LA VENDA SOBRE LOS OJOS

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Notas de las autoras:

¡Buen fin de semana! Hemos cumplido esta vez con la actualización prometida (n.n) Queremos agradecerles los comentarios que nos enviaron respecto al capítulo anterior, fueron geniales de leer y fue enternecedor su preocupación. Esperamos que este capítulo les guste también. Sin más, agradecemos que se tomen su tiempo para leernos y para dejarnos un comentario :3

ADVERTENCIAS: AU, M, traición, drama, angst.


Capítulo 10:

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Era lunes.

Estaban sentados en los bancos de latón aledaños al puesto de falafel favorito de Atem. Habían ensayado toda la mañana; Atem habría continuado también durante la tarde pero Bakura le propuso salir a comer y relajarse un rato.

–Nos compraré una pantalla plana para el departamento nuevo. Yugi necesitará donde jugar al wiiU –le dijo Bakura.

–¿Nos alcanza el dinero? –Ya habían pagado la primera cuota de su flamante departamento.

–No –replicó Bakura como si nada. –Pero me mandarán algo de dinero de casa en navidad.

–¿No hay nada que quieras para ti? –Bakura le dio una mirada significativa mientras Atem masticaba sin elegancia su falafel. Los dos fingieron que eso no había pasado.

–Escucha esta canción –le dijo Bakura, acercándole su móvil al oído. –Quería mostrártela.

–Es Vagabond de Wolfmother. –Tenían este pequeño juego en el que Bakura trataba de encontrar una canción que Atem no conociera.

–Es rock indie, ¿te gusta?

–Es hard rock, pero sí. –Atem le dio una sonrisa de suficiencia a Bakura.

–Tú ganas.

–Así que tú invitas la comida. –Bakura fingió que se ofendía, pero pagó sin chistar.

Fueron a ver una película a un minúsculo cine que solía proyectar filmes viejos. Vieron Harlequin, un clásico de 1980. A Bakura le fascinaban los filmes de horror, aunque había visto tantos que ya nada lo asustaba. Con excepción de algunos inesperados golpes maestros del cine oriental. Una vez Atem le había obsequiado una película llamada "La audición". La habían visto juntos, les había puesto los pelos de punta y los había sobresaltado varias veces. Atem (literalmente) no podía creer lo que había visto. Pero Bakura la disfrutó muchísimo. Aún la ponían el día de brujas o cuando estaban particularmente aburridos. Nada reanima como el terror, solía decir Bakura.

Harlequin no le dio miedo pero hizo sentir incómodo a Atem. Cuando salieron del cine ya anochecía.

Bakura extendió la mano hacia Atem y se la tomó como casualmente. Atem volteó a mirarlo pero Bakura (deliberadamente) miraba hacia adelante.

–¿Cenamos fuera? –Inquirió Atem.

–Vamos a casa, te prepararé algo.

–Si quieres puedo cocinar yo.

–Sabes que me tomará una semana entera digerir el falafel que me comí. No necesito que me des otra dosis –Atem se carcajeó.

–No tenías que pedir lo mismo que yo –lo regañó. La comida egipcia y Bakura no se gustaban mutuamente. –Vamos a casa, comamos papilla de manzana y un té.

–No te pases.

Se subieron al metro que iba lleno. Bakura usó eso de excusa para apretujarse contra Atem. No le había soltado la mano durante todo ese tiempo. Estaban hablando de la audición, el tema predilecto de ambos.

–Si pudieras aumentar la rotación en los giros del crescendo…

–¿Me estás retando? –Inquirió Atem.

–Algo así, sí. Estoy seguro de que Cameron quedará deslumbrado, no es un gran partidario de la improvisación, lo suyo es la exactitud métrica. La coordinación de sus artistas es el sello de la compañía.

–¿Crees que le importe mi estatura?

–No. La técnica es lo que importa. ¿A qué nunca tuviste una audición tan importante en tu vida?

–Gracias de nuevo –a Bakura le gustaba mucho que Atem le endulzara la oreja con su agradecimiento.

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Llegaron al departamento minúsculo que habían compartido durante dos años. Atem puso dark side of the moon en su móvil, prepararon una cena insulsa y fácil de digerir; y hablaron de todo y de nada. Atem estaba cómodo junto a Bakura. Siempre le había resultado fácil vivir con él. Bakura no era un reto continúo, ni siquiera era difícil de complacer.

Le rodeó la cintura a Atem mientras lavaba los platos, aguardando sin prisas a que terminara. Atem no pensó que necesitara eso: tranquilidad y ternura; pero se sintió confortado.

Bakura lo tomó de una mano y lo llevó consigo rumbo al sillón para hacerse arrumacos. Bakura le respondía con gusto, quitándose la ropa sin hacerse del rogar. Enroscándose en Atem con desesperación. Apenas y le daba tregua para respirar.

–¿Tú cama o la mía? –Le preguntó Bakura, acunándole la cara entre sus manos, besándolo tras preguntarle y luego dejando de besarlo para que Atem pudiera responderle.

–La tuya –dijo Atem. Bakura lo escoltó con una enorme sonrisa.

Atem no conseguía excitarse. Bakura estaba encima de él, con toda su blanca piel ante sus ojos, todos sus encantos que no lo deslumbraban. Acariciándolo, mostrándose, frotándose, luchando por hacerle sentir algo.

–Mírame –le rogó. Atem así lo hizo. –¿Quieres ir arriba?

–¿Qué?

–¿Quieres follarme?

–No, házmelo tú. –Bakura le sonrió.

–Siempre he querido hacértelo. –Bakura se lanzó a besarlo de nuevo e intentó tocarlo entre las piernas. Atem se sintió incómodo ante la falta de interés de su cuerpo. Bakura lo miró dubitativo, no consiguió hacer reaccionar a Atem.

–No importa, házmelo –le indicó a Bakura.

–Pero quiero que te guste.

–Créeme, no suele gustarme la primera vez que me acuesto con alguien.

–¿Mr Pig? –Bakura retrocedió irritado.

–No. Hubo alguien antes de él. –Bakura se relajó como diciendo: entonces está bien. Lo que Atem no dijo fue que jamás fue un entusiasta del sexo con Mahad. Lo suyo ocurrió porque estaban por separarse, Mahad había conseguido empleo en una compañía de ballet de San Francisco, estaba a punto de mudarse lejos. Se fueron a la cama solo para llenar el vacío que se creaba en su relación.

Dejó que Bakura alcanzara un condón. Lo abrió con la mirada fija en Atem. Se inclinó sobre él por más besos y se puso a toquetearlo de nuevo.

Atem sintió la náusea instalándose en su estómago. Algo dentro de él se rehusaba, no quería hacerlo así, sin verdaderas ganas, sin sentir. Su cuerpo se arqueó para luego tensarse con toda su fuerza sin que Atem pudiera frenarlo.

–¿Qué te ocurre? –Le preguntó Bakura retrocediendo.

–Esta noche no puedo –Atem se salió de la cama a toda prisa y corrió hacia el baño. Se encerró dentro dando un portazo. Vomitó la cena y cuando acabó se quedó tirado en el piso frío.

Estaba perdido.

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Había llegado a The Circus muy temprano para practicar y volver a practicar la coreografía para The Workshop. A media mañana Bakura se le unió. Lo obligó a tomar un descanso y le ayudó a flexionarse, además de darle masaje en las piernas. Todo con una sonrisa enternecida adornándole la cara. Estaban solos en el estudio de The Circus. Gavin y los demás aún no llegaban.

No hablaron de su cita del día anterior. Bakura lo había confortado luego de su fallido intento de tener sexo. Dio por hecho que la comida le había sentado mal a Atem, el cual le dejó creer eso porque no quería pelear.

Ese día, Bakura y él se dedicaron al baile, ese era el lenguaje en el que se comprendían. Ensayaron con el resto de la compañía y el día fluyó como el agua. Mana estuvo magnífica, Bakura relajado, el elenco no cometió errores.

Esa noche dieron uno de los mejores espectáculos de la historia de The Circus. Cuando terminaron había una sensación de armonía entre los bailarines, estaban eufóricos. Mana y varios más se acercaron a Atem para felicitarlo. Los había seducido y luego les había roto el corazón a todos.

-Interpretas mejor que nunca -lo felicitó Mana abrazándolo.

-Por fin te duele el alma, por eso puedes bailar así -dijo Gavin. -Te pesa en el cuerpo y eso permite que te muevas con más emotividad.

-Eso es una tontería -replicó Bakura metiéndose. Le ofendía que le atribuyeran a Kaiba, el que Atem pudiera bailar así. -¿Tú qué sabes de baile?

Gavin sabía mucho de baile. No era un bailarín pero llevaba años en el negocio, le recordó eso a Bakura. Cuando ya todos se retiraban, Gavin retuvo a Bakura para sermonearlo.

-Tienes tu temperamento pero resérvatelo…

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El aire en la calle se sintió frío contra su piel aún empapada. Atem se subió la capucha de la sudadera que llevaba puesta. Tenía adormecidas las pantorrillas, había bailado nueve horas. Bajo la ropa, aún llevaba puesta la cinta kinestésica en los tobillos y las muñecas. Además de eso Bakura le había dado ibuprofeno para prevenir inflamación muscular.

Atem aguardaba por Bakura en la entrada del teatro. Se puso distraídamente los audífonos, en sus oídos comenzó a sonar Crown of Love, en su mente comenzó a bailar de nuevo.

–Atem, Atem –Mana se plantó ante él, cantarina y sonriente. Atem asintió dándole a entender que la escuchaba. –Vamos a Little India a cenar, ¿quieres venir? Debes tener muchísima hambre luego de tanta práctica.

–Estoy esperando a Bakura.

–Él también puede venir –aventuró Mana. Todos sabían que había terminado con Kaiba y (esa era su versión de la historia) regresado con Bakura. –A menos que tengan algo en casa… como… ¿cena romántica? Ó ¿algo así? –Atem negó.

Había otros cuatro bailarines esperando a Gavin.

–¿Qué escuchas? –Mana le quitó un audífono y prestó atención un instante. –No la conozco.

–Es Arcade fire –le explicó Atem.

–Claro, ¿te gusta el rock? A veces te veo vestido de cuero, con muñequeras, ¿tienes puesto tu collar en forma de hebilla?

–No ahora mismo –respondió Atem y le sonrió a Mana.

En eso Atem notó el bentley negro aparcado cerca. Sintió una horrible sensación de vértigo.

–¿Te duele la tripa? –Le preguntó Mana, –te pusiste pálido.

No le respondió. Kaiba acababa de bajarse del vehículo e iba directo hacia él. El corro de bailarines enmudeció al verlo acercarse. Atem se concentró en sentirse los pies porque intuía que estaba por caerse. Le ocurría (otra vez) que no podía moverse al pensar que Kaiba se le estaba acercando.

–Debo hablar contigo –le dijo Kaiba a quemarropa, deteniéndose ante Atem. –Sube al auto –ordenó indicándole el bentley.

Atem parpadeó confundido y luego toda la ira que tenía contra Seto le brotó por la boca.

–Vete a la mierda. –Se cruzó de brazos dominándose. No era su puta, podía mandarlo por donde vino, no se debían nada.

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Pegasus había tenido el morro de acudir a su oficina para reclamarle su falta de avances respecto a Herbie y luego le había dado un sermón sobre el amor.

"No me hagas reír" le dijo Seto malhumorado.

"El amor no es un chiste".

"Tú eres el chiste Pegasus" por una vez su socio se ofendió. Kaiba esperaba que con eso fuera suficiente para que se marchara por fin, pero Pegasus decidió no tomárselo personal y siguió adelante.

"Te diré lo que tienes que hacer para reconciliarte con la musa". Kaiba no lo alentó a hablar aunque había picado su curiosidad. "Tendrás que sacrificar tu orgullo en el altar del ridículo". Eso superó con creces las estupideces que Kaiba era capaz de tolerar.

"Estás despedido" Kaiba se levantó y le indicó la salida.

"Por supuesto que no" replicó Pegasus como si nada y siguió. "Estás loco dirás, ¿por qué habría de hacer eso?" Pegasus no estaba conversando con él, sino monologando. "Tu musa es un necio obcecado como tú. No querrá escucharte fácilmente, si haces el ridículo podrás sacarlo de balance y convencerlo de que te importa más que tu orgullo. Una vez que hayas conseguido conmoverlo pídele perdón de todo corazón. Lo tendremos de regreso en Kaiba Corp mañana y podrás volver a trabajar como antes".

Kaiba se dirigió a la puerta y le explicó con máxima frialdad a Pegasus que él no necesitaba de Atem para hacer su trabajo, ni de sus consejos ya que estaban en esas. Igual le prohibió expresamente volver a apersonarse en su oficina como no fuera para renunciar. Pegasus se dejó conducir a la salida esta vez.

"Hazlo hoy mismo Kaiba, si dejas pasar mucho tiempo alguien podría ganártelo" Kaiba le dio con la puerta en las narices y regresó a su escritorio para trabajar.

Esa misma noche acudió a The Circus. No entró a ver el show, aparcó en la salida del elenco y aguardó ahí durante tres horas hasta que vio a Atem salir. El inicio de su conversación no fue demasiado prometedor.

Se sentía avergonzado por lo que había hecho. Igual estaba dolido por haberse equivocado, después de todo él era un hombre con un gran autocontrol (por no hablar de su inteligencia superior). Y por último se sentía molesto con Atem por algo que aún no acababa de dilucidar.

–No me iré de aquí sin ti –dijo Kaiba, con su tono de ejecutivo profesional, el jefe que te informa lo que harás. Hubiera querido dar muestras de constricción pero el mismo temperamento que lo mantenía a flote ante las adversidades le impedía expresar cabalmente lo que sentía (a menos que ese algo fuera enojo y exasperación).

Atem le dio la espalda (trastabilló) y echó a andar de vuelta a The Circus, pero Kaiba se le interpuso. Los otros bailarines se habían apartado como esperando a que algo muy gordo ocurriera.

–Sólo dame un minuto –le espetó Kaiba tomando a Atem de un brazo.

–Te escucho, pero no me subiré al bentley, –Atem se zafó de su agarre. Kaiba no quería hablar delante de los otros bailarines pero Atem se estaba poniendo intransigente.

–Como quieras -resopló. -Fue Pegasus quién filtró las fotografías de Herbie –le contó sin mayor preámbulo. –Todo apuntaba a que tú eras el culpable. No se me ocurrió sospechar de él porque también le afectaba la situación, a saber que estaba pensando cuando lo hizo, está loco.

–¿Pegasus? –Atem estaba sorprendido por el giro de las cosas, -no se ve muy cuerdo -concordó. Un embarazoso silencio se instauró entre ellos. Atem lo rompió diciendo: -si quieres que te dé las gracias por exonerarme lo llevas claro.

-¿Te da igual que ahora te crea? –Antes había luchado con él por ello, le había implorado por un poco de credibilidad. No creía que los sentimientos de Atem fueran tan mudables pero no solo no le respondió a su pregunta sino que se cruzó de brazos irritado. –Quiero pedirte perdón –dijo Seto con mucha solemnidad, buscando la mirada de Atem el cual levantó el rostro hacia él. –No pude creer en ti cuando me lo pediste, pero necesito que intentes comprenderme. Me hubiera sido imposible sobrevivir y proteger a Mokuba si fuera ingenuo. Desconfiar de los demás me ha salvado más veces de las que podría recordar. Soy orgulloso pero puedo reconocer que esta vez me equivoqué.

-Tus cicatrices son más profundas de lo que se ven en tu piel. -A Kaiba le daba aversión hablar de todo esto en una calle a mitad de la noche y encima con testigos indeseables. Atem se ensimismó algo meditabundo. Kaiba imaginó que estaba decidiendo si lo perdonaba o no. -Puedo entender por qué no me creíste. -Asintió satisfecho con el razonamiento de Atem (por cursi que fuera). -Lo que no te perdono es que me hayas tratado como tu puta, pensé que era verdad que me considerabas tu pareja.

-No estaba fingiendo ni mintiendo. Tú eres mi compañero, pero estaba absolutamente decepcionado y furioso, no debí, no volverá a pasar.

-Hasta la próxima vez que vuelva a pasar -añadió Atem secamente. Kaiba se cruzó de brazos esta vez. –No es suficiente para mí.

–Tan sólo quería lastimarte para igualar las ternas.

-Lo conseguiste.

-Y tú usaste la memoria de mi padre para contraatacar.

-¡Tú me pegaste! -Atem procuró no alzar demasiado la voz.

-No podemos decir que te hayas quedado atrás en ese aspecto -Atem le concedió eso. Se miraron uno al otro y de nuevo guardaron silencio.

"Discúlpate como un caballero".

-Escúchame, me sentía tan herido… quería denigrarte del sitio tan alto que ocupas en mi vida y en mi corazón… Tú no eres tal cosa, ni lo serás nunca… –Seto alzó una mano y le tomó de la nuca, con el pulgar le presionaba el mentón, con la otra mano lo tomó del hombro para que no pudiera darle la espalda. –Me porte como un cretino. Me has dado una lección invaluable.

Seto se inclinó hacia él pero Atem no se dejó besar. Se echó hacia atrás.

-Piensas que soy inferior a ti y que puedes hacer lo que quieras conmigo. En realidad no me quieres, sólo estás obsesionado. Estás tan acostumbrado a que te teman que quieres tenerme contigo hasta que consigas domarme y te aburras.

Seto se recordó vívidamente, gritándole a Atem: ¡Te enseñaré a temerme!

-Estás equivocado, no quiero que…

–Ya hice lo que me pediste –murmuró Atem dejando ir las manos de Seto para cruzarse de brazos de nuevo. –Te escuché Kaiba, puedes irte.

–No sin ti. Sube al bentley… por favor.

-No. -Kaiba suspiró cansinamente.

-Tendré que hacer el ridículo. -Atem pensó que había escuchado mal. -Hicimos una apuesta –le recordó de repente. -El perdedor otorgaría su rendición absoluta al ganador.

-Cómo si fueras a aceptar una derrota tan fácilmente. -Pero Seto hincó una rodilla en el suelo. -No hagas eso –le pidió Atem. –No quiero que te humilles. -Uno de los bailarines sacó su móvil y lo dirigió hacia ellos.

–Acepta mi rendición, ven conmigo.

–Te fotografiarán haciendo el idiota. –Kaiba ni siquiera volteó a mirar a los otros bailarines de nuevo.

–Que lo hagan. Es más, puedo mejorar la foto –añadió Kaiba y metió una mano en el bolsillo de su gabardina al tiempo que decía en un tono bien alto y audible. –¿Te casarías conmigo?

Hubo gritos emocionados tras ellos y aplausos.

-¡Bien hecho! –Les gritó Mana. Atem se sonrojó mirando de soslayo a sus compañeros. Kaiba les dio una mirada asesina. Sólo les hacían falta unas palomitas de maíz para complementar su diversión. El bailarín que los estaba grabando, guardó su móvil de inmediato.

–¡Detente ya! –lo atajó Atem por lo bajo. –Levántate.

-Ven conmigo. Solo quiero que hablemos en un sitio más privado.

-Levántate. -Kaiba se puso de pie y le tomó de una mano.

-¿Tan rápido se te pasó el amor que me tenías? Esperaba ser alguien significativo para ti.

-Deberías escucharte Seto, no te queda hablarme de amor.

-Deberías escucharte Atem, no te queda evadir mis preguntas. Respóndeme.

-Te quiero.

-¿Cómo voy a enmendarme si ni siquiera vienes conmigo para hablar a solas?

Atem no lo soltó, casi lo había convencido, estaba seguro.

–¡Atem! –La voz de Bakura los sobresaltó. Atem se zafó de su agarre. –Estoy aquí –le dijo en tono confortante tirando del brazo de Atem, pretendiendo resguardarlo tras él.

–Señor Kaiba –aquí llegaba Gavin también. –Confío en que no nos ocasionará ningún problema. No quisiera tener que llamar a la policía y a la prensa.

Kaiba se rió.

–Adelante. Puedo hacer que los arresten a todos en un parpadeo, menos a Atem obviamente.

Gavin se sonrojó.

–¿Bajo qué cargo? –Inquirió alguno de los bailarines.

–El que se me pegue la gana –le replicó Kaiba sin voltear en su dirección. –Lenocinio, posesión de drogas, intento de robo, hostigamiento, estorbarme…

–Te estás propasando –le dijo Atem, tratando de socorrer a Gavin. Kaiba se estaba cabreando en grande. Quería desquitarse con Gavin, con Bakura, con todos ellos, liaría una bien gorda. –No puedo ir contigo esta noche, no puedo subir al bentley, necesito pensar.

-Cómo quieras.

Todos los miraban. Seto se acomodó la gabardina que llevaba puesta con resignación y se dirigió a su auto.

–¿Estás bien querido? –Le preguntó Gavin. Atem le dio un asentimiento y se alejó.

–¿A dónde vas? –Bakura fue tras él.

–A cenar con Mana –replicó Atem.

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Atem volvió a casa casi al amanecer. Se había ido a Little India con Mana, Gavin y un par más de bailarines.

"Ni una palabra acerca de Kaiba" les advirtió con actitud bastante fastidiada, al tiempo que empinaba una cerveza de golpe.

"No te pongas así, no haremos chistes a tu costa".

"En tu cara" les faltó decirle pues seguramente los harían a sus espaldas. En su pequeño mundo de sombras los cotilleos eran un gran entretenimiento. Cenaron y hablaron de otros tópicos de conversación. De los clientes, de los otros bailarines, y así. Pero, Atem notó que no paraban de redundar sobre el amor. Gavin se puso a contarles su historia. Se había enamorado de uno de sus clientes el cual lo había abandonado luego de cinco años de relación. El despecho aún le duraba.

"¿Por qué tiene que ser todo tan complicado? ¿Por qué volvemos tan difícil algo que debería sernos natural?" Dijo Gavin. En otro momento Atem se hubiera burlado, ahora le encontraba mucho sentido a sus palabras.

Atem entró en su departamento, se quitó los audífonos de las orejas, avanzó procurando no tropezar con las cajas desperdigadas por todos lados. Habían comenzado a embalar sus pertenencias para llevarlas a su nuevo piso. Si quieres descubrir que tienes demasiadas cosas, sólo debes mudarte.

Encontró a Bakura en la sala, guardando con cuidado los trofeos de ambos. Estaba acuclillado junto a la mesa de centro que poseían.

–¿Pero qué haces? –Le preguntó Atem.

–Estás aquí –le dijo sin tono de reproche, con la voz apagada y rota. –Estaba preocupado, pensé que tal vez te escabullirías para verte con Mr Pig a mis espaldas.

–¿Llevas toda la noche despierto? –Le preguntó Atem, obviando lo que dijo sobre escaparse con Kaiba.

–No podía dormir, no dejaba de pensarte en una habitación de lujo… con él. –Bakura no iba a soltar el tema tan fácilmente.

Bakura parecía una fiera herida. Sus manos se movían con nerviosismo conforme agarraba los trofeos para guardarlos.

–Ya estoy aquí. Ya puedes ir a dormir –le pidió Atem. –Hablaremos por la mañana. –No sabía qué hora vivía.

Se inclinó y recogió ese trofeo de cristal que se habían ganado juntos. Lo depositó en la caja ante Bakura, el cual le atrapó la muñeca apretándosela con más fuerza de lo que la situación ameritaba.

Bakura se incorporó sin soltarlo.

–Acuéstate conmigo Atem –le pidió sin alzar la mirada. –Por favor ven a mi cama, te necesito.

Atem lo consideró durante dos segundos exactos.

–No –le respondió. –Lo lamento. No puedo. –No estaba seguro de lo que debía hacer respecto a Seto. Pero, no podía ceder a la petición de Bakura. Estaba confundido y no quería hacer algo de lo que pudiera arrepentirse después. Bakura alzó el rostro obligándose a sonreír, aunque su gesto lejos de ser reconfortante lo hacía lucir trastornado.

–¿Esa es tu respuesta? –Cuando sus ojos se encontraron con los de Bakura fue como si algo estallara dentro de él. Hizo ademán de arrearle un golpe a Atem pero dudó en el último momento. Atem se apartó y Bakura volvió a la carga, lo agarró por la ropa tratando de sacudirlo. –¡Estoy harto de que digas que no! ¡Siempre no! Pero no te costó mucho acostarte con ese cerdo, ¿te gusta que te traten así? Yo también puedo hacerlo.

–¡Suéltame! –Le reclamó, le dio un empellón a Bakura, el cual se llevó un trozo de la camiseta que Atem llevaba puesta.

Bakura dio con sus huesos sobre la mesa de centro volcándola. El cristal que la cubría se hizo añicos.

–Te dije que te fueras a la cama, ya fue suficiente –le ordenó Atem. Bakura levantó una mano, la palma le sangraba. Algo en su relación se había roto de manera irreparable. –Lo lamento –le dijo Atem. Los ánimos se habían enfriado de golpe.

–Estoy bien –dijo Bakura mirando su mano, el corte no parecía profundo. Atem le ayudó a levantarse y lo llevó a la cocina para enjuagarle la mano, se fijó en que no hubiera esquirlas incrustadas. Le ayudó a ponerse pomada antiséptica y una gasa. Bakura le aceptó esas atenciones con gesto tranquilo.

–Atem, no me abandones –le dijo Bakura volviendo a su actitud dulce con la que solía tratarlo. –¿A dónde más irías?

–En verdad lamento haberte lastimado –no aclaró si lo decía por el corte en la mano o por su rechazo.

Lo dejó sentado en una de sus sillas de la cocina.

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Atem durmió un poco, despertó a las ocho, se alistó y se fue al trabajo. A las diez de la mañana estaba en The Circus ensayando, solo. Bailar le ayudaba a sentirse menos agobiado.

Gavin fue el primero de la compañía en llegar, parecía tan fresco como una lechuga. Se sentó en un extremo de la duela para verlo practicar durante un rato. Cuando Atem hizo una pausa para descansar, Gavin finalmente le habló.

–¿Dónde está Bakura? –Inquirió lanzándole una toalla a Atem para secarse el sudor.

–No lo sé –replicó Atem. Solía ser muy puntual, era inusual que no estuviera ahí.

–¿Están bien ustedes dos? –Atem se encogió de hombros. –¿Te vas a casar con Kaiba?

–¿Qué?

–Anoche no querías hablar del tema, pero en cuanto te fuiste Mana y los demás me enseñaron el video de la propuesta. Qué bueno que Bakura no lo vio arrodillado ante ti.

–Gavin, no…

–Es lógico que te sientas indeciso. –Lo atajó. -Por un lado tenemos a Bakura, alguien que conoces de sobra, en quién confías, con quién haz construido una vida poco a poco. Por el otro lado tenemos a Kaiba, quien empezó contigo por las peores razones posibles: lujuria y dinero. Y sin embargo, anoche al verlos juntos me percaté de lo mucho que se atraen. Apuesto a que cuando están a solas vuelan chispas entre los dos. Pero, no se conocen lo suficiente, peleas con él y además es un tarado creído.

Atem procuró no reírse por la descripción que Gavin acababa de hacer de Kaiba. No le faltaba razón pero lo que decía estaba incompleto. Había más en él que lujuria y dinero. Kaiba era un genio, podía ser gentil y además Atem lo admiraba por muchas y variadas razones; pero en esos mismos momentos sólo podía pensar en Yugi y en The Workshop, no se imaginaba retomando su relación con Kaiba tan sólo para estrellarse con otro ataque de desconfianza y furia. No porque no fuera capaz de capotear su temperamento sino porque (a pesar de que lo añoraba)… Bakura tenía razón, no era capaz de imaginarse un futuro con Kaiba.

–No estoy ni estuve con Bakura –le aclaró Atem. –Al menos no como él desea.

–Pero a Bakura le gustaría mucho que así fuera –Atem asintió tratando de no verse presuntuoso. –Pero tú te enamoraste de Kaiba –volvió a asentir.

Hubo un tiempo en el que Atem no sentía ningún respeto por Gavin, le era sólo un travesti de facciones abotargados por el tiempo, el maquillaje y los desvelos. Pero poco a poco iba descubriendo a la persona debajo de todo eso, y no le era desagradable.

–No quiero hacerle daño a Bakura, pero no sé lo que debo hacer.

–Aún si no vuelves con Kaiba, debes terminar con Bakura. No hacerle daño es imposible. Lo más a lo que puedes aspirar es a ser una persona decente y exterminar todas sus esperanzas de cuajo y sin dejarle espacio para que malinterprete nada. Si no lo haces así a la larga sufrirá más.

–Pensé que con el tiempo… –se rindió. No estaba más cerca de enamorarse de Bakura ese día de lo que había estado dos años atrás cuando lo conoció.

Bakura no llegó nunca a The Circus. Tampoco llamó para pedir excusas por ausentarse ni respondió a los mensajes y llamadas de nadie. Atem estaba preocupado.

Durante su descanso antes del show acudió a su departamento a buscarlo.

Se llevó la sorpresa de la vida cuando al llegar descubrió el departamento desvalijado. Al abrir lo recibió el eco de un sitio vacío. Los muebles de la sala, los de la cocina…

Corrió a su propia habitación para hallarla igualmente vacía.

Sacó el móvil, casi se le cayó de tan apresurado que hizo eso, llamó a Bakura. Esta vez respondió.

–¿Dónde estás?

–Llegando a nuestro viejo departamento, estaré ahí en unos quince minutos –le dijo Bakura con calma.

–Te estoy llamando desde ahí. Hay un problema…

–Nadie nos robó –Bakura se rió. –Te explicaré todo en cuanto llegue allá, sólo debes tranquilizarte. –Y luego le colgó.

–Mierda –se dijo Atem.

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Bakura lo encontró sentado en el suelo de la sala, en el espacio donde antes estuviera el sillón. Eso le hizo gracia. Se sentó enfrente de Atem y le tendió una llave que éste tomó con recelos.

–Es tu copia, la llave de nuestro nuevo piso. –Atem se la guardó con calma. –Contraté un servicio de mudanzas, me ayudaron a llevar todo a Greenwich Village. La habitación que será para Yugi se está descarapelando, creo que no estaría de más pintarla.

–Por favor ya no sigas.

Esto que ocurría no era nuevo, pero no por eso dejó de tomar a Atem por sorpresa.

"Deberías venir a vivir conmigo. Podemos compartir gastos, serías más independiente y tomarías práctica para cuando tuteles a Yugi". Eso le había dicho Bakura a los pocos meses de conocerse.

"Es una buena idea" fue la respuesta de Atem. Lo siguiente que supo fue que Bakura ya había buscado un lugar para ambos, asequible y cómodo.

"¿Qué te parece?" Le preguntó a Atem el día en que vieron el departamento en que vivirían los siguientes dos años.

"Creo que no está nada mal" respondió Atem. Lo siguiente que supo fue que Bakura había pagado el depósito y una renta anticipada.

"Después me reembolsarás tu parte" y así.

Conjugar la manía de Atem de no decirlo todo con la manía de Bakura de ir un paso adelante, daba por resultado un desastre mayúsculo, uno que los había llevado al extremo de adquirir juntos un piso cuando Atem había decidido cortar de cuajo su relación sin saber realmente cómo hacerlo.

–Escúchame Bakura, lamento que todo haya llegado tan lejos, pero no me mudaré junto contigo.

–Pensé que dirías eso –dijo Bakura con calma, inclusive sonrió. –Estás algo confundido por culpa de Kaiba, pero con un poco de tiempo se te pasará, todo volverá a ser como siempre ya lo verás –Bakura trató de agarrarle una mano. Atem retrocedió sobre el linóleo.

Intentó negociar.

Podían revender el departamento para recobrar algo de lo que invirtieron.

Podía quedárselo alguno de los dos y que el otro le pagara (en plazos) lo que había invertido.

Podrían conseguir un roomie que viviera con Bakura, cuya renta sería abonada a los pagos mensuales que debían hacer.

Podían pedir un reembolso y resignarse si había una penalización.

Podían rentarlo para recuperar en algo su dinero.

Pero Bakura dijo que no a todo.

–No comprendes Atem, que lo que yo deseo es a Yugi y a ti viviendo conmigo. Sólo un idiota se conformaría con menos que eso. Tú eres mi mayor anhelo, mi meta, no puedo renunciar estando tan cerca.

–Tendrás que hacerlo –Atem se mostró inconmovible ante esas palabras. –Lo lamento, no puedo, no importa lo que hagas o cuánto tiempo pase, no me puedo enamorar de ti.

Bakura lo miró enojado, se cruzó de brazos.

–Creo que no lo estás intentando con ahínco. –¿De qué rayos le estaba hablando? ¿Ahínco? Ni que fuera una coreografía. –Lamento recordarte esto Atem, pero, sin mí no podrás obtener la tutela de Yugi; y él es lo que tú más deseas. Yo he trabajado duro para ayudarte a hacer realidad tu sueño. Es tu turno de esforzarte para concederme el mío.

Atem empezaba a exasperarse.

–Eso no sucederá. Lo que intento decirte es que ya no puedo ni siquiera ser tu amigo. Tenemos que separarnos. Mientras siga junto a ti no pararé de lastimarte.

Bakura no paraba de negar mientras Atem hablaba.

–No puedes prohibirme que te quiera. Aunque lo hagas, no por el hecho de que digas "tenemos que… blablabla" sencillamente se extinguirá mi amor por ti. No puedo controlar lo que siento. –Bakura se lo explicó sin perder los estribos, parecía haber aprendido que si se desbordaba perdería.

Atem no sabía bien a bien cómo seguir.

–Pídeme lo que sea, excepto que viva contigo, pero tienes que acceder a alguna negociación acerca de ese piso. –Listo, tajante y claro. Bakura lo miró resentido y luego se le ocurrió una idea.

–Te cederé el piso en Greenwich Village para que intentes conservarlo –dijo con cierta burla– y obtener la tutela de Yugi. A cambio de eso quiero que te acuestes conmigo cuando así te lo pida.

–¿Qué?

–Ese es mi precio… no… permíteme corregirme, ese es tu precio, es lo que pagaré por ti.

–Haz perdido completamente la cabeza. –Atem se levantó y Bakura lo imitó. –Si piensas que accederé debido a mis antecedentes estás completamente equivocado, primero te estrangulo con mis propias manos antes que dejarte que me uses.

–Tenemos un plan, no puedes abandonar cuando estamos tan cerca de nuestra meta. ¿De qué serviría todo por cuanto haz pasado si te rindes ahora? Recuerda porqué empezaste a trabajar en The Circus, recuerda porqué te humillaste prostituyéndote. Todo fue para tener a Yugi contigo. No tienes a dónde más ir, no te quedan ahorros y además, ¡sin mí… no… tendrás… a Yugi! –Le dijo Bakura pausando entre palabras para darle énfasis.

–Eso ya lo veremos.

–Cómo quieras.

–No viviré contigo en ese sitio, jamás. –Bakura se encogió de hombros. Atem se marchó furioso.

Echó a andar sin rumbo fijo por la acera. Al cabo de varios minutos caminando sacó el móvil y llamó para pedir ayuda.

–Sé que esto es algo inesperado pero, ¿puedo quedarme contigo unos días?

.

Ishizu aguardó en la sala de espera de KC. No tenía una cita concertada con Kaiba y sabía que a este le fastidiaba que alguien se pudiera colar en su apretada agenda pero era muy importante que la recibiera. Siendo quien era ella no le habían puesto ningún impedimento para acceder a la empresa (aunque le habían requisado el móvil por motivos de seguridad). Ava le pidió esperar un momento, al parecer Seto se encontraba en el laboratorio.

Esa mañana mientras tomaba un desayuno orgánico y bebía un jugo verde, Malik le había mostrado un video que le había llegado a su perfil. Ishizu había escupido su bebida, para gracia de su hermano, que seguro lo había hecho con ese propósito. Se trataba de un video de Kaiba arrodillado frente a Atem, ¡pidiéndole que se casara con él! Su amigo parecía a punto de sacar algo de su bolsillo que seguramente era un anillo. Había aplausos y gritos de felicitación de fondo antes de que el video se cortara. Aquello había sido etiquetado con el título de "boda". Malik se rió, y procedió a compartirlo de inmediato con todos sus contactos.

Ishizu miró la publicación en su propio móvil. Notó que alguien había hecho una encuesta preguntando si creían que el "soltero más codiciado de NY" había sido aceptado (dado que el video se interrumpía antes de que Atem respondiera). Hasta ese momento la respuesta más votada era "no".

Ava le explicó que Seto se reuniría con ella en unos momentos.

Ishizu se acomodó con pose seria en el mullido sofá. Desde ahí tenía vista de la oficina de cristal de Kaiba y también de la de Pegasus; ninguno de ellos estaba dentro. Suponía que con lo paranoicos que ambos eran, tendrían instruidas a sus asistentes para no dejar entrar a nadie salvo que ellos estuvieran presentes. Por eso ambas mujeres estaban platicando en el escritorio de Ava.

–El señor Pegasus está preocupado –escuchó que decía Patrice (ese era el nombre de la asistente de Pegasus). Ishizu no quiso hacerlo, pero prestó atención; –sabe que el señor Kaiba está enojado con él, y piensa que tal vez no lo invitará a su boda.

–Falta mucho. Necesitarán al menos un año para organizarla, en ese tiempo, nuestros jefes ya se habrán reconciliado.

–¿Dónde será?

–No lo sé. El señor Kaiba no ha dicho nada –le respondió Ava profesionalmente. –Está muy ocupado con Herbie pero en cuanto se haga el lanzamiento de éste, prestará su atención al asunto de su enlace, estoy preparando una lista de los mejores organizadores de bodas. Cuando me pida que consiga a alguien, los tendré a mano.

–Necesitarán uno que sea muy profesional… y paciente. –Ishizu buscó mirarlas por encima de su hombro. Ava estaba muy concentrada en la pantalla de su ordenador y lo mismo hacía Patrice. –¿Preparas de antemano la lista de invitados?

–Sí. Debe haber dos listas. Una para la propuesta oficial que será de índole privado y en la boda, habrá más invitados.

Patrice soltó una risita.

–Ya tuvieron una propuesta, y vaya que fue privada ¿quién es esa gente que parecía rodearlos? –Se referían a los que gritaban de fondo en el vídeo que circulaba por todas las redes sociales.

–Deben ser amigos de Atem –respondió Ava. Ishizu enrojeció, porque ella sabía en que trabajaba Atem y eso sólo podía significar que los susodichos eran otros bailarines. –Pero Atem y nuestro jefe tendrán que hacerlo oficial. Por la posición del señor Kaiba no puede dejar que los medios especulen lo que gusten. Conociéndolo, nuestro jefe, seguro no querrá a la prensa envuelta –en eso Ishizu estaba de acuerdo con Ava. –Pero no podrá tenerla a raya. Lo mejor es que venda a un solo medio la exclusividad de su boda.

Con eso también concordaba Ishizu. Se mordió los labios preocupada pero procuró que su semblante no demostrara lo alarmada que se sentía.

–¿Serás invitada? –Ava sonrió ante esa pregunta.

–Por supuesto. Me incluiré a mí misma en la lista de invitados. –La susodicha amplió su sonrisa. –Me necesitarán para para organizarlo todo, ninguno de los dos parece dado a este tipo de situaciones. No podrán negarme que asista.

–Yo también quiero estar ahí. –Suspiró Patrice. –Escuché que Shadi también pedirá su invitación. Me preguntó con quién irá.

–Con Herbie.

Y ambas soltaron una risa cómplice, que luego acallaron cuando recordaron que ella estaba cerca.

Ava interrumpió la conversación para atender una llamada, tras la cual fue por Ishizu.

–El señor Kaiba me ha pedido que la escolte a su oficina, se reunirá con usted en unos minutos. –Ava la llevó dentro y le indicó el sofá ante el gran escritorio de Kaiba. Ishizu dejó su bolsa a un lado y la secretaria le sirvió una taza de café que ella aceptó.

Aunque la dejó ahí sola, Ishizu podía sentir que la miraban a través de las paredes de cristal. Ava además había dejado la puerta abierta, anticipando la llegada de Kaiba; fue por eso que todavía las alcanzó a escuchar decir:

–Ha venido a felicitarlo ¿no?

–Debe ser eso. La señorita Ishtar es de las mejoras amigas de nuestro jefe y conoce a Atem.

Ishizu dejó la taza con un poco de violencia contra el cristal. En eso, vio venir a Kaiba con sus pasos rápidos. Las secretarias habían enmudecido ante su presencia. Kaiba cerró la puerta con un movimiento, con lo que el ruido del exterior dejó de colarse, y tomó asiento frente a ella.

–Tú me dirás.

Ishizu tomó aire, como si fuera a zambullirse en una tormenta.

–Vine a felicitarte por tu compromiso –le dijo Ishizu aunque eso no era exactamente lo que quería decirle, así que añadió: –Y a pedirte que reconsideres el matrimonio.

–¿De qué estás hablando? –La expresión de confusión de Kaiba la descolocó. No se esperaba esa respuesta.

–Me han requisado mi móvil en la entrada –señaló ella. Él se encogió de hombros, ese era el protocolo de seguridad y no estaba dispuesto a cambiarlo por ella. –Así que busca en el tuyo. Siempre fuiste muy cuidadoso con tu vida privada, eras casi un ermitaño, y ahora te encuentro en los cotilleos de las páginas rosas.

Kaiba no solía googlearse, pero buscó tal como Ishizu le pidió. Cuando halló el video, Ishizu esperó ansiosa su reacción. Esperaba que Kaiba dijera que eso era una vil mentira, pero en cambio, esta vez sí hubo reconocimiento en su faz.

–Esta página no pertenece a una fuente seria. Es más un cotilleo de redes sociales que una noticia. –Dijo restándole importancia. –¿Y has venido por esto? –Eso último lo dijo con un dejo de burla.

Ishizu se ofendió.

–¿Te parece poco? Soy tu amiga, estoy preocupada. Siempre vas a tu propio ritmo, el cual suele ser completamente vertiginoso. Así que cuando mi hermano me mostró este video hoy en la mañana… No creo que conozcas a Atem lo suficiente como para dar un paso así, a pesar de lo que muchos piensen, formalizar una relación es un asunto serio.

–No le pedí matrimonio. –Kaiba se guardó el móvil. –No me estaba proponiendo, sólo cumplía una apuesta que hicimos para ver si así me perdonaba por una pelea que tuvimos.

–¡Kaiba! Cada vez que hablo contigo y creo conocer la versión más rara de lo que haces con tu vida, me dices que hay una aún peor.

–Quería hablar con él a solas, debíamos aclarar algunas cosas.

–¿Entonces pelearon?

–Hemos terminado –le contó Kaiba. Ishizu sintió que se deslizaba en su asiento con alivio. No podía decir lo bien que aquella noticia le parecía, pero su reacción no pasó desapercibida para su amigo.

–Lo siento si te ofendo –dijo de inmediato Ishizu. –Permíteme hablar con absoluta sinceridad. Quizás terminar su relación sea lo mejor, no creo que Atem y tú tengan futuro como pareja. Él va en contra de todos los convencionalismos posibles, con su apariencia y su profesión… Comprendo que debe ser un amante excitante pero no parece una persona con quien puedas llegar a formalizar. Me refiero a alguien con quien tú puedas pasar tu día a día y compartir tu vida. Además, de seguir a tu lado, si estos rumores hubieran sido ciertos, hubieran comenzado a indagar acerca de él y la verdad sobre su origen y su profesión hubiera salido a la luz. Peor aún, tarde o temprano te hubieras encontrado con alguien que lo hubiera visto bailar en ese show.

–Lo haces sonar como si Atem fuera un stripper. No lo es. –Kaiba le dirigió una mirada airada. Habían terminado, pero no parecía que fuera porque Kaiba lo hubiera querido así, o no lo estaría defendiendo. –Pronto va a cambiar de compañía y todos olvidarán donde trabajaba antes. Y de todos modos ¿qué más da de dónde haya salido? El lugar de donde procedemos no determina quienes somos.

-Tú puedes considerarte una persona sin esa clase de limitaciones, pero la sociedad no lo verá así. Además ¿no crees que la diferencia económica no sería un inconveniente a la larga?

-Si Atem fuera una especie de cazafortunas ya lo tendría muy claro. Lo estás malinterpretando.

-Te pidió dinero a cambio de relacionarse contigo –le recordó Ishizu con tacto.

-Fue un desliz de su parte, estaba desesperado por… por motivos personales. –Kaiba se recargó en su asiento. -Jamás me ha pedido nada para sí. Es un hombre orgulloso que se construye a sí mismo, y eso es algo que respeto de él. Quiere estar a mi par, pero no en cuanto al número de ceros que acompañan a mi apellido sino… -Kaiba pareció meditarlo, pareció alcanzar una revelación. –Lo que necesita es que confíe en él sin entrar en paranoia.

Ishizu asintió imperceptiblemente. Que Kaiba aceptara que su paranoia era un lastre para su forma de relacionarse con la gente, le pareció bastante grande. Y eso también la asustaba. ¿En qué momento el hombre frente a sí había cambiado tanto?

–¿Puedo preguntar la razón por la que rompieron?

–Por mi culpa. –Eso era de esperarse, pero Kaiba no se explayó, lo cual Ishizu también se esperaba. –Le he pedido perdón… –Kaiba se removió, como si quisiera contárselo a la vez que deseaba que ella se fuera de ahí. Por la forma en que se expresó, por todo cuanto ya había dicho Ishizu intuyó que aún esperaba una reconciliación con Atem. –Pero él es tan orgulloso, no puedo predecir lo que hará.

-¿Y qué harás tú?

-No me ha dado una respuesta contundente, y yo soy de los que la necesitan.

-No claudicarás.

-No eres una vidente, tú puedes decirme que no tenemos un futuro juntos pero eso es algo que solamente él y yo podemos decidir.

-Él ya tomó una decisión, ¿por qué no respetarla? -Tal vez el asunto de la propuesta no fuera cierto pero los sentimientos de su amigo, no eran menos serios por eso. Si Atem había pensado que terminar con Seto Kaiba era fácil, estaba a punto de enterarse de que no lo era en absoluto. –¿Por qué se distanciaron? –Inquirió ella con cuidado sorbiendo un poco más de café.

–No quiero hablar de ello. –Kaiba se había vuelto hermético nuevamente. –Te agradecería tu preocupación pero para ser francos es bastante irritante.

–¿Puedo darte un consejo?

–Puedes, tanto como puedo rehusarme a seguirlo.

–Entonces me lo reservaré para la próxima ocasión –dijo Ishizu. –¿Te parece si vengo por ti a las nueve de la noche? Tengo un conocido que recién abrió su restaurante, un lugar privado pero con excelente comida, dice que puede competir con "la flor de lis"; he decidido acudir.

–Tengo trabajo.

–Entonces procuraré ser puntual –añadió ella sin retractarse. Después de una ruptura la gente solía deprimirse un poco, por muy hermético que fuera su amigo, seguro que la estaría pasando mal. Ishizu no quería atormentarlo sino distraerlo, no podía permitir que se quedara en su empresa solo trabajando o peor aún, que le diera por perseguir a Atem como si fuera una cacería de brujas. –Kaiba, veo que ya estás decidido en ir en pos de Atem y creo que no te sorprende el que no esté muy segura de que, lo que estés haciendo sea lo mejor para ti. –Kaiba hizo una mueca. –También sé que no me estas pidiendo permiso ni mi opinión, y que al final harás lo que consideras mejor para ti mismo. Sólo te pido que no te precipites. Si tu amorío con Atem te hace feliz, mantenlo así, disfrútalo dentro de sus límites, pero no tomes decisiones basadas en impulsos. Sé qué piensas que soy una metomentodo...

–Eso es porque eso es lo que eres, una metomentodo.

-Quizás… de todos modos, nos veremos a las nueve.

.

Atem había acudido al piso de Greenwich Village por su ropa y algunas pertenencias, todo en un horario en el que Bakura estaba en el trabajo. Fue así que descubrió que Bakura estaba pintando la habitación de Yugi; había desembalado y ordenado las pertenencias de ambos. Como si en cualquier momento Atem pudiera ceder y adoptar ese sitio como su hogar.

Alejarse de Bakura, era como divorciarse aunque sin abogados de por medio. Durante el ensayo de ese día Bakura no le prestó atención ni le hico correcciones. Las pocas veces que le dirigió la palabra lo hizo con cortesía para alejarse de inmediato. Por supuesto, los demás lo notaron; concluyeron que se debía a que Atem iba a casarse con Seto Kaiba.

A Atem le fastidiaba que dijeran eso. Mana ya le había pedido que le mostrara su anillo de compromiso. Atem le dijo que no y Mana le preguntó si se debía a que lo había enviado a la joyería para que lo ajustaran (Atem se preguntó seriamente de dónde había sacado Mana semejante historia).

Ese día llegó temprano a The Circus. No le había dicho a nadie que se había mudado, porque no quería meter en chismorreos a su anfitriona. Temporalmente se alojaba en el departamento de Mana.

Kaiba lo había llamado esa mañana, Atem no le respondió. Aún no, aún no podía hablar con él.

Su amiga estaba ahí con él. Le habían tomado prestada la videocámara a Gavin, la misma con la que filmaban sus videos promocionales para internet. The Workshop le había pedido que llevara la videograbación de su actuación consigo. Su audición sería al día siguiente, sentía como si sus tripas estuvieran borboteando debido a los nervios. Temió que Bakura se las apañara para cancelar la audición, o que le pusiera condiciones para no hacerlo. Pero, Atem había llamado el día previo y confirmó su asistencia sin ningún contratiempo.

El crescendo de la canción seguía siendo su debilidad. Mientras Mana acomodaba la videocámara en el tripie, Atem juntaba concentración. Algunos bailarines actúan la historia, otros se mentalizan para vivirla. Gavin siempre los exhortaba a sentir y dejarse llevar. Bakura los exhortaba a ser precisos, a tener técnicas perfectas. Como resultado su compañía era imprecisa en escena pero muy apasionada. A Atem siempre le costó bailar como Gavin le pedía. Podía sonreír burlonamente, mostrar un rostro serio o mostrarse frenético mientras ejecutaba los números de The Circus, "pareciera que desprecias al público" le dijo Gavin una vez. "Mira a Mana" su compañera habitual, "¿te acostarías con ella?" le preguntó, "tócala y pregúntatelo". Si no lo hacía con Bakura, Atem sólo podía bailar con ella. Había algo en Mana que lo hacía sentir cómodo.

No se acostaría con ella, no la deseaba. Lo fingía lo mejor que podía y Gavin se quejaba por ello.

Bakura le había presentado varias canciones para interpretar en la audición y Atem escogió "Crown of love". Le pareció adecuada para mostrar sus habilidades. Cuando llevaba un mes practicándola se maldijo a sí mismo por haber elegido una canción de amor.

La letra de la canción es una petición de perdón para la persona que amas. El crescendo reitera que esa persona es la única para ti, la más importante. Estaba enamorado, Gavin le diría que usara eso que sentía, que lo proyectara en la pieza. Terminó de calentar.

Se imaginó que las palabras de la canción eran de Kaiba. Cuando ocupó su lugar y los primeros acordes comenzaron a sonar, estaba muy consciente de que estaba bailando para Seto.

Comenzó a moverse con lánguida elegancia ante los primeros compases de ritmo lento. Efectuó varios movimientos emotivos controlando su cuerpo con precisión aunque fueran difíciles en realidad. Su rostro era una máscara de frialdad. Su canción contenía su historia.

"Lo único que cambias es tu nombre"… cantó el grupo.

"Llámame Seto" le había dicho Kaiba y luego le había dicho "No me llames así". Sí, su nombre cambiaba pero no así lo que Atem sentía por él.

Sentía el corazón pesado, pero hizo los giros necesarios como si fuera absolutamente ingrávido. Cayó y rodó por el suelo haciendo un aerial con las piernas, incorporándose con infinita gracia.

El crescendo llegaba, Atem dejó atrás la frialdad para aceptar que estaba enamorado.

–Tú nombre es lo único que puedo decir –cantó junto con el grupo.

Tomó impulso acelerando sobre la duela, antes de comenzar con un giro sobre su eje, uno, dos, tres, cuatro, cinco, se daba impulso estirando la pierna izquierda. Los giros se agotaron pero no la canción, ni él. Miró fijamente a la cámara, dejando que lo que sentía por Seto se mostrara en su semblante; comenzó otro complicado movimiento arqueando su cuerpo con gracia, para después volver a girar repetidamente para ganar impulso antes del salto final.

La música fue disminuyendo poco a poco y Atem se recostó en el suelo apagándose.

Mana fue una auténtica profesional pues aguardó hasta que puso en pausa la cámara para soltar un grito emocionado.

Un aplauso se sumó al entusiasmo de Mana. Era Gavin.

–A Cameron le encantará –le dijo a Atem, el cual fingió demencia, al menos por un instante.

–Pensé que había conseguido ocultártelo.

–¿Qué te vas de nuestra compañía de baile? –Gavin hizo un "bah" despectivo. –Ensayas más que nadie cuando ni siquiera te hace falta. Desdeñas cualquier petición de acostarte con un nuevo patrón como si no te preocupara el dinero y además… Cameron me llamó ayer para pedirme referencias tuyas. Por supuesto, le dije que eres excelente en la técnica Horton, el mejor que haya visto. Omití decirle que además de eso eres un cabronazo al que le gusta esconderle cosas a su director.

–Lo lamento. –Gavin no se veía molesto en realidad.

–Parece que por fin logré enseñarte algo. ¿Cuándo es la audición? –Inquirió acercándose hasta ellos. Mana estaba de pie junto a Atem agarrándole una mano mientras sostenía la cámara contra su regazo.

–Mañana.

–Estás despedido –le dijo Gavin con una enorme sonrisa. –No olvides invitarme a tu debut.

-No lo haré –le prometió Atem tendiéndole la mano.

-Tomate el día para descansar y relajarte, quizás, podrías ir donde Kaiba, un poco de sexo antes de, te ayudará.

–No puedo ir con él –le recordó Atem. Gavin le apoyó las manos en los hombros.

–Lo que hacemos es hermoso pero efímero. La danza no es inmortalizada como la poesía o la música. La danza no envejece en museos ni iglesias, existe para el ahora, para este único momento. Lo mismo ocurre con el amor. Este es su momento. Ustedes dos pueden rehacerse si logran comprenderse.

.

Atem le llamó mientras se dirigía rumbo a la estación del metro. Cuando Seto le respondió, la voz de Herbie resonaba de fondo.

–Completé Crown of Love, ya puedo ejecutarla a la perfección –fue lo primero que le dijo. Había decidido que lo primero que haría sería decirle que quería que hablaran, que quería que intentaran comprenderse, averiguar si podían ser más de lo que eran. Pero cuando abrió la boca eso fue lo que le salió.

–Prometiste que me la mostrarías.

–Iré a Kaiba Corp.

–¿A bailar? –Inquirió Seto intrigado. –Mi oficina es amplia pero el suelo no es el adecuado.

–Haz que lo cambien mientras llego. –Seto se carcajeó. –Herbie debe estar funcionando de maravilla esta mañana, suenas feliz.

–No es por Herbie –le dijo Seto y Atem intuyó que lo había estado esperando con ansias. Esperando a que Atem cediera. ¿Estaban jugando de nuevo por ver quien se imponía sobre el otro?

–Seto –Atem se acordó de algo que quería decirle. –Debí decirte que me tomé esa fotografía. Debí contarte todo acerca de mí. No le hice bien a tu paranoia con mi silencio. Igual lamento no haber subido al bentley la otra noche. Me daba miedo acabar follando contigo en el Plaza a pesar de lo mucho que me heriste.

–Si te hubieras subido al auto cuando te lo pedí, no serías tú. –Su móvil vibró, había recibido un mensaje.

–Mana me grabó en video –siguió hablando Atem.

–¿Quién carajos es Mana?

–Una amiga, con la que salgo a beber de vez en cuando, temporalmente vivo con ella. –Explicó velozmente Atem. –¿Puedo enviarte el video?

–Dado que el suelo de mi oficina no estará listo en tan poco espacio de tiempo… Envíalo. Ya quiero verte. ¿Cuándo es la audición?

–Mañana. Lo que te mostraré es la mejor versión de mí mismo –dijo Atem y después añadió hablando algo atropellado. –Después de que me acepten –usó un tono engreído que imitaba el que Kaiba usaba cuando se daba sus aires, –quiero festejarlo contigo.

–Yo también. –Atem sintió esa emoción que te nace en el pecho cuando te sabes amado. Esa que hace que sientas ganas de llorar a la vez que no puedes parar de sonreír. Cálida y revoloteando en torno a tu corazón.

Colgó, le envió el video. Detuvo un taxi, al cuerno con el metro. El mensaje que había recibido mientras hablaba era de Bakura.

–¿A dónde? –Le preguntó el conductor.

"Tú ganas, te estoy esperando en el Village, arreglemos las cosas" leyó. Suspiró.

–Al Village.

.

Entró en el edificio de aspecto cálido. Abrió la puerta con su propia llave. Lo recibió el olor a comida recién hecha.

Se guardó la llave en el bolsillo y se dirigió a la cocina.

–¡Hermano! –Atem se quedó frío como el hielo.

Yugi, su Yugi, estaba ahí. Ahí en ese departamento, sentado en la cocina engullendo macarrones con queso. Había un vaso de soda enorme junto a Yugi, pero lo peor de todo (desde el punto de vista de Atem) era el pastel de chocolate al centro de la mesa.

–¡Sorpresa! –Añadió Yugi.

–¿Aibou? –Yugi corrió a abrazarlo, apretándolo con tanta fuerza que le cortaba la respiración a Atem. Se puso a acariciarle el cabello a Yugi, sintiendo que algo estaba terriblemente mal. –¿Qué haces aquí?

–Bakura me trajo –respondió Yugi y Atem se enervó. –Me ayudó a escaparme del orfanato, dijo que no pasaría nada malo por salir durante unas horas, quería mostrarme el departamento. Me encanta. Ya vi mi habitación, es genial, gracias.

–Nos meteremos en muchos problemas con los trabajadores sociales. No debiste…

–Pero quería verte. Bakura me dijo que hoy es algo así como la inauguración oficial de este piso y no podía perdérmela. Te traje un regalo, es algo un poco… barato –Yugi dijo eso último con voz bajita. –Son letreros para nuestras puertas, yo los dibujé, están en la sala. Además, mañana es el gran día en The Workshop, vine a desearte buena suerte.

–Bienvenido –dijo Bakura entrando en la cocina, llevaba puesto el delantal que Atem le había regalado.

–¿Qué pretendes? –Atem se interpuso entre Bakura y Yugi. –No tenías derecho…

–Sólo quería mostrarte lo que perderás.

–¡Jódete! Tendré suerte si los de servicios sociales me dejan hablarle a Yugi desde atrás de la reja de entrada. –Bakura sonrió. Por supuesto, lo había hecho con esa intención. Si Atem quería saber de Yugi tendría que recurrir a él. Al tierno y abnegado Bakura, en quién el personal del orfanato sí confiaba. Al final tenía algo aún más valioso para chantajear a Atem, que la audición en The Workshop. Atem no pudo anticiparse a ello. –Eres un idiota. Esto no cambia nada entre nosotros.

–¿No? ¿Perderás a Yugi por tu obcecado orgullo?

–No es por eso.

–¿Por amor? ¿Por tu amor por Kaiba?

–¡Porque estás loco!

Bakura se mostró muy dolido, un rostro que Atem le veía muy seguido últimamente.

–Hermano, Bakura, ¿por qué pelean? –Yugi los miraba desde la mesa como suplicándoles que pararan.

–¿Te has parado a considerar lo que él quiere? Quiere vivir conmigo y contigo; Kaiba no podrá cuidarlos, no sabrá qué hacer con ustedes.

–Pero yo sí lo sabré.

–¿Quién es Kaiba? –Volvió a preguntar Yugi.

–Es… un amigo –la respuesta de Atem no fue la más brillante, ni tampoco fue suficiente.

–Eso es mentira –saltó Bakura. –Dile la verdad. Kaiba es un millonario que le paga mucho dinero a Atem a cambio de sexo –la mirada que Yugi le dio a Atem le rompió el corazón.

–Cállate –le advirtió Atem. Le tendió una mano a Yugi. –Ven conmigo Aibou, te llevaré de regreso.

Pero Yugi no se movió. Estaba llorando.

–Por favor Atem –murmuró Bakura, –no nos hagas esto. Hay que partir el pastel, decidamos que muebles comprarle a Yugi. Podremos pasar la Navidad juntos, Yugi tendrá regalos de parte de Santa por primera vez en años. Por favor, no te será tan difícil, te lo prometo; haré todo lo que me pidas para ayudarte a quererme, para ayudarte a olvidarlo. –La mano de Bakura se cerró despacio en el brazo de Atem.

–No me toques –Atem no dudó en empujarlo para apartarlo de él. –Te lo advierto, ya fue suficiente.

–Eres un ingrato –le dijo Bakura. –Me dejaste besarte, acariciarte, me diste esperanzas y luego decidiste pasar de mí. Fue debido a Kaiba, cómo encontraste a alguien más útil decidiste desecharme.

–Te dije que te callaras –Atem empujó a Bakura contra la pared.

–¡Hermano! –Yugi se le colgó de un brazo. –Deja a Bakura, por favor.

–No puedes abandonarme así. –Atem negó, había tanta amargura en la voz de Bakura.

–Tendrás que lidiar con ello. –Atem lo soltó. –Cada uno debe seguir su camino. –Yugi no paraba de llorar mientras les suplicaba que dejaran de pelear.

–No puedes abandonarme –le aseguró Bakura, recobrando la calma, pálido de tristeza. Atem no quería escucharlo.

Atem no siguió discutiendo, abrazó a Yugi para consolarlo.

–Te llevaré de regreso ahora mismo. Lo siento Aibou, todo estará bien, lo prometo.

–Tu regalo –susurró Yugi con voz quebrada.

Atem lo llevó a la sala, Bakura los seguía como si estuviera perdido. Era muy similar a la sala de su anterior departamento. Ahí estaba su librero desvencijado con los trofeos de siempre. No había mesa de centro, sólo su viejo sofá. El regalo del que Yugi hablaba estaba sobre este.

Agarró los letreros que ponían "Atem" y "Yugi" dejando de lado el del nombre de Bakura.

Captó por el rabillo del ojo a Bakura cuando ya lo tenía a un paso de distancia. Atem se giró a encararlo.

–No te atrevas a… –lo que iba a decir murió en sus labios. Ésta vez Bakura no dudó en lo que hacía. Le estrelló a Atem el trofeo que habían ganado juntos, el cristal saltó en pedazos contra su cabeza.

Se quedó inmóvil y aturdido. No sentía dolor pero escuchaba un pitido en los oídos. Miró a Bakura, no podía creer lo que acababa de hacer. Su amigo tenía la cara llena de espanto ante sus acciones. Atem sintió algo tibio corriéndole sobre una oreja, se tocó, retiró su mano llena de sangre. Bakura apretó más fuerte lo que le quedaba del trofeo y lo volvió a atacar.

El segundo golpe tampoco lo derribó pero la vista se le nubló. Bakura no paró hasta que logró que perdiera el equilibrio. Se derrumbó y por fin pudo sentir. Su cabeza estallaba. No podía verlo pero sintió que Bakura tiraba de él, arrastrándolo de una pierna hacia una de las habitaciones. Yugi estaba gritando pero sus palabras eran inteligibles para Atem. Su visión se tiñó de carmesí.

La lucidez volvió en algo cuando sintió que Bakura cerraba de cuajo la puerta… con su pierna derecha de por medio. Su tobillo crujió, Bakura volvió a abrir y a tirar machucándolo repetidamente.

–¡No! ¡Bakura no! –Aulló de dolor. Se dio la vuelta sobre sí mismo, el movimiento le causó náuseas. No pudo ponerse de pie pero se arrastró lo necesario para apartar su pierna del dintel. Bakura le estaba diciendo algo pero Atem no escuchaba.

Lo atrapó, esta vez por la pierna izquierda.

Su Aibou debió quitarle de encima a Bakura de alguna manera pues el agarre sobre su pierna cedió.

Atem luchó por ponerse de pie. Todo estaba nublado, no podía pensar pero quería estar de pie. Apoyó su peso sobre sus brazos pero no llegó a más. La cabeza le punzaba en dolorosas oleadas, la pierna le palpitaba.

–Seto –lo llamó. –Seto –así debía doler su migraña, y Atem le había pegado.

Fue su último pensamiento congruente.

.

Continuará…