Capítulo 10- Maga Cazadora.

Finn se encontraba recostado en el techo del Restaurant Zuzan, disfrutando de la paz y tranquilidad que le ofrecía la noche. Tenía la vista clavada en la luna, la cual estaba en su estado de Luna Llena.

Habían pasado unas cuantas horas desde su retorno del Castillo de Arena donde habían librado un combate contra una mujer de arena completamente chiflada.

Cuando regresaron al pueblo de los Duendes Herreros, la tía Zuzan les había ofrecido hospedaje en su casa, que también era el restaurant. Era un lugar bastante hogareño y el cuarto de Huéspedes era una habitación ancha con dos literas, perfecto para ellos cuatro. Además como era un restaurant, podían comer lo que quieran cuando quisieran.

La primera impresión que tuvo Finn de la Tía Zuzan fue que ella era una anciana senil. Cómo no pensar eso cuando aparece de la nada, los insulta, los pega y dice unas palabras un tanto extraña como… "Esta noche la arena se levantará y los atacará". Claro, ¿por qué no? Palabras de una persona completamente cuerda. Pero resultó ser ciertas.

Ahora que conoció mejor a Zuzan, descubrió que era una abuelita bastante amable y agradable. Aunque seguía pegando a Marshall y a él.

Lo primero que hicieron al llegar fue bañarse, comer y tratarse las heridas. Finn estaba vendado de píe a cabeza, después de todo fue uno de los que más golpes recibió, pero Marshall… Bueno, él es un vampiro, ya saben, vampiros… desiertos… sol… no es una buena combinación.

A penas comió y fue a acostarse, según él, se recuperará luego de una buena siesta. Gumball se encerró en la sala de estudio de Zuzan para investigar el mapa. Finn le echó una mirada al mapa y notó que había varias letras, símbolos e imágenes que no comprendía.

En cuanto a Fionna, ella se quedó con la anciana Zuzan a charlar. Finn suspiró y llevó sus brazos a u nuca para acomodarse. A pesar de esta echo bolsa, no tenía sueño.

Miró la palma de su mano. Su mano completa se encendió en llamas, creando una pequeña fogata, luego la agitó para apagarla. Acto seguido la congeló creando un guante de hielo.

Arqueó una ceja. Hace unas cuantas horas pudo controlar la arena, pero ahora no podía hacerlo. Pensaba en un guante de arena, pero no se formaba. Se preguntó si controlar la arena solo fue cosa del momento y que en realidad no podía.

"Nos volveremos a ver" le dijo aquél hombre de de pelo color azabache y la sangha blanca. Aunque le sonara muy raro, juraría que había visto a ese hombre antes. ¿Tal vez en sus sueños? ¿Tal vez parecía a un tío? No lo recordaba.

-¿No tienes sueño?- preguntó Fionna acercándose a él.

Finn abrió los ojos de par en par al verla. No llevaba puesto su gorra de conejo. Su pelo largo, sedoso le caía hasta la cintura. Olía bien y seguía un poco mojado debido a que recién salió de tomar un baño. Llevaba puesto una tricota de color azul y un short corto que dejaba ver sus muslos suaves.

Finn no pudo dejar de verla, se ruborizó inclusive. Fionna se sintió algo incómoda, pero luego le sonrió.

-¿Qué sucede?- dijo agitando su mano frente a sus ojos.

Finn agitó la cabeza, saliendo de su trance.

-No es nada- dijo rascándose la cabeza- solo me distraje un rato.

La chica miró la luna, la cual brillaba hermosamente. Finn sonrió, después de arriesgar sus vidas en aquél inhóspito desierto, con aquella mujer demente, la paz de aquél pueblo era el mejor placer de todos.

-Debo agradecerte- dijeron los dos humanos al mismo tiempo.

Se miraron mutuamente y se rieron.

-Tú primero- dijo Finn.

Fionna llevó sus brazos a su espalda.

-Gracias, si no fuera porque estuviste allí, ninguno de nosotros íbamos a salir vivos.

Finn se rió.

-No es cierto, yo solo retuve a Grace. Si no fuera porque encontraste su debilidad ninguno de nosotros estaríamos aquí.

-Supongo que hacemos buen equipo- dijo la chica levemente ruborizada.

-Lo hacemos- contestó Finn sonriéndole.

Fionna volvió a mirar la luna, luego abrió los ojos de par en par recordando algo.

-Cierto- dijo mirando a Finn en forma de regaño- dijiste que ibas a enseñarme magia.

Finn se dio un golpecito en la frente, regañándose a sí mismo.

-Lo olvidé- contestó rascándose la cabeza- ¿qué te parece mañana a la mañana?

La humana se cruzó de brazos y alzó una ceja.

-¿Me lo prometes?

Finn alzó una mano.

-Prometido.

Fionna sonrió y se sentó al lado de Finn.

Una anciana veía la escena, escondida detrás de un pilar, asomando la cabeza. Sonrió enternecida por como ambos humanos hablaban.

-Amor joven…- dijo suspirando complacida.

… … … …

Gumball se encontraba recostado por un escritorio. En la mesa había varias hojas sueltas y libros con encuadernados ambiguos. A su alrededor había varios estantes con variedad de libros, cada uno variopintos, de distintos tamaños.

Había pasado varias hora estudiando el mapa que habían obtenido del Catillo de Arena, pero habían varios signos, símbolos, letras y números (o al menos eso parecía) que ni siquiera Gumball podía descifrarlos- y eso que él era todo un cerebrito- se mató la noche intentando descifrarlo.

Se despertó exaltado. Una hoja se quedó pegada en su mejilla y un hilo de baba caía por su boca, miró hacia todos lados, levemente atontado, luego miró la hora en su reloj: 1:37 A.M.

Lanzó una maldición. Se había quedado dormido. En ésas últimas horas no pudo descifrar nada, pero aún le quedaba muchos libros con idiomas antiguos por leer y comparar. No había nada que él no pudiera descubrir ni inventar.

Agarró la cafetera que se encontraba a escasos centímetros de él. Intentó servir un poco en su taza, pero no se derramó nada. Agitó la cafetera, con suerte una gota cayó en su taza.

Necesitaba más café, lo ayudaba a pensar. Se levantó con la cafetera en mano, luego comenzó a estirarse. Sintió un leve dolor de cabeza. Se atajó la cabeza con las manos. Era un sentimiento que no experimentaba hace tiempo. Por primera vez después de años, encontraba un acertijo indescifrable, tanto que hasta le dolió la cabeza.

Apretó los dientes. Odiaba sentirse así. Estaba empezando a odiar ese mapa por ponerlo en esa situación. Salió de la sala de estudio tambaleándose. Cuando llegó a la cocina, lo primero que hizo fue dirigirse donde había más café.

Otra cafetera cargada de Spresso. Se encogió de hombros, no es café negro pero seguía teniendo cafeína. Cambió las posiciones de las cafeteras y luego cargó el Spresso en su tasa.

-¿Aún no has dormido?- preguntó una anciana.

Gumball miró por entre sus hombros. La Tía Zuzan estaba bajando las escaleras, sujetándose por los barandales.

Gumball dio la vuelta y se recostó por la cocina.

-Me quedé dormido intentando descifrar el mapa- dijo dando un sorbo a su café.

-¿Y bien?- preguntó la anciana arqueando una ceja.

-Es imposible- contestó viendo su Spresso.

Gumball estaba realmente irritado. Por primera vez en su vida, un simple mapa le parecía imposible de descifrar. Apretó fuertemente la manija de su taza.

-¿Imposible?- repitió la abuela-. Já, déjame decirte algo niño.

-¿Niño?- preguntó ofendido el príncipe-. Tengo Veintidós años.

PD: Recuerden que en este fic Finn y Fionna tiene Diecisiete años, por ende Gumball tiene cinco años más que ellos.

-¡Y yo tendo Ciento treinta años!- dijo en tono autoritario-. Como sea, déjame darte un concejo.

Gumbal lo meditó por unos segundos. Era cierto, la Tía Zuzan lo pasa por varias décadas. Se encogió de hombros, dejando que prosiga.

-Lo imposible solo existe en la mente- dijo la anciana sonriendo.

Gumbal arqueó una ceja.

-¿De qué hablas?

-Creo que el café te afecta- dijo burlándose- "Imposible" es una palabra que no existe. Eres el príncipe Gumbal, el niño genio.

-¿Cómo…?

Gumbal se preguntó cómo la Tía Zuzan lo sabía. No recordaba habérselo dicho.

-… ¿cómo lo sé? No necesitas ser una genio para saberlo- contestó Zuzan-. Demuéstrame que ése título que se te ha otorgado lo tienes merecido. Si sigues creyendo que descifrar aquél mapa es "Imposible" es porque eres débil de mente.

-Porque lo imposible está en la mente- dijo Gumbal meditando.

-Bravo- dijo aplaudiendo- eres inteligente.

Gumbal cogió la cafetera con su mano libre y sonrió a Zuzan.

-Gracias abuela, debo seguir investigando.

Dicho eso, desapareció de la cocina en un segundo. Zuzan solo rió y se sentó en una silla, luego se sirvió un poco de Capuchino en una taza que tenía cinco estrellas impresa.

-Estos mocosos me agradan- dijo riendo y tomando el Capuchino.

… … … … …

Marshall se despertó con un horrible dolor de cabeza. La vista se le nubló la vista pero logró recuperarla agitando la cabeza. Se preguntó donde estaba. Estaba sentado en la parte de arriba de una litera.

Recordó que después de salir del desierto- con suerte de una pieza- la abuela Zuzan les había ofrecido hospedaje. Lo primero que hizo fue comer y luego tirarse a dormir.

Se había quemado todo el cuerpo a causa del sol, pero pudo resistir. Pero ahora curó todas sus quemaduras.

Sintió un gran dolor en su cuello. Se sujetó el cuello y el dolor aumentó. No tenía sentido, ¿por qué le dolía? Bajó de la litera. Rápidamente fue al baño donde había un espejo.

Abrió los ojos de par en par al verse en el espejo. La parte izquierda de su cuello estaba completamente quemada. Era rojiza y se veía hinchada. Marshall tocó con su dedo la parte quemada de su cuello. Un horrible dolor le invadió el cuerpo.

Marshall apretó los dientes. En verdad era un dolor horrible. Volvió a estudiar la quemadura. Suspiró, dio la vuelta. Se dirigió a la litera flotando y subió a la parte de arriba.

Se recostó llevando sus brazos a su nuca. Se preguntaba cuanto tiempo había dormido. La última vez que luchó así, tomó una siesta y se despertó después de diez días.

Se rió de sí mismo. Se preguntó si era temprano o tarde para tocar su guitarra. En ese momento se levantó sobresaltado. Escudriñó toda la estancia buscando a su preciosa. Cuando la encontró sintió como un enorme peso salió de él.

Fue flotando hasta una esquina, donde su Hacha-Guitarra posaba. Se veía muy limpia a pesar de que había salido de un desierto, había luchado y no lo había limpiado ni pulido.

Su estómago rugió. Tenía tanta hambre que hasta se le quitó las ganas de ejecutar la guitarra. Puso la guitarra en sus hombros y salió flotando de la habitación.

Cuando llegó al comedor, se encontró con las miradas de todos. Sus amigos y la Tía Zuzan estaban sentados, disfrutando de un rico desayuno. ¿Era desayuno? Marshall no estaba seguro de la hora.

Entró en la cocina suspirando. Cuando pasó cerca de Finn arqueó una ceja. Fionna estaba al lado de él. Estaban muy cercas el uno al lado del otro, casi pegados. Eso le disgustaba, pero estaba muy exhausto para pelear.

-¿Qué hora es?- preguntó el vampiro.

-No lo sé…. Las ocho de la mañana… ¿tal vez?- Finn arqueó una ceja al ver el cuello de Marshall- ¿qué tienes en el cuello?

Marshall suspiró y decidió evitar la pregunta.

-Has dormido mucho jovencito- dijo la anciana.

-Lo sé. Debía recuperarme- contestó rascándose la cabeza. Notó que Finn lo miraba fijamente, pero siguió ignorándole.

-De hecho, ésta vez durmió menos- dijo Fionna riendo- habitualmente duerme una semana.

-Y ésta vez estoy más cansado- dijo tomando asiento.

Finn seguía mirándolo fijamente, cosa que irritó a Marshall.

-¿Qué quieres?- preguntó levemente cansado al humano.

-Está muy hinchado- dijo tocando con una cuchara la quemadura del vampiro.

Fionna tuvo que retener una carcajada con la mano y Marshall tuvo que aguantarse las ganas de pegar a Finn.

-Como sea. Desayunemos antes que se nos haga tarde- dijo la abuela sonriendo.

-¿Y el chicloso?- preguntó el vampiro.

En ese momento, la puerta de la cocina se abrió estrepitosamente.

Gumbal entró completamente cambiado. Se le notaba el cansancio en todo su ser. Un par de ojeras crecieron de sobremanera en las bolsas de sus ojos. Tenía el pelo totalmente despeinado, eso era mucho viniendo del "rey de la moda". Un mechón rebelde de pelo tapaba su ojo izquierdo. Llevaba puesto una remera negra totalmente arrugada y manchada en el pecho por café. Cargaba varios libros en sus brazos y la cafetera encima de ellas, vacía.

Todos lo miraron sorprendidos. Fionna abrió la boca hasta no poder más. Nunca imaginó verlo así. Finn comenzó a reírse de él junto a Marshall y la abuela Zuzan le sacó una foto con su YouPhone.

Gumbal se acercó a la mesa y tiró los libros a la mesa. La cafetera se deslizó y cayó a la mesa, afortunadamente no se rompió. Gumball los miró a todos con sus ojos llenos de una mezcla de cansancio y demencia.

-Gumbal, viejo- dijo Finn aguantando la risa- deberías dejar el café.

Gumball apartó una silla y se desplomó en ella, como si él fuera un muñeco de trapo.

-No pude dormir- dijo tapándose los ojos en forma dramática-. Me pasé la noche descifrando el mapa.

Marshall agarró una taza y se sirvió Capuchino.

-Y bien, ¿lo descifraste?

-No.- contestó el príncipe seriamente.

Marshall escupió el Capuchino que acabó de beber. Miró detenidamente a Gumball, arqueando una ceja.

-Gumball el niño genio, ¿no pudo descifrar un mísero mapa?

Finn se cruzó de brazos, luego asintió con la cabeza.

-Sep, el café te está afectando.

Gumbal se encogió de hombros, avergonzado. Alzó la cabeza y miró a Fionna, la cual lo miró extrañado, preguntándole, ¿Estás bien?

-No es un mísero mapa- dijo agarrando el mapa-. Es un mapa muy viejo, deduzco que de hace 3000 años.

Casi todos lo miraron detenidamente, pero por una extraña razón Zuzan solo se limitó a agarrar su taza y darle un largo sorbo.

-Como tenía varias letras, símbolos e imágenes desconocidas para mí, tarde varias horas investigando en otros libros- desplegó una parte del mapa. Todos se acercaron para verla-. Todo, inclusive las crestas de las montañas señalada en el mapa ha desaparecido. Creo que o han desaparecido o se han mezclado con el ambiente en el pasar de los años.

Marshall lo meditó por un momento.

-Entonces todo por lo que pasamos fue en vano.

-No.- contestó Finn seriamente- Ése mapa puede ser viejo, pero la Ciudad de los Magos es igual o más vieja.

-¿Qué quieres decir?- preguntó el vampiro confundido.

-El mapa es de hace 3000 años. La Ciudad de los Magos nació hace 4000 años. Por ende ése mapa tiene la ubicación exacta la ciudad.

-Eso es cierto- apoyó la Tía Zuzan.

Fionna miró impresionada al humano.

-¿Cómo…?

-… ¿cómo lo sé? Soy un mago- contestó Finn sonriendo-. He escuchado varias leyendas de la ciudad, pero creí que solo era una leyenda.

Marshall estudió el mapa, luego apretó los dientes.

-Yo solo he vivido 210 años. No sé orientarme por el mapa.

-Tal vez si buscamos en otros libros, encontraremos una solución- propuso Fionna.

-No. Es imposible- contestó el príncipe seriamente.

Zuzan arqueó una ceja, dejando a un lado su taza de Té verde.

Gumbal se dirigió a ella.

-Recuerdas que me dijiste que l "imposible" está en la mente.

-¿Sí…? Fue hoy en la madrugada.

-Bueno. Te equivocaste. El mapa está en una lengua muerta.

Todos volvieron a mirarlo. Confundidos.

¿Lengua muerta? Pensó Marshall. Tenía sentido si lo pensaba. 3000 años es mucho. Varias civilizaciones han desaparecido, junto a ellas sus lenguas, costumbres, jergas y vestimenta.

Zuzan sonrió.

-¿Estás seguro?- preguntó, dándole otro sorbo a su Té- porque yo tengo una posible solución.

… … … …

Cuando Fionna escuchó una posible solución, pensó en varias cosas: un libro de hace 3000 años. Buscar mapas para compararlas. Usar un OpenStreetMapp. Pensó en todo menos… en una tienda de música.

Salieron del Restaurant de la Tía Zuzan siguieron con entusiasmo a Zuzan, pero a Fionna se le fue todo el entusiasmo al ver la tienda.

La tienda (la misma que vio Marshall en el capítulo anterior) eran bastante grande. Tenía un enorme letrero de un duende verde, que sacaba la lengua mostrando sus colmillos y con una guitarra eléctrica rojaen una mano. Con la otra hacía un signo roquero. Los tejados de la tienda eran rojas, las paredes pintadas en un color blanquecino. Había dos ventanas enormes posicionadas en frente, exhibiendo varios instrumentos musicales. Arriba de las ventanas ponía: Gobblin&music.

¿Los duendes saben ejecutar música?, se preguntó Fionna. Nunca había visto un concierto de duendes. Tal vez sabían tocar, o tal vez su definición de música era distinta a la de ellos.

Los ojos de Marshall se iluminaron al ver la tienda.

-Creo que ese mapa si valió la pena.

-No vinimos de compras, Marshall- dijo Gumball seriamente.

-Cállate y déjame ser- contestó el vampiro metiendo sus manos en los bolsillos de su jeans.

-Cállense los dos y entremos- dijo Finn haciéndolos callar.

Fionna se rió. Era la primera vez que veía a Marshall tan emocionado por algo. Normalmente era el chico malo, sin sentimientos que solo piensa en rock y pelear. Ahora al ver la tienda parecía un niño en una tienda de juguetes.

-¡¿Qué dijiste?!- preguntaron el príncipe y el vampiro al mismo tiempo, enseñando los puños.

-¡Qué se callen!- ordenó Finn también enseñando los puños.

-¡Ya paren!- ordenó la anciana, golpeando a los tres con su bastón.

De un momento a otro, los tres chicos terminaron en el suelo, con un chinchón cada uno humeando.

Fionna se alejó un poco de ellos. Admirando la determinación de la Tía zuzan. Podía dar un poco de miedo de vez en cuando, pero aún así era asombrosa para tener Ciento y Treinta años.

La anciana hizo un ademan para que la siguieran.

Al entrar a la tienda Fionna se sorprendió. Por fuera se veía enorme, pero por dentro era chica y poco espaciosa, cosa que carecía de sentido. Varios instrumentos musicales flotaban en el techo, como si fueran sostenidas por hilos. Varias partituras se encontraban sostenidas por sus atriles, los cuales estaban esparcidos en hileras por toda la tienda. Cada partitura tenía impresas músicas extraordinarias: una tenía la de Beethoven. Otra la de Mozart. También estaba el Himno de la Alegría. El mostrador de la recepción estaba colocado en una esquina.

Marshall se movía de aquí a allá mirando, tocando y oliendo los instrumentos musicales- sí, oliendo, así de raro-. Finn agarró una Guitarra Eléctrica y comenzó a tocar algunas cuerdas al azar. Gumball miraba seriamente un Bajo Eléctrico, estudiando su composición.

Fionna se acercó a una partitura. Era muy distintas a las demás: sus hojas eran de un color Herrumbre. Las composiciones musicales eran muy distintas, casi irreconocibles e inclusive su atril era de un color y forma distinta. Se encorvaba como un signo de interrogación, era de color verde musgo.

-¡No lo toques!

Fionna se sobresaltó al escuchar que alguien le gritaba. El grito provenía de atrás, así que la humana se volvió. Del mostrador un sujeto apareció.

Fionna se preguntó cómo aquél duendecito pudo aparecer del mostrador. Hace segundos nadie estaba allí, pero cuando ella se distrajo, aquél sujeto apareció como por arte de magia. No había ninguna puerta detrás de él, así que era imposible que entrara por la pared.

Miró a sus amigos. Por la expresión de asombro en sus rostros, supuso que ni ellos lo habían visto.

El duende medía como un metro cuarenta. Era bastante alto para ser un duende. Su piel era de un color grisácea. Sus extremidades superiores e inferiores estaban marcadas. Llevaba puesto una remera negra algo ajustada y encima un delantal rojo que ponía Gobblin&Music. Unos jeans andrajosos. Su pelo era de color azabache y estaba sujeto con unas cuerdas de guitarra, creándole una cola de caballo.

-Aléjate… de la partitura.

Fionna sonrió algo nerviosa, luego retrocedió rápidamente.

El duendecillo suspiró aliviado.

-Tranquilo viejo- dijo Finn levantando las manos- . Es solo una partitura.

El duende se sobresaltó.

-¡En eso te equivocas. Es más que una partitura!

-Eso es cierto- apoyó Gumbal-. Es de un color Herrumbre horrible.

-Eso es para que los demás lo diferencien DUH- dijo como si fuera obvio.

-¿Qué es exactamente?- preguntó Fionna examinándolo.

-Es una trampa para los Zang- contestó el duende.

Fionna no le gustó para nada como pronunció la palabra Zang aquél duende. Lo pronunció con asco, temor y deshonra, como si fuera un tabú.

-¿Zang? Creo haber escuchado ésa palabra antes- dijo Finn meditando.

-Los Zang es una familia de Caza Recompensas- contestó Marshall.

Fionna arqueó una ceja.

-¿Y ser Caza Recompensas qué tiene de malo?

-Nada.- contestó el duende- Siempre y cuando no seas como ellos.

-¿Como ellos?- repitió el humano.

-Los Zang deshonra a los Caza Recompensas. Nosotros trabajamos duro para obtener ésas recompensas, pero ellos hacen trampa estafando a los que solicitan ayuda, robándoles el dinero.

Fionna lo meditó un rato. Eso si estaba mal, ahora veía porque "Zang" lo pronunció como un tabú. Para los Caza Recompensas debe ser horrible. Arqueó la ceja de nuevo.

-¿Nosotros?

El duende sonrió, dejando ver sus colmillos.

-Soy un Caza Recompensa.

El duende miró seriamente a sus imitados. Luego miró a la Tía Zuzan, percatándose de su presencia.

-¿Amigos tuyo?- le preguntó.

-Así es- dijo sonriendo la tía- llévanos abajo. Debemos hablar con tu abuelo.

… … … …

Asombroso.

Para Finn eso simplemente era asombroso. Se encontraban en un especie de subterráneo. Habían descendido unos veinte o veinticinco pisos, entrando en un bar subterráneo.

El bar subterráneo era enorme y bastante espacioso. Las paredes estaban hechas de tierra natural. En el techo había varios fluorescentes que iluminaban la estancia. El piso estaba compuesto por piedra caliza y cobre.

Varias criaturas: duendes herreros. Lobos Cazadores. Cíclopes. Nacidos de la tierra, entre otros, se encontraban charlando, comiendo o bebiendo alcohol en varias mesas. Algunos coqueteaban con las camareras, las cuales eran hadas bastante crecidas. Parecía una fiesta animada.

Finn pensó que cuando todos estuvieran ebrios, empezarían a luchar y tal vez él se cole con ellos. Sería divertido.

Varias camareras iban y venían con paso apresurados. Con una bandeja circular llena de comida en una mano. Vestían con trajes de camareras bastante reveladoras que provocaba a todos los hombres.

Finn, Marshall y Gumbal se quedaban viendo a las camareras, sonrojados. Mientras que Fionna y la tía Zuzan negaban con la cabeza.

-Ese viejo verde- dijo Zuzan negando con la cabeza-, nunca cambiará.

Fionna agarró del brazo a Finn y continuó caminando, llevándolo a rastras. La anciana golpeó a Gumball y Marshall en la cabeza, dejándoles mareados, con espirales en los ojos y llevándolos también a rastras.

Continuaron caminando en línea recta. Esquivando mesas, sillas voladoras y comidas aladas, literalmente. Uno de los sujetos encantó un pollo frito. Este se levantó, comenzando a cacarear, saltó una mesa y fue volando por todo el lugar.

Finn notó que uno de los sujetos comenzó a afectarle el alcohol. Pues se subió en una mesa, comenzó a bailar al estilo escocés, solo con su ropa interior, mientras que sus amigos le apoyaban, aplaudiendo y riéndose de él. Sin dudas el alma de la fiesta o el más estúpido de la fiesta. Tal vez ambos.

Llegaron hasta donde estaba el Bar tender: era muy alto para un duende estándar. Su piel era de un color grisácea lápida. Sus extremidades superiores e inferiores estaban marcadas, pero tenía una barriga de cervecero. Su pelo era canoso y estaba cortado al rape. Su barba era también grisácea, solo que más tenue. Usaba una remera negra. Encima un delantal blanco que ponía "bese al Bar ténder y un pantalón de camuflaje.

Estaba de espaldas, haciendo un Martini. Finn se asombró por la velocidad en que el Bar ténder preparaba la bebida alcohólica.

-Abuelo- dijo el duendecillo-. Tenemos visitas.

El anciano giró y se sorprendió al verlos. Sobre todo al percatarse que la Tía Zuzan estaba allí. Algo confundido dejó el Martini por hacer en la mesa. Miró de reojo el alrededor y les sonrió.

-Zuzan- dijo el Bar ténder sonriendo.

-Shake- saludó la anciana, igual de sonriente.

Shake se fijó en los otros. Los estudió detenidamente, luego asintió.

-Se ven jóvenes y fuertes- Shake volvió a voltearse-, no son de por aquí. ¿Viajeros?

-Algo así- habló Finn.- Tenemos… cosas importantes que hacer.

Shake asintió, luego miró a su nieto.

-Rick. Hazme el favor de pasar las aceitunas.

El duendecillo se acercó a una pequeña nevera cerca de la tabla y sacó un frasco lleno de aceitunas de su interior.

-¿Te llamas Rick?- preguntó Marshall.

El duendecillo asintió.

-¿Tiene algo de malo?

-Lo que Marshall quiere decir…- apoyó Fionna- Es que jamás nos dijiste tu nombre.

Rick lo meditó un rato, luego asintió y se rió.

-Se me pasó.

-Y, ¿a qué se debe el milagro de que vengas a visitarme Zuzan? Creí que te habías retirado treinta años atrás.

-Solo he venido a hablar- contestó la anciana sentándose en un taburete.

Gumball estudió el lugar detenidamente. Luego miró a la Tía Zuzan.

-Eras una Caza Recompensas, ¿no?

Zuzan sonrió, luego agarró una de las aceitunas que trajo Rick y se la comió.

-Sep. En mis tiempos era una gran Caza Recompensas- se rió emocionada-. Ahora ya estoy vieja.

-¿Qué es este lugar exactamente?- preguntó Fionna mirando su entorno.

-Debe haber alguna razón para esconder un bar bajo la tierra- añadió Finn escudriñando su alrededor.

-Una muy buena razón- dijo Rick sonriendo, tomando también asiento.

-A.C.R- añadió la anciana.

-¿A.C.R?- preguntó Marshall.

-Asociación de Caza Recompensas- contestó Shake cruzándose de brazos.

Finn notó que un sujeto encapuchado se sentó cerca de ellos, a unos cinco taburetes, pero decidió no darle importancia.

-Entonces, ¿aquí se reúnen todos los Caza Recompensas de AAA?- preguntó Finn.

Shake sonrió, luego asintió animadamente.

-¡Qué buena pregunta! Sí, aquí se reúnen todos los Caza Recompensas. No solo de AAA, ¡sino del mundo entero!- levantó sus dos manos, enseñando el alrededor-. La A.C.R es un bar subterráneo construido hace eones. Hay rumores que cuentan que se fundó poco siglos después de la fundación de las tierras de AAA. Desde entonces, año tras años, los padres suceden el puesto de Bar ténder a sus hijos dentro de mi familia.

-¡La Familia Flegetonte!- añadió Rick.

-Flege…¿qué?- preguntó Finn.

-Flegetonte- corrigió Marshall- El Flegetonte es un río de fuego ubicado en le Tártaro. Es un río de fuego que beben los monstruos le permite sobrevivir a las torturas dentro de aquél foso infernal- el vampiro se quedó meditando un rato-. Pero es raro para ponerlo como apellido.

Shake se encogió de hombros.

-Era el único que quedaba libre dentro de las anotaciones de apellidos.

-Ah.

Eso lo explica todo. Cómo no se le ocurrió a Finn antes.

-Entonces aquí llegan todos los papeles de solicitudes- dijo Fionna mirando su alrededor de reojo-. Interesante, muy interesante.

-¡¿A que sí?!- dijo el anciano emocionado-. Ahora díganme, ¿de qué querían hablar?

La Tía Zuzan sacó de su bolso un mapa, luego se lo entregó al Bar ténder.

Shake cogió el mapa y lo desenrolló. Cuando lo leyó, abrió los ojos de par en par. Repasó el mapa como dos veces. Se rascó la cabeza confundido.

-Está en una lengua muerta- dijo con toda la seriedad del mundo.

La abuela Zuzan golpeó con su bastón la cabeza de Shake.

-¡Dime algo que no sepa!- lo regañó.

-¿Entonces qué quieres saber?- dijo friccionándose la cabeza.

-Quiero saber si el viejo Joey podrá descifrarlo.

Shake lo meditó por unos segundos.

-Suponiendo que pueden satisfacerlo… sí.

Finn arqueó una ceja.

-¿Viejo Joey?

-Es uno de los viejos veteranos perteneciente al clan de la Ciudad de los Magos- contestó Trecientos años.

Finn, Fionna, Marshall y Gumbal se quedaron con las bocas abiertas. ¿Trecientos años? ¡Era más viejo que Gumbal y Marshall!

-¡¿Cómo puede seguir viviendo tanto tiempo?- preguntó Fionna sobresaltada.

-Nadie lo sabe- dijo rumores de que él escapó de las garras de la muerte con ayuda de almas en pena. Otras de que es un Ciborg. Corren tantos rumores que nadie sabe cual es verdad o cual no.

-Si es cierto que tiene trecientos años- habló Gumbal pensativo-, vivió el tiempo suficiente para poder orientarse en el mapa.

-¡Podría guiarnos!- dijo Finn emocionado.

Ahora tenía sentido porqué la tía Zuzan los llevó a aquél lugar. En realidad esa anciana era asombrosa, aunque a veces deliraba, pero era asombrosa.

-Sí. De hecho, él fue uno de los fundadores de la Ciudad de Los Ladrones- dijo la anciana sonriendo.

-¡Mejor aún!- dijo Finn más emocionado.

-Pero…, hay un pequeño problema. De hecho tres.

Finn apretó los dientes, era muy bueno para ser verdad.

-¿Cuales?- preguntó.

-Primer problema- dijo Shake levantando un dedo-. No sabemos exactamente dónde está. Hay rumores que dicen que cambia de casa en casa.

Finn iba a hablar, pero Fionna lo hizo callar.

-Segundo problema- dijo levantando un segundo dedo-. Se dice que vive en el Bosque de los Duendes Herreros, pero ése bosque es sumamente peligroso. Dentro habitan criaturas sumamente venenosas, mortíferas y es un laberinto natural.

Genial, pensó Finn. ¿Cuantas criaturas mortíferas y laberintos había pasado?

-Tercero y último- dijo alzando un tercer dedo-. En el caso que lo encuentres, deben prepararle su comida favorita.

¿Comida favorita? ¿Era en serio? Finn no prepararía ninguna comida para un anciano moribundo que ni siquiera conoce… ¿o sí?

-¿Qué clase de comida?- preguntó Fionna.

Shake lo medito, luego levantó un cuarto dedo.

-Mejor dicho, cuatro problemas- dijo sonriendo- nadie sabe qué come.

Finn quedó con la boca abierta de par en par. Esta misión era imposible. Sabían casi nada de aquél viejo. Lo único seguro que sabían era el nombre del viejo, luego el resto se basa en rumores.

Apretó los dientes impotentemente.

-No tenemos de otra. Iremos a ése bosque.

-Pero…- dijo Fionna- no sabemos nada de ése bosque Finn, sería un acto suicida.

-Tenemos solo nueve meses antes de que el Lich despierte. No tenemos de otra.- La mirada de Finn era seria y decidida.

Fionna, Marshall y Gumbal se miraron unos a los otros. La tía Zuzan asintió sonriendo.

-Me gusta tu actitud niño- dijo agarrando su bastón-. Sabes lo que quieres y eso es bueno.

-Pero cómo encontraremos a ése sujeto- preguntó el vampiro.

-Yo puedo ayudarlos.

Finn se giró y vio a aquél sujeto encapuchado, que se acercó más a él. No sabía quien era, puesto que su rostro era tapado por la capucha, pero sabía que era una mujer, debido a su voz.

-¿Quién eres?- preguntó seriamente el humano.

La encapuchada dio un sorbo a su Martini, luego se levantó y sacó su capucha.

Finn abrió los ojos sorprendido al ver a la mujer: era una chica bastante linda, más o menos de su edad. Como un año menor. Su cabello lacio, color verdoso parecía hechas de hojas y le llegaba hasta sus hombros. Dos ramas sobresalían de su cabeza, formando unas astas. Su piel era de color verde limón. Tenía un increíble molde. Usaba una capa negra con capucha de color herrín. Una remera morada. Un pantalón apretado de camuflaje con unas botas negras que le llegaba hasta sus rodillas. Tenía su carcaj lleno de flechas y su arco sujetados a sus hombros. Tenía un antifaz negro al estilo bandido.

-¿Quién eres?- preguntó Finn levemente sonrojado.

La mujer se acercó a Finn y le acarició la mejilla.

-Me llamo Pipher- le guiño el ojo coquetamente- La Maga Cazadora.

Finn se sonrojó en el instante que aquella mujer acarició su mejilla. Sus mano era suave y delicada. Su perfume se olía desde lejos: era como oler pinos frescos y Gardenias.

-¿Estás bien?- preguntó Pipher agitando su mano frente al rostro del humano.

Finn sacudió su cabeza. Se había quedado mirándola como un idiota, por poco y no babeaba. Era realmente vergonzoso.

-Esto… sí- contestó rascándose la cabeza.

-Esto… sí- le imitó Marshall burlescamente.

Gumbal simplemente se rió y Finn se sonrojó.

-Cállate- dijo escondiendo su boca con la solapa de su remera.

Fionna se quedó mirando a Finn, levemente celosa… ¿celosa? Fionna sacudió la cabeza. ¿Por qué estaría celosa?

-Eres una Caza Recompensa, ¿no?- preguntó Fionna, mirándola recelosa.

Pipher se sentó en un taburete, luego cruzó las piernas. Agarró una aceituna del frasco y se la metió a la boca.

-Atinaste preciosa- chupó su dedo, el cual tenía un poco del jugo de la aceituna-.Y ustedes necesitan mi ayuda.

-¿Ayuda…?- Fionna entornó los ojos-. ¿Por qué necesitamos tu ayuda…?

-¿No es obvio?- dijo recostando su cara en su mano-, no van a sobrevivir sin un guía por esos lares, y yo, conozco perfectamente el bosque.

Shake se cruzó de brazos. Finn notó que el Bar ténder no se fiaba tanto de ella. ¿Por qué será?

-Zuzan…

La anciana sonrió.

-¿Cuánto es tu precio?

-Pero… ¡Zuzan!- dijo Shake sobresaltado.

La Maga Cazadora sonrió.

-No es mucho, solo 30.000.000 de Rupias- dijo sonriendo.

Gumbal sonrió, luego comenzó a calcular.

-Eso puede arreglarse- dijo cruzándose de brazos.

-Entonces está todo decidido- dijo levantándose-. Partiremos dentro de…

-Finn- dijo Shake seriamente-. Tengo que hablar contigo y con Rick.

Todos lo miraron confundidos. Salió de la barra y se alejó un poco, acompañado de su nieto Rick. Finn no entendía por qué lo llamó, pero decidió seguirlo.

Llegaron hasta una mesa completamente vacía. A unas cuantas mesas de distancia de Fionna y los demás. Finn notó que desde allí era una distancia prudente, lejos de los oídos de los demás. Esa seria una conversación seria.

-¿Qué sucede viejo?- preguntó el humano.

Shake s cruzó de brazos.

-¿Confías en ésa chica?

Finn arqueó las cejas.

-¿Qué quieres decir?

Rick se aclaró la garganta. A Finn todo esto le parecía muy extraño.

-Pipher, es una mujer poco confiable- prosiguió Rick-. Ha muchos le ha estafado, guiándoles erróneamente. No estoy seguro que conozca el bosque como ella dice.

-Si confían en ella, es posible que estés cometiendo un error- dijo seriamente el Bar ténder.

A Finn no le gustó para nada el tono de seriedad de Shake. Hablaba como si Pipher fuera una aberración.

-Eres el líder del equipo, ¿no? Debes tomar decisiones sabias- volvió a hablar.

Finn abrió los ojos de par en par. ¿Lo llamó líder? Finn no estaba seguro si él era el líder, ni siquiera se consideraba como tal. Miró a sus amigos, los cuales lo veían detenidamente. Se preguntó si ellos lo veían así, como el líder del equipo. Suspiró hondamente.

-Dejaré que Pipher nos guíe- dijo seriamente-. No me parece una embustera. ¿Acaso les engañó a ustedes?

Shake arqueó una ceja.

-No, pero tengo mis razones.

-¿Cuáles?- preguntó el humano.

-Lo descubrirás a su tiempo- volvió a hablar con aquél tono serio-. Solo te digo que estás cometiendo un grave error.

-La tía Zuzan confía en ella, igual que yo.- Sonrió determinadamente- Es mi decisión como líder.

Rick suspiró, luego miró seriamente a Finn.

-Si ésa es tu última palabra, al menos déjame ir con ustedes.

Shake abrió los ojos de par en par, como si le sorprendiera las palabras de su nieto.

-Nunca has salido del pueblo, ni siquiera cuando eras un niño. ¿Sabes lo peligroso que es ése bosque?

-Abuelo, ya no soy un niño- dijo Rick seriamente-. Sé cuidarme solo.

-¡Tienes solo noventa y dos años!- dijo el Bar ténder sobresaltado-, me rehúso.

Finn silbó sorprendido.

-Sep, todo un crío.

-Abuelo…- dijo suplicando- déjame ir.

-Déjalo Shake- dijo el humano abrazando por los hombros al duendecillo-. Podría sernos de ayuda.

El anciano lo meditó por unos segundos, luego asintió.

-Además, podría vigilarla- dijo-, está bien, puedes ir.

Rick apretó el puño, victorioso.

Terminaron la reunión allí y se dirigieron junto a los otros.

-Rick nos acompañará- dijo señalando con el dedo pulgar al duende.

Piher resopló aburrida.

-Por fin terminaron- dijo sonriendo-. No hay problema.

-Bien, entonces, guíanos muñeca- dijo Finn sonriéndole.

Pipher se acercó a él y le agarró del brazo.

-Será un placer- dijo devolviéndole la sonrisa-. Bien, partiremos dentro de dos horas.

… … … …

Fionna no podía creerlo.

Esa mujer había llegado de la nada, se había ofrecido para guiarlos en el Bosque de los Duendes Herreros y todos confiaban en ella. Sabían prácticamente nada acerca de Pipher.

Habían salido del bar subterráneo hace media hora y pasaron las últimas horas comprando suministros para el viaje: armas, comida, ropa. Fionna no sabía exactamente porqué necesitaban todo eso. ¿Tardarían más de un día en aquél bosque?

Lo que le molestaba era la confianza con que le trataba Pipher a Finn y viceversa. La Caza Recompensa iba de aquí a allá, abrazándose del brazo de Finn, conversando y riendo.

Fionna apretó los dientes.

-¿Celosa?- preguntó Zuzan.

La humana se sobresaltó al verla. Apareció de la nada a su lado. Con una bolsa de supermercado llena de… ¿pilas?

-¿Y eso?- preguntó la mujer señalando la bolsa.

Zuzan miró dónde señalaba, luego sonrió.

-Un pequeño experimento- contestó sacudiendo las pilas-. No me cambies de tema.

Fionna apretó los labios, luego bajó la cabeza cohibida.

-No estoy celosa- dijo jugando con sus dedos-, solo me parece extraños que hablen tan familiarmente.

La anciana sonrió pícaramente. Los celos de la humana se notaba a leguas.

-Si tu lo dices- se encogió de hombros-. Solo no lo pierdas.

Luego se retiró silbando. Fionna volvió a mirar a Finn. Pipher ya no estaba con él. Ahora se encontraba estudiando unos Duraznos enlatados.

Se acercó a él con paso decidido.

-Veo que los Duraznos enlatados te llaman la atención.

El humano la miró, luego sonrió.

-Siempre me han gustado. Recuerdo que de niño no paraba de comérmelos como postre.

Fionna hizo un mohín. Algo tierno desde el punto de vista de Finn.

-Que postre más extraño- dijo riendo.

Pipher se acercó con una enorme lista en su mano. La lista era tan larga que incluso tocaba el piso.

-Creo que ya tenemos todo listo- dijo soltando la lista.

Fionna se sorprendió al ver que en vez de que la lista caya al suelo, quedó flotando. Era una lista mágica, después de todo, Pipher era una Maga Cazadora. No iba a tener ese título si no podía usar magia.

-Eso quiere decir que ya podemos irnos, ¿no?- preguntó el humano.

Pipher se abrazó nuevamente a su brazo, luego le guiñó el ojo.

-Cuanto antes mejor.

Fionna hizo una mueca, luego desvió la mirada. Eso no pasó desapercibido por la Maga Cazadora.

-Fu fu- dijo riéndose-. Ya veo.

-¿Qué?- preguntó Finn.

-Nada, nada- Pipher negó con las manos-, será mejor que partamos.

En ese momento, los otros aparecieron.

Marshall tenía una bolsa de supermercado llena de alimentos rojos: carne. Cupcakes de frutilla e incluso un Brownie rosa. ¿Existía eso? Marshall se alimentaba del color rojo. De un extraño modo solo absorbía el color, dejando los emparedados de un color gris deprimente.

Gumball en cambio, tenía su bolsa repleta de diversas cosas: un montón de paquetes de tornillos se encontraba más abajo, aplastado por varios destornilladores. Luego le seguía un montón de chicles variopintos, algunos eran agrios, otros extremadamente dulces. En la parte de arriba, rebosando la caja había aceite de oliva. Quién sabe para qué quería eso.

Rick por su parte, no llevó muchas cosas: unas cuerdas de vinilo se encontraba enrollada, eran gruesas y se veían bastante pesadas. Encima un par de discos de vinilo-¿se seguía vendiendo ésas cosas?- se encontraban encima de la cuerda.

Y la tía Zuzan, seguía con la bolsa cargada de pilas, solo que esta vez había como una docena más.

-¿También vendrás con nosotros Tía Zuzan?- preguntó Fionna.

-No, para nada- contestó la anciana negando con la mano-. Ya estoy vieja para ir de aventuras. Solo vine a comprar pilas.

-¿Para qué?- preguntó Marshall.

Los ojos de la anciana brillaron desquiciadamente. Fionna reconoció esos ojos, eran como los de Gumball cuando pensaba en un invento. Los ojos desquiciados de un inventor.

-Solo digamos…- dijo sonriendo- que he tenido una premonición.

Fionna tragó saliva. La última vez que tuvo una premoción, fue con Grace, hace unos días, y la premonición no fue exactamente… acojedora.

-¿Qué planeas inventar?- preguntó Gumball, con la misma mirada de "inventor".

O no pensó Fionna Esto no saldrá bien.

-Lo sabrán cuando regresen- dijo sonriendo-, si regresan…

Todos se quedaron callados. La anciana rió y salió de la tienda a carcajadas.

Pipher silbó, sorprendida por el comportamiento de la anciana.

-Linda abuelita- dijo Pipher.

Fionna se quedó meditando. No le gustaba cuando la tía Zuzan hablaba con ese tono. Cuando la conoció habló con ése mismo tono. Al principio pensó que era una vieja senil, después de todo tenía Ciento treinta años, pero luego su advertencia se hizo realidad y pasaron una tarde… interesante. Fionna prometió no volver a tomar a la ligera a las ancianas.

-Como sea- dijo Finn suspirando-. No le demos muchas vueltas a ése comentario. Lo mejor será irnos.

Nadie protestó.

Pagaron y salieron de la tienda. Pipher se adelantó. Se veía emocionada, pero luego se detuvo a medio camino.

-Esto… ¿cómo iremos al bosque?- preguntó-. El Bosque de los Duendes Herreros está a trescientos kilómetros de aquí.

Gumbal sonrió. Luego de su bolsillo sacó un control grisáceo.

-Déjame mostrarte a mi campeón- dijo agitando el control orgulloso.

Fionna sonrió. Gumbal amaba todos sus inventos, y no paraba de presumir de ellos. Esta vez estaba realmente orgulloso de este. Debía admitirlo, era un invento fascinante. El príncipe se lució esta vez.

Gumbal presionó un botón. Por un segundo no pasó nada.

-¿Se supone que debe pasar algo?- preguntó la Maga Cazadora.

Dicho eso. Arriba de Pipher se ensombreció. Pipher alzó la cabeza. Abrió los ojos de par en par al ver aquella cosa. Un buque de guerra gigantesco se alzaba encima de ella, tapando el sol.

El buque tenía unas enormes velas. Sus mástiles eran gruesos y bastante resistentes. Sus baos eran bastante anchos y estaban a una distancia considerable unas a las otras. Pipher se sintió impotente ante aquél buque de guerra.

Gumbal apretó otro botón y una escalera cayó cerca de la chica.

-Te doy la bienvenida al Argo I- dijo el chicloso sonriente, subiéndose a la escalera.

Pipher asintió, sorprendida.

-Saben cómo divertirse, chicos.

-Y eso que has visto cuando nos metemos en líos- dijo Marshall ascendiendo flotando, luego se acomodó, como si estuviera recostado en un sofá invisible en el aire-, eso es realmente divertido.

Fionna soltó una risita.

-Siempre y cuando no te quemes- dijo burlescamente.

Marshall tocó su cuello, que aún seguía rojizo pero menos hinchado.

-Calla.

Rick asintió, mirando asombrado el buque.

-¡Qué invento más genial!- dijo con brillos en los ojos- ¡Gumbal es genial!

Fionna sonrió. Rick es un Duende Herrero tanto como Caza Recompensa. Ver un barco tan asombroso como ése debía de asombrarlo de sobremanera.

-No lo digas tan fuerte- dijo Finn- no alces tanto el ego del afeminado.

-¡TARDE!- gritó Gumbal desde el buque.

-Mejor subamos- dijo Finn. Sus ojos brillaban con emoción-. Ya quiero conocer a ese viejo.

Todos sonrieron y subieron al barco.

A lo lejos, un hombre miraba a todos seriamente. El hombre era alto y fornido. Su piel era de color herrumbre. Llevaba una remera sin mangas color negra, que resaltaba su abdomen marcada. Unos tejanos color crema. De su cinturón colgaba una daga y una cornucopia. Su boca estaba tapada por un pañuelo negro. Usaba un sombrero de vaquero. Usaba unos lentes de sol a pesar de que no hacía mucho calor.

Ya sabes lo que tienes que hacer dijo una voz gruesa, proveniente de todos lados. No me falles, no le falles a la familia Zang.

Los ojos rojos del hombre brillaron a través de sus lentes de sol.

-No fallaré, Lord Lich…

Continuará…

¡Holaa! ¿Qué tal estáis? :)

He aquí un nuevo capítulo. Siento haberme tardado, tuve algunos problemas con mi interne. Un temporal muy fuerte azotó por acá y mi router se estropeó, pero todo está arreglado XD

Bueno, el Lich nunca se cansará de molestar a Finn jeje.

Oh, llamé Pipher a la Maga Cazadora porque no sabía su nombre jeje, pero ésta personaje me gusta mucho XD.

Bueno, nos leemos en la próxima entrega :D