– Estoy con él –dice Hermione señalándome a mí–. Son seis para Ron.

Se sienta a los pies de mi cama y me vuelve a preguntar.

– ¿Entonces quieres?

– Sí, gracias –contesto. Potter bufa y se vuelve a su sitio. Hermione se gira y le habla.

– Harry, deja de comportarte como un crío. Draco se disculpó y no vale la pena guardar rencor. Borrón y cuenta nueva, ¿no te parece?

– ¡No! –que cabezón es el tío– Además, ¿desde cuándo es Draco?

– Desde que dejó de meterse nosotros.

– ¿Nosotros?

– ¿Acaso a ti te ha dicho algo?

– No, pero… –Potter frunce el ceño confundido.

– De hecho –intervengo– también quería disculparme contigo y con Weasley, pero nunca era el momento ni el lugar. Supongo que este tampoco lo es, ya que él está… En fin, al menos me disculpo contigo, Potter.

– Disculpas no aceptadas –contesta pronunciando su ceño.

– ¡Harry! –a Hermione le ha desaparecido la sonrisa que se había ganado mi disculpa.

– ¿No me dirás que le crees?

– Pues sí, le creo.

– Pues yo no.

– Chicos, estamos en la enfermería –dice la señora Weasley–. Gracias por las disculpas.

Me mira con una suave sonrisa maternal. Supongo que no estaría mal enterrar el hacha de guerra entre nuestras familias, así que le sonrío y contesto "de nada". De repente se oye des del suelo una vocecilla gritona:

– ¡El amo Draco ha madurado mucho! Creo que es la primera vez que le oigo disculparse.

– ¿Qué…? –entonces veo la cabeza de un elfo doméstico que me es muy familiar– ¿Dobby?

– Puedo preguntar… ¿Qué le ha pasado al amo Draco?

A sabiendas de lo mucho que a Hermione le importan los elfos y demás incomprendidos de este mundo, me esfuerzo por comportarme con Dobby.

– Puedes preguntar Dobby –contesto–. He tenido un accidente con la escoba.

– ¡Pero eso no es posible amo Draco! –exclama con los ojos muy abiertos– El amo Draco casi aprendió antes a volar que a andar.

– Cierto –digo riendo–. Ha sido mala pata, eso es todo. Por cierto, ¿desde cuándo estás aquí?

– ¿En Hogwarts? Entré el año del Torneo de los Tres Magos, amo Draco.

– Vaya, no te había visto hasta hoy, y eso que hago incursiones a la cocina. ¡Ah! Sabes que no tienes que llamarme "amo Draco" si no quieres, ¿verdad?

– El amito siempre me trató mejor que el amo Lucius, me gusta llamarle amo, señor.

– Ahora que lo mencionas… ¿por qué te echó mi padre?

– ¿No lo sabes? –pregunta Hermione extrañada.

– No, nunca lo supe –contesto yo.

– Fue por error señorito. El amo Lucius no quería, pero me dio ropa por error y quedé libre.

– Ya decía yo, era raro que mi padre te echara sin motivo aparente. Un placer hablar contigo.

– Gracias, amo Draco. Dobby tiene que volver a las cocinas ahora.

Dobby sonríe tanto que parece que le haya hecho un favor. Creo que Hermione tiene razón con ellos, a los magos tampoco nos hace ningún daño comportarnos un poco.

Pasa la tarde y los Weasley se marchan sin que haya habido cambios. El guardabosque también ha venido a visitarle, empiezo a entender que Hermione fuera a verle al volver de Navidad. Ahora está aquí la plasta de Brown, la novia de Weasley según grita.

– ¿Por qué nadie me ha avisado? ¿Y qué hace esta aquí?

Señala a Hermione y eso no me gusta. Como se le ocurra decirle algo saco las uñas. Sé que lo nuestro debe ser un secreto, pero un dragón siempre protege lo que es suyo.

– ¡Soy su amiga!

– ¡Venga ya! Hace siglos que no os habláis. Además, yo soy su novia. ¡Yo tendría que haber estado aquí, no tú!

– Her…mi…

Se oye a Weasley farfullar algo incomprensible y todo el mundo se calla. Hasta yo lo miro con interés.

– Her… mi… one…

Vale, creo que le voy a partir la cara. Ella es mía. Brown mira a Hermione como si quisiera arrojarle aceite hirviendo a la cara y se va hecha una furia.

– Vaya… –Hermione está en shock– Suponía que a ninguno de los dos nos gustaba la distancia que se estaba creando entre nosotros, pero pensé que llamaría antes a su novia que a su amiga, por más que me eche de menos.

– Yo creía que odiabas a Lavender, Hermione –comenta Weasley.

– No la odio… No mucho al menos –dice con una sonrisa cansada–. Se dedica a reírse de mí a cada oportunidad, supongo que antes lo hacía igual, pero ahora va colgada del brazo de Ron todo el día, así que… la oigo más a menudo. El que Ron le ría las gracias en vez de defenderme ha hecho que estemos así ahora, pero ya estoy harta; no quiero perder a mi mejor amigo porque esté saliendo con una arpía. Cuando despierte haremos las paces.

– Si Ron es tu mejor amigo, ¿entonces yo qué soy? –pregunta Potter enfurruñado.

– El hermano que nunca tuve Harry, lo sabes de sobra –contesta ella sonriendo.

– Es verdad –sonríe de oreja a oreja y le da un abrazo–. Volvamos a la torre, es tarde.

– Sí.

Cuando se van a ir vuelve a oírse a Weasley murmurar "Her…mi…" y se quedan quietos.

– Igual puedo quedarme a dormir –comenta Hermione–. Preguntaré a madame Pomfrey.

– Parece que te echará de menos si te vas –dice la pequeña Weasley con una sonrisa maliciosa. Ah no, eso ni de coña.

Al final madame Pomfrey no pone pegas "por el bien del paciente" y Hermione se queda.