Damon
No había podido dormir en toda la bendita noche. Elena no había vuelto a bajar. Esa mujer era un demonio, un hermoso demonio. Me había dejado con el calor al punto del hervor. No podía quejarme, ella tenia razón, no podía tratarla como un plato de segunda. Tenia que terminar con Rebekah, aunque sonara como un desgraciado, ella no me interesaba.
Escuche los pasos en las escaleras. Cerré los ojos haciéndome el dormido, pero el grito que sonó en mis oídos, me tiro del sofá.
—¡Ah!
—¡¿Qué te pasa?! ¡¿Por qué gritas de esa forma?!
—¡Por tu culpa!
—¿Mi culpa?
—No recordaba que estabas aquí.
—¡Recuerdame! ¿como es que eres tan inteligente? —se cruzo de brazos molesta.
La escaneé con la mirada, ya estaba bañada y vestida para salir.
Tenia puesta una playera roja, con una chaqueta negra, unos jeans ajustados, botas hasta el tobillo, y su pelo suelto, levemente arreglado.
Me mordí los labios, se veía hermosa. Me miro de arriba hacia abajo, aburrida. Se metió ambas manos a los bolsillos y dejo salir el aire que tenia reprimido.
—Soy inteligente, porque a las cosas que me interesan, les pongo mi total atención, a las que no, no.
—¡Ouch! eso fue un golpe bajo.
Me giro los ojos y se acerco a la grabadora de mensajes.
—¿Mis padres no me han llamado?
—¿Donde es qué están? —tomé las sabanas y empecé a doblarlas.
—Fueron a las montañas, seguro allá no hay señal. Ya me hablaran.
—Genial. Puedo preguntar algo mas —me acerque a ella sin que se percatara, estaba muy ocupada con sus ojos en la maquina.
Levanto el rostro y se quedo sin aliento. Eso me gustaba, dejarla sin aire. Alzo el pecho algo incomoda.
—¿Qu-é...? —se paso las manos por el cabello. No llevaba la playera puesta, me la había quitado por la noche, el calor no me dejaba descansar. Ella paso sus ojos en mi pecho—, ¿qu-é cosa?
—¿Por qué estas tan cambiada?
—Voy de salida —volvió a tomar aire.
—¿A donde? —me pase la lengua por los labios, ella bajo los ojos, hizo una mueca imitando mi acción.
—¿D-Disculpa? pe-ro yo no debo darte explicaciones de a donde voy.
—Lo siento. Solo quería saber —le hice pucheros con la boca.
—Voy a casa de Caroline. Quedamos de que desayunaríamos juntas.
—¿No tienes ningún inconveniente si te acompaño? —pase uno de mis dedos por su barbilla. Ella apenas y podía respirar.
—No-n-n-o —alzo el pecho y desvió su mirada, estaba concentrada en mi boca—. ¡Pero espera! necesitas cambiarte, no puedes ir en pijama.
—Me pondré la ropa de ayer.
—¡No! ¡Estas loco! Pensara mal, dirá que pasaste la noche conmigo.
—Así fue. Aunque la verdad, solamente mis manos tuvieron acción.
—¡Cállate! No sigas, Damon.
—Esta bien —deslice una sonrisa, ella rió de igual forma.
—Tengo ropa de mi primo. La dejo aquí cuando vino de visita. ¿Veré si te queda?
Camino hacia una puerta y saco la ropa del primo. Me la entrego.
—¿Tengo que ponerme esto? —los colores eran horrendos.
—¡Si! ¡Ve! cámbiate en el baño, no quiero ver mas de lo que no debo.
—Bueno, por mi no hay ningún problema, es mas, puedes retenerme aquí en tu sótano y abuzarme sexualmente si quieres.
—No, creo que me aburriría a la semana —tome la ropa de mala gana y me dirigí hacia el baño.
A los quince minutos, salí del baño jalándome la pretina.
—¡Augh! Esto, esto es horrendo.
—Te quedo muy bien.
—Algo ajustado de entre las piernas —ella bajo los ojos, los abrió y apretó los labios. Me reí—. Parece que tu primo, perece de algunas virtudes, que a mí, como lo puedes notar, me sobran.
—Que gracioso. Mejor vámonos.
—¿No deseas ayudarme a colocarlo? puede que me quede sin descendencia por culpa de tu primo.
Movió la cabeza de un lado al otro, se acerco a mi con pasos sensuales. En verdad lo haría, yo estaba bromeando, aunque no me molestaba. Se mordió los labios, empezó a jugar con un dedo en mi pecho, lo corrió hacia abajo lentamente hasta que llego a la pretina del pantalón. Sus ojos se entrecerraron. Trague saliva. Sentí su mano brusca tomarme de mi gran debilidad, me apretó con fuerza y coraje.
—Si no dejas de joder, la que te dejara sin descendencia seré yo —apretó aun mas. Cerré las piernas con fuerza, ella me dejo ir. Eso me había dolido, maldición esta mujer me mataría.
Camino y me hizo seña de que la siguiera.
La seguí, sin protestar. En verdad Elena había cambiado, pero me encantaba esta nueva: Era atrevida, soltada, y ante todo, seguía volviéndome loco.
Me sobe la entrepierna. Nos dirigimos a casa de Caroline.
Caroline
Los toques en la puerta fue lo que hizo que diera un salto en mi cama. Me sacudí el cabello y mire hacia mi lado. Nik aun seguía aquí. Abrí los ojos el doble de tamaño, me lleve una mano a la boca mientras escuchaba a mi Nana del otro lado de la habitación.
—Carol, cariño —miré para ambos lados. Maldición, podía ser mas estúpida, me había quedado dormida.
—¿Qué pasa, Nana?
—¡Cariño, Elena esta aquí! —mierda, como había olvidado que Elena vendría a desayunar.
Moví a Nik, pero el cretino no se despertaba. Lo sacudí aun con mas fuerza. Se paso las manos por el cabello y las bajo a su rostro.
—¿Qué pasa? —respondió soñoliento.
—¡¿Como qué?! ¡Qué aun sigues aquí! Se suponía que debías irte anoche.
—Lo siento, me quede dormido.
—¡Caroline! ¡¿a que horas bajaras?! —Nik se levanto, ni siquiera se digno en cubrirse.
—¡¿Qué haces?! ¡vete! —susurre con un deje de molestia.
—Esta bien, solo dame tiempo para cambiarme.
Tomé las sabanas, me cubrí y me acerque a la puerta. La medio abrí.
—Lo siento Nana. Dile a Elena que ya bajo.
—Esta bien querida.
Cerré la puerta. Nik ya estaba cambiado.
—Muy bien, Sweet heart. ¿Por dónde saldré?
—¡Nik! solo ingéniatelas —me moví para dirigirme hacia el baño. Pero él se puso enfrente de mi, sus ojos me quemaron, ladeo una sonrisa y el calor volvió a mi.
—Te ves tan hermosa así —alce una ceja confundida—. Toda asustada, como cuando a un chiquillo lo van a pillar haciendo travesuras.
—¡Te puedes callar! —lo empuje hacia un lado.
Me sostuvo del brazo.
—No me darás aunque sea un solo beso de despedida.
—¡No! ¡Ahora suéltame! —removí mi brazo con brusquedad.
Sabia que me portaba como toda un perra cuando se trataba de Nik, pero aunque no quisiera, no podía evitarlo, siempre lo trataba de esta forma, porque tenia miedo que esto se volviera mas intenso, que empezaran esos dolores en el pecho, que me sintiera que él me faltaba. No quería enamorarme, no debía, tenia miedo. Esa era la razón por la cual era tan perra con él.
—Bien. Te veo después.
—¡No!
—¿Pero...?
—Nik, entiende esto. Nosotros no tenemos una relación, ni yo debo darte cuentas a ti, ni tu a mi. Solo vete.
Me di la vuelta casi con las lágrimas al punto de salir de mis ojos. Entre en mi baño y me tumbe en el suelo. Respire varias veces, debía tener fuerza.
Me medio di un baño. Salí hacia afuera y Nik aun seguía en mi habitación. Estaba sentado a la orilla de mi cama, entrado en sus pensamientos.
—Sabes —su voz era gruesa—. Solo quiero dejarte saber, que de verdad te quiero, es mas...
—¡Nik! no jodas esto —lo detuve antes que siguiera. Se levanto viéndome directo a los ojos.
—Esta bien, no diré nada. Solo recuerda, que no quedo de mí —sus palabras salieron con recelo, sus ojos estaban rojos.
Camine hasta la puerta, no volteé a verlo, solo deje salir las palabras.
—Nik, has lo que desees de tu vida, a mi no me interesa. Por mi, puedes casarte mañana y a mi igual no me va a importar.
Cerré la puerta detrás de mi. Me volví a tragar el nudo que se me formaba en la garganta cada vez que terminábamos así.
Baje lo mas rápido que pude. Había pasado toda la noche con Nik, por esa razón había olvidado que comería con Elena.
Lo primero que vi, fue a Damon. Fruncí ambas cejas, ahora si estaba muy confundida. ¿Que demonios hacia Damon con Elena?
—¡Buenos días! —musité enfadada.
Me molestaba que Elena estuviera con Damon, no entendía los amores así, tan posesivos. Él la había destruido en el pasado, era para que ella lo mandara al diablo, pero no, Elena no era de esas, y ahora estaba aquí, con él.
—Me puedes explicar, por ¿qué demonios me dejaste sola en esa fiesta? ¿es mas, por que demonios no fuiste? —seguí con los ojos pegados en Damon. Lo incomode y removió el rostro.
—Lo siento Elena, tuve algo mas que hacer. Pero dime tú, ¿qué hace él aquí? —penetre mas mi mirada.
—¡Ah! ¡bueno! ¡este! —Elena se rasco la cabeza—. No pensé que te molestaría que viniera conmigo.
—Mientras a ti no te moleste, me tendré que morder la lengua —deje de ver a Damon y puse mis ojos en Elena, ella estaba nerviosa.
—¡No! —me señalo furiosa—. Ya se lo que tratas de hacer, quieres regañarme para zafarte de que me dejaste sola.
—Ibas a ir con Stefan ¿qué no?
—Bueno, este...—Damon giro los ojos aburrido.
—Ya basta las dos, después pueden tener sus riñas —alzo el pecho y dejo salir un largo suspiró—. Si te incomoda mi presencia me largo y ya. No debes darle un gran sermón a Elena.
Reí, él no había cambiado, tal vez podía ser un maldito idiota, pero esa actitud siempre me había agradado.
—No Damon. Esta bien, puedes quedarte —Elena se giro y le alzo el pulgar.
Damon camino hacia el comedor.
—Bueno, qué esperan, me muero de hambre —alcé una ceja, de verdad seguía siendo el mismo idiota.
Nos sentamos a esperar que nos sirvieran el desayuno. Elena se levanto para abrir las cortinas.
—Esta muy oscuro aquí, es una hermosa mañana. Seria una pena perderse un día tan brillante —sacudí el rostro. Me puse pensativa, solo esperaba, que Nik ya se hubiera marchado sin ser descubierto. Mis ojos se abrieron como pelotas de pin-pon. Me puse fría, y a la vez roja, estaba presenciando el bochorno de mi vida. El muy idiota de Nik, se le había antojado bajar por la maldita ventana de mi habitación, la cual para joderla, quedaba arriba de donde nos encontrábamos. Los ojos de Damon y Elena se abrieron aun mas que los míos. Nik se estiraba tratando de encontrar un lugar para caer sin romperse el culo, el cual ya tenia pensado rompérselo yo. Me lleve las manos al rostro, para esconder todos los colores que me arrasaban—. ¿Car...? —Elena se quedo con las palabras a media lengua.
Nik callo de espaldas, se levanto y quedo de frente hacia nosotros. Damon y Elena se estaban gozando con toda la escena.
Damon le alzo una mano en señal de saludo, Nik le contesto el gesto riendo como un desgraciado y sexy cretino.
—Ese idiota —murmuré entre dientes.
—Ese jodido pillo —rió en grandes carcajadas Damon.
Elena se volteó a encararme.
—Caroline, ¿se puede saber qué es esto? —la mire a los ojos. Me trague todo y lengua, suspire.
—Creo que Caro, invito a cenar a Nik —los hombros de Damon se sacudían tratando de no soltarse en otra ronda de carcajadas.
—¡¿Caroline?! —me reprendió Elena.
—¡Ay bueno! no soy ninguna niña Elena, si-si quiero me acuesto con Nik —me mordí los labios.
Damon volvió a echarse en risas. Elena lo golpeo en el pecho.
—¡Callate! ¿de qué te ríes?
—Lo siento, es que no puedo evitarlo.
—Caroline, ¿por qué demonios no me lo habías dicho? eso es lo que me molesta, que no me tengas la suficiente confianza para decirme que sigues acostándote con el hombre que amas.
Me levante de la mesa.
—Elena, no es eso, además, no necesito estar enamorada para poder acostarme con alguien, así que no me hables de esa estupideces de amor.
Damon alzo una ceja, curvo una sonrisa.
—Mejor dejare entrar a Nik, se congelara allí afuera.
—Elena, podemos hablar de esto después —trate de calmarla, en verdad estaba molesta, su rostro estaba rojo.
—Bien, pero tendrás que decirme todo.
Nik entro por la puerta de cristal que conectaba el comedor con el jardín. Ladeo una sonrisa saludando, le rodé los ojos.
—Hola Elena.
—Hola Nik.
—Maldito pillo. Debes enseñarme esos trucos ¡Eh!
—Callate Damon. Esta situación no se puede poner mas rara —Elena se sentó con la mirada en Nik.
—Elena, necesito consejos, tal vez para la otra necesite salir de tu casa de esa forma —no podía creer que estábamos aquí, como en los viejos tiempos.
—¿Acaso ya volvieron? —pregunto Nik, tomando una jarra y sirviéndose del jugo que había traído Nana.
—¡Si!
—¡No!
—¿Si? ¿No? ya decídanse.
—No, no hemos vuelto, y no lo haremos. Solo so-mos ami-gos —Elena jamas podría retener una amistad con Damon, eso lo sabia muy bien.
—Caro y yo somos amigos, cierto Sweet heart —Nik me guiño un ojo.
Me bajo un calor por el estomago. Ese hombre me provocaba con solo sus miradas.
—No, no lo somos, yo ni siquiera te conozco.
—Bueno, eso no lo decías anoche.
—Callate Nik, para la próxima te tirare de la ventana de mi habitación.
—La próxima ¡Eh! —repitió Elena guiñándome un ojo, con una cara de pervertida.
Mierda, esto estaba saliiéndose de control.
—Yo quiero una amistad como esa Elena, ¿qué dices? —Damon debía hablar.
—Estas loco. Tu tienes novia.
—Una histérica diría yo —dijo Nik.
Reímos por su comentario.
Nana llego con el desayuno. Cominos reímos y bromeamos como en los viejos tiempos. Eran tan irreal, se sentía tan irreal.
Nik me dedicaba miradas, pero no eran nada amables. Aun estaba resentido por lo que le había dicho antes de salir de la habitación. Siempre le decía cosas hirientes, aunque después me estaba maldiciendo por lo mismo. Pero simplemente, no podía caer en un amor con Nik, no quería sufrir, no quería terminar llorando o sin la idea de que no pudiera estar con él. No lo haría, aun si tenia que construir una barrera.
Damon
Después del desayuno, tenia que volver a mi odiosa casa. Pero antes, debía de darle un aventón a Nik.
Iba demasiado pensativo. Todas esas sonrisas y gran alegría en el desayuno, habían sido mentira.
—¿Se puede saber qué demonios te pasa? cuando claramente se ve, que pasaste una noche muy acogedora, mejor dicho cogedora —apretó los dientes, ladeo el rostro.
Los años que conocía a Nik eran demasiados, sabia que todo su tormento se debía a la malvada rubia, ella era su felicidad, pero también era su perdición.
—Caroline me mando al diablo.
—¿Cuando no? —reí.
Volteo el rostro molesto, me quede callado, él no estaba para bromas. Apreté el volante.
—Ella jamas va a cambiar. ¡¿No entiendo por qué sigo volviendo a ella?!
—¿Creo que lo llaman amor?
—Amor, ¿no lo se? —puso la manos en puños—. Lo único que se, es que estoy cansándome de esto.
—Nik, no quiero ofenderte, y por los años que nos conocemos, se que no hablas enserio.
—Camille me hablo. Quiere verme.
Eso cambiaba algo las cosas. Nik salia con esa chica solo para dejar de pensar en Caroline, pero también sabia que era la que mas había tocado sus fibras, la que casi podía estar seguro que podía ayudarlo, aunque sea a dejar de sufrir por la rubia de sus pesares.
—¿Pensé que habías terminado con ella?
—Así es, pero me hablo preocupada. Necesita que hablemos.
—¿La veras? —suspiro antes de contestarme.
—Se que si la veo, no habrá vuelta atrás. Estoy decidido, me olvidare de Caroline.
Llegamos a su departamento. Bajo el rostro y salio del carro, cerro la puerta y se recostó en el vidrio.
—Tu también deberías poner orden en tu vida. Nos vemos Damon, gracias por el aventón.
Suspire mientras lo veía entrar en su departamento. Nik tenia razón, debíamos poner orden en nuestras vidas, y exactamente era lo que haría. Debía romper mi relación con Rebekah y luchar por ese amor que sentía por Elena.
Llegue a mi casa. Deje caer las llaves en el pequeño bol. Necesitaba darme un baño. Camine tres pasos hacia las escaleras, cuando escuche su voz. Me pare y gire los ojos aburrido.
—Al fin llegas —Stefan estaba sentado en el sillón.
Tenia un vaso lleno de bourbon en su mano derecha.
Sabia que estaba mas que encabronado, después de todo, le había robado su cita.
—¿No crees que es muy temprano para estar tomando? —me atravesó con la mirada, se empinó lo ultimo del vaso, arrugo los ojos.
—No llegaste a dormir —se levanto del sillón, camino hasta donde yo estaba. Su olor a alcohol me hizo retroceder.
—No, no lo hice. ¿Algún problema con eso? —me rodeo como un gato a su presa.
—Maldito altanero. ¿No me digas que pasaste la noche con ella? —las palabras apenas le salieron.
—Y si fuera así, a ti que mas te da.
—¡Jodido cabrón! ¡No voy a dejar que te quedes con ella!
—¡Estas enfermo Stefan! Debo recordarte de quien estaba enamorado.
—Crees que ella prefiera a un maldito drogadicto —esto era demasiado.
Lo tome del cuello y lo empuje hacia la pared, le puse el brazo en el cuello.
—¡Nunca hice tal cosa, y tú lo sabes! —deslizo una siniestra sonrisa en sus labios.
—¡¿Ah no?! ¡¿qué no fue por drogadicto que te enviaron a España?!
—¡Cállate maldito!
—La bese sabes —se llevo los dedos a los labios—, deliciosa. Probare mas que sus labios. Elena sera mía y ni tu, ni nadie lo va a impedir. Tocare todo de ella, todo, y lo disfrutare como no tienes idea —lo apreté aun mas del cuello.
Sabia que la había besado, la misma Elena me lo había dicho, pero escucharlo de él, con el cinismo en como lo decía, me jodía.
En un movimiento inesperado, me dio un golpe en el estomago. Me recupere y le aventé de igual forma un puño en el estomago. Me volvió a tirar golpes secos, puse los brazos para evitar los golpes.
Caímos al suelo, puño con puño los dos estábamos golpéeandonos.
—¡¿Qué esta pasando aquí?!
—¡Amor! ¡detenlos! ¡se van a matar!
Mi padre me tomo de los hombros y me aventó con fuerza hacia un lado.
—¡¿Qué demonios les pasa?! —mi padre estaba furico.
Isobel se arrodillo a un lado de Stefan, tratado de ver su rostro ensangrentando.
—¡Él empezó! —grito Stefan, limpiándose la boca.
—¡Idiota! ¡Tú me provocaste!
—¡Basta los dos! ¡No me interesa saber quien empezó! ¡Son hermanos maldición! ¡Se comportan como animales!
—Eso dicelo a Damon, él es el que no respeta.
—¡¿Qué dices maldito?! —quería golpearlo aun mas.
Mi padre me puso una mano en el pecho deteniéndome.
—Basta Damon. No hagas que me arrepienta el haberte traído de España.
Ladeé el rostro y escupí la saliva con sangre que se empezaba hacer desagradable dentro de mi boca.
—¡Hagan lo que quieran! ¡Estoy harto de esta maldita familia!
Camine unos pasos y escuche a Stefan decirle a mi padre que tal vez estaba consumiendo de nuevo.
No quise quedarme a escuchar el maldito sermón. Subí a mi habitación y me encerré. Sabia que ese maldito había tenido que ver con mi accidente, ahora estaba mas que seguro. Todo había sido porque estaba obsesionado con Elena. Pero no le dejaría el camino tan fácil, si en algo estaba seguro era que no se la dejaría tan fácil.
Stefan
Me pare enfrente de su casa. Tome aire, para no perder el control. En estos momentos necesitaba serenidad para no matarlo. Pero debía de darle las gracias al estúpido de Damon. Los golpes me concederían un bonus con Elena.
Baje del auto y puse mi mejor cara. Aquí iba,el Stefan que debió ser actor por mis tremendas dramatizaciones.
Toque el timbre, escuche los pasos acercarse, me acomode el cabello.
Abrió la puerta y sus ojos se abrieron expectantes.
—¡Stefan! —me miro por un momento algo confundida—. Pasa.
—Gracias, Elena —entré y me di la vuelta, ella aun no cerraba la puerta, vio para ambos lados—. Solo vengo yo.
Cerro la puerta y dirigió su mirada a mi rostro, asustada se acerco a mi.
—¡¿Qué te paso en el rostro?! —me agache, fingiendo timidez.
—No es nada. Estaba preocupado por ti —sentí sus manos en mi barbilla, me alzo el rostro y su mirada se clavo con la mía.
Arrugo las cejas.
—Como que no es nada. Mírate, estas todo lleno de moretones. ¡Por Dios Stefan! ¿Qué paso?
—Fue el bestia de Damon. Elena, esta como loco —la vi pasar saliva.
—¿P-pero como?, ¿por qué? Estaba bien en la mañana —apreté la mandíbula.
Después de todo si había pasado la noche con ella.
Empuñe las manos, y tranquilice mi mente.
—¿Entonces si paso la noche contigo? —ella alzo los ojos. Los dejo colocados en mi rostro.
—Paso la noche aquí, pero no conmigo. No malinterpretes —eso me lleno de alivio.
Solté mis puños y mi cuerpo se empezó a relajar.
—Eso es bueno, me da gusto escuchar eso, Elena.
—¿Por qué insinuaste eso? —camine hacia ella, le puse las manos en los hombros.
—Porqué eso me dio a entender —su mirada se lleno de confusión, todo su rostro cambio. Mientras yo por dentro estaba riendo, esto estaba siendo mas fácil de lo que tenia planeado.
—¿É-l...dijo eso?
—Le dije que no quería que jugara contigo, que te respetará. Fue allí cuando se me aventó como un loco, si no hubiera sido por mi padre, quien sabe como hubiéramos acabado.
—Stefan, aun así no debes preocuparte por mi, Damon jamas me faltaría al respeto —sus mejillas se tornaron rojas. Eso me dio a entender que algo mas había pasado—, además, una vez nos quisimos mucho, por respeto a eso, no creo que Damon quisiera jugar conmigo. No soy una chiquilla tonta.
—Elena, solo escúchate. Damon es otro, si no, dime porque te ignoro todos estos años, por que cuando volvió no quería verte o hablarte. Se forjo una vida donde tu no estuvieras —y aquí iba mi golpe bajo—. Dime, cuantas veces te paso por enfrente con Rebekah, cuantas veces la beso enfrente de ti, y a eso agrégale las miles de veces que durmió en mi casa, sin importarle ese gran amor que según tu, te prometía —bajo el rostro, la escuche rechinar los dientes.
Jugar con el ego de una mujer era tan fácil, solo se debía tocar esas fibras de la vanidad para hacerlas desvariar.
—¡Basta! —aventó mis manos de sus hombros, camino hasta su sala. La seguí, la tenia donde la quería—. ¡¿Qué pretendes en contarme todo esto?! —me acerque a ella, le tome el rostro y la acerque al mio.
—¡Que abras los ojos! no te das cuenta Elena, solo quiere jugar contigo —sus ojos se pusieron llorosos. Se le deslizo una lágrima. Se removió y trato de cubrirse para que no la viera llorar.
—Stefa...—la calle con mis labios.
La tome de la cintura y la rodeé en un abrazo, me abrí paso entre sus labios. Ella accedió. Rodeo mi cuello con sus brazos y se colgó en mi. No la deje ir, la bese con mas intensidad, su olor era tan delicioso, tan abrumador. La cabeza me empezó a pulsar, necesitaba respirar, me separe con la mirada fija en la de ella, jadeo y bajo la vista.
Desenredó los brazos y dio un paso hacia atrás. La volví a tomar de la mano. La invite a que me besara de nuevo, con la mirada en su rostro le sonreí, ella me sonrió.
—Yo no te haré sufrir, Elena —le susurre, me acerque a sus labios de nuevo.
Sin permiso la bese de nuevo. La hice caminar unos pasos hacia atrás, pego en el borde del sofá, gimió. Su aliento empezaba a encenderme. Su respiración estaba descontrolada, sus ojos brillaban, esperando al siguiente movimiento. Me presione entre sus piernas, sin soltar sus labios. Deslice mis manos por su cintura, masajee sus senos, ella apretó los ojos.
Si, así la quería. Todo este tiempo había esperado para poder tener a Elena, y al final, gracias a lo idiota que era Damon, me había abierto el camino.
