Capítulo 10: La noche del cazador.

Ora a tu Dios
abre tu corazón
hagas lo que hagas,

No temas a la oscuridad
cubre tus ojos
el demonio está adentro

Cuando Danielle Lightwood abrió los ojos en medio de la oscuridad, soltó un grito.

Había soñado que caía a los abismos sin rumbo, al reino de Edom, dónde los cazadores de sombras no regresaban para contar esa experiencia.

Danielle Lightwood se sujetó del primer fierro que encontró y se dio cuenta que estaba en medio de una jaula metálica en una caverna, miró hacia todos lados por encontrar una salida pero no pudo. Las rejas tenían runas que le impedían salir.

Santa mierda — Manifestó recostándose sobre el hierro frío. Había sido capturada en medio de un bar de hadas drogadictas sin haberse dado cuenta, y eso la decepcionaba de sí misma. Estaba segura que era obra de su propia hermana traicionera, que había mandado a capturarla.

Después del salvaje ataque de demonios a los terrenos de Idris, Isabelle y Simon Lewis huyeron del salón de los acuerdos dejando a ella, a su hermana y su cuñado a su suerte. Danielle aún no olvidaba el latigazo en la cara, que Isabelle le dio al pensar que ella era una traidora y por tentar a Simon por beber de su sangre.

Danielle no tenía intenciones de tentar a un vampiro, esa herida la tuvo casi de repente y en cuestión de segundos Simon casi la atacó, fue entonces cuando la horda de demonios llegó a matar miembros del consejo, incluyendo al Inquisidor Lightwood, el padre de Isabelle.

Mientras el Inquisidor moría, Danielle se mantuvo insconsiente por dos días luego del ataque y al despertar supo por boca de otro cazador de sombras que su propia hermana había generado todo esto.

Cuando quiso enfrentarla, supo entonces que ella estaba aliada con Amatis Graymark, la nefilim oscurecida seguidora de Sebastian y junto a ella, otros dos jóvenes nefilims. Uno que casi, Danielle ni recordaba y el otro que tenía aspecto de hada. Ese grupo amenazó a Evanna con matar a su novio, David James, si no hacía sus misiones.

De nada sirvió, Evanna se alió con ellos, y ellos mataron a David.

Así que Danielle estaba batallando sola, y durante meses intentó enviar mensajes de fuego para dar avisos de las actividades a La Clave, para que estuviera al tanto de los ataques. Sin embargo mientras enviaba uno que sucedió en Londres, un grupo de cazadores de sombras sobrevivientes a la Gran Guerra la capturó.

Y desde entonces que ha permanecido encerrada, por dos días.

Danielle comenzó a dibujar leves runas con sus dedos en la tierra de su celda, por lo visto esperaba su inminente muerte a manos de los oscurecidos, o quizás algunas hadas aliadas… o quizás la Reina Seelie sea tan cruel que queria que su propia hermana la asesine.

¿Dónde está? — La voz de la Reina de la corte se escuchó en todo la estructura metálica de la celda de prisioneros, otras hadas le dieron la entrada como realeza y ella seguida por Amatis Graymark caminaron a encontrarse con Danielle Lightwood.

Acá estoy perra asquerosa — Masculló Danielle contra la reja — ¿Qué es lo que quieres?

Qué cortés…

Vete a la mierda, Seelie. No estoy para tus estupideces de submundo insignificante, dime… ¿qué quieres?

Tú sabes dónde están. — Dijo la Reina de las hadas — Y no me mientas porque sé que lo sabes, los conociste…

No sé nada sobre los otros Lightwood. Me tienes a mí hermana y a mí, eso es suficiente. — Dijo Danielle mirando fijamente a la hada entre las rejas, la odiaba, con cada célula de su cuerpo.

Pues para mí mala suerte, tú y tu tonta hermana no me sirven para lo que quiero. Tú conoces a Isabelle y Alec Lightwood, son amigos del vampiro diurno y del brujo Magnus Bane. ¿Eh?

No sé nada sobre ellos.

Mentirosa.

La Reina Seelie no iba a hacerse esperar, Amatis estaba sacando su cuchilla para hacerle nuevos cortes como modo de tortura. Danielle era la prisionera más díficil de todas.

Amatis. — Dijo la Reina Seelie — Olvídalo, encontraremos otro método. Mientras tanto encárgate de encontrar a Isabelle y Alexander Lightwood, junto a Jace Herondale y Clarissa Fairchild. Los quiero a todos ellos.

¿Los quieres para qué? ¿Para que ayuden al bastardo de tu hijo?

La reina se volteó y miró a Danielle, demacrada pero aun fuerte.

¿Qué dijiste?

Tú quieres a los últimos Lightwood, Herondale y Fairchild para honrar la sangre tu hijo, y que los reinos de Edom lo reconozcan como tal. Pero lo que no saben es que es un bastardo, un bastardo sin gloria de un padre que es más mierda de lo que pudo haber sido. Fruto de tus coqueterías de perra…

¡Cállate! — Gritó la reina — Eso no es verdad. Mi hijo es el más especial de los nefilims… es nieto de la misma Lilith y de Valentine Morgenstern, él es hijo de Sebastian.

Jonathan Morgenstern. Ese es su verdadero nombre, pero incluso tú ni te atreves a decirlo. — Dijo Danielle — ¿Por qué? ¿Te avergüenza que el mundo sepa que lo que engendraste hace años es hijo de ese monstruo?

Lo oculto porque quiero protegerlo.

Los de tu especie no pueden mentir.

Y los de tu especie no saben ver la verdad. Mírame niña Lightwood, el asunto no es mi hijo. Él será rey del Edom y creará una nueva raza de cazadores de sombras diferente, con poderes especiales y para ello, debemos limpiar de este mundo a los nefilims que hoy existen.

Lo único que quieres hacer es un genocidio nefilim, eliminar a todo quien lleve la sangre de Raziel y contaminarla con sangre subterránea como la tuya e incluso de demonio. Serán una especie de mutantes.

Ya están surgiendo — Dijo la Reina Seelie — Y dominaremos el mundo, y tú no estarás viva para ese entonces.

La Reina Seelie en cólera salió de las celdas dandole la orden a sus escoltas que buscaran a los cazadores de sombras en cuestión, Danielle quería salir de su jaula, quería encontrar a Isabelle y darle aviso de que estaba en grave peligro.

Las torres del demonio estaban teñida de rojo, los ojos de Livvy Blackthorn estaban pendientes del rojo de la decoración de todo Idris, la sala de acuerdos era el lugar esporádico para hacer rituales de parabatai en vez de la ciudad silenciosa. Esta vez los hermanos usaban su salón para el reconocimiento de cadáveres de cazadores de sombras.

"Y rojo para un encantamiento hacer" Esa frase sonaba en la cabecita soñadora de Livvy mientras tomaba su estala para dibujar la runa parabatai en el omoplato de su hermano gemelo. Ty sujetaba su camiseta roja en sus manos mientras sentía como el dibujo de la estela de su gemela le quemaba levemente la piel, cerró los ojos deseando que el proceso terminara pronto. Tallar runas no era sencillo de soportar, pero era un cazador de sombras y sus efectos no eran lo mismo que cuando le aplicabas la runa a un subterráneo o un mundano.

Ya está — Susurró su gemela. Tiberius se volteó mirándola con una sonrisa, ahora él tomaba su estela y tallaba en la clavícula de su hermana la misma runa.

"Parabatai significa una pareja de guerreros que combaten juntos, que están más unidos que hermanos."

Una vez que el proceso de parabatai estaba hecho Tiberius y Livia se sostuvieron de la mano como solían hacerlo siempre, ahora estaban más unidos que nunca. Ya no sólo eran gemelos fraternos, eran compañeros de batalla.

"Felicidades" resonaba en medio del mismo salón, Magnus Bane junto a los hermanos silenciosos, y al resto de los Blackthorn; el tío Arthur, Mark, Julian, Drusilla y Tavvy. Los ojos de Mark bailaban del orgullo, Livvy se acercó a saltos a él abrazándolo, Drusilla y Tavvy les rodeaban más felices, pero a pesar de todo se extrañaba la compañía de Emma.

Pero el que más la extrañaba era Julian. Julian que a pesar de que mantenía la compostura aun sufría, con su runa desvanecida mirando como sus dos hermanos corrían el riesgo de haberse enlazado de la misma forma que él y Emma. La diferencia, es que Emma no era su hermana, era sólo su mejor amiga y se había enamorado de ella cuando ya era su parabatai y la Clave no iba a permitir que su amor se consumará. Recordaba las promesas que se hicieron para permanecer juntos, Julian había escuchado la historia de una pareja de parabatai miembro de los primeros acuerdos del Consejo, se llamaba Silas Pangborn y Eloísa Ravenscar, ambos se habían enamorado el uno del otro, pero la Clave no quiso permitir su amor debido a su enlace parabatai por lo que Silas terminó suicidándose y dejando una nota en donde revelaba sus sentimientos hacia Eloísa. El caso de amor entre parabatai no había resurgido desde entonces…

Hasta que alguien corrió los rumores de los sentimientos de él hacia Emma Carstairs. Cuando ocurrió, los miembros de la Clave los mantenían en vigilia todo el tiempo, incluso acordaron fingir lo que sentían y Julian fingió tener de novia a Cristina Rosales, mientras que Emma decía que estaba enamorada de Mark, tanto así que casi obligaron a Emma a casarse con Mark.

Julian casi estaba vuelto loco, y Mark quería decir toda la verdad… pero no quería arruinar la vida de su hermano. Si la Clave sabría la verdad tomaría medidas severas, se encargarían de que estuvieran Emma y Julian juntos pero sin poder expresar su amor. Jules había pensado en actuar como Silas… morir en vez de negar su amor, Emma prefería volverse una subterránea, así se cortaría el lazo y podrían estar juntos, e incluso Cristina había sugerido que huyeran a un lugar desierto como Bonnie y Clyde y ser felices. La idea de Bonnie y Clyde no sonaba tan mal entonces.

Pero Emma había sido asesinada, se la habían quitado a la fuerza arrebatándole todo lo que alguna vez le importó de una mujer, ahora sin ella se sentía vacío.

Ahora miraba a Tiberius siendo parabatai de su propia hermana, se veía tranquilo y feliz. Él no tendría que arrepentirse de haberse enamorado porque… nadie en su sano juicio se enamora de su hermana de sangre.

¿Crees que hice lo correcto? — Preguntó Ty cuando se puso al lado de su hermano, quien le miraba con serenidad. Julian le tomó del brazo, y a Tiberius le recordaba todo lo que su hermano mayor hizo por él después de la Gran Guerra, siendo quien criaba de sus hermanos teniendo solo doce años y sin padres y dos hermanos mayores desterrados. Con los años, las relaciones entre él y Jules habían mejorado, él era el único que comprendía las locuras que Ty tenía con sus investigaciones y estudios, era uno de los pocos que sabía cuándo necesitaba un tiempo solo. A veces Julian comprendía mejor a Ty, mucho más de lo que lo hacía Livvy y mucho más que Sia.

Lo hiciste — Dijo Julian — Tu mejor decisión en toda tu vida, Ty. Me siento orgulloso de ti.

Las mejillas de Ty se pusieron más rojas haciéndole un juego con su camisa de ritual.

Creí que estarías molesto conmigo, hubo un tiempo en que peleamos mucho y…. bueno, Sia quería que ella y yo fuéramos parabatai…y pensé que tú la apoyabas con esa idea…

No. — Repitió su hermano mayor. — Jamás querría que tú te hicieses parabatai con Sia, no, es una pésima idea. Y cuando pasaran los años te terminarías arrepintiendo.

Ella va a enojarse. — La cara de Ty se formó en una mueca de horror imaginando a su joven amiga con un bate de béisbol a punto de golpear su cabeza por haberle engañado y rechazado su oferta de ser parabatai. Rechazarle esa propuesta a Sia Carstairs, era como decirle que no a ser su compañero de baile en la fiesta otoñal de la secundaria o algo por el estilo.

¿Y qué importa? Escogiste a Livvy, ella te escogió a ti, son hermanos gemelos y el lazo es más fuerte aún. Livvy es mejor elección como parabatai que la propia Sia.

Tiberius le miró con extrañeza.

No me arrepiento de haberme enlazado con mi hermana, ella es quién mejor me comprende y me apoya, somos un buen equipo, y la Clave jamás nos impidió realizar el ritual… sólo que pienso… - él suspiró – Sia había sido entrenada por Emma, es una buena luchadora de todos modos… Si tan sólo…

No, no Ty. — dijo Julian y le tomó del brazo, lo llevó consigo hacia un salón lejano y sacando un cuaderno de dibujo de su bolsón le mostró algo. Julian abrió su cuaderno, que había sido regalo de Mark, y hojeando las páginas la detuvo en una, dónde estaba pegada con cinta adhesiva una foto tomada por una vieja Polaroid, y debajo, una serie de dibujos y bocetos.

Una chica castaña y ojos negros riendo ante la cara ridícula que hacía un alocado Julian con morisquetas, mientras Tiberius al lado de Sia, sólo miraba, miraba cómo su mejor amiga reía.

Es…es…

Emma la tomó — Dijo Jules — Antes de que… bueno… hace casi unos meses atrás. Me acuerdo de ese día, bromeábamos sobre la teoría de los demonios dragones y cosas por el estilo, Emma estaba hurgueteando este viejo aparato, mientras a tú y yo intentábamos enseñarle a Sia, sobre demonología… a mí, se me había ocurrido imitar la cara de un demonio, ella comenzó a reírse a carcajadas y ahí estabas tú, sólo mirándola.

Ty también se acordaba de ese día, y de cómo cubría su cara con sus manos porque odiaba las fotos, y Sia le quitaba las manos de encima riendo, siempre riendo. Era una risa sonora y contagiosa, chispeante, cualquiera que la escuchara termina riéndose sin motivo, Tiberius recordaba que se le hacían hoyuelos en la cara de su amiga, sus ojos negros se ponían muy vidriosos pareciendo mejor que el charol y era un visión que él disfrutaba.

Por lo que él podía recordar, era la última vez en que la había escuchado reír.

¿Qué tiene esto que ver…?

Emma y Cristina revelaron las fotos de la cámara, al revisarlas, Emma me mostró esta en particular — Dijo Julian señalando a la foto — Me gustó lo espontánea que salió, y por eso era la favorita de Emma, quería pintarla… pero entonces sólo ensayaba unos bocetos… ambos nos dimos cuenta. — Le miró fijamente a los ojos — Emma trataba de convencer a Sia de que desistiera de pedirte que fueras su parabatai… intenté hacer lo mismo

Es muy terca.

Quisimos que ambos dejarán esa idea loca, era mejor que escogieras a Livvy, así evitarías los arrepentimientos.

¿Ah? Uno no elige a un parabatai para arrepentirse, Jules… ¿Cómo uno puede arrepentirse de tener un parabatai?

Evitarías los arrepentimientos de haberte enamorado o de haberla escogido como compañera de batalla – dijo Jules con dolor – Eso quisimos evitar…. Con ustedes, para que no cometan ese error…

Yo no estoy… — Ty iba a protestar, pero le temblaba la voz.

Sé te nota en el modo en que la miras, Ty. — Dijo Julian cortante — Quizás no te des cuenta, pero lo haces. Puede que el mundo se destruya a tu alrededor y lo único que va a importarte es que está pasando con Sia, de ese modo la miras, cualquiera con dos dedos de frente podría ver que ella te gusta.

Ella es mi mejor amiga, es como mi hermana…

¿Estás seguro? Livvy es tu hermana, Drusilla es tu hermana y a ninguna de las dos la miras de esa forma. Confía en mí. Ty y no ocultes lo que es obvio…

Tiberius siguió mirando la foto y el boceto ¿Era posible? ¿Era eso lo que realmente sentía?

No tienes idea de nada — Dijo Ty tajantemente — Sia es mi mejor amiga, y si escogí a Livvy fue porque es mi hermana gemela, es más cercana a mí que Sia… ella es sólo mi amiga, nada más.

Pues me alegro que sean tan buenos amigos, y dime Ty, que harás cuando Sia te presente a su novio.

¡Bam! Eso había sido como un puñetazo en el estómago.

Ella no lo tiene — Masculló

Lo tendrá, algún día. Y yo veo lo que sientes por ella, sólo que eres tan tonto para no darte cuenta por ti mismo, algún día Sia decidirá alejarse de ti y emprender su vida en otro lado, de la mano de otro. ¿Podrás soportar eso?

Jules…

¿Lo harás?

Ni siquiera sé que siento por ella… sólo… ella es mi amiga. Y si llego a decirle que siento algo más, va a salir huyendo y dejaremos de ser amigos y no creo que pueda soportar alejarme de ella… y…

Entonces si asumes que sientes algo por ella

Yo no dije eso.

Lo acabas de decir, Sia es tu amiga pero tienes miedo de decirle que estás empezando a sentir otras cosas por ella, porque temes perderla. ¿No es así de complejo el amor?

Sólo hazme el maldito favor de no decirle esto a nadie o te mataré.

Una parte de mi ya está muerta.

La frase de Julian quedó en el aire, Ty lo entendía: era por Emma. Sin Emma, Julian dejó de ser el mismo.

Lo siento… — Susurró Ty — No quise decir eso

Olvídalo, sólo vamos a casa. — El brazo de Julian pasó por el cuello de Ty y lo atrajo a sí mismo, para juntos ir al salón del ritual a reunirse con sus hermanos para celebrar la conmemoración en la solariega casa de los Blackthorn.

Tranquila — Musitó Jem — Yo me quedó con los niños, ve con Clary y Jocelyn.

Tessa sonrío dulcemente y besó la frente de su marido.

Eres un hombre maravilloso, me siento muy afortunada de que hayas aceptado tenerme a tu lado.

Más afortunado soy yo, señora Carstairs — Jem acarició la mejilla de Tessa y atrajo su boca contra la de ella, la besó suavemente, demostrando su amor y devoción en un pequeño acto. — Wo ai ni . Jem acarició el cabello castaño ondulado de Tessa mientras la besaba, mientras ella respondía a sus labios de una forma muy apasionada.

¿No pueden dejar de ser románticos? — Preguntó Clary interrumpiendo el beso de la pareja — Están comiendo pan en frente de los pobres.

Jem y Tessa se separaron entre risitas, a Clary le parecía un comportamiento de pareja adolescente.

Perdón, Clarissa. No sabíamos que estabas observándonos — Contestó Jem alegremente.

Lamento quitarte a tu esposa, pero ella se ofreció a acompañarme a la ecografía de Priscilla… — Luego miró a Tessa — Si en realidad prefieres quedarte con Jem, lo entenderé…

Ya hablamos de esto, Clary — Tessa sonrío acercándose — Iré, no me perderé por nada del mundo la evolución de un miembro de mi familia. Aunque creo que Jem también querría ir…

No te preocupes, ya habrá tiempo suficiente para que pueda conocer a la próxima Herondale en la familia. — Jem se levantó y sonrió mirando a Clary y su pronunciado vientre. — Su hija será maravillosa, puedo sentirlo — Susurró — La familia Herondale tradicionalmente concibe hijos varones y de vez en cuando a algunas niñas, pero cuando lo hacen son las mejores.

Jem Carstairs miró directamente hacia Tessa, ella le sonrió sonrojada de vuelta. Ella sabía que se refería a Cecily Lightwood y Lucie Blackthorn, nacidas Herondale por ser hermana e hija de Will respectivamente. Ahora venía al mundo la pequeña Priscilla Herondale, hija de Jace y Clary, faltaba un mes para que viniera al mundo de los cazadores de sombras e incluso Jem la veía a crecer al lado de su propia familia… "Quizás se convierta en parabatai del pequeño Will", se quitó esa idea de la cabeza, no era mala, sólo esperaría a que el futuro tomara su rumbo propio y sólo así se sabría si William Carstairs y Priscilla Herondale compartirían la misma runa.

Gracias — Dijo Clary sobando su vientre. Al instante bajó Jocelyn seguida por Luke de las escaleras. La madre de Clary, a lo largo de los años seguía luciendo hermosa con aquellos tejanos azules y esa blusa vintage con una sonrisa espléndida. Jocelyn anunció la salida que haría con su hija al médico para ver la evolución de su nieta, Luke se adelantaba a buscar la camioneta, mientras Tessa tomaba su chaqueta y su bolso, después de ir al médico, ella los había invitado a ver "El fantasma de la Opera" en el Teatro Municipal de Buenos Aires.

Suerte — Susurró Jem sosteniendo a su pequeño hijito en brazos, mientras Sia bajaba de su habitación con el "Códice de los Cazadores de Sombras", la chica vio salir a su madre, junto a Luke, Jocelyn y a Clary.

Quizás esa tarde en Buenos Aires, podría ser tranquila.

Para su sorpresa, se convirtió en una tarde de aprovechamiento familiar. Jem había tocado el violín en frente de su bebé para calmar sus berrinches, mientras Sia le daba leche en biberón. Luego Sia imitaba a una bailarina de ballet del lago de los cisnes con la música que su padre emitía del instrumento y el pequeño Will agitaba sus manitas porque quería tomar el violín también.

Los Carstairs, a lo largo de los años han demostrado tener una afinidad con la música y las artes, además de la danza y parte del teatro, con almas de artistas esa clase de cazadores de sombras combinaba la guerra con su pasión; Jem tocaba el violín al igual que su padre, su madre tocaba el arpa cuando estaba viva, John Carstairs y Emma tocaban el violín, al igual que Emma dominaba el piano, mientras Sia aprendió a cantar antes que hablar y a bailar antes de caminar, y su pequeño hermano ya jugueteaba con una mini guitarrita haciendo sonar sus cuerdas. La familia Carstairs era melodía y letra, también batalla y precisión, ninguno de ellos fallaba en su objetivo, eran bien entrenados, fuertes y certeros, además de ser nefilims de buen corazón. Cuando Jem y sus hijos pasaron aquella tarde juntos, había sido perfecto. Jamás se había sentido más feliz en ciento cuarenta años.

Pero no todo podía ser tan perfecto, en cuanto se sintieron diversos golpes a la puerta Jem tuvo un mal presentimiento, volvieron a golpear la puerta esta vez con más fuerza hasta lograr trizar una parte de la madera, el susto que provocó a sus hijos fue tal que los tomó a ambos para ocultarlos en un armario y dejarlo cerrado. "Nos encontraron" pensó Jem tratando de trabar la puerta pero cinco cazadores de sombras vestidos de rojo entraron en la casa, dos de ellos subieron a inspeccionar el segundo piso, mientras los otros dos el primero. "¿Qué es lo que buscas?" Había preguntado Jem en su tono más amable pero no le habían dado respuesta. "¿Se te perdió algo?" esta vez fue más inquisitivo, se estaba enojando, sabía quiénes eran ellos y no quería que encontraran a sus hijos para matarlos.

"¿Dónde está?" Había preguntado el cazador de sombras que se quedó en frente de Jem. Era alto, de cabello rubio con tonos dorados con corte de príncipe de las películas noventeras, sus ojos eran azules tormenta y de vez en cuando se tornaban grises, sus orejas puntiagudas de hadas se paralizaban cuando quería hacer una pregunta: Era Battlesword, el cazador de sombras mestizo de que La Clave tanto hablaba.

"No sé de qué hablas" había dicho Jem. "Sabes que busco a los Herondale, sé que debes saber sobre ellos" contestó el cazador de sombras "Sé que sabes mucho sobre los Herondale"

Jem no contestó, su lealtad era más fuerte que cualquier cosa, si alguien quería dañar a esa familia debían pasar por su propio cadáver.

"No hay nada" masculló "Sé a qué viniste y te diré que pierdes tu tiempo."

Eso enfureció más a Battlesword.

¡¿Dónde está?! — Había bramado el cazador de sombras vestido de rojo.

Aquí no hay nadie — bramó Jem — Estoy solo.

Mentiroso

Piensa lo que quieras, no hay nada interesante aquí. Vete. — Estaba cuidadosamente tomando su bastón de jade. — Y no tendremos que pelear.

¿Pelear contigo? — río el joven cazador de sombras — Estás loco, pero si tú lo quieres… quizás, lo considere.

El cazador de sombras joven se abalanzó sobre Jem tirándolo el suelo, rápidamente este reacciono dándole un puñetazo en la cara al estilo mundano para luego tomar su bastón de jade y ponerse en guarda. El muchacho no era un nefilim oscurecido, pero si era bastante fuerte y tenía una buena cantidad de sangre de demonio. Jem sabía distinguir muy bien entre los nefilims.

Le dio unas cuantas estocadas y codazos, pero el muchacho se recuperaba rápido. "No es normal" no es común que aun siga de pie después de todos los golpes que le dio, quizás sea un nuevo Sebastian o una nueva raza mestiza endemoniada de nefilim, Jem no lo sabía, así que por eso tomó una lanza que tenía guardada en un mueble mientras el otro cazador de sombras le lanzaba cuchillos para matarlo y gritaba a dos de los suyos a que registraran la casa.

Jem sacó los cuchillos que quedaban clavados en la pared y acertó a uno de los nefilims, el otro salió huyendo.

¿Qué es lo que quieres de mí?

La lanza había salido disparada golpeándose en el muro, muy cerca del joven nefilim oscurecido.

No quiero nada de ti, James Carstairs. — Gruñó el muchacho de la capa roja haciendo un movimiento con su brazo y afirmando el cuello de Jem. Estaba afirmándolo tan bien, que un movimiento en falso y lo mataba solo con sus manos. — Quiero al par de niños que tienes ocultos en tu armario.

Las palpitaciones de Jem se aceleraron y su pie golpeó la pierna del joven que lo sostenía, mientras que sus manos intentaban sacarse los fuertes brazos que le ahorcaban.

No te atrevas… — Gruñó Jem — No te metas con ellos… no tienen nada que ver…

¿Son tus críos, verdad? — Preguntó el nefilim soltándolo y azotando la cabeza de Jem en un mueble. — Lástima, hacían una linda familia.

Pero Jem actuó más rápido y golpeó al nefilim en la cabeza con un florero que Magnus le había regalado a Jocelyn, el preciado obsequio se hiso trizas en el cráneo del enemigo dejándolo en el suelo.

Se afirmó del mueble lo más que pudo y corrió hacia la entrada de la casa donde estaba el armario donde se guardaban las chaquetas y paraguas; para su suerte sus hijos estaban aún ahí sanos y salvos.

Sia le dio un fuerte abrazo al verlo en buen estado aún y le rogó que por favor salieran de la casa, mientras Jem le arreglaba el cabello y luego le daba un beso en la frente al pequeño bebé que la niña sostenía en sus brazos. El estruendo no se hizo esperar, unos rugidos animalescos se oyeron desde el comedor…

Demonios — Dijo Jem mientras tomó por los hombros a Sia — Cariño escúchame, toma a Will y huye al salón principal, en medio de las puertas que están detrás del escritorio de Jocelyn hay un portal…

No voy a dejarte — Exclamó la niña — Voy a pelear contigo…

Tienes que irte con tu hermano a Idris.

Papá… — Los ojos de Sia comenzaron a arder.

Sia… — Dijo Jem en un ruego — Por favor, salva tu vida y la de tu hermano, protege a tu hermanito. Ve a Idris y dile a Jia Penhallow que nos encontraron, que los oscuros nos encontraron.

Pero quiero quedarme a ayudarte ¡No quiero que mueras!

Puedes salvar muchas vidas si haces lo que te digo Sia, eres una Carstairs y sé qué harás lo correcto.

¡No soy una cazadora de sombras! Papá… por favor…

La horda de demonios irrumpió en las paredes atravesándola sin chistar, a Sia le recordaba a los comics de X-Men dónde una mutante llamada Kitty Pryde hacía la misma gracia con los muros. Varios demonios se esparcieron por la cocina y el living, mientras Sia tomaba en brazos al pequeño Will y Jem se enfrentaba a los demonios con Cortana entre sus manos.

Sia corrió hacia la pequeña oficina que Jocelyn tenía en aquella casa, tomó un papel y haciendo un mensaje de fuego le escribió a quien podría darle ayuda más cercana: Los Lightwood.

Esperaba al menos, que Alec, Isabelle o Simon vinieran a ayudar a su padre y salvarlos a ellos. Sia dejó a su pequeño hermano sobre la silla que estaba detrás del escritorio, los ojos grises de su hermano se quedaron fijos mirándola mientras un demonio osaba en entrar a su ataque, la muchacha dio un grito.

Jem escuchó a su hija gritar, temía que fuera demasiado tarde para salvarle la vida. Subió las escaleras de la casa, pero una cazadora de sombras oscuras le detuvo el paso haciéndole difícil la pelea. Con Cortana le hizo heridas a la nefilim en los brazos y vientre, mientras que con un chakram lanzado a su suerte hirió a dos nefilims oscuros que venían por él, para detener a la nefilim le dio un tropezón haciendo que ambos rodaran las escaleras abajo.

El teléfono de la oficina de Jocelyn Garroway se había hecho añicos, al parecer, el demonio era consciente de que no quería que Sia diera aviso a la clave de que estaban en peligro de muerte. El demonio se abalanzó hacia la silla para matar al bebé que había ahí, sin embargo fue golpeado por un lapicero, un cuaderno y una laptop en la cabeza.

Con mi hermano no, bestia asquerosa — Dijo Sia con un bate de béisbol en sus manos, a veces ella atacaba con lo primero que encontraba.

El demonio se acercaba cada centímetro al cuerpo de Sia para matarla, ella le propinaba golpes en el cuerpo pero sólo conseguía rasguños en sus brazos y en su cuello por parte de las garras de la bestia, ya a esas alturas, estaba destruido dos sillas, un espejo y un pequeño puestecito de libros.

Sia buscaba con sus manos un pedazo de vidrio punzante con lo que enterrarle al demonio, gateó por sobre el espejo rojo mientras sentía el hedor demoníaco cerca de su respiración, sintió otro gruñido y otro demonio con una cazadora de sombras se acercaban con seguridad a la silla donde su hermanito lloraba.

Bill — Exclamó Sia incorporándose — Déjenlo en paz.

"Will" pensó Jem rápidamente "Mis hijos están en peligro", subió las escaleras a traspiés entre medio de astillas, sangre y cristales, sosteniéndose la baranda logró dar con la parte principal del pasillo. Corrió gritando el nombre de sus hijos, pero alguien se le lanzó encima haciéndolo caer de espaldas al primer piso.

Lastima. — Dijo Battlesword, el cazador de sombras con el que Jem había peleado en un principio, dándole una patada en el estómago — Eras un buen cazador de sombras, si nos hubieses encontrado en otras circunstancias podríamos haber sido amigos.

Tú…. — gruñó Jem — Eres… eres tú…

Ay, ya cállate. Te ves patético. — Río el joven cazador de sombras y tomó a Cortana entre sus manos, como quien toma un objeto robado y le dio a Jem un corte en su pierna, doloroso y profundo.

Sia sintió el grito de dolor de su padre desde la oficina de Jocelyn. ¡Papá! Había gritado, pero justo en ese momento el demonio saltó por ella.

Mis…hijos… — decía Jem intentando incorporarse y recuperar un arma. — Tú…jamás los tendrás. Dile a Amatis Graymark que jamás tendrá a nuestros nefilims y que jamás tendrá lo que ella ha querido… lo que ella quiere son los deseos oscuros de su corazón, no es verdaderamente ella.

Tú no sabes nada de Amatis — Gruñó Battlesword dándole una patada, haciendo que de la boca de Jem saliera sangre — Y no trabajo para ella solamente. Y tendré a tus hijos, a ambos bastardos, junto a los Lightwood y el último Herondale, estarán muertos todos.

¡NO TOCARÁS A MIS HIJOS! ¡NO DEJARÉ QUE VAYAS POR ELLOS!

Battlesword le propinó otra estocada a Jem en el vientre dejándolo inmóvil en el suelo. Dos demonios que sobrevivieron tomaron su cuerpo mientras Battlesword guardaba a Cortana en su funda.

Está bien, no quieres que yo vaya por tus hijos pues haré que ellos vengan a mí.

Luego el cazador de sombras llamó a sus camaradas demonios y a los otros cazadores de sombras que iban con él, lo que no sabía es que en la habitación de arriba una niña con un pedazo de vidrio le destrozó la cara a un nefilim oscuro, mientras que con un chakram terminó atravesando a otro. Mientras que el demonio que le había atacado estaba muy quieto al lado de ella, mirándola como acababa su accionar para luego seguir sus órdenes.

"Mátalos" Masculló Sia al demonio, y el demonio la miró con sus ojos completamente amarillos sobrepasando el iris para lanzarse sobre los nefilims sobrevivientes y darles el golpe final.

"Mata al oscurecido de abajo" ordenó Sia y el mismo demonio bajó en un salto las escaleras, se oyó varios ruidos abajo, pero Sia no supo nada más, tomó a su hermanito en brazos quien no dejaba de llorar para bajar con cautela. El demonio ya se había ido, y no había ningún cazador de sombras, no estaba aquel que atacó a su padre y su padre tampoco estaba.

Se le hizo un nudo en la garganta, y si… ¿alguien convirtió en oscurecido a su padre y el demonio lo mató a él? Sia quería llorar, pero debía mantenerse fuerte por su hermano pequeño.

Maldita sea — Exclamó Alec saliendo del portal que Magnus Bane había creado desde Idris, detrás de él iban Simon e Isabelle.

La puerta de la casa, que servía de refugio para Clary, estaba destruida, partida en dos además de varios muebles y vidrios rotos. Cuando Simon entró recordó cuando Clary lo había llevado a ver su departamento en Brooklyn luego de Valentine enviara a unos demonios a capturar a su madre.

Simon fue el primero en entrar a la casa, con la mítica Gloriosa en su mano recorrió el desastre que ahí había, Alec junto a él, vieron icor demoníaco en el piso y las escaleras, junto con sangre humana.

Es como una masacre — Susurró Isabelle desenrollando su látigo. — ¿Clary…?

¡¿Clary estás ahí?! — Preguntó Alec con su arco y flecha cargada —

Simon subió las escaleras con cuidado y agilidad, se sentía mal por haber dejado sola a su mejor amiga ante el peligro, deseó que por favor estuviera bien.

Isabelle y Alec le siguieron el paso, ambos tan preocupados como él. Cuidándose las espaldas se dieron cuenta que la oficina que Jocelyn tenía para comunicarse con la Clave estaba hecha pedazos.

"Por el ángel" susurró Isabelle a su lado, y casi a ese susurro le respondieron los llantos de un bebé en el primer piso, directamente en la cocina. Alec bajó con cautela. Luego alertó a su hermana y cuñado de lo que había visto, ahí estaba Sia Carstairs con su pequeño hermano y un demonio rapiñador iba a saltar sobre ellos para matar a Alec e Isabelle.

"No los lastimes" dijo Sia al demonio. El rapiñador se quedó quieto con los ojos completamente amarillos hacia ella, mientras con cuidado ella sostenía el bastón de jade de su padre que había quedado tirado después del ataque. "Aléjate, no les hagas daño"

Sia… — Isabelle musitó quería decirle que estuviera quieta, que ellos iban a salvarla y matar al demonio, pero los ojos de la bestia estaban tan amarillos como los de la niña y le miraba como si entendiera lo que hablara. Ni Alec ni ella sabía que cosas estaba hablando Sia, pero se parecía al idioma que Magnus usaba para convocar demonios en sus pentagramas. — Quédate quieta.

"No los lastimes, son mis amigos. Obedéceme" ordenó la chica mientras el demonio se movió lento hacia un lado, sin embargo antes de que pudiera decir algo, Isabelle y Alec terminaron matándolo entre latigazos y flechas.

Sia quedó pasmada con su hermano en brazos.

¿Hablas chthonian? — Preguntó Alec bajando la guardia e inspeccionando el lugar

¿Qué – qué? — La niña estaba de pie sobre el demonio muerto, con su ropa holgada y algunas heridas, miro a los dos cazadores de sombras y al vampiro con mucho miedo. Como si lo que le hubiesen dicho fuese una aberración en su persona.

Alec, no es el momento. Tenemos que ir al Gard. — Dijo Izzy — Sia, toma a tu hermano y vamos.

¿Y Clary?

Fue con sus padres y mi madre al médico, después iban a ir al teatro.

Será mejor que les de aviso de lo que sucedió — Dijo Alec — Le avisaremos cuando lleguemos a Idris.

"Idris" eso significa que Sia debía dejar el lugar que la acogió como hogar.

¿Y mi padre? — Preguntó la chica con el nudo en la garganta a punto de estallar en llanto — Esos demonios y los cazadores de sombras oscurecidos se lo llevaron… no quiero que le lastimen

Haremos todo lo posible cuando lleguemos a Alicante

Pero es que…

Ven con nosotros — Dijo Simon con una sonrisa serena — Estarás a salvo, y te prometo que salvaremos a tu padre.

Alec con su runa creó nuevamente el portal, él, Simon, Izzy junto a los dos niños sobrevivientes viajaron hacia el país de los Cazadores de Sombras. Cuando llegaron Jia Penhallow se encontró con una Sia asustada y temblorosa, junto al pequeño bebé que no dejaba de llorar.

Alec le dijo a Jia todo lo que había visto, Isabelle le escuchaba decir algo como "ataques de demonios", "asesinatos de los oscuros", "secuestro de James Carstairs", "su hija habla en idioma demonio", "mató a dos oscuros", " estamos en serio peligro" y bla, bla, bla.

Isabelle se alejó un poco de Alec para tomar la mano de Simon, él estaba con sus ojos fijos en los Blackthorn, todo vestido elegantemente de un rojo escarlata y a dos niños: una chica castaña de ojos verde-azules y un muchacho pelinegro de ojos grises tomados de las manos. Izzy le susurró que eran gemelos fraternos y que al parecer se habían recientemente convertido en parabatai. Simon estaba sorprendido, recordaba ese ritual y recordaba cuando fue un cazador de sombras y cuando juró convertirse en el parabatai de Clary pero sus sueños se esfumaron al ser nuevamente un vampiro diurno.

Pero otra cosa que a Simon le llamó la atención fue la cara de devastación de la hija mayor de James Carstairs, ella estaba pendiente de los gateos de su hermanito pero al mismo tiempo miraba a los lejos entre dolor y rabia como el muchacho de ojos grises había jurado ser parabatai de su hermana, acaso eso podrían ser… ¿celos? Simon esperó que no, la chica ya estaba sufriendo lo suficiente con un ataque de demonios para sentirse celosa por no tener un parabatai, aunque a veces el mismo deseaba ser parabatai de Clary, pero no podía. Y pensando en Clary deseó a Raziel que por favor ella estuviera fuera de todo peligro.

Simon… tengo algo que decirte. Si no lo hago ahora… podría ser fatal — Dijo Isabelle tomando a su marido del brazo y llevándolo hacia otro sector, un poco más alejado para que los Blackthorn y los miembros del Consejo no les oyeran.

Izzy, no me asustes. Ya hemos pasado por varias cosas malas, si es algo para alármanos más es mejor que no me lo digas…

¡Es para alarmarse Simon… yo- estaba por decir Isabelle de forma titubeante, sus ojos negros intentaban buscar en Simon

Acabamos de encontrar a dos sobrevivientes en el refugio de Clary y aún no sabemos si ella, con sus padres está bie…

Estoy embarazada. Ya voy para los cuatro meses. — Dijo Isabelle mirándolo de frente y cruzando los brazos.

Simon Lewis se fue de espaldas en medio del Gard.