Mordekaiser se ajustaba la capa, mientras Morgana y Evelynn terminaban de vestirse.
-Ha sido estimulante. Últimamente me sentía muy anquilosado dentro de la armadura.-les decía el coloso.
-Si te apetece repetirlo, ni te molestes en avisarnos.-dijo Evelynn, abriendo la puerta para salir.-Has tenido suerte por esta noche.
-A mi si que puedes avisarme, si te vuelve a apetecer. Pero no te encariñes conmigo.-dijo Morgana lanzándole un beso antes de salir.
Mordekaiser sonrió por aquello. Cuando se quedó a solas, pensó lo extraño de que solo pudiera pensar en Sona en una noche como esa. Hubo momentos en los que incluso se imaginó que ellas eran ella.
Oh, aquellos fueron los momentos más dulces.
No lo entendía. Realmente la artista le atraía, pero fue incapaz de tomarla anoche. No si sabía que ella lo odiaría por ello.
Bueno, no importaba mucho. Encontraría la forma de que ella lo adorase. ¿Cómo podría no hacerlo?
Claro que siempre cabía la posibilidad de que REALMENTE no consiguiera interesarle.
O de que ya hubiera otro hombre.
Lo segundo es fácil, solo debería aplastar al rival con Ocaso, como hace siempre. Lo primero es más complicado. ¿Quizás alguno de sus liches conozca alguna poción de amor?
Antes de poder cuestionarse porque había elegido la palabra "amor", sintió algo acercándose. Ese algo atravesó la ventana llenando el suelo de afilados fragmentos de cristal, dejando tras de si un humo verde y blanco.
Mordekaiser alzó el brazo, para que el espectro de uno de los cuervos mensajeros que había esclavizado se posara en él. La criatura tenía las plumas tintadas de un blanco pálido, y era semitransparente. En su pico, cargaba un pergamino con el sello de la academia de la guerra. Debía ser importante.
Agarró el pergamino, y el espectro se esfumo en el aire. Al desenrollarlo y leer su contenido, no pudo evitar sentirse preocupado, y a la vez satisfecho.
-Parece que pronto toca volver a los campos de justicia.-dijo aplastando la hoja con una mano.
Sona volvió a su casa con apuro. Allí podía asegurarse de que nadie la viera llorar. Se lanzó a su cama, y abrazando a etwahl, volvió a sentirse como una niña abandonada mientras lloraba. Hacía años que no ocurría. Pero en esos momentos, el instrumento se sentía como un ser vivo que la reconfortaba con su proximidad. Emitía un aura que la hacía sentir segura, como en un capullo.
Pero eso no quitaba que era una idiota. ¿Cómo pudo siquiera atreverse a pensar que alguien como Mordekaiser se fijaría en ella? Era normal que se fijara en otras como Morgana o Evelynn. No sabía en que estaba pensando. Además, ¿qué tenía ella que pudiera interesarle a él?
No tenía ganas de pensar en ello. Solo quería consolarse para sentirse mejor. Se irguió, sentándose sobre la cama, y extendió su instrumento ante ella.
Una vez más, como la noche anterior, iba a dejar que lo único que guiasen sus manos fueran sus emociones.
Un hombre paseaba por la muralla junto a su casa en ese momento. Iba pensando en lo bonita que era su vida. Sobre su buen empleo, su buen salario, sus adorables hijos, y su hermosa esposa.
Entonces comenzó a escuchar la canción de Sona.
Y se puso a pensar en la probabilidad de que le despidieran, de como el dinero apenas le llegaba para canjearse ningún capricho, como sus hijos se estaban convirtiendo en unos niñatos malcriados, y la sospecha de que su mujer le engañaba. Su vida era un asco.
Sona ya había conseguido tranquilizarse. Ya se encontraba mejor. Pero seguía sin estar bien. No había podido sacar afuera todo lo que tenía dentro. Probablemente le vendría bien hablar con alguien para hacerlo.
Se quitó su ropa de Pentakill, y se puso con su vestido habitual, haciéndose las coletas, con aquellos adornos de su tierra natal. Era de las pocas cosas que aún poseía de allí.
En ese momento alguien llamó a su puerta. Ahora mismo no estaba de humor para nadie, pero tenía que ser una buena anfitriona, después de todo. Simplemente se limpió las lágrimas que quedaban en sus ojos, y fue a abrir.
Al correr la puerta, se encontró a Ahri, con ojos llorosos, y carita de cordero degollado.
-"¿Eh? Ahri, ¿qué haces aquí?"-le preguntó la demaciana a través de su vínculo mental.
No le respondió. Simplemente se lanzó a abrazarla, y se puso a llorar.
-¡No te preocupes, amiga mía! Ya estoy aquí para consolarte.-dijo sin querer soltarla.
-"¿De que hablas? ¿Cómo sabías que andaba triste?"-dijo intentando empujarla para separarla, sin éxito.
-Se te escuchaba tocar desde casi una manzana. Bueno, al menos yo lo hacía.-dijo separándose un poco de ella, aún sin soltarse, moviendo las orejas como gesto para indicarle.-Me puso muy triste. Tu música siempre me hace sentir lo que tu sientes.
-"Bueno, esa es la idea. Pero no esperaba que hubiera nadie escuchando."-dijo Sona algo avergonzada.
Quizás sería buena idea insonorizar su casa.
-¿Qué hizo que te pusieses así?-le preguntó la zorra.
Ah, es cierto. Intentaba desahogarse con su música porque...
Volvieron a salirle lágrimas de nuevo. Por un momento había logrado distraerse de aquello. Pero ahora, volvió a pensar en lo doloroso y humillante que fue el momento de ver a Evelynn salir de la habitación de Mordekaiser.
Ahri comenzó a llorar al igual que ella, y se abrazaron la una a la otra, cayendo de rodillas al suelo, sin poder detener su llanto. Sona por su corazón roto, y Ahri... ¿por empatía, quizás?
Destellos de luz verde se reflejaban en las paredes de granito de una sala subterránea de la academia de la guerra. Mordekaiser pisaba los anchos escalones descendiendo, mientras sus oídos se llenaban con los rugidos de una bestia, y sentía sus violentas embestidas.
Al llegar al final, encontró a Karthus y a varios de sus liches, junto a dos invocadores de la liga. Aquellos eran de los invocadores que luchaban con ellos. Ya fuera porque buscaran los secretos de la vida eterna, la no-muerte, o simplemente despreciaban lo que la liga de leyendas representaba, y preferían intentar acabar con ella desde dentro.
Se oían golpes al otro lado de un gran y grueso portón metálico, que fungía de celda ocasional para criaturas demasiado poderosas para dejarles ir por libre en Runaterra.
-¿Es él?-preguntó el coloso metálico.
-Tú le conoces mejor que nadie.-le respondió Karthus.-Dínoslo tú.
-Lord Mordekaiser, su camarada de armas está a un nivel casi igual al del dios perro Nasus. O incluso al del terror del vacío Cho'gath.-le indicó uno de los invocadores, con voz carraspera, producto de una vejez más alargada de lo natural.
-Con él, ya no dependeremos de pedir favores a otras facciones para que luchen junto a nosotros en la grieta. Tenemos los números.-dijo el otro invocador, cuya voz sonaba como un eco grave.
-¿Cómo ha llegado aquí?-preguntó Mordekaiser ignorando sus palabras, plantándose frente a la puerta.
-Se presentó frente a la entrada de la misma academia durante la madrugada.
-Intentamos contactar con alguno de ustedes, pero no fuimos capaces de localizarles hasta esta mañana.
Con un gesto de su mano, el pesado portón metálico salió de sus bisagras, yendo al suelo pesadamente.
Los golpes se detuvieron, y el sonido de cascos a paso tranquilo, pero retumbantes, llenaba la sala. Hecarim se detuvo frente a su amigo Mordekaiser.
-¿Qué significa esto?-dijo con aire indignado.-Vengo a prestar mis servicios a una "academia de la guerra", y se me recibe de esta forma.
-Porque a los demacianos no les ha hecho ninguna gracia lo que ha pasado con las aldeas que has encontrado a tu paso por su tierra.-le dijo Karthus acercándose.-Quieren que se te deniegue tu entrada a la liga.
-Así que nosotros vamos a sugerir un juicio por combate en la Grieta del Invocador para defender tu precaria posición.-le dijo Mordekaiser.
-¿Estáis de broma? ¿Acaso habéis olvidado a que hemos venido aquí?-levantó sus cascos delanteros y golpeó el suelo con gran fuerza, haciendo caer gravilla de las paredes.-¡¿Ya os han domado estos magos con sus trucos?!
-Primero, estos magos trabajan con nosotros. Y segundo, no hemos renunciado a nada.-le indicó Karthus, apuntándole con su vara.
-El objetivo siempre ha sido el mismo desde que partimos de las Islas de la Sombra. Pero el continente se ha fortalecido más de lo que esperábamos en los últimos milenios.-le dijo Mordekaiser.
-Le sorprendería lo que pueden hacer la combinación de la mecánica y la magia de Piltover y Zaun.
-Por no hablar del poder bruto militar que ostentan ahora Noxus... y la propia Demacia.
Hecarim miró desconfiando a ambos sujetos encapuchados tras sus palabras.
-¿Qué pretendéis decirme con todo eso?-dijo obserando a sus compañeros alrededor.
-Que para triunfar en nuestra conquista, simplemente hemos tenido que adoptar medidas más cautelosas, y obligarnos a nosotros mismos a planear con más cuidado.-le espetó Mordekaiser con autoridad, apuntándole con su maza.
-O sea... que vamos a tener que seguir las reglas de la liga por ahora.-dijo extrañado.
Los presentes se limitaron a asentir.
-Pero que tu espíritu guerrero no se frustre.-dijo Mordekaiser dándose la vuelta para salir.-Mañana podrás demostrar tu valía ante toda Runaterra en los campos de justicia. Podrás seguir derramando toda la sangre demaciana que quieras.
La sonrisa burlona de la máscara metálica de Hecarim parecía crecer, mientras los invocadores se preparaban para tratar con sus superiores las condiciones del encuentro.
Katarina iba saltando y teletransportándose de muralla en muralla por las calles del barrio demaciano. Seguía siendo raro que la vieran por allí. Las cosas eran más laxas en esa comunidad sostenida por la liga, pero aún así, ella prefería no tomar riesgos. Sobretodo viendo lo cerca que estaba la casas de Sona y Garen.
Aterrizó en el jardín de estilo jonio, con toda la decoración y el formas de su patria. Tenía hasta una pequeña cascada artificial, y un gran cerezo plantado en el centro.
Aquello resultaba bastante relajante y pacífico.
Menuda porquería. ¿Dónde estaban las rocas y la corteza seca?
Se aproximó a la entrada, y dudó entre correr la puerta, o atravesarla con un salto. Pero prefería coger a la artista por sorpresa.
Apareció en los corredores iluminados por la luz exterior, y el suelo de madera pulida como si fuera nueva. Fue dando pasos intentando orientarse, hasta que notó algo en su mente.
-"Soy una idiota."
Rápidamente se puso a cubierto, para después analizar lo que acababa de pasar.
Aquello no fue un sonido. Fue algo en su mente. Como esa misma mañana, cuando Sona se comunicó telepáticamente con ella.
-No digas eso. No tenías forma de saberlo.
Y aquella era la voz de Ahri.
-El idiota es él, por no darse cuenta.
Siguió el origen de las voces hasta una habitación, donde en un típico salón jonio, descansaban ambas, sentadas sobre almohadas. Sona secándose las lágrimas con un pañuelo, mientras Ahri le daba palmaditas en la espalda.
-"Sí. El muy idiota se fue con esas dos sin pensar en mi."-dijo mostrando algo de enfado en su rostro.
-¿Me he perdido algo?-dijo Katarina entrando, sin molestarse mucho en anunciar su presencia o disimular.
Ambas se giraron para observar a la pelirroja, que aunque estaban algo sorprendidas de verla allí, no lo mostraron.
-Hola, Kat.-dijo Ahri secándose las lágrimas.
-Te he dicho que no me llames así.-dijo sentándose a su lado, y apoyando el brazo en la mesa, aburrida.-¿Qué le ha pasado a la mudita?
-Oh, esta disgustada porque...-comenzó a responder Ahri por ella, para luego detenerse repentinamente, y girarse para preguntarle a Sona.-¿Qué ha pasado exactamente?
-¿Llevas hablando quien sabe cuanto con ella y no sabes porque está así?-le preguntó incrédula Katarina.
-Bueno, se que se ha enfadado y disgustado con alguien que le atrae... pero no sé más.
Aquello llamó la atención de la pelirroja.
-¿Te ha pasado algo con Mordekaiser?
Sona no pudo sino asentir, mientras terminaba de secarse las lágrimas que quedaban.
-Espera, ¿te gusta Mordekaiser?-preguntó Ahri sorprendida.
Luego una sonrisa cruzó su rostro, y entrecerró los ojos con malicia.
-Ya veo. Tienes unos gustos... peculiares. No esperaba esas cosas de ti.
Empezó a reír como si algo le placiese enormemente, mientras se hacía sus propias ideas mentales sobre las consecuencias de esto.
Katarina solo pudo mirarla raro, para luego sacudir la cabeza y volver a lo que hablaban.
-Bueno, pues eso, ¿qué ha pasado? Esta mañana parecía que la cosa iba bien.
Sona se quedó en silencio unos segundos.
-"Después de que te marcharas... cuando fui a llamarle a la puerta de su habitación... me abrió Evelynn. ¡Ella y Morgana habían pasado la noche con él!"-expresó con disgusto.
Se llevó las manos al rostro, apenada. Pero sin llorar. Ya no le quedaban lágrimas que derramar.
-"Vaya, así que al final esas dos lo consiguieron."-rió Katarina por dentro.
Sona alzó la cabeza de repente.
-"¡¿Tú sabías que querían hacer eso?!"-exclamó desde su mente alarmada
-¡¿Eh?! ¿Puedes oír tú mis pensamientos también?-dijo la pelirroja preocupada.
-Solo los que diriges a ella directamente. No puede ver nada que tu no quieras, pero debes tener cuidado con tus pensamientos superficiales. Asegurarte de no estar dirigiéndote a ella cuando ocurre.-le dijo Ahri, recordando unos cuantos incidentes que tuvo ella al respecto.
-"¡¿Porqué no me dijiste nada cuando estábamos bebiendo?!"-dijo alzándose enfadada.
-Porque creía que simplemente bromeaban, y porque tú y Mordekaiser desaparecisteis de golpe después de que nos emborracharas con tu canción.-dijo Katarina intentando defenderse, un tanto intimidada por la actitud tan agresiva que había tomado la demaciana de repente. Para nada de su carácter.
¿Emborracharles? ¿Eso fue lo que pasó durante sus horas en blanco? ¿Se puso a tocar borracha y les transmitió la borrachera? Bueno, eso daba igual ahora.
-"Pero... si tú sospechabas que él me gustaba... ¿porqué no les impediste nada, si sabías que también le gustaba a ellas?"
Katarina y Ahri alzaron una ceja extrañadas, y se miraron la una a la otra. Su amiga no parecía entender el concepto de "rollo de una noche". Aquello les hizo bastante gracia.
-Ehm... Sona, me parece que no lo has entendido.-intentó explicarle Katarina.
-"Claro. Tú las conocías a ellas mejor. Son tus amigas. Y son tan abiertas que están dispuestas, a compartir a Mordekaiser."-siguió debatiendo dentro de su mente.
-No, cariño. No estás...-quiso decir Ahri, para ser interrumpida también.
-"Si es que con ellas está mucho mejor. Si está enamorado de ellas, mejor para él. No sé para que quiero meterme en medio."-siguió castigándose a si misma.
-No le quieren.-dijo Katarina tajantemente.
Sona detuvo su hilo de pensamientos al oírla.
-"¿Eh? ¿Qué quieres decir? Pero si han pasado la noche juntos."-expresó sin entenderla.
-Y algunas veces, una noche juntos, es solo una noche juntos.-le dijo Ahri.
-"¿Solo?"
Katarina se colocó frente a la peliverde.
-Puede que en la mente de una "justa y luminosa" demaciana como tú no quepa esa posibilidad, ni en vuestra sociedad.-dijo golpeándole la frente con un dedo.-Pero no todas las personas tienen que quererse para tener sexo.
-"¿Cómo?"-dijo Sona. ¿Acaso querían decir que...?
-Lo que sea que hiciesen anoche, lo hicieron porque querían pasarlo bien, y nada más. Aunque les atrajese físicamente. Algunas personas simplemente lo hacen para divertirse, y nada más.-le dijo Ahri sonriendo, intentando reconfortarla.
-"O sea... o sea que..."
-Ni ellas le gustan a él, ni él les gusta a ellas.-dijo Katarina para tranquilidad de su amiga.
Sona se quedó callada con una expresión de estupefacción en el rostro, antes de levantarse de un bote de alegría, que casi da con el techo.
-"O sea, ¡qué aún tengo posibilidades! Pero esto debería ser un toque de atención. No puedo relajarme."
No paraba de dar vueltas por la habitación, mientras Ahri y Katarina la miraban divertidas.
-"Tengo que saber que le gusta a él de una mujer. Y a lo mejor también impedir que se acerquen otras... No, eso es imposible. ¿Y si me acerco con excusas para pasar más tiempo con él? ¿O si...?"
Entonces se dio cuenta de que estaba "pensando en alto", y que sus amigas no paraban de burlarse internamente de ella, mientras contenían su risa a duras penas.
Se sonrojó de vergüenza, y volvió a sentarse de rodillas en la almohada, intentando ocultar su rostro tras sus coletas.
-Me parece que en esto podemos serte de más ayuda.-le dijo Ahri con una sonrisa picaresca.
Ahora mismo no le apetecía nada hablar de eso. Y menos con ellas. Solo podía suplicar por un cambio de tema.
Todas escucharon como llamaban a la puerta. Parecía que ese día Sona estaba muy solicitada.
Pero mejor. Ahora tenía una excusa para alejarse de esas dos.
-"Ah, vaya. Tendré que abrir. Si queréis podemos hablarlo otro día. O nunca. Adiós."
Salió del salón a toda prisa, corriendo la puerta tras ella, dejando a Katarina y Ahri solas.
-¿Crees que se da cuenta de que esta es su casa?-dijo riéndose Katarina.
Sona abrió, y se encontró a Lux frente a ella, con su armadura de maga demaciana puesta, y una sonrisa de satisfacción y emoción en el rostro. De esas que solo portaba antes de una batalla.
-"Lux. Te veo emocionada. ¿Pasa algo?"-le preguntó la músico arqueando la cabeza curiosa.
-Sí. Y a ti también te interesa.-dijo aumentando su sonrisa.-El rey ha convocado a todos sus campeones en la liga.
-"Ya veo. Toca otra batalla en la grieta."-suspiró agotada.
Mordekaiser y los demás le hacían gastar mucha energía y tiempo. Y las batallas tampoco le apetecen mucho.
-Sí. Vamos a un juicio por combate por un habitante de las Islas de la Sombra.
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¡¿Qué?!
Ahora que hemos llenado los primeros capítulos con comedia y romance, y un poco de lemmon (en una historia aparte en la categoría M), toca un poco de acción.
Ayudadme con la selección. ¿Qué campen s vinculados a Demacia y a las Islas de la Sombra os gustaría ver en la grieta, luchando por al no-vida de Hecarim?
Mordekaiser y Sona se dan por sentados, pero me gustaría saber cuales os parecerían más adecuados para ver partirse la crisma entre ellos.
