Escribí esta historia hace tiempo atrás y es la respuesta a un reto llamado Delicias Nocturnas. Algunas historias contienen temas adultos y yaoi/slash. Si no te gustan este tipo de temas por favor regresa a la pantalla anterior y todos contentos. No me hago responsable por daños y prejuicios.

Advertencias: Ninguno de los personajes me pertenece, solamente estoy escribiendo una historia de mi propia imaginación con los personajes del fandom Death Note.

Esta historia tiene la categoría M por una razón, temas adultos y algo de lemon. Una vez más si no te agrada este contenido por favor retírate y todos contentos.

Décima noche.


Al final de cuentas siempre terminaban haciéndolo. Se habían prometido en silencio dejar de buscarse en la oscuridad, cuando la luz natural abandonaba la tierra, una y otra vez. Promesas de cartón, de papel, de mentira.

Algo extraño traía la noche y su manto oscuro. En el ambiente, en el sonido de los grillos del jardín, en el fresco perfume de los árboles colándose por las ventanas. Algo que de pronto les ponía la sangre a hervir y sentían en silencio como les quemaba en las venas.

Pronto descubrieron el mejor remedio para quitarse esa sensación de ansiedad. Fue un descubrimiento casual, involuntario. Cuando intentaba hacerle más daño, descubrió la manera de hacerse sentir bien.

Al apretar sus mechones descoloridos entre sus dedos, al sentir como sus muslos se escurrían sobre sus caderas. Cuando los ojos de Near empezaron a encenderse como velas y su boca a derretirse en cuanto empezó a frotarse contra su cuerpo. Aún sujetándole el cabello, como parte del rito que profesaban apenas tenía que encenderse la luz artificial en el resto de la ciudad.

Near cobraba la apariencia de una vela derretida. Su piel de cera, derramándose, cubriéndose con gotitas de sudor, mientras que otras de distinta procedencia caían rodeando su ombligo. Mello jugaba con ellas dibujando con la yema de sus dedos algunas letras.

Era cuando lo miraba, cuando deseaba apretarle más los ricitos que se esparcían por el suelo. Contarlos uno por uno y retorcerlos con sus manos.

Pero se levantaba del suelo pesadamente, con ganas de volver a sus pijamas y al confort de su cama. Esperaba con la paciencia que no tenía a que la otra mitad de la situación hiciera lo propio. Se iba colocando la ropa mientras que Near miraba las musarañas esperando que la piel se le secara por si sola.

Le provocaba más que nunca jalarle los cabellos de nuevo, colocarlo sobre el suelo y torcerle los mechones. Era culpa de ellos, después de todo.

Xxx

Matt no decía nada, nunca diría nada en su contra. Si lo hacía le rompería la boca. Lo veía salir cada noche que de pronto no podía conciliar el sueño. No tenía que explicarle a donde iba, aunque sabía que su compañero de cuarto no dormía y lo miraba a oscuras alejarse para ir a hundirse en un mar de rizos.

Lo tomaba entre sus brazos y hundía su rostro sobre su cabello claro. La primera vez que lo vio le pareció que era un algodón con cara. Hundido sobre la cama donde lo dejaron cuando Roger lo llevo al Hogar. Casi si desaparecía sobre las almohadas. Si no hubiera movido los dedos para ensortijarse más el cabello, hubiera pensado que era parte del decorado. De aquella vez habían pasado los años, pero el deseo de apretarlo contra su cuerpo no se había desvanecido.

Near dejaba a Mello en libertad sobre su cuerpo. Dejaba que lo rodeara con sus brazos y lo usara como juguete. Abrazando su cintura, rodeando también sus brazos, lamiendo el pedacito de piel entre su oreja y el inicio de sus cabellos. La ropa se les iba desprendiendo en el proceso. Mello lo desvestía como a sus chocolates, arrancando la envoltura con sus dientes. La respiración se le iba en jadeos, la piel se le cubría de gotitas de nuevo.

Mello lo dejaba escurrirse en el suelo, dejando que su cabeza reposar sobre sus muslos. Los iba separando despacio, dejando que Near se coloque entre ellos, buscando de nuevo sus cabellos sedosos, dejando que se hunda sobre su cuerpo.

En principio tímidamente, como si no lo hubiera hecho antes. Despacio, acariciando con la lengua, lentamente. Como probando el terreno, como si no lo conociera a la perfección. Near dejaba correr sus dedos sobre los muslos del rubio, los dejaba temblar.

Nada que no hubieran hecho antes.

Antes parecía tan lejano, tan irreal. Cada vez era como la primera, con la misma sensación que no podían describir.

Mientras la noche avanzaba, los labios de Near se volvían más expertos, más envolventes. Las manos de Mello avanzaban sobre su pecho, subían sobre su garganta y volvían a su lugar favorito, al nido de rizos plateados. Era la luna, el efecto de la luna sobre su cabello, sobre su rostro, sobre su boca entreabierta.

Jadeaba despacito. No le costó demasiado trabajo descubrir que Near podía jadear como un animalito. Fue importante descubrirlo, pero mejor era disfrutarlo. Escuchar como se ahogaba besando su garganta, al sentir su propio cuerpo hundirse en el de él. Como si de pronto fueran a fundirse en un solo pedazo de mundo.

De pronto el espacio no existía, el tiempo, la noche.

Todo desaparecía por un breve instante.

Silencio. Luego todo era silencio, apenas interrumpido por el ritmo agitado de sus respiraciones. Tratando de volver a la realidad luego de haber pisado el cielo.

Near volvía a su envoltura, a su apariencia de algodón. Mello volvía a unirse a la negra noche, a sus mechones desordenados, tratando de acomodarlos con sus manos.

Y regresaba la vieja normalidad. Ya era hora de volver a la cama.

Xxx

Fue una sorpresa, sin duda. Matt nunca actuaba de ese modo. No lo había visto venir, de pronto apareció frente a él bloqueando la puerta.

En silencio, Matt también podía expresarse en silencio.

Sus ojos, lo miraba fijamente, tanto que de pronto le fue difícil mantenerlos unidos.

Le iba a preguntar que quería, que es lo que pretendía al ponerse de pie contra la puerta, impedirle el paso de esa manera. Matt le leyó la mente y al hacerlo ignoró por completo lo que encontró escrito en ella.

Lo besó, tímidamente. Un besito chiquito, en los labios, como una niña besa a su madre en las mejillas antes de irse a dormir. Devolvió sus ojos al rubio, como esperando una respuesta. ¿Acaso quería caricias en la cabeza como a un perro que aprendió un truco nuevo?

En ese momento le pudo decir mil cosas, como también pudo haberle roto los labios de un golpe. No, era mejor hacerlo mordiéndolos. Muy suaves, delgados, nuevos.

Matt se dejó besar como una muñeca en sus manos. Como una niña a la que le dan una muñeca y explora su cuerpo de tela al vestirla y desvestirla. Se dejó tocar más de lo que hubiera esperado. Sabía que siendo quien era no le iba a negar nada. Matt no sabía decir que no, como si hubiera nacido con esa palabra omitida de su vocabulario. Como esperaba no iba a negarse a que deshiciera los botones de su camisa de pijama, despacio, a un ritmo lento, lo suficiente para que empezara a hacerse más pesada su respiración. No se opuso tampoco a que liberara sus caderas de la envoltura de tela que los separaba de la piel de Mello, no evitó que depositara sus dedos y los dejara correr libres hacia donde cambiaba de nombre su espalda.

Se dejaba tocar como un terreno baldío, deseoso de ser habitado. Los labios del rubio invadían, recorrían y conquistaban territorio. Sus manos imponían movimiento.

Temblaba ligeramente cuando su cuerpo rozó el suelo frío. Cuando el cuerpo del rubio hizo que el suyo cediera y terminara mirando al techo. El temblor se hizo más potente y se concentró en sus labios. Los movía ansioso de besos.

Mello alcanzaba a percibir el rubor en sus mejillas repletas de calor. Empezaban a colmar el ambiente gemidos y jadeos al ritmo de mantras. Sintiéndose en confort buscó las ondas que tanto le gustaba acariciar mientras se preparaba para el acto siguiente.

No las encontró. Sólo un mar en calma, liso y rojo sin novedad, sin rizos, sin mechones que invitaban a que los tuerzas.

Nada…

El cuerpo de Matt sobre el suelo, esperando. Fue así como quedó. Mello se levantó de sobre él desorientado. De pronto se había despertado de un sueño a la realidad, a darse cuenta que quien estaba bajo su cuerpo carecía de la palidez de la luna llena. No era lo mismo, le hacía falta ese cabello ensortijado, esos ojos entreabiertos que brillaban como luciérnagas.

Se le hizo difícil respirar.

De pronto era difícil hasta el hecho de existir.

Abandonó la habitación desnudo. No necesitaba la ropa, la abandonó como hizo con el sentido de realidad. No lo necesitaba más, de pronto no era algo necesario para subsistir. Lo que necesitaba sin duda estaba esperándolo al final del pasillo oscuro, como cada noche del pacto silencioso.

Como una droga…

Se dirigió al baño, Matt lo pudo escuchar llevando sus pasos hacia ese lugar. Aún temblando recogió del suelo lo que le hacía falta y regresó a su cama.

Y no pudo dejar de temblar, no era frío el motivo, era Mello.

Xxx

No le hablaba, ni siquiera se quedaba junto a él por más de cinco segundos seguidos. Nunca antes pensó que algo así pudiera llegar a pasar. Matt trataba de evitarlo a toda costa. Ya empezaban a sospechar. Algo de malo había tenido que suceder. Roger no dejó de preguntar, no iba a pasar desapercibido el hecho insólito de Matt huyendo del rubio, como el diablo de la cruz.

Algo había tenido que suceder. Así que era mejor hablar al respecto.

Roger se cansó de preguntarle a Matt, de esperar el acto de contrición de Mello, que siempre tardaba en llegar. Pero esta ocasión era diferente, la docilidad de Matt se había esfumado, no podía convencerlo de que le contara lo sucedido, sin duda su fidelidad hacia el rubio era más fuerte que el motivo que lo hacía huir de él

No entendía, pero no se rindió. Abrió una posibilidad. Cuando estés listo para hablar ven a buscarme Matt. Le acariciaba el cabello también, no como lo habría hecho el rubio a aquellas ondas que tanto necesitaba.

Roger seguía preocupado por Matt, pero Mello no lo iba a perseguir de todos modos. Pero tenía que admitirlo, la vida sin Matt era miserable. Si le hacía falta durante el día, de noche la historia se repetía hasta alcanzar niveles insoportables.

Al llegar la décima noche después de lo ocurrido lo vio levantarse de la cama sin decir una palabra. Se dirigió a la puerta y la abrió tan despacio que parecía que se iba a quedar quieto en el proceso, casi le estaba pidiendo permiso para abrirla. Mello se quitó los mechones del rostro oculto bajo las cobijas, no estaba durmiendo de todos modos, no tenía sueño.

Ver a Matt abandonar la habitación copiando sus viejos hábitos era demasiado. Escuchar sus pasos perderse en el pasillo, fue lo último que toleró.

Era demasiado.

Abandonó la cama sin esperar más tiempo.

Tiempo, sólo durante la noche podía disfrutar de verdad la duración del tiempo.

La puerta cerrada al final del camino, estaba seguro que Matt había tomado ese pasillo. Ahora estaba seguro de quien estaba detrás de todo eso.

No era necesario que la abriera para darse cuenta de lo que estaba pasando. Era lógico su modo de actuar, de mover las piezas a su conveniencia. Su silencio insoportable, su manera de ignorar al resto del mundo.

Era de esperarse…

Los cabellos lisos de Matt expandidos sobre sus muslos tiernos, como una mascota dejándose acariciar por la mano que lo alimenta. La otra mano retorciendo los rizos que tanto deseaba estrujar hasta arrancarlos. Le dirigieron ambos una mirada curiosa al verlo llegar. Como si no lo estuvieran esperando. Matt dejó de mirarlo y cerró los ojos. Parecía que en cualquier momento iba a empezar a ronronear.

En la oscuridad.

Esa iba a ser la noche en la que iba a torcerle los mechones a Near, como compensación por no tener el valor de hacer lo mismo con su cuello. Deseaba hacerlo, muy en el fondo al no ser capaz de anticipar sus movimientos.

Igual lo llenaría ese cuello de besos mientras empezaban a jugar según sus reglas.

Near ya había empezado a mover las piezas. Sus ojos lo invitaban a acercarse, sin necesidad de mirarlo, sus labios entreabiertos eran la más grande provocación sobre la tierra.

Sin darse cuenta empezaron sus pies a moverse, como si estuvieran tirando de ellas. Despacio, movimientos pausados, gráciles hasta llegar a ellos.

Matt se hizo a un lado cuando Mello entró en contacto con ambos. El rubio unió sus labios con los de Near y este echó los ojos a un lado. Era la primera vez de tantas, como siempre la misma sensación de la vez primera. Besándolo como nunca antes, apretándolo con ganas de retenerlo para si mismo, de ser egoísta, de no compartirlo con nadie.

Retenerlo para él solo.

Lamiendo sus labios como si estuvieran cubiertos de azúcar, saboreando su vientre como si estuviera bañado en chocolate blanco, olvidándose de que el resto del mundo existía.

Near sobre el suelo. Entibiándolo con su cuerpo, estirando sus piernas, ladeando la cabeza. Preparando sus caderas, elevándolas ligeramente, dejando que Mello se acomode.

Que se mueva entre sus piernas esparcidas.

Los mechones de nuevo, como olas mientras se sacudía cuando el rubio entraba en su cuerpo. Sus labios separados, sus piernas a los lados de sus hombros chorreándose y volviendo a su posición... tambaleándose como barcos en el océano.

Y Matt jugaba con su piel, sin perturbar el movimiento, lamiendo las gotas de sudor que le pertenecían a él. Mordiendo su nuca, enredando sus mechones rubios con la lengua, avanzando hacia su garganta. Sus manos rodeaban su cintura, deslizándose como en una misión suicida, muy cautelosas. Encontraron lo que buscaban y los dedos de Matt empezaron a frotar el vientre de Mello y aquello que se estrellaba, duro, cerca de su ombligo cada vez que el rubio embestía con más intensidad.

Podían escuchar el coro que formaban sus voces a dúo, sonaban bien juntas. Matt le mordía la espalda contando los huesos de su columna, escuchando los sonidos que escapaban de la garganta del rubio. Near casi ni respiraba, se iba en gemidos ahogados, Matt se unió a la sonata unos segundos después, cuando consiguió lo que buscaba, encontrar confort sobre los mechones rubios de Mello y su espalda inmaculada. En el proceso logró empujarlo sobre el cuerpo pálido de Near provocando que se hundiera mucho más en él. De un solo golpe cesaron los gemidos.

Fue un momentito silencioso y respiración contenida, luego Mello lo arruinó casi aullando para terminar hiriéndose los labios en un intento de reprimirse de gritar como loco. Near abrió los ojos enormes cuando sintió su cuerpo abrirse un poco más de lo esperado. Gimió también, pero pudo esconderlo en el gemido de Mello.

El cielo.

La noche, las estrellas, el océano, las olas…

Mello navegaba a un ritmo pausado sobre espuma blanca, sintiendo como si cerraba los ojos la realidad se volvía transparente. Y los cerró apretando los rizos de Near, que lo alejaban del mundo, lo subían a una nube y lo llevaban derechito al paraíso.

Mientras Matt le mordía la nuca antes de entrar en él.

Fue demasiado… Para una sola persona, para un solo cuerpo, para una sola vez... Mientras apretaba sus caderas para ejercer presión y no dejarse llevar por la que emitía Matt sobre él. Para no dejarlo ir. Fue tan intenso que pudo trasmitírselo a Near al aumentar el ritmo que había cobrado en ese momento.

Se lo dejó marcado sobre su piel, con la yema de sus dedos como pincel.

Era una mezcla rara, extraña, deliciosa. Como el chocolate y las pasas, lo duro del chocolate y lo blando y jugoso de las pasas… Como la sal y el azúcar juntas en una sola sensación.

Dolor y placer. Y más placer envolviéndolo todo a su paso. Dejando que su voz salga libre, sin retenerla más dentro de su garganta.

Matt y Near envolviéndolo con sus cuerpos. Encerrándolo en esa sensación maravillosa pero cruelmente corta, en la que nada más existe y el tiempo se detiene por un breve momento. La pequeña muerte y los tres pudieron compartirla como si fuera una.

Llegaron entonces…

A donde querían llegar… Al cielo, Matt fue el primero, señalando el sendero para luego colapsar sobre la superficie húmeda de Mello. El rubio lo siguió, apretando los dientes, los rizos entre sus dedos, encorvado, mordiendo los labios a los que estaba atado su cuerpo.

Near fue el siguiente, cerró los ojos sintiendo el abandono delicioso que sigue a la culminación del momento.

Delicioso.

Sobre el suelo, peleando por absorber aire en sus pulmones, tratando de contener los latidos que les reventaban el pecho. Quietos, para estirar el momento, la calidez que los envolvía, tibia y húmeda.

Matt colapsó sobre Mello con las rodillas hechas polvo. Aún moviendo sus manos sobre el sudor de ambos debajo suyo. Sus dedos tropezaron con otro tipo de humedad empozada entre Near y Mello.

El rubio se repuso entonces, luego de morder una vez más los labios hinchados de Near. Obligó a Matt a levantarse, casi sin voluntad de hacerlo.

Una noche experimental… Aunque tenían ganas de más, no lo decían.

Era mejor quedarse en silencio, en la aburrida normalidad, para esperar con más ansias la tregua. Mañana volverían a pelear ante los ojos de todos.

Y a esperar que llegue una noche más.

Una noche de tantas, en las que a Near se le antojaba jugar. No necesitaba juguetes para ello, los tenía a ellos. Diversión con carne y hueso. Sólo necesitaba mover las piezas correctamente.

Mañana sería otro día. Alguna estrategia nueva para que las horas pasen más rápido y se vaya la luz natural. Que llegue la hora en la que es necesaria la luz artificial, aunque disfrutaban más absoluta oscuridad. Donde pudieran buscarse con los labios, donde puedan sentirse con la piel.

Donde Mello pueda contener las olas del mal en sus manos y retenerlas aunque sea por una noche entera.