Lamento haber tardado tanto en escribir pero no he tenido conexión a internet hasta hoy. Espero que disfrutéis este capítulo
Los personajes y la historia de Percy Jackson no me pertenecen.
-"Bien, ¿Quién quiere leer?"- Preguntó Jason. Piper le cogió el libro antes de que nadie pudiera decir algo y se aclaró la garganta:
-"Me ofrecen una misión"- Leyó Piper silenciando los murmullos de la habitación.
A la mañana siguiente, Quirón me trasladó a la cabaña 3.
No tenía que compartirla con nadie. Gozaba de espacio de sobra para todas mis cosas: el cuerno de Minotauro, un juego de ropa limpia y una bolsa de aseo. Podía sentarme a mi propia mesa, escoger mis actividades, gritar «luces fuera» cuando me apeteciera y no escuchar a nadie más.
-"Parece increíble"- Gritó Travis. Muchos de los que compartían cabaña asintieron mientras que Thalía, Nico, Jason y Hazel negaban con la cabeza molestos.
Pero me sentía totalmente deprimido.
Todos los anteriores semidioses miraron confusos mientras que los hijos de los tres grandes asentían de acuerdo. Jason y Hazel más contentos que Thalía y Nico, ya que ellos al menos no estaban solos en el Campamento Júpiter.
Justo cuando empezaba a sentirme aceptado, a sentir que tenía un hogar en la cabaña 11 y que podía ser un niño normal —o tan normal como se pueda cuando eres mestizo—, me separaban como si tuviera una enfermedad rara.
Los semidioses con hermanos asintieron en comprensión. Al verlo así no era tan malo tener muchos hermanos después de todo.
Nadie mencionaba el perro del infierno, pero tenía la impresión de que todos lo comentaban a mis espaldas.
Todos los del Campamento Mestizo miraron de refilón a los hijos de Afrodita, conocidos por estar cotilleando todo el día, sobre todo las chicas. Estos a su vez miraban al techo con estrellas de la sala del trono silbando inocentemente.
El ataque había asustado a todo el mundo. Enviaba dos mensajes: uno, que era hijo del dios del mar; y dos, los monstruos no iban a detenerse ante nada para matarme. Incluso podían invadir el campamento que siempre se había considerado seguro.
-"Bueno, esa es la pega que tiene ser un hijo de los tres grandes, los monstruos te encuentran más ricos."- Dijo Hazel intentando quitar la pesadumbre de la sala, y funciono, pues todos se echaron a reír menos los tres grandes que miraban a sus hijos preocupados.
Los demás campistas se apartaban de mí todo lo posible. Después de lo que les había hecho a los de Ares en el bosque, la cabaña 11 se ponía nerviosa conmigo, así que mis lecciones con Luke ahora eran particulares. Me presionaba más que nunca, y no temía magullarme en el proceso.
—Vas a necesitar todo el entrenamiento posible —me dijo, mientras practicábamos con espadas y antorchas ardiendo—. Vamos a probar otra vez ese golpe para descabezar la víbora. Repítelo cincuenta veces.
-"Vaya eso es mucho, incluso para un romano"- Dijo un hijo de Mercurio.
Annabeth seguía enseñándome griego por las mañanas, pero parecía distraída. Cada vez que yo decía algo, me reñía, como si acabara de darle una bofetada.
Thalía y Nico soltaron unas risitas al ver a Annabeth un poco sonrosada. Cuando se calmó Thalía se inclinó hacía su amiga y le susurró:
-"Eras bastante insoportable, ¿No crees?"- Annabeth solo la miró mal, lo que causo más risas por parte de los dos semidioses.
Después de las lecciones se marchaba murmurando para sí: «Misión… ¿Poseidón…? Menuda desgracia… Tengo que planear algo…»
Incluso Clarisse mantenía las distancias, aunque sus miradas cargadas de veneno dejaban claro que quería matarme por haberle roto la lanza mágica.
Deseé que me gritara, me diera un puñetazo o algo así. Prefería meterme en peleas todos los días a que me ignoraran.
-"Haberlo dicho hombre, lo habría hecho encantada"- Dijo Clarisse, causando la risa de todos en la sala. Incluso la de Octavian y Hércules, pero solo porque ellos querían que alguien le diese una buena paliza al hijo de Poseidón.
Sabía que alguien en el campamento me tenía manía,
Los del Campamento Mestizo se miraron los unos a los otros confusos, nadie le tenía manía a Percy en esa época, ni ahora, solo miedo.
Porque una noche entré en mi cabaña y encontré un periódico que habían dejado en la puerta, un ejemplar del New York Daily News, abierto por la página dedicada a la ciudad. Casi me llevó una hora leer el artículo, porque cuanto más me enfadaba, más flotaban las palabras por la página.
-"Suele pasar"- Comentó Nico.
UN CHICO Y SU MADRE SIGUEN DESAPARECIDOS TRAS EXTRAÑO ACCIDENTE DE COCHE.
POR EILEEN SMYTHE
Sally Jackson y su hijo Percy llevan una semana en paradero desconocido tras su misteriosa desaparición. El Cámaro del 78 de la familia fue descubierto el pasado sábado en una carretera al norte de Long Island, calcinado, con el techo arrancado y el eje delantero roto. El coche había dado una vuelta de campana y patinado varios metros antes de explotar.
Madre e hijo estaban de vacaciones en Montauk, pero se marcharon muy pronto en misteriosas circunstancias. En el coche y la escena del accidente fueron hallados pequeños rastros de sangre, pero no había más señales de los desaparecidos Jackson. Los residentes de la zona rural aseguraron no haber visto nada anormal alrededor de la hora del accidente.
El marido de la señora Jackson, Gabe Ugliano, asegura que su hijastro Percy Jackson es un niño con problemas que ha sido expulsado de numerosos internados y que en el pasado manifestó tendencias violentas.
Todos los amigos de Percy gruñeron ante la mención de Gabe, y esto todavía les daba más motivos para ir a darle una pequeña visita después de leer los libros, sin importar si a Percy le importaba que ellos se ocuparan de su problema o no.
La policía no se pronuncia acerca de si el hijo Percy es sospechoso de la desaparición de su madre, pero no descarta ninguna hipótesis. Las imágenes de abajo son fotos recientes de Sally Jackson y Percy.
La policía ruega a todos aquellos que posean información que llamen al siguiente número de teléfono gratuito.
Habían señalado el teléfono con un círculo en rotulador negro.
Todos miraron furiosos al libro. ¿Quién era capaz de hacerle algo así a un pobre niño qué acababa de perder a su madre y enterarse de un nuevo mundo en el cuál, al ser hijo de quién es, está en constante peligro.?
Poseidón se encontraba vigilando a su hijo pequeño, que jugaba en brazos del Frank, esperaba que este libro le ayudara a evitar que su hijo perdiera a su madre a tan temprana edad.
Tiré el periódico y me dejé caer en mi litera, en medio de la cabaña vacía.
—Luces fuera —dije con tristeza.
Esa noche tuve mi peor pesadilla.
Todos los semidioses hicieron una mueca. Odiaban esos sueños proféticos.
Corría por la playa en medio de una tormenta. Esta vez había una ciudad detrás de mí. No era Nueva York. Estaba dispuesta de manera distinta, los edificios más separados, y a lo lejos se veían palmeras y colinas.
Los Ángeles pensaron todos los que conocían donde se encontraba la entrada al inframundo.
A unos cien metros de la orilla, dos hombres peleaban. Parecían luchadores de la televisión, musculosos, con barba y pelo largo. Ambos vestían túnicas griegas que ondeaban al viento, una rematada en azul, la otra en verde.
Inmediatamente todos en la sala miraron a los dos hermanos. Estos se miraron entre ellos confusos sobre él porque estaban peleando.
Se agarraban, forcejeaban, daban patadas y cabezazos, y cada vez que colisionaban, refulgía un relámpago, el cielo se oscurecía y se levantaba viento. Yo tenía que detenerlos. No sé por qué, pero cuanto más corría el viento me ofrecía mayor resistencia, hasta que acababa corriendo sin moverme, mis talones hundiéndose en la arena.
Por encima del rugido de la tormenta, oía al de la túnica azul gritarle al otro:
— ¡Devuélvelo! ¡Devuélvelo! — Como dos niños peleando por un juguete.
Sin poder evitarlo todos los de la sala soltaron una carcajada mientras Zeus y Poseidón, para sorpresa de los romanos, se sonrojaban.
Las olas crecían, chocaban contra la playa y me impregnaban de sal.
— ¡Deteneos! —gritaba—. ¡Dejad de pelear!
La tierra se sacudía. En algún lugar de su interior resonaba una carcajada, y una voz tan profunda y malvada que me helaba la sangre entonaba con suavidad:
—Baja, pequeño héroe. ¡Baja aquí!
Casi todos miraron al Señor de los muertos, el cual se veía confuso.
La arena se separaba bajo mis pies, se abría una brecha hasta el centro de la tierra. Yo resbalaba y la oscuridad me engullía.
Todos los que participaron en la guerra contra Kronos se estremecieron. Sabido era por todos los griegos que ahora la principal víctima del rey de los titanes si se levantaba sería Percy.
Desperté convencido de que estaba cayendo.
Thalía hizo una mueca por su vértigo, que cambio a una de horror al recordar que eso saldría en uno de los libros y su miedo quedaría expuesto.
Seguía en la cama de la cabaña número 3. Mi cuerpo me indicó que era por la mañana, pero aún no había amanecido, y los truenos bramaban en las colinas: se fraguaba una tormenta. Eso no lo había soñado.
Oí sonido de pezuñas en la puerta, un carnicol que pisaba el umbral.
—Pasa.
Grover entró trotando, con aspecto preocupado.
—El señor D quiere verte.
— ¿Por qué?
—Quiere matar a… Bueno, mejor que te lo cuente él.
-"Bonita forma de tranquilizarlo hombre cabra"- Dijo Nico con una sonrisa mientras Poseidón enviaba una mirada a Dionisio que miraba su catálogo un poco nervioso.
Me vestí y lo seguí con nerviosismo, seguro de haberme metido en un lío gordo.
-"Contigo siempre es así sesos de alga"- Dijo Thalía.
Hacía días que llevaba esperando que me convocaran a la Casa Grande. Ahora que había sido declarado hijo de Poseidón, uno de los Tres Grandes dioses que habían acordado no tener hijos, supuse que ya era un crimen seguir vivo. Sin duda los demás dioses habrían estado debatiendo la mejor manera de castigarme por existir, y el señor D ya estaba listo para administrar el castigo.
-"Que suerte tuvimos nosotros de que los romanos no tuvieran ese pacto."- Le comentó Jason a Hazel que asintió con una sonrisa un poco culpable.
Por encima del canal Long Island Sound, el cielo parecía una sopa de tinta en ebullición. Una cortina neblinosa de lluvia se aproximaba amenazadoramente. Le pregunté a Grover si necesitaríamos paraguas.
—No —contestó—. Aquí nunca llueve si no queremos.
Señalé la tormenta,
— ¿Y eso qué demonios es?
Miró incómodo al cielo.
—Nos rodeará. El mal tiempo siempre lo hace.
Reparé en que tenía razón.
Annabeth meneó la cabeza divertida a la vez que murmuraba: -"Siempre te fijas en las cosas más obvias en el último lugar."– Al escucharlo Nico y Thalía se echaron a reír sin importarles las miradas curiosas que les dirigían todos.
En la semana que llevaba allí jamás había estado nublado. Las pocas lluvias que habían caído lo hacían alrededor del valle.
-"Como en el Campamento Júpiter"- Dijo Gwen.
Pero aquella tormenta era de las gordas.
En el campo de voleibol los chavales de la cabaña de Apolo jugaban un partido matutino contra los sátiros. Los gemelos de Dionisio
Pollux bajo la cabeza al recordar a su gemelo.
Paseaban por los campos de fresas, provocando el crecimiento de las matas. Todos parecían seguir con sus ocupaciones habituales, pero tenían aspecto tenso. No dejaban de mirar la tormenta.
-"Era normal, la tormenta no parecía rodear el valle y se notaba la tensión entre Quirón y los sátiros."- Dijo uno de los hijos de Apolo que estaban jugando ese partido.
Grover y yo subimos al porche de la Casa Grande. Dionisio estaba sentado a la mesa de pinacle con su camisa atigrada y su Coca-Cola light, como en mi primer día; Quirón, en el lado opuesto de la mesa en su silla de ruedas falsa. Jugaban contra contrincantes invisibles: había dos manos de cartas flotando en el aire.
— Bueno, bueno —dijo el señor D sin levantar la cabeza—. Nuestra pequeña celebridad.
Esperé.
-"¿Está siendo educado o es mi impresión?"- Le dijo Thalía a Nico.
— Acércate —ordenó el señor D—. Y no esperes que me arrodille ante ti, mortal, sólo por ser el hijo del viejo Barba-percebe.
Poseidón frunció el ceño mientras todos los dioses se reían. Los romanos estaban esperando una reacción violenta por parte del dios de los mares, como siempre habían supuesto. Pero se seria decir poco que se sorprendieron al ver que este solo dejaba escapar un suspiro molesto por el apodo.
Un relámpago destelló entre las nubes y el trueno sacudió las ventanas de la casa.
— Bla, bla, bla —contestó Dionisio.
-"Tienes que ser más educado, necesitas comer más cereales."- Regaño Deméter a Dionisio que solo asintió con la cabeza en su dirección con aire indiferente.
Quirón fingió interés en su mano de cartas. Grover se parapetó tras la balaustrada. Oía sus pezuñas inquietas.
-"Como para no estar inquieto"- Murmuró en defensa Grover.
— Si de mí dependiera —prosiguió Dionisio—, haría que tus moléculas se desintegraran en llamas. Luego barreríamos las cenizas y nos evitaríamos un montón de problemas. Pero a Quirón le parece que eso contradice mi misión en este campamento del demonio: mantener a unos enanos mocosos a salvo de cualquier daño.
Los dioses con hijos miraron al dios del vino y la locura indignados por haber llamado a sus hijos 'enanos mocosos'. Este solo les ignoro por completo.
— La combustión espontánea es una forma de daño, señor D —observó Quirón.
— Tonterías. El chico no sentiría nada. De todos modos, he accedido a contenerme. Estoy pensando en convertirte en delfín y devolverte a tu padre.
-"Ni se te ocurra"- Dijo Poseidón. Dionisio solo sonrió ante la idea de convertir al mocoso en un delfín, y porque no, en un crustáceo.
— Señor D… —le advirtió Quirón.
— Bueno, vale —cedió Dionisio—. Sólo hay otra opción. Pero es mortalmente insensata. —Se puso en pie, y las cartas de los jugadores invisibles cayeron sobre la mesa—. Me voy al Olimpo para una reunión de urgencia. Si el chico sigue aquí cuando vuelva, lo convertiré en delfín. ¿Entendido? Y Perseus Jackson,
Todos los griegos jadearon mientras miraban impresionados al Señor D.
-"Ha dicho bien su nombre"- Dijo impresionado Will
-"No me lo creo"- Murmuro Katie.
-"Este es un momento histórico"- Gritaron los Stoll.
-"Esto demuestra que Percy es el favorito en el campamento"- Dijo indignada Thalía al recordar como el Señor D. la llama Dalia cada vez que va al campamento. Todos los demás se echaron a reir.
Si tienes algo de cerebro, verás que es una opción más sensata que la que defiende Quirón.
Poseidón, sus dos hijos y los amigos de Percy en el Campamento Júpiter que no habían escuchado la historia se pusieron nerviosos.
Dionisio tomó una carta y con un gesto la convirtió en un rectángulo de plástico. ¿Una tarjeta de crédito? No. Un pase de seguridad.
Chasqueó los dedos.
El aire pareció envolverlo. Se convirtió en un holograma, después una brisa, después había desaparecido y dejó sólo un leve aroma a uvas recién pisadas.
Quirón me sonrió, pero parecía cansado y en tensión.
—Siéntate, Percy, por favor. Y tú también, Grover.
Obedecimos.
-"No hay nadie que no obedezca a Quirón"- Dijo Connor al recordar como el centauro había arruinado un montón de las travesuras que su hermano y él planeaban. Quirón sonrió complacido, lo que más necesitan los hijos de Hermes es disciplina.
Quirón dejó las cartas sobre la mesa, una mano ganadora que no había llegado a utilizar.
Dionisio puso mala cara detrás de su revista y evitó mirar la sonrisa que tenía el centauro. Es que nunca le voy a ganar ni un solo juego. Pensó con amargura.
—Dime, Percy, ¿qué pasó con el perro del infierno?
Me estremecí de sólo escuchar el nombre. Quirón quizá quería que dijera: «Bah, no fue nada. Desayuno perros del infierno.» Pero no me apetecía mentir.
—Me dio miedo —admití—. Si usted no le hubiera disparado, yo estaría muerto.
-"No te lo puedo agradecer lo suficiente por eso Quirón"- Dijo Poseidón. El centauro solo le sonrió como respuesta, él también quería a Percy como un hijo.
—Vas a encontrarte cosas peores, Percy, mucho peores, antes de que termines.
Poseidón comenzó a morderse las uñas por la preocupación.
—Termine… ¿qué?
—Tu misión, por supuesto. ¿La aceptarás?
-"Quirón, ¿Tan mala era que no querías decirle?"- Pregunto nerviosa Thalía. Quirón solo la miró con tristeza ante de apartar la mirada. Eso no aplacó la preocupación de Thalía y Nico. Hazel miro al pequeño que estaba sentado tan tranquilo en brazos de Frank, el cual también le miraba preocupado.
Miré a Grover y vi que tenía los dedos cruzados.
—Yo… —titubeé—. Señor, aún no me ha dicho en qué consiste.
Quirón hizo una mueca.
—Bueno, ésa es la parte difícil, los detalles.
-"Siempre lo son"- Murmuraron todos los que habían estado en misiones complicadas.
El trueno retumbó en el valle. Las nubes de tormenta habían alcanzado la orilla de la playa. Por lo que podía ver, el cielo y el mar bullían.
—Poseidón y Zeus están luchando por algo valioso… —dije—. Algo que han robado, ¿no es así?
Atenea jadeó, se dio cuenta de que era lo que habían robado. La vedad, no sabía como no se había dado cuenta antes.
Quirón y Grover intercambiaron sendas miradas. El primero se inclinó hacia delante e inquirió:
— ¿Cómo sabes eso?
Me sonrojé. Ojalá no hubiera abierto mi bocaza.
-"Oh sesos de alga, siempre abres esa bocaza tuya"- Dijo con una sonrisa divertida Annabeth. Los dos primos se miraron entre si antes de sonreír traviesos.
-"Pero, querida Annie, ¿Cuantas veces te hemos visto suspirar por la boquita de nuestro sesos de alga?"- Pregunto Thalía con una sonrisa pícara. Inmediatamente todos se pusieron a reír mientras la hija de Atenea se sonrojaba más allá de lo posible.
—El tiempo ha estado muy raro desde Navidad, como si el mar y el cielo libraran un combate. Después hablé con Annabeth, y ella había oído algo de un robo. Y… también he tenido unos sueños.
— ¡Lo sabía! —exclamó Grover.
— Cállate, sátiro —ordenó Quirón.
-"Bueno, eso fue simplemente grosero"- Dijo Hera. Quirón le envío una mirada de disculpa a Grover a la que este respondió con una sonrisa tranquilizadora.
— ¡Pero es su misión! — Los ojos de Grover brillaron de emoción—. ¡Tiene que serlo!
—Sólo el Oráculo puede determinarlo. — Quirón se mesó su hirsuta barba—. Aun así, Percy, tienes razón. Tu padre y Zeus están teniendo la peor pelea de los últimos años. Luchan por algo valioso que ha sido robado. Para ser precisos: un rayo.
-"¿Qué?"- Grito Zeus agarrando su rayo maestro y mirando a su hermano que tenía una mirada confusa impresa en el rostro.
-"Tranquilícese Señor, todo se solucionó al final."- Dijo Quirón intentando mitigar la ira creciente del Rey de los Dioses.
Hazel miró con una sonrisa de comprensión al niño en los brazos de Frank. Ahora sabía a qué se refería Percy cuando vio la estatua de Júpiter en el campamento.
Solté una carcajada nerviosa.
— ¿Un qué? —pregunté.
-"¿Siempre es así de despreocupado?"- Preguntó una hija de Venus curiosa. Todos los que habían estado en una misión con Percy negaron con la cabeza. Annabeth se apresuró a explicárselo.
-"Percy solo actúa así de despreocupado pero la verdad es que es muy responsable y serio cuando se trata de algo importante."- Dijo la hija de Atenea con una sonrisa al recordar al sesos de alga.
—No te lo tomes a la ligera —dijo Quirón—. No estoy hablando del zigzag envuelto en papel de plata que se utiliza en las representaciones teatrales de segundo curso. Estoy hablando de un cilindro de medio metro de purísimo bronce celestial, cargado en ambos extremos con explosivos divinos.
-"Eso es simplemente alucinante"- Dijo Leo con una sonrisa. Zeus sonrió con suficiencia mientras sus hermanos ponían los ojos en blanco.
—Ah.
-"Porque será que no me sorprende que solo diga eso"- Dijo Rachel divertida.
—El rayo maestro de Zeus —prosiguió Quirón, nervioso—. El símbolo de su poder, de donde salen todos los demás rayos. La primera arma construida por los cíclopes en la guerra contra los titanes, el rayo que desvió la cumbre del monte Etna y despojó a Cronos de su trono; el rayo maestro, que contiene suficiente poder para que la bomba de hidrógeno de los mortales parezca un mero petardo.
— ¿Y no está?
-"Obviamente sesos de alga, por algo dicen que ha sido robado"- Dijo Annabeth poniendo los ojos en blanco.
— Ha sido robado —dijo Quirón.
— ¿Quién?
— Mejor dicho, por quién —me corrigió Quirón,
-"Maestro siempre"- Dijeron divertidos Thalía y Nico. Piper sonrió al ver la siguiente frase.
Maestro siempre
-"Ni una palabra de esto a Percy, nunca"- Gritaron los dos cuando superaron el shock. Mientras todos los demás se reían de sus caras de incredulidad.
— Por ti.
Me quedé atónito.
—Al menos eso cree Zeus —apostilló Quirón—. Durante el solsticio de invierno, durante el último consejo de los dioses, Zeus y Poseidón tuvieron una pelea. Las tonterías de siempre, que si Rea te quería más a ti, que si las catástrofes del cielo eran más espectaculares que las del mar, etcétera. Cuando terminó, Zeus reparó en que el rayo maestro había desaparecido, se lo habían quitado de la sala del trono bajo sus mismas narices. Inmediatamente culpó a Poseidón. Ahora bien, un dios no puede usurpar el símbolo de poder de otro directamente; eso está prohibido por las más antiguas leyes divinas. Pero Zeus cree que tu padre convenció a un héroe humano para que se lo arrebatara.
-"¿Por qué yo iba a querer tu rayo maestro?"- Preguntó Poseidón indignado. No hace falta decir que no recibió respuesta.
— Pero yo no…
— Ten paciencia y escucha, niño. Zeus tiene buenos motivos para sospechar. Verás, las forjas de los cíclopes están bajo el océano, lo que otorga a Poseidón cierta influencia sobre los fabricantes del rayo de su hermano. Zeus cree que Poseidón ha robado el rayo maestro y ahora ha encargado a los cíclopes que construyan un arsenal de copias ilegales, que podrían ser utilizadas para derrocar a Zeus. Lo único que Zeus no sabía seguro es qué héroe habría usado Poseidón para cometer el divino robo. Ahora Poseidón acaba de reconocerte abiertamente como su hijo. Tú estuviste en Nueva York durante las vacaciones de invierno y podrías haberte colado fácilmente en el Olimpo. Por tanto, Zeus cree que ha encontrado a su ladrón.
-"Y ahí están mis motivos para sospechar"- Le dijo Zeus con suficiencia al Dios del mar. Este iba a replicar pero Quirón se adelantó intentando calmar el ánimo de los dos dioses.
-"Señores tranquilos, todo este asunto se aclarara a medida que vallamos leyendo"- Dijo el centauro. Ambos dioses asintieron un poco más tranquilos.
— ¡Pero yo nunca he estado en el Olimpo! ¡Zeus está loco!
Los dioses intentaron ocultar su risa pero muchos no lo consiguieron. Entre ellos estaban Hades y Poseidón que se reían a pierna suelta. Zeus los miró y puso cara de indignación haciéndoles reír todavía más.
Quirón y Grover observaron el cielo, nerviosos. Las nubes no parecían evitarnos, como había prometido Grover; antes bien, se dirigían directamente hacia nuestro valle, y nos estaban cubriendo como la tapa de un ataúd.
-"Señor, veo que desde pequeño era dramático"- Suspiro Rachel.
— Esto, Percy… —dijo Grover—. No solemos usar ese calificativo para describir al Señor de los Cielos.
— Quizá paranoico… —matizó Quirón—. Además, Poseidón ha intentado destronar a Zeus con anterioridad. Creo que era la pregunta treinta y ocho de tu examen final… —Me miró como si realmente esperara que me acordara de la pregunta treinta y ocho.
-"Quirón, habías sido profesor del sesos de alga, ¿Cómo esperabas que pudiera responderte?"- Dijo Thalía incrédula. Quirón solo le señalo el libro, aunque con una pequeña sonrisa que la hija de Zeus no entendió.
¿Cómo podía alguien acusarme de robar el arma de un dios? Ni siquiera era capaz de robar un trozo de pizza de la partida de póquer de Gabe sin que me pillaran. Quirón esperaba una respuesta.
— ¿Algo sobre una red dorada? —recordé—. Poseidón, Hera y otros dioses… Creo que atraparon a Zeus y no lo dejaron salir hasta que prometió ser mejor gobernante, ¿no?
— Correcto.
-"Lo ves Thalía. Percy puede ser listo cuando quiere."- Le dijo el centauro. Hércules frunció el ceño. Por como hablaba Quirón sobre este semidiós, parece que era su favorito. Eso no le gustaba nada. Cuando ese hijo de Poseidón se atreviera a aparecer le daría una lección a todos sobre a quién deben admirar.
Y Zeus no ha vuelto a confiar en Poseidón desde entonces. Por supuesto, Poseidón niega haber robado el rayo maestro. Se ofendió muchísimo ante tal acusación. Ambos llevan meses discutiendo, amenazando con la guerra. Y ahora llegas tú, la proverbial última gota.
— ¡Pero si sólo soy un niño!
— Percy —intervino Grover—. Si fueras Zeus y pensaras que tu hermano te la está jugando, y de repente éste admitiera que ha roto el sagrado juramento que hizo tras la Segunda Guerra Mundial, que ha engendrado un nuevo héroe mortal que podría ser utilizado contra ti… ¿no estarías mosqueado?
-"No debería, ya que él lo rompió primero"- Dijeron Poseidón y Hades al mismo tiempo. Zeus simplemente ignoro a sus hermanos aunque no podía evitar darles la razón, aunque eso ellos nunca lo sabrían.
—Pero yo no hice nada. Poseidón, mi padre, no ha mandado robar el rayo, ¿verdad?
-"Por supuesto que no"- Dijo el Dios del mar indignado.
Quirón suspiró.
—Cualquier observador inteligente coincidiría en que el robo no es el estilo de Poseidón, pero el dios del mar es demasiado orgulloso para intentar convencer a Zeus. Éste ha exigido que le devuelva el rayo hacia el solsticio de verano, que cae el veintiuno de junio, dentro de diez días. Por su parte, Poseidón quiere el mismo día una disculpa por haber sido llamado ladrón. Confío en que la diplomacia se imponga, que Hera, Deméter o Hestia hagan entrar en razón a los dos hermanos. Pero tu llegada ha inflamado los ánimos de Zeus. Ahora ningún dios va a echarse atrás. A menos que alguien intervenga y que el rayo original sea encontrado y devuelto a Zeus antes del solsticio, habrá guerra. ¿Y sabes cómo sería una guerra abierta, Percy?
-"Los dos sois tan cabezotas y tercos que vais a provocar una de las peores guerras de la historia de la humanidad por un estúpido mal entendido."- Dijo Hera, a lo que sus dos hermanas asintieron en acuerdo.
— ¿Mala?
Todos los amigos cercanos de Percy en ambos campamentos negaron divertidos con la cabeza ante la respuesta mientras el resto se reía.
— Imagínate el mundo sumido en el caos. La naturaleza en guerra consigo misma. Los Olímpicos obligados a escoger entre Zeus y Poseidón. Destrucción, carnicería, millones de muertos. La civilización occidental convertida en un campo de batalla tan grande que las guerras troyanas parecerán de juguete.
— Mal asunto —dije.
-"No me digas Sherlock"- Dijo Clarisse con el sarcasmo goteando en su voz.
— Y tú, Percy Jackson, serás el primero en sentir la ira de Zeus.
-"Algo a lo pronto se acostumbrará"- Murmuró con enfado Annabeth, aunque solo Thalía y Nico la escucharon.
Empezó a llover. Los jugadores de voleibol interrumpieron el partido y miraron al cielo en silencio expectante.
-"Bueno, es la primera vez que llueve en el campamento, normal que estuvieran perplejos"- Dijo Malcom.
Era yo quien había traído aquella tormenta a la colina Mestiza. Zeus estaba castigando todo el campamento por mi culpa. Sentí rabia.
-"Ohh, ahora sí que está mal el asunto"- Dijo Connor divertido.
-"¿Porque?"- Pregunto Aquiles.
-"Si hay algo, en esta vida que nunca tienes que hacer, es que Percy se enfade. Seguramente, si es algo grave y no hay nadie para calmarlo, será lo último que hagas en tu vida"- Dijo Travis totalmente serio.
La mayoría pensaban que estaban bromeando pero se fueron preocupando al ver los serios que estaban los semidioses que le habían visto en ese estado.
La admiración de Leo por Percy no dejaba de aumentar. Jason por otro lado estaba cada vez más nervioso. Él siempre había sido el líder, pero al parecer Percy también y no podía evitar sentirse inferior al oír hablar a todos de esa manera sobre el hijo de Poseidón. Los héroes del pasado estaban deseando conocerle, todos excepto uno que estaba a punto de explotar de rabia y celos al oír hablar a todos de esa manera del engendro del Dios del mar.
— Así que tengo que encontrar ese estúpido rayo —concluí— y devolvérselo a Zeus.
Los dioses se echaron a reír sin poder evitarlo, a pesar de la tensión, de la cara del rey de los dioses al escuchar como llamaban estúpido a su rayo maestro.
— ¿Qué mejor ofrecimiento de paz —apostilló Quirón— que sea el propio hijo de Poseidón quien devuelva la propiedad de Zeus?
—Si Poseidón no lo tiene, ¿dónde está ese cacharro?
-"¿Cacharro?"- Pregunto Thalía divertida. Pronto todos en la sala se estaban riendo, excepto Zeus que tenía una mueca de disgusto ante el apodo de su rayo maestro. Estaba seguro de que a partir de ahora sus dos hermanos lo llamarían de esa forma solo para molestarle.
—Creo que lo sé. —La expresión de Quirón era sombría—. Parte de una profecía que escuché hace años… bueno, algunas frases ahora cobran sentido para mí. Pero antes de que pueda decir más, debes aceptar oficialmente la misión. Tienes que pedirle consejo al Oráculo.
— ¿Por qué no puede decirme antes dónde está el rayo?
— Porque, si lo hiciera, tendrías demasiado miedo para aceptar el desafío.
Poseidón, Teseo, Orión, Annabeth, Thalía, Nico, Hazel y Frank hicieron una mueca. Una misión de ese tipo es de todo menos fácil.
Tragué saliva.
— Buen motivo.
-"Ojalá no fuera un motivo"- Murmuró Frank.
— ¿Aceptas, entonces?
Miré a Grover, que asintió animoso. Qué fácil era para él, ya que Zeus no tenía nada en su contra.
Grover se puso un poco rojo cuando escuchó las risitas de los semidioses.
— De acuerdo —contesté—. Mejor eso que me conviertan en delfín.
-"Eso es, hay que ser positivos"- Dijo divertido Leo.
— Pues ha llegado el momento de que consultes con el Oráculo —concluyó Quirón—. Ve arriba, Percy Jackson, al ático. Cuando bajes, si sigues cuerdo, continuaremos hablando.
-"Quirón, creo que todos estamos de acuerdo en que tienes que aprender a tranquilizar de otra forma a nuestro hijos."- Dijo Deméter. Quirón solo le sonrió de forma tímida, era cierto. Necesitaba tranquilizar mejor a los jóvenes héroes.
Cuatro pisos más arriba, las escaleras terminaban debajo de una trampilla verde. Tiré de la cuerda. La portezuela se abrió, y de ella bajó una escalera traqueteando.
El cálido aire que llegaba de arriba olía a moho, madera podrida y algo más… un olor que recordaba de la clase de biología. Reptiles. Olor a serpientes.
Todas las hijas de Afrodita y su madre, excepto Piper, se estremecieron.
Contuve el aliento y subí.
El ático estaba lleno de trastos viejos de héroes griegos: armaduras cubiertas de telarañas; escudos antaño relucientes y ahora manchados de orín; baúles viejos de cuero con pegatinas en las que se leía: «Ítaca», «Isla de Circe» y «País de las Amazonas». Había una mesa larga atestada de tarros con cosas encurtidas: garras peludas troceadas, enormes ojos amarillos, distintas partes de monstruo.
Annabeth, Reyna, Hazel y Frank fruncieron el ceño ante la mención de la Isla de Circe y las Amazonas.
En la pared destacaba un trofeo polvoriento; parecía la cabeza gigante de una serpiente, pero tenía cuernos y una fila entera de dientes de tiburón. En la placa ponía: «cabeza n.° i de la hidra, woods TOCK, N.Y., 1969.»
Annabeth hizo una mueca al recordar a la hidra. Todo lo contrario a Clarisse, que sonreía se manera sádica.
Junto a la ventana, sentada en un taburete de madera de tres patas, estaba el objeto más asqueroso de todos: una momia.
Todos los griegos se estremecieron ante el recuerdo de su antiguo Oráculo. Muchos estaban recordando su pequeño paseo hacia el río mientras jugaban a capturar la bandera.
No de las que van envueltas con vendas, sino un cadáver de mujer encogido y arrugado como una pasa. Llevaba un vestido teñido con nudos, muchos collares de cuentas y una diadema por encima de una larga melena negra. La piel del rostro era delgada y coriácea, y los ojos eran rajas de cristal blanco, como si hubieran reemplazado los auténticos por piedras de mármol; llevaba muerta muchísimo tiempo. Mirarla me produjo escalofríos.
-"Como a todos"- Murmuró Thalía mientras le recorría un escalofrío.
Y eso fue antes de que se retrepara en el taburete y abriera la boca. De dentro de la momia salió una niebla verde que se enroscó en el suelo con gruesos tentáculos, silbando como veinte mil serpientes juntas. Tropecé intentando llegar a la trampilla, pero se cerró de golpe.
Una voz se me coló por un oído y se me enroscó en el cerebro: «Soy el espíritu de Delfos, degollador de la gran Pitón. Acércate, buscador, y pregunta.»
-"Buena presentación, creo que Octavian tiene mucho que aprender"- Le susurró Dakota a Gwen, que soltó una risita.
Yo quería decir: «No, gracias, me he equivocado de puerta, sólo estaba buscando el baño», pero me forcé a inspirar.
Todos los de la sala se rieron a pesar de la tensión de saber lo que la profecía decía. Quirón, Grover y Annabeth eran los más ansiosos por saber la profecía completa. Los dos últimos solo conocían parte de lo que Percy le había ocultado a Quirón.
La momia no estaba viva. Era algún tipo de receptáculo truculento para otra cosa, el poder que ahora me envolvía en forma de niebla verde. Sin embargo, su presencia no transmitía maldad como mi profesora de matemáticas demoníaca o el Minotauro. Era más bien como las tres Moiras que había visto hilando en aquel puesto de frutas: arcaica, poderosa y sin duda no humana, pero tampoco particularmente interesada en matarme.
Reuní valor para preguntar:
— ¿Cuál es mi destino?
-"Sabes, este libro está lleno de dramatismo."- Le dijo Katie a Rachel, pero todos la escucharon.
-"Imagínate lo dramático que se va a volver cuando empiece la vida amorosa de Percy y sus debates entre Annabeth y nuestra querida Oráculo."- Dijo Nico divertido, haciendo que todos los que estuvieron presentes en esas escenas se rieran y cierta hija de Atenea y el nuevo Oráculo se sonrojaran hasta las orejas.
La niebla se espesó y se aglutinó justo frente a mí y alrededor de la mesa con los tarros de trozos de monstruos en vinagre. De repente aparecieron cuatro hombres sentados a la mesa, jugando a las cartas.
Sus rostros se volvieron nítidos: eran Gabe el Apestoso y sus colegas. Apreté los puños, aunque sabía que aquella partida de póquer no podía ser real. Era una ilusión de niebla.
Todos hicieron una mueca que estaba entre el asco y la rabia al oír hablar del asqueroso personaje.
Gabe se volvió hacia mí y habló con la voz áspera del Oráculo: «Irás al oeste, donde te enfrentarás al dios que se ha rebelado.»
Los dioses se miraron entre sí, y mandaron miradas interrogatorias hacia Hades, él era el Dios del oeste.
El tipo a su derecha levantó la vista y dijo con la misma voz: «Encontrarás lo robado y lo devolverás.»
Zeus dejó escapar un suspiro de alivio, sin darse cuenta de que sus hermanos ponían los ojos en blanco ante tal grado de preocupación por su 'cacharro.'
El de la izquierda subió la apuesta con dos fichas y después dijo: «Serás traicionado por quien se dice tu amigo.»
Todos los del campamento griego agacharon la cabeza al recordar la traición de Luke.
Por último, Eddie, el portero del edificio, pronunció la peor de todas: «Al final, no conseguirás salvar lo más importante.»
Todos los que no conocían la misión en su totalidad se miraron interrogantes. ¿No había dicho ya el Oráculo que devolvería lo robado? No se dieron cuentas de las muecas de tristeza que se dibujaban en el rostro de Quirón, Annabeth y Grover. Ahora entendían porque se había querido guardar las dos últimas frases de la profecía para él mismo.
Las figuras empezaron a disolverse. Me quedé alelado contemplando cómo la niebla se retiraba y, enroscándose como una enorme serpiente verde, se deslizaba por la boca de la momia.
Otra vez todas las hijas de Afrodita, e incluso algunos chicos hicieron una mueca de asco.
— ¡Espera! —grité—. ¿Qué quieres decir? ¿Qué amigo? ¿Qué es lo que no podré salvar?
-"No va a responder"- Dijo Apolo triste, lo que sorprendió bastante a Artemisa. Al parecer Apolo puede tener sentimientos cuando quiere.
La cola de la serpiente de niebla desapareció por la boca de la momia, que se reclinó de nuevo contra la pared y cerró la boca con fuerza, como si no la hubiera abierto en cien años. El desván quedó otra vez en silencio, abandonado, nada más que una habitación llena de recuerdos.
Me dio la sensación de que podría quedarme allí hasta que tuviera telarañas y aun así no averiguaría nada más.
Mi audiencia con el Oráculo había terminado.
— ¿Y bien? —me preguntó Quirón.
Me derrumbé en la silla junto a la mesa de pinacle.
—Me ha dicho que recuperaré lo que ha sido robado.
Grover se adelantó en su silla, mascando nervioso los restos de una lata de Coca-Cola light.
— ¡Eso es genial!
-"Pues no pareces muy contento"- Comentó Leo. Grover puso los ojos en blanco antes de contestarle al hijo de Hefestos.
-"Tú tampoco estarías contento si pudieras sentir el revoltijo de sentimientos que tenía Percy en ese momento"- Replicó.
— ¿Qué ha dicho el Oráculo exactamente? — Me presionó Quirón—. Es importante.
Apolo y Rachel asintieron de acuerdo. Una sola palabra colocada en un lugar u otro puede cambiar una profecía por completo.
Aún me resonaba en los oídos el tintineo de la voz de reptil.
Todos los que habían escuchado una profecía recitada por el Oráculo se estremecieron, esa voz les perseguía durante días.
— Ha… ha dicho que me dirija al oeste para enfrentarme al dios que se ha rebelado. Recuperaré lo robado y lo devolveré intacto.
— Lo sabía —intervino Grover.
Quirón no parecía satisfecho.
-"Una profecía nunca es tan corta a menos que este incompleta"- Dijo Quirón. Los romanos miraron interrogantes a Hazel y Frank, recordando la profecía que les había dado Marte. Al parecer su misión contenía mucho más que el rescate del dios de la muerte.
— ¿Algo más?
No quería contárselo. ¿Qué amigo me traicionaría? Tampoco tenía tantos.
-"Ahora sí"- Corearon todos sus amigos de ambos campamentos.
Y la última frase: fracasaría en lo más importante. ¿Qué clase de Oráculo me enviaría a una misión y me diría: «Ah, y por cierto, vas a fracasar»? ¿Cómo podía confesar aquello?
— No —respondí—. Eso es todo.
-"Debería decirlo todo"- Dijo Deméter con el entrecejo fruncido.
-"Solo es un niño de doce años que acaba de recibir una profecía bastante mala, estará asustado"- Le defendió, increíblemente, Hera.
Estudió mi rostro.
— Muy bien, Percy. Pero debes saber que las palabras del Oráculo tienen con frecuencia doble sentido. No les des demasiadas vueltas. La verdad no siempre aparece evidente hasta que suceden los acontecimientos.
-"Cuan cierto es"- Murmuró Annabeth al recordar la gran profecía.
Tuve la impresión de que sabía que me aguardaba algo malo y que intentaba darme ánimos.
Quirón asintió. Siempre había que darles ánimos a los semidioses que se enfrentaban a una misión, daba igual si era la primera o la cuarta, un caso exclusivo de Percy.
— Vale —dije, ansioso por cambiar de tema—. ¿Y adonde tengo que ir? ¿Quién es ese dios del oeste?
-"Oh mi primito, tan ignorante"- Dijo Thalía.
— Piensa, Percy. Si Zeus y Poseidón se debilitan mutuamente en una guerra, ¿quién sale ganando?
Todos en la sala, excepto los que conocían la verdad sobre esta misión y Nico y Hazel, miraron al Dios de los muertos.
—Alguien que quiera hacerse con el poder —supuse.
-"No va a ser alguien que quiere un descuento para un helado, no te digo"-Dijo Thalía
—Pues sí. Alguien que les guarda rencor, que lleva descontento con lo que le ha tocado desde que el mundo fue dividido hace eones, cuyo reino se volvería poderoso con la muerte de millones. Alguien que detesta a sus hermanos por haberle hecho jurar que no tendría más hijos, un juramento que ahora han roto ambos.
Todos inmediatamente se giraron hacia el dios del inframundo.
Pensé en mis sueños, la voz malvada que había hablado desde las entrañas de la tierra.
— ¿Hades?
Quirón asintió.
— El Señor de los Muertos es el candidato seguro.
Zeus iba a ponerse a gritar pero antes de que ocurriera Quirón intervino
-"Señor Zeus, puedo asegurarle de que el Señor Hades no fue el que produjo esta situación, si no que fue una víctima más"- Dijo el centauro con una confianza que sorprendió a los dioses. Hades sonrió a Quirón, quién le devolvió la sonrisa con gusto.
A Grover se le cayó un pedazo de aluminio de la boca.
— Uau. ¿Q-qué?
-"Buena reacción, chico cabra"- Se rio Thalía.
— Una Furia fue tras Percy —le recordó Quirón—. Lo observó hasta estar segura de su identidad, y luego intentó matarlo. Las Furias sólo obedecen a un señor: Hades.
Hades asintió confundido, todavía no descubría porque había enviado a la furia a ese renacuajo.
— Hades odia a los héroes —comentó Grover—. Y si ha descubierto que Percy es hijo de Poseidón…
— Un perro del infierno se metió en el bosque —prosiguió Quirón—. Sólo pueden ser invocados desde los Campos de Castigo, y tuvo que hacerlo alguien del campamento. Hades debe de tener un espía aquí. Debe de sospechar que Poseidón intentará usar a Percy para limpiar su nombre. A Hades le interesa ver a este joven muerto antes de que pueda acometer su misión.
— Estupendo —murmuré—. Ahora quieren matarme dos de los dioses principales.
-"Oh, te acostumbraras"- Dijo divertido Will.
— Pero una misión al… — Grover tragó saliva—. Quiero decir, ¿no podría estar el rayo robado en algún lugar como Maine? Maine es muy bonito en esta época del año.
-"¿Maine?"- Preguntó entre risas Thalía. –"¿Por qué Maine?"
Grover se encogió de hombros antes de responder. –"Porque no, Maine es todo campo, perfecto para los sátiros."
— Hades envió a una de sus criaturas para robar el rayo —insistió Quirón—. Lo ha escondido en el inframundo, sabiendo de sobra que Zeus culparía a Poseidón. No pretendo entender las razones del Señor de los Muertos, o por qué ha elegido este momento para desatar una guerra, pero hay algo que es seguro:
Percy tiene que ir al inframundo, encontrar el rayo maestro y revelar la verdad.
-"¿Por qué será que siempre le tocan las misiones más alucinantes a Percy?"- Dijo Nico con un mohín.
Sentí un extraño fuego en mi estómago. Fue lo más raro del mundo: porque no era miedo, sino ganas. El deseo de venganza. Hades había intentado matarme ya tres veces, con la Furia, el Minotauro y el perro del infierno. La desaparición de mi madre en un destello de luz era culpa suya. Ahora intentaba atribuirnos a mi padre y a mí un robo que no habíamos cometido. Estaba listo para devolvérsela. Además, si mi madre estaba en el inframundo…
«Vamos, chico —dijo la pequeña parte de mi cerebro que aún conservaba un atisbo de cordura—. Eres un crío. Y Hades un dios.»
-"Nunca escucha esa voz"- Dijo Annabeth con una sonrisa triste al recordar como su novio hace las cosas más imprudentes y peligrosas que se pueden hacer en este mundo.
Grover estaba temblando. Había empezado a comerse las cartas del pinacle como si fueran chips. El pobre tenía que cumplir una misión conmigo para conseguir su licencia de buscador, fuera eso lo que fuese, pero ¿cómo podía yo pedirle que me acompañara en esta misión, sobre todo cuando el Oráculo me había dicho que estaba destinada a fracasar? Era un suicidio.
-"Gracias amigo, pero yo habría ido igual, aunque no tuviera que hacerlo"- Dijo Grover con una sonrisa melancólica, no podía esperar para ver a Percy de nuevo.
— Mire, si sabemos que es Hades —le dije a Quirón—, ¿por qué no se lo decimos a los otros dioses y punto? Zeus o Poseidón podrían bajar al inframundo y aplastar unas cuantas cabezas.
— Sospechar y saber no son la misma cosa —repuso él—. Además, aunque los demás dioses sospechen de Hades (y supongo que Poseidón no será la excepción), ellos no podrían recuperar el rayo. Los dioses no pueden cruzar los territorios de los demás salvo si son invitados. Ésa es otra antigua regla. Los héroes, en cambio, poseen ciertos privilegios. Pueden ir a donde quieran y desafiar a quien quieran, siempre y cuando sean lo bastante osados y fuertes para hacerlo. Ningún dios puede ser considerado responsable de las acciones de un héroe. ¿Por qué crees que los dioses operan siempre a través de humanos?
Los semidioses y héroes fruncieron el ceño, odiaban cuando uno de ellos se convertía en un peón para los dioses.
—Me está diciendo que estoy siendo utilizado.
-"Acostúmbrate Percy"- Dijo Rachel con una sonrisa amistosa
—Estoy diciendo que no es casualidad que Poseidón te haya reclamado ahora. Es una jugada arriesgada, pero el pobre se encuentra en una situación desesperada. Te necesita.
Mi padre me necesita.
Poseidón tenía una diminuta sonrisa.
Las emociones se arremolinaron en mi interior como pedacitos de cristal en un calidoscopio. No sabía si sentir rencor o agradecimiento, si estar contento o enfadado. Poseidón me había ignorado durante doce años. Y ahora de repente me necesitaba.
La sonrisa del dios del mar se disolvió en una mirada de tristeza.
Miré a Quirón.
—Usted sabía que era hijo de Poseidón desde el principio, ¿verdad?
—Tenía mis sospechas. Como he dicho… también yo he hablado con el Oráculo.
Intuí que me estaba ocultando buena parte de su profecía, pero decidí que ahora no podía preocuparme por eso. Después de todo, también yo me estaba guardando información.
-"¿Quirón, antes de que fuera reclamado ya pensabas que podía ser el semidiós de la profecía?"- Preguntó Katie con un poco de tristeza por lo pronto que el futuro de su 'hermano' estaba sellado con una profecía tan mala. Quirón con pesar asintió quedamente con la cabeza como gesto afirmativo.
—Bueno, a ver si lo he entendido —dije—. Se supone que debo bajar al inframundo para enfrentarme al Señor de los Muertos.
—Exacto —contestó Quirón.
—Y encontrar el arma más poderosa del universo.
—Exacto.
—Y regresar al Olimpo antes del solsticio de verano, en diez días.
—Exacto.
-"Esa misión es muy complicada para un niño de doce años. No me sorprende de que si consiguió llevarla a cabo bien lo admiréis." – Dijo Jason, a cada momento Percy se estaba ganando más su respeto y su admiración. Solo temía no poder llevarse bien con el hijo del dios del mar.
Miré a Grover, que se estaba tragando el as de corazones.
— ¿He mencionado que Maine está muy bonito en esta época del año? —preguntó con un hilo de voz.
Thalía, Nico, Annabeth, Rachel y Quirón negaron divertidos con la cabeza mientras el resto de la sala se reía de la pregunta echa por el pobre sátiro de color rojo que intentaba pasar desapercibido.
— No tienes que venir —le dije—. No puedo exigirte eso.
-"Es muy buen amigo"- Murmuró Zoe, aunque para su alivio ninguna de las cazadoras la escucho.
— Oh… —Arrastró las pezuñas—. No… es sólo que los sátiros y los lugares subterráneos… Bueno… — Inspiró con fuerza y se puso en pie mientras se sacudía pedacitos de cartas y aluminio de la camiseta—. Me has salvado la vida, Percy. Si… si dices en serio que quieres que vaya contigo, no voy a dejarte tirado.
Me sentí tan aliviado que tuve ganas de llorar, aunque no me parecía un gesto demasiado heroico. Grover era el único amigo que me había durado más de unos meses. No estaba seguro de hasta qué punto podría ayudarme un sátiro contra las fuerzas de los muertos, pero me sentí mejor sabiendo que estaría conmigo.
-"Gracias Perce"- Dijo Grover con unas diminutas lágrimas en los ojos. El resto de los amigos de Percy sonrieron ante el pensamiento del sesos de alga.
— Pues claro que sí, súper G.
— Me volví hacia Quirón—. ¿Y a dónde vamos? El Oráculo sólo ha dicho hacia el oeste.
—La entrada al inframundo está siempre en el oeste. Se desplaza de época en época, como el Olimpo. Justo ahora, por supuesto, está en Estados Unidos.
— ¿Dónde?
Quirón pareció sorprendido.
—Pensaba que sería evidente. La entrada al inframundo está en Los Ángeles.
-"Como no, donde hay más demonios en vida que en una ciudad donde reina el caos"- Dijo Piper.
—Ah —dije—. Naturalmente. Así que nos subimos a un avión…
Nico, Hazel, Annabeth, Quirón y Poseidón negaron rápidamente con la cabeza.
-"¿Qué es un avión?"- Preguntó Orión. Annabeth le dirigió una sonrisa comprensiva a todos los héroes del pasado antes de explicarles a todos ellos lo que era un avión.
-"Un avión es un artefacto de metal que tiene unas alas del mismo material que permite a las persona volar de un destino a otro". Los héroes del pasado asintieron en comprensión y agradecimiento antes de que Teseo le hiciera una señal a Piper para que volviera a leer.
— ¡No! — exclamó Grover—. Percy, ¿en qué estás pensando? ¿Has ido en avión alguna vez en tu vida?
Meneé la cabeza, avergonzado. Mamá nunca me había llevado a ningún sitio en avión. Siempre decía que no teníamos suficiente dinero. Además, sus padres habían muerto en un accidente aéreo.
— Percy, piensa —intervino Quirón—. Eres hijo del dios del mar, cuyo rival más enconado es Zeus, Señor del Cielo. Así pues, tu madre fue suficientemente sensata como para no confiarte a un avión. Estarías en los dominios de Zeus y jamás regresarías a tierra vivo.
-"Bueno una vez voló en avión según lo que yo sé, y creó que no quería repetirlo"- Dijo divertido Will.
Por encima de nuestras cabezas, refulgió un rayo. El trueno retumbó.
Los dos hermanos de Zeus pusieron los ojos en blanco ante el dramatismo de su hermano pequeño.
— Vale —dije, decidido a no mirar la tormenta—. Bueno, pues viajaré por tierra.
— Bien —prosiguió Quirón—. Puedes ir con dos compañeros. Grover es uno. La otra ya se ha ofrecido voluntaria, si aceptas su ayuda.
— Caramba —fingí sorpresa—. ¿Quién puede ser tan tonta como para ofrecerse voluntaria en una misión como ésta?
Annabeth frunció el ceño mientras todo el mundo se reía.
El aire resplandeció tras Quirón.
Annabeth se volvió visible quitándose la gorra de los Yankees y la guardó en el bolsillo trasero.
-"Eso es tan increíble"- Dijo Leo soñador.
— Llevo mucho tiempo esperando una misión, sesos de alga —espetó—. Atenea no es ninguna fan de Poseidón, pero si vas a salvar el mundo, soy la más indicada para evitar que metas la pata.
-"Cuanta razón tienes Annabeth"- Dijo Rachel. La hija de Atenea le sonrió agradecida. Ahora que habían solucionado el problema de Percy eran grandes amigas.
— Anda, si eso es lo que piensas —repliqué—, será porque tienes un plan, ¿no, listilla?
-"Que bien, ya empiezan con los motes"- Dijo divertido Nico. Todos los que no eran del Campamento Mestizo lo miraron confusos. Thalía decidió explicarlo ya que la hija de Atenea estaba perdida en sus recuerdos.
-"Nosotros tenemos motes para cada uno de nosotros"- Dijo señalando a Nico, Annabeth, Grover y Rachel, aparte de sí misma. – "Annabeth es listilla, aunque así solo la llama Percy, Percy es sesos de alga, Grover es chico cabra o súper G, Nico es zombieman, por todo el asunto ese de los esqueletos y todo eso y Rachel es abstracto, por sus pinturas y las profecías tan difíciles que dice."- Explico con una sonrisa.
-"Y el de Thalía, es cara pino"- Añadió Nico con una sonrisa traviesa. Todos se rieron de los motes. La verdad es que eran muy acertados.
Se puso como un tomate.
— ¿Quieres mi ayuda o no?
Vaya si la quería. Necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener.
— Un trío —dije—. Podría funcionar.
-"El trío de oro en las misiones"- Rio Thalía.
— Excelente —añadió Quirón—. Esta tarde os llevaremos a la terminal de autobús de Manhattan. A partir de ahí estaréis solos.
-"La verdad es que eso no es muy reconfortante"- Dijo un hijo de Apolo.
Refulgió un rayo. La lluvia inundaba los prados que en teoría jamás debían padecer climas violentos.
—No hay tiempo que perder —dijo Quirón—. Deberíais empezar a hacer las maletas.
-"Terminado"- Dijo Piper. De repente resonó la risa de un niño pequeño en la sala. Todos se giraron en dirección a Hazel y Frank, los cuales le estaban haciendo cosquillas a un divertidísimo hijo de Poseidón. Todos sonrieron con cariño a la imagen.
