Capítulo 9 – Shurima (*)

Primera Parte: Colmena

El sol brillaba con tal intensidad que Irelia se preguntaba si se trataba del mismo sol que había visto salir del horizonte tantas veces en Jonia. La arena retrasaba su caminar, hundiéndola cada tanto si llegaba a pisar en falso. La temperatura extremadamente alta había obligado a ambas jóvenes detener su marcha para cambiar su vestimenta por una más liviana que les permitiese contrarrestar los sofocantes rayos de febo. Así es como Riven se puso un vestido blanco de delgada tela (al parecer, sentía cierta afición a los vestidos de aquella índole) y nuestra protagonista optó por una de sus amadas y frescas sotanas del mismo color neutro.

Mientras se cambiaban en las dunas, luego de verificar varias veces que no había algún intrépido espía a varios metros a la redonda, Riven puso una especial y discreta atención en observar el cuerpo de Irelia, asombrada por la bella vista que tenía en frente.

"¡Mujer!" exclamó de pronto sin poder contenerse. "¿Tan linda figura y usas esa sotana similar a un sacerdote?"

Recién al terminar de pronunciar esas palabras consideró que quizás se había tomado demasiada confianza y así se lo demostró la mirada de la aludida de la cual se despedían intensos rayos que parecían fulminar aquel atrevimiento. Sin embargo, para alivio de la joven que recordaba con quién se encontraba realmente, la joniana pareció recapacitar con su actitud y sonrió con una simpleza casi encantadora.

"Siempre me agradaron las sotanas, me hacen sentir cómoda y me permiten gran movilidad ante la necesidad de combatir" se explicó con un tono casi paternal, como si le explicara algo a un niño.

Debemos aclarar al lector que en esta historia no hay lugar para desnudos indecentes, nuestra protagonista portaba un sostén bastante grueso que cubría su busto y gran parte de su espalda y unos pantaloncillos cortos que permitía que su ropa flotase con naturalidad sin necesidad de preocuparse por su pudor. Claro que Irelia era una joven que había estado desnuda delante de varias personas (varios hombres, para ser más precisos), sin embargo no solía estar acostumbrada a aquellos comentarios tan imprevistos.

"Ah, bueno" concluyó Riven, finalizando la conversación. No estaba dispuesta a seguir tentando el humor de su compañera, considerando que éste era difícil de mantener ante el fastidio producido por el excesivo calor y la extensa caminata que sabían tenían por delante.

El panorama no era muy alentador, las dunas se terminaban y sólo había una extensa planicie de arena que alcanzaba el horizonte, y aunque antes rogaban que no apareciera nadie para observar cómo se desvestían, ahora pedían que algún peregrino o viajero se cruzase en su camino para comprar otra cantimplora de agua, de las cuales sólo tenían cuatro, o siquiera conocer dónde circulaban y si sabía algo de las criaturas "de otra dimensión" de las cuales había hablado Teemo.

Aún así, Irelia marcaba el camino. Había tratado de explicarle a su compañera que su instinto le estaba indicando por dónde debían atravesar, una especie de llamado que percibía de "algo" que quería comunicarse con ella a toda costa, mostrándole por dónde había que cruzar para lograr su anhelado encuentro. Riven dudaba demasiado, temía que aquello pudiera tratarse de alguna trampa: sabía que Shurima no era un lugar de lo más grato, pero era donde más proliferaba el mercado negro en todo Valoran. Por lo tanto llamaba su atención que, pese a las tormentas de arena que solían azotar aquel desieto, no encontrase el mínimo rastro que indicara que alguna caravana había pasado por allí cuando, por lo general, los seres humanos suelen dejar indicios de su presencia allí, más aún al viajar varios juntos. Sin embargo no replicó palabra alguna ya que observó que la joniana se encontraba subyugada por aquel "llamado" del cual había hablado. Tenía pocos momentos de lucidez, los cuales solía pasar haciendo comentarios triviales o pensando sumida en un profundo silencio, para luego volver a aquel estado de hipnotismo que obligaba a la joven tener la mirada clavada en el horizonte y a caminar sin respiro en línea recta.

Cuando por fin, luego de horas de avanzar con paso inseguro entre aquella extensión ilimitada de arena y bajo los inclementes rayos del sol, éste comenzaba a ocultarse trayendo como consecuencia un ligero viento que refrescó a las dos mujeres, cayeron en la cuenta de que debían encontrar un refugio cuanto antes. El desierto destacaba por el incesante calor que sufrían los valientes que se atrevían a atravesarlo, pero nadie nunca comentaba palabra alguna del terrible frío que traía consigo la presencia de la noche. Había tal amplitud térmica que los grados bajaban a números negativos, provocando tal cambio abrupto que alteraba a todos los organismos vivientes, quienes trataban de buscar refugio donde podían. Además, al intensificarse el movimiento de los vientos, las tormentas de arena nacían y morían continuamente, enterrando todo a su paso.

Irelia salió de aquel estado que la subyugaba al notar esta variación y apresuró el paso junto a su compañera, esperando encontrarse con alguna cueva creada por la erosión de la naturaleza o por algún viajero que había pasado antes por allí, o bien un pueblo o los restos de éste de la época de apogeo de Shurima. Alzaban la vista al cielo y pedían al sol, enemigo acérrimo hasta ese momento, les concediera el tiempo suficiente para hallar un refugio.

"¡Mira, Riven!" gritó la joniana de pronto, sin ocultar su alegría y la desesperación que comenzaba a albergar su pecho. "¡Allí! Veo unas formas raras… ¡Sí, son muros!"

La aludida achinó sus ojos tratando de vislumbrar lo que indicaba, pero le llevó varios minutos alcanzar con la vista su salvación. Efectivamente, la fortuna les había sonreído, no siendo muy generosa pero lo suficiente como para que las jóvenes suspiraran aliviadas: ante ellas se alzaban los altos muros de lo que alguna vez fuera una imponente ciudad perteneciente al caído imperio shurimano. Las edificaciones habían sido roídas por la erosión luego de tantos siglos, sin embargo, Irelia señaló cuatro paredes que permanecían bien adheridas pese al tiempo transcurrido y se acercó a ellas.

"Riven, te ayudaré a trepar por ellas y luego yo subiré" ordenó, adquiriendo aquel tono de mando que, en su momento, solía utilizar con sus subordinados de la Guardia Joniana.

"Pero no tiene techo" indicó la aludida. La única forma de entrar era por la carencia de la pared superior que terminaría de coronar aquellos firmes cimientos que, en otra época, habían sido una casa. "Cuando se alcen las tormentas de arena, nos alcanzarán aquí adentro y nos veremos atrapadas".

"Yo me encargo de eso, ahora ven, sube" repitió, colocándose en posición de cuclillas para que Riven subiera encima de ella. Su tono de voz había adquirido cierto enojo producto de su desesperación que aumentaba al notar cómo las moléculas de arena volaban y crecían en volumen anunciando la pronta tormenta.

La joven trepó hasta los hombros de su compañera, desde dónde dio un pequeño salto y llegó al borde del alto muro, trepando con esfuerzo y cayendo con cuidado al otro lado. La joniana había hecho gala de su increíble fuerza sosteniendo encima suyo a alguien de su mismo peso, pero lo mejor del espectáculo se lo guardaba para el final.

Sabía a la perfección que no había techo en aquel refugio, pero ella estaba más que dispuesta a procurarlo. Había cientos de muros por ahí de las dimensiones exactas para que lo colocara encima, por lo cual caminó al que tenía más cerca y, haciendo uso de la hélice metálica que permanecía adherida a su espalda, hizo un corte horizontal con una precisión matemática sobre un gigantesco paredón que sobresalía de los demás. Se posicionó debajo de aquella porción que caía al vacío cuando fue atajado en el aire por los prodigiosos brazos de Irelia que lo mantenían agarrado por el borde. Lo alzó por encima de su cabeza con aquella monstruosa fuerza que la horrorizaba a ella tanto como a los demás pero que le era tan útil, se acercó al refugio dónde se encontraba aguardando Riven, y fue apoyando aquel muro encima de las cuatro paredes, cubriendo el hueco por completo.

Mientras cumplía aquel colosal objetivo, el sol terminaba de ocultarse detrás del horizonte, llevándose consigo el último vestigio de calor que podía albergar aquel desierto. El viento se había levantado en un rugido imponente que deshacía las enormes dunas que antes les había costado tanto cruzar. Sin embargo, Irelia ya había apoyado del todo el muro, dejando sólo un hueco para que ella pudiera entrar. Pese a su desesperación, no se intimidó por la súbita ira climática, sino que flexionó bien sus rodillas y, dando un salto que superó los tres metros de altura, llegó a la parte superior del refugio, donde entró por el pequeño lugar que había dejado.

Esto es nuevo, se dijo a sí misma, una vez hubo entrado al refugio. Parece que se siguen manifestando habilidades anormales, aún después de todo el tiempo transcurrido.

Puesto que se habían encerrado en cinco paredes para evitar los peligros de la noche, la única luz que tenían provenía de la luna que se filtraba con debilidad por el pequeño hueco que había quedado en el techo. Por lo tanto, cuando Irelia buscó con la mirada a Riven y la localizó a duras penas en una esquina, no pudo advertir el semblante de terror que se había grabado en su compañera.

Ésta había obedecido con tanta prontitud que luego consideró la posibilidad de que la dejara allí abandonada, atrapada por siempre y muerta por el calor de los días y el frío de las noches. Sin embargo, al ver semejante proeza que sólo habría concebido capaz de un titán o una bestia, no pudo evitar recordar a aquella persona que avanzaba inexorablemente en la batalla de El Placidium, despedazando a todo ser que se atrevía a cruzarse en su camino. La misma persona que había acabado con cientos, ¡y quizás miles!, de vidas en un solo día. Oh, le temía tanto, temía que supiera su verdadero origen y acabara con ella con un simple ademán… pero aún así un profundo sentimiento de empatía le atraía hacia aquella extraña mujer.

"Me temo que no podemos encender ningún fuego" se quejó la joniana, recostándose contra una de las paredes, permitiéndose descansar después de tanto camino que recorrieron ante los angustiosos rayos del sol. "Si lo hacemos el humo nos consumirá mientras dormimos ya que el único aire proviene de ahí" explicó señalando con un dedo el hueco que había dejado abierto.

"Está bien" repuso Riven, cuyos ojos se empezaban a acostumbrar a aquella semi penumbra. "Podemos pasar sin un fogata."

"Nosotras si, pero no las raíces" terció la joven, haciendo una mueca. "Tan secas y encima crudas no tienen mucho sabor y encima el pan está viejo…" suspiró con cansancio. Recién ahí notó lo alejada que estaba su compañera de ella y le dijo: "¡Ey! ¿Por qué tan lejos? Vení para acá, no pienso comerte" bromeó con una pequeña sonrisa.

"Mañana debemos levantarnos temprano" recordó la aludida, ladeando la cabeza con cierto malhumor. "Así salimos de acá adentro y podemos caminar lo suficiente para encontrar algo de civilización."

Se acercó a su lado y ambas sacaron de sus alforjas algún abrigo ya que el frío comenzaba a calar sus huesos. Royeron aquellas nutritivas e insípidas raíces que Teemo les había recomendado recolectar para alimentarse y pronto se quedaron dormidas, pegadas la una junto a la otra, consumidas por el cansancio.


Llevaban más de cuatro horas caminando y el paisaje no presentaba ni la más mínima variación con aquel que habían atravesado momentos atrás. La extensa llanura de arena estaba deshabitada por completo salvo por algún que otro cactus o varias aves rapaces que sobrevolaban en busca de comida.

Habían dormido muy poco y se levantaron antes de que amaneciera. No es que no estuvieran cansadas, sólo querían ganar terreno hasta llegar a alguna ciudad, pueblo, oasis, caravana o lo que fuera. El sudor y el fastidio las consumía de forma tal que ambas permanecían en silencio, demasiado enojadas y molestas consigo mismas como para hablar.

Los vestigios del pueblo que les habían servido de refugio quedaron muy atrás al igual que sus propias mentes. El calor era tal que, en ocasiones, Riven perdía la noción de por qué caminaba o se echaba al abrasador suelo de arena pidiendo un poco de descanso. Como aquel extraño llamado seguía atrayendo la atención de Irelia, su compañera sólo podía quejarse ante su poca consideración y, luego de resignarse, continuaba su marcha.

Caminaron aún un poco más hasta que algo llamó la atención de la joniana, quién saliendo de aquel estado de ensimismamiento, apresuró un poco su paso y se acercó.

"Ven a ver esto" le comunicó, parándose al lado de un gran agujero, única variación que apareció en el paisaje después de varias horas de caminata.

"Guau, un agujero" respondió ésta, sin ocultar su fastidio. "¿Qué tiene de emocionante un agujero?"

"Que este, por lo menos, mide dos metros de largo" replicó Irelia, sin prestar atención a su agresividad. "Y además… hay más de uno."

Alzaron la cabeza simultáneamente y ambas quedaron atónitas al contemplar cientos de agujeros de la misma índole que se hallaban en toda la extensión de planicie arenosa que continuaba. Una extraña sensación las recorrió por igual, un mismo mal presentimiento las alcanzó como un rayo.

"Debemos cruzar por acá" aventuró a decir la joniana, dando un par de pasos para tratar de ver hasta dónde se extendían aquellos agujeros. El llamado volvía a reiterarse como una onda expansiva que se transmitía en el aire… pidiéndole que se acercara, que llegara lo antes posible.

"¿No se te ocurre la idea de que esto es muy raro?" preguntó Riven, recuperando por un momento su normal razonamiento. "No cualquier cosa puede hacer un agujero de éste diámetro, ¿recuerdas lo que dijo Teemo?"

"Tenés que confiar en mi, sé que es por este camino" repuso Irelia, sin dar lugar a réplicas y continuando la marcha.

"¿Podés escucharme? ¿Recurrir a la lógica?" exclamó airada su compañera, siguiéndola a su pesar pero sin quedarse callada. "Esto es muy raro, puede que sea la razón por la cual no hemos encontrado una maldita caravana todo el tiempo que estuvimos recorriendo este maldito desierto pese a que me haces caminar sin un mínimo descanso."

Iban bordeando esos hoyos, la una dirigiendo la marcha y la otra terminándola sin cesar sus protestas y esperando ser escuchada mínimamente sin resultado alguno. El fastidio de ambas crecía con rapidez, pero se detuvieron de súbito ante un poderoso temblor que nacía a sus pies.

"Riven, ¿sentís eso?"

"Fue como… como un terremoto… ¿Hay terremotos en el desierto?"

"No recuerdo haber leído algo de esa índole"

"¿Pero qué demo-"

No terminó de hablar cuando, de uno de aquellos enormes agujeros, emergió un monstruo violáceo de enormes fauces que rugía con potencia. Como respuesta a este rugido, varias criaturas de la misma índole salieron por otros hoyos y rugieron de la misma forma, acercándose con rapidez hacia ellas. Eran muy grandes aunque cada una variaba su tamaño en comparación con otras, pero todas apuntaban hacia ambas jóvenes con una notoria agresividad.

"No te alejes de mi, Riven" susurró Irelia, notando cómo esos monstruos se acercaban con tranquilidad y cerraban un círculo en torno a ellas.

"No olvido que estoy desarmada" repuso la aludida, pegando su espalda con la de su compañera. Mas, en vez de tener contacto con esa parte de su cuerpo, sintió la hélice metálica que permanecía adherida a su espalda y soltó un grito de sorpresa al sentir como esta vibraba de forma tan alevosa.

Aquel grito fue como una señal para esas criaturas quienes, en un acuerdo tácito, saltaron al mismo tiempo sobre las muchachas. La joniana, con una increíble velocidad, tomó a su acompañante por el brazo y la tiró al suelo, cubriendo su cuerpo con el suyo propio a la vez que su arma se separaba de ella y salía despedía hacia aquellos monstruos salvajes, haciendo retroceder a la mayoría de dolor. Los que no llegaron a ser tocados por su hélice mortal, cayeron sobre su cuerpo hundiendo sus garras y colmillos sobre ella.

Un grito desgarrador escapó de su boca mientras sentía como manaba la sangre por aquellas heridas y cómo esas bestias tironeaban de su cuerpo, queriéndola arrastrarla a la profundidad de alguno de esos agujeros para devorarla.

"¡Irelia!" exclamó Riven, debajo del cuerpo de la muchacha que le había protegido, evitando que así sufriera algún rasguño. "¡Demonios, debo ayudarte!" rugió, impotente ante su debilidad.

Sin embargo, en cuestión de segundos la orden de su mente se proyectó en su arma que atacó a las bestias que la tenían tan aferrada, atravesándolas a la mitad y desgarrando sus extremidades. Ninguna de ellas quedó en pie, pero tampoco la joven fue capaz de levantarse después de ese ataque. La sangre de esos monstruos, sangre mucho más oscura y espesa que la humana, le habían bañado sus propias heridas provocando que le ardieran aún más.

"¡Irelia!" volvió a exclamar Riven, esta vez libre de la prisión de los brazos de la joven una vez pasado el peligro. Se levantó y ayudó a incorporarse a su amiga pero, asustada ante la visión de aquellas mortales heridas, entró en pánico: "Por favor, Irelia, no te mueras, ¡no te mueras! Me salvaste, no es justo que te mueras, por favor."

"Tranquila" masculló con una sonrisa forzada la aludida. "Sólo… sólo necesito descansar… descansar un ra-rato… las heridas son efímeras… son efímeras, no te preocupes" susurró con una voz que era un hilo.

La muchacha cargó sobre sus espaldas a la moribunda, haciendo todo el equilibrio posible con sus escasas fuerzas, el increíble susto por aquella situación y el intenso calor. No tenía su misma fuerza, no tenía su misma destreza, no tenía esa arma, no tenía esa misma inmortalidad… pero la ayudaría. Claro que la ayudaría, ella no era un enemigo como había sospechado al principio, sino una persona realmente bondadosa que le había salvado la vida.

Pero tenía que hacer algo por ella. Y pronto.


(*) Aclaro que, como los siguientes capítulos transcurrirán en el desierto de Shurima, decidí dividir el capítulo 9 en partes, así es más sencillo comprender el catálogo que he creado de los capítulos.

Lamento mucho la tardanza! Pasa que estuve como 96 horas sin luz :c además de que saben que la inspiración es un amante cruel y caprichosa (?), pero hice todo lo posible para terminarlo cuanto antes :c

Espero que les esté gustando! No duden en dejar su comentario en un review y gracias por leer!