"Décima Pieza"
Definitivamente usar traje no era lo suyo, ¡¿quién puede correr con esta ropa?! Y los zapatos -aunque bastante bonitos debía admitir- ¡le apretaban los pies! Se sentía ahogado con el amarre del moño y se le hacía raro no tener su amada gorra sobre su cabeza como debía ser.
Todo fuera por Serena.
Luego de haber adquirido el smoking salió disparado de nuevo hacía la plaza del pueblo. Llegó hasta el placar humano y con una expresión desafiante por fuera, pero muerto de miedo por dentro, vio como el mastodonte volvía a revisarlo de pies a cabeza y con un suspiro desganado lo dejó pasar.
Emocionado, Ash corrió nuevamente hacia el interior de lugar. Su corazón latía muy fuerte, quizás era de tanto correr, pero aún así no desistiría hasta encontrarla y aclarar todo.
Quería hacerlo, en verdad anhelaba encontrar a la pelimiel. Tal vez no había aclarado del todo sus sentimientos, pero intentaría serle lo más sincero posible y buscaría las mil y una formas en que ella pudiera perdonarlo.
Se escabullía entre la gente de manera ansiosa y algo torpe. Tuvo que pedir disculpas varias veces, pero realmente no ponía atención hacía donde iba o a quien se llevaba por delante en su camino. Sus ojos se movían fogosos en todas direcciones, con un solo objetivo marcado: encontrar a Serena.
Cuando pasaba cerca del buffet chocó de frente a una persona de baja estatura, se aturdió por el impacto y dio unos precipitados pasos hacia atrás para evitar caerse mientras, en un acto de reflejo, cerraba los ojos.
¡Genial! Como si no hubiera sido molesto ya lograr ingresar a esa fiesta, ahora para colmo no podía ni caminar, prácticamente, de lo concurrido que estaba. A este paso encontrar a Serena sería imposible.
—¿Ash?... ¡Ash!
Se sobó un poco la cabeza y abrió los ojos con lentitud para reconocer la figura con la que había chocado, e inmediatamente sintió como una ola de suerte le caía encima.
—¡Bonnie! ¡Clemont! —sus amigos se acercaron a él con una mirada de sorpresa y alegría.
—¿Q-qué haces aquí Ash? —las palabras se atoraban en la boca del invento.
—Dijiste que no vendrías —Bonnie aún lo miraba como si fuera a desaparecer. Mas, inmediatamente, arqueo una ceja y apoyó ambas manos en su cintura —. Es más, nos dejaste muy en claro que no te interesaba —su mirada era dura, pero escondía en ella una pizca de extrañeza y curiosidad, ¿por qué el repentino cambio de opinión en Ash?
—Bu-bueno, ya saben…me sentía muy solo y am…— pasó su mano nerviosamente tras su cabeza mientras desviaba la mirada. Se le hacía penoso explicarles sus verdaderas intenciones.
—¿No estabas entrenando? — el rubio inclinó su cabeza confundido al no encontrarle una lógica a la respuesta. Bonnie aseveró la mirada a la paciente espera de lo que el chico dijera.
Se sentía tan nervioso como testigo falso en ese interrogatorio impuesto por sus amigos. No es que quisiera ocultarles cosas, él era muy sincero con todos, pero no quería decírselos, ¿se entendía, no?
Balbuceo algunas palabras inentendibles mientras pasaba su mano de su cuello a su cabello, desarreglándolo más de lo que estaba. Quería irse de ahí, tenía que buscar a Serena. Si ellos dos estaban solos allí significaba que Tom se encontraba con ella, y eso no era nada agradable.
—Si es que yo solo…—suspiró resignado. De nada servía seguir engañando y engañándose— Estoy buscando a Serena, ¿saben dónde está?
La mueca de sorpresa en el rostro de los hermanos fue simultánea y muy expresiva. Tanto sus ojos como sus bocas se abrieron y elevaron sus cejas hasta casi la mitad de sus frentes. Ninguno de los dos reaccionó y eso fastidió al azabache, ¿tan increíble era de parte suya esa respuesta?
Cuando Bonnie se percató de que hablaba en serio parpadeó un par de veces y se enderezó. Giró la vista a su hermano y luego la regresó al entrenador. Levantó el dedo índice y rotó ligeramente su cuerpo como si fuera a señalar algo. Más antes de que pudiera pronunciar silaba alguna, un grito la tapó de inmediato.
—¡Vaya, viniste! —Tom apareció a un costado de los tres chicos con una mirada seria y sus brazos enlazados sobre su pecho— ¿se puede saber a qué? —aseveró mientras enderezaba su postura.
Ash había enfriado la mirada. Se tomó unos segundos, pero lentamente dio unos pasos para quedar frente al castaño, quien era unos escasos centímetros más alto que él.
La preocupación de Clemont y Bonnie no se hizo esperar, ninguno de los dos entendía bien que era lo que sucedía, pero no parecía nada bueno. Últimamente el temperamento del entrenador del Pikachu estaba bastante alterado, y temían por su reacción ante el extraño comportamiento de Tom para con él, ¿desde cuándo el chico era tan provocativo?
—No necesitas que te lo diga.
—Si lo que quieres es una batalla sabes muy bien cuál es mi respuesta —ninguno de los dos apartó su severa mirada del otro, el clima se ponía cada vez más tenso y Clemont estaba preparado para intervenir ante cualquier circunstancia.
—No estoy aquí por ti…—en un gesto de retracción Ash desvió su vista ligeramente—, vine por ella —susurró en algo solo audible para el ojiverde frente suyo.
Tom mantuvo su expresión unos segundos más, admirando la del azabache, cuando pudo ver su verdadero arrepentimiento, cerró los ojos en un suspiro largo, y al momento de abrirlos una sonora carcajada salió de su boca, sorprendiendo a los rubios y provocando una expresión contrariada en el rostro del azabache que, rápidamente, volvió su vista al chico.
—Sí que eres un cabeza dura, ¿lo sabías? —comentó burlón y desafiante. Él se molestó, por lo que puso una mueca de disgusto y una mirada fulminante al sentirse insultado por él, ¡de nuevo!
— ¡No me interesa lo que digas! Serena me importa, y la recuperaré aún estando tú aquí —un silencio se marcó luego de las palabras del chico y una mirada perpleja en los rostros de los rubios se dibujó. Más Bonnie no pudo evitar sonreír de manera orgullosa por ello.
El castaño también sonrió, y sonrió sinceramente sin ningún tipo de segunda intención. Cerró los ojos y negó con su cabeza para luego abrirlos y, aún con una sonrisa, arquear una ceja hacia el entrenador. El entrenador lo miró confundido, ¿acaso no debería estar molesto? ¿Por qué sus provocaciones no le funcionaban a él?
—Ven —colocó una de sus manos tras sus espalda y lo empujó ligeramente para que avanzara hacía donde decía. Algo contrariado y confundido Ash lo siguió, y cuando se hubieron detenido lo miró esperando una explicación. El observador movía los ojos en todas direcciones como buscando algo, y cuando pareció encontrarlo sonrió para sí mismo y le habló—. Allá —señaló un punto de entre la multitud para ubicarlo, y cuando hubo enfocado su vista en la dirección indicada sus ojos se abrieron maravillados.
Ahí, en medio de toda la plaza, en el centro de la pista de baile, entre toda esa gente, estaba Serena.
Se veía increíble, fue lo primero que pensó. No sabía nada de vestidos, pero sin duda ese le quedaba perfecto, siempre sabía lucir bien se vistiera con lo que se vistiera.
Se puso nervioso sin saber porqué, quedándose estático en el lugar, nunca apartando su mirada de ella. ¡Ahora que estaba ahí no sabía qué hacer! Tenía muy claro que debía de acercarse, pero simplemente sus piernas no le respondían. ¿Sería mejor hablar después? ¡Si, en otro momento! Quizás después del baile, ¡o mañana, mañana sonaba estupendo!
¡No, no Ash! Se reprendió mentalmente. Era ahora o nunca, tenía que ser valiente, afrontar esta situación, emendar sus errores, ¿cuántas veces había salvado al mundo ya? ¡Eso sin duda era mucho más arriesgado! Nunca dudó en esos momentos. Entonces, ¿por qué esto parecía ser imposible?
Tom observó las muecas de incertidumbre en el rostro del chico, y le hubiesen parecido graciosas si no fuese porque le irritaba el hecho de que ahora se estuviera acobardando. ¿Qué tanto más tenía que ayudarlo?
—Vamos, ve allá —Con su mano empujó la espalda del azabache de manera brusca. Él se volteo a verlo entre ofendido y asustado—. Aprovecha la oportunidad que tienes en frente, no lo pienses —la mirada de Ash cambió al oír sus palabras.
Le molestaba admitirlo, pero tenía razón. No había tiempo para dudas, Serena estaba ahí esperando merecidamente una disculpa; si se detenía a analizarlo, esa oportunidad escaparía de sus manos.
Por primera vez en todo el día no lo razonó mucho, ni se complicó con confusos pensamientos, simplemente no oyó ninguna voz en su cabeza e hizo lo que en ese momento quería hacer, arreglar las cosas con ella.
A paso decidido comenzó a acercarse. Primero algo lento, como si creyera que si aumentaba su velocidad, ella huiría. Mientras se abría paso entre los danzantes, de una forma cordial pero apresurada, se deleitaba con las expresiones que la chica ponía en su rostro. Al tener la vista solo en ella, apreció detenidamente las muecas que gesticulaba, al parecer, nerviosa.
Vio como sus ojos se abrieron asustados cuando enfocó su vista en una dirección; entonces él, ante la curiosidad, decidió hacer lo mismo. Pudo advertir que allí se encontraba la pequeña orquesta que, supuso, se había encargado de producir la música que se utilizaba para el dichoso baile.
Apreció como un hombre algo bajo, de cabello castaño peinado de manera aparatosa hacía atrás y vestido con un elegante smoking sin moño, se acercaba frente al micrófono mientras en una mano sostenía un violín.
Lo oyó pedir disculpas por un supuesto retraso y que volverían a tocar de inmediato. Giró su rostro al de la chica y al ver lo asustada que estaba comprendió que aquello no le cayó nada bien; Su rostro deambulaba apresurado en todas direcciones mientras veía como movía los labios, como hablando para sí misma, aunque, por la manera en que fruncía sus cejas, más bien parecía un regaño.
Apresuró el paso hacía ella. Extraordinariamente había comprendido que Serena se sentía incomoda al estar sola en ese lugar, rodeada de parejas bailando, sin ningún acompañante.
Era la oportunidad perfecta para él, ella no podría rechazarlo. Sabía que no era buen bailarín, mas haría su mayor esfuerzo para ser el mejor acompañante que la pelimiel mereciese. Muy en el fondo deseaba que ella aún tuviera ese anhelo por bailar con él, con esa brillante expresión con que lo miró el día que se lo pidió…tenía que recuperar esa expresión.
Cuando la música comenzó a sonar ya estaba muy cerca .Estiró su brazo para lograr alcanzarla, y haciendo abuso de su fuerza, y que ella se encontrara a espaldas suya, tomó su mano y velozmente la giró para que quedara justo en frente de él.
De manera casi imperceptible miró la posición de las demás parejas; entonces colocó una de sus manos en su cintura y con su mano derecha tomó la izquierda suya, luego se daría cuenta de lo intimo de su agarre, mas, en el momento, no lo dudó ni un segundo.
Comenzó a balancearse, sabía que no lo hacía bien, pero procuraba imitar el ritmo de los demás esforzándose por no derribarla en el intento.
Estaba muy nervioso, mas intentaba no aparentarlo. Pudo admirar su rostro de un plano perfectamente cercano. Estaba sorprendida, hasta diría que aturdida. No desvió sus ojos de los de él en ningún momento y el entrenador se debatía si debía decir algo o no.
Conforme pasaba el tiempo ninguno de los dos emitió palabra. Ella relajó un poco su cuerpo pero aún se veía impresionada, como perdida en el rostro que estaba frente suyo.
¿Realmente Ash estaba ahí? ¿No era una vil ilusión de su mente? De vez en cuando parpadeaba para cerciorarse de aquello… Era real, era ridículamente real.
Quería decirle tantas cosas, se reprendía mentalmente recordándose que estaba molesta con él, mas todo su cuerpo hacía caso omiso a esa advertencia. Parecía un sueño, estaba justo donde quería estar, en los brazos del chico que le gustaba, con un vestido elegante en un lugar de ensueño, bailando al compás de una melodiosa sinfonía.
Sus movimientos se tornaron más fluidos, y se desplazaban alrededor de toda la plaza siguiendo el acompasado ritmo de la música. Incluso hasta Ash sentía que lo estaba disfrutando.
Sin darse cuenta sus pasos se afianzaron, y podía danzar al ritmo de la orquesta casi como un profesional -según él-. Aún así, todo el crédito se lo daba a la muchachita que tenía en frente. Siempre se creyó capaz de todo con ella a su lado, su apoyo durante todo el viaje lo mantuvo firme, sin desistir o menguar.
De hecho admiraba esa particular cualidad de todos los miembros de su grupo de amigos en la travesía por aquella región. Pero la pelimiel era especial. No tenía pudor al pensarlo, muy dentro suyo, en cierto modo, ella se convirtió en su inspiración. Y como tal, se sentía en la obligación de protegerla, ¿quién no protege lo que le pertenece? Bueno… no es que así fuera, pero la sentía como algo propio, su propia diosa de la victoria.
Rio en sus adentros por ese pensamiento. Pero sí estaba más que agradecido con ella, desde el día que se reencontraron en Santalune fue un pilar importante en todas sus victorias alrededor de Kalos, tendría que demostrarle más seguido lo mucho que significaba para él su compañía.
Se entristeció al pensar eso. Sí, debería ser más agradecido con ella, más atento, sin embargo lo único que hizo fue gritarle. Rayos, la había tratado tan mal, se sentía como una basura sin sentimientos, ¿cómo pudo tratarla así? Ella jamás se mereció eso, ni en el pasado ni nunca.
Movió sus ojos hasta que se encontraron con los de ella y una cálida sensación lo invadió, como la que había sentido esa mañana cuando le estaba curando la herida de su mano. Volvió a admirar el azul de sus ojos, que ahora se cuestionaba si no eran más bien de un color turquesa brillante. Resaltaban aún más con el ligero maquillaje que había sobre ellos, ¡con que para ello servía eso! Ahora entendía porque las mujeres lo utilizaban para "embellecerse".
Bueno, estaba consciente de que Serena se preocupaba mucho por su apariencia, aunque para él siempre se veía bien, así era ella. Aunque lo que más apreciaba de era su dulce sonrisa, esa que era parte fundamental de su apoyo, sumado a su entusiasmo y ocurrencias la hacían una chica divertidamente encantadora.
Tenía que disculparse con ella. Pero, ¿Cuándo debía hacerlo? ¿Ahora? ¿Sería apropiado o quizás más tarde? Admiraba su cercano rostro mientras debatía eso en su mente. ¿Por qué ella tampoco había dicho algo? Pudo notar el ligero sonrojo en sus mejillas, ¿aún estaría molesto con él? Recién comenzaba a darse cuenta de cómo sostenía su mano, se sentía demasiado suave. ¿Lo perdonaría de todos modos? Su agarre en su cintura los hacía estar excesivamente cerca, eso lo ponía nervioso. ¿Ya jamás le hablaría? Frunció los labios a la vez que notaba lo terso y suave que se veía su rostro. ¿Se separaría de él?...
¡No! No le importaba estar así de cerca con ella si podía evitar eso. No quería pensar que por su culpa ella se fuera, que lo dejara por su estupidez, eso lo destrozaría. Ya comenzaba a sentir una parte de la culpa que seguramente le atormentaría en ese momento. Esa idea oprimió su pecho, no podía dejar que se fuera.
En un desesperado impulso por impedir esa idea movió la mano que se encontraba apoyada en la cintura de la chica y comenzó a dirigirla con suavidad hacía su mejilla. Quería sentirla más cerca, quería disipar todo pensamiento errático y equívoco de ella yéndose de su lado.
Serena no podía decir que no disfrutaba aquello, ella anheló esa situación mucho más de lo que él lo hacía... ¡de hecho ella la anhelaba, él no! Sentía que su mente estaba dividida en dos; una parte que gozaba del momento que estaba viviendo, que deseaba qué jamás terminase y que el chico que se encontraba frente suyo nunca se alejara de su lado.
Sin embargo su lado más racional -como lo denominaba ella- no le encontraba sentido a aquello. ¿Por qué el repentino interés de Ash? Su aparición tan abrupta, su actitud en todo el día de hoy, la forma en que la trató, como le gritó, ¡estaba molesta con él rayos!
¿Qué pretendía? ¿Llegar, bailar con ella y así todo se solucionaría? No. Se negaba a creer eso, se negaba a dejar que él tomara tan livianamente sus sentimientos. No tenía idea de lo difícil que era para ella estar ahí en ese momento, y sabía que no lo entendía, pero la lastimaba.
Sabía bien que no podía esperar mucho del chico, pero nunca había pensado en lo que sentía como algo en serio, más allá de una ilusa atracción adolescente. Ahora entendía en lo que estaba metida, ¿en qué momento su admiración por él llegó a ese grado? Sí, le gustaba, eso lo había admitido hacía rato. Pero no advirtió que con el tiempo aquello pudiera crecer aún más, y llegar a un punto en que ciertas cosas le causaran dolor.
Era de las sensaciones más horribles que había experimentado en toda su vida, no se comparaba en nada a un dolor físico, aquello tenía cura, mas éste pareciera que nunca sanaría.
Pero por más que quisiera no podía no quererlo, él tenía "eso" que lo hacía tan especial para ella. No podía evitar suspirar por él, sonreír por él, soñar con él, imaginarse un futuro junto a él...
No negaba que todo eso era hermoso, porque las sensaciones que le generaban todo lo relacionado a su persona eran realmente maravillosas. Pero lo malo de "enamorarse" es que era de a dos, y si uno no sentía lo mismo, adiós sensaciones maravillosas, detrás de eso solo queda el sufrimiento.
No quería dejarse ilusionar, conocía muy bien a su compañero, ¿por qué aún mantener la esperanza? Debía aprovechar mientras podía. Sí, estaba segura de eso cuando comenzó ese baile, ¡pero ahora él estaba ahí! Debió haber sido más rápida. Él había aparecido de repente confundiéndola por completo, obligándola a recuperar esa esperanza que pretendía extinguir.
¡¿Por qué lo hizo?! ¿Por qué no, simplemente, se quedaba lejos de ella y la dejaba sola con su roto corazón? Hubiese sido una cura, aunque igual de dolorosa, más rápida, supuso.
No quería, en su mente no quería estar ahí, quería huir. Pero su corazón… ¡maldición como quería a ese azabache! La forma en que llegó y la tomó, cada vez que pensaba en ello suspirada. Y tenerlo frente suyo, tan cerca, solo en sus sueños había ocurrido. Él la miraba fijamente, había algo en sus ojos, como ese brillo especial que tanto le encantaba. Pensar que era por ella le aceleraba el corazón, sonrojándola como siempre.
De nuevo ese destello de esperanza asomaba en sus divagaciones, y eso le causaba temor. Él no era así, Ash actuaba extraño. ¿Por qué de repente se interesaba en ella? Estaba segura de que luego de eso el volvería a ser el mismo de siempre, y no se perdonaría que un pequeño destello le hiciera olvidar toda la oscuridad que rodeaba esa idea.
Vio como él, de manera muy sutil, levantaba la mano que sostenía su cintura y la movía hacía su rostro. Sus ojos se abrieron al sentir el cálido tacto de sus dedos acariciando suavemente su mejilla.
Su corazón se aceleró en ese instante, y sintió como si fuera a desmayarse. Pudo leer en sus ojos una lista de sentimientos: adoración, ternura, ¿culpa? ¿Tristeza? ¿Miedo? ¿Por qué sentiría todo aquello? Percibió como él se acercó escasos milímetros más a ella y en ese momento su mente se disparó.
Retrocedió bruscamente, soltando el agarre de su mano y dejándolo con la suya, que estaba antes en su mejilla, ahora suspendida en el aire. Su rostro la miraba desconcertado y aturdido, y ella juntó sus cejas mientras no podía evitar sentir que sus ojos se humedezcan.
Se sostuvieron la mirada unos segundo hasta que ella desviándola, con lo que él pudo notar era dolor, se volteó y a un pasó apresurado se alejó de él atravesando torpemente a las demás parejas.
Ash estaba estupefacto, ¡¿qué rayos había sido todo eso?! De un momento a otro quiso estar más cerca de ella, no había medido que hacía, ese estúpido pensamiento lo había cegado por completo. Había incomodado a Serena, y ella de por sí ya estaba enojada con él, no se imaginaba como lo estaría odiando ahora.
E inmediatamente el recuerdo de su mirada retumbó en su mente. Jamás imaginó que lo viera con tanta tristeza y desprecio, le hacía sentir el vacío más inmenso que nunca tuvo. Lo había arruinado todo, si tan solo se hubiera disculpado antes…no, si nunca hubiera actuado así como lo hizo hoy nada de esto hubiese ocurrido.
¿Ahora que debía hacer? ¿Rendirse? ¿Esa era una opción? ¡No, con Serena nunca! Debía disculparse con ella, explicarle que jamás fue su intención hacerla sentir mal o incomoda. ¿Debería ir tras ella? Odiaba pensar que necesitaba ayuda, se sentía ridículamente estúpido e incapaz.
Desvió sus ojos a su alrededor, y rápidamente identificó los verdes orbes de Tom que lo miraban reprimiéndole, a su lado los rostros compungidos de Clemont y Bonnie –aunque pudo ver un dejo de enojo en la niña-. El castaño le hizo un gesto imperativo con la cabeza señalando la dirección en la que Serena se había desvanecido hacia unos instantes. Asintió con la cabeza y agradeció para sus adentros no estar solo en ese momento, sin duda su torpeza se desenvolvía más de ese modo.
A un veloz trote siguió por la misma dirección a Serena. Su preocupación hacía que respirara irregularmente, por lo que sintió un dolor punzante en el costado de su abdomen, mas no detuvo su andar por ello. Tenía que llegar con Serena, debía alcanzarla.
Su mente le arrollaba con tantas cosas en ese momento; mil y un pensamientos y sentimientos encontrados. Si se detenía a pensarlo tampoco entendía bien por qué corría así detrás de ella, sin embargo no podía detenerse, y más extraño aún; no quería.
Cuando se hubo alejado un poco del tumulto de gente su perspectiva se volvió mucho más favorable para distinguirla. Aunque en sus adentros se hizo una nota mental de jamás perder a Serena de nuevo, últimamente se le estaba haciendo muy complicado y exhaustivo el buscarla.
La plaza central parecía no tener fin; las pequeñas luces y los faroles la rodeaba por completo, y con su suave y tenue luz, ante el manto nocturno de estrellas, provocaban un agradable ambiente que algunas personas aprovechaban para compartir un momento de tranquilidad; por lo que se distinguía mucho del ambiente jovial y concurrido que hacía unos metros había experimentado en el baile.
Fue disminuyendo la velocidad cuando vio que se aproximaba al barandal de un mirador que había hacia un enorme campo de flores –comprobó que había una placa, por lo que entendió era un sitió importante para el pueblo mas no le dio importancia-.
Se apoyó sobre él y aprovechó la pausa para tomar aire, trató de regular su respiración entre jadeos para aliviar el dolor que lo persiguió durante el camino. Cuando hubo recuperado la compostura se volteó y miró con angustia toda la zona de la plaza detrás de él, no había rastros de Serena por ningún lado. Concluyó que a lo mejor la chica ya se había ido del lugar.
Con mucho pesar recorrió con la mirada el sitio donde se encontraba, no recordaba haber estado por allí en la tarde. A unos metros del mirador había una hilera de grandes árboles; tenían un considerable cantero circular a su alrededor -lo suficientemente alto para que las personas pudieran sentarse allí-, y en sus copas las misma pequeñas luces que adornaban toda la plaza y gran parte de las calles del pueblo.
Y como si de un nuevo pokémon se tratase, los ojos de Ash se abrieron incrédulos ante la figura de la muchacha que estaba sentada a espaldas de él en uno de los árboles más cercanos.
Dudoso se acercó a ella, no podía si no pensar que se trataba de una jugarreta de su torturadora mente. Aún parado solo a un par de metros detrás suyo no lo creía posible, necesitaba cerciorarse de que era verdad, que no era una vil ilusión de su mente, y que otra vez la suerte le sonreía y tenía una segunda oportunidad para con ella. Esta vez lo arreglaría todo.
Sintió que la garganta se le cerraba y comenzó a abrir y cerrar sus manos nervioso. Tenía mucho miedo de fallar, de perder tan favorable oportunidad y otra vez arruinar todo a causa de su inexperiencia.
Inhaló varias veces y se convenció a sí mismo que debía ser valiente. Con una última gran bocanada y unas palmadas mentales a su rostro abrió la boca.
—Serena —por más que procuró sonar tranquilo no pudo evitar sentir un dejo de desesperación al nombrarla.
Ella dio un respingo y se retorció en su lugar. No respondió, realmente no quería verlo en ese momento. A él se le encogió el corazón al ver como lo ignoraba, pero trató de ser fuerte. Se sentó considerablemente alejado, en la curva ladera a la que ella estaba en circular cantero.
El silencio comenzó a hacer un ensordecedor ruido entre ellos, ¿en qué momento estar junto al otro se había vuelto tan difícil para ellos? Ash odiaba eso, quería que todo con Serena volviera a ser como antes, y todo recaía en sus manos.
—Yo…—cada vez que hablaba su garganta se cerraba, se le hacía tan difícil y desesperante. Ella tuvo el infantil pensamiento de que, quizás, si no le hacía caso se iría, pero lo conocía bien. ¿Qué pensaba decirle?—. Bueno, yo…—No quería estar ahí, su corazón no lo soportaba. En un intento por querer alejarse corrió un poco su cuerpo en dirección contraria al chico. Ash dejó de vacilar al ver ese gesto, ¡si no hacía nada ella se iría! En un arrebatado movimiento se paró y con velocidad se puso frente a ella para luego inclinar su torso hacia delante, cerrando fuertemente los parpados— ¡Perdón! —Serena abrió los ojos con excesiva sorpresa, el corazón se le estrujó al ver a Ash inclinado delante de suyo, una imagen que sin duda jamás hubiese imaginado. Sus ojos se humedecieron en ese momento, ¿hasta ese punto habían llegado?— Lamento tanto, tanto, tanto lo que te he hecho. Mi comportamiento, yo…—las palabras se le superponían en los labios. Tenía tanto que quería decirle, pero no sabía cómo ordenarlo.
Ella vaciló un poco, aún debatiéndose si quería hablarle o no. Pero también creía que era una buena oportunidad para pedir explicaciones, después de todo lo merecía.
—¿Por qué...? —abrió sus ojos sorprendido al oír por fin su voz. Lentamente levantó la cabeza y pudo ver su inclinado rostro que, para su pesar, expresaba dolor— ¿…Por qué lo hiciste? —se sentía tan molesta con la situación, no merecían estar pasando por algo tan complicado como aquello, ninguno de los dos. Apretó sus puños con fuerza al sentirse tan impotente— ¿Por qué actuaste de esa manera?
Él la miró, realmente sin saber que responderle. Si se lo ponía a analizar aún no entendía nada de aquello, todo había pasado tan rápido.
—Yo…no lo sé Serena…Solo hice lo que sentía —se enderezó, más aún su cabeza seguía gacha, en forma de arrepentimiento y también para poder verla a ella que permanecía sentada frente suyo.
—Y, ¿qué sentías? —Sus ojos buscaron los de él en un tono desafiante. Quería entender que estaba pasando, cual era la causa que los había llevado a vivir ese momento. Su expresión incrédula y desconcertada fue lo primero que recibió como respuesta.
Se pasó una manó detrás del cuello incómodo. ¿Cómo expresar algo tan complicado, hasta para su mente, en palabras? ¡¿Y sobre todo a ella misma?! Aunque su orgullo no se lo permitiera, la chica era la verdadera víctima de todas sus confusiones, y él en realidad era el monstruo cruel que la lastimaba. Supuso que se merecía una explicación, era lo mínimo que podía hacer para reivindicarse. Nunca le negaba nada, a veces hasta pensaba que la consentía demasiado, pero no podía decir nada, ella hacía lo mismo con él.
Tomó aire, comenzaba a pensar que sus pulmones se habían achicado con todo aquello. Se preparó para intentar responder, a lo mejor y de esa forma podía entenderlo finalmente, encontrar la respuesta a lo que hizo, algo que no logró en todo el día.
—No lo sé, ¿sabes?…yo tampoco lo entiendo muy bien —se mesó el cabello mientras colocaba su otra mano sobre su cintura—. Solo sé que me molestaba mucho Tom —soltó una pequeña y amarga risa. Ella cambió su expresión a una confundida.
—¿Por qué? —ladeo su cabeza en un gesto para enfatizar su confusión. Él se removió bastante incomodo, pero respondió con total sinceridad.
—Rayos no lo sé…Me molestaba que te llevaras tan bien con él. Sé que suena tonto pero —se pausó un poco mientras intentaba darse ánimos para seguir hablando—, temía que, te agradara más que yo…—La performer abrió los ojos con incredulidad y sorpresa, mientras un pequeño rubor se asomaba por sus mejillas—. Y no supe porqué pero, me empecé a sentir raro.
—Raro, ¿cómo? —su voz ya no sonaba molesta ni dolida, es más, en verdad se notaba la curiosidad en su pregunta. Eso alivió a Ash, por lo que tuvo más confianza para continuar. No sabía porque, pero se moría de los nervios por dentro.
—Así como…la cabeza me daba vueltas, y era cómo ¡bam! Muchos pensamientos —hizo un ademán de sostener su cabeza con ambas manos y alejarlas al mismo tiempo. La pelimiel, por más de la seriedad de la situación, no pudo evitar reírse en sus adentros por las explicaciones del entrenador—. Me confundieron mucho, terminé pensando en Tom como un rival, me hacía enojar con lo que me decía, pero creo que al final solo me quería ayudar no sé…es algo extraño —ella lo miraba atentamente, casi con algo de gracia. Había recordado que no podía enojarse con él por mucho tiempo—. Y lo que sentía por ti era como…
Cualquier pensamiento divertido se esfumó de su mente al escucharlo pronunciar esas palabras. ¿A qué se refería? Debía averiguarlo, no quería hacerse falsas ilusiones.
—¿Qu- Qué sientes por mi? —Por más segura que quisiera sonar el temor a su respuesta y su atrevimiento la hicieron flaquear.
Ash abrió los ojos con asombro y se maldijo internamente por decir eso. ¡¿Qué respuesta le podía dar?! Hasta ahora venía salvándose, pero se metió en terreno peligroso y no podía salir si no era con una respuesta concreta.
—Lo que siento por ti es, bueno… —balbuceo mucho ante ella, y la chica sintió que, quizás, pidió demasiado al preguntar aquello. Él mismo lo había dicho, se confundió mucho. Tal vez y era solo eso: una confusión—…es como…
—¡Lo siento! —Se sorprendió, más que por la interrupción, por ver a la chica que inclinaba su rostro hacia él—. Pregunté de más, no era mi intención obligarte a pensar en que sientes algo por mí…
—¡No, es que si siento algo por ti! Creo…—le hacía daño ver que ella se disculpara con él, y más por algo equivocado como eso. Estaba seguro de que había descubierto algo, pero no lo que era exactamente—. Yo, llegué a esa conclusión. Tú eres…diferente, e importante de algún modo, pero no sé que es…—vio su expresión no muy convencida y algo triste, por lo que decidió tomar más decisión en sus palabras. Ella merecía una digna respuesta—. Serena, no sé qué es lo que siento por ti —los ojos de la chica se posaron sobre los suyos con intriga. En realidad no sabía qué tipo de respuesta esperaba, era muy complicada. Creía que si también se lo preguntaban a ella estaría igual de desorientada—, pero, si me das tiempo, puedo averiguarlo y entonces responderte —su mirada de determinación en esas palabras que acababa de decir provocaron que su corazón diera un vuelco. Fue la mejor respuesta que le pudo haber dado—. Pero por ahora te pido que me perdones y que todo vuelva ser como antes…lo extraño.
La aflicción en su rostro hizo que se enterneciera. Se paró de su lugar y se detuvo frente él. Cuando levantó la mirada, la sonrisa que le dedicaba la chica fue como sentir un resplandor de luz luego del oscuro día que había tenido.
—Te perdono Ash, yo también extrañe estar contigo —el entrenador se sintió algo nervioso por eso último, pero fue aún mayor el alivio y la felicidad que le invadió al ver que todo estaba arreglado y que Serena volvía a estar bien con él—. Gracias por venir aquí hoy, sé que no querías…
—¡No digas eso! —De nuevo se estaba disculpando con él por algo equívoco. Si había alguien en esa conversación que cometió errores y debía disculparse era él y solo él; ella jamás hizo, ni haría, algo con lo cual se pudiera molestar. La miró a los ojos arrepentido para dejarle bien claro ese mensaje—.Yo, lamento haber rechazado tu invitación… fui muy egoísta y nunca consideres lo que tú querías. ¿Sabes? En realidad, me gustó mucho bailar contigo —arqueó sus pestañas y le sonrió con sinceridad.
De nuevo sintió como su corazón se detenía ante sus palabras. ¡En cualquier momento eso le daría un infarto! No fue capaz de decir nada, pero le sonrió con mucha ternura. Ella también sabía que sentía algo por él, quizás aún tampoco tenía muy concreto lo que era, pero sabía que era especial, muy especial.
En ese momento una liviana brisa de primavera los envolvió, y sus miradas se cruzaban con dulzura al mismo tiempo que se sonreían. El ruido de la gente concentrada en el centro, mezclado con la melodía de la música, provocaban un placentero sonido que completaba su mágico momento a la perfección.
Un último pensamiento cruzo por la mente de Serena, y, con algo de duda, decidió intentó llevarlo a cabo.
—¿Puedo hacer algo? —habló suavemente acercándose a él. Ash se extrañó, pero no le negaría nada. No después de lo que tuvieron que pasar.
—Claro, lo que quieras —sonrió para ella y eso le dio valentía…
No dijo nada, simplemente se acercó aún más a él poniéndolo nervioso, abrió sus brazos y tímidamente los pasó por debajo de los suyo rodeando su espalda y apoyando su cabeza en su hombro.
Lo estaba abrazando y Ash no sabía cómo reaccionar. Se puso muy nervioso y hasta sintió un muy sutil, y casi imperceptible, calor en sus mejillas. Con mucha lentitud y duda la rodeó con sus brazos, entre ellos su cuerpo era muy pequeño y le parecía tan frágil. Ella se sonrojó mucho por su respuesta, si era sincera no la esperaba, pero le encantó estar así.
El apoyó su nariz entre sus cabellos y percibió su dulce aroma, sus nervios se fueron esfumando de a poco y comenzaba a agradarle esa sensación. Sintió que, de alguna forma, su relación con Serena no solo se restauró, sino que también se fortaleció.
Era un abrazo de reconciliación, su abrazo de reconciliación.
De un momento a otro el ruido de la plaza se detuvo súbitamente, para luego sentir como las luces se apagaban y dieran lugar a varios reflectores brillantes y vistosos que iluminaban el cielo.
Ambos se separaron un poco extrañados, pero en ese momento una silenciosa –en cierta forma- ovación provino del lugar donde todos estaban y al alzar sus ojos al cielo los vieron.
Miles de colores pintaron el oscuro cielo nocturno, provocando la placentera sensación como de estar en un caleidoscopio. El sonido del aleteo constante y multitudinario que producían era ensordecedoramente majestuoso. Sin duda, la migración de los Vivillon era un espectáculo único e inimaginable.
Ambos chicos soltaron exclamaciones de asombro ante maravilloso espectáculo. Sus corazones latían con fuerza, eran muy curiosas las sensaciones que provocaba todo aquello. Una mezcla de temor con asombro desbordaba por sus ojos, por lo que no podían apartar su vista del colorido cielo que ahora los envolvía.
La música volvió a sonar, provocando que el vuelo de los pokémon pareciera una danza armoniosa y sincronizada. Ash se distrajo por unos instantes para ver a la chica a su lado. Era algo tan anormal en él, pero en serio estaba feliz por poder estar así con ella. Tuvo tanto miedo de perder aquella placentera relación que tenían. En ese momento se prometió a si mismo jamás volver a lastimarla y a la vez buscaría la respuesta a su pregunta que, aunque no lo dijera, a él también le interesaba.
Su radiante sonrisa provocó que él también sonriera, y el brillo de emoción en sus ojos anidó una idea en su mente.
— ¿Quiere bailar una vez más? —ella volteó con velocidad su rostro para encontrarse con su brillante sonrisa llena de confianza. Aún perpleja asintió lentamente con la cabeza, por lo que él se irguió y le extendió su mano, ella con delicadeza y lentitud la tomó y él la acunó en la suya; con cierto pudor tomó su cintura y la acercó a una distancia prudente, mientras ella con sus centelleantes ojos y un rubor en sus mejillas colocaba su mano derecha en su hombro para comenzar a balancearse al ritmo de la tenue música que se oía de fondo ante el mágico, y al parecer incesante, aleteo de los Vivillon.
Esta vez sus movimientos fueron más fluido, mucho más relajados y sin duda entrañablemente disfrutables.
Ninguno de los dos iba a negar que disfrutaba la compañía del otro. No se decían nada, tampoco hacía falta; con solo una mirada, ese cruce de orbes, provocaba que se entendieran a la perfección. Solo estaban ahí, disfrutando su reconciliación; porque eso era lo más importante para ambos: recuperar su amistad, algo que, esa noche habían comprendido, era muy especial para ambos, y prometiéndose en silencio protegerla con el más vivo celo de su ser.
Luego de ese momento decidieron volver con sus demás amigos, porque, ¿qué era de los dos sin ellos? Esa noche, ambos entendieron la importancia de cuidar un vínculo.
Al llegar con sus adorados compañeros hermanos, una entusiasta Bonnie los recibió contándoles las maravillas del espectáculo de Vivillon sobre el cielo; aún allí los cuatro pudieron contemplarlo juntos. Al sonar del rugiente estomago de Ash se dirigieron al bufete y ambas chicas se deleitaron con cada cosa dulce que degustaban.
Bailaron juntos, primero Bonnie y Serena, más tarde invitando a sus dos caballeros; Serena intentó enseñarle a Clemont, mientras que Ash quiso jactarse mostrándole a Bonnie lo bien que, según él, lo hacía.
No recordaban haber reído tanto en otra noche. Sobre todo cuando Ash tropezó y se llevó por delante una señora considerablemente grande. Tom se le volvió a unir más tarde, -luego de mostrarles sus fantásticos retratos de los vistosos pokemon tipo insecto- y los cinco gozaron lo que más pudieron esa noche, divirtiéndose como niños porque, en cierto modo, eso es lo que eran.
Con el alba rayando a la mañana siguiente, se encontraban fuera del Centro Pokémon, listos para retomar su incierto y emocionante viaje.
—Es una lástima que no podamos compartir más camino Tom —con el sol naciente a sus espaldas la sonrisa de su castaño nuevo amigo, y la de su eléctrico pokémon, enmarcó en una foto mental de lo que sería una despedida pesarosa para todos, sobre todo para ella—cuídate mucho, ¿sí?
—Claro que sí —el chico le sonrió con tanta familiaridad que sintió que se despedía de un hermano—. Ustedes también cuídense y, espero que cumplan sus sueños.
—Lo mismo para ti —respondió cortamente Clemont con una sonrisa.
— ¡Y que sigas dibujando pokémon muy lindos! —Bonnie saltó emocionada y luego se dirigió al eléctrico de Unova—. Tú también cuídate Emolga—le sonrió y Dedenne dejó a un lado su orgullo para desearle un buen viaje, el susodicho regresó el saludo, feliz y sonriente.
—Nos volveremos a ver, eso se los aseguro —dio unos pasos hacia atrás y finalmente decidió voltear su cuerpo para comenzar su camino.
Ash se mantuvo, en cierta forma, al margen de la conversación. Quería despedirse del chico, pero no sabía bien cómo hacerlo. Le hubiese gustado hablar más con él; gracias a su apoyo pudo entender algunas cosas, y aunque las circunstancias no dieron lugar para que su relación se consolidara, terminó por considerarlo un verdadero amigo, uno que lo ayudó en el momento que lo necesitaba, ahora lo entendía.
—¡Oye! —su grito sorprendió a todos. Tom se volteó, y fingiendo una expresión curiosa y expectante, lo miró— Gracias.
Curvó sus labios en una sonrisa. Esa simple palabra decía muchas cosas que solo ellos entenderían su significado. También le hubiese gustado conocerlo un poco más, pero entendía que así estaba bien.
—Cuando quieras amigo, recuerda que aun tenemos una batalla pendiente —ambas miradas desafiantes se encontraron y, quizás, una rivalidad diferente surgió en ese momento. Aún no lo soportaba, pero era su amigo.
Cuando el chico se perdió en el horizonte ya los rayos del sol los obligaban a cerrar los ojos a causa de la lastimera luz, y la actividad del mundo pokémon se hacía notar con el despertar de los mismos.
—Nosotros también deberíamos ponernos en marcha —acomodando la mochila a su espalda Clemont comenzó con el recorrido seguido de su juguetona hermana.
—Espero algún día logre su sueño —con un melancólico suspiro la performer seguía contemplando el camino por donde vieron marcharse a su reciente nuevo amigo.
Ash la contempló a ella y a sus palabras, y pudo comprender el gran cariño que la pelimiel le había tomado. Sonrió riéndose de sí mismo, él también terminó considerándolo un entrañable amigo, aunque de una forma no tan afable; si se lo ponía a explicar ni él lo entendería, era eso y así estaba bien.
Se acercó a ella y colocó una mano en su hombro, siempre lo hacía cuando le quería dar confianza y hacer sentir segura.
—Así será —ella lo miró y sus ojos se encontraron con su encantadora sonrisa, esa que te decía que todo estaría bien—. Y yo algún día seré maestro pokémon y tu reina de Kalos.
Ahora era la chica quien curvaba sus labios, pero de una forma tierna y delicada que solo ella podía.
—Y, estaremos juntos, ¿no es así? —no pudo evitar recordar aquello, e inmediatamente se arrepintió de su atrevimiento.
—¿Qué cosas dices? —Cambio su sonrisa por una más socarrona pero sin descartar su esencia—. Ya te lo había dicho, ¿no? Nosotros siempre estaremos juntos.
Y sin nada más que decirse se sintieron bien. Estar ahí en ese momento era todo lo que necesitaban, ya que sabían que contaban con el otro. Y pasara lo que tenga que pasar, en el largo trecho que aún les quedaba por recorrer, su confianza sería un estandarte que llevarían a todas partes.
Sin duda lo que ellos sentían era algo especial, una amistad muy fuerte, sí, de eso no había duda; y si había algo más ahora no importaba, ellos mismo se lo prometieron, con el tiempo quizás lo entenderían, más ahora solo querían disfrutar ese momento.
Les faltaban muchas cosas por entender, pero sus sentimientos no cambiarían por ese simple hecho. Y aunque el tiempo pasara, y con ello muchas diferentes situaciones y circunstancias, su promesa permanecería intacta; Porque ese agradable cariño que sentían el uno por el otro, ese firme sentimiento que podría permanecer firme allí o crecer, ninguno de los dos dejaría que se extinguiera.
Turururu...
Y...ah...¿qué les pareció? :3
¡Obvio falta un epílogo!
Tranquis, lo habrá, pero era obvio que no haría que terminaran como novios, se vería muy forzado, ¿no creen?
Es el primer fic long fic que termino, estoy súper emocionada :'3
Espero que lo hayan disfrutado así como yo, y si no, lamento no cumplir sus expectativas :/
¡Ahora a contestar sus reviews!
Sakura Zala: Espero que hayas cambiado tu concepto de Tom ahora xD Aaghss fueron a una de esas tiendas y alquilaron sus trajes...no hay mucha ciencia, nunca dije que allí los conseguirían :/ que lugar tan genial si no :v ¡Yo también me acorde de la mujer del titanic! xDD No sé si decir que se "coqueteaban" Tom y Serena en el baile...creo que sería mucho :T Sii yo estaba con la sonrisa boba mientras escribía esa tierna escena :33 ¡Espero que te haya gustado el capítulo! Y el final en si jejeje...¡gracias por comentar y tu apoyo amiga! Ahora solo queda esperar el epílogo 7u7
Pokefan47vdr: ¡Muchas gracias! Lamento la tardanza xp peero me quedo un capítulo el doble de largo de lo normal, espero que te haya gustado y aún te espera el epílogo! ¡saludos!
brandonG95: ¡Holis! nwn ¡Muchas gracias, me alegra que te gustara! ¿Ahora que opinas de Tom, eh? xD Y sí, ya era hora de que Ash se decidiera a hacer algo :T ¡Lamento la tardanza!"jeje pero espero que el capítulo haya cumplido tus expectativas, ¡saludos y nos vemos en el epílogo!
DaRoMi: ¡Que endemoniado tu internet que no te deja leerme en paz! xD Ash no sabe bailar no...pero digamos que..el "amor" te hace un maestro(? xD ok no, pero se las arregló ya ves :v Todos odiaban a Tom, ¿y ahora? xD Espero que te haya gustado también este cap :3 aunque debo admitir que el anterior es de mis favoritos *-*¡Oye! Yo también quiero mi final feliz de GL e.e xD ¡gracias por tu comentario! En verdad me alegran mucho :D ¡saludos, nos hablamos!
Y esos eran chicos, ¡también muuuchas gracias, gracias a los que se pasan a leer, los aprecio enormemente chicos, gracias por darle una oportunidad a mi fic :'3
Fue un capítulo laaaargo...casi 8000 palabras xD espero que no les haya sido pesado.
¿Les gustó como quedó el final?
¿Y ahora que opinan de Tom? xD
¡Por favor, díganmelo en sus comentarios! Me servirá de muucho.
Los quiero mucho chicos, sin ustedes esto no sirve así que en parte este logro es suyo también ;)
El lunes que viene subiré el segundo capítulo de Forelsket, así que estén atentos n_n
¡Sin más que decir nos vemos en el epílogo!
Esperen amour :3
¡Nos vemos, bye, bye!
