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Vi que Percy se acercaba a mí rápidamente con una expresión confundida plasmada en su rostro. Estaba sumamente nerviosa porque:

a) No era una buena mentirosa.

b) Odiaba tener que mentirle a la persona que posiblemente amaba con locura.

No era el momento de acobardarse, me dije a mi misma mientras trataba de recuperar algo de compostura. Miré a Percy con la mirada más calculadora y fría que pude, tratando así de evitar que se acercara más a mí. No logré intimidarlo ni un poquito.

–Annabeth ¿qué carajos te pasa?

–Nada, simplemente olvide algo en casa.– traté de darme la vuelta y hacer como que regresaba a casa para recuperar lo que no había perdido.

–Carajo, ¿no podías simplemente dejarlo y ya?– tomó mi brazo fuertemente mientras me obligaba a encararlo.– Anne, se trata de algo más ¿no es así?

Sus ojos demostraban una preocupación que me conmovió profundamente, pero aún así no me distrajeron de la única pregunta que rondaba en mi cabeza en ese momento. Pero por alguna razón tenía miedo el hacerla, ahí en medio de la calle en un lúgubre día de Septiembre. Técnicamente estaba siendo gallina. Pero debía hacerla de todas formas, para salir de mis dudas antes de partir... porque iba a largarme para no regresar y ni siquiera Percy podría evitarlo. Ni rogando.

–La pregunta aquí, Perseus, es: ¿Qué carajos te pasa a ti? ¿Cómo mierda pudiste superar la muerte de tu madre tan fácilmente en tan poco tiempo? Eres un monstruo..– mi bajo tono de voz cortó como dagas a mi hermanastro y lo pude ver en sus ojos. Creo que me había sobrepasado un pelín.

–Qu...

Me dejó ir lentamente. Una brisa gélida me caló hasta los huesos y no pude evitar estremecerme.

–Respóndeme, Percy.– dije con odio inyectado en mi voz; porque la verdad es que lo odiaba de verdad en ese momento.– No tengo todo el día.

El simplemente no podía salir de su estado de medusa. Carajo, iba a perder el autobús que llevaba a mi libertad permanente.

–No la he superado, Annabeth.– dijo él con voz neutral, había perdido la emoción en sus ojos, ¿acaso lo había herido tanto?.– Simplemente evité demostrar mi dolor, por los que quiero, porque sé que les lastima verme en ese estado. Y cuando digo "los que quiero" me refiero a tí. Porque nunca he querido a nadie más en este mundo a parte de mi madre... hasta que le conocí a ti. Te quiero, Annabeth Chase. Te quiero y traté de hacerme fuerte por ti. Supongo que eras lo suficientemente lista como para darte cuenta de ello. Del bien que me haces y en lo que puedo convertirme estando a tu lado. Lamento la forma en que actué aquella vez, la forma en que te grité no era justificable. Estaba sumido en mi tristeza y me dejé llevar, lo siento. No quise herirte.

–Pues, podrías decir que no soy "lo suficientemente lista" cuando estoy contigo, sesos de alga.– dije con aburrimiento. Aquel monólogo la había cagado. Ahora nunca iba a poder irme.

Él manejó dibujar una media sonrisa en su rostro mientras tomaba mis manos. Unió su frente con la mía y me miró a los ojos.

–Te quiero, te quiero, te quiero...

–Y yo quiero una beca para la universidad, pero no creo que pase porque pienso largarme de aquí lo antes posible porque odio esta vida y quiero comenzar una nueva, lejos de aquí. De mi padre y de tí.– las palabras salían de mi boca como olas llenas de sirenas hechas de mentiras y dolor, tratando de ahogar los sentimientos de Percy para así herirlo y obligarlo a dejarme ir.– Yo no te quiero, Perseus. Espero que lo entiendas y que puedas ser feliz más adelante. Confío en que encontrarás a alguien que te quiera de la manera en que me quieres. Pero yo no te correspondo, lo siento, pero debes dejarme ir.

El dolor de Percy se vio reflejado en su rostro. Le había golpeado en lo más profundo de su ego y ahora se veía reflejado en sus ojos. Yo, por mi parte, estaba tratando de evitar que mis sentimientos salieran a flote. Lo amaba, pero debía dejarlo ir. Por su bien y por el mío.

–Es mentira.

–Es la verdad, si no puedes manejarla pues lo siento.– dije con tono aburrido y venenoso. Me separé de él lo más rápido que pude. Debía irme. Pero muy dentro de mí sabía que estaba comentiendo el error más grande de mi vida. Pero las palabras ya habían sido dichas y no había marcha atrás. Ya le había lastimado demasiado y debía irme antes de que tuviera algo más de que arrepentirme.

–Estas mintiéndome Annabeth.– las lágrimas se asomaron y corrieron por sus mejillas. Verlo llorar ya de por sí era sumamente doloroso para mí, pero saber que yo era la causa me era insoportable.

–Acepta la cruda verdad, Perseus y déjame ir.

–No.

–Sí.

–No, porque sé que tu sientes lo mismo que yo, así que no te voy a dejar ir por nada del mundo ¿entiendes?

Sacudí mi cabeza y traté de hacer que me soltara las manos. Él me agarró los hombros y me abrazó.

–¡Percy déjame ir!– chillé mientras golpeaba su pecho, tratando de zafarme de su agarre en vano.

–¿Qué no entiendes que te quiero? ¡No puedo dejarte ir!

Utilicé el último recurso que tenía y lo golpee en las partes bajas de su cuerpo. Con un grito de dolor, le vi arrodillarse en el suelo y vi eso como mi oportunidad para salir de ahí. Así que corrí lo más rápido que pude hacia la terminal y al llegar a la taquilla pagué el boleto hacia un lugar desconocido. Era el autobús que salía inmediatamente y estaba a punto de irse. Corrí hacia este, entregue mi boleto y me senté y esperé a que el conductor arrancara y recé para que Percy no me persiguiera o siquiera supiera donde estaba.

Ya no podía verle y en mi corazón pude sentir el dolor de miles de agujas clavándose mientras se encogía.

Me dolía dejarle pero era por su bien.

Por el mío.

Por el de todos.

Y rogé por no verle nuevamente jamás al tiempo que el autobús daba marcha a mi nuevo destino.

Fuera donde fuese.