Como ya saben, nada de esto me pertenece, sólo la trama, el resto es de cierta inglesa rubia millonaria que no soy yo.

MATRIMONIO MÁGICO.

A mi Alfa… te quiero mucho.

Justo al salir de la oficina del Director, Severus trató de continuar su disertación acerca del por qué no estaba de acuerdo con la decisión que tomaba su prometida; pero una vez más la chica mostró que la dureza de su carácter rivalizaba con el de su futuro esposo.

̶̶ Severus… seré tu esposa, pero no eres mi dueño, te reitero, puedo tomar mis propias decisiones, y hoy he decidido compartir tu misión, así como compartiré la misión de Harry. Trataré de ayudarte a salvar a Draco del destino horrible que le han impuesto, aunque no me caiga bien, creo que lo más importante para cada uno son nuestros padres, no le han dejado elección. Igual veré que podemos hacer por el profesor Dumbledore, y si es estrictamente necesario que ejecutes su deseo, estaré de tu lado. Y si es necesario enfrentar a esa basura llamada Tom Riddle por protegerte a ti y a Harry… ten por seguro que lo haré, así que ya cállate de una buena vez. Nos vemos en tu despacho luego de la cena.

Y dicho esto se alejó por el pasillo en dirección a la torre de Gryffindor; mientras Severus miraba perplejo como la bruja se alejaba, mientras pensaba: "y esto es que aún no nos casamos, Merlín me ampare".

La cena transcurrió con normalidad, con las mismas miradas furtivas de siempre, aunque esta noche alguien más se percató de la extraña situación… en un extremo de la mesa de Ravenclaw una rubia intuitiva de largos cabellos y ojos extrañamente soñadores aparentemente miraba a la nada, pero miraban más de lo que cualquier otro se imaginaría. A las puertas del comedor esa noche, se acercó a Hermione para susurrar a su oído:

̶ Es una excelente elección, Herms, no tengas ninguna duda, él es el mejor hombre que podrás conocer, a pesar de su duro exterior… los nargles no se equivocan, en su corazón hay nobleza… así como hay iniquidad en el alma de muchos que parecen buenos. Ah y esta noche… creo que le diré a la profesora McGonagall que te autorice a quedarte en mi habitación para que me ayudes con una tarea… me saludas al profesor Snape.

Mientras decía esto, la mirada de Luna Lovegood viajaba hacia el fondo del salón, específicamente hasta la mesa de profesores; de donde en ese momento se levantaba Severus, hacia la mesa de Gryffindor, donde aún se atascaba de comida de la manera más asquerosa posible, cierto pelirrojo que no destacaba precisamente por su intelecto; brevemente la luminosa y soñadora mirada de la rubia se tiñó con un cierto desprecio poco usual en ella. A su manera estaba diciéndole que Ronald no era confiable y le ofrecía una coartada para su posible ausencia.

Ante las palabras de su amiga, Herms sólo pudo asentir sonrojada, siguiendo cada una su propio camino.

Al llegar a su habitación, la castaña decidió que la princesa de Gryffindor no esperaría a su noche de bodas, esa noche misma reclamaría sus derechos como la consorte sangre sucia del Príncipe Mestizo de Slytherin, esa noche, las serpientes tendrían una reina leona. No sabía nada del tema, era virgen, pero para todo había libros… y sí se había documentado, su curiosidad insaciable había rendido frutos también en ese campo, y estaba decidida a llevar a la práctica lo aprendido. Se dio una ducha rápida, hubiera deseado un largo baño en la alberca de prefectos, pero no daba tiempo, se hacía tarde. Secó sus rizos y los tejió en una larga trenza, y adornó su rostro con un ligero maquillaje, se vistió con una corta falda blanca y una blusa roja a juego, debajo un inesperado juego de lencería atrevida que Ginny tenía la esperanza lo estrenara con su hermano cuando se lo regaló en su último cumpleaños; y encima de todo su negra túnica de estudiante cubriéndolo todo. Tomó su bolsa y su varita y se encaminó hacia su destino: los dominios de Severus Snape, las mazmorras de Hogwarts.

Con paso firme descendió todos los niveles del colegio hasta llegar a la puerta de madera oscura con una placa de plata en la que se podía leer: S. Snape, Jefe de Slytherin. Entró sin tocar como lo hacía siempre, depositó su bolsa en el escritorio auxiliar donde normalmente trabajaba. Para su estupefacción Severus no estaba ahí, el leve tintineo de cristales al chocar le dijo que estaba en el almacén de ingredientes, la varita incautamente sobre el escritorio, le revelaba que el mago estaba desarmado… todo salía a la perfección, sólo esperaba que el despojo humano que era Tom Riddle no lo llamara esa noche. Extraño que Severus dejara su varita abandonada, pero, nadie a parte de ella podía abrir esa puerta sin la expresa autorización de él. Hizo a un lado estos pensamientos y entró en el depósito, el mago estaba de espaldas subido en una alta escalera buscando algo; se había despojado de la capa y la levita, quedándose únicamente con los negros pantalones y una inmaculada camisa blanca.

̶ Severus…

El mago miró desde lo alto por encima de su hombro y se apresuró a bajar, en el transcurso no reparó en el hecho que su inocente novia había cerrado y bloqueado la puerta con un hechizo… aunque sí observó el arreglo poco usual y el inocentemente sensual atuendo que se reveló cuando su capa escolar cayó al suelo.

La imagen de la sensual jovencita ante él, no concordaba con la ortodoxa y conservadora Hermione Granger, pero resultaba un deleite y una verdadera tentación para sus sentidos, por su mente empezaban a circular pensamientos poco decorosos, aunque la chica en tres días se convertiría en su esposa, y él era un hombre adulto con suficiente experiencia, no podía evitar sentirse nervioso.

La muchacha avanzó hasta quedar a centímetros de Severus, y colgándose de su cuello y parándose de puntillas para compensar la gran diferencia de estatura le susurró al oído:

̶ Aún no me dices como me veo….

Y dicho esto, besó sus labios con pasión, mientras avanzaba hasta acorralar al mago contra las estanterías; pronto el beso fue correspondido con igual intensidad, sus lenguas se encontraron y se reconocieron, se exploraron y acariciaron mutuamente; pronto el hombre se unió al abrazo y sus manos vagaron como si tuviesen vida propia por el cuerpo de la joven mujer, que correspondía a cada una de las caricias recibidas. Como era de esperarse, la visión ante sus ojos y el cuerpo entre sus manos hicieron el efecto esperado por Herms, que pronto sintió la dureza de la erección de su pareja presionando sobre su vientre, siendo esta la señal que esperaba, su varita se agitó y el botón y el cierre del pantalón de su acompañante se abrieron, y sus manos se deslizaron para asir la masculinidad de su prometido, iniciando un suave masaje que recibió en respuesta un gemido y la mirada sorprendida de Severus que interrumpió el beso para tratar de cuestionar la situación en la que su inocente novia lo había puesto, pero un solo gesto de ella lo hizo guardar silencio.

Lentamente y ante la incredulidad de Severus, fue descendiendo lentamente hasta quedar frente a frente con el miembro erecto, dando una tentativa lamida a la enrojecida punta. Un nuevo gemido la invitó a seguir, abriendo un poco los labios y succionando suavemente, lo apresó desde la base entre una de sus manos mientras lo recorría lentamente con la punta de su lengua, y con su otra mano prodigaba suaves caricias a los hinchados testículos del hombre ante ella.

̶ Her...mione… oh por Merlín, detente…

La chica alzó los ojos y negó levemente con la cabeza, y en respuesta a la solicitud del mago, introdujo de golpe toda la longitud de su miembro hasta su garganta. Continuando con su lengua moviéndose alrededor trazando círculos y enredándola alrededor como una serpiente.

Las insistentes caricias de la bruja hicieron transigir la voluntad del mago, el imperturbable Severus Snape se rindió ante los encantos de la joven bruja que hacía años ocupaba cada uno de sus pensamientos. Deslizó sus manos por el cabello de la chica, deshaciendo la trenza que apresaba sus rizos, mientras ella continuaba con sus lamidas y succiones, ondulando su lengua mientras trataba de engullir completamente la prominente erección del mago.

En el reducido recinto sólo se escuchaban los gemidos del mago y las succiones que la bruja diligentemente realizaba, mientras sus manos estimulaban y acariciaban las glándulas que le proveerían la simiente que deseaba extraer. La misma situación tan meticulosamente planeada, había causado estragos en su cuerpo, podía sentir sus propios fluidos descender por sus muslos, habían empapado las bragas y ahora corrían libres por su piel, las lamidas y succiones continuaban, cada vez más rápidas y fuertes, ahora guiadas por las manos del mago; la chica sintió de repente que era detenida…

̶ No puedo más… detente.

̶ No, no lo haré, quiero sentir tu simiente en mis labios.

Y dicho esto, intensificó el ritmo de su felación, hasta sentir el cálido líquido derramarse en su boca, devorando al instante el néctar del placer y la fecundidad obsequiado a cambio de las caricias prodigadas; al tiempo que su acompañante liberaba un gemido ahogado, ayudándola a incorporarse del frío piso de piedra, aun con la incredulidad y el asombro pintados en su usualmente impávido rostro.

La besó en los labios mientras reacomodaba su ropa y se detenía ante la puerta cerrada.

̶ ¿No piensas abrir? -preguntó Severus.

̶ ¿Quieres huir?- preguntó ella en respuesta.

̶ No pequeña, no deseo huir, por el contrario, pero no deseo poseerte en esta ratonera, no me parece adecuado. Aunque quisiera saber ¿dónde has aprendido todo esto?

̶ Los libros enseñan todo, Severus…

Dicho esto, y con un movimiento de varita, desbloqueó la puerta.

A partir de este momento Hermione Granger no supo más de sí misma, un par de fuertes brazos la levantaron en el aire y la depositaron poco después en una blanda cama.

Sintió como las hábiles manos del pocionista se deslizaban por sus muslos, apretaban su cintura y subían hasta sus pechos acariciándolos por encima de la tela de su blusa; sus labios finos y suaves acariciaron su cuello y ascendieron hasta unirse con los suyos, una vez más sus lenguas se reconocieron y se acariciaron; unos instantes después, la ropa resultó demasiada para el momento y fueron despojándose de las prendas el uno al otro.

Una mano de largos y pálidos dedos se deslizó en la húmeda entrepierna de la castaña, acariciando entre sus pliegues hasta que encontró el justo punto que buscaba, prodigándole insistentes caricias mientras besaba a su pareja con parsimonia, y su otra mano acariciaba los juveniles senos; quizás un poco pequeños a juicio de algunos, pero simplemente perfectos para él, perfectamente redondeados y rematados en un pequeño y delicado pezón rosa, que no tardó en saborear provocando con eso que la chica diera un profundo gemido de satisfacción.

Saboreó detenidamente los pechos de la chica, dando lamidas y suaves mordiscos a los pezones o succionándolos delicada e insistentemente, poco a poco descendió, dando besos por todo su pecho, abdomen y vientre; en este momento, su lengua sustituyo a sus finos dedos en la labor de estimular el clítoris que se alzaba orgulloso; saboreó sus fluidos y deslizó su lengua en un movimiento ascendente, succionó un poco la diminuta perla, y descendió nuevamente reconociendo la zona, hasta sentir la fina barrera del himen intacto de la muchacha. Volvió a subir, succionando el punto de placer de la chica, mientras sus manos acariciaban y masajeaban los perfectos pechos; una y otra vez, hasta que los jadeos y gemidos de la castaña se hicieron más consecutivos y entrecortados, anunciando lo que Severus esperaba, un orgasmo inminente; sabía que era necesario, de continuar las cosas con el curso que llevaban, el dolor iba a ser inevitable, pero esto ayudaría a reducirlo en gran medida.

Hermione sentía como segundo a segundo perdía el control de su cuerpo, la tensión de algo nunca antes sentido se acumulaba placenteramente en la parte baja de su abdomen, sintiendo como crecía una especie de calambre placentero que nublaba sus sentidos. Percibía las continuas descargas eléctricas desde la punta de sus pezones erguidos hasta su sobre estimulado clítoris, hasta llegar a la culminación de una sensación jampas experimentada: un estallido indescriptible de emociones y sensaciones, un shock eléctrico que recorrió su cuerpo, provocando una sensación incinerante en su vientre mientras sentía como ascendía por su espalda baja para consumir el resto de su cuerpo; haciendo arder en un infierno de pasión y éxtasis a su cerebro.

Su mente estaba en blanco mientras sentía delicioso, cálido e incontenible mar salado que salir de su cuerpo haciendo temblar cada fibra de su ser sintiendo por un instante que se perdía completamente para volver agitada feliz y extasiada.

Severus relamió sus labios, saboreando el néctar liberado por su pequeña diosa, observando satisfecho las mejillas sonrojadas, los ojos entornados y los labios entreabiertos y jadeantes aún por el reciente orgasmo; no pudo evitar adornar su rostro con una sonrisa de suficiencia.

̶ ¿Estás bien?

La voz profunda y aterciopelada de su amante la regresó a la realidad, haciéndola consiente de la desnudez de ambos, se sonrojó aún más y bajó la mirada, un tanto avergonzada de su propio atrevimiento.

̶ No vuelvas a bajar la mirada, no tienes nada de qué avergonzarte. Si quieres, dejamos todo hasta aquí; si no estás segura de dar el siguiente paso.

Se incorporó en la cama, e hizo ademán de levantarse, cuando una pequeña mano lo detuvo, justamente en el lugar ocupado por la infame marca tenebrosa; y con voz suave pero segura le respondió:

̶ No Severus, será esta noche…

Y así fue, esa noche fueron uno, fueron el uno del otro, en la antigua y ancestral danza de la cópula; esa noche Severus Snape volvió a vivir luego de años de vivir a medias; esa noche la princesa de Gryffindor se transformó en la princesa consorte de un príncipe mestizo, la reina de las serpientes. La bruja más inteligente y poderosa de su generación había unido su vida, su corazón y su cuerpo al temible murciélago de las mazmorras; sabía que muchos no la entenderían, pero ella era la mujer más feliz sobre la tierra, en las sábanas quedaba el rastro de su pureza y en su corazón la marca indeleble de que había encontrado al amor de su vida.