HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA Volviiiii y con cap jajja si volvi es con eso

Amenme, Holy, va a reconocer un nombre... ;) jojo antes que empiece la facu les regalo cap!


Luna menguante: Seductive pleasure


- ¿Qué demonios fue eso? - gritó Yuma todavía en shock por haber volado metros con el campo de energía que había formado Natsumi.

- Lo siento.- se inclinó ella hacia él.- Realmente lo siento.

Las manos del castaño y sus rodillas estaban mallugadas por el golpe y ella estaba dividida entre ir a por Akane o, quedarse y ayudarlos. Shu se mantenía al margen recostado en la escalera. Natsumi sentía sus manos temblar. Todo había sucedido tan rápido.

- No fue tu culpa.- desvió la mirada Yuma.- Tsk. Fue todo un mal entendido y la culpa del señorito.

Ella negó y alargó sus dedos envolviendo las manos de Yuma. Shu vio el tenue gesto con fastidio. El brillo naranja iluminó las manos de la chica hasta que volvió a apagarse. Cuando las dejó, todas las heridas habían sanado. Con el simple contacto contra la piel del vampiro se había regenerado todos los raspones de su cuerpo. Yuma a penas salía de su asombro.

- ¿Qué? ¿Qué fue eso?

- No lo sé.- se encogió de hombros.- Siempre he podido hacerlo.

Shu se acercó y tomó su mano mirando sus dedos interesado. ¿Qué podría ser? Jamás había visto algo así.

- ¿Nunca has encontrado alguien... que te explique qué es?- preguntó el rubio.

Ella negó. Su madre podría haberlo sabido, pero no había vuelta de la muerte. Se levantó del suelo y junto las manos. La misma aura anaranjada se forma hasta transformarse en el algo más sólido, como cristal. Los cristales se fueron interponiendo uno a uno hasta que formó el capullo de una rosa. Shu apartó la mirada de ella y miró a Yuma.

- No se lo digas a nadie.

- ¡Eso deberías decírtelo a ti mismo! - gruñó el Mukami.- Yo sé mantener secretos.

- Lo que sea, simplemente... cierra la boca.

Shu subió las escaleras y Natsumi lo vio alejarse. La mordida seguía ardiendo en la base de su cuello, pero su corazón también estaba cálido. Fundiéndose por ese gesto amable por un vampiro...

- ¿Por qué? ¿Por qué guardar mi secreto?

Los ojos azules se fijaron en ella, y Natsumi sintió que miraba directamente en su alma.

- Parece importante para tí, Usagi... Y realmente no veo por qué molestarme en decir algo sin importancia.


- Hotaru... Tsubasa, abre la puerta.

No. No tenía ganas. Ni en lo más mínimo. No tenía fuerzas ni para ponerse sobre sus piernas. Tenía hambre, sin embargo nada de lo que consumiese podría reducir esa sensación. Era plena luna nueva. El cielo estaba oscuro como su cuarto. Ninguna luz que pudiese llenarla de energía y ella no quería hacerlo. Veía las paredes a su alrededor roídas, el papel decorativo estaba rasgado, las sábanas manchadas con su propia sangre. ¿Algo la había atacado? No. Ni por asomo.

Ella misma se había infligido las heridas en sus brazos. Ella sola se había lastimado, todo para no lastimar a quienes vivían bajo el mismo techo que ella. Sus "hermanas", como a Seiji Komori le gustaba llamarlas, la había protegido de ese profesor depravado. Lo mínimo que podía hacer era reprimirlo, y dolía. Por el amor a todo lo sagrado le quemaba el alma, no... Le congelaba cada célula. Dolía moverse.

- Vete. - balbuceó sin fuerza.- Todas uds. váyanse.

- ¡No!- se escuchó la voz infantil de Natsumi.- Umiko, deberíamos llamar a Akane...

Ella había entrado en esa casa última y no quería que ellas le temiesen, no quería ponerlas en peligro con la luna desapareciendo. El vidrio de su ventana estalló cuando un cuerpo cayó en el interior. Sus ojos se agrandaron al ver a Akane alzarse sacudiéndose los fragmentos de vidrio.

- ¿En qué estabas pensando? - gritó fastidiada.- ¡Podrías haberte lastimado!

Akane abrió los ojos como platos al verla plenamente en su transformación. Su piel daba un destello de luz ligero, sus ojos se iluminaban dejando ese rosado eléctrico a un rosa pálido y líquido fundiendose con estrellas. Sus labios más carnosos que nunca y su pelo salvaje solo enmarcaba sus otros rasgos con cierta luminiscencia. Eso no era lo peor... Sus alas pujaban por salir, delgadas y finas como las de una libélula hasta que se alimentase y todo su poder llegase a la cúspide. Ahí sus alas también se transformarían... Pero todo ese brillo se opacaba de tanto en tanto por el hambre. Sus costillas sobresalían, sus pómulos estaban consumidos.

- ¿Qué te sucede? - preguntó la niña acercándose a ella.- No tienes por qué ocultarte, Tsubasa, no eres la única "distinta" aquí.

Akane cerró los ojos por unos minutos y cuando los abrió eran más amarillos que nunca, como el rayo cruzándose una tormenta en medio de la noche.

- Tengo hambre...- lloriqueó Tsubasa.

- Puedo traerte algo de comer.

Tsubasa negó con la cabeza. Nada la llenaría, por lo menos ninguna comida humana.

- ¿Qué necesitas? - volvió a preguntar Akane.- Te daré lo que debas para ponerte bien.

Ella volvió a negar. ¿Cómo explicarle a un forastero de qué se alimentaba su raza? No podía...

- Hotaru.- la voz de la chica se endureció al decir su apellido.- No estoy familiarizada con los Shyde y su cuidado. Ayúdame a ayudarte.

Los ojos de Tsubasa se aclararon al oírla. ¿Sabía lo que era ella? Sus labios resecos hicieron un puchero y Akane esperó su respuesta.

- Necesito un humano, y que vigiles que no llegue a matarlo, por favor.


Tsubasa saltó de la cama con un increíble dolor de cabeza. Ese sueño... Más bien recuerdo le hizo revolver el estómago del hambre. Se acercaba la luna nueva otra vez. No solo debía contenerse y no conectarse con cualquier luz, lo peor era que no se había alimentado de su fuente por tres semanas. El "hambre" la estaba consumiendo. Lo último que quería era estar en medio de la escuela y medio violar a alguno de sus desprevenidos compañeros.

Fue al baño directamente y abrió la ducha en pleno atardecer. Unas horas para que Reiji viniese a romperle las bolas y le dijese que estaba el desayuno. En su defecto, vendría Umiko con su resplandeciente pelo blanco lacio controlable. No como el de ella que se disparaba con rulos y ondas indefinidas. Vio sus ojeras debajo de sus ojos fucsia. Mierda... el proceso de degradación estaba empezando. Ya estaba muriendo de hambre lentamente.

Pronto sus ojos se volverían un rosa pálido y todos sus puntos de belleza se resaltarían volviéndose un imán para todo el que pudiese ser un posible presa. Y ella perdería la cabeza y se alimentaría hasta drenarlos. Bajó con varios de los botones mal puestos y dejando ver parte de su corpiño rosado bebé, y el moño casi colgando.

- Siempre me ha interesado ver pechos de mujeres,- dijo Ayato al verla entrar.- pero esto es ridículo.

- Si te disgusta, cabeza de menstruación, cierra los ojos.- le replicó ella con una sonrisa dulce poco que ver con su frase.

Kou estalló en carcajadas al escuchar el apodo que le había puesto al "ore-sama". Tsubasa detestaba que se auto llamase el señor del lugar cuando no llegaba ni a fregador de pisos. Al pensar en el tonto mayor de los trillizos, las luces empezaron a bajar y subir en la térmica.

- Tsubasa, buenos días.- remarcó Umiko al notar lo que estaba pasando.

Era todo culpa de la cercanía de la luna nueva. Detestaba esa condición de su raza, esa dependencia hacia la luz o las sombras de algún modo. Umiko puso un pancake en cada plato orillado por huevos revueltos y salchichas hasta llegar al plato de Subaru. Tsubasa se fijó en que el albino menor no apartaba los ojos de la monja frígida y Umiko también lo sabía. Un tenue rubor coronaba sus mejillas por ello, alentando de cierto modo al vampiro doblemente. Cuando su hermana volvió a pasar cerca suyo se rió y no pudo evitar comentar algo.

- Ohh, nee chan, ¿te apetece la salchicha del albino?

- Tengo un par en mi plato.- le contestó sin comprender hasta que ella movió las cejas sugestivamente.- Eres incorregible.

Laito entró justo con Natsumi hablando animadamente del algún tema y eso no le cayó bien. ¿Desde cuándo esos dos se llevaban bien? Al parecer no fue la única que desconfió de esa buena vibra porque al pasar por Shuu, este tironeó a la enana con los ojos cerrados hasta sentarla en su regazo.

- Shuu-san.- se sonrojó la dulce conejo de pies a cabeza.

- Hmmm... Dame el desayuno en mi boca, Usagi...

- ¿C-có-cómo te daré el café? - tartamudeó la joven apuntando el líquido negruzco.

Yui se vio sorprendida al ser atraída de la misma manera por Kanato que imitó torpemente a su hermano mayor.

- Tú también, Yui... Sé buena novia y sírveme.

La rubia miró a su inocente prima que también estaba descolocada escuchando los susurros de Shuu en su oído. La cara de Natsumi se volvió bordó de repente.

- ¿Lo harás? - sonrió Shuu altaneramente.

- P-p-p-p-por supuesto que no.- Natsumi se tapó la cara de la vergüenza.- ¡No voy a darte de boca a boca nada y menos servirte la comida en mi escote!

Tsubasa y Umiko estallaron de risa. Decirle eso a la enana... Ese pervertido era demasiado.

- Especialmente porque te decepcionarás, Shuu-san, cuando veas que es una tabla.- completó Tsubasa ganándose una mirada de muerte de Nat.

Laito sonrió al sentarse a su lado y notó como estaba su ropa.

- Juju... ¿Problemas para vestirte, Bitch-chan?

- Muchos.- ronroneó ella sintiendo su parte sombría flotar a la superficie.- Me gusta más el tema de desvestirme, y más cuando alguien me ayuda con eso.


Tic, toc. Tic, toc. Tsubasa ya no aguantaba más las fucking clases nocturnas. Así que hizo lo que mejor hacía... Explotar a la mierda todos los fusiles y cortar la luz del edificio. Los gritos resonaron en todo el edificio.

- Por favor, manténganse calmados y en su lugar hasta que nos digan lo que debemos hacer.- ordenó el profesor.

Tsubasa aprovechando la oscuridad se escabulló al aula de al lado. Se sentía mareada y sentía que iba a tener un ataque. Necesitaba alimentarse, necesitaba energía.

- Veo una gatita que huele a lujuria... Juju, Bitch-chan, realmente estás necesitada.- escuchó a Laito cerrar la puerta.

- Necesitada...- gimió pasando su mano por su pollera.- Eso... ni se acerca.

La pollera cayó al ser desabrochada y ella se inclinó hacia sobre los bancos de espalda a él. La tanga remarcaba su trasero perfecto. Laito se abalanzó sobre ella agarrando el hilo y subiéndolo hasta meterlo en sus pliegues. Tsubasa abrió las piernas moviendose para atrás dándole un panorama de su femineidad. Laito arrancó la camisa desnudando sus pechos y la pone boca arriba en los bancos. Las manos de Tsubasa volaron directo al pantalón apretando entre ellos el eje endurecido del vampiro.

- Dame...- ronroneó ella.- Todo lo que tengas, chupasangre.

Ella sentía poco a poco, con cada beso, que el fantasma de la luna nueva se debilitaba. Se aferró a la camisa de él y los pantalones del vampiro bajaron. Firme y duro, él rasgó la tanga de Tsubasa y se relamió.

- Ya estás húmeda, Bitch... Ah, déjame...

- Si, si, si.- gimió al sentir su miembro libre contra ella.

La lengua de Laito pasó por su cuello y cuando fue penetrándola, ella se fue relajando... Más, necesitaba todo. Todo en su interior quería drenar cada gramo de vitalidad. Una risita cortó el ambiente, sin contar el mambo... Tenía la suficiente energía para soportar unas semanas, pero seguía sintiendo la oscuridad. Vio la figura de Kou apoyado en la puerta con una risita felina.

- ¿Se divierten?

Tsubasa pasó sus uñas por la espalda de Laito con un ronroneo y miró al rubio provocativamente.

- ¿Eso que notó ahí son celos, Mukami? - se burló enseñando sus senos.- ¿Quieres unirte, rubito? Para mi tres no son multitud.

Ella vio el atontamiento de los dos y se largó a reír. Sus pies tocaron el piso frío y caminó hacia Kou como dios la trajo al mundo. Iba a disfrutar mucho esa noche, o eso pensó. Al pasar por una ventana vio su reflejo. Salvaje, indómito... Sus ojos rosados pálidos, el pelo brillante anaranjado. Su piel volvía a un tono rosado y no demasiado pálido. Pero sus uñas... Estaban enegrecidas y en formas de garras rizadas. Como un shyde... Un verdadero shyde.

Las ganas de vomitar se apoderaron de ella. Miró a Laito. ¿Estaba más pálido? ¿Parecía más opacado? El horror se apoderó de ella. ¿Cuánto habría absorbido de él? ¿Podría matar a un vampiro de esa forma?

- Yo... Yo...

Sus neuronas a penas conectaron para agarrar su ropa (o lo que quedaba de ella) y correr hacia el salón por hilo y aguja. Miró por la ventana en el momento en que solo una finísima luna en forma de uña reinaba en el cielo. Faltaba demasiado poco y necesitaba a sus hermanas. Necesitaba control en su vida... para no sucumbir a la tentación.


Todos estaban a punto de terminar de desayunar antes de meterse a la cama a dormir. Si algo tenía que agradeecer al cielo es que Akane y Umiko cocinaban bien, y ahora podía agradecer a Reiji también. Tsubasa vio una figura acercarse a la ventana desde las sombras. Todos sus sentidos se alertaron y debajo de su pollera sacó una navaja. Natsumi sintió su tensión y miró al mismo lugar. La oscuridad refugiaba al intruso que puso una mano sobre el vidrio.

- ¿Qué sucede? - preguntó Kou al verlas así.

Umiko dejó caer los platos del susto y Tsubasa estiró su látigo con la otra mano.

- No disparen.- dijo una voz algo ronca en tono de broma que pudo reconocer fácilmente.

La figura entró a la sala por la ventana. Harapos era una palabra suave para lo que Akane llevaba puesto... Era como un saco de papas metido arriba de su cuerpo. Su cara estaba algo oscura por la tierra y su pelo repleto de hojas y ramas. Es más, su pelo ya estaba sobre sus hombros cosa que Akane nunca permitía.

- Oh, mi Dios, Akane... ¡Te ves como la mierda!- dijo Tsubasa con el corazón a punto de salirse de su pecho de la adrenalina.

- Si me dieran un dolar cada vez que escucho eso, me podría comprar una casa, remodelarla cuatro veces y tener una play 4.

Su hermana trastabilló y Umiko la atajó antes que se estrellase contra el suelo. Estaba bastante débil luego de la luna llena. Sus pies estaban desacostumbrados a sostener todo el cuerpo.

- Con calma.

Akane sacudió su cabeza como tratando de reacomodar sus pensamientos. Por lo que sabía Aki nee detestaba parecer débil frente a vampiros. Asi que no debía estar pasándola bien. Menos cuando el cabeza de menstruación avanzó hacia ella.

- ¿Dónde estuviste?- preguntó Ayato alzándola sin cuidado.

Akane lo miró fastidiada por el interrogatorio pero para su sorpresa contestó.

- Una conocida tiene una casa en la ciudad.

- ¿ Humana? - parpadeó el Sakamaki anodadado que su hermana mayor no lo hubiese mandado freír churros lo cual implicaba que estaba más débil de lo que suponía.

- Exterminadora.- replicó como si con eso diera a entender todo.- Necesito hablar con todas...

Umiko negó con la cabeza y sacó el cabello que tapaba el rostro de la mayor.

- Necesitas descansar... Ayato, yo me encargo.

El vampiro le pasó a la chica con destreza y Umiko la llevó a su habitación. El silencio entre ellas nunca había sido un problema desde que se habían conocido a los 7 años. Pero a la líder de las exterminadores no se le solía escapar nada.

- ¿Vas a decir todo lo que pasó o vas a esperar a que termine sacándotelo a la fuerza?

- Tsubasa se ha alimentado.- informó la albina censurando una parte crucial.- Poco... pero lo hizo.

- Es decir que no lo mató.- suspiró aliviada.

Umiko la recostó en el colchón y Akane gimió adolorida. El regenerar y quebrar sus huesos para que cambiaran de forma la dejaba molida después de la semana de luna llena. Era endemoniadamente doloroso y exhaustivo.

- No creo que pudiese asesinarlo así absorviera hasta estar llena.- murmuró Umiko con desgano.

Las fichas fueron cayendo una a una para Akane... Los únicos que no morían si un shyde se alimentaba de ellos eran aquellos con regeneración casi instantánea. Akane se sentó de golpe pero le crujió hasta el último hueso de la columna y cayó de vuelta a la cama.

- ¿ Cuál de ellos?

- Laito.

Umiko se había dado cuenta casi al instante. La energía de Tsubasa era diferente cuando se alimentaba, y el objeto del cual sacaba su alimento se sentía algo cansado (o muerto).

- Deberíamos irnos.- susurró Akane peleando para no quedarse dormida.- Antes que sea demasiado tarde.

- ¿No lo es ya? - suspiró la otra al sentir la mirada dorada de su líder sobre ella.- Natsumi y Tsubasa... deberíamos haberlo previsto.

Akane reposó su antebrazo sobre su frente. Tenía que hacer algo, ellas seguían bajo juramento. Y hablando de eso...

- Satsujin Yuna, me la crucé en la semana.

- ¿Alguna noticia para nosotras?

- Hay un trabajo que ella no puede hacer porque se va de la ciudad... Y me pidió completarlo. La paga es buena...

Umiko asintió y la tapó con la frazada de plumas. Necesitaba recuperarse antes de volver al ruedo.

- Duerme, le informaré a las otras.- se dispuso a irse pero Akane la retuvo de la muñeca.

- Yo... Necesitamos irnos de aquí.

- Lo sé. Pero primero... descansa.


- ¿Dónde creen que van?

La voz de Kou resonó por toda la casa atrayendo a cada vampiro de la mansión a la puerta. Si hubiesen podido tener infartos, seguro que más de uno hubiera sucumbido.

- Lo mismo pregunto.- se cruzó de brazos Yuma al ver el short diminuto que traía NAtsumi junto con su típica campera-conejo.

Tsubasa llevaba una minifalda de jean y un corsé negro, a juego con esas botas altas de infarto. EN cambio Umiko vestía un vestido pegado color azul marino a penas cuatro dedos por debajo de su entrepierna. Akane no iba mejor. Su jean todo destrozado y su campera de cuero era la misma de siempre, de no ser porque solo llevaba un corpiño rojo sangre debajo de eso.

- Sé que la desesperación las lleva a prostituirse... PEro hasta podríamos prestarles dinero.- se rió Laito.

Tsubasa detuvo a Akane y a Umiko antes de que se le tirasen a la yugular al colorado cabeza de algas-menstruación.

- Faltaremos a la escuela, no nos esperen levantados.- les hizo fuck you Daiki.- Nos vamos a una misión que resulta ser en un bar.

- Van a ir a cazar.- se masajeó las sienes Ruki como si le disgustase la idea.- ¿Qué si salen lastimadas?

- Sin duda, vamos con uds.- declaró Reiji acomodándose los anteojos.

Akane iba a empezar a dar golpes a diestra y siniestra pero los ruegos silenciosos fueron más que eso. Se dio la vuelta resoplando directo a su moto.

- Bien, pero esto sin duda apesta a desastre.

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Al final, de todos Subaru, Ayato y Shuu fueron los únicos Sakamaki en unírse a las chicas en el auto junto a Kou y Ruki. Yuma de no ser por sus faltas se habría embarcado totalmente. En un auto iban Subaru, Umiko, Shu y Natsumi. EN el otro, Ayato, Raito, Kou, Ruki y Tsubasa bastante incómodos. De vez en cuando divisaban la moto de Akane con ella haciendo maniobras rápidas. Tsubasa no podía esperar a salir de ese maldito auto lleno de feromonas que le decían "cómeme" en todo sentido.

- Hay algo que siempre me he preguntado, Koneko-chan.- dijo seriamente Kou.- ¿Cómo se conocerion todas uds?

La atención volvía a ella y su parte mala crecía de a momentos. NAda mejor que una distracción para respirar un poco.

- Le preguntas a la persona equivocada, yo llegué de última. Seiji Komori me encontró vagando en los bosques cerca de una parroquia que un amigo dirigía. Por lo poco que sé Akane tenia 6 años cuando Seiji empezó a entrenarla. Para cuando yo la conocí, ya había cumplido los 8.

Ruki observó a la gente amontonada a la entrada de un edificio. Habían llegado pero Ayato parecía lo suficiente atrapado en la conversación.

- Entonces Akane tiene dos años de ventaja como exterminadora.

- Ajam. Y creo que cinco meses más que Natsumi, no estoy segura. No solemos halar mucho de ello.- continuó mientras se acercaban al otro coche.

De allí bajaron los que faltaban y Natsumi se adelantó a un gorila que custodiaba la entrada. El hombre los hizo pasar automáticamente y todos las siguieron dentro hasta una mesa.

- Neee, Mini Bitch.- llamó a Natsumi.- ¿Cuándo empezaste a ser exterminadora?

- A los cuatro años cuando me encontré con Seiji y Akane.- respondió la niña moviéndose al compás de la música.- Después de un año nos encontramos con Umiko y luego de otro año a Tsubasa.

- Todo muy lindo y lo que quieran.- bufó Ayato.- Pero, ¿qué esperamos?

- Akane está rastreando a la presa.- bostezó Umiko.- Hagan lo que quieran, no tardará mucho.

La albina se recostó en una esquina alejada de todos contra la pared. Natsumi y Tsubasa se miraron con una sonrisa malvada.

- ¿Piensas lo mismo que yo?

- B-A-I-L-E. deletreó Tsubasa moviendo sus caderas al ritmo.- Neee, Catboy, bello durmiente, ¿vienen?

- Paso.- dijo el rubio echándose a dormir.

Kou si aceptó ir con ellas y lo arrastraron a la pista de baile al sonido de Bangarang. Las caderas de ambas meneaban y se movían bastante bien, opacando muchas veces a otros. ¿Dónde estaba Natsumi a todo esto? Cierto rubio vampiro nacido no le había gustado verla tan alegre bailar entre tantos hombres así que la había arrastrado al medio de la pista donde todos estaban bailando y se perdían entre ellos. Ni bien paró de caminar la envolvió con sus brazos aprisionándola y mordiendo profundamente su cuello. Una punzada de placer la hizo perder el equilibrio pero él no la dejó caer. Gimió y por la música solo él puso oírla gruñendo complacido. Todos se movían en cámara lenta a su alrededor pero él se mantenía firme allí succionando cada gota de la sangre de Natsumi, deliciosa, cálida, dulce. Sus dedos acariciaron sobre el short la intimidad de la niña que respondió con más sonidos entrecortados de placer.

- Hmmm... Voy a grabarte, Natsumi, voy a hacerte tantas cosas... y vas a disfrutarlo tanto. ¿Sabes lo que haré con tus sonidos tan provocativos como los que haces ahora?

Ella negó aferrándose a él como si se le fuese la fuerza de todo el cuerpo. Se mordió el labio al notar sus dedos explorar por el costado de sus muslos hacia arriba.

- Voy a obligarte a escucharlos mientras vuelvo a cogerte duro hasta que todas tus hermanas se enteren lo que haríamos en tu cuarto.

El rubio se vio hipnotizado levemente por la pelinaranja que parecía embellecerse con cada día que pasaba. Se vio a si mismo agarrando su cintura y pegándola contra él. Los ojos de Tsubasa tenían un color más suave, no su habitual fucsia y ella sonrió sugestivamente.

- ¿Quieres jugar?

La mano de Kou viajó hacia su trasero y tomando de allí la alzó para arrastrarla hacia la oscuridad de las esquinas. Sus labios se juntaron de un golpe con necesidad, hambre. Tsubasa envolvió la cintura del chico con sus piernas y refregaba su entrada contra su pantalón. Kou sentía la ropa interior de Tsubasa con la pollera levantada y lo volvía loco. Necesitaba alimentarse, necesitaba... que él se excitara, que él le diera todo lo que ella pudiese tomar. Pero esa sensación se vio opacada...

Al alzar la mirada en un gemido que la poseyó, se encontró con la mirada imperturbable de Akane entre las vigas. Su estómago se encogió cuando ella le indicó con la cabeza que la siguiese y Tsubasa la apartó. Notaba en la mirada de Kou que con simples besos, ya le había quitado parte de su energía vital, y que el chico estaba confundido de por qué ella se alejaba.

- Eres una sanguijuela.- explicó mordiéndose el labio inferior.- Y yo... Eres mi presa, no mi amante.

Dicho eso, se mezclo entre la gente hasta que un golpe seco nubló su vista.

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Akane percibió el rastro de sangre. No cualquier sangre... La de Natsumi. Llegó con Umiko echando fuego hasta por las orejas. Ayato, Subaru y Ruki dieron un paso atras al verla de ese humor.

- Umiko, encuentra a Natsumi. Voy tras ese maldito sola.

- ¿Qué sucedió? - preguntó su hermana confundida al igual que los otros tres vampiros.

Los ojos de Akane se encendieron mirando a los entrometidos.

- Ellos es lo que pasó...

Se dio media vuelta y corrió tratando de encontrar de nuevo el aroma del demonio que habían ido a cazar. Su olfato le jugó una mala pasada. No, su nariz nunca se confundía. Tsubasa... Siguió hasta un callejón contiguo donde encontró al vampiro desnudando el cuello de su hermana. Apuntó con el arma pero otra sombra cayó sobre ella alertando al vampiro. Con un movimiento pudo quitárselo de encima y clavarlo la hoja de plata en el corazón. Antes que el segundo pudiese huir, ella sacó su revolver y disparó. Justo en la nuca del vampiro. Ella se acercó y lo decapitó pateando la cabeza calle abajo.

Definitivamente no era su noche.


La puerta de la sala de té se cerró de un portazo con las exterminadoras dentro y todos ellos dejados de lado. La noche no había sido un éxito precisamente... Y cierta comandante estaba tan caliente como una pava por ello y a punto de aniquilarlos a todos.

- ¡¿En qué mierda estabas pensando?! ¡¿Es que todas quieren morir?!

Akane bullía de furia. Todavía no se recomponía de los efectos de la luna llena. Natsumi solo se empequeñecía ante su presencia. Tsubasa no le temía a Akane pero algo de verguenza flotaba en su interior por haber sido agarrada in fraganti. A pesar de ello, decidió enfrentarla. Raito y Kou no eran tan malos cuando los conocías. No todos los demonios eran malos. No todos los monstruos debían ser eliminados.

- Nee, Natsumi ya es grande y no necesita niñera, tal como Daiki-hime.- finalizó apuntándose a ella misma.

- No nos metas a todas en la misma bolsa.- puso Umiko los brazos en jarra.- Yo si estoy preocupada por esta situación.

Akane se acercó al ventanal mordiéndose el pulgar y arrancándose la piel seca. Había sido muy descuidada al pensar que sus hermanas eran los suficientemente maduras como para coexistir con los descendientes de Tougo sin involucrarse.

- Aka-nee, no pensé...- comenzó Natsumi al borde del llanto.

- ¡Si! Ese es el problema. No pensaste.- su voz se elevó varios tonos y no le importó si los vampiros la oían. Mejor si lo hacían.- O si lo hiciste, pero no lo que deberías, Natsumi Tamiko. ¿Piensas que alguno de ellos se preocupa por tí? ¿Qué lo hacen por cariño o hasta deseo?

Vio por la expresión de la menor que sintió ese comentario como un golpe bajo, pero la líder no iba a detenerse. Ellas debían comprender. Por mucho que ella también lo viese... Ellos seguían siendo el enemigo. Agarró la muñeca de Natsumi indicándole la nueva mordida de Sakamaki Shuu.

- Lo único para lo que les sirves, es para esto y nunca va a cambiar.

- ¡Urusai! No los conoces como yo... Ellos... Ellos...

- Carrot-chan, calmate, Akane solo...

La enana se giró a la segunda en edad bruscamente. Seguramente los vampiros escucharían todo pero ya no importaba. ¿Qué importaba ya si todo se había ido al diablo?

- ¿No los quieres? ¿Kou y Raito no te caen bien, Tsubasa?- le recriminó Natsumi con un dedo.

- Eso no debería nublar tu juicio.- salió en defensa Umiko.- Bajaste las defensas y permitiste que te mordiesen. ¡Repetidas veces!

El grito desesperado de Natsumi las calló a todas y desde el cielo un rayo cayó a tierra lejanamente. Chispas anaranjadas salían de los dedos de Natsumi por la furia y el descontrol.

- ¡Son todas iguales! - empujó a Tsubasa para salir y abrió la puerta.- ¡Si sigues así Akane, vas a quedarte sola! ¡Sola como cuando nos conocimos!

Akane no se inmutó como si esperase a que Natsumi terminase de hablar.

- Oh, cierto.- dijo sarcásticamente la menor.- ¡No te importa! Porque tú no confías en nadie, no sientes nada. ¡No tienes corazón!

El portazo que dio hizo vibrar el cuarto. Tsubasa se giró a la mayor entre ellas. A pesar de que Akane era muy buena escondiendo sus emociones, esta vez le fue muy fácil leer a su hermana. El dolor... La confusión...

- Aki-nee.- se acercó a ella ofreciendo su apoyo.

- Dejenla.- ordenó Akane sentándose en el divan contra la ventana.- Realmente ahora no puedo lidiar con esto.

Ruki le había informado que una carta había llegado para ella explícitamente a esta dirección. Lo cual podría indicar problemas. Fue a la mesa y encontró la carta apoyada allí. El remitente era anónimo y ella abrió el sobre intrigada. Había 15 tickets a un hotel de lujo junto al mar. 15 exactos como para cada ser en esa casa junto con una simple nota. Ella se atragantó al ver la letra, y un escalofríos recorrió al ver la firma.

"Me intriga saber cómo se desarrollarán los acontecimientos entre uds, exterminadoras. Considérelo un gesto de buena fe y disfruten de este regalo.

Con intriga,

Tougo Sakamaki.

PD: Sería de muy mal gusto hacerme gastar mi dinero de forma inservible."

- ¿Qué significa esto?- dijo horrorizada Tsubasa sobre su hombro.

- Sabe que estamos aquí.- se mordió el labio Umiko.

- Y en otras palabras,- siseó Akane.- no tenemos más opción que ir a este ofrecimiento.

Abrió las puertas de par en par y les mostró los tickets a los vampiros con poco agrado.

- ¿Qué es eso? - se acomodó Reiji los anteojos.

Los ojos de todos estaban fijos en sus manos y en el sobre que mantenía la morocha.

- Su padre... quiere que nos vayamos de vacaciones todos juntos. Preparen sus maletas sanguijuelas.

Entonces el grito unido de todos resonó por la casa:

- ¡¿Qué?!