Por fin he conseguido traeros el décimo capítulo. Os aviso de antemano que en estas próximas semanas tendré exámenes en la universidad y no sé exactamente cuándo podré volver a actualizar hasta que los termine, pero seguiré escribiendo y desarrollando la historia mientras tanto para traeros el material lo más fresco posible.

Sin más que decir, ¡arriba el telón... digo la vela... digo la pantalla, diantres!


El Sunny se encontraba anclado cerca de la playa de una pequeña isla desierta, convertido en un escenario de los más diverso para sus ocupantes: En la habitación de Robin se vivía una situación más agitada y fogosa, en la que en lugar de escucharse ronquidos y murmullos de sueño, había intensos jadeos y gemidos, además de un imponente olor a sexo que aumentaba aún más el deseo de los dos amantes que ocupaban la estancia. Resulta que el escaqueo de sus dos nakamas en la tarde anterior le había dado una idea a cierto espadachín para que él y su querida arqueóloga batiesen su propio récord en la intimidad. Robin no dudaría en agradecerle a la mañana siguiente a Nami que ella y su marido hubiesen sido tan traviesos.

Mientras tanto, en el cuarto de los hombres (solteros), el ambiente estaba cargado de ronquidos que recordaban al corte de una motosierra, hedor a pies sudados, y balbuceos en sueños que hablaban de algodón de azúcar, cola, autógrafos del gran Capitán Usopp y mujeres voluptuosas.

Por su parte, Luffy y Nami descansaban en su alcoba, satisfechos por la apasionada velada que habían compartido aquella tarde en mitad de la selva. El Rey Pirata roncaba recostado boca arriba y tenía un brazo posado sobre la cintura de su compañera. Ella, por su parte, reposaba parte de su cuerpo sobre el pecho del capitán y su hermoso rostro estaba oculto por el cuello masculino; pero en su mente, su descanso no era tan tranquilo, pues turbias imágenes invadían de nuevo sus sueños...


Brook, a quien le había tocado ser el vigilante nocturno esta vez, se encontraba sentado en el césped de la cubierta tocando Binks' Sake a un relajante compás y con el tranquilo chapoteo de las aguas acompañando a la perfección la música de su violín.

-Qué maravilla poder apreciar una noche tan hermosa- comentó el esqueleto para sí mismo- Aunque yo no tengo ojos para ello, yohohoho.

De repente, el bardo escuchó que una puerta se abría a sus espaldas. Al volverse vio a Nami saliendo de la habitación que compartía con Luffy, vestida con un pantalón vaquero azul y el bikini blanco y verde que había usado durante su primera estancia en la Isla Gyojin. La joven se encaminó hacia la proa del barco, con una mirada un tanto tacirturna que Brook no pasó por alto.

-Hola, Brook- lo saludó la pelirroja con una sonrisa forzada.

-Buenas noches, Nami-san- le respondió el bardo, detendiendo la melodía- ¿Hay algo que te perturbe?

La aludida dio un hondo suspiro antes de apoyarse en la baranda para poder ver el mar.

-Necesitaba tomar un poco el aire, últimamente tengo pesadillas casi todas las noches; por no hablar de unas migrañas terribles que, sino fuera por las pastillas que me dio Chopper, creo que me habrían dejado para el arrastre.

-¿Esas pesadillas se deben a ese tal Arlong?

-No, en realidad no sé a qué se deben- dicho ésto, la chica le sonrió a su nakama para intentar desviar el tema- Pero no te preocupes, Brook; seguro que se deben a la tensión que tengo porque nos encontrarmos en un mundo desconocido.

-Naamiiiii- se escuchó quejarse a Luffy, que apareció en el umbral de la puerta del camarote matrimonial, mostrando una mueca entre soñolienta y protestona- ¿Por qué no me avisaste de que te levantabas? Ven a dormir conmigooo.

La navegante exhaló profundo ante la actitud infantil de su esposo en aquellas ocasiones. Nami no encontraría nada de molesto en que él la echase de menos en la cama sino fuera porque, en situaciones como aquélla, a Luffy le encantaba dormir pegado a ella como una lapa; y cuando Nami se iba de la alcoba en mitad de la madrugada por algún motivo (ya fuera tomar el aire o ir al baño) y Luffy se despertaba, la llamaba a voz en grito al descubrir que ella había desaparecido de su lado sin avisar. El moreno hacía ésto debido a que no había vuelto a dormir tan cerca de alguien desde que vivía en el monte Corbo cuando era niño y Ace se acostaba cerca de él para darle seguridad; era una sensación que había añorado por bastante tiempo y que ahora podía volver a disfrutar, aunque hay que aclarar que dormir con Nami era cien veces mejor por las cosas que podía hacer con ella aparte de descansar.

-Creo que me volveré a la cama- le dijo Nami al bardo Mugiwara- Buenas noches, Brook.

-Naaamiii- la volvió a llamar al minuto; parecía un perrito reclamando por su madre.

-¡Que ya voy, pesado!- le espetó la chica enseñando unos colmillos de cocodrilo.

-Que durmáis bien, Nami-san y Luffy-san- se despidió de ambos el esqueleto, dispuesto a volver a su actividad musical.

Pero de pronto, el músico se acordó de algo importante que debía pregutarle a Nami.

-Ah, Nami-san. ¿Serías tan amable de enseñarme tus pan...?

PAAAF

Brook salió volando unos metros, quedando su violín en el aire, y se fue a estampar contra la baranda de la proa.

-¡Ni lo sueñes, esqueleto pervertido!- chilló Nami furiosa, con el pie echando humo a causa de la patada que le había arreado al descarado esqueleto.

-Namiiii.

-QUE YA VOY.

-Qué afortunado es Luffy-san, yohohohoho- comentó, para justo después reanudar Binks' Sake.

Sin embargo, el bardo desconocía que era observado en la lejanía desde los cielos; lo suficientemente lejos como para que el Kenbunshoku Haki del Trío Monstruoso no pudiera detectarles.


Nami se acomodó en la cama para después dejar que su capitán se estrechase contra ella, hundiendo el rostro en su clavícula y abrazándola por la espalda. Otro hombre seguramente se hubiera desangrado con un chorro nasal al acurrucarse contra la figura casi divina de la Reina Pirata, pero Luffy no era un hombre corriente (a pesar de que ahora disfrutaba de los placeres sexuales como cualquiera), y le bastaba con un simple abrazo para quedar satisfecho. Era una actitud tan tierna para algunos como extraña para otros... Tan Luffy. Nami rodeó el cuello del moreno con los brazos, su cercanía apaciguaba el agobio que le provocaban aquellos sueños extraños que últimamente la asaltaban.

"En mis sueños siempre aparece un hombre de ojos azules, pero no consigo identificar quién es; al parecer es alguien que conocí cuando era muy pequeña. Tal vez por eso no consigo recordarlo con claridad, apenas era una niña. Creo que debería consultarle a Chopper sobre ésto, a lo mejor sólo se debe a la tensión... Ojalá sea eso".

Un repentido movimiento de Luffy la sacó de sus pensamientos, y la muchacha observó cómo su pareja abría un ojo y la miraba con su característica sonrisa.

-No estés preocupada, Nami. Yo cuidaré de que no te ocurra nada malo.

¿Cómo había sabido que estaba preocupada? Luffy solía ser un ignorante en cuanto a leer las emociones ajenas... Pero, por otro lado, tenía una percepción que se salía de lo normal, tal vez había sentido su angustia con su haki. O tal vez el atolondrado de goma había aprendido a entender un poco mejor el comportamiento y de su nakama y esposa, después de dos años de relación en los que compartían más tiempo juntos que los días de su travesía hacia el One Piece, cuando todavía eran compañeros de tripulación que sólo se preocupaban por alcanzar sus sueños y cuyos sentimientos permanecían ocultos.

Sin importarle por cuál de aquellos hechos Luffy sabía de su preocupación, Nami aferró contra sí la cabeza del capitán, reconforatada por su contacto; iba a responderle cuando de repente se desató la pesadilla...

-Ahora, Dave- murmuró Vanessa Blackbleed esbozando una cruel sonrisa; ansiosa por divertirse con la tortura a la que sometería a sus víctimas.

-HELL FLARE- rugió Dave White mientras escupía desde el aire una poderosa llamarada de su garganta hacia el barco de los Mugiwaras.

Pronto Thousand Sunny quedó cubierto por una potente línea de fuego que pronto amenazó con devorarlo por completo.

-¡¿Qué demonios...?!- chilló Brook desde la cubierta, escapando por los pelos de las llamas.

La tripulación al completo abandonaron sus respectivas habitaciones para escapar del fuego y de la asfixiante nube de humo, viéndose obligados a escapar a tierra firme ante el avance del incendio. Desesperado, Franky comenzó a lanzar de los cañones de su cuerpo grandes chorros de agua para salvar el navío, logrando enseguida que buena parte del fuego fuera extinguido y el Sunny quedase fuera de peligro.

Los Mugiwaras, asolados por el daño que estaba sufriendo su barco y hogar, aún estaban asimilando lo que acababa de ocurrir cuando algo enorme les embistió de lleno y les hizo caer a varios metros de distancia; a excepción del Trío Monstruoso, que habían conseguido esquivar el ataque gracias a su Kenbunshoku Haki. Cuando se levantaron, ante ellos vieron una hermosa mujer de cabello plateado, ojos ambarinos y vestimenta pirata clásica, que les observaba con una sonrisa siniestra; a su lado pudieron reconocer a Dave White en su forma Zoan intermedia... y a sus pies descubrieron, impactados, que Nami había sido capturada por el primer oficial, el cual la mantenía inmovilizada contra el suelo bajo su afilada zarpa.

-¡Nami!- chilló Luffy impotente; su instinto le ordenaba que se lanzase contra Dave para liberarla, pero los ojos sanguinarios del humano-reptil le dieron a entender que aquella reacción no iba acabaría bien para la pelirroja.

-¡Suéltala, Vanessa!- le dijo Eugene a la peliplateada, en su mirada se podía leer el profundo odio que sentía hacia su enemiga, pero también una fuerte preocupación hacia la muchacha Mugiwara.

-Creo que no me apetece hacerlo, Eugene- respondió la oji-ambarina con una voz que helaba la sangre.

-¡¿Esa es Vanessa Blackbleed?!- preguntó Usopp, acongojado por la amenazadora presencia de ambos Acechadores.

Eugene conocía muy bien el sádico comportamiento de aquellos dos sujetos, sabía que no dudarían en asesinar a Nami si mostraban la mínima intención de contraatacar. La navegante trató de zafarse de la garra que la aprisionaba, pero aquéllo sólo consiguió que Dave apretase aún más el agarre, haciéndole mucho daño.

-Será mejor que seas una buena chica y te quedes quietecita, Gata Ladrona- le susurró Vanessa mirándola de soslayo- No querrás que le haga daño a tus amigos y a tu enamorado, ¿verdad?

Acto seguido, la capitana se giró hacia el resto de los Mugiwaras.

-Vosotros también deberíais permanecer donde estáis, si no queréis que mi oficial la degolle aquí mismo.

Los aludidos permanecieron inmóviles con rabia, viéndose obligados a resignarse a liberar de inmediato a su cartógrafa. Luffy era el que más furioso se mostraba, apretando la mandíbula con fuerza y con los ojos inyectados en sangre, deseoso de tener una oportunidad para darles una lección a aquellos desgraciados que tenían apresada a Nami. Eugene tampoco se quedaba atrás, pues en los últimos días había desarrollado una especie de cariño fraternal hacia la Reina Pirata, después de haberle confesado parte de su doloroso pasado.

-¿Cómo sabes nuestros nombres, Vanessa Blackbleed?- quiso saber Robin, ya que en el día en que les atacó Dave, no le habían confesado su identidad.

-Soy consciente de la existencia del Segundo Mundo, por lo que tengo mis contactos- se limitó a responder la oji-ambarina; no pensaba arriesgarse a echar a perder el plan diciéndoles quién era Hank Blaze, el cual la había puesto al tanto sobre los nombres y las habilidades de cada miembro de la tripulación del Sombrero de Paja.

La mujer buscó con la mirada a Eugene, expresando a través de sus ojos de halcón su profundo odio hacia él.

-Volvemos a vernos, Eugene Samsan- lo saludó, disfrutando de la venganza que estaría a punto de tomar contra el castaño- Tu existencia me provoca repugnancia desde el día en que liberaste a los esclavos con los que pensaba pagar mi deuda con Davy Jones; Dave y yo estuvimos a punto de convertirnos en sus siervos por cientos de años por tu culpa, y para salvarnos tuve que entregarle a mi propia tripulación de entonces. Mis planes para convertirme en la dueña absoluta de estos mares de retrasaron por años, y no te puedes imaginar la felicidad que me embargó cuando me contaron que habías muerto bajo las mandíbulas del Kraken de Jones, estaba feliz por que mi venganza se había cumplido. Pero resulta que, por algún milagro que desconozco, aquí estás de nuevo frente a mí... vivo, vivito y coleando como una rata que se esconde en la cloaca enfrente de las narices del gato.

-No volví a interferir en tus planes durante todos estos años, Blackbleed. Pero me vi obligado a intervenir en cuanto descubrí que le habías robado su brújula a mi antiguo capitán y amigo- le espetó Eugene, furioso al descubrir que Vanessa estaba haciendo pagar de la manera más cruel a sus nuevos amigos por la enemistad que habían mantenido años atrás y que ahora resurgía- Me temo que no eres capaz de entender los motivos que empujan a alguien a ayudar a un camarada; tú sólo ansías el poder y el oro, sin importar cuántas vidas te lleves por delante.

-¡Jua jua jua! ¿Hablas de ese piratucho que ha perdido dos veces su barco, la Perla Negra, tras ser abandonado por su tripulación? ¿El mismo Jack Sparrow que hoy en día no es más que un pobre diablo que vaga de taberna en taberna con un bote como único transporte? Ese imbécil no conoce el objeto tan poderoso que posee, la Brújula Negra puede conducir a cualquier tesoro de este mundo, incluso al más grande del Caribe: el Tesoro de Cortés. Y ahora esa brújula está en tu poder...

-Si la quieres, lucha conmigo, pero deja marchar a Nami y a los demás.

Nami era ahora quien mantenía guardada la Brújula Negra; si Vanessa la liberaba, podría salvarse y llevarle el artilugio a Jack Sparrow, aunque a cambio Eugene tuviese que arriesgar la vida luchando contra la líder de los Acechadores. Nami no tardó en comprender las intenciones del castaño.

-Eugene, no...- trató de hablar ella, no estaba dispuesta a dejar que su nuevo nakama se sacrificase.

-Parcial Shock- dijo Vanessa señalando con el puño cerrado hacia la pelirroja.

-AAAAAARRRRGGG- chilló Nami al sentir cómo una fuerza invisible le apretaba todos los huesos del cuerpo, provocándole un terrible dolor.

-NAMI- ante aquella escena, casi todos los Mugiwaras apenas pudieron mantener el impulso de castigar a los Acechadores por la tortura a la que estaban sometiendo a su navegante.

-TÚ, DESGRACIADA...- gritó Luffy fuera de sí, dispuesto a lanzarse contra la pirata.

-¡Luffy, espera!- le suplicó Eugene, levantando un brazo para cortarle el paso- Si intentas atacarles, Vanessa matará a Nami antes de que puedas acercarte siquiera.

El moreno comprendió la situación y decidió contenerse a duras penas. No le importaban las estupideces que estaba diciendo aquella desalmada sobre no se qué tesoro y la Brújula Negra, sólo quería que soltasen a Nami cuanto antes para después patearles el trasero a ella y al repugnante hombre-lagarto.

-Haz caso a lo que te dice, Monkey D Luffy- sostuvo Vanessa mirándolo con su sádica sonrisa; acto seguido detuvo su tortura contra Nami se agachó a su lado, para después elevar su cabeza sujetándola por el mentón- ¿No querrás que tu querida navegante sufra una muerte lenta y dolorosa mientras destrozo cada hueso de su cuerpo, verdad?

El aludido gruñó en respuesta, cada vez más lleno de rencor hacia la peliplateada.

-Juro que me las pagarás en cuanto me libere- masculló Nami con un hilo de voz, aún sufriendo por la técnica de la Hasai Hasai no mi.

-Eso ya lo veremos, amante del Rey Pirata.

-¡Ni se te ocurra tocar a mi esposa!- la amenazó Luffy, desesperado al desconocer por qué le estaban haciendo daño a su compañera, la cual no tenía nada que ver con la enemistad que Vanessa mantenía con Eugene.

-Oh, ¿así que eres su esposa?- comentó la oji-ambarina a Nami con una malintencionada curiosidad- Esto será entonces más interesante: no sólo tengo como as en la manga a la navegante de los Mugiwaras, sino también a la mismísima Reina Pirata del Segundo Mundo.

-¿Qué quieres de ella, Blackbleed?- quiso saber Eugene, angustiado y aún confuso por la captura de Nami- Me tienes aquí mismo, y también a la Brújula Negra, no es necesario que la tomes como rehén. Me enfrentaré a ti si las dejas marchar junto al resto de los Mugiwaras.

-¿Por qué iba a hacerlo, Samsan? Ella es mi carta de verificación para que cumpláis mis condiciones.

-¿Qué condiciones?- intervino Zoro, aferrando rabioso sus katanas.

Vanessa entonces sacó de su bolsillo un pequeño trozo de papel.

-Rey Pirata, acércate y toma ésto.

Luffy obedeció a regañadientes, sintiéndose muy confuso por lo que estaba pasando. Con paso decidido avanzó hacia la capitana de los Acechadores, pasando a escasos metros de Dave. Al ver a Nami aprisionada bajos sus afiladas uñas y mirándolo con aquella expresión dolorida, el chico recordó la promesa que le había hecho hacía apenas unos instantes, mientras se abrazaban en su camarote:

-No estés preocupada, Nami. Yo cuidaré de que no te ocurra nada malo.

Luffy sintió un impulso irrefrenable de golpear bien fuerte a Dave para apartarlo de su compañera, quería abrazarla y tenerla de nuevo a su lado, a salvo.

-Ni lo intentes- le advirtó Vanessa con una gélida serenidad- Muévete un sólo ápice hacia ella, y moríra en la peor de las agonías.

-Hazle caso, Luffy- le aconsejó Nami con voz ahogada, regalándole una sonrisa confiada- Todo saldrá bien, tranquilo.

Antes aquellas palabras, el aludido recuperó la cordura; y con la mirada oculta por una sombra bajo el sombrero, tomó el papel y leyó unos números que estaban escritos en él.

-Son las coordenadas del lugar donde mi tripulación y yo os esperaremos. Tienes cuatro horas para entregarme a Eugene Samsan y la Brújula Negra; de no hacerlo, torturaré a tu mujercita durante un largo rato, hasta que no pueda sentir más sus huesos... Y entonces, la mataré con mi técnica más letal.

Luffy la observaba imperturbable, con unos ojos que irradiaban un profundo odio. Vanessa intentó ocultar su abrumación ante la oleada de energía que desprendía la mirada el moreno, y ante la confusión de éste, le tendió a su propio Traveling Pose.

-Para que no corramos el riesgo de que intentéis recuperar a vuestra navegante a nuestras espaldas, me quedaré con vuestro Traveling Pose y a cambio utilizaréis el mío. Sólo le queda un turno antes de tener que recargarse durante cinco años, así que usadlo bien.

El hecho de que a aquella brújula sólo le quedaba un turno era mentira, pero sabía que los Mugiwaras no se arriesgarían a averiguarlo con la vida de su cartógrafa en peligro. La expresión tensa en sus caras le dio a entender a la peliplateada que su artimaña había dado resultado.

-No busquéis ninguna alternativa para salvarla: vuestro barco está inutilizado por el incendio; y aunque consigáis repararlo a tiempo, no podréis surcar con seguridad estos mares sin la ayuda de vuestra navegante, por muchos mapas que utilicéis; y en el caso de que tratéis de atacarnos por sorpresa mientras nos marchamos...

Vanessa apuntó con el índice hacia el lado contrario de la isla.

-Cutter Wake- dijo antes de cortar el aire con el dedo.

Los Mugiwaras sintieron cómo de repente el suelo temblaba con violencia bajo sus pies; y cerca de ellos presenciaron anonadados cómo la isla se resquebrajaba hasta partirse limpiamente en dos. Parte de ella pronto se hundió entre potentes sacudidas bajo el mar, quedando intacto únicamente el trozo de tierra en el cual se encontraban ellos. La tripulación compredió entonces que se encontraban ante una enemiga muy peligrosa cuyo poder no debía subestimarse.

-Ésto es lo que ocurrirá si intentáis algo así. Los consumidores de Akuma no mi no podéis nadar en el océano, y aunque intentéis salvaros subiendo a vuestro barco, tened por seguro que también lo partiré en dos, haciendo que se hunda al igual que la otra mitad de esta isla.

Las miradas turbias de los presentes le dieron a entender a Vanessa que habían entendido la amenaza, y entonces decidió que era el momento de partir de regreso con su tripulación y con el equipo de Hank Blaze.

-Hasta pronto, Samsan. Disfruta de los últimos momentos que te quedan de vida, porque esta vez no habrá milagro alguno que pueda salvarte- se despidió con sorna del castaño.

Dicho ésto, Dave se transformó en un dragón completo para dejar a Vanessa subirse a su lomo; y aferrando a Nami con fuerza en su zarpa, desplegó sus alas para levantar el vuelo.

-Nami...- murmuró Luffy con un tono afligido poco propio de él.

-¡Luffy, no!- le avisó Sanji, temiendo que un acto impulsivo de su capitán tuviese fatales consecuencias para la cartógrafa.

-Ooh, qué enternecedor- comentó Vanessa con falsa lástima, mientras Dave empezaba a ascender- Despídete por ahora de tu rey, Nami Gata Ladrona.

-Lu... Luffy...- lo llamó ella desesperada, con la voz entrecortada por el dolor.

-¡Nami...!- sin pensarlo, el joven corrió hacia la navegante y estiró un brazo hasta ella... pero sólo logró acariciar sus dedos durante un segundo, y Nami se alejó de él bajo las garras de Dave.

-¡Luffyyyyyyy! ¡Chicooooooos!- los llamó angustiada la pelirroja, antes de desaparecer en la lejanía mientras el sol amanecía por el horizonte.

-Maldición- masculló Chopper- ¿Qué hacemos ahora, Luffy?

El muchacho no respondió, se quedó inmóvil en el mismo lugar donde había estado a punto de alcanzar la mano de Nami, apretando los puños hasta que se quedaron blancos.

-¿Luffy-san?- intervino Brook preocupado.

-¿Capitán, qué haremos?- le preguntó Robin.

-Tenemos que rescatar a Nami-swan de inmediato. ¡Reacciona, idiota!- lo regañó Sanji, atacado de los nervios por la situación delicada en la que se encontraba la pelirroja.

Por su parte, Zoro observaba en silencio el semblante de su líder; sabía que de un momento a otro él...

PUUUUM

Con su puño cubierto de Busoshoku Haki, Luffy golpeó una esquina de lo que quedaba de la isla, provocando que se desprendiese.

-¡¿Qué diablos haces?!- le gritó Sanji con una vena palpitando en su sien- ¿Es que nos quieres ahogar o qué...?

El cocinero no tuvo fuerzas para seguir riñendo a su capitán; de hecho, nadie las tuvo para mencionar palabra alguna ante su semblante... Luffy permanecía callado y miraba su alianza de matrimonio con ojos taciturnos; esta vez estaba preocupado de verdad: Con el Thousand Sunny seriamente dañado y sin la ayuda de la astucia Nami, la tripulación estaba en serios aprietos; y sólo disponían de un Traveling Pose del cual les habían asegurado que sólo tenía un turno. Esta vez no tenían ninguna alternativa, ni siquiera los vehículos del compartimento inferior del Sunny eran una opción viable, ya que no llegarían a tiempo para salvar a Nami. Esta vez, todo estaba en su contra.

-Oi, Luffy- le dijo Eugene apoyando la mano en el hombro del moreno para que lo mirase- Todo esto ha ocurrido por mi culpa, así que tomaré la responsabilidad de ésto y me entregaré a Vanessa. Buscaré la manera de escapar por mi cuenta en cuanto Nami esté con vosotros de nuevo.

-¿Que estás diciendo, Eugene? No vamos a permitir que esa sádica te mate- intervino Usopp.

-He luchado contra enemigos igual de poderosos que ella, incluso más. Si me enfrenté a la banda de Davy Jones una vez y viví para contarlo, podré volver a hacerlo esta vez con los Acechadores- respondió el castaño- Es la única opción.

-Estoy de acuerdo- lo secundó Sanji mientras le daba una calada a su cigarrillo- Nuestra prioridad es rescatar a Nami-swan.

-¿Permitiendo que Eugene se sacrifique?- dijo Chopper indignado- ¡Tiene que haber otro modo!

-Sólo disponemos de cuatro horas, ¿tenéis otra solución?

-¿Y la misión de regresarle la Brújula Negra a tu amigo, Eugene?

-Se la confié a Nami ayer mismo; cuando ella esté a salvo, os pido que se la devolváis a Jack Sparrow por mí sino consigo huír a tiempo.

-¡Es una locura!-dijo Franky.

-No hay otra salida- opinó Sanji.

-Pero Eugene podría morir...- comentó Chopper.

-Y a Nami-swan se le acaba el tiempo.

Zoro y Robin permanecieron callados, esperando una orden de Luffy, mientras los demás continuaba discutiendo. En verdad se encontraban en un callejón sin salida, y por primera vez tantos años que llevaban de travesía juntos, no lograban encontrar otra solución a la que se les había impuesto: O accedían a entregar a Eugene, o Nami moriría...

Pero Luffy, tan tozudo y confiado siempre en su propia determinación y en la de sus nakamas, pronto supo qué hacer. De modo que en cuanto se recuperó de su trance de fustración, se irguió y miró a sus compañeros con una imponente seriedad.

-Chicos, no vamos a perder a Nami ni tampoco vamos a dejar que Eugene se entregue. Iremos a luchar, le patearemos el trasero a Vanessa y a ese estúpido hombre-lagarto, recuperaremos a Nami y llevaremos a Eugene con su amigo Spirow.

-Sparrow- le corrigió el castaño.

-Como sea.

-¿Estás sugiriendo que ataquemos de frente, Luffy-san?- quiso saber Brook.

-Sí.

-Pero si atacamos sin más, podrían herir a Nami-swan; tenemos que actuar de un modo más sutil- sugirió Sanji.

-¿Y cómo sabemos que no caeremos en una trampa igualmente?- contestó Usopp- ¿Y si tienen preparado un contraataque sorpresa por si nosotros decidimos luchar?

-Entonces pelearemos con más fuerza y buscaremos la manera de llegar hasta Nami antes de que se les ocurra tocarle un sólo pelo. Porque si lo hacen, no responderé de mis actos.

Los Mugiwaras se miraron entre ellos y luego a su capitán. Se trataba de una opción kamikaze, casi suicida; pero por otro lado, era bien cierto que la voluntad de Luffy nunca les había fallado, y con los ánimos renovados, levantaron un brazo en el aire para lanzar su grito en equipo.

-SIII.

-Eugene, ¿lucharás con nosotros?- le preguntó Luffy al barbudo.

-Tenlo por seguro, pero ya que disponemos de cuatro horas antes de enfrentarnos a los Acechadores, tengo un plan para reducir más los riesgos de que lastimen a Nami mientras atacamos.

Los ocho se reunieron en un círculo, dispuestos a escuchar la estrategia de Eugene para llevar a cabo la ofensiva. En cuatro horas se enfrentarían por primera vez a la tripulación pirata más temida del Caribe y a su sanguinaria capitana; cuatro horas quedaban para salvar a Nami de su cautivero, una acción que Luffy no dudaría en hacerles pagar a aquellos desagraciados. Quien se metía con un nakama del Rey Pirata, ya podía ir a esconderse al otro lado del mundo; pero quien se metiese con su navegante, no tendría escapatoria ni siquiera en el fin del mismo.


Se aproxima la primera gran batalla entre los Mugiwaras y los Acechadores. ¿Qué ocurrirá con Nami mientras sus nakamas se preparan para rescatarla? ¿Qué pasará durante el inminente enfrentamiento? ¿Cómo serán las habilidades de Eugene en batalla? ¿Conseguirán salvar a Nami?

¡Lo sabremos en el próximo capítulo!

Muchas gracias a mis queridos nakamas lectores FalknerZero, Alice1420 (ánimo a vosotros también con vuestros fics, ¡que son una maravilla!) y a Monkey D. Ani por sus relinchosos reviews que tanto me levantan el ánimo y me impulsan a escribir cada día mejor. Muchos agradecimientos también a aquellos que la habéis incluído en Favorites, en Follows o que simplemente la sigáis a través de la lectura. ¡Sois SUPER!

¡Relinchos animosos a todos y nos leemos pronto! ;)