Aquí vengo con otro capítulo! disfrutenlo

J.K.R es la reina y autora de todo el mundo de Harry Potter.


CAPITULO DIEZ

VIKTOR KRUM, ADULADOR Y AMANTE

Víktor Krum, sonrió con elegancia al ver como su hija Alexa ponía los brazos en forma de bandeja con una mirada retadora, tal como su madre lo hacía con sus amigos en tiempos lejanos. No podía evitar tener remordimientos como todo hombre que en algún momento de su vida hizo algo malo, muchas veces había estado al borde de contarle la verdad a su niña favorita, de sentarla en una silla y narrarle su aterradora historia, pero el solo hecho de pensar la lejanía de una conexión irrevocable, le erizaba la piel, y no quería perderla, no ahora que estaba en medio de la etapa de su adolescencia. Y terminando su trago, se acercó a la gran chimenea de su mansión, dando la espalda a la mujer de la familia.

-No entiendo cómo puedes ser tan cruel conmigo, padre.

Una vez más sonrió, tratando con todas sus fuerzas de no estallar de risa frente a ella, no era el momento apropiado sabiendo que su niña era tan difícil de tratar como una planta carnívora. Toda una leona. Y dado que su lenguaje era aristocrático y formal, él –como el monarca de la pequeña manada– debía mantenerse a su altura y ser recto, cosa que le salía muy difícil.

-Te repito, pequeña, que no me parece conveniente que vayas a Beauxbatons. Son muy exigentes y tú no eres de las muchachas que se dejan ser llevadas por órdenes. Tu madre te lo había dicho de pequeña, ese lugar es para mujeres francesas y de buen dinero. No para rebeldes como tú.

-Pero padre, nosotros tenemos mucho dinero y se bien el francés. Ya estoy cansada de hacer tantos viajes. Orión también lo está. Además no falta mucho para que terminemos. Solo unos años. Te lo ruego –terminó diciendo con un puchero en la cara y los ojos como gatito mojado.

-Alexa he dicho que no. No seas desobediente. Hogwarts es el mejor colegio de magos en toda la historia, deberías sentirte orgullosa de estar allí. Hubo mucha historia, los más grandes héroes fueron a estudiar allí. Hermione Granger, Harry Potter…

-Voldemort, Bellatrix Lestrange, Nott, Zabini, Malfoy. Y esos no son Buenos héroes, son mortífagos. Asesinos.

-Sí, pero son de Slytherin.

-Yo lo soy.

-Pero tú tiene sangre de Gryffindor, que hayas quedado ahí sólo demuestra que sabes usar esa inteligencia y valentía.

Pero Alexa sabía muy bien que su padre sólo lo decía para estar cerca de lo que una vez había sido su primer amor, su esperanza no fallaba a la hora de buscarla por los pasillos en alguna reunión de padres. Era su hija y lo conocía demasiado como para saber que detrás de esos ojos oscuros y cálidos, había un desorden por el corresponder mutuo del amor, un pasado tan duro e indescriptible como así también fogoso y apasionado, y ella justamente deseaba no saber absolutamente nada relacionado con el sentimentalismo.

Muchas veces, la gente le decía que no era hija de Víktor, que ni por un millón de años podría llevar su apellido, las similitudes pasaban por alto todo tipo de barrera ancestral, dando esa correspondencia a la duda. Y hasta una vez ella misma se lo planteó, no por nada era tan rubia como el sol y de ojos cristales mientras que sus dos hombres poseían contextura robusta y bruta, de ojos y cabellos oscuros y una gran sonrisa blanca. En cambio, no se asemejaba al humor ni la facilidad de sonreír, su estilo de habla se remontaba a la antigüedad con seriedad y firmeza, de frío corazón y peligroso paladar de maldad. Porque si había una cosa que le encantaba a Alexa, era el dolor que le causaba al resto cuando se enojaba, sin pararse a pensar en las consecuencias ni mucho menos en las lágrimas de ojos ajenos. Así era, como un hielo, dulce con sus seres queridos, pero toda una leona rabiosa con el resto. Iba más allá de las apariencias, como le decía su hermano, no importaba si era distinta, porque ser distinta requería de fuerza y originalidad. Entonces llegó a un punto en el que respondía a todos la duda existencial, no era igual a sus hombres sino que era el reflejo de su madre, una rubia francesa de sangre azul y ascendencia real que por la segunda guerra contra Voldemort, había huido de su castillo para esconderse en una gran mansión de las más conocido joven jugador de quidditch, con quien no sólo había compartido pasión sino también dos hermosos hijos, mellizos de nacimiento e inseparables desde el instante de la concepción.

Esa la historia, ni más ni menos. Secreta como ninguna, pues nadie debía saber que Krum había concebido con una mujer de la realeza, que luego ella había escapado sin sus hijos muriendo en el intento de un nuevo resguardo, dejando huérfanos a dos magos. Y aunque ahora que comenzaba a crecer se planteaba nuevas preguntas, sabía muy fondo en su corazón que su madre la amaba y que allí fuera bien lejos, había una familia real que la esperaba para su trono.

Inconscientemente, se tocó el huesudo cuello donde antes había reposado un hermoso collar, pero ahora se percataba que ni eso tenía de recuerdo de su madre, y por ilusa, lo había perdido. Sus ojos a veces se volvían tristes derrumbándose en un hueco oscuro de la incógnita para luego volver a la frialdad y poderío de sus sentimientos, ella podía controlar todo de su cuerpo, menos sus pupilas dilatantes, menos la tristeza que la envolvía con pasión en el gris de sus iris.

-Alexa, Alexa, ¿Me estás escuchando? –preguntó su padre desde la chimenea y no fue hasta que su hija la miró, que fruncía el ceño con miedo.

-No, lamento la interrupción padre, es sólo que recordaba algo.

-Está bien, no necesito explicaciones, no me gusta que me las des.

Ella sonrió de medio lado, recordando que Víktor no tenía la convicción de ser un padre autoritario ni poner límites, era del tipo guapo y famoso hombre que dejaba todo para sus hijos, dándole libertad suprema y confianza infinita.

-Lo sé.

-Bien, ahora que me escuchas, no voy a poder acompañarlos, tengo una reunión en el Ministerio de Magia de Londres por la mañana y no creo llegar a despedirlos para el comienzo de clases.

-No te preocupes, le diré a los elfos que preparen la red flú para el día de comienzo de clases.

-Genial, eres lo mejor. Te amo hija –dijo besando la frente de su hija con fuerza y brutalidad.

Ambos sabían que más allá de la rudeza de Víktor, él la amaba sobre todas las cosas, capaz de morir, de matar por ella. Simplemente era la viva imagen de su madre y eso lo llenaba de felicidad, regocijo de que algo le quedaba de su amor eterno, una pequeña parte que se lo habían mandado a él. O que él había luchado por tener.

-yo también, padre. –y hubiera sido más tierno con las palabras que ella solía usar de pequeña. Muchas veces se lo había preguntado, por qué ya no le decía papi, y su niña sólo respondía que era grande. Pero la conocía muy bien, se sentía incómoda con tan simplemente mencionarlo.

-Ahora ve y empaca, que tengo que hablar con el equipo.

-¿Están aquí? –preguntó de repente una entusiasmada Alexa, alentada a querer ver el equipo Nacional de Bulgaria, donde ahora residía la familia de ella.

-Sí y si tu curiosidad se debe al joven nuevo, sí. Él está aquí esperando abajo.

-¡Oh por dios! ¡Padre, Gregory está aquí! ¡Cuando se entere Orión se pondrá como loco!

-De hecho, está reunido con él entreteniéndolo mientras yo hablaba contigo.

-¿Puedo ir padre? ¡Por favor!

-Señor Krum –interrumpió una diminuta y atemorizada voz– el señor Zabini acaba de llegar de Inglaterra y aguarda en la entrada. Dice que es… de tema urgente.

Con el ceño fruncido, Krum se volteó a la puerta del salón donde una elfina de grandes orejas y puntiaguda nariz con rotas remeras sobre su debilucho cuerpo, aguardaba temblando a la espera de una nueva orden, sin dejar de mirar al piso. A su lado, un hombre se erguía con finas posturas y miradas cómplice, llena de lujuria y diversión. Pero eso no era lo que le causaba escalosfríos a Alexa, sino que por el contrario le daba miedo la forma en cómo vestía, siempre de trajes negros o verdes dejando a la vista la marca de mortífago, sólo para intimidarla a ella. Lo sabía, él a pesar de ser un hombre entrado en edad, no dejaba su atractivo por las mujeres jóvenes y en muchas ocasiones lo había escuchado discutir con su padre respecto del futuro de ella para con él. Y eso la aterraba por completo, pues estaba de sobra el saber que era un hombre peligroso que frecuentaba a su hogar sólo para incomodar y molestar.

Así que tomando toda su valentía, suspiró y a continuación besó la mejilla de su padre para marcharse no sin antes oler el perfume filoso de quien la comía con la mirada, llena de petulancia y excitación.

-Pasa Zabini, que no tengo todo el tiempo –inquirió con odio, Krum. Y mientras tomaba otro trago a su vaso le ofreció un asiento a su "colega" para entregarle un whisky de fuego bien fuerte– ¿Qué se te ofrece? Acordamos que nos veríamos en dos semanas-

-Por lo que sé, Krum, no estás en condiciones de acordar temas de importancia. Me he enterado que te han citado al Ministerio. ¿Qué hiciste? –Blaise Zabini, de tez oscura y ojos vidriosos, observó a su gran amigo de diversiones que no dejaba de sudar– ¿Acaso volviste a robar algún bebé? A estas alturas no me sorprendería, tienes cierta debilidad por ellos.

-¿Podrías bajar la voz? Mi hija todavía podría estar escuchando tras la puerta –susurró el dueño de la casa, con los ojos como llamas– para tu información, no he hecho nada malo. Sólo me van a patentar con mi nueva escoba para el nuevo campeonato estatal.

-Bien, pues no irás. Es demasiado peligroso.

-¿Qué? ¿Estás loco? claro que tengo que ir

Casi de improvisto, Blaise Zabini se levantó de su asiento para acomodarse junto a Krum, mirándolo con cautela, astuto como una serpiente. En susurros dijo:

-La búsqueda no terminó, Krum. Yo siendo tú, consideraría tener a Lex cerca de Bulgaria. y tú antes eras sospechoso, así que mejor quédate y que no te detecten mucho.

-Nunca, escúchame bien Zabini, le digas a mi bebé Lex. Para ti es Alexa –dijo esto último apuntándolo con la varita retorcida de él mientras el apuntado sonreía con sorna.

-Calma amigo, que sólo intento cuidarla como tú lo haces. Claro, siendo el padre postizo no puedo esperar mucho de ti.

-¡Yo soy el padre, carajo! ¡Ya déjala en paz!-gritó perdiendo los estribos de la paciencia.

-de acuerdo, de acuerdo. No era para que te pusieras así. Porque si hay que ser sinceros, bien sabemos los dos que su padre no cesa de buscarla y eso que nadie sabe que lo hace. Él es todo un slytherin, en silencio busca respuestas y con astucia las encuentras. Krum, debes entender, los Malfoy no están solos, Nott y los hermanos Weasley cada vez más encuentran pistas de la chica, conduciéndote a ti. Y no queremos ningún tipo de error, ¿Verdad? Porque eso implicaría manchar tu nombre, quitártela a ella para siempre y sobre todo, la varita de Malfoy en tu corazón. Y ese hombre, no es de fiar ni cuando está calmo.

-No me importa si encuentran pistas, durante años logré mantenerla viva y cerca de ellos sin que lo notaran. Ahora no será la diferencia. Y si es por mí, ya hubiera matado a ese mal nacido Malfoy.

-Ese mal nacido, como tú le dices, es el esposo de Granger y a ella no creo que le gustará saber que su antiguo noviecito le ha quitado a su hija. ¿Por qué justo a ellos, Krum? Justo a ellos. Los más difíciles de tratar. Te matarán apenas estén enterados.

-Nos, amigo. Por si no te acuerdas, has contribuido mucho a esta causa.

-A cambio de dinero, libertad y de la niña.

-Alex no está dentro del acuerdo. Ella no se casará contigo nunca.

-Entonces me veré obligado a dar información a mi antiguo amigo Nott, ¿Sabes? Hace rato que me está invitando a su mansión, dentro de unos pocos años se cumplirán veinticinco años de haber egresado de nuestro adorable colegio. Habrá una gran fiesta y creo que me vendría bien unas buenas copas para hablar.

La lucha entre miradas acechadoras no cesaba más. Por un lado estaba el Slytherin más descarado y maniático que había conocido, capaz de vender el alma de su madre con tal de salir bien parado. Por el otro, estaba él, a punto de explotar, triste y al borde del abismo, sabiendo que aunque le costara aceptarlo su colega tenía mucha razón. Cada vez era más difícil mantener resguardada a Alexa, que con la edad era imposible tenerla encerrada. Tomando quizás una de las peores decisiones de su vida, resignado y sin nadie que lo ayudara, tomó la mano de Zabini y la apretó en torno al acuerdo hecho.

-Haz lo que sea para que no se enteren, inventa, busca información falsa, desvíalos. Lo que sea.

-Con gusto, suegro.

-Zabini. No se te ocurra abusar de ella. Hasta la boda, no será tuya.

-Amigo ¿Cuándo he roto una promesa? Te prometo que estará muy bien a mi lado –finalizó Zabini con una sonrisa maquiavélica en su rostro y unos dedos cruzados, sobre su espalda.