Centripetal Force
Summary: Yuuri ayuda a Yurio con un proyecto y tiene una charla con Yakov. Victor reflexiona sobre su relación.
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Fic escrito por: braveten
Traducido por: Lilaluux
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Capítulo 10: Fuerza Centrípeta (Centripetal Force)
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—¿Qué clase de lección de vida se supone que nos enseñará este tonto proyecto de todos modos? —refunfuña Yurio, con sus manos metidas en los bolsillos mientras entra airadamente a la casa. Victor y Yuuri lo siguen detrás, tomados de las manos, Yuuri hace una mueca ante el tono de voz empleado por el rubio—. ¿Cuándo, en la vida, alguna vez alguien me dará un puñado de pajillas para que proteja un estúpido huevo?
—De todos modos —corrige Victor.
Yurio se detiene, girando sobre sus talones. —¿Qué?
Victor sonríe, gentil. —Dijiste de todos modos. De todos modos es un adverbio, no puede estar en plural. Así que es de todos modos, no de todos modos.
Hay una pausa.
Yuuri se aclara la garganta, aprieta la mano de Victor en una gentil advertencia. Yurio cierra los ojos por un breve segundo, como intentando calmarse a sí mismo, y luego continua caminando sin decir nada. Llegan al vestíbulo, Makkachin sale a recibirlos, y Yurio inmediatamente se dirige a la cocina y se sienta.
Hasta ahora, Yuuri ha estado en la casa de Yakov unas cuantas veces. Es acogedora, un muro de piedra gris a la izquierda con una chimenea empotrada y lujosos pisos alfombrados. La casa se encuentra a las afueras del campus, la rodea unos altos muros formados por setos. Hay un jardín en la parte de atrás en el que Makkachin juega de vez en cuando.
—Okay, entonces tenemos este pedazo de papel, estas pajillas —empieza Yurio, toqueteando los materiales esparcidos en la mesa. Gira su cabeza y ve que Yuuri todavía está de pie en el vestíbulo, incómodamente revoloteando cerca de Victor—. Ven aquí y ayúdame, Katsudon.
—¿Katsudon? ¿Cómo fue que ese apodo surgió? —susurra Victor.
Yuuri sonríe y sacude su cabeza, desechando el tema, antes de sentarse a la mesa. —¿Esto es todo lo que tienes?
Antes de que Yurio pueda responder, suena el timbre.
Yurio gruñe en voz alta. —Ese debe ser mi compañero.
—¿Compañero? —pregunta Victor, abriendo la puerta.
Un muchacho rubio con un cachito rojo en el pelo está en la puerta, saludando con entusiasmo a Victor antes de entrar a toda prisa hacia la cocina. Deja caer una mochila amarillo eléctrico sobre el suelo para después sonreírle a Yurio. —Hola, Yurio. Tengo algunas ideas para nuestro proyecto. Estaba pensando que… oh, hola —sus palabras se cortan de manera efectiva cuando percibe a Yuuri, quien le brinda un cortés asentimiento.
—Este es el novio de mi hermano —explica Yurio—. Es estudiante de física.
Lentamente pero sin lugar a dudas, el chico enloquece.
—Eres… ¿eres un estudiante de física?
Yuuri le echa un rápido vistazo a Victor, quien luce igual de confundido que él, y después regresa su mirada al compañero de Yurio. —Um, sí, soy un estudiante de física.
—Me llamo Minami y quiero ser un estudiante de física —explica Minami, señalándose a sí mismo, como si las palabras no fueran suficientemente obvias. Entonces, sus manos se precipitan hacia su mochila, y saca un archivador con papeles que se desbordan por un lado. Lo empuja hacia Yuuri—. ¡Mira!
Un poco aturdido por el entusiasmo del muchacho, Yuuri posa el archivador sobre la mesa y empieza a hojear las notas. Hay imágenes garabateadas a los lados, de diferentes conceptos y figuras, y él está mirando a Yuuri con expectación, como si esperara una reacción especifica. Yuuri no está seguro de cual reacción sea, así que se muestra impresionado, lo cual no es difícil dado que las notas de Minami están muy bien organizadas.
—Tengo diseños aquí —le dice Minami, pasando a otra página—. ¿Qué opinas?
Están…
Detallados.
Muy detallados.
—Se ven bien —dice en voz alta, entrecerrando los ojos para leer la fina letra—. Este tendrá una buena resistencia al aire. Un paracaídas hecho con hojas de papel es una buena idea.
Minami suelta un chillido, mira a Yurio como si esta fuera la mejor cosa que le ha sucedido en la vida. Victor, aparentemente se siente un poco fuera de lugar, sentado al lado de Yuuri y tirando de su silla más cerca de lo necesario. Su muslo se presiona contra el de Yuuri y Yuuri se entrega a la intimidad casual de todo eso, al tener a la persona que ama a su lado de esta manera.
—Muy bien, entonces tal vez ¿podríamos empezar por hacer un cono? —sugiere Yuuri.
Por un rato, Minami explica a más detalle sus diseños colocándolos todos juntos, Yuuri lo ayuda. Y Yurio y Victor simplemente observan. Al final, Yurio decide sacar su teléfono y navegar por las redes sociales mientras mastica y hace bolas con su chicle en lugar de ayudar. Pero a Minami no parece importarle. Cuando finalmente tienen un diseño que están listos para probar, Victor les entrega la caja con huevos que había comprado y Minami coloca uno dentro de una bolsa de papel antes de ponerlo en el dispositivo.
Mientras Minami se agacha en el piso con su teléfono para grabar en cámara lenta los resultados, Yuuri sube las escaleras y atrapa a Victor mirándolo. Hay una cálida sonrisa en su rostro mientras se apoya contra la pared, con las manos metidas dentro de sus bolsillos. Está usando su chaqueta con las letras de su fraternidad, y Yurio está parado cerca de él, observando la expresión de su hermano.
Yuuri se pregunta, brevemente, que es lo que él está pensando.
Luego, discretamente, deja caer el proyecto con el huevo, asegurándose que el balance sea uniforme cuando lo suelta.
Minami grita cuando el objeto golpea el suelo, pero Yuuri no puede saber si esa es una reacción positiva o negativa. Cautelosamente saca el huevo, luego sonríe y asiente. —¡El huevo está bien!
—Pero el cono se aplasto —señala Yurio, decepcionado.
—Haremos otro exactamente igual —dice Minami—. ¿Cierto Yuuri?
—Claro.
—Gracias por ayudarnos —agrega Minami mientras toma el huevo y regresa a la mesa de la cocina. Los otros tres lo siguen, sentándose en sus anteriores lugares—. Tengo planeado ser físico cuando crezca.
Yurio suelta un bufido. —¿Por qué querrías hacer eso?
La mirada matadora que Victor le da es inconfundible. Y, por un segundo, Yuuri cree que Yurio luce genuinamente arrepentido. Yuuri sonríe. —Puedo verlo… serías bueno en eso.
Minami se desmaya.
(Bueno, en realidad no se desmaya.)
(Pero está lo más humanamente posible cerca de un desmayo.)
—¿Tú… en verdad lo crees?
Yuuri, ligeramente incomodo, vuelve a asentir.
Minami se levanta de su silla y da la vuelta a la mesa para abrazar a Yuuri, fuerte. —¿Puedes ayudarnos con cada proyecto de física que tengamos a partir de ahora? Yurio, ¿Puedes ser mi compañero de proyectos a partir de ahora?
—Fuimos elegidos al azar —le recuerda Yurio. Luego, su dura personalidad flaquea—. Pero seguro, creo.
—Um, yo puedo ayudarlos —Yuuri añade—. Quizás no con cada proyecto, pero…
—Gracias —le dice Minami.
Y ahí está otra vez esa mirada en el rostro de Victor.
~•~ ~•~ ~•~
—¿Por qué me estabas mirando de esa manera? —pregunta Yuuri pocas horas después cuando ambos se encuentran en su habitación. Él está sentado en su escritorio y Victor está arrojándole bolitas de papel desde su cama. En este punto, Yuuri se ha cansado de todas las molestias de Victor–las bolitas no le afectan en lo más mínimo. Ocasionalmente le arroja una de regreso, pero en su mayoría, lo ignora—. Antes, cuando estábamos con Minami.
Victor parece saber de lo que él habla. —Sólo me gustó verte con él. Trabajando con él. Puede que Yurio no lo admita, pero a él también le empiezas a agradar. Y le agradas a Yakov. Él me habló de ti el otro día.
Yuuri se lame los labios. —¿Eso hizo?
En silencio, Victor se baja de la cama, parándose sobre sus pies. Se acerca a la silla de Yuuri y toma sus lentes, ajustándoselos. Luego, acaricia el cabello de Yuuri, apartándoselo de sus ojos y empujando unos cuantos mechones detrás de sus orejas. —Tu cabello está más largo —murmura, sin responder la pregunta.
—¿Debería cortarlo?
Victor se sienta a horcajadas sobre su regazo, apoyándose en la silla y presionando sus labios ligeramente contra los de Yuuri. Yuuri mantiene sus ojos abiertos, admirando los suaves y rosados labios de Victor, sus mejillas levemente enrojecidas, y se pregunta cómo es posible que haya tenido tanta suerte. Su mano se desliza bajo la chaqueta de Victor, tan sólo la delgada tela de la camisa se interpone entre ellos. Entonces, Victor lo besa adecuadamente. Tomando el labio inferior de Yuuri y degustándolo. Yuuri abre los labios, y Victor hace lo mismo, y es todo entrecortado, desordenado y caliente.
—No te lo cortes —le dice Victor.
Yuuri se ríe, apoyando su frente contra la de Victor. —¿Fue el beso tu elaborada forma de decírmelo?
—Me conoces bien —bromea—. Pero no, la verdad es que sólo quería besarte.
—¿Y eso por qué?
Victor desliza su mano por la camisa de Yuuri, empujando la tela fuera de su trayecto y trazando un patrón a través de su abdomen. —Porque te amo.
No importaba cuantas veces escuchara esas tres palabras, siempre se sentían surreales.
Se sienten tal cual serendipia, una sorpresa placentera que irónicamente había tomado forma a partir de las más desagradables maneras. Había tomado forma cuando Victor conoció a Yuuri en la fiesta de la fraternidad, cuando Victor golpeo a Yuuri por accidente mientras patinaba de camino a casa, cuando hubo la confusión de roommates y Yuuri terminó hospedado con el chico más popular del campus quien probablemente ni siquiera se molestaría en aprenderse su nombre.
(Pero la parte favorita de Yuuri de toda esta serendipia, a como él lo ha descubierto, no es la suerte… es lo inesperado.)
(Y eso es lo que Victor es.)
(Inesperado.)
Porque él no es el estereotípico chico de fraternidad, no, él es Victor, y es amable, y amoroso y gentil y molesto y real, y esa es la mejor parte de él, la realidad. Es diferente del chico por el cual Yuuri había tenido un crush durante su primer año en la universidad, pero es diferente en la mejor y más grande serendípica de las formas.
—Tendremos un partido de fútbol sin camiseta a las dos —murmura Victor contra sus labios—. ¿Quieres venir?
Yuuri frunce el ceño, saliendo de sus pensamientos. —¿Q-qué?
Victor se encoge de hombros de forma casual. —Fútbol sin camiseta. En el cual todos jugamos, pero sin ponernos la camiseta.
(Okay, quizás sí es un tanto estereotípico.)
(Yuuri lo ama de todas formas.)
—¿Estás seguro de que no es simple fútbol combinado con tus constantes ganas de verme sin una camiseta puesta? —se burla Yuuri. Desliza su mano por la parte inferior de la camisa de Victor y la tira hacia arriba. Victor le ayuda a quitarse la chaqueta, y luego le sigue la camisa, Yuuri gime agradecido.
Victor le besa en la comisura de su boca. —Eso… se siente como si estuvieras acusándome. No, realmente es un partido sin camiseta. Todos se la quitaran. Aunque, sólo hay una persona a la que quiero ver sin camiseta. Así que no estás del todo equivocado.
Yuuri rueda los ojos con afecto, las manos de Victor se mueven hacia el dobladillo de su camisa, agarrándolo, y sus ojos se encuentran con los de Yuuri, pidiéndole su aprobación. —Está bien, pero sólo porque yo voy a ganar.
—Oh, definitivamente no —Victor advierte—. Soy muy bueno en fútbol. Así que, si tú ganas, será sólo porque me hiciste trampa y/o distrajiste.
—¿Qué cuenta como distracción, entonces?
Piensa seriamente por un segundo. —Sonreír, hablar, reír, estar de pie, respirar, existir.
Yuuri gime y Victor lo besa otra vez, riendo. —Creo que será fácil ganar.
—También lo creo. Pero no me malentiendas… igual voy a intentar.
—Lo sé.
~•~ ~•~ ~•~
Es un poco injusto, el que Yuuri aparentemente sea bueno en todo.
Es bueno en ciencias y en matemáticas, pero también tiene un buen gusto y conocimiento en bellas artes. Es bueno en las competencias de vencidas, el patinaje y, evidentemente, en jugar al fútbol.
—¿Qué pasa, Nikiforov? —pregunta, la pelota se encuentra atrapada entre el césped y su talón. Está sin camiseta, con el pecho reluciente, y sudor sobre su frente. Su cabello está hecho hacia atrás, de la misma forma que lo tiene cuando patina. Está usando unos pantalones Adidas largos a los que tuvo que doblar en la parte de los tobillos.
Victor engulle, intentando encontrar las palabras.
Yuuri patea la pelota. El balón pasa entre las piernas de Victor y entra a la portería.
—¡CAÑO! —grita Christophe a todo pulmón, y los otros miembros de la fraternidad empiezan a vitorear. Mila y Sara también están allí, riendo por algo desconocido para los demás. Victor ve a Sara besar a Mila en los labios, y las mejillas de Mila se tornan del mismo color que su encendido cabello. Hace más o menos una semana habían anunciado oficialmente que estaban saliendo, y desde entonces, han sido más inseparables que nunca.
Yuuri recupera la pelota de la portería, sosteniéndola debajo del brazo, luego aparece detrás de Victor, susurrándole al oído. —¿Te he distraído?
—Tú sabes que lo haces —le acusa Victor, dándose la vuelta y mirándolo a los ojos—. Sabes exactamente lo que estás haciendo, ¿no es así? Solías no saberlo, pero ahora sí.
—No tengo idea de lo que hablas.
Pero él está sonriendo.
Una pequeña sonrisa, pero sonrisa a fin de cuentas.
(Malicioso, piensa Victor.)
Coloca el balón en medio del campo, y en un instante Phichit está regateando la pelota hacia la portería del equipo de Victor. Le pasa el balón a Yuuri y éste continua, un pase perfecto y fluido. Victor no debería haberse ofrecido para ser portero, piensa. No con Yuuri liderando la ofensiva del otro equipo.
Yuuri vuelve a anotar un gol, riendo sin aliento, y Victor no puede molestarse por eso, ni siquiera en lo más mínimo, porque Yuuri se ve tan hermoso de esa manera, vivaz y confiado, como si fuera el dueño del mundo. Victor se aclara la garganta. —Creo que tenemos que separar a Phichit de Yuuri.
Se escucha murmullos de acuerdo.
Rato después, Phichit y Yuuri se enfrentan, y en algún punto ambos se resbalan mientras luchan por la pelota, y se ríen mientras Phichit rueda sobre él, aterrizando sobre su espalda y mirando a las nubes con deleite en los ojos. Yuuri está agarrando su estómago, con los ojos cerrados. En el momento en que cualquiera de los dos deja de reír, comienzan de nuevo, como si se estuvieran alimentando de la alegría inequívoca del otro.
Sin embargo, cuando Yuuri se pone pie, hace una mueca al ver que está cubierto de barro. Comienza a limpiarse a sí mismo, pero sólo lo empeora. El barro se esparce por toda su espalda y sobre su pectoral izquierdo, cubriendo uno de sus pezones.
Victor obviamente, silba.
Confundido, Yuuri lo mira. —¿Acabas de silbarme?
Phichit empieza a mofarse. Yuuri se quita algo de barro de encima y se lo arroja a Victor, golpeándolo exitosamente en la pierna. Se cubre la boca con una de sus manos, sorprendido, como si realmente no hubiera esperado atinarle. Entonces, Phichit le arroja barro a Yuuri, y todo el infierno se desata.
Unos cuantos minutos después, todos en el campo están cubiertos de barro.
—Sólo digo, creo que sería más lógico para nosotros si tomamos un baño juntos —Victor coquetea desvergonzadamente mientras caminan de regreso a su dormitorio.
Yuuri le golpea el hombro. —Eres tan…
—¿Tan qué, Yuuri Katsuki? —le desafía—. Termina tu oración.
—Tan… no lo sé. Nunca he conocido a alguien como tú.
—¿Y eso es bueno o malo?
Yuuri se lame los labios, luego gruñe y se limpia la boca con el dorso de su mano cuando accidentalmente lame un poco de lodo. —Um, en realidad, ninguno de los dos. Es sólo un hecho. Tú eres único.
Llegan a su habitación y Victor abre la llave de la ducha. —No podemos quitarnos la ropa así nomás —dice Victor con pesar, mirando sus pantalones manchados de barro.
—Vamos a ponerlas en algo —sugiere Yuuri. Coge una bolsa de basura y luego se quita los pantalones y calcetines, colocándolos dentro. Victor hace lo mismo.
Por suerte, se habían limpiado los zapatos antes de entrar al edificio, por lo que no dejaron rastros de barro por ningún lado. Sus demás ropas, sin embargo, necesitarían tratamiento adicional. Ambos están de pie con sólo su ropa interior puesta. Victor mira a Yuuri con expectación. Yuuri coloca sus manos en sus caderas. —¿Qué tal si tú vas primero?
Victor se encoge de hombros y se quita sus boxers. Entra a la ducha, observando como trozos de barro caen dentro de la bañera. Yuuri también se quita el resto de sus ropas y lo sigue. Victor pasa sus dedos por el cabello de Yuuri y el barro de aquel lugar cae también junto con varios matojos de hierba.
—Estamos hecho un asco —comenta Yuuri, arrugando la nariz al ver el húmedo lodo que escapa por el drenaje.
—¿Es malo que todavía este excitado?
Yuuri se sonroja, pero entonces parece darse cuenta que ellos están, de hecho, desnudos en la ducha. Se lame los labios y busca los ojos de Victor, luego sacude la cabeza.
Victor sonríe.
Yuuri le devuelve la sonrisa.
Al instante siguiente, Yuuri es presionado contra la pared de la ducha.
Victor se resbala.
Pero no cae, estuvo a punto. Se las arregla para sostenerse de uno de los estantes que cuelgan en la pared. Los ojos de Yuuri se ensanchan y sus manos se lanzan para atraparlo, soportando el peso de Victor y tratando de ayudarlo a recuperar el equilibrio. —¿Estás bien?
—Esta ducha es demasiado pequeña —se queja Victor, pero al instante siguiente está besando a Yuuri una vez más, su experiencia cercana a la muerte es rápidamente olvidada a favor de los labios de Yuuri. Levanta una mano y busca a tiendas en el estante. Luego, toma la botella de shampoo de Yuuri. —¿Este?
Yuuri intenta quitárselo, pero Victor niega con la cabeza. —¿Me permites?
—Está bien, pero no dejes caer nada en mis ojos, o te mataré.
Victor suspira. —Siento que cada vez que intento crear un buen ambiente tú siempre añades algo como eso y lo arruinas todo —abre la botella y vierte algo de shampoo en su mano.
—¿Lavarme el cabello con shampoo es 'crear un buen ambiente'?
—Claro —se defiende—. ¿No lo encuentras romántico? Yo, pasando mis dedos por tus cabellos, tú, er, relajándote —hace espuma con el shampoo y empieza con su labor, comenzando por el frente y abriéndose paso hacia atrás. Yuuri se apoya contra la pared en una posición que probablemente no sea cómoda, cierra los ojos.
No dice nada por un momento—. Supongo que esto es un tanto romántico.
—Yuuri Katsuki, finalmente encantado por mí. Vaya milagro.
—Siempre he estado encantado por ti.
—¿Es eso cierto? ¿Desde el principio?
Yuuri inclina su cabeza hacia delante para darle un mejor ángulo. —Pues, deberías saberlo a estas alturas. El efecto que tienes en la gente.
Victor no entiende del todo, pero tiene que admitir que sólo está escuchando a medias ya que la sensación del cabello de Yuuri y su cuerpo frente al suyo, con el agua golpeándolos a ambos, es una gran distracción. Se pregunta cuan racional sería sugerir el bañarse así, y sólo así, por el resto de sus vidas. O nunca tener que dejar la ducha, en general. —¿A qué te refieres? ¿Qué efecto?
—Eres carismático —señala Yuuri—. Le gustas a todo el mundo
—Tú le gustas a todo el mundo —le recuerda Victor.
Yuuri no dice nada.
Victor deja de lavarle el pelo, lo voltea para que el agua le llegue. Pasa sus dedos a través de las hebras, sacándole la espuma restante. —¿Tienes acondicionador?
—Es un dos en uno, shampoo y acondicionador —dice, luego coge otra botella—. ¿Y este es tuyo? ¿Puedo devolverte el favor?
Deja que Yuuri le lave el cabello, a continuación, recuerda lo que habían estado hablando hace un momento. —¿Tú no crees que le gustas a todos?
—Sé que no le gusto a todos. No tengo el mismo encanto que tú tienes. Lo cual está bien.
—A mí me gustas —dice Victor, y ve los labios de Yuuri crisparse en una sonrisa—. Todos los de la fraternidad te aman. Le gustas a Mila y a Sara. Le gustas a Phichit. Le gustas a nuestros docentes. Aquel chico de la tienda de aquella vez, también le gustas. ¿La muchacha del cine? A ella le gustas un poco demasiado, en mi opinión…
—Es sólo que… no sé.
Victor permite que Yuuri le dé la vuelta para que el agua le caiga sobre el pelo, luego pasa sus dedos a través de hebras hasta quedar satisfecho, después, se pone a trabajar en el acondicionador. —Pues, yo sí lo sé. Y sé que le gustas a todo el mundo, ya que eres increíblemente encantador. Algunas veces demasiado encantador…
—¿Qué se supone que eso significa?
—Atraes atención no deseada a donde quiera que vamos —musita Victor, besándolo en el cuello—. No te culpo, tú no pudiste evitar el nacer con esas absurdas pestañas. Pero es la verdad a fin de cuentas.
Yuuri parpadea, y…
Victor acaba de usar sus pestañas como ejemplo, pero…
(Wow.)
—¿Mis pestañas? —pregunta.
—Engloba literalmente todo lo que posees. Combinado con tu personalidad, eres imparable. Pero a juzgar por la forma en que estabas actuando hoy en el campo de fútbol… pensé que ya lo habías descubierto.
Yuuri agacha su cabeza, tímido. —Yo… yo no sé lo que se me metió.
—Me gusta cuando te muestras confiado —le asegura Victor, levantándole el rostro—. Me gusta todo lo que haces. Me gustas.
—A veces me cuesta creerlo —admite Yuuri en voz baja—. Porque no veo… no consigo entenderlo… tú eres tan maravilloso.
Su voz se rompe.
—Oh, Yuuri, no, no, no —susurra Victor, tomándolo en sus brazos. El vapor impregna el aire, empañando el espejo al otro lado del baño—. Si tan sólo pudieras verlo… si tan sólo pudieras entenderlo… hoy, durante el partido, lo que yo sentí, al verte. Y al verte con Minami. Y… todo lo que haces. Eres tan envolvente, ¿lo sabes?
Yuuri gimotea, alejándose lo suficiente para verlo a los ojos. —Gracias. Perdón por… lamento hacer esto algunas veces. No era mi intención arruinar el ambiente…
—No, no, sólo estaba bromeando sobre eso —Victor asegura—. Eso ni siquiera me importa. Lo único que quiero es que seas honesto conmigo. Te amo.
—Yo te amo más —musita Yuuri.
—Quisiera intentar debatir contigo, pero tú ganarías.
Él ríe. —Ahora tenemos un desarrollo de personaje: finalmente admites que te ganaré en cualquier y cada una de nuestras competencias.
—Ese partido de fútbol ni siquiera cuenta como una competencia —se queja Victor a medias—. Me dieron una paliza. Tú y Phichit son un súper dúo.
—Estamos bien sincronizados.
—Lo he notado. Ahora, bésame otra vez.
Lo hace.
~•~ ~•~ ~•~
Un día, Yuuri está caminando a través del patio del campus cuando ve al señor Feltsman.
El señor Feltsman—no, esperen, él dijo que lo llamara Yakov—está saludándolo, haciéndole señas. Después de mirar alrededor unas cuantas veces para asegurarse que en verdad es a él a quien llama, se le aproxima, un tanto nervioso. Todas las veces que él ha interactuado con Yakov, Victor ha estado presente, actuando como intermediario. Pero esta vez sólo son Yuuri y Yakov.
Lo que está bien, se dice a sí mismo. Yakov es intimidante, cierto, pero Yuuri le gustaría pensar que de alguna manera se las ha arreglado para obtener de él su lado bueno.
—Hola Yuuri —le saluda y sonríe.
(La sonrisa no concuerda con su rostro. Es como si un robot pretendiera ser humano.)
Aun así, Yuuri le devuelve la sonrisa, regañándose por el grosero pensamiento. —Hola, um, Yakov —el nombre no se ajusta muy bien en la boca de Yuuri.
—¿Estás yendo a clases?
Engulle, rascándose la nuca. —No, sólo estaba camino de regreso a mi dormitorio.
—¿Victor está allá?
Yuuri no sabe a dónde quiere ir él con todo eso. Asiente.
Yakov se acomoda el sombrero. —¿Caminarías conmigo?
Yuuri camina con él, y un amigable silencio se posa entre ellos. El campus es hermoso. Algunas veces lo olvida, dado que ya se ha acostumbrado a él. Preciosos arboles de maple se alinean a un lado del camino, y en ocasiones las hojas salen volando, flotando por el aire antes de golpear suavemente el suelo. Yuuri se muerde el labio, mirando el panorama. El frío azota el día de hoy, así que mantiene sus manos enterradas dentro de sus bolsillos.
—Yuuri, quisiera darte las gracias.
Oh.
Okay.
Se toma su momento antes de responder, procurando seriamente no balbucear algo estúpido. —Um, está bien, pero ¿darme las gracias por qué exactamente?
—Vitya parece más feliz, desde que te conoció.
—Oh —dice en voz baja, luego repite la silaba un poco más alto—. Eso es, um… bueno.
Yakov suspira. —Tú no sabes esto, porque en ese entonces no lo conocías, pero él era diferente. La misma persona, obviamente, pero diferente. Él estaba dividido… creo que esa es la mejor palabra para definirlo, creo. Dividía sus emociones.
—Dividido —repite Yuuri lentamente—. Algo así como… —deja que su voz se apague, esperando que Yakov continúe.
—No era tan expresivo —añade—. Era difícil saber lo que estaba pensando. Se mostraba feliz, claro, sonreía y reía, pero cuando él creía que nadie estaba mirando, estaba esa mirada en blanco en su rostro. Como si siempre estuviera esperando algo —entonces, Yakov se voltea y lo mira—. Sabes Yuuri… creo que él siempre estuvo esperando por ti, sólo que entonces no lo sabía.
El comentario lo deja sin saber que decir.
Continúa caminando, pero su mente abandona su cuerpo, poniéndolo en modo automático. —Yo… yo no sé qué decir.
—No tienes que decir nada. No creo que él alguna vez nos vaya a contar a ti o a mí por lo que estaba pasando por aquel entonces. Pero, de todas formas, esa es su historia, él decide contarla o no. Sólo deberías saber que lo has impactado. Y que yo estoy muy agradecido por eso.
Yuuri inhala profundamente. —Él me impacto de la misma manera.
—Me alegra escucharlo. Bueno, será mejor que regreses a tu habitación. Y por mi parte será mejor que regrese al trabajo.
—De acuerdo, fue bueno hablar contigo. Gracias por contarme sobre… eso —sonríe Yuuri, y Yakov le da una peculiar sonrisa de regreso.
Comienza a caminar hacia al complejo de dormitorios otra vez.
—Espera, Yuuri. Una cosa más.
—¿Oh?
Yakov le da un abrazo.
Se siente como un abrazo de parte de alguien que no está seguro de lo que es abrazar.
Pero Yuuri le devuelve el abrazo, aunque un poco desencajado por la repentina acción.
—Gracias. En serio, muchas gracias —dice Yakov, y es lo más cercana a una emoción que jamás haya expresado su voz. Aparte de la ira, claro.
Yuuri no dice nada. Un segundo después, Yakov lo deja ir, y parten por sus respectivos caminos, Yuuri emprende su camino de regreso al dormitorio inmerso en una neblina. Cuando ve a Victor dormido en su cama, con un libro sobre su pecho, trata de imaginárselo diferente, de la forma en que Yakov lo había descrito. Con una mirada diferente cuando creía que otras personas no podían verlo.
Yuuri se trepa a la cama, quita el libro del pecho de su novio y se acuesta allí en su lugar, envolviendo sus brazos alrededor de su torso. Victor inconscientemente desliza un brazo alrededor de él, acercándolo hacia sí, Yuuri lo observa. Los rasgos de su rostro son suaves cuando duerme. Luce pacifico, dichoso. El ver el aire entrar y salir de sus labios le recuerdan a Yuuri al péndulo de Newton—uno sabe lo que sucederá, pero se queda viendo de todas formas, porque lo que ve es un milagro.
Entonces, sin embargo, el teléfono de Yuuri vibra en su bolsillo y Victor subsecuentemente comienza a despertar, sus ojos parpadean hasta abrirse. —Yuuri —dice, y una sonrisa florece.
—Lo siento —dice, tomando su teléfono y apagándolo—. No quería despertarte.
—Me alegra que lo hicieras —le asegura, besándolo. Un segundo después, sin embargo, sus ojos se cierran y su cabeza vuelve a reposarse en la almohada—. Pero estoy tan cansado… —traga, sus cejas se contraen como si estuviera concentrando toda su energía en tratar de recordar lo que estaba a punto de decir—. Muy cansado.
—Está bien —le dice—. Te dejaré dormir.
Se mueve para levantarse, pero Victor lo agarra del brazo. —Quédate.
No puede negarse a su petición, tampoco quiere hacerlo de todas formas.
Victor se acurruca contra él más apropiadamente esta vez, abrazándolo de cucharita para que su pecho quede al ras de la espalda de Yuuri. Entierra su rostro en el cabello de Yuuri, respirando su esencia, y Yuuri cierra sus ojos, el calor de Victor y las mantas lo inducen a dormir también. —Eres adorable —le dice Victor.
Yuuri sonríe. —Tú también.
—Mmm.
No puede decir si eso es una confirmación o no, sea como sea, Yuuri comienza a notar las respiraciones acompasadas de Victor mientras cae dormido.
Excepto que, en ese momento escucha un susurro.
—¿Yuuri?
Yuuri voltea un poco su cabeza. —¿Sí?
—Buenas noches.
—Buenas noches.
—Te amo.
Yuuri tiene que recordarse a sí mismo respirar, su bulbo raquídeo se rinde y le deja la tarea a su mente consciente. —Yo también te amo.
~•~ ~•~ ~•~
—Ganamos en el proyecto de la caída del huevo —declara Yurio una semana después mientras se encuentran en Stammi Vicino.
Yuuri está en clases, así que no se encuentra allí para escuchar la noticia. Pero Victor le sonríe radiante, felicitándolo. Mila despeina su cabello y Yurio le gruñe, intentando arreglárselo con ambas manos. Otabek comienza a reírse y Yurio se sonroja furiosamente.
Otabek Altin es un estudiante que es amigo de Mila y Sara. Yurio tiene una admiración silenciosa por él, como lo ha notado Victor durante todo este tiempo. Él es un estudiante de ciencias de la computación, un tema por el cual Yurio ha estado sutilmente interesado desde hace años. Él le resta importancia al asunto diciendo que 'el hackeo es genial y eso es todo', pero Victor sabe que su interés por el tema es mucho más profundo que eso. Victor está orgulloso de su hermano.
(Por supuesto que su hermano lo mataría si lo dijera, pero que hacer, está orgulloso de todos modos.)
—¿Qué lenguaje de programación es ese? —pregunta Yurio.
Otabek lo mira fijamente, luego retorna a su computadora. —Python.
—¿Python? ¿Eso es similar a Java, cierto?
—En algunas formas. Con Java, ¿sabes cómo declarar variables? Con Python, no necesitas hacer eso.
Yurio frunce el ceño. —¿Qué quieres decir? ¿Cómo es eso posible?
Victor sonríe mientras ve a Yurio observar la pantalla de la computadora de Otabek, señalando diferentes cosillas, obviamente fascinado en lo que sea que hubiera en la pantalla. En algún punto, alza la vista, y ve a Victor mirándolo, y frunce el ceño, ofendido. Victor decide ocuparse de sus propios asuntos, bajando la mirada hacia su teléfono y revisando la hora. Yuuri saldrá de clases en media hora. Una media hora que se siente como una eternidad, ya que irán a buscar a Makkachin para dar un paseo, y él apenas puede esperar.
Victor se despide de todos mientras sale de la biblioteca. Deja caer su patineta sobre la acera, luego brinca sobre ella. Para su cumpleaños, Yuuri le compró un par de nuevos audífonos —irónico— así que se mete uno a la oreja y deja que la música suene. Con facilidad, sobre pasa a estudiantes que están tanto caminando, como en sus respectivas bicicletas.
Algunas personas lo saludan y él les devuelve el saludo, incluso si no los conoce.
Cuando encuentra a Yuuri, lo abraza, tal como lo hace todos los días. Ambos caminan tomados de las manos hacia la casa de Yakov para buscar a Makkachin y ponerle la correa. Cuando está listo, Makkachin tira de la correa todo el camino durante el trayecto al patio del campus, emocionado.
—Okay, Makka, no vayas muy lejos —murmura Yuuri, desatándole la correa.
Makkachin corre a toda velocidad para ir a saludar a algunos estudiantes, quienes le sonríen cuando lo ven. Victor aprieta la mano de Yuuri, observando. —Todas las mesas están ocupadas —señala Yuuri, mirando a su alrededor.
—Hace un lindo día —musita Victor, besándolo en la sien—. Esa es la razón.
Terminan sentándose sobre el borde de la fuente, Yuuri está sentado lo más cerca del regazo de Victor sin que parezca demasiado íntimo. Victor tiene ambos brazos alrededor de su cintura y mantiene su mentón apoyado sobre el hombro de Yuuri, viendo como un estudiante le arroja un palo a Makkachin y el caniche persigue el objeto a través de la hierba. El respirar de Yuuri es suave bajo sus manos, y los rayos del sol acentúan sus rasgos, haciéndolo, en opinión de Victor, aún más hermoso de lo habitual.
—¿Hey Victor? ¿Eres feliz?
Victor asiente. —¿Y tú? —pregunta.
—Lo soy.
—Eso es bueno.
—Sí.
Por un momento, ellos permanecen así.
Hasta que el reloj marca mediodía y las campanas sobre la biblioteca suenan, fuerte y prominente por todo el campus. Los estudiantes se giran y los miran, y les toma a ambos un segundo darse cuenta de lo que acaba de suceder. Hay un rumor en el campus —cualquier pareja que esté sentada en la fuente cuando suenen las campanas está destinada a casarse.
Victor está bien con eso.
Él acaricia el cuello de Yuuri. —¿Lo harás, entonces?
Yuuri está aturdido, mirando alrededor con nerviosismo. —¿Hacer que…?
—¿Te casarías conmigo? ¿Tal vez? ¿Un día?
Sus ojos se centran en los de Victor.
Victor se enfoca únicamente en él.
Por una vez, el mundo a su alrededor no importa.
Yuuri no le responde —no verbalmente.
(No necesita hacerlo.)
Porque su amor no es un juego, no es una superposición cuántica, no es una fuerza falsa, no es un idioma desconocido. No, es una silenciosa y sólida promesa, un intercambio entre ellos que nadie más podría esperar comprender. Es un vínculo que ni la lingüística ni la física ni ningún otro tema podría explicar.
Y Victor sabe que a Yuuri le gustan mucho las ciencias —los hechos irrefutables y concretos.
(Pero él parece estar bien con eso.)
Y eso hace a Victor más feliz que cualquier declaración de amor alguna vez lo haría.
~ Diez años después ~
Yuuri Katsuki
Wikipedia, la enciclopedia libre
Yuuri Katsuki (Katsuki Yuuri) (nacido el 29 de Noviembre de 1996 en Hasetsu, Prefectura de Saga, Kyushu, Japón) es un renombrado físico y ganador del premio Nobel de Física. En el 2024, realizó innumerables descubrimientos en relación a la encriptación y computación cuántica. Su más reciente trabajo está liado a la investigación de innovadoras interacciones entre los sistemas de atomos ultrafríos y escalas nanoscópica. Además de dar conferencias sobre temas de física y física aplicada, ha escrito dos libros, Reexaminando la Teoría de Cuerdas y Reexaminando la Interpretación de Copenhague. Además de sus propios experimentos e investigaciones, a menudo es solicitado para asesorar estructuras y proyectos científicos de otras instituciones. Su esposo, Victor Nikiforov, es un versado traductor y profesor lingüista. Nikiforov es responsable de la traducción de ambos libros de su esposo a una variedad de idiomas que abarca todo el mundo. El propio Nikiforov ha ganado el premio Leonard Bloomfield por sus propios logros en el campo de la lingüística. Juntos, tienen dos hijos. ¡Y un perro! ¡No se olviden del perro! Además de eso, Yuuri Katsuki es impresionantemente guapísimo, al igual que su esposo –cuál de los dos es más guapo es un constante y acalorado debate entre ellos.
Yuuri relee las tres últimas frases de su página de Wikipedia, parpadea unas cuantas veces para asegurarse de que no las ha leído mal. Entonces, sacude el hombro del hombre que yace a su lado en la cama. —Victor, ¿tú editaste mi página de Wikipedia?
—Me sorprende que no lo descubrieras antes —admite Victor despreocupadamente, estirando sus brazos.
—¿Cuánto hace que mi página dice todo aquello?
Victor se sienta, pone a Yuuri sobre su regazo y coloca una mano sobre la boca de su marido. —No te preocupes por eso, amor.
Yuuri le lame la mano. Victor no la retira, sólo se ríe. Yuuri la aparta para poder hablar. —Victor, no evadas mi pregunta. ¿Cuándo hiciste esas ediciones?
—¿Quieres pancakes? Sé que los niños dijeron que querían comer pancakes el día de hoy. Haré pancakes con chispas de chocolate, ¿Qué dices? —mueve a Yuuri de un lado a otro sobre su regazo, como si con eso lo convenciera—. ¿Yuuri?
—Dice eso desde hace mucho tiempo, ¿no es así?
Victor toma los lentes de Yuuri de la mesita de noche y se los coloca, encogiéndose anticipadamente ante su inminente reacción. —Um… ¿te tengo?
—Oh, por Dios, Victor, ¿te das cuenta que he tenido colegas que han…?
—Yuuri, Yuuri, no necesitas probarle a nadie que eres un genio. Yo lo sé, el mundo lo sabe. Ahora, hay un asunto más urgente. ¿Pancakes con chispas de chocolate? ¿Sí o no?
Yuuri cede. Se inclina hacia Victor, besándolo en la mejilla. —Pancakes con chispas de chocolate.
Victor lo levanta y sale de la cama, y Yuuri se ríe mientras envuelve sus brazos alrededor del cuello de Victor, tratando de no caer al suelo. —Pancakes con chispas de chocolate, para mi galardonado esposo físico.
—¿Alguna vez dejaras de sorprenderme? —bromea Yuuri, jugando con el cuello de la camisa de Victor.
—Espero que no. De lo contrario tendríamos que divorciarnos. Por lo tanto, necesito mantener mi espontaneidad. Y es por eso que… —deja a Yuuri sobre la mesa de la cocina, y abre un cajón—. ¡Compre una nueva espátula!
Yuuri se ríe mientras acaricia la cabeza de Makkachin. —Wow, muy espontáneo.
Victor frunce el ceño, se acerca a Yuuri y le da un golpecito en la cabeza con la nueva espátula. —¿Te estás burlando de mí?
—Siempre.
—Oh, Yuuri. Nunca cambies.
—Espero que no.
Hay una pausa.
Las burlas se disipan.
Ahí está esa expresión en el rostro de Victor, una que excede las emociones definidas, que excede el rango de la fonética y de las palabras escritas. Yuuri lo ve, algunas veces. De vez en cuando, como cuando él le canta a su hija para dormir o cuando llega a casa con los brazos llenos de víveres. Alguna que otra vez, él verá esa mirada. Y es la misma mirada que Victor le ha estado dando desde el momento en que se conocieron.
(Es la misma mirada del video.)
(Es la misma mirada que le dio en la fuente.)
—Espero que no —susurra Victor, como diciéndolo en serio, como si quisiera con desesperación que Yuuri entendiera. Yuuri no lo entiende, pero él cree, cree que tal vez, y sólo tal vez, está empezando a hacerlo—. Espero que no.
Fin
Y así concluye esta historia. Muchas gracias por haber leído, gracias a todos los que pusieron esta traducción entre sus favorites and follow. Pero sobre todo, gracias a aquellos que dejaron reviews. Sus palabras fue lo que más me gustó leer. Agradecimiento a braveten por su autorización para la traducción de esta bella historia. Todo el crédito es para ella.
Nos vemos en la actualización de 'All the world's a stage'
Lilaluux cambio y fuera!
