Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Capitulo: Arroz

Shunrei y Shiryu.

Aquella noche no había sido difícil conciliar el sueño, pues el tintineante sonido de la lluvia cayendo sobre los árboles fuera había sido tan relajante y cálido como los brazos de aquel hombre que rodeaba su cintura y respiraba dormido a su espalda. La preciosa oriental habitante de esa cabaña, abrió sus ojos al sentir el diminuto rayo de sol cayendo sobre su rostro y observo en la pequeña ventana de madera a su frente, como las últimas gotas de agua resbalaban por el vidrio lentamente poniendo fin a la lluvia mientras tímidos pajarillos silvestres comenzaban a canturear anunciando el amanecer.

La dama sonrió y se alzo de la cama, masajeando suavemente sus cabellos despeinados y los echó a un lado de su hombro desnudo por aquel camisón blanco que usaba de pijama.

Justo pensaba en levantarse a calentar un poco de té cuando la mano de aquel hombre con el que compartía su cama y vida le interrumpió, cachando su cintura con su mano.

-¡Te atrapé!- objetó con la voz casi extinta y ronca el caballero dragón.

Shunrei ladeó su rostro de inmediato ante la travesura, mirando detrás suyo y vio al santo del dragón con la cara echada completamente sobre almohada y con los ojos cerrados aún de sueño y lagañas.

-No dejaré que te vayas aún, preciosa.

-¡Shiryu!

La chinita sonrió al escucharle, y le acarició los flequillos despeinados negros sobre sus ojos mientras él parpadeaba poco a poco dejando entrar la luz del día a sus ojos, enfrentándose con el hermoso rostro de su amada.

-Creí que aún dormias Shiryu...- el santo bostezo ante su pregunta y le sonrió dulcemente.

-Hoy tenemos trabajo que hacer, así que no puedo quedarme dormido por mucho por más que quiera.

Ella le sonrió sin emitir sonido alguno mientras reflexionaba sobre los deberes que tenía planeados para aquel día.

-Tienes razón, íré a preparar el desayuno entonces. - afirmo ella y él asintió.

Pronto, el caballero dragón se alzó de la cama mostrando su torso desnudo ante la humedad de la habitación y aun adormilado, se posó detrás de ella y beso su hombro desnudo fugazmente.

-Te ayudaré, solo déjame lavarme.

-Bien.

El santo le regalo un último beso en su mejilla a su amada flor y de un salto con sus largas piernas, abandono la cama dirigiéndose a aquel pequeño y rústico baño de la cabaña.

La dama apenas fue abandonada, se acicalo los cabellos una vez más formándose una coleta baja y avanzo a pies desnudos por la fría madera del lugar, aproximándose a la estufa y prendiendo un poco de leña para encender las ollas con sopa y té del día anterior.

El dragón por su parte, se echo agua en el rostro y busco una de sus sencillas camisas en un bote contiguo del baño, cubriendose el torso desnudo mientras su amada se desplazaba hasta aquel baño y le sorprendia con un abrazo suave por la espalda mientras él se ataba el cabello en su nuca para estar más cómodo. La sensación cálida y tibia de los brazos de Shunrei le robaron un suspiro. Cuanta paz e inmensidad le provocaba esa mujer.

-Te quiero...-murmuro ella provocandole una sonrisa a su compañero mientras este le acariciaba sus brazos sujetandole el estómago.

-Y yo a ti, Shunrei.

-x-

Tras ello, Shunrei se cambió las ropas a un sencillo pantalón blanco de manta al igual que su camisa, realzando toda esa belleza natural que no necesitaba de nada más.

Tomó el desayuno que había servido Shiryu en su sencillo comedor y busco los sombreros de cáscara de arroz de ambos, dirigiendose con él hacía aquellos campos de arroz donde ambos se habían aventurado a colaborar a cambio de unos cuantos sacos del mismo para comer.

El dragón tomo la mano de la chinita al salir de la cabaña, caminando a su lado como su compañero que era y asi la guió por los senderos húmedos de Rozan, atravesando el bosque y llegando a aquellos amplios campos inundados de agua y rocio donde aquel grano se daba desde tiempos milenarios.

Colores vibrantes del sol y luz que pintaban de dorado cada porción de tierra con tallos, de punta a raíz escondidas bajo el agua, lleno la pupila de ambos jóvenes de deleite y placer ante aquel tranquilo y bello paisaje de las montañas cual cuadro de exhibición.

Para su fortuna, aquel día estaba nublado por lo que ambos agradecían el no tener que trabajar bajo el incesante rayo de sol en la cosecha a pesar de la humedad del mismo ambiente.

Ambos jóvenes saludaron a una pareja de ancianos dueños de aquellas tierras y con quienes habían hecho aquel trato y de inmediato tomaron un par de herramientas y tijeras para labranza de las plantas de arroz.

Shiryu se arremango sus sencillos pantalones de manta a las rodillas y se adentró a aquellos campos inundados dispuesto a trabajar y pronto observo a Shunrei imitarle.

-Espera Shunrei, ¿por qué mejor no les haces compañia a aquellos abuelos mientras yo hago la cosecha de arroz? -le comento el dragón a su amada pues sabía que aquel trabajo era muy pesado para ella.

-Shiryu...-le reprocho ella, pues no estaba en sus planes sentarse y esperar, viendole trabajar.

-Shunrei, será cansado, lo digo por eso.

La joven le negó y tenaz, ya con los pantalones arremangados, se adentró a los campos inundados siguiendole los pasos.

- Quiero ayudarte, Shiryu, no quiero que hagas esto solo.

El dragón le extendió su mano al verla caminar con dificultad entre el agua y plantas y la ayudo a llegar hasta él.

-Pero Shunrei...-el dragón intento convencerle, pero Shunrei no se lo dejaria tan facil.

-Shiryu, no lo hago porque no crea que puedes solo o que es muy pesado, sino porque quiero compartir esto contigo. -la dama le sonrió segura.- Hagamoslo juntos, Shiryu, ¿de acuerdo?.

La preciosa y amplia sonrisa de Shunrei era su mejor arma de convencimiento. El dragón no pudo refutar nada ante ella y le asintió muy a su pesar.

-De acuerdo, pero si te cansas, dímelo y yo haré el resto.

-Bien.

-x-

Ambos jóvenes comenzaron a desprender aquellos tallos bajo las aguas de sus pies que parecían amarillos y que podría generar un arroz arcilloso debido a su maduración, y a cortar algunos tallos ya listos para su levantamiento, echándolos en un costal junto a los granos aun tiernos, sin detenerse entre las hierbas.

La sensación en sus pies desnudos al andar en aquellos campos era peculiar, pues las plantas de arroz les acariciaban a cada paso los tobillos, provocándoles cosquillas al pisarlas y haciéndoles sonreir cómplices de vez en cuando ante la chistosa sensación.

Y a pesar de aquel cielo nublado pronto el calor corporal ante el trabajo de campo y la humedad hizo estragos en el dragón, quien se despojó de su camisa a minutos de empezar a trabajar y continuo su labor sin ella, revelando el sudor dorado en su torso y aquel brillante dragón esculpido en su espalda.

Las horas transcurrieron en completa paz ante el silencio de aquellos campos húmedos, provocando que solo las voces de los pocos campesinos del lugar resonasen de vez en cuando, así como sus risas.

Fue entonces en que Shunrei al cansarse tras tanto esfuerzo físico en la humedad, se irguió de las hierbas y se dedicó a observar a su compañero a lado.

Sonrió al ver como el tiempo lo había cambiado todo, y recordó como aquel niño que una vez su maestro le presento, se había convertido en un atractivo hombre que ahora residia a su lado.

Shunrei se maravilló ante lo hermoso que lucía aquel santo del dragón con la frente brillante de sudor y algunos flequillos pegados en ella, deslizandose hasta sus profundos ojos verdes cual esmeraldas preciosas y cada uno de sus músculos fornidos de su pecho y abdomen mostrándose ante la fuerza de su trabajo. Realmente era una dama afortunada por su compañia.

La chinita sonrió ampliamente al verle trabajar tan concentradamente y se dio un tiempo más para embriagarse la mirada con tal bella postal, grabandola como fotografía en su mente. Shiryu era realmente hermoso o quizas, ella está muy enamorada. Maldijo traviesa como nunca pues sabía que ambas sentencias eran correctas.

Shiryu profundamente concentrado en su tarea, pronto sintió la mirada profunda de Shunrei sobre si y se giro a mirarle.

-¿Ya te sientes cansada, Shunrei?

La pequeña chinita le negó con suavidad sonriéndole radiante y apenada al ver que él la había sorprendido, volviendo de inmediato a su labor.

-x-

Tras largas horas de trabajo, pronto el sonido del cielo estremeciéndose ante la electricidad de los relámpagos, hizo anuncio del monzón que pronto les cubriría y así, ambos alzaron su mirada al cielo, preocupándose .

-Creo que debemos irnos ahora, Shunrei.

-Si.

La joven se dio la vuelta ante lo dicho, tomo aquel costal con plantas cosechadas y salio de aquel campo humedo seguido de Shiryu. Acomodaron las herramientas, se despidieron de aquellos ancianos quienes antes de partir les entregaron algunos frutos y sacos de arroz por su ayuda y asi ambos volvieron presurosos a su cabaña en Rozan. Sin prevenirlo, en el camino a casa, la lluvia comenzo a caer rauda sin piedad, mojándoles de pies a cabeza mientras ellos corrían sin detenerse por los senderos lodosos de la montaña hasta que en un golpe de suerte, ambos llegaron pronto a aquella choza que compartían.

Al adentrase, ambos jóvenes dejaron en la sencilla mesa de madera de la cabaña aquellos regalos de los ancianos y fue entonces que algo sucedio.

Shunrei comenzo a reir divertida tras mirar a Shiryu empapado junto a la puerta al igual que ella. Sus cabellos se escurrían por sus rostros, su piel estaba llena de gotitas pegadas y la ropa delgada podia dejar ver sus figuras a perfección.

El dragón sonrió contagiado por la risa ansiosa de Shunrei y se colocó a su frente, a algunos pasos lejos de ella. Le encantaba escucharla reir de aquella manera.

La dama de hilarante sonrisa comenzo a volver a la calma al dedicarle completamente sus ojos y lo observo profunda como si quisiera decirle mil y una vez "Te amo" con la mirada.

Shunrei detuvo el tiempo en su mente, escuchando solamente sus respiraciones irrumpiendo el silencio y la lluvia de fuera, embriagándose por aquella sensación cálida y llena de tibieza al estar a solas y totalmente plena con su amado.

Entonces la chinita analizo a su amante, quien despejo su cara de sus cabellos húmedos. Shiryu lucia hermoso a sus ojos, bañado por la lluvia.

-¿Qué sucede?-pregunto meloso el dragón acercandose lentamente hasta ella. Pronto él sostuvo sus mejillas frías por la lluvia y le regalo la más tierna de sus miradas, notando como Shunrei le sonreía hasta con la mirada.

La dama al tenerlo así, pronto dejo que sus ojos desprendieran pequeñas gotitas que rodaron hacia sus mejillas provocando el gesto de preocupación de inmediato en el santo.

-¿Porque lloras Shunrei?

La dama le sonrio nuevamente y nego con suavidad.

-Porque soy tan feliz, Shiryu...lloro porque estoy feliz a tu lado.

-Shunrei.- el santo sonrió conmovido ante lo confesado. Nada le conmovia más que aquel amor dulce de su dama.

El sentimiento allano de la joven, la hizo aferrarse a su pecho húmedo arrebatadamente, sorprendiéndolo. -Soy feliz contigo Shiryu, realmente lo soy.

-Oh Shunrei.-el santo besó sus cabellos mojados bajo su barbilla y la abrazo con fuerza hacia su pecho sintiéndola sollozar bajo si.

-No vuelvas a irte nunca Shiryu, por favor, no quiero perderé de nuevo. -confesó la jovencita sollozante. El corazón del dragón se quebró por dentro y se preguntó, ¿cuánto tiempo había aguardo Shunrei ese dolor tras su regreso del Hades?, sin duda mucho más de lo que él imaginaba, por lo que sintió como un idiota por causarle aquella pena y dejo que sus ojos enternecidos, dejaran fluir sus sentimientos.

-Perdóname por todo, Shunrei, perdóname.

El santo lentamente se separo de ella y le volvio acunar el rostro, ligeramente ansioso.

-Escúchalo Shunrei, escúchalo muy bien, no voy a volver a dejarte sola jamás, ¿esta claro?, jamás voy a volver a irme a ninguna parte si no es contigo.

-Shiryu...

El dragón no espero más y atrapo los dulces labios de Shunrei entre los suyos, mientras sus ojos desprendian sus lágrimas dolorosas para ella. Él realmente la amaba demasiado. Era ella, su último pensamiento día a día, y el primero al amanecer, ¿cómo no aferrarse a sus labios de aquella manera?

Shiryu se separo lentamente de aquel beso tan lleno de amor y limpió con sus labios las lágrimas en las mejillas de Shunrei mientras sus manos errantes le acariciaban intermitentes y torpes los cabellos sobre sus oídos.

Sus ojos tristes se miraron cómplices y tras un intimo silencio al ritmo de sus respiraciones, aquellas prendas húmedas de cada uno comenzaron a caer por los suelos lentamente mientras sus siluetas avanzaban al filo de la cama cubriendose la piel con sus abrazos acunados bajo la tintineante lluvia de Rozan, así hasta el nuevo amanecer.

Continuará...

Lindos lectores, pues aqui otra vez yo aqui molestandoles con un fic. La verdad es que siempre me pregunte, ¿cómo sería el romance de estos dos en la soledad de Rozan, en los bellos campos de China? y como es una clásica postal y muy tradicional los cultivos de arroz de Oriente (si, esos que salen hasta el la película de Mulan), se me ocurrio algo asi con estos dos que son retiernos.

Y si mis adoradas Violet Ladii y Sweet Victory cayeron por casualidad aquí, solo quiero decirles que espero lo hayan disfrutado, pues se cuanto adoran a esta pareja tiernita.

¡Nos vemos algún día lectorcitos, gracias!