¡Buenas a todos! Como lo prometido es deuda, aquí llega el capítulo 10 (el 10, madre mía...) con un día muy especial para nuestros science babies. Le he dado mil vueltas a cómo escribirlo, porque no quería escribir demasiado ni quedarme corta, así que he ido añadiendo más y más escenas al boceto original. Espero que os guste.

Nada de esto me pertenece, es propiedad de ABC y Marvel.

Dicho esto, disfrutad leyendo.


Estaba muy nerviosa, más de lo que había estado en toda su vida.

Más nerviosa incluso que el día en el que tuvo que exponer su tesis delante de un tribunal para conseguir el doctorado.

De pequeña, Jemma nunca había sido del tipo de niñas que sueñan con el día en el que se vistan de blanco con un ramo de flores en mano y anden hacia los brazos de su príncipe azul, pero ahora solo de pensarlo, se ponía a temblar como un flan.

Sabía que no tenía por qué estar así, todo estaba preparado. Todo saldría bien, ella sólo tenía que preocuparse de estar feliz, era su gran día. El día en que por fin iba a casarse con el hombre de sus sueños, su amigo, su compañero, el padre de su hijo.

Todo el equipo estaba revolucionado aquel día, sabían que tenía que salir todo perfecto. FitzSimmons se lo merecían. Y no solo ellos, todos se merecían un poco de felicidad después de tanta desgracia, algo que les recordase que merecía la pena seguir luchando, que siempre había luz al final del túnel.

- ¡Buenos días, futura señora FitzSimmons! - exclamó Skye con una sonrisa aquella mañana asomándose a su puerta bien temprano.

- Buenos días - la saludó Jemma con un bostezo desde la cama, haciendo un gesto para que su amiga pasase a la habitación.

- ¡Mueve el culo, Jemma! - ordenó Skye corriendo las cortinas para que la luz entrase de lleno en la habitación, tirando de la sábana para hacer que su amiga se levantase - No querrás llegar tarde a tu boda.

- Ya voy, no me estreses, Skye - protestó Jemma incorporándose poco a poco. Se frotó los ojos para espabilarse y se puso en marcha, había mucho por hacer.

Después de darse una relajada ducha tocaba arreglarse. Y como dama de honor, Skye se había encargado de todo.

- ¿Estás nerviosa? - le preguntó mientras la cepillaba el pelo con cariño.

La novia asintió ligeramente.

- Todo va a salir genial, ya verás - suspiró emocionada. Skye nunca había tenido familia y tampoco demasiados amigos de verdad, así que nunca había asistido a una boda como tal - ¿Te pasa algo? - preguntó mientras terminaba de recogerle el pelo. Su amiga parecía más distraída de lo normal, algo extraño teniendo en cuenta del día que era.

- Es que hay algo que no le he contado a Fitz - confesó - No es importante, bueno sí, pero con lo liados que hemos estado con-

- Conmigo - completó Skye sin dejarle tiempo a terminar. Era perfectamente consciente de que los planes de la boda se habían ido posponiendo más y más en espera a que ella se sintiera segura y controlase los nuevos poderes.

- No. Vale, puede que sí - rectificó. Lo que decía la hacker era verdad, pero a ella no le había importado lo más mínimo esperar por su amiga - El caso es que no he encontrado el momento para decirle que-

- ¡Estás embarazada! - saltó Skye riendo sin dejarla acabar - Vaya pues no lo habría imaginado, ¿eh? - dijo con ironía separándose unos metros de ella para comprobar por última vez el aspecto final de la novia. Sonrío con aprobación - Aunque entre tú y yo... - dijo muy bajito acercándose de nuevo a Jemma, como si le fuera a confesar un secreto - La tripa de casi ocho meses te delata...

- ¡Skye! - exclamó Jemma soltando una carcajada. Realmente Skye encontraba todo momento digno de una broma, algo que había echado de menos desde la muerte de Trip. Todos habían agradecido recuperar a la jovial Skye.

- ¿Qué es, pues? - preguntó intrigada.

- Ya se el sexo del bebé - confesó Jemma sin poder ocultar una sonrisa.

- ¡¿Quééé?! ¡Jemma, es genial! - exclamó Skye incrédula. El sexo del bebé de FitzSimmons había sido un misterio para el equipo durante los últimos meses y se alegraba de que la madre por fin se hubiera decidido a averiguarlo. Había tanta expectación por saberlo que hasta habían hecho apuestas: Coulson, Mack y Bobbi opinaban que sería niño, mientras que May, Hunter y Skye opinaban que sería niña - ¿Y?

- Oh, no puedo decírtelo - negó la científica - Primero se lo tengo que decir a Fitz.

- Jemma Simmons - dijo Skye lo más seria que pudo - Juro por la tumba de mi gato Bigotitos que no se lo diré a nadie.

- Ni hablar, es el padre, se merece saberlo primero - argumentó ella intentando contener una carcajada. No pensaba ceder, su futuro marido tendría que ser el primero en saberlo. O bueno, para cuando pudiera contárselo ya serían marido y mujer - En cuanto él lo sepa, te lo cuento.

- Por favor - le suplicó Skye una última vez - Prometo que-

El sonido de la puerta interrumpió su intento de sacarle la información confidencial a su amiga. La puerta se abrió y Coulson entró a la habitación, vestido con un elegante traje y un ramo de flores en la mano.

- ¿Está lista la novia? - preguntó mirando a sus agentes - Wow, estáis preciosas chicas.

Ambas mujeres asintieron, sonriendo ante el cumplido.

- ¿Y ese ramo? - preguntó Skye mirando al precioso ramo que sostenía Coulson, con flores de todas las formas y colores que desprendían un olor delicioso - No sabía yo que tenías tan buen gusto.

- Es para la novia, por supuesto - respondió Coulson ofreciéndole el ramo a Jemma, que lo aceptó encantada - Y no, no tengo buen gusto, las ha elegido May - confesó - Bueno, ¿nos vamos? No querrás dejar plantado al novio, me he cruzado con él y el pobre está hecho un manojo de nervios.

Jemma negó con la cabeza, emocionada por lo cerca que estaba el momento que tanto llevaba esperando.

- Gracias, señor - le dijo antes de salir del cuarto - Por aceptar ser nuestro padrino.

- El honor es mío, Jemma - confesó él con sinceridad. Cuando Fitz le había pedido si podía ocupar el lugar del padrino en la boda, casi no cabía en sí de la emoción - Y por favor, hoy nada de "señor". Es tu boda y soy tu padrino.

- Trato hecho - aceptó ella, tomando el brazo de Coulson y encaminándose hacia su nueva vida.

Iba a casarse.


Cuando la puerta se abrió, el corazón de Fitz latía con tanta brusquedad que pensó que moriría allí mismo si no se relajaba. Se armó de valor y echando un último vistazo a sus sudorosas manos, levantó la mirada. Y entonces la vio.

Era imposible no verla, eclipsaba a todo el mundo a su al rededor. Brillaba como el sol en un día de verano y a su vez era tan pura como la luna llena.

Agarrada del brazo de Coulson, se dirigía despacio hacia el altar, como si caminase sobre las nubes.

Fitz intentó captar todo, cada detalle, por pequeño que fuera.

Llevaba el pelo semirrecogido, le había crecido muy rápido desde que volvió de Hydra y aunque no lo llevaba tan largo como solía, las ondas de pelo castaño le caían por los hombros. Hombros que estaban desnudos, pues el vestido blanco que llevaba era de palabra de honor, dejando al descubierto una porción de piel clara, suave como la porcelana. Se le ceñía debajo del pecho, para caer en cascada desde su vientre hasta el suelo, lo que realzaba su figura. No se había molestado en ocultar su avanzado embarazo, y aquello emocionó aún más a Fitz, que se sentía incapaz de apartar la vista.

Cuando estaba tan solo a unos metros, Jemma le sonrió, y él le sonrió de vuelta.

Coulson le dio a la novia un beso en la mejlla y la dejó frente a él. Fitz estiró un brazo y alcanzó su mano, atrayéndola despacio a su lado.

Se quedaron así el resto de la ceremonia, hasta que llegó el momento de los votos. Fitz dio gracias porque fuera primero Jemma, estaba tan nervioso que sabía que temblaría y se había prometido a sí mismo decirlo todo sin tartamudear.

- Leo, desde el momento en que te conocí, mi vida se volvió extraordinaria - empezó Jemma mirándole a los ojos - Me enseñaste a ser mejor, a desear las aventuras del mañana y a no temer lo que pudiera pasarme si estaba junto a ti. Cuando yo flaqueaba tu fuiste fuerte - afirmó apretando con fuerza su mano - Te quiero, Leopold Fitz, y quiero vivir mi vida en el calor de tu sonrisa y la fuerza de tu abrazo. Te prometo que te querré, seré tu amiga, tu compañera, tanto en el laboratorio como en la vida. Por y para siempre.

A pesar de la seriedad del momento, Fitz no pudo evitar sonreír. Era su turno, así que tomó aire y comenzó.

- Jemma, durante los años que llevamos juntos me has enseñado más sobre mí mismo de lo que nunca imaginé. Desde que te conocí jamás he estado solo y deseo que sea siempre así - aseguró. Paró un momento para tranquilizarse y halló en los ojos de Jemma la calma que necesitaba - Eres la primera persona que quiero ver cada mañana y la última cada noche al cerrar los ojos, Jemma Simmons. No ha sido fácil llegar hasta aquí - afirmó, llevando las manos de ambos inconscientemente hacia el vientre de ella y rozándolo con las yemas de los dedos - Pero lo hemos hecho juntos. Te quiero, y lo haré el resto de mi vida hasta que la muerte nos separe.

- Por el poder que me ha sido concedido, yo os declaro marido y mujer - anunció el oficiante - Puedes besar a la novia - añadió mirando a Fitz.

Y sin dudarlo, la besó. La besó con cariño y ternura, pero también con fuerza y pasión. La besó porque era su mujer, y él su marido, y así sería durante el resto de sus vidas.


- ¿Alguna vez pensaste que acabaríamos así? - le preguntó Jemma mientras bailaban lentamente al son de la música.

Fitz se había negado a bailar en un primer momento pero una Jemma embarazada era una Jemma muy persuasiva. Al final no le quedó otra opción que aceptar y ahora los dos se mecían, apoyados en el otro, abstraídos por completo del resto del mundo.

- Desde el primer día - confesó él - Aunque, sinceramente, no pensaba que acabara consiguiéndolo.

- ¿Desde el primer día? - preguntó ella irónicamente - Es imposible.

- Ocho de septiembre de 2005 - comenzó Fitz - Primer día de clase en la Academia. Llegaste tarde, apenas 10 minutos, pero estabas muy agobiada por lo que pudieran pensar de ti tus nuevos compañeros. Llevabas el pelo semirecogido, como ahora, unos vaqueros claros y una camiseta de Doctor Who - hizo una pausa para alzar la mano y que Jemma diera una vuelta. Ella lo hizo con una sonrisa y volvió a pegarse a él, con una mano en su cintura, dispuesta a seguir escuchando la historia - Te sentaste al fondo, como yo, pero en la otra esquina. Ambos éramos claramente los más jóvenes de la sala. Entonces pasaron lista, y cuando llegaron a tu nombre y tú levantaste la mano pensé, Jemma Simmons, esa chica será mía algún día. Y aquí estamos.

- Y aquí estamos, casados y esperando un hijo - repitió ella, aún conmocionada por el detalle con el que Fitz recordaba la primera vez que la vio.

- Así es - afirmó él - Lo considero un triunfo absoluto.

- ¿No estarás refiriéndote a mí y a nuestro bebé como un trofeo, Leopold Fitz? - preguntó ella falsamente ofendida.

- Eso jamás, querida esposa - aseguró él con una sonrisa.

- Esposa... qué raro suena, ¿eh? - afirmó Jemma, pensativa, mientras se dejaba llevar por los pies de Fitz. Para no haber bailado en su vida, no lo hacía mal del todo.

- Suena muy raro - admitió él riendo - Pero nos adaptaremos, porque, ¿sabes qué? Cada vez me gustan más los cambios y me cuesta menos adaptarme a ellos, sobre todo cuando te implican a ti.

Jemma no pudo resistirse y parando en seco, atrajo a Fitz hacía sí, que la rodeó con sus brazos. Juntaron sus frentes y se quedaron sonriendo, absorbidos por los ojos del otro. Fitz se decidió primero y pasando una mano por detrás del cuello de Jemma, se acercó a sus labios y la besó, primero con dulzura y luego apasionadamente, haciendo que todas las miradas de la sala descansaran sobre los recién casados.


- ¿Eres feliz? - le preguntó Fitz a su mujer aquella misma noche. Observó embobado cómo se terminaba de poner el camisón y se metía despacio en la cama para recostarse a su lado.

- No he sido más feliz en mi vida - aseguró Jemma mirándole con dulzura.

Sin decir nada más, pasó, no sin dificultad, por encima de una de las piernas de Fitz, situándose entre ellas con la espalda apoyada en su pecho. Él la rodeó con los brazos y la besó el cuello una vez y luego otra un poco más arriba y así hasta que ella se giró para encontrarse con sus labios y besarlo apasionadamente.

- Te quiero - confesó Jemma cuando rompieron el beso para recuperar el aliento.

- Yo también - respondió él sin dudarlo, atesorando ese momento en lo más profundo de su memoria. Él tampoco recordaba haber sido nunca tan feliz.

Se quedaron así abrazados un rato, hasta que Jemma se acordó de la noticia que tenía que darle al hombre que la tenía entre sus brazos.

- Hay algo importante que quiero contarte - le dijo tomando sus manos entre las suyas por encima de su vientre.

- Mientras no sea que te has replanteado eso de que nos hayamos casado... - bromeó Fitz.

- ¡No! - rio Jemma, revolviéndose entre sus brazos - Eso nunca.

- ¿Qué es, entonces? - preguntó con curiosidad alzando una ceja.

- Es una niña - respondió ella simplemente.

- ¿Qué? - volvió a preguntar Fitz, confuso.

- Vamos a tener una hija, Leo - repitió Jemma con una sonrisa de oreja a oreja. Cuanto más lo pensaba más increíble le sonaba. Esperó la respuesta de su marido, pero al ver que no decía nada, se giró, extrañada, y lo que vio le sorprendió más todavía - Oh Dios mío, ¿estás llorando?

- Yo um... no - negó Fitz intentando recuperar la compostura lo más rápido posible pero sin poder hacer nada por parar de llorar. Habían sido demasiadas emociones para un solo día.

- ¡Oh, Leo! No llores cielo - le pidió Jemma emocionada por su reacción.

Llevó la mano a su mejilla y le secó con cariño la lágrima de felicidad que resbalaba por ésta. A continuación besó el lugar que había ocupado la lágrima, luego le besó la otra mejilla, luego la frente y finalmente en los labios. Esa lluvia de besos se había convertido en una especie de tradición entre ellos en momentos íntimos.

- Es solo que... - comenzó él de nuevo. La noticia le había pillado tan de sorpresa que le había afectado más de lo que hubiera imaginado. De alguna manera, el hecho de saber el sexo del bebé le hizo darse cuenta de lo real que era y lo cerca que estaba - Vamos a tener una hija - repitió para sí. Era tan maravilloso que no cabía en su cabeza que le estuviera pasando de verdad - Vamos a tener una princesita - se inclinó sobre el vientre de Jemma y lo acarició con cariño - ¿Oyes eso bebé? Vas a ser nuestra princesita y papá y mamá no pueden esperar a conocerte.

Mirando embobada el amor con el que Fitz le hablaba a su futura hija, esta vez fue Jemma quien tuvo que hacer un esfuerzo por contener las lágrimas de la emoción. Puso sus manos sobre las de él, que alzó la mirada para encontrarse con sus ojos.

- Vamos a formar una familia - afirmó Fitz, volviendo a rodear todo su cuerpo con sus brazos, pegándose tanto a ella como le era posible. Se acercó a su oído y con un susurro añadió - Juntos.

- Juntos - repitió ella, volviéndose para poder besarle cómodamente. Cuando se separaron, se acurrucó en su pecho y dejó que él la acariciara con ternura.

Nunca jamás habría soñado que sería tan feliz.


Esto es todo queridos lectores. Ha sido uno de los capítulos que más me ha costado escribir por que no sabía qué incluir y qué no. En un principio pensaba poner solo la primera y la última escena pero no he podido resistirme a profundizar más en la boda, espero haberlo hecho bien.

Por cierto, si alguien ve Castle, la idea de los votos la he tomado de ahí xD

Como siempre, y en este capítulo en especial, os pido que me dejéis reviews, no hay mejor recompensa para mí que saber vuestras opiniones.

No se si voy a poder volver a escribir antes de acabar el curso, así que os pido disculpas por adelantado si tardo en publicar el siguiente. Pero pieso seguir con la historia, eso ni lo dudéis. ¡Espero haberos dejado con buen sabor de boca!

Besitos y gracias por leer.