LO SIENTO de verdad por la tardanza :( Pero su paciencia será compensada, espero :D

enjoy (LLLL)


Y Adán mordió la manzana

-Hola.

House levantó la mirada ante la repentina llegada de su novia a la oficina. Era tarde, cerca de las 8 p.m., y se suponía que la endocrina estaría en casa a esa hora.

-¿Pasó algo? –El nefrólogo preguntó. El rostro de la decana era temeroso, apretaba sus labios como siempre solía hacerlo cuando algo malo pasaba.

-Te traje los resultados de los exámenes de tu paciente –Le pasó una carpeta y se quedó quieta, parada en el mismo lugar, mirándole afligida.

-Estoy seguro de que alguna enfermera hubiese podido traérmelos, pero gracias –Le echó una rápida hojeada a los papeles.

-¿Era lo que esperabas?

-No sé, siguen algo inconclusos –Se rascó la cabeza y la miró- ¿Hay algo más de lo que quieras hablar? Tu horario de salida era a las 5.

-Me quedé haciendo algo de trabajo adelantado, se me juntó demasiado cuando fuimos a Brasil.

-¿Y piensas seguir o te vas a casa?

-Me voy, ya he tenido suficiente por hoy.

-Bien.

-¿Y tú, te quedas? Porque Rachel se está quedando con Julia, quería jugar con sus primos. Podríamos arrendar una película o preparar algo para comer.

-Me encantaría, pero el paciente…

-Ya, no importa.

El tono de Cuddy fue tan seco que House se sorprendió, pero no dijo nada. La endocrina comenzó a caminar hacia la salida, pero se detuvo a última hora y avanzó unos pasos hacia él, con una sonrisa forzada.

-Podríamos ir a tomar unas copas. No inmediatamente, pero quizás un poco más tarde. Hace tiempo que queremos ir a conocer ese nuevo bar en el centro de la ciudad…

-Suena genial, pero no te lo puedo asegurar. El estado de este paciente es crítico y, no es que me importe demasiado su vida, pero me resulta demasiado inquietante y sé que odias cuando salimos en la mitad de un caso.

-No importa, no me enojaré.

-¿Qué es lo que pasa, por qué tan ansiosa por salir?

-Sólo… quiero salir con mi novio –Otra vez sonrió forzosamente, lo que comenzaba molestarle a House. No estaba actuando como ella, odiaba cuando hacía eso- Te extraño mucho y quiero que pases la noche conmigo hoy, no quiero dormir sola.

-Puedo ir a tu casa cuando acabe aquí.

-Si no quieres estar conmigo, simplemente dilo –El rostro de la decana se volvió de piedra.

-Por supuesto que quiero estar contigo, pero estoy en un caso. ¿Qué es lo que pasa? Siempre hacemos lo mismo, no sé cuál es el problema ahora -Cuddy no respondió nada, pero su mirada era acusadora- Tú… no es que quieras pasar tiempo conmigo. Lo que quieres es que me vaya contigo para asegurarte de que no me quede aquí, solo, en la noche, con Montgomery –La endocrina bajó la mirada y se sentó frente a él, cubriendo su rostro con sus manos, apoyada en el escritorio- No confías en mí.

-No confío en ella.

-Mentirosa, a ti no te interesa Montgomery.

-Claro que no me interesa Montgomery, no es ella mi pareja.

-Soy yo, y si lo soy es porque te quiero a ti y quiero estar contigo. Si quisiese algo con Montgomery…

-¡SE TE PUSO DURO HABLANDO CON ELLA! –Si hubiese sido horario normal, todos hubiesen escuchado. El grito de la decana caló hondo en la oficina. Ésta volvió a suspirar, a punto de derrumbarse, con los ojos vidriosos- No te excitas conmigo, pero con ella sí.

-¡Claro que me excito contigo!

-¿Tienes alguna idea lo horrible que es darte cuenta que el hombre con el que planeas estar el resto de tu vida, no te desea más?

-Eso no es cierto.

-Sólo reconócelo.

-¡No! –House la miró casi desesperado- Lisa, no podemos tener esta misma conversación cada vez que tengamos una discusión, no es sano.

-Tienes razón. No lo es –Cuddy volvió a caminar hacia la salida, con la mirada gacha.

-Lisa –La endocrina paró, pero no se volteó a mirarle- Espérame despierta, iré en cuanto termine aquí.

-OK.

No se dijo más.

Al día siguiente, en la mañana

House entró a la casa de Cuddy despacio, intentando no hacer ruido. Traía en sus manos un globo gigante con un pato de peluche en el interior. Hace tiempo que no le compraba ningún presente, pero la situación realmente lo ameritaba. Le había prometido llegar anoche, y el caso se lo había impedido. Trató de evitar a Addison lo máximo posible, pero a veces la situación les obligaba y él debía aguantar.

Dejó su chaqueta en la entrada y su mochila sobre la mesa, buscando en una vista superficial a Cuddy, sin encontrarla. Caminó hasta su habitación pero ahí no tuvo mayor éxito.

Buscó su celular para llamarle, pero recordó que lo había dejado en la mochila por lo que regresó al comedor, fijándose en una cabellera negra debajo de una manta recostada en el sofá. ¿Cómo no se había fijado? Idiota.

-Lisa… -Le susurró con ternura intentando no asustarla, besando su mejilla- hey, ya llegué.

-¿Hum? –La endocrina abrió los ojos muy lentamente, cansada. Pero al encontrarse los ojos azules de su novio, volvió a cerrarlos y a taparse con el cobertor- No he dormido nada, déjame descansar.

-Te traje un regalo –Le quitó la cubierta de la cara y le mostró el globo. Pero Cuddy no mostró ningún interés- Podrías al menos mirarlo…

-Enserio, déjame dormir, por el bien de los dos no querrás que hablemos ahora… ni en una semana más.

-¡Oh vamos, ni que lo hubiera hecho apropósito!

-Te pedí específicamente que no te quedaras anoche con Montgomery…y lo hiciste. No pretendas que esté feliz, porque estoy furiosa.

-No lo hice para enojarte, fue necesario. Además no lo digas de ese modo, me quedé en la sala de diferencial, NO con Montgomery.

-Mentiroso –Se levantó del sofá y caminó hasta el comedor, tomando la mochila de su novio y pasándosela a la fuerza- Enserio, ahora no.

-Lisa –House le obligó a mirarlo- No estuve con Addison ayer.

-Tu paciente está embarazada.

-NO ME QUEDÉ CON ADDISON AYER!

-¡Cómo esperas que te crea House! –Bajó la mirada, apenada- Tú no lo harías en mi lugar.

-Si estuviera en tu lugar, ni siquiera dudaría de lo que te digo… te creería.

-No, tú no lo harías.

-¡No pasa ni pasó nada entre nosotros, ya basta con desconfiar así de mí!

-¡Te esperé TODA la noche House! Me prometiste que ibas a llegar y…

-¡Mi paciente estuvo a punto de caer en coma!

-A ti no te importa el paciente, te importa ella.

-NO! Basta de repetir eso!

-¿Cómo pretendes que no lo repita? ¡Mira en lo que se ha transformado nuestra relación, en lo que nos hemos transformado nosotros!

-Y no puede ser de otra forma si no confías en mí, ¡Desde que tus celos por Montgomery empezaron, lo nuestro va de mal en peor!

-No, lo nuestro va de mal en peor desde que comenzaste a tener sentimientos por ella.

-¿Sentimientos? ¡Lisa, enserio, PARA! ¡NO TENGO NI SIENTOS NI NADA POR ELLA!

Cuddy se largó a llorar, destrozada. House intentó abrazarla, pero ésta se negó y siguió llorando en soledad.

-No podemos seguir así –Le susurró él cuando su llanto comenzaba a apaciguarse.

-No –Entre lágrimas, Cuddy le miró a los ojos- Nos estamos envenenando.

-Tienes que confiar en mí, si no lo haces…

-No puedo confiar en ti, aunque quiera –Confesó, con la voz quebrada. Intentó secar sus ojos pero la cantidad de lágrimas era demasiada- Lo siento, pero no puedo…

-¿Y qué se supone que hagamos?

-Lo único sano que podríamos hacer.

House la miró y un sentimiento de pavor le invadió el cuerpo. La mirada de su novia era tan fría y triste, que parecía congelarle con tan solo parpadear. No se atrevía a decirlo, ni siquiera ha pensarlo, por lo que su garganta se cerró como candado y le prohibió emitir sonido alguno.

-Esto… en lo que sea que se ha convertido nuestra relación, no da para más…

-Lisa, no digas eso.

-No puedo seguir así, mi amor –Lo último fue un susurro, casi una disculpa por estar rompiendo con él- Si seguimos, acabaremos odiándonos. Y yo no podría odiarte nunca, pero yo sé que tú sí y eso me mataría.

-No, no! NO quiero terminar esta relación, no quiero que esto se acabe… ¡NO!

Cuddy no dijo nada más. Haciéndole una última caricia en la mejilla, agachó su cabeza y se fue a encerrar a la habitación. House se quedó en el mismo lugar un largo rato, sin digerir lo que acababa de suceder.

Tirada en su cama, la endocrina se tapó con la almohada para que nadie sintiese su llanto desaforado y sus pequeños grititos de dolor, no físico sino del alma. Su corazón le pesaba, le maldecía, le dolía de la tristeza. No concebía perderlo, no a esas alturas. Ya habían tenido pequeñas rupturas en el pasado, las había superado. Pero a esas alturas, casi tres años de relación y convertidos en una familia… no, no podía. Lo amaba demasiado como para resignarse a vivir desde hoy sin él, la idea le destrozaba. No aceptaba una vida que no fuese a su lado, y eso mismo hacía que su llanto no parase, incluso por todo el día.

No se resignaba a estar sin él.

Departamento de Addison, noche.

Era tarde cuando el timbre sonó, Addison ya estaba en piyama por lo que se cubrió de una bata de seda rosa para ir a abrir. No estaba especialmente linda, estaba de hecho fatal y todo lo que quería irse a dormir, había tenido una operación complicadísima y solo quería conciliar el sueño.

Pero su malhumor cambió al abrir y encontrarse a House, pasando a la mayor sorpresa. Sin preguntar nada le hizo pasar, su cara lo mostraba todo: algo realmente malo le había sucedido.

-¿Quieres un trago? –Le ofreció haciéndolo pasar al salón, sintiéndose incómoda.

-Whisky –House apenas la miraba, tenía los ojos perdidos en cualquier sitio, Addie podía notarlo.

La ginecóloga le pasó el vaso y éste se lo tragó en segundos, sin vacilar. Addison simplemente se sentó frente a él con las piernas cruzadas y sin molestarse en ocultar su preocupación.

House se dedicó a mirarla: ojeras de trabajo, cabello opaco y mirada inquisidora; pero entonces notó sus tersas y largas piernas al descubierto por la corta bata de levantar, su preciosa cara y sus labios en forma de corazón. Podía verse fatal, y seguía siendo bella, pensó.

Una sonrisa lastimera se le escapó al nefrólogo, sin dejar de mirarla y provocando que ella se cohibiera e intentara taparse con los brazos. Él la miró y le dijo:

-Siempre has sido tan condenadamente bella, Montgomery.

-Gracias.

-Pero no es eso lo que te hace especial –Y entonces, sus ojos dejaron de ver sus piernas desnudas y su mente la reprodujo en el quirófano, dando órdenes como si ella fuese el Dios y creador en esa sala, donde podía hacer milagros y lograr lo imposible, donde tapaba bocas y lo hacía sin tapujos. La vio también en la sala de diferencial, desautorizándolo, defendiendo su idea hasta las últimas consecuencias. Era un médico de verdad, que aunque pensara totalmente distinto a él, salvaba vidas incluso mejor y más efectivamente, y lo hacía sin perder gracia.

-¿Qué es lo que sucede, House?

-Cuddy ha roto conmigo –La cara de la ginecóloga se descompuso, no supo cómo reaccionar. House siguió sonriendo con ironía- Decidió no confiar más en mi fidelidad y dejarse llevar por el instinto.

-¿Y qué decía su instinto?

-Que tarde o temprano, iba a terminar encamado contigo. Supongo que prefirió que eso pasara fuera de nuestra relación, para no terminar de cagarla hasta el fondo.

-¿Y viniste a cumplir su premonición?

-No… no sé por qué vine. Pero no vine a eso.

-Me alegra, porque ella no lo merece –Con una sonrisa comprensiva, se levantó del sillón y caminó a su habitación regresando a los minutos con una frazada y un almohadón- Duerme, no hagas nada estúpido en otro lugar. Mañana pensarás con claridad.

-¿No te importa?

-En absoluto. Buenas noches.

Luego de esto Addison se fue a su habitación, dejando a House en el salón.

Casa de Cuddy

-¿Mamá?

Rachel, inocente de todo lo que sucedido esa mañana, y de todo en realidad, se levantó cerca de la medianoche sedienta. Primero la llamó, luego la buscó en la habitación y finalmente llegó al salón, alumbrado por una luz tenue que apenas y se percibía.

Cuddy vio a su hija parada en el pasillo, mirándola, y tuvo que sonreír forzosamente. Los niños siempre se tranquilizaban con eso, y lo que menos necesitaba era darle explicaciones a su hija en esos momentos. Esperaba que con el paso de los días, Rachel preguntara por la ausencia de su "papá" y ahí le explicaría, en las mejores palabras para una niña de 3 años y medio, que ella y House no estarían juntos nunca más.

Pero, ¿Cómo le explicaría eso, si ni siquiera ella misma se convencía a la idea? Se torturó todo el día, más de doce horas en donde lloró, pensó y lloró más, hasta llevarla ahí, sola en su sofá con media botella de vodka vacía ya y toda la intención de acabársela con tal de perder la consciencia y olvidarse de sus problemas, aunque sea un rato.

-¿Sí, cariño? –Contestó Cuddy sin levantarse, notando como su lengua se trababa.

-¿Etá tiste? Eta lloando.

-No, no… estoy pensando, no llorando.

-¿Pesando qué?

-Cosas de grandes –Con esa torpeza y excesivo relajo característicos, se apoyó en el sofá con la mirada casi perdida mientras Rachel se sentaba a su lado.

-Ojos –La pequeña indicó sus ojos, mirándolos con atención- Rojos.

-Sí, un poco.

-¿Po qué etán rojos? ¿Etá enferma?

-No –Cuddy sonrió ante la inocencia de su pequeña, acarició su cabello y la abrazó con ternura, sintiendo otra vez unos incontenibles deseos de llorar- A la cama, Rach.

-Ya –Rachel se bajó del sofá y miró la botella de vodka y el vaso a medio servir del líquido blanco, sonriendo- ¡AGUA! –Recordó lo sedienta que estaba y tomó entre sus manitos el vaso, pero entonces Cuddy se lo arrebató de las manos tan brusca y torpemente que le asustó.

-No, eso NO Rachel! –Le dijo quizás demasiado fuerte, porque los ojos de la niña se volvieron vidriosos- Eso… no es para niños.

A medida que pasaban los minutos notaba que más idiota y torpe se volvía por culpa del alcohol, ya hasta el costaba hablar y fijar su mirada. Al notar que su pequeña estaba a punto de llorar la abrazó más fuerte y con un tono maternal le susurró:

-Perdóname bebé… no debí gritarte así.

-No.

-¿Me perdonas?

-Sí. Sed.

-Bien –Con esfuerzo logró levantarse del sofá, notando recién ahí los verdaderos efectos de los tragos bebidos. Se le movió el mundo entero, y tuvo que afirmarse del sofá para no caerse como palitroque.

Caminó con la mayor normalidad que le daban las piernas –Rachel iba detrás- a la cocina, en donde abrió el refrigerador y sacó una caja de jugo. Buscó en el cajón de Rachel un vaso plástico, pero no lograba ver muy bien y le costó, casi tanto como servirlo, derramando en varios lados de casualidad.

-¡Jugo! –Rachel exclamó y recibió el vaso, sonriendo- ¿Vamo, cama?

Cuddy asintió, y entonces vio con horror como su hija estiraba los brazos para que la tomara. No podía negarse, así que la cargó pero en este solo acto se desequilibró y chocó con el refrigerador.

-Estoy bien, vamos –Le dijo para tranquilizarla, y comenzó a caminar hacia su habitación, sintiendo su pequeño pasillo como interminable.

Se iba de un lado al otro y todo le daba más vueltas que montaña rusa, sumado a la presión de sostener bien a Rachel y que nada le pasara, Cuddy llegó a la habitación de la niña hecha un mar de nervios y lágrimas. Se avergonzó de sí misma por estar así de ebria y cuidando a su hija, jamás se había sentido tan irresponsable. Ya no estaba House en caso de cualquier emergencia, otra vez estaban solo ellas dos y debía hacerse a la idea, debía.

-Mami, ¿Y papi?

La frágil torre de naipes de terminó de derrumbar, y Cuddy se rindió otra vez al llanto aún cargando a la niña, a quién abrazó más fuerte como para no dejarla ir. No fue capaz de decirle la verdad, ya que ni ella misma la creía, fue su idea y ahora no podía más que arrepentirse. No estaba lista para dejarle, lo necesitaba demasiado aún.

-No llore, mami. Papi va a venir.

Ella asintió mientras otro mar de lágrimas se le escapaba. Que se hubiera aparecido justo en ese momento por su puerta hubiera sido perfecto, porque lo extrañaba tanto en esos momentos que daría lo que fuera por estar entre sus brazos, llorando junto a él por su relación, por luchar hasta el final por ella, por no rendirse.

Dejó a Rachel durmiendo y regresó al salón, bebiéndose el último sorbo del vaso y marcando en su teléfono fijo.

Al otro lado, daba apagado. Decidió dejarle un mensaje.

Departamento Addison

El reloj marcaba las 4 a.m. cuando la puerta de la habitación de Addison se abrió. La ginecóloga, que no había podido pegar un ojo en toda la noche, levantó su cabeza y miró hacia la entrada, viendo a House parado ahí. La mirada de él era misteriosa, pero podía deducir deseo, conocía demasiado a los hombres como para no leerlo de sus ojos.

El ambiente se volvió pesado como el hierro, quería decir algo pero su boca no reproducía sonido alguno. La oscuridad era intensa, pero podía ver sus ojos azules con el reflejo de la luna. Su mente y su cuerpo perdieron conexión. Su cerebro le decía que lo echara de la habitación, que no era correcto. Su cuerpo le suplicaba que él caminara hacia ella, la tomara por las caderas y no la soltara más.

Pero no podía hacerlo, no debía. Aunque quería, demasiado.

Se armó de valor para decirle algo, lo que sea, el silencio era agónico. Pero antes de pronunciar palabra sintió sus dulces labios sobre los suyos, devorándosela con tanta gana como ella también sentía.

Entonces se encontró en sus brazos, con sus piernas abrazando sus caderas mientras su lengua hacía el resto, pegados al respaldo de la cama casi lastimándose, fuera de control. Ya se habían aguantado demasiado, el animal irracional de ellos se había escapado y no pensaba volver, no esa noche.

Él sintió su sexo hervir de calor cuando el roce de las telas era más profundo de lo que parecía, su piyama de seda se hacía nada para contener las expresiones vivas de su cuerpo. Metió su mano por debajo de su braga y notó como la espalda de ella se contraía, sus muslos se juntaban y su boca contenía un gemido, uno fuerte e intenso que ya no podía controlar. Se quitó la camisa y ella le bajó el pantalón, tocando su miembro duro por sobre el calzoncillo mientras su boca succionaba su cuello.

House le subió el piyama dejándola desnuda, a excepción de las bragas que ella misma se sacó. La ginecóloga estaba desnuda, tirándose sobre él mientras lentamente bajaba hasta tocar su erección con la lengua y provocar un suspiro en el nefrólogo. Él tocó su cabeza y ella comenzó a succionar, escuchando sus gemidos con satisfacción. Miró hacia abajo y vio su cuerpo desnudo, la forma de su trasero y su espalda perfecta, sumado a sus locos cabellos rojos pegados a su cabeza y espalda sudada. No pudo más y la hizo parar, subiéndose encima de ella y penetrándola.

-Dios… -Addie gimió, abrazando su cuello y su espalda, rasguñándolo en cada embestida. Volvió a besarlo en los labios con pasión, metiendo su lengua tan profundamente como le era posible, mordiendo sus labios- Me encantas…

-Me encantas más –Le susurró, agarrando sus caderas y embistiendo con más fuerza, enterrado en sus senos los que no dejaba de succionar.

Media hora después ambos cuerpos cayeron en el colchón empapados en sudor, el corazón fuera de control y unas miradas cómplices que podía matar.

House había caído… tal como su, ahora ex novia, había predicho. Pero ya no importaba ella, importaba la mujer causante de aquel placer, uno tan grande que hace mucho no sentía con Cuddy.

Addie le dio un último beso antes de darse vuelta y dormir, tal como él esperaba que hiciera. Ambos eran iguales. No era cariño lo que nos unía, pero era un placer carnal tan grande que le competía al amor mismo.

House miró por última vez la silueta de Addison Montgomery antes de dormir también.

Día siguiente, departamento de House

El nefrólogo entró a su casa cerca de las 10 a.m. del lunes. No tuvo que despedirse de la ginecóloga porque ésta también dormía a esa hora, por lo que simplemente se vistió y regresó.

Se sintió sumamente liviano, como si se hubiera quitado una carga de encima. Al fin había tenido a Addison Montgomery, al fin su duda estaba resuelta. E

Ella era mejor de lo que esperó, sabía exactamente qué puntos tocar y cómo, y jamás habían estado juntos antes. Definitivamente era una experta en el lenguaje del sexo, conocía el universal, el que a todo hombre le gusta, incluyéndolo.

Dejó su chaqueta en un sillón y se echó en el sofá, aún cansado y queriendo dormir otro tanto. Vio que tenía mensajes de voz, los que puso escuchar mientras se quitaba los zapatos.

11:05: Greg… es Lisa –Enseguida se puso alerta, no esperaba un mensaje de ella y menos en ese tono tan pasivo- Escucha, creo que deberías venir y conversamos, en la mañana no debí tomar ninguna decisión. De verdad, llámame en cuanto escuches el mensaje. Adiós.

11:40: ¿Dónde estás? No me digas que estás en un bar matándote por favor, que pienso lo peor. Te extraño, enserio, llámame, te estoy esperando.

11:51: Llamé a Wilson, no estás con él. Si me estás ignorando o estás demasiado enojado para hablarle, lo entiendo, pero hazme saber que estás bien. Estoy preocupada. Llámame.

12:15: Vale, si me estás ignorando lo entiendo, actué mal, no debí decirte nada… ¡Pero llámame! ¿Dónde diablos estás? Parezco una idiota, no he dejado de llorar, estoy arrepentida, ¡Llámame!

House notó que había un ligero arrastre de palabras, supuso que efecto de alguno que otro grado de alcohol en la sangre.

12:45: No quiero que esto se acabe –Cuddy estaba totalmente ebria, no había que conocerla para darse cuenta- Pensé que quería, pero no. Te extraño, mierda, demasiado. Ven a verme, quiero estar contigo. Estoy sola en mi casa, ebria y cuidando a mi hija, no sé qué me pasó… no me reconozco. Me preguntó por ti, no le dije nada, no fui capaz. Me di cuenta que sin ti no soy nada, que toda mi maldita vida es contigo, que ya no la concibo si faltas tú. Te amo, tanto, tanto! Sabes que jamás he dejado de hacerlo, a pesar de todo, sabes que te amo tanto como al principio. No quiero que esto se acabe, quiero seguir contigo hasta el último día de mi vida. Tú sabes que esto es demasiado lindo como para dejarlo ir.

12:50: Llámame. Te amo.

House terminó de escuchar los mensajes sin color en el rostro, cayendo en cuenta en lo que acababa de hacer. La serpiente lo había convencido y el paraíso se había acabado.

Continuará.


El paraíso es su relación. La manzana es Addison. La serpiente es la tentación de ser infiel. Eva es Cuddy. Adán es House.

No sé si seguiré con la fábula en los capítulos siguientes, pero ya se cumplió el principal.

De verdad, trataré de publicarlo lo antes posible. Lean mis otros fics :D y dejen reviewwww (L)