La partida final: los detectives vs el ladrón blanco

Con la única compañía de una linterna que había tenido preparada desde el comienzo de las resoluciones, el detective atravesó la habitación oculta que había al otro lado del armario. Era una estancia pequeña y vacía, oscura y polvorienta, conquistada por las telarañas que, durante tantos años, se habían proclamado dueños de aquel espacio abandonado. Sintiéndose parte de la sombra, el muchacho llegó hasta la pequeña puerta de hierro que daba acceso a la biblioteca, sacó la llave que tenía escondida en el bolsillo y la abrió enseguida. Con un fuerte golpe empujó los libros que al otro lado de la estantería mantenían oculta la puerta, los cuales cayeron al suelo, y salió de allí de un salto.

La emoción. La inquietud. El misterio. Un sin fin de sentimientos lo habían atrapado, consiguiendo así hacerlo bajar las escaleras con una rapidez apabullante, a la vez que su corazón latía tan fuerte que parecía querer traspasar su pecho.

"Tenemos una partida pendiente, Kaito Kid" pensó mientras cruzaba la enorme biblioteca y abría sus grandes y pesadas puertas de golpe.

No muy lejos de él otro detective, atrapado en el cuerpo de un ágil niño, subía enérgico una de las escaleras, estas de caracol, que lo dirigían hasta la torre más alta del castillo. Sabía, estaba seguro que al final de ellas lo esperaba un personaje especial, su contrincante.

El ladrón blanco al que debía vencer para ganar al fin aquella batalla.

Conan abrió la puerta de la torre y contempló en silencio, con la respiración agitada por el cansancio, la situela de aquel joven y escurridizo mago, bañado por la plateada luz de la luna, que parecía cobijarlo bajo el misterio de su manto.

- Me has hecho esperar mucho tiempo, pequeño detective –dijo de pronto con voz tranquila, sin girarse a recibirlo-. Aunque cierto es que, los que me conocen, coinciden en que soy una persona paciente.

Conan sonrió con picardía:

- ¿Persona? Dicen de ti que bajo esa capa se oculta un cobarde ladrón.

- No siempre hay que hacer caso a los rumores –contestó Kaito, al fin girándose para mirarlo y enfrentarlo-, y el que tú lo hagas me sorprende.

- No solo me baso en teorías y rumores, sino que también en hechos –desveló Conan, que continuó hablando tras una pequeña pausa-. No es la primera vez que te disfrazas de mujer para robar, y comienzo a pensar que le estás cogiendo el gusto a esto de hacerte pasar por ellas.

Kaito torció la boca: claramente aquel comentario no le había gustado nada. Luego levantó la cabeza con orgullo y lo miró desafiante:

- Juraría que te gusta mi compañía, o eso o no tienes claro cómo averiguaste quién era yo realmente…

- ¿Tan ansioso estás por huir, Kid? Está bien, te contaremos como supimos que eras…

-… Yumi Matsumara –finalizó alguien su frase, al otro extremo del lugar.

Heiji Hattori acababa de llegar al fin por el segundo acceso de la torre, que se encontraba al lado contrario de donde estaba Conan. Ahora Kaito estaba en medio de ambos, separado por varios metros.

- Vaya, no me voy a sentir solo por lo que veo –sonrió Kaito-. En fin, les pediría por favor que fueran breves, este motín comienza a pesarme –añadió señalando el maletín donde portaba el ajedrez que había robado.

- Cometiste muchos fallos para hacerte con él, Kid –le echó en cara Conan-, en primer lugar no tenías ni idea del papel que estabas interpretando.

- En esta ocasión fuiste un pésimo actor, nos decepcionaste bastante a decir verdad –confesó Heiji encogiéndose de hombros.

- Sin embargo no te culpamos, al fin y al cabo llegaste el mismo día en el que nosotros fuimos recibidos en el castillo¿cierto?

- Fue complicado aprenderse los nombres del resto de personas de la familia y del servicio, y más aún adaptarte a las costumbres de Yumi…

-… como el de comer siempre con el servicio, y no con el resto de los Matsumara, algo que ella no soportaba –remató Conan.

- Ya veo… Aquella sirvienta de la cocina les relató mi desliz¿verdad? –dedujo Kaito.

- Sí, la misma noche antes del incendio nos contó que la supuesta Yumi tenía un comportamiento extraño, y que había hecho ademán de ir a comer con la familia, algo que la sorprendió ya que era algo que nunca había hecho en muchos años –contó Conan.

- Sin embargo, la suerte había contado a tu favor para tomar la identidad de Yumi –continuó Heiji-: tu actuación había coincidido con la desaparición de uno de los empleados, Eijiro.

- ¿Coincidencia?

- Ni mucho menos, yo ya sabía de antemano que Eijiro se iba a ir inesperadamente del castillo –confesó Kaito-: era el amante de Yumi, y ambos se habían escapado juntos. Fue entonces cuando aproveché para hacerme pasar por ella. Pese a que ustedes dicen y creen que yo no tenía ni idea del papel que estaba interpretando, eso no es así: antes de disfrazarme de alguien averiguo todo lo posible de esa persona, hasta aquello que ella esconde con recelo.

- En este caso el romance de Yumi con Eijiro, y su intención de huir juntos del castillo –concluyó Heiji-. Fue entonces cuando viste la oportunidad perfecta para comenzar todo lo que tenías planeado hacer para conseguir el ajedrez. Enviaste aquella nota a Zenko, advirtiéndole de que pretendías arrebatarle el ajedrez; luego te disfrazaste de Yumi cuando ella misma y su amante escaparon y aprovechaste el momento oportuno para hacerte con el preciado tesoro.

- En fin, eso mismo tenía pensado hacer, pero les recuerdo que fueron ustedes mismos los que me dieron hace unas horas el ajedrez para que lo guardase, por lo que finalmente no tuve que ingeniármelas para arrebatárselos a mi manera –desveló el mago con un tono que incluso pareció agradecido.

- Nos dimos cuenta demasiado tarde –contestó Conan, de cuyo rostro se había borrado toda sonrisa.

- Ya ven, pese a lo que parece que muchos creen, ustedes no son dioses, sino insignificantes humanos que también se equivocan.

- En ese caso tú también estás dentro del saco –le espetó Heiji-: no hiciste más que cometer fallos hasta el final, como cuando hizo su aparición Genjo Matsumara hace un rato.

El ladrón adoptó una expresión inocente y se golpeó la frente:

- ¡Vaya! Qué fallo¿nee? A mí también me sorprendió ver que el viejo no estaba realmente muerto, ciertamente me descolocó.

- Te pusiste nervioso y metiste la pata –dijo Conan-: en vez de intentar pasar desapercibido hiciste que te habías sorprendido ante el gran descubrimiento.

- Bueno, al fin y al cabo a todos nos impactó verlo con vida, seguramente Yumi también…

- No. Para Yumi no habría sido una sorpresa, y mucho menos algo nuevo –lo interrumpió Conan con seguridad.

Kaito lo miró extrañado y sintiendo, a su pesar, que había pasado algo por alto de la mujer por la que durante todos aquellos días se había hecho pasar.

- ¿C-cómo dices?

- Genjo nos lo contó cuando, después de descubrírseme en el bosque tras el incendio –continuó Conan, dejando reflejar una mirada brillante-: Yumi era la única persona que sabía que él estaba con vida. Ella había sido quien lo había estado ocultado durante tanto tiempo y quien lo había ayudado a mantenerse con vida estos tres meses en los que él se hizo pasar por muerto.

- ¿N-nani? –murmuró el mago, sin dar crédito a lo que estaba escuchando.

- Fue el mismo Genjo el que le había pedido que, de ser descubierto, ella no continuase con la farsa, y confesase toda la verdad –añadió Heiji-. Es por eso que tu reacción al verle aparecer esta noche no fue la acertada: te sorprendiste, suponiendo que Yumi también lo habría hecho, sin esperar que en realidad ella se habría derrumbado y contado todo.

- ¿Yu… Yumi se escapó con ese muchacho, Eijiro, dejando a su padre solo? –preguntó atónito Kaito.

- Así es, el propio Genjo la animó a que abandonase el castillo, aquella vida que a ella la tenía atrapada bajo el liderazgo de su hermano Zenko –contó Conan-. Tras mucho reflexionarlo, ella accedió y se fue de aquí con Eijiro.

Tras la sorprendente resolución se hizo un grave silencio, únicamente acompañado por el susurro del viento nocturno y la presencia de la luna, la cual los contemplaba desde lo más alto de la cúpula celeste.

De repente, Kaito comenzó a aplaudir, ante la expectación de los otros dos:

- ¡Bravo! Realmente me han encantado sus conclusiones. Además, ha sido genial que me desvelasen también mis meteduras de pata, así para la próxima se los pondré más difícil –volvió a asir el maletín e hizo ademán de darse la vuelta. Se veía claramente su intención de saltar de la torre y huir-. Una pena que tenga tanta prisa, si no me quedaría con ustedes y jugaría una partidita de ajedrez, pero qué le vamos a hacer… ¡Hasta la próx…!

- ¡Si te mueves lo más mínimo te dispararé y caerás al vacío, Kid! –le gritó enfadado Conan, apuntándolo con su reloj de dardos somníferos.

Kaito quedó paralizado y lo miró. El niño parecía estar dispuesto a hacer aquello si no lo obedecía…

- Vuélvete hacia mí y suelta el maldito maletín –le ordenó con firmeza, sin dejar de apuntarlo.

- Tenía que haber supuesto que no me dejarían machar tan fácilmente –lamentó el mago, haciendo caso a lo que aquel niño que apenas alzaba el metro y medio de altura de decía-. Suele pasar con las visitas pesadas, aunque yo para eso tengo un remedio infalible…

- ¡NO!

De pronto Kaito tiró algo al suelo, y fue engullido por un humo violeta que, a los ojos de Conan, lo escondió. El chico, maldiciendo el día en el que había conocido al ladrón, corrió hacia la humareda con intención de buscarlo, pero algo lo detuvo:

- ¡Maldito bastardo!

Descubrió como unas sombras forcejeaban tras el humo, y como estas se iban separando del improvisado escondite rápidamente. Para cuando quiso darse cuenta, los dos jóvenes habían llegado hasta la pared de la torre. No dejaban de luchar e intentar hacerse el uno con el otro por la fuerza, e incluso llegó un momento en el que Conan no logró diferenciarlos entre tantos movimientos.

De pronto, Kaito se vio con los brazos inmovilizados en la espalda y con la cara pegada a la pared.

- ¡No habrá una próxima vez como tú dices, Kid! –sentenció Heiji, quien fue a quitarle de una de las manos el maletín.

- ¡Me subestimas demasiado, detective!

Inesperadamente, de la otra mano del mago surgió una extraña pistola plateada, que consiguió captar toda la atención del muchacho.

- ¡AH!

Heiji cayó para atrás y se llevó una mano a la mejilla, donde acababa de sentir algo rozarle y arañarle la piel. Fue en aquel preciso instante cuando Kaito aprovechó para correr y alejarse de él con su botín… Pero algo se lo arrebató de un golpe:

- ¡Mierda!

"¡Estoy harto de esas malditas pelotas!" pensó furioso, al ver como un balón de fútbol, para él ya familiar, había conseguido quitarle el tesoro.

El maletín sobrevoló sus cabezas, ante la ansiosa mirada de todos, dirigiéndose hacia el otro lado de la torre. Si no lo cogían a tiempo caería en los jardines, y aquello únicamente alargaría la batalla…

Decidido, Conan saltó de la torre, ante la pasmada expectación del muchacho de Osaka. El niño estiró el brazo, estando a tan solo un par de centímetro de tocar el maletín, pero otra mano, protegida por un guante blanco, le arrebató su objetivo.

Lo último que vio fue la enigmática sonrisa del ladrón, que acababa de desplegar las alas de su parapente, y en aquellos momentos se alejaba cada vez más de él.

- ¡KUDOOO!

Heiji corrió hasta el final de la torre y estiró el brazo, con el desesperado intento de agarrar del brazo a su amigo antes de este que cayese al vacío… Pero había llegado demasiado tarde.

- ¡AAH!

Conan rebotó en lo que él creyó que era el suelo, aún con los brazos protegiéndose la cabeza. Abrió los ojos y vio atónito como su golpe había sido parado por una inmensa colchoneta blanca, que tenía la cara de Kaito dibujada en el centro. Además, había un mensaje escrito junto con el dibujo:

Esto amortiguará tu derrota, pequeño detective…

Kaito Kid

- Condenado… -masculló enojado, pese a que una parte de él estaba inmensamente agradecida al escurridizo ladrón.

- ¡Conan! –gritó alguien, que corría hacia él.

Ran Mouri, acompañada por Kazuha, el inspector y unos cuantos de sus hombres, se acercaba al niño apresurada.

- ¡Ah! Hermana Ran, yo… -comenzó a explicarse con temor el pequeño, cuando vio a la joven ante él subiéndose a la colchoneta. Bajó la cabeza, a la espera de una tremenda regañina.

Sin embargo, únicamente fue recibido por un conmocionado abrazo, que lo dejó paralizado. Impactado, sintió como el cuerpo de la chica temblaba mientras lo cobijaba, adueñado por el miedo y el nerviosismo.

- ¡Dios mío¡Te vimos caer, creí… creí que ibas a… a…! –Ran dejó de hablar, abrazándolo aún con más fuerza, como si no quisiera dejarlo escapar nunca más. A la vez, las lágrimas se deslizaban lentamente por sus mejillas.

Conan tampoco se esforzó por decir nada más. Cerró los ojos y se sumergió el en calor de aquel cuerpo sacudido.

En su olor a vainilla.


Nota de la autora:

Weeeiii! Encontronazo con Kaito, lo prometido es deuda xDD Espero que lo disfrutaran, yo me lo pasé bien y me emocioné escribiendo n.n, además, que nunca había escrito una escena con tanto Kid xD En fin, ya solo queda un capi, espero zanjar en él todo lo que tengo pensado!

Muchas gracias por todos sus reviews, me guían un montón en sus gustos! Hasta la próxima gente!