Que tal aquí les traigo nuevamente mi historia.
Los personajes le perteneces a SM la historia es mía. Fic rating M es solo para mayores de edad.
—¿Te gusta la velocidad, no?
—No —gemí —. ¿Quién eres tú y donde dejaste a Edward? —él volvió a reírse.
—Se quedó en su oficina, ahora vienes con un corredor de NASCAR —bromeó acelerando aún más.
Edward.
—¿A dónde vamos? —preguntó Bella cuando tomamos otra ruta, no nos dirigíamos con la demás gente si no a otro patio del aeropuerto.
—¿Creías que viajaríamos con los demás? —ella elevó una ceja haciéndome reír—. Mi familia tiene su propio jet, nos iremos en él, ¿recuerdas lo del reportero? Lo vi abordar un avión, se confundió con mi vuelo.
—De verdad no puedo con tu arrogancia —murmuró en un tono falsamente incrédulo.
Me reí de su cara antes de abrazarla por la cintura mientras continuábamos caminando. No vi la necesidad de explicarle, porque los reporteros habían amanecido como buitres hambrientos esta mañana. La ruptura con Jess había explotado como pólvora. No sé si la vieron salir llorando o ella lanzó un maldito comunicado, pero él caso es que me esperaban cientos de reporteros fuera de la residencia, temprano este día.
Así que salir de viaje, con mi amante era realmente la comidilla por la que todo reportero mataría por fotografiar. Tuve que tomar muchas precauciones, y estaba tan fastidiado que lo único que quería era hundirme en el cuello de mi chica y desaparecer del mundo.
—¿Y bien cuando me dirás a dónde vamos? —La miré incrédulo.
—¿Siempre eres así de desesperada?
—A veces puedo ser peor.
—Entonces lamento decepcionarte, te diré hasta que lleguemos, de hecho poco antes de llegar tendrás que usar esto… —Elevé una cinta negra—. No quiero que arruines mi sorpresa.
—¿Haces esto muy seguido? —Se giró para el otro lado, refunfuñada parecía una niña pequeña.
—¿Lo de vendar ojos o lo de escaparme con mujeres? —definitivamente Bella era una mujer de cuidado, lo supe cuando su mirada amenazó con traspasarme—. Es sarcasmo, Bella.
—¿A cuántas mujeres has llevado como de luna de miel?
Nop, definitivamente no estaba bromeando, podría ofenderme ¿pero cómo hacerlo? Si después de Tanya había caído en absolutamente todos los excesos, sin importarme si era fotografiado o no. Mi reputación de don Juan se había disparado por las nubes.
—Para tu tranquilidad, no he hecho esto nunca. Eres la primera mujer que llevo "a una luna de miel" —cité haciendo comillas.
—Ajá… —murmuró aún enojada haciéndome sonreír, desabroché su cinturón y la atraje hacia mi pese a sus protestas, enterré el rostro en su cuello.
—Mejor cuéntame, ¿cómo te fue con Jacob?, ¿batallaste para convencerlo?
—Hum... sí, un poco, de hecho se molestó cuando le dije que vendrías tú también. —Apoyó el rostro contra mi pecho.
—Que le den —aseguré riéndome pero cuando ella no me regañó ni mucho menos se rio, supe que me estaba ocultando algo—. ¿Qué más pasó?
—No es nada. —Desvió la mirada.
—¿Te han dicho que eres pésima mentirosa? —sujeté su mentón obligándola a mirarme—. ¿No? Perfecto. Eres pésima mintiendo. —Bella esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—No lo sé… yo… ayer vi el nombre de una chica anotado en su cuaderno —jugueteó con mi corbata en forma nerviosa—. Desde entonces no he dejado de preguntarme si tendrá una amante.
Sentí odio corriendo por mis venas. No debería, puesto que Bella le estaba haciendo lo mismo, pero… mierda. Era un sentimiento extraño, por un lado quería golpear a ese hijo de puta por lastimarla y por el otro, quería besar el camino por donde pisara.
Si el muy imbécil estaba haciendo eso, ya no habría obstáculos entre nosotros. Casi me sentí feliz, y digo casi porque al ver como Bella mordisqueaba su labio me di cuenta de que le dolía que ese chucho la lastimara, aún lo quería y yo no podía juzgarla, en realidad conocía muy poco sobre la relación que tuviera con él. Suspiré estrechándola entre mis brazos.
—Lo siento… —susurré—. Sería un imbécil si lo hiciera, eres una mujer excepcional. —Ella me miró cargada de tristeza.
—¿Cómo puedes decir eso? Si yo también estoy siendo una… —se interrumpió mirando hacia otro lado.
—Tú eres una mujer increíble, Bella.
—Una mujer que también engaña —sujeté su mentón.
—No eres eso, estabas malditamente sola, al igual que yo. No te juzgues tan duramente, ambos nos necesitábamos y no lo sabíamos hasta que estuvimos juntos. —Me miró largamente, como si de alguna manera necesitara confirmar en mis ojos lo que le estaba diciendo.
—¿De verdad crees eso?
—No lo creo, lo sé —aseguré acercando su rostro al mío, la besé suavemente.
—Gracias —susurró recostando de nuevo su cabeza en mi pecho.
—No hay de que nena, ¿quieres seguir hablándome de ella? —Bella se estremeció.
—Solo vi un nombre anotado en su cuaderno, estaba dentro de un corazón, decía Tanya, seguido por un número… —¿Tanya?
El nombre volvió a remover fibras en mi interior, mi respiración se agitó un poco. Mierda. No… no de ninguna manera podría ser la misma, por supuesto que no. Sacudí la cabeza, la verdad que yo ya le había perdido la pista hacía más de un año, pero… aunque borrara su número de mi celular, no podía borrarlo de mi mente…
—¿Tienes el número?, ¿podrías mostrármelo? —pregunté impaciente. Ella disparó una mirada extrañada en mi dirección.
—No, lo deje en casa ¿por qué? —solté el aire que sin darme cuenta había estado reteniendo.
No tenía caso que me estuviera volviendo loco por saber, ya con mi reacción exagerada la había sacado de lugar, y no, definitivamente no quería interrumpir nuestros momentos juntos con dudas sobre nadie. Sin embargo, regresando investigaría al perro, eso sí.
—No, olvídalo. —Deposité un beso en la comisura de sus labios—. No quiero hablar de él.
—¿Y sobre qué quieres hablar? —preguntó entre mis labios.
—Sobre ti, por ejemplo. —Ella me miró divertida.
—¿Qué hay conmigo?
—Esa es la pregunta, ¿cuáles son tus flores favoritas?
Bella ser rio pero el resto del vuelo lo pasamos así, platicando un poco de todo, yo quería conocerla más a fondo. Hablamos sobre su amiga Angela, me contó brevemente que sus papas eran divorciados, que conocía desde niña a Jacob. Escuché atentamente todo, quería saber absolutamente todo de su vida y de ser posible, no hablar para nada de la mía… Pronto, el piloto nos informó que ya íbamos a llegar, por lo que pese a sus protestas, le puse la cinta que llevaba.
La ayude bajar del avión y en tierra, la cargué hasta el vehículo que tenía solo para esas ocasiones, aceleré para llegar lo más pronto posible. Me moría por estar a solas con ella aunque la pobre estuviera demasiado enojada e impaciente con la cinta en sus ojos. Una vez que llegamos, verifiqué que la servidumbre hubiera hecho caso de todo lo que pedí, y solo entonces, descubrí sus ojos.
Bella.
—Ya puedes abrir tus ojos. —Su voz aterciopelada sonó con un ligero toque de ansiedad.
Al abrirlos, tuve que parpadear no una, sino varias veces. No podía creer aquello, la casa era más bien una cabaña gigantesca situada sobre el mar, nos rodeaban unas majestuosas rocas volcánicas, lo miré con una enorme sonrisa antes de soltarme riendo. Me descalcé cual niña pequeña, para sentir la arena blanca entre mis pies, miré hacia adelante donde había un camino de madera que se tenía que atravesar para llegar a la cabaña, iluminado únicamente velas.
—¿Te gusta? —susurró abrazándome por la cintura—. Bienvenida a Bora Bora.
—Esto… ¡Edward esto es maravilloso! —Pero de pronto, toda emoción abandonó mi rostro.
—¿Qué ocurre? —preguntó acariciando mi mejilla.
—¿Rentaste este lugar? —Ese hombre realmente sabía cómo hacer un silencio sepulcral, tragué saliva duramente—. Este lugar es ¿tú lugar? —Él suspiró.
—Es un regalo de mis padres. —Se encogió de hombros, como si le hubieran regalado un chocolate. Lo miré boquiabierta, sintiendo como nos distanciábamos. Él estaba nadando en dinero, ¿y yo? Yo realmente era cenicienta—. Bella. —Se acercó a mí, sujetándome por la cintura—. ¿Quieres dejar de pensar en lo que sea que estás pensando? —Me reí pero el sonido fue ronco, aún estaba abrumada y confundida—. ¿Por mí? —Pidió al tiempo que depositaba suaves y acalorados besos en mi piel.
—Solo tú y yo —jadeé cuando sus labios succionaron el lóbulo de mi oído.
—Solo tú —murmuró levantándome en brazos, haciendo que gritara asustada.
Al ir en sus brazos, pude observar lo cristalina del agua, se veía de color esmeralda como los ojos de Edward, el cielo parecía infinito. Ya dentro de la casa, el piso de madera se sintió frío contra mis pies, las paredes blancas con adornos de madera en la parte superior la hacían verse de lo más elegante. Más allá podía ver una enorme estancia, así como una gran cocineta de color aluminio.
—¿Quieres conocer nuestra habitación? —me estremecí ante su tono, y cuando me reí él elevó una ceja.
—¿Qué?
—¿Tan pronto quieres ir ahí? —susurré batiendo mis pestañas, él mordió su labio mirándome de arriba abajo, como un depredador a punto de saltar sobre su presa—. No me gusta que me veas cual violador en serie. —Él se rio.
—Nada de violaciones —aseguró tomando mi mano.
—Eso es bueno, ya me estaba asustando.
—Al menos, no todavía —cuchicheó en mi oído. Me solté riendo mientras le pegaba en el pecho, él me esquivó y tiró de mi mano guiándome a la habitación.
Al abrir la puerta, me dejó entrar primero y a penas puse un pie dentro me quedé boquiabierta. Pétalos en colores lila y blancos, formaban un camino hacía una gigantesca cama que también estaba cubierta de pétalos. Las paredes de la habitación eran de una exótica decoración en madera, una gran ventana justo frente a la cama daba la vista hacia el mar. Edward, quién seguía detrás de mí, sujetó mi cintura, pegándome a su pecho para luego apoyar su rostro en mi hombro.
—¿Qué te parece?
—Ostentoso —jadeé.
—¿Demasiado?
—Bastante.
—¿Estás asustada? —susurró besando mi hombro.
—¿De ti? —sonrió contra mi piel.
—No te burles, siempre soñé con compartir este lugar con una persona que fuera verdaderamente especial para mí, por lo tanto siempre que he venido, ha sido solo. —Me giré entre sus brazos para verlo de frente—. No mentí cuando te dije que nunca había hecho esto.
Me quedé mirándolo sin palabras. Este lugar, era lo más hermoso que hubiera visto nunca y no podía creer, que yo fuera la persona especial de la que hablaba. Suspiré perdiéndome en sus ojos, buscando algún indicio de que mentía, de que estaba jugando conmigo pero lo único que encontré fue amor. Aquello me sacudió porque ahora estaba segura de que, desde el momento en que lo vi, supe que lo amaría, al tocarlo por primera vez supe que quería que fuera mío y al besarnos, supe que jamás podría dejarle.
—Gracias —susurré extendiendo mi mano hacia su hermoso rostro, me puse de puntitas y comencé a besarlo.
El suspiró entre mis labios, atrayéndome completamente hacía él, rodeándome con esos fuertes y protectores brazos. Suspiré entre sus labios, disfrutando de su sabor, luego, entreabrí sus labios con la lengua hasta disfrutar de lo dulce de su paladar, Edward recorría mi rostro una y otra vez con sus manos. ¿De verdad esto estaba pasando?, esperaba nunca despertar porque estaba sintiendo como en ese instante, él me amaba como yo a él.
Pronto comenzó a faltarnos el aire, Edward sin embargo no dejó de tocarme, comenzó a besar mi cuello, donde luego empujó mi cabello detrás de mi hombro, besando la piel desnuda para luego acercarse a mi oído.
—Me preguntaba, si quieres que nos refresquemos primero… hace mucho calor, ¿no te parece? —curvó sus labios en esa arrogante sonrisa, pese al pozo oscuro de sus ojos, esa mirada no era una calidez producto del afecto, no, era la excitación de un depredador que ronda a su presa.
—Como tú quieras. —Mordí mi labio, él negó suavemente pasando su pulgar por mis labios, liberando mi maltratado labio inferior.
—No sé qué voy hacer contigo y ese labio —masculló mientras sujetaba mi mano y nos guiaba hasta un enorme baño.
El piso era de mármol, las paredes en tonos cafés la hacían acogedora. Pero lo más impresionante de todo, era la tina, la cual tenía ya agua y sobre ella, flotaban pétalos del mismo tono que la habitación anterior. Sonriendo, extendí mi mano sobre el agua asombrándome de que estuviera tibia, justa para el calor tan sofocante en el que estábamos.
Edward se inclinó detrás de mí, sus manos me acariciaron con suavidad la cintura, mandando escalofríos por toda mi piel mientras buscaba el cierre de mi vestido. Frente a nosotros, había un enorme espejo en forma de luna, que arrojaba el reflejo de los dos. Era absurdo como un adonis parecía venerar mi cuerpo. Vergüenza invadió mis sentidos y en cuanto el vestido cayó al suelo en un sonido seco, me cubrí los pechos desnudos.
—¿Qué sucede? —inquirió en tono ronco, mirándome a través del espejo.
—Nada.
—Lo preguntaré una vez más, intenta ser sincera esta vez, ¿está bien? — Sus orbes oscuras me amenazaron—. ¿Qué te sucede? —Suspiré desviando la mirada.
—Es solo que no sé cómo te fijaste en mí, de verdad… —Que absurda manera de comenzar con una noche romántica. Que alguien me corriera de este lugar.
Cerré fuertemente los ojos, el deseo de llorar presionando contra mi pecho y garganta, haciéndome dificultoso hasta el hecho de respirar. No solo, no era tan hermosa como para merecerlo, de pronto el lugar completo comenzó abrumarme, de nuevo la idea de que tenía demasiado dinero y yo solo era una recién egresada… Edward sujetó mi mentón repentinamente.
—Abre los ojos —ordenó. Respiré hondo tratando de calmarme y cuando lo hice, me quedé sin aliento ante su mirada—. No puedo creer que aún no veas lo hermosa que eres. —Apuntó a nuestro reflejo—. Esa persona que vez ahí, es lo único que me interesa en la puta vida, de hecho, no término de agradecerle al cielo que te hubiera puesto en mi camino. —Me giro hacia él y me estrechó con fuerza entre sus brazos—. Bésame como si fuera tu único, como si solamente fueran mías tus caricias, bésame como si no existiera él…
—Edward… —susurré entre lágrimas.
—¿Puedes?
No necesitó pedírmelo dos veces, comencé a besarlo con voracidad. Mis manos buscando frenéticas sus botones, comenzamos a desnudarnos en tiempo record, el aroma de su perfume nublaba todos mis sentidos y borra la vergüenza, dudas o lo que fuera que había llegado a sentir. Edward comenzó a besar mi cuello mientras yo tiraba del cinturón de sus vaqueros, pero repentinamente gruñó.
—¿Qué ocurre? —susurré.
—Eso ocurre —tocó mi marca. Sonreí tímidamente.
—¿Y qué propones? —Él parpadeo confundido, pero luego, esa sonrisa torcida, mi favorita, apareció en todo su esplendor.
—¿Puedo hacerte también yo una marca?
—¿No lo vas a dejar pasar, verdad?
—No. —Me reí mientras negaba con la cabeza, me puse de puntitas y enrosqué mis brazos alrededor de su cuello.
—Entonces haz lo que tengas que hacer. —Mi voz fue baja y seductora provocando que sus ojos brillaran de una forma oscura y perversa.
Me besó de verdad, tirando de mí labio al tiempo que masajeaba mis pechos, en ese momento, agradecí en el alma encontrarnos solos, porque no habría manera de que pudiera controlar lo que me hacía sentir, gemidos roncos abandonando mis labios. Edward comenzó a empujarse contra mí, su erección golpeando mi vientre haciendo liquidas mis piernas.
Y luego todo pasó en un segundo, sujetó el cabello bajo mi nuca y sus labios estuvieron en mi cuello, succionando delicada pero firmemente. Suspiré mientras le permitía marcarme, a estas alturas, le permitiría lo que fuera. No estuvo satisfecho, me tomó por la cintura y cargándome en brazos nos metió en la tina.
A horcajadas sobre él, comencé a mecerme contra su sexo, su respiración se volvió errática mientras me acariciaba.
—Ya no puedo esperar —siseó antes de acomodarse justo en el lugar preciso, penetrándome de una forma intensa que me hizo gritar en placer.
Sus labios estaban sobre mi pecho, succionando con suavidad en los bordes, cerca de mi cuello, en todos lados donde podía, teníamos pétalos por todo el cuerpo mientras nuestros movimientos hacían que el agua saltara por todo el lugar. Luego, introdujo sus enormes manos en mi cabello mojado, atrayéndome a él para besarnos. Sus manos en mis caderas incitándome a cabalgarlo me hicieron rodar los ojos de placer.
No iba a poder aguantar un minuto más y así fue, me dejé llevar perdiéndome en un orgasmo largo y devastador, sin sentirme cohibida, sin tener que privarme, solamente éramos él y yo. Segundos después escuché un gruñido seguido por un cálido líquido que se esparcía dentro de mí.
Edward.
Después de una semana de trabajo, un viaje largo más una de las mejores noches de mi vida, terminamos rendidos sobre la cama.
Por la mañana, me despertó la fresca brisa que se colaba por la terraza. Mi pecho cosquilleaba y cuando abrí los ojos, sentí el cabello de Bella que era movido por la misma brisa, de forma que acariciaba mi pecho. Suspiré al verla atravesada en mi cuerpo. ¿Cuántas noches había soñado este momento? Tenerla entre mis brazos por la mañana y ser lo primero que viera al despertar, sonreí. Ella olía delicioso, quería tenerla justo así para siempre. Sonriendo, tomé un pétalo de rosa que se había enredado en su cabello, y comencé a deslizarlo por su piel, muy suavemente para no despertarla, pasándolo por sus pómulos, por sus brazos, su torso desnudo, hasta que se estremeció, sus manos apretando mi cintura.
—¿Te he despertado? —susurre.
—En realidad no sé si quiera abrir los ojos, tengo miedo que desaparezcas. —Se acurrucó más contra mí cuerpo.
Nos giré para quedar sobre ella, lentamente comencé a memorizar su rostro con mis dedos. Ella me acariciaba la espalda, en un maldito roce que me estaba volviendo loco, con sus ojos cerrados y una hermosa sonrisa instalada en sus labios. Iba a enterrar mi rostro en mi lugar favorito, su cuello, cuando me percate de la gran marca que le había dejado, parpadeé mirando el resto de su cuerpo, marcas surcaban sus pechos, su abdomen. Mierda. De pronto ella se rió.
—Lo siento…
—¿Qué? —inquirí aún aturdido.
—Mi estómago, ¿no lo escuchaste? —suspiré acariciando sus labios con los míos.
—No, pero creo que debemos desayunar ahora, ayer no cenamos tampoco, no te alimento bien —me quejé odiándome por mis estúpidos descuidos y arrebatos.
—Entonces vayamos, te preparare algo delicioso —aseguró con una sonrisa.
Bella.
Tomé del suelo la camisa de Edward y me la puse, su aroma invadiendo mis sentidos mientras sonreía abrochándola. Me miré al espejo para acomodar mi cabello, estaba todo lleno de pétalos y…
—¡Santo Dios! —chillé. Edward estuvo en pocos segundos a mi lado.
—¿Qué pasa, te lastimaste? —preguntó ansioso mirándome por todos lados.
—Edward Cullen, ¿cómo pudiste? —gemí mirándolo con odio. Él se mostró culpable, como si…—. ¡Lo sabías!
—No sabes cuanto lo lamento nena, te juro que no volverá a pasar, nunca había hecho esa mierda, no sé porque contigo… pierdo el control. —Bajo la mirada, sonrojándose—. De verdad lamento mucho haberte hecho daño. —Se veía adorablemente tierno, era imposible estar enojada con él.
—No te preocupes, me pondré hielo —aseguré enroscando mis brazos alrededor de su cuello—. Pero… entonces ¿tú también dejaras que yo te haga unas marcas? —Su sonrisa, su cabello revuelto, su torso duro contra mi pecho, sip, logró robarme el aliento.
—Todas las que quieras —aseguró descendiendo a mis labios, un segundo después me levantó en brazos, me reí enroscando mis piernas alrededor de su cintura. Luego nos llevó a la cocina donde me dejó en pie finalmente.
—Te ves muy sexy con mi camisa, ¿de verdad que no te cansas de excitarme?
—No es mi intención, provocarte esas reacciones. —Me reí.
Desayunamos en calma, luego tomamos una ducha. Me vestí en un fresco vestido blanco que acompañé con un sombrero café. Edward me invitó a conocer la playa. Así que tan solo unos minutos después, me encontré caminando de su mano por el hermoso lugar. No podía creer que esto estuviera pasando, que finalmente estuviéramos de la manera en la que tantos días había fantaseado, platicando de todo y de nada, como una pareja normal.
Por la tarde hicimos un pequeño picnic y al terminar de comer, nos recostamos sobre la arena muy cerca de las olas para observar el atardecer… me era muy difícil encontrar las palabras adecuadas para describir la magia que emanaba la isla. Las sensaciones que me sacudían cada vez que lo miraba.
—¿En qué piensas? —preguntó curioso.
—No puedo describirte lo hermoso de este lugar, no quiero que nunca acabe el día...
—Eso tiene remedio, puedo atarte a la cama para que no regreses a Nueva York, puedo decir que te secuestraron, los accidentes pasan… —me reí sacudiendo la cabeza.
—Creo que al liberarme te metería en graves problemas con Jake…
—Bella... —Su sonrisa se había ido, se sentó doblando sus rodillas, y se quedó así, con los brazos extendidos mirando al mar, confundida me senté también yo cruzando mis piernas.
—¿Qué ocurre? —Él sonrió pero el sonido no fue feliz.
—Nada.
—¿Quieres que lo repita otra vez, a ver si esta vez eres sincero? —Edward suspiró, sacudiendo la cabeza.
—Bueno… yo…. Creo que ya no puedo vivir sin ti —suspiró mirando las olas—. Te juro que no fue mi intención confundir nada de esto, no quise acercarme a ti desde un principio pero volvía una y otra vez a ti. —finalmente me miró con esos orbes atormentados—. Ya me es imposible estar lejos de ti… —Un cálido rubor coloreó mi piel, estaba segura porque sentía mi piel en llamas.
—¿Y Jessica?... —susurré.
—He terminado con ella antes de venir contigo aquí, por eso el acoso de los periodistas. —Ahogué una exclamación.
—¿Que tú qué?
—Sí, le dije la verdad. No tenía caso seguirme engañando con que la amaba, dejé de quererla desde el primer momento en que estuvimos juntos, no te voy a negar que siempre será como un ángel para mí, y que antes de terminar me hizo pensar en muchas cosas, pero no puedo amarla, porque mi corazón ya te pertenece a ti.
Me quedé sin habla, perdida en el color esmeralda de sus ojos, los cuales resaltaban aún más con el color del agua, eran sinceros y cálidos, Edward había dejado a Jessica… por mí.
—Yo… Edward…
—No tienes por qué responderme en este momento, como te dije la primera vez que toqué tus labios, toma de mi lo que quieras o nada en absoluto, si eso te parece mejor.
—¿Cómo puedes decir eso? —Se encogió de hombros.
—¿Qué puedo hacer para evitar lo que siento por ti? yo puedo amarte sin miedo, sin reservas, quiero entregarme a ti aunque sepa que quizá salga lastimado. Prefiero volver a pasar por esa mierda, que engañarme a mí mismo con que no te amo.
Eran demasiadas emociones encontradas en ese momento, por un lado aún quería a Jacob pero por el otro, tampoco podía ver mi vida sin Edward. Estiré mi mano hacia su rostro, él suspiró, recostándose sobre en ella con los ojos cerrando. ¿Cómo podía un ser como él sentir algo tan abrumador por mí?
Me incliné hacia él, y sujetando su rostro con ambas manos estampé mis labios en los suyos, con fiereza, odiaba verle sufrir, odiaba sentirme como me estaba sintiendo ahora. Tenía que tomar una decisión, pero mi corazón estaba dividido. Si tan solo pudiera explicarle cuanto lo amaba, que mi cuerpo se lo gritaba en cada toque, en cada beso en cada momento que estábamos juntos. Lágrimas rodaron por mis mejillas.
—Ayúdame a olvidarlo… ayúdame a olvidar mi propio nombre —supliqué entre sus labios.
Gracias por sus comentarios eli1901, barby, nany87 de igual forma a las que me agregaron a favoritos y a las que siguen mi historia, me animan mucho a seguir escribiendo!
¿Y cómo ven chicas? yo con eso ya me habria olvidado de Jake ¿y ustedes?
