Hola chicos (: He aquí el décimo capítulo. No he parado de escribir en toda la semana, se me está facilitando mucho por el rumbo de la historia xD Espero que les guste. Dejen su comentario.

LA PANTERA

Capítulo 10: Buenas relaciones.

Sus labios se unieron en un beso que Grimmjow había esperado por mucho tiempo. Orihime cerró los ojos y se maravilló con el enrome contraste que hacían sus suaves labios con su brusco movimiento. Sus manos permanecieron firmes en sus costados, pero luego de un momento que no supo si fueron segundos, lo empujó con fuerza por el pecho. No la había tomado desprevenida, ya lo esperaba desde que notó su agarre en la cintura, pero no quería dejar que la dominara ni un segundo más. Ya era suficiente con tener que actuar bajo sus reglas.

Grimmjow sonrió de lado y se apartó, regresó por el arma y se sentó nuevamente en la caja. Orihime se puso un mechón de cabello detrás de la oreja y se cruzó de brazos, sentía la cara caliente pese al frío que hacía afuera.

-Trato cerrado –exclamó Grimmjow. Orihime lo observó con detenimiento-. Debo admitir que reaccionó mejor de lo que esperaba. Por un momento creí que me iba a rociar con el gas pimienta que traía en el bolsillo –le mostró el pomito a Orihime y ésta se quedó pasmada tentando sus bolsillos. ¿En qué momento se lo había quitado?-. Creí haberle dicho que no trajera armas.

-Eso no es un arma.

-De acuerdo, si usted lo dice. Lo dejaré pasar por esta vez.

-¿Qué me dice de usted? Trae un revólver, ¿no aplican las mismas reglas?

Grimmjow se rió.

-Por supuesto que no, ginger.

-Qué conveniente.

-¿Sabe? He estado pensando y creo que no haría daño si interactuamos un poco.

-¿A qué se refiere?

-Me refiero a que no importa que tenga muestras de mi saliva, sangre o incluso mi semen –hizo una pausa para observar la reacción de la detective-. No encontrará nada sobre mí, es como si no existiera. Eso sí es conveniente –esto, por supuesto, era mentira, pero sabía que Orihime no haría ni siquiera el intento de analizar nada. Estaba entre la espada y la pared y tendría que dar muchas explicaciones.

-¿Quiere una sesión de besos? Creí que trabajaríamos juntos para atrapar al imitador.

-Por supuesto, el deber llama. La sesión de besos será después, y será sólo el comienzo.

Orihime lo fulminó con la mirada. No sólo se estaba burlando de ella, sino que estaba dando por sentado que habría algo más entre ellos dos. ¿A quién quieres engañar, Orihime? Te gustó, admítelo, pensó.

-¿Y bien? ¿Por dónde empezamos? –lo apremió.

-Usted dígame. ¿Qué ha descubierto la policía?

-El imitador es Bazz-B. Un chico de veintitrés años que vive por esta zona. Desconocemos su paradero. Lo estamos procesando como un crimen pasional.

-Están haciendo un trabajo de mierda. Los periódicos anuncian que se trata de un imitador, pero no es así. ¿Sabe cuál es el problema? Que la gente no sabe diferenciar un crimen pasional de uno doloso, para ellos un asesinato es sólo eso, un asesinato. No les interesa si hay emociones de por medio o placer puro, sólo les interesa que hay dos sujetos cortando gargantas, y no tiene idea de lo mucho que me cabrea eso –su timbre de voz se fue haciendo más profundo conforme hablaba.

-Me aseguré de que los medios no le cargaran a usted el asesinato de Candice –se excusó Orihime.

-No, detective, no lo hizo. El capitán Isshin Kurosaki habló con la prensa, y debido a que no tiene las bolas suficientes, no pudo asegurarse de que las personas entendieran el mensaje. Yo soy un artista, un dios, un justiciero. Bazz-B es un imbécil que no podría diferenciar una navaja suiza de un cortaúñas.

-No entiendo qué le preocupa tanto. ¿Qué los demás piensen que se trata de la misma persona? ¿Que son cómplices? Bazz ni siquiera está la mitad de loco que usted –gruñó.

-Cuidado ahí, detective. El que trabajemos juntos no quiere decir que está exenta de que le meta un balazo en la pierna a la primera que me haga enfadar.

Orihime se acercó a él, harta de ser manipulada.

-Adelante, hágalo.

Grimmjow le devolvió la mirada, pero no dijo nada. Estaba parada frente a él, majestuosa e imponente con el ceño fruncido y sus labios formando una línea. Grimmjow estaba contando mentalmente hasta diez para no hacer algo de lo que seguramente más tarde se arrepentiría. El que la detective se pusiera de ese modo no lo enfurecía, era todo lo opuesto, lo excitaba.

-Sí, eso fue lo que pensé –continuó Orihime-. No tiene las agallas. Sus amenazas no me intimidan, señor Asesino.

Eso fue la gota que derramó el vaso. Grimmjow se puso de pie y la jaló del cabello para acercarla a su rostro. Sus labios estaban a sólo unos centímetros de los suyos. Quería devorarlos, no sólo para callarla, sino para extasiarse nuevamente con su sabor y textura. ¿Sería prudente obligarla? No, una vez había sido suficiente, pensó que podía esperar un poco más, aunque eso de posponer sus planes demasiado lo estaba molestando a sobremanera. En ese momento no quería asustarla con algún movimiento brusco, aunque realmente no creía que fuera a asustarse así de fácil. Después de todo había aceptado reunirse con él y venir desarmada. La tenía justo donde la quería, tenía tiempo para divertirse con ella y de paso saborear la manera en que lo haría. Más que su físico, le gustaba la mente y valentía de la detective. En verdad era asombrosa, y por eso mismo debía proceder con cuidado.

Finalmente la soltó y se alejó unos pasos. Orihime ni siquiera parpadeó. Grimmjow se reprendió por perder el control así de fácil con ella. Lo estaba provocando, tal vez esa era su meta, así que no podía dejar que sucediera de nuevo.

-Tengo contactos en las calles que pueden informarme en caso de que vean a Bazz-B –anunció Grimmjow.

-¿Por qué no informar directamente a la policía?

Grimmjow soltó una carcajada.

-Sí, claro. Con el historial que tienen no se acercarían a un policía ni aunque les pagaran.

Orihime pensó que tenía razón. Hasta ahora no había entendido cuán distinta era su gente al resto de la población. Su infancia y parte de su vida no habían sido miel sobre hojuelas, pero había muchísima gente que había pasado o estaba en una situación peor. El asesino era uno de ellos, Bazz-B, las prostitutas de la otra noche, la gente que vivía en el barrio chino o sus alrededores, incluso puede que las víctimas también lo fueran.

-De acuerdo.

-¿Y bien? ¿Algo más que deba decirme?

Orihime no sabía a qué se refería, le había contado lo que sabía. ¿Quería entrar en detalles? Pensó que si iban a trabajar juntos debían ser honestos el uno con el otro, pese a la situación en la que se encontraban.

-Bueno, el resto de los agentes está vigilando la casa de Bazz y los alrededores del club. Otros dos están siguiendo una pista, pero no creo que los lleve a ningún lado.

-¿Qué pista?

-Una chica nos informó de un conocido de Bazz que posiblemente esté escondiéndolo.

-¿De quién se trata?

-No estoy autorizada para revelar el nombre de la chica, la protección para testigos…

-No me interesa un carajo el nombre de la chica, hablo del sujeto –la interrumpió Grimmjow rodando los ojos.

-Sólo es una suposición, la verdad es que no hay nada en concreto.

-Detective, no me haga pedirle el nombre por tercera vez.

-Jugram Haschwalth.

Grimmjow sonrió. Lo conocía, tal vez demasiado. Había estado envuelto en una demanda contra Szayel cuando trabajaban juntos en una empresa como corredores de bolsa. Desde entonces Szayel había perdido su empleo, su casa y sus pertenencias, pero había conservado sus buenas relaciones. Jugram era un hipócrita corrupto que sólo quería sacar provecho de los más necesitados, tenía algunas demandas por fraude pero su amistad con el alcalde lo sacaba de apuros siempre que quería. Si podía cargárselo al reunir evidencia respecto a Bazz, estaba seguro que podía ofrecérselo a Szayel en bandeja de plata para vengarse por lo que le hizo. Sería un favor remunerado de muchos que le había hecho.

-Ya veo, me encargaré de Haschwalth también.

-¿Encargarse? No me diga que va a matarlo.

-Diablos, no. Las personas como él no merecen la muerte, merecen algo peor. Si puedo verlo sufriendo en prisión hasta el fin de sus días, me daré por bien servido.

-Entonces lo conoce.

-Digamos que es conocido de un amigo mío.

-No sabía que alguien como usted tenía amigos –replicó Orihime. Presentía que Grimmjow le iba a contar un poco más de su vida y no quería desaprovechar la oportunidad si cambiaban de tema.

-Pocos, pero los tengo. Por mucho que me divierta guardar las apariencias, no me relaciono con ineptos si puedo evitarlo. Ser amigo mío es casi un privilegio, tengo ojos por todos lados.

-La policía también los tiene –intervino Orihime.

-Habla de la policía como el conjunto. Pero ¿qué me dice de usted? ¿Tiene muchos amigos?

Orihime no había pensado nunca en eso. Sus relaciones profesionales eran muy aparte de su vida personal. Había tenido buenos colegas, compañeros en el instituto, pero, ¿amigos? Únicamente tenía a Tatsuki, pese a que no habían tenido contacto en meses.

-Sólo uno.

-¿Se hace la interesante o me está diciendo la verdad?

-Es la verdad, no tengo por qué mentir.

-Vaya, entonces somos más parecidos de lo que cree. Ambos somos inteligentes, tal vez sobre el promedio, actuamos con precaución y somos muy selectos con nuestros amigos.

-La diferencia reside en que yo no soy una asesina.

-¿No? ¿Nunca ha matado a nadie? Estoy seguro de que esa Glock ha visto días muy grises.

-Sí, algunos como usted, pero era mi trabajo.

-No hay nadie allá afuera como yo. ¿Qué sintió al matar a los otros asesinos?

-Nada, era mi trabajo.

-Mentira. Sintió satisfacción al deshacerse de un problema para la sociedad. Es bastante parecido a lo que yo hago. La diferencia reside en que yo no tengo una placa, y usted es demasiado cobarde para admitir que le gustó la sensación de tomar una vida.

Orihime no respondió nada. Tal vez tenía razón, pero no estaba dispuesta a admitirlo ni en mil años.

-Como sea, el punto es que le creo que sólo tenga un amigo, o amiga, no importa. Podría investigarla para averiguar más sobre usted, pero no me gustaría violar su privacidad. Dejaré que usted me cuente todo cuando quiera. Soy todo oídos.

-No sé por qué infiere que le contaré mi vida privada, para eso hay psicólogos, pero gracias por la oferta.

-Claro, un desconocido con un título en la pared que cree que sabe todo sobre todo y que no la ayudaría ni aunque se lo pidiera a gritos. Escuchan a la gente por morbo y para hacerla de jueces divinos.

-¿Y cuáles son sus motivos para escucharme? ¿Me ayudaría si se lo pidiera? He perdido la cuenta de las amenazas que he recibido de su parte.

-No soy un filántropo, demonios, soy todo lo opuesto a uno, pero mis motivos son más personales. Quiero conocerla; tengo mucho, mucho interés en usted. Contrario a lo que piensa, sí la ayudaría. No soy un héroe ni nada por el estilo, pero no me gusta que jueguen con mi comida.

Un escalofrío recorrió la espalda de Orihime. La había reclamado como su presa y no había nada que pudiera hacer al respecto. El juego del gato y el ratón se reanudaría no bien capturaran a Bazz.

Grimmjow estaba alardeando. Le divertía ver la reacción de Orihime conforme hablaba. Se notaba que la detective tenía un especial interés en él, la igual que él en ella. No quería defraudarla, pues sabía que lo tenía en alta consideración debido a sus acciones.

-Como sea –exclamó Orihime-, debemos poner manos a la obra.


Bazz-B se encontraba acostado en el sillón de Haschwalth sin poder conciliar el sueño. El efecto de las drogas había pasado desde el día anterior y apenas estaba tratando de recordar lo que había sucedido.

Recordaba haber platicado con Candice, pero entonces todo lo envolvía una nube blanca y lo único que recordaba era estar corriendo lejos del club.

Ni siquiera llegó a casa. En cuanto vio sus manos ensangrentadas se asustó y corrió en dirección al apartamento de Jugram. Tal vez él pudiera ayudarlo como había hecho antes en repetidas ocasiones.

-¿Ya decidiste qué hacer? -Le preguntó Haschwalth mientras le daba una aspirina para el dolor de cabeza.

-No puedo entregarme –sentenció Bazz antes de romper en llanto.

Haschwalth le pasó una mano por el hombro y se sentó a su lado. Bazz siempre había sido como un hermano menor para él. El destino los había llevado por senderos diferentes pero su amistad de muchos años se conservaba intacta. Lo había ayudado a golpear al hermano menor de Szayel cuando lo amenazó y él le había devuelto el favor al ayudarlo a retirarle los cargos delictivos menores gracias a sus buenas relaciones con el alcalde de Karakura.

El asesinato era otra cosa, pero no podía pasar por alto la promesa que le había hecho a su padre acerca de cuidarlo cuando él no estuviera cerca. Todavía no se perdonaba el haberlo dejado caer en las drogas, así que estaba dispuesto a ayudarlo una vez más.

-Te sacaré de aquí y podrás empezar de nuevo en otro lado. Lo prometo –Haschwalth se levantó y dejó a Bazz solo en la sala.


Inoue regresó a casa poco antes de medianoche. Tenía dos llamadas perdidas de Kurosaki, pero no les dio importancia, ya la pondrían al tanto al día siguiente. Sus pensamientos le dieron tregua y pudo dormir cuatro o cinco horas antes de levantarse a correr como todas las mañanas. Sabía que no lo hacía por mantenerse en forma, lo hacía porque liberaba una buena cantidad de energía que le permitía desempeñarse en sus labores cotidianas de manera normal. Si no lo hiciera a menudo, estaba segura que se volvería loca tarde o temprano.

Al fin, ya el raquítico sol matutino sobre el horizonte y las nubes grises sobre Karakura, Orihime salió a correr al bosque. La tierra estaba húmeda por la lluvia, el aire frío y con un poco de neblina. Pensó que era peligroso salir tan temprano sola a un lugar como aquel, pero la idea de alejarse del bullicio de la ciudad se le antojó agradable.

Cerca de las siete regresó a casa y se dio una ducha rápida. Tomó un café negro y manejó directo a la estación. Ichigo y el resto del equipo tenían donas en la oficina. Tomó una de mermelada de frambuesa, sus favoritas.

-Te llamé anoche, pero no recibí respuesta –exclamó Ichigo a modo de saludo sentándose frente a ella.

-Sí, me quedé dormida.

-¿De verdad? Eran poco más de las diez.

-Fue un día ajetreado.

-De acuerdo. Como sea, era para decirte formalmente que lamento mucho lo que pasó ayer. No era mi intención espiar tu conversación.

Orihime soltó una risita. A pesar de la amenaza que le había dado, no se lo había tomado a pecho. Ni siquiera se acordaba de lo sucedido hasta que lo mencionó.

-No te preocupes, creo que todos estábamos en otra órbita el día de ayer. Ya es agua pasada.

-Bien, me alegra oír eso. Cambiando de tema, el cuerpo de la chica ya fue entregado a sus familiares. Únicamente tenía una hermana mayor y a su novio, parece que su fama del instituto no duró demasiado. Mayuri no encontró más pistas. Creo que Bazz fue astuto en ese aspecto.

Orihime sonrió por lo que dijo Ichigo.

-No, Bazz es todo menos inteligente. No creo que pueda diferenciar una navaja suiza de un cortaúñas –respondió utilizando las mismas palabras que había empleado el asesino durante su reunión.

-¿Por qué lo dice?

-Fue muy descuidado y caótico. Estoy segura que se encontraba bajo los efectos de las drogas.

Ichigo cruzó los brazos y se recargó en la silla, pensativo.

-Es una buena teoría. Le diré a Renji que investigue sobre narcotraficantes en la zona. Creo que todavía conserva buenas relaciones con gente del barrio chino, seguramente alguno hablará.

-¿Qué hay sobre Haschwalth?

-Renji tenía razón, no conseguimos la orden con la declaración de Meninas.

Orihime pensó que en serio los recursos policíacos eran limitados. No podían saltar la ley, pero estaba segura que La Pantera, que se movía fuera de ella, conseguiría tarde o temprano algo que les fuera útil.

Kensei entró a la oficina con aire alterado.

-Capitán, tiene una llamada del alcalde, está esperando en la línea 2 –anunció.

-Gracias, Muguruma –respondió Isshin.

Kensei salió de la oficina y cerró la puerta tras él. Isshin se limpió las manos y respondió el teléfono. Ishida, Ichigo y Orihime guardaron silencio y dejaron lo que estaban haciendo.

-¿Sí? –Hubo una pausa- Buen día, alcalde –otra pausa más larga-, sí…sí, ¿está seguro? Los resultados fueron positivos, ya hemos puesto carteles por toda la ciudad y los agentes… –el alcalde lo interrumpió-. Comprendo, señor. Me encargaré de la prensa. Por supuesto…hasta luego –colgó.

-¿Qué sucede? –preguntó Ichigo al ver la expresión pálida de su padre.

-El alcalde me informa que dos agentes del FBI llegarán esta tarde.

-¿Qué? Creí que nos daría lo que resta de esta semana para mostrarle avances o resultados. Las huellas de Bazz están en la navaja y Cang Du lo identificó en las fotos. Sólo es cuestión de tiempo para que lo atrapemos. Estoy seguro que Haschwalth…

-Lo sé, Ichigo, lo sé. Pero órdenes son órdenes. No hay nada que pueda hacer.

-Pero eres el capitán.

-No por mucho tiempo. Con el FBI en Karakura mi rango no importa.

-Capitán, eso es absurdo. ¿Está diciendo que lo van a destituir del caso? –intervino Ishida.

-No estoy seguro de lo que harán, pero sea lo que sea, es serio. Tenemos que estar a su disposición –entonces volteó a ver a Orihime-. Detective, no sé si la dejen seguir en el caso, pero en todo caso le liquidaré todo lo que ha hecho hasta hoy.

Orihime negó con la cabeza.

-No es necesario, Capitán. No estoy haciendo esto por dinero. Aun si me sacan del caso, seguiré por mi cuenta. Esto es personal.

-¿De qué habla? Es peligroso. El gobierno no se hará responsable –respondió Isshin.

-Lo sé, pero no me interesa. Como le dije, esto es personal.


Grimmjow llegó a casa de Szayel después del trabajo. Esta vez tocó la puerta y esperó a que le abriera. Eran más de las tres, tenía que estar despierto sí o sí.

Szayel abrió la puerta y saludó a Grimmjow con un asentimiento de cabeza. Luego se hizo a un lado para que pasara. Le ofreció una cerveza que Grimmjow aceptó gustoso. El lugar estaba más recogido de como lo recordaba, se había deshecho de la basura y, aunque no relucía de limpio, la cama estaba hecha y los trastes lavados.

-¿Qué pasó aquí? –exclamó divertido.

-¿Recuerdas a las dos prostitutas que estaban aquí el otro día? –Grimmjow asintió- Bueno, las llamé más tarde para que vinieran, pero al parecer tenían otro compromiso. En su lugar enviaron a otra chica nueva. Nos conocimos y, bueno, ya sabes, cogimos como conejos. Empezamos a salir y va a venir esta noche.

-Es broma, ¿verdad? –preguntó Grimmjow.

-¿Qué tiene de malo?

-¿Cómo se llama?

-Loly.

Grimmjow soltó una carcajada.

-¿Estás saliendo con una prostituta llamada Loly? Vamos, ni siquiera debe ser su nombre real. ¿Qué esperas de esto? ¿Amor verdadero? La chica está contigo porque le pagas y nada más.

Szayel sonrió victorioso.

-En eso te equivocas. Le pagué la primera noche únicamente.

-No es posible.

-Piénsalo, Grimmjow, debo dos meses de renta, ¿de dónde crees que voy a sacar dinero para pagarle?

-Es lo que yo me pregunto. Cuando todo termine, porque lo hará tarde o temprano, vas a tener que pagarle. Y con intereses.

-Cierra la boca, Loly no es así.

Grimmjow sacudió la cabeza y reprimió otra carcajada.

-Bien, como tú digas. No he venido a juzgar tu relación. Vengo a pedir tu ayuda.

-Me pregunto cuándo vas a visitarme únicamente porque me extrañas.

-Cuando el infierno se congele.

-¿Otra investigación de placas? –preguntó Szayel dando un trago a su cerveza.

-No, esto es mucho más complicado.

Szayel sonrió y levantó la botella en señal de brindis.

-Pero claro, tus visitas tienen que valer la pena.

-Estoy trabajando en un caso con un detective –Grimmjow pensó que podía omitir el género y el nombre real. Szayel se puso muy serio-. Forma parte del caso de La Pantera. Ya sabes, ese asesino que les corta la garganta a las chicas.

-Un maldito depravado, si me preguntas.

Grimmjow tensó la mandíbula en un movimiento casi imperceptible.

-Sí, bueno, el caso es que me pidió ayuda para atrapar al imitador del que hablan los periódicos.

-Ah, sí, leí sobre él esta mañana. Es el mismo bastardo que se peleó con Yylfordt. Sabía que tarde o temprano metería la pata –concordó Szayel-. No sabía que tenías contactos en la policía. ¿Por qué pidió tu ayuda?

-Sabes bien que la policía ni siquiera soñaría con tener las relaciones de alguien que pertenece al barrio chino o sus alrededores. No han podido encontrar pistas porque nadie quiere hablar.

-Y con razón. Esos bastardos no hacen más que joder al pueblo. Mírame, tenía un empleo y una vida hasta que el buen amigo del alcalde lo arruinó todo.

-Sí, has dado en el clavo.

-¿De qué hablas?

-Creen que Haschwalth podría estar involucrado en el caso.

-¿Crees que está escondiéndolo?

-Piénsalo bien, tal vez Bazz quiere cobrarse el favor que le hizo.

-No lo sé, Grimmjow. Una cosa es pasarle las respuestas del examen o ponerle una paliza a alguien, pero ¿asesinato? Esto es serio. Dudo mucho que Haschwalth quiera manchar su nombre con un escándalo así.

-Es por eso que me ayudarás a reunir evidencia que lo condene. Si le ponemos la soga al cuello, sólo hará falta tirar de la palanca y ese tipo no saldrá de prisión en un buen tiempo.

Szayel pareció sopesar las posibilidades. Tenía resentimiento hacia Haschwalth y quería cobrarse todas las que le había hecho. No había garantías de que consiguieran algo, pero aun así decidió que lo ayudaría, en nombre de sus años de amistad y porque Grimmjow lo había sacado de apuros en más de una ocasión. Empezando porque le dio asilo en su casa cuando embargaron la suya.

-Bien, ¿qué quieres que haga?

Continuará…

Gracias por leer, espero sus reviews (: ¡Hasta pronto!

P.D. No tengo nada en contra de los psicólogos xD al contrario.