ooooo

La tensión era demasiado incómoda. Clint se retorcía de vez en cuando y solamente escuchaba a Barnes repetir lo que él ya sabía. Reprimió un suspiro cuando una lata de soda se posó frente a sus ojos. Levantó la mirada y vio la sonrisa a medias de Sam Wilson. Cabeceó en agradecimiento y abrió la lata con cuidado de no hacer demasiado ruido.

Cuando Barnes dejó de hablar Natasha seguía mirándolo con los ojos entrecerrados, seguía jugueteando con la daga (a Clint ya no le sorprendía que no recibiera ningún corte a pesar de cómo movía el arma entre sus dedos).

—No confío en ti y no voy a hacerlo en un futuro próximo— dijo ella suavemente—. Pero confío en Steve y en su buen juicio. Confío en Bruce y en su solidaridad. Pero si te atreves a…

—¿Qué vas a hacer? Eres solamente una mujer habilidosa— interrumpió Barnes, pero no lo hizo maliciosamente ni con burla, su tono era neutral.

Natasha sonrió y enterró la daga en la mesa.

—Te sorprenderías de lo que puedo hacer realmente, Barnes. Pero si yo fuera tú no me preocuparía por una mujer habilidosa, un hombre que puede atravesarte una flecha entre los ojos o uno que puede volar y patearte el trasero. Me preocuparía por el hombre que tiene una armadura y un arma mortal en el pecho… un hombre con el que tienes una deuda de sangre.

Clint tragó imperceptiblemente. Sam frunció el ceño. El semblante de Barnes decayó y la seriedad de Natasha se mantuvo imperturbable. Porque los cuatro estaban conscientes de la profundidad en la amenaza de la pelirroja. Anthony Stark era el que tenía el derecho de odiar a Barnes con toda su alma y Anthony Stark no cejaría en tomar venganza sin escuchar explicaciones.

—Sólo quiero recuperar mi vida— musitó Barnes y a Clint no le pasó desapercibido que cerró en un puño la mano de metal.

Natasha iba a decir algo más pero las puertas del elevador se abrieron. Steve y Bruce se detuvieron en seco cuando vieron la reunión improvisada en la sala de su piso. La mujer se levantó y retiró con facilidad la daga enterrada en la mesa.

—Eh… Natasha…— comenzó Steve, pero ella levantó una mano.

—Lo único que voy a reprocharles es que no me tuvieran la suficiente confianza— zanjó ella y tomó la lata de soda que Sam había dejado para ella en la mesita de centro.

—No quería que se sintiera amenazado— respondió Steve—. Aunque veo que llegué tarde— agregó mirando la daga.

—Solamente puse los puntos sobre las íes— refutó ella.

El ambiente de ninguna manera menguó con la llegada del rubio y el científico. Sam miró analíticamente a los recién llegados y notó que algo no estaba bien. Steve se veía impotente y el Doc. Banner se había quedado rezagado sin mirar a nadie en particular, una de sus manos rozaba los nudillos de la otra en un gesto claro de miedo y auto-odio.

—Bueno, creo que mi trabajo de niñera ha concluido— dijo de pronto Clint poniéndose de pie. Lo único que quería era marcharse con Natasha porque entre más pronto fuera regañado hasta la muerte por ella más pronto podría ir a entrenar un poco y sacudirse la tensión del día.

Barnes resopló cuando Clint mencionó la palabra "niñera", pero no se giró para ver a nadie. Natasha dio un trago largo a su soda y enseguida dejó la lata para marcharse. Sin embargo notó la postura de Bruce y eso la hizo estremecerse por dentro. Bien, Barnes y Barton tendrían que esperar. Caminó hasta el elevador y cuando pasó junto a Bruce le palmeó un brazo.

—Iré a la sala de entrenamiento— le murmuró.

El agudo oído de Steve escuchó aquello y solamente cerró los ojos un momento. Él hubiera querido hablar con Bruce de lo sucedido en la fiesta y terminar de aclarar la situación. Pero era un mal momento, tenía que encargarse de Bucky ahora mismo.

—Me alegra que estés de vuelta, Sam— dijo en voz baja mirando a su amigo con una sonrisa cuando escuchó el elevador cerrarse. No necesitaba girarse para saber que Bruce había seguido a Natasha.

—Aquí estoy— respondió Falcón con una sonrisa tranquilizadora.

Clint se sintió de pronto demasiado fuera de lugar, así que resopló y esperó el próximo elevador para marcharse.


No dijeron nada en todo el trayecto hasta la sala de entrenamiento cinco pisos más abajo. Cuando finalmente llegaron la mujer salió primero que Bruce. Se quitó la chaqueta y las botas y se giró para ver a Bruce con gesto abatido, paralizado, como si no supiera qué hacer. Ella se acercó a él y deshizo el nudo de la pajarita, deslizó la tela suavemente y la arrojó junto a sus botas y chaqueta. Luego deslizó el saco de Bruce hasta que él estuvo lo suficientemente cómodo.

La dulce sonrisa en la hermosa Natasha relajó a Bruce casi en su totalidad. Dejó escapar el aire que tenía retenido en los pulmones y sin saber si era lo correcto la abrazó. La abrazó porque necesitaba ese contacto, necesitaba saber que seguía siendo un hombre vivo y en plenas facultades.

Natasha lo recibió en sus brazos y no dijo nada. Así pasaron unos largos momentos hasta que ella sintió que el pequeño temblor en el cuerpo de su amigo amainó por completo. Luego se separaron y ella obvió la tormenta en los ojos marrones y lo tomó de una mano para llevarlo hasta una de las colchonetas que usaban para entrenar el combate cuerpo a cuerpo.

—¿Qué sucedió? ¿Stark fue demasiado lejos?— preguntó ella después de más tiempo en absoluto silencio. Las luces eran muy tenues y aquello relajó más el ambiente.

—Ojala hubiera sido eso— susurró él.

—¿Steve dijo lo que siente?

Bruce resopló una sonrisa sin alegría. No le sorprendió que ella también lo hubiera notado ya. ¿Tan ciego o tan estúpido?

—Estoy aterrorizado.

Natasha se mordió el labio inferior. Nunca había sido un secreto cuando Bruce se sentía de esa manera, pero él jamás lo dijo en voz alta y ninguno de ellos jamás se atrevió a cuestionarlo. Bruce se estaba abriendo y vaya ironía, no frente a su hermano de ciencia como cabía esperarse (aunque era lógico porque Stark seguramente terminaría mofándose). Estaba abriéndose frente a ella, ella que al principio también había estado aterrorizada de él y de su otro yo. Ella que aprendió a confiar en él a cuenta gotas.

—Sí. El amor da miedo— dijo ella mirando al frente para no obligar a Bruce a mirarla a ella.

—¿Qué puede ver él en mí?— musitó Bruce llevándose las manos al rostro— ¿Qué tengo yo para…? Él es… es… perfecto.

—La idealización es una mala compañera, Bruce, sobre todo cuando es mal manejada— musitó ella con nostalgia—. Cuando Clint me perdonó la vida surgió algo nuevo dentro de mí. También me pregunté qué había visto más allá de la asesina que estaba dispuesta a acabar con él en pro de mí misma. Pero él no se acobardó, nunca lo hace. Me habló, me guió… me llevó con Fury. Ellos me salvaron, Bruce. Fury de una vida miserable y Clint de mí misma. Llegó el momento en que el vi a Clint perfecto.

—¿Y no lo es?— preguntó él con una sonrisa temblorosa.

—Eso fue lo que me dio miedo, Bruce. Su imperfección. Clint es un ser humano… y yo terminé amando a ese ser humano.

Bruce se atrevió al fin a mirar a Natasha, tenía los ojos verdes acuosos y parecía morderse las mejillas. Tony siempre había bromeado con lo que había entre el arquero y la espía; siempre empujando y empujando. Cuando confesaron que estaban casados ninguno (quizás excepto el millonario) había cuestionado ese matrimonio. Porque eran ellos. El pícaro Clint Barton que bromeaba y la seria Natasha Romanoff a la que le costaba trabajo reír abiertamente.

Entonces ella convirtió esa mueca en una sonrisa sincera y también lo miró.

—Steve más que perfecto es un ser humano. A pesar de sus años congelado, lo es. A pesar del suero, de la guerra, de sí mismo. Es un ser humano y te ama. ¿Por qué es difícil comprender eso? Bruce, tú también eres un ser humano. ¿Por qué te cuestionas lo que Steve vio en ti? Salta a la vista cuando sonríes, cuando creas algo genial con Stark, cuando enseñas y cuando el miedo no se apodera de ti.

—Hulk— dijo él volviendo la mirada al frente.

—¿Cuál es el problema con Hulk?

—Natasha, no pretendas venir a decirme que él es un héroe y que puedo estar seguro de que no lo dañará o…

—A Hulk le gusta Steve— interrumpió ella—. Todos nos dimos cuenta, incluido el propio Steve.

Bruce esperó a que ella dijera algo más que explicara esa declaración. Pero ella no dio muestras de ampliarse.

—¿Sigues aterrorizado?— preguntó.

—Ya lo dijiste: el amor da miedo.

—El amor da miedo— asintió ella—. Y sin embargo nosotros no queremos hacer daño a nadie más. Queremos limpiar nuestras listas en números rojos. Y mira, terminamos dañándolos profundamente con nuestros rechazos.

—Tú y Clint pueden estar juntos.

—Podríamos, pero yo me encargué de matar el amor que Clint pudo haber sentido hacia mí. Lo rechacé muchas veces, Bruce. Muchas. Desalenté ese sentimiento hasta que ya no lo encontré en sus ojos. Él ya no me ama de esa manera. Y eso, Bruce, duele más que el mismo amor. Entonces te cuestionas qué hiciste para que el remedio fuera peor. Porque el amor puede terminarse, pero no la pérdida. Y te preguntas si valió la pena…

Bruce bajó los hombros y se desarmó totalmente. Acababa de darse cuenta de que tampoco conocía a Natasha Romanoff. Sentía que era el único privilegiado en conocerla de ese modo aparte de Clint. Le estaba diciendo que no descartara la posibilidad. Pero Bruce no sabía si podría quitarse el miedo de encima. Y no quiso cuestionarse ahora mismo si lo que sentía era amor. Amar a Steve Rogers. Sonaba espeluznante.

—Lamento no haberte dicho sobre Barnes— dijo en voz alta en un intento de alejarse de tan profundo abismo sentimental.

—Laméntalo cuando Stark se entere.

Y compartieron una sonrisa llena de tristeza, cada uno por lo que sentían a su manera.

Clint Barton se arrastró ágilmente a través del ducto de calefacción para regresar a su piso. Sentía el corazón palpitando como para provocarle un infarto. No estaba seguro si sentir pena por lo que Steve y Bruce estaban atravesando o sentirse muy molesto por la declaración de Natasha o incluso estallar en carcajadas. Sólo concluyó una cosa, esta noche parecía ser horrible para todo el mundo. Agradeció internamente que Stark y Pepper estuvieran ajenos a todo.


—¿Qué necesitas?

Steve miró a Sam un largo momento. Se había sincerado con su amigo porque desde que lo conoció supo que podía confiar en él. Agradeció en silencio que Sam no mostrara el más mínimo rechazo cuando dijo que le gustaban los hombres de manera romántica. Sam no se burló de su balbuceo y su vergüenza. Sam no lo juzgó. Sam sonrió con tristeza cuando le dijo que Bruce simplemente no lo quería.

—Necesito hablar con Bucky— respondió el rubio después de varios segundos armándose de valor después de desmoronarse un poco frente a Sam.

—De acuerdo— sonrió Sam más ampliamente. Luego se lamió el inferior y miró intensamente a su amigo—. Steve, el darte por vencido no está dentro de tu hoja de vida. Dale tiempo al Doc. Banner.

—Esto no es el campo de batalla, no puedo planear una estrategia y sentarme a esperar que lo mejor suceda. No puedo darle tiempo a algo que ya perdí de antemano, Sam— respondió Steve miserablemente—. No puedo seguir viviendo en una fantasía. Esperaré a que se resuelva lo de Ross, luego haré mi mejor esfuerzo para pretender que nada de esto sucedió. Cometí un gran error al casarme con Bruce sintiendo lo que siento. Volví a caer y volví a perder. Ya lo superé una vez, podré hacerlo de nuevo.

—Steve— habló Sam con más templanza, tomando al rubio de un hombro con firmeza—. Dices que Bruce correspondió al beso de esta noche. Discúlpame, pero una persona que no duda simplemente no corresponde en absoluto. Bruce está dudando y sí, cometerás un gran error si no luchas para despejar esa duda. Somos soldados, luchamos por lo que creemos justo y por defender nuestros valores. No me decepciones.

—Pero Bruce…

—Pero Bruce solamente tiene miedo. Ha tenido una vida en la que el amor no le sobró y el poco que obtuvo fue alejado de él. No repitas el mismo patrón de todos aquellos que creyeron que Bruce es demasiado débil para enfrentar al mundo. Lo he visto, Steve. Dale tiempo—. Antes de que Sam se perdiera en el ascensor se giró a ver de nuevo a su amigo—. Una cosa más, no dejes que el amor pasado o presente por Barnes te ciegue. Tal vez él está ahí, pero así como el hombre que fue sacado después de 70 años bajo el hielo no es el mismo que recibió el suero del súpersoldado, el hombre que ha sido manipulado tampoco es el mismo que perdiste en aquella guerra.

Steve suspiró sonoramente cuando Sam se marchó por completo. Sam tenía tanta razón. Ambos habían cambiado; él y Bucky. Muchos de los recuerdos que compartían eran ya una niebla borrosa. Con otro suspiro se levantó del sillón y miró un momento las mantas y la almohada de Bruce; ahora quién sabe hasta cuándo lo vería y quién sabe cómo cambiaría su relación. Recordó que Bruce le había dicho que algo se había roto entre él y Betty en el Harlem. Y comprendió la sensación. Esta noche se habíha roto algo entre ellos, algo que quizá ya no tuviera remedio.

Se dirigió a la habitación y se encontró a Bucky sentado en la cama. No se había puesto ropa para dormir y lo miraba inquisitivamente.

—Así que recuerdas esa noche— dijo Steve y no había interrogación en sus palabras.

—Siento si provoqué un malentendido entre tú y tu esposo.

—Habíamos prometido no volver a mencionarlo nunca. Tú dijiste que era incorrecto, que te habías dejado llevar por el alcohol y que no confundiera las cosas. Lo superaste y lo tomaste como una locura de una noche. ¿Por qué se lo dijiste a Bruce?

Las palabras había salido dolidas. Bucky clavó sus grises ojos en Steve y fue su turno de sentir que se le estrujaba el pecho. Su memoria se volvió un repentino remolino de imágenes teniendo bajo a él a un débil y escuálido Steve, muy jóvenes ambos para entender lo que implicaba tal acercamiento. Para él había sido un cuerpo disponible en una terrible noche de frío bajo la tormenta de la Gran Depresión. El alcohol nunca menguaba ese frío. Tomó a Steve sin darse cuenta de que el rubio se había entregado a él por una cuestión más allá del frío o la pobreza. Vio entonces en su mente, como si fuera ahora, la misma decepción y tristeza que vio en aquél Steve debilucho en medio de una resaca terrible. Su desnudez prístina, su anhelo de ser al fin correspondido. Esa tristeza y decepción cuando él le dijo que no había sido importante, cuando le hizo prometer que nunca hablarían de ello. Eran amigos, solamente buenos amigos. Eran como hermanos. Los sentimientos entre hombres eran cosa de maricones y afeminados.

Y Steve había cumplido su promesa. Nunca más hablaron de esa noche, ni siquiera ahora, más de siete décadas después y nuevas memorias aplastando aquello hasta el rincón de lo impuro y lo inmoral, junto a la sangre y los gritos de aquellos que suplicaron por su vida y de aquellos a los que ni siquiera escuchó implorar al acallar sus voces antes del disparo final y certero.

—Es una buena pregunta— dijo después de sacudir la cabeza para quitarse esas imágenes—. Estoy confundido. A veces recuerdo un pasado tranquilo contigo en Brooklyn. A veces recuerdo la guerra y lo que pasó bajo el yugo de Zola y sus experimentos… A veces son mis objetivos como un títere, y a veces eres tú diciéndome que estaríamos juntos hasta el final de la línea…

Steve se tragó el nudo que tenía en la garganta. Se sentó junto a Bucky en la cama y lo atrajo a sus brazos. James no había dado señales de querer o necesitar contacto físico desde que volvió y Steve tampoco lo había ofrecido para no asustarlo. Sin embargo ahora mismo era Steve el que necesitaba de ello desesperadamente y aunque desearía que fuera el hombre del que estaba enamorado se sintió sonreír un poco cuando Bucky no rechazó el contacto y se dejó abrazar.


Las últimas veinticuatro horas habían sido un infierno. Bruce había agradecido a Natasha la charla que se prolongó por horas y que a ambos les sirvió como catarsis; era un poco desconcertare saber que tenían muchas cosas en común: el sentimiento de sentirse un monstruo y al mismo tiempo intentar hacerle comprender al otro que eso no era verdad. Concluyeron finalmente que sus monstruos no eran ni Hulk ni una lista roja. Los monstruos eran sus propios temores.

Y sin embargo, Bruce todavía tenía que aclararse muchas cosas con respecto a Steve. Era simplemente el hecho de ser un completo inepto en cuestiones del corazón. Con Betty había sido tan fácil, las cosas se sucedieron para que su relación floreciera y terminara de la manera en la que lo hizo. Con Steve… bueno, simplemente Bruce no había querido abrir los ojos a tiempo. Y ahora mismo no quería ver a su… al rubio. Se dio cuenta de que el matrimonio sólo había empeorado las cosas y que si de algo se arrepentía ahora mismo era de no haber huido cuando tuvo la oportunidad. Tenía en su memoria grabada la mirada de tristeza de Steve, esa que pocas veces veían porque Steve hacia un gran trabajo ocultando cualquier sentimiento negativo. Sin poder evitarlo también sentía el estigma de una relación homosexual. Bruce nunca había visto a un hombre con segundas intenciones; sería más fácil repetirse hasta el cansancio que él no era gay, pero cuando lo intentaba venía a su mente la imagen de Steve colocándole un anillo de bodas, los besos que se habían dado casi obligados, las sutiles caricias, el par de noches que compartieron lecho y que habían sido realmente cómodas y reparadoras, la reconfortante calidez de su compañía y —ahora se daba plena cuenta— el sentimiento de cariño cuando esos ojos azules le miraban. La manera en que su cuerpo se amoldó a los brazos de Steve en ese baile fatídico. El simple hecho de sentirse tan protegido y querido… Simplemente estaba hecho un lío.

—Buenas noches.

Bruce se removió en el asiento trasero del Mustang y miró a través de la ventanilla bajada a Tony. Bien, su refugio había sido descubierto. Se había escabullido en algún momento de la mañana en el estacionamiento dónde Tony resguardaba su colección de autos clásicos. No quería ir al penthouse o a los laboratorios donde seguramente, si se lo proponía, Steve podría encontrarlo.

Saludó solamente con una mueca y abrió la puerta para que su amigo entrara. Tony se acomodó junto a él y le entregó un termo caliente. Bruce bebió un poco y sonrió al descubrir que era su mezcla favorita de té verde.

—Gracias— musitó bajando la cabeza.

—Le daré tu agradecimiento a Pep. Yo pensaba que estabas en tu piso jadeando junto a Steve…—. Tony se interrumpió cuando escuchó el débil gemido de molestia de su amigo—. Pero Pep es más inteligente que yo en muchas cosas y concluyó que la manera en que salieron de la fiesta no había sido precisamente para celebrar y hacerse cariñitos. JARVIS me dijo dónde estabas.

Bruce asintió lentamente pero no miró a Tony. El millonario suspiró y dejó atrás la bomba de bromas que había pensado para molestar un poco a sus amigos. Bruce se veía devastado y no quería ni imaginarse cómo estaría el abuelo.

—La fiesta fue un éxito y Pep está muy contenta con lo que se recaudó; pensó que podríamos tener una noche de equipo. Ya sabes, películas y pizza.

—No creo que…

—Sí, yo tampoco creo que sea una buena idea. Todo el mundo parece desaparecido. La sexy espía ha estado en el campo de tiro desde hace horas. Legolas no ha salido de su piso desde anoche y Rogers se marchó con Wilson quién sabe a dónde.

Bruce frunció el ceño pensando en Barnes. Seguramente habían salido los tres y de pronto se sintió más mierda al tener junto a él a Tony sin que éste supiera que Barnes estaba en su torre.

—Tal vez deberías dormir un poco. No te ofendas, Brucie, pero te ves hecho un asco.

Bruce soltó una risita sincera y miró a Tony por fin. Sabía que su amigo estaba esperando a que fuera él quien dijera lo que le molestaba si quería. Dio un largo sorbo a su té y suspiró.

—Tenías razón… con lo de Steve.

—¿Quieres hablar de ello?— preguntó Tony después de arquear las cejas fingiendo sorpresa.

—No hay mucho qué decir. Él siente algo por mí y yo no puedo entender por qué. El punto es que no puedo corresponderle.

—¿Por qué? Y no vayas a salirme con la estupidez esa de "somos hombres". O peor aún, por el amigo verde.

—¿Vas a decirme que no estás sorprendido por la homosexualidad de Steve?— inquirió Bruce desviando la cuestión de Tony.

El ingeniero se encogió de hombros y miró al techo del auto.

—Howard lo sabía y en alguna ocasión lo mencionó de pasada. Y estamos hablando del hombre que vivió una época en la que hasta usar traje de baño era tabú, y de repente dice que se casará con un hombre sin el menor empacho. ¿Y te digo algo? No me sorprendí porque fuera él el que dijera que se casaría contigo, me sorprendí porque al fin había dado muestras de dar a conocer su apego a ti.

—¿Su apego a mí?

—Cosas de genios— sonrió Tony—. Podemos crear cosas increíbles pero cuando el amor está enfrente de nuestras narices somos tan ingenuos como un niño de cinco años. ¿Sabes cuánto tiempo me tomó darme cuenta de que Pepper es la mujer de mi vida? Y aún así lo prolongué hasta que ya no podía retenerlo por más tiempo. Ella estuvo en peligro de morir por mi culpa y fue una gran bofetada. En aquella cueva, en Afganistán, Yinsen me dijo que no desperdiciara mi vida. Y le hice caso pero no comprendí el trasfondo. Cuando nació Iron Man seguía desperdiciando mi vida, pero ya no más. Con Pepper a mi lado siento que hago algo bueno con mi vida.

Bruce apretó los labios y volvió a bajar la cabeza. Tony pasó un brazo por sus hombros.

—Si me dices que no sientes nada por el anciano intentaré creerte. Pero ese beso, mi amigo, pudo haber provocado la segunda erupción más violenta del Krakatoa.

Bruce se llevó una mano al rostro y sus hombros se sacudieron. Tony pensó que había sido un idiota pero entonces se dio cuenta de que Bruce estaba riendo. Aliviado, Tony rió con él.

Cuando las risas se apagaron Bruce suspiró cansado y se recostó en el asiento sin alejarse de Tony, con una sonrisa boba en la cara.

—No estoy seguro…— dijo entonces dejando el termo a un lado para ver a los ojos a Tony—. Quiero decir, Steve ha sido increíble y no puedo negar que me encanta conocerlo y no me desagrada del todo estar a su lado. Es sólo que… Bueno, ¿qué puedo ofrecerle, Tony? No hay estabilidad en nuestras vidas y aunque todos intenten negar que Hulk es peligroso…

—Pero el Grandote es bueno con nosotros— refutó el millonario—. Obedece a Steve, nos ha salvado el trasero en muchas ocasiones y sé que puedes controlarlo mejor. Es un héroe y no te atrevas a decir lo contrario.

—¿Y qué hay de la radiación?— inquirió Bruce en voz baja— Si Steve quisiera en algún momento… ya sabes… tener intimidad…

—Ya habíamos discutido eso. Los únicos inmunes a la toxicidad de tu sangre son Thor y el abuelo. Supongo que funciona igual con otros fluidos: la saliva, el sudor, el semen…

—No es eso— discutió Bruce con el ceño fruncido, sin podre creerse que estaba hablando de esto con Tony—. Mi corazón…

—¿Quieres decir que temes convertirte en Hulk mientras retozas con Rogers?—. Bruce asintió con un gesto de obviedad—. Necesitas practicar, es todo. Hulk viene más por una cuestión emocional, ¿cierto? Vamos, que el sexo es de todo menos doloroso. Bueno, si tú eres el de abajo probablemente te dolerá el culo pero…

-¡Tony!— exclamó Bruce y Tony encontró lindo el rubor que asaltó las mejillas de su amigo. ¿Cómo podía Bruce mismo no darse cuenta de lo que Steve vio en él?

—¿Lo ves? Hasta estás pensando en la posibilidad de tener sexo con Steve. Te gusta y ya no puedes negarlo.

Bruce abrió la boca pero ya no supo que decir. Tony tenía un punto. Y por favor, había estado celoso de Barnes y de hecho ahora mismo le sentaba mal que Steve hubiera preferido salir con él y Sam en lugar de buscarlo y hablar. Lo único que pudo hacer fue bajar los hombros rendido y corresponder tímidamente a la enorme y brillante sonrisa de Tony Stark. El lío en su cabeza comenzaba a deshacerse.


—No puedo creerlo. ¿Por qué hizo esto?

Steve se llevó un mano al rostro para pellizcarse el puente de la nariz. Sam solamente le palmeó un brazo. Estaban ya cerca de la torre y el sol ya hacía tiempo que se había escondido en el horizonte.

—Tal vez lo que pasó ayer, lo que dijo Natasha. No lo sé, amigo. Pero de algo sí estoy seguro: Barnes es más escurridizo que una babosa. Tal vez que se comunique después, encontró una vida cómoda en la torre y quizás…—. Sam se interrumpió cuando su celular vibró. Tomó la llamada mirando a Steve.

El rubio miraba a su amigo con urgencia. Esta mañana había despertado de un sueño intranquilo y descubrió que Bucky se había marchado. Una simple nota que decía "nos volveremos a ver pronto" fue todo lo que dejó sobre la almohada que había ocupado durante su estancia en la torre. No se había llevado nada más que la ropa que llevaba puesta. Y Steve y Sam se vieron en una carrera frenética para encontrarlo otra vez. Clint estaba haciendo lo suyo desde la torre haciendo uso de sus habilidades como espía.

Sam hizo un gesto de sorpresa al teléfono y luego agradeció la información.

—¿Qué?— preguntó Steve.

—Clint dice que encontró información de alguien con la descripción de Barnes en el Aeropuerto. Se dirige Washington.

—No tiene papeles, Sam. ¿Cómo se supone que…?

—Steve— interrumpió Sam bastante cabreado—. ¿Quién tiene su división en DC?

Aquello fue como un balde de agua helada para Steve. Miró a Sam que asintió molesto.

—Ross…

—Clint dice que encontró cosas interesantes en la interfaz de seguridad de JARVIS. Fue una muy mala idea, Steve. Vamos.

El mundo pareció terminar de desmoronarse para Steve Rogers. Traición. Bucky… Bucky nunca volvió.


¡Hola, hola!

Bueno, pues no me queda más que agradecer profundamente a Sancheli96, Carmen guapa, Ally (yo también me casaba con Steve una y mil veces n_n), Alex (¡Sí! La de Cespedes es hermosa también, Cabezón), akemi, sword of wind (espero que no te hayas dormido en tu clase :P), Yessica Akiri (¿Ya la viste ahora sí, nena?), naruhi preciosa, Rwana, Anita Black y Hatake Nabiki por sus hermosísimos comentarios.

Los leo todos y no saben cómo me alegran y me inspiran para continuar con esta historia a pesar de mi tiempo tan limitado. También agradezco profundamente a quienes ponen la historia en favoritos o la siguen. A aquellos que leen nomás, espero que la estén disfrutando también.

El próximo capítulo podrá resumirse en una frase: ¡Pobre Brucie y pobre Stevie! :(

Un bezaso enorme a todas y todos.

Gracias por leer!

Látex.