Un chico, perdido para siempre
Capítulo 10 – Poder sin control
Estoy en un aula vacía con Hermione y ella me va sugiriendo encantamientos para que los practique sin varita, pero ella no puede darme indicaciones o consejos como lo hace Nicolas. Mi desempeño es errático y los logros esporádicos.
Es bastante decepcionante incluso teniendo en cuenta que esta habilidad me hace más poderoso que Voldemort o que Dumbledore.
No alcanzo todavía a creer que pueda ser cierto, yo no me siento distinto que antes. Lograr encantamientos sin varita para mí no es nada insólito. Ya lo podía hacer hace dos años pero nunca se me había ocurrido que pudiera ser algo tan especial. Por momentos me siento como si estuviera en medio de la bruma… o en un sueño. Como si fuera una fantasía de mí mismo.
Hermione me está diciendo lo que pudo averiguar sobre las profecías. Trelawney le hizo leer las hojas de té. Hermione le dijo que veía al Grim, burlándose de ella obviamente. Pero Trelawney no debe de haberse dado cuenta puesto que le dejó leer un libro como recompensa.
Hermione dice que las profecías que predicen la derrota de alguien tienen una probabilidad de acierto del 70 %. Pero no ha encontrado todavía referencias sobre profecías que especifiquen que alguien sea la causa de la derrota de otro. Al parecer las profecías que apuntan a una persona determinada se destruyen cuando la tal persona muere si la profecía no resultó acertada. Y pasan a la categoría de "falsa profecía", no se usa en estos casos la denominación "profecía inexacta".
Mi querida amiga que no cree en la Adivinación está leyendo los libros de alguien que ha predicho mi muerte unas mil veces; Hermione trata de determinar si la profecía sobre mí y Voldemort es acertada y suponiendo que lo fuera, está decidida a calcular las probabilidades de que yo pueda vencerlo sin sucumbir durante el proceso.
La ironía de la situación podría resultarme cómica, pero dado que las consecuencias para mí podrían ser muy serias no me vienen muchas ganas de reírme.
Cuando terminamos vamos juntos a cenar. Ginny me cuenta lo que ha planificado para la sesión del ED de esa noche. Haberle pedido que me ayude ha sido una de mis más sabias decisiones.
Ron me cuenta algunas ideas que se le han ocurrido para las prácticas de quidditch. La semana que viene vamos a practicar todas las noches preparándonos para el partido contra Hufflepuff. El partido contra Slytherin, que fue anulado, se va a volver a jugar dentro de un mes. Ron me cuenta sus ideas con cierta aprensión, tiene miedo que yo piense que está usurpando mis funciones de capitán. Pero lo cierto es que tiene muy buenas ideas y yo estoy demasiado ocupado con otras cosas para prestarle la atención debida al equipo. Su colaboración me viene de perillas.
Últimamente mis pensamientos siempre parecen derivar a otras cosas. Cuando estoy en clase pienso en las lecciones de Legilimencia. Durante las prácticas de quidditch pienso en las lecciones de magia sin varita. Cuando estoy estudiando en la sala común pienso en los experimentos de Pociones de Perenelle y Snape. Durante las sesiones del ED pienso en la guerra.
Y en cualquier ocasión y en todas las ocasiones siempre estoy pensando en Malfoy. No puedo evitar mirarlo constantemente durante las comidas. Siempre con su novia encima. Una tortura… creo que a partir de ahora me voy a sentar del otro lado de la mesa, dándole la espalda para no tener que soportar el martirio del espectáculo.
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Más de cien alumnos asistieron esa noche a la sesión del ED, muchos de los nuevos eran chicos de primero y segundo que hasta el momento no se habían animado a acercarse. Ginny y Harry los agruparon primero en dos divisiones. Y a su vez, cada división fue fraccionada en siete pelotones, de acuerdo a las habilidades y a la experiencia. A los pelotones de noveles se les asignó un líder de tercero o cuarto. Los demás pelotones eran liderados por los veteranos más diestros del ED.
La primera hora se dedicó a práctica de duelo. Ginny y Harry fueron recorriendo y supervisando las actividades y quedaron gratamente asombrados al comprobar los evidentes y rápidos avances.
Las dos horas siguientes la práctica consistió en enfrentamientos entre pelotones. De a dos pelotones por vez. Los demás miembros que no participaban en el combate se replegaban hacia las paredes protegidos por escudos y aprendían observando.
Los pelotones de Ginny ganaron cinco de los siete combates. Mas tarde Ginny le recriminó que en los pelotones de Harry faltaba cohesión entre los miembros.
—El problema es que se incorpora gente nueva cada vez. —se justificó Harry— Es difícil lograr cohesión si los grupos cambian constantemente.
—Mayor razón para privilegiar la unidad. No van a tener la posibilidad de elegir a quién tienen al lado si los mortífagos atacan. Tienen que aprender a unirse con quienquiera y con todos los que tengan al lado, tienen que aprender a lograr camaradería, aunque sea temporaria, para enfrentar al enemigo.
—Pero no podemos redividirlos cada vez que se incorporen nuevos miembros, perdemos mucho tiempo.
—Ya sé… —admitió Ginny— Los pelotones deberían quedar con la formación actual, y a los nuevos que vengan los distribuiremos en los pelotones ya existentes. Si llega un momento en que son demasiados, dividimos los pelotones en dos escuadras.
Harry rió. —Lupin tenía razón, esto se está transformando en un ejército de verdad.
—Pero para lograrlo cada división debe acostumbrarse a trabajar sincrónicamente. Quizá sería bueno que cada pelotón elija una mascota que le sea propia, eso va a favorecer la unidad y va a desdibujar las rivalidades de Casas.
—Me parece una idea estupenda. —Harry miró el reloj de la pared.
Ginny suspiró medianamente exasperada. —Harry, en algún momento me vas a tener que decir a quién es que vas a ver cuando te escapás de noche. —Harry la miró culpable— Quienquiera que sea te está distrayendo… siempre estás pensando en otra cosa… y siempre parecés frustrado por algo. Me parece que esta… relación… o como quieras llamarla… más te perjudica que lo que te beneficia.
Harry iba a abrir la boca para dar excusas pero Ginny lo frenó agregando: —No es preciso que me des explicaciones… pero recordá siempre que yo soy tu hermana y estoy a tu disposición siempre… para escucharte y ayudarte en todo lo que pueda.
—Gracias, Ginny. —dijo él, se cubrió con el Manto y salió.
Ginny suspiró resignada. Le resultaba muy difícil dejar a un lado sus sentimientos, pero lo que le había dicho había sido sincero. Estaba dispuesta a ayudarlo en todo… así se tratara de romances o de dolores de cabeza.
Pensó en la Orden y en las últimas noticias, sus padres no les comunicaban, a ella y a Ron, prácticamente nada, pero los mellizos sí. Y las cosas se iban poniendo peor día a día.
Si la profecía era acertada y Harry era la única posibilidad de salvación, entonces era su obligación ayudarlo… y si la profecía era errada… también… Harry se lo merecía de cualquier modo.
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Generalmente era él el primero que llegaba al lago, pero esa noche Malfoy ya lo estaba esperando, lo vio de lejos y se sacó de inmediato el Manto.
—Ah, ya estaba pensando que no ibas a venir. —dijo Malfoy cuando se le acercó.
—La sesión del ED se prolongó un poco más de lo habitual.
—¿Realmente vale la pena que ocupes tanto tiempo en eso?
Harry se encogió de hombros. —Alguien tiene que ocuparse de enseñar Defensa. Con esto de que a los imbéciles del Ministerio se les ocurrió suspender el dictado de la materia… ¡justamente ahora cuando más falta hace!
Malfoy revoleó los ojos. —Lo que quiero decir es… que por qué tenés que ser vos… vos ya tenés demasiado en qué pensar y mucho de qué ocuparte. Vos tendrías que estar entrenándote para pelear con Voldemort que es un enemigo formidable… de enseñarles a los chiquitos se pueden ocupar otros. ¿Es que acaso no te das cuenta?
Harry sonrió y se encogió de hombros otra vez, todavía no confiaba lo suficiente en Malfoy como para decirle de los otros entrenamientos. —Todos están en peligro, no sólo yo, tengo que hacer todo lo que pueda para protegerlos.
Malfoy sacudió la cabeza con resignación. —Típico Gryffindor… una lástima realmente. —suspiró— Oh… bueno… es tu pescuezo, no el mío el que está en riesgo. Si yo estuviera en tu lugar estaría entrenándome veinte horas al día.
—Quizá siga tu consejo.
—Deberías. No creas que él te vaya a esperar hasta que estés listo. Cuánto menos preparado estés más ventaja para él.
Harry lo miró con suspicacia. —¿Vos sabés algo?
Malfoy respondió riendo sarcástico. —Por supuesto… él Señor Oscuro me contó todos los planes que tiene para deshacerse de vos… me contó todo después de que me torturó por haberme hecho amigo tuyo.
Harry se le acercó y le rodeó la cintura. —Eso te pasa por no saber elegir bien las amistades.
Malfoy lo miró serio. —Quiero creer que no se lo habrás dicho a nadie.
Harry negó con la cabeza.
—Mejor así. Yo estoy arriesgando mucho para estar con vos. Me debés una… y grande… que no se te olvide Potter.
—¿Que te debo una grande? ¿Por el privilegio de coger con vos? ¿Me estás diciendo que estás conmigo por lástima, Malfoy?
—¡Pero no, Potter! Vos sabés lo que quise decir…
Harry asintió… pero no estaba tan seguro. ¿Acaso Malfoy se creía mucho mejor que él? ¿al punto de considerar que le estaba haciendo un favor? Le hubiera gustado hablar un poco más sobre el asunto… pero Malfoy empezó a besarlo… y Harry se olvidó de todo y se dejó llevar por el placer de los besos.
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A la mañana siguiente durante el desayuno las lechuzas trajeron una carta para cada uno de los cuatro. Las abrieron y las leyeron en silencio y cuando iban terminando los cuatro gritaron al mismo tiempo.
—¡Genial! —fue el grito al unísono de Ron, Ginny y Harry.
—¡Pelotudo! —fue el de Hermione. Los otros tres la miraron atónitos.
Hermione explicó. —Viktor quiere que le arregle una reunión con vos, Harry. Se creerá que yo soy su secretaria o algo así.
—¡El muy imbécil! —exclamó Ron indignado— ¿Vos estás bien, Hermione?
—Mejor callate, Ron. —gruñó ella— Vos siempre quisiste que rompiéramos…
—¡Eso no es justo! Vos sos mi mejor amiga… y me importa lo que te pase. —replicó Ron enojado.
Hermione lo miró en silencio durante un momento. —Perdón Ron… tenés razón… estuve muy mal al decir eso.
—Hagamos de cuenta que no pasó nada. —dijo el más calmo.
—¿Qué dice tu carta? —preguntó Hermione.
—Eh…
Ginny se le adelantó. —¡Fred y George reinauguran el negocio la semana que viene! Nos envían invitaciones.
—Obviamente no vamos a poder ir por la escuela. —dijo Ron— Pero me alegra tanto que se hayan recuperado del mal golpe tan pronto.
—¡Va a haber una gran fiesta en Diagon! —exclamó Ginny entusiasta.
—¡Estupendo! —exclamó Harry.
—Sí… —dijo Hermione mirándolos por turno a cada uno de los tres— ¿Y por qué soy yo la única que no recibió una?
—No sé. —dijo Harry— Pero a mí tampoco me mandaron invitación. La carta mía es de Lupin. Le dieron el alta del hospital.
—¡Genial! —gritaron todos.
Brindaron con jugo de calabaza por las buenas noticias. Harry levantó su vaso en dirección al profesor Dumbledore. El director respondió con un gesto análogo desde la mesa de profesores. Y luego, siguiendo un impulso repentino, Harry se volvió hacia la mesa de Slytherin y alzó la copa hacia Malfoy. Era lo que hubiese hecho en otros tiempos… refregarle las buenas nuevas en las narices… pero en este caso su intención era muy distinta… había que seguir con el juego… que todos creyeran que se detestaban como en las mejores épocas.
Malfoy le devolvió una mirada hostil. Los Slytherin iban a arreciar con los insultos y las provocaciones ese día… pero Malfoy iba a estar seguro. Snape se hubiese mostrado muy orgulloso de él.
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Harry y Ron durmieron durante la clase de Adivinación. Fue un error del que se arrepintieron apenas se despertaron. Les habían lanzado dos hechizos que no causaban ningún dolor.
Ron se despertó y se sobresaltó de inmediato… no podía ver. O sí podía, mejor dicho… pero una serpiente le bloqueaba todo el campo visual.
El cabello de Harry había crecido mientras dormía… varios metros… la cabellera cubría buena parte del suelo del aula… y le costó levantar la cabeza por el peso.
Oyeron las desagradables carcajadas de los Slytherin. Encantados por lo astuto de la jugada.
Harry usó la varita para cortarse la melena a la altura del cuello, de otra manera le iba a resultar imposible caminar para llevar a Ron a la enfermería. Pero no habían alcanzado el final del pasillo y el pelo ya había vuelto a crecer un metro más. Harry se lo cortó una vez más, pero Filch lo vio y le puso una penitencia por ensuciar el pasillo. Durante el tiempo que Filch le estuvo gritando recriminaciones el cabello creció dos metros más. Y los fue siguiendo hasta el ala hospitalaria. Cada vez que Harry se lo cortaba, Filch le agregaba otra penitencia. Por suerte algunos integrantes del ED se acercaron y lo ayudaron a transportar la melena, y ya no tuvo que cortarlo más.
Para cuando llegaron al hospital tenía tres penitencias y una cabellera de veinte metros. Madame Pomfrey se adelantó de inmediato y gruñó con cierta impaciencia. —¡Qué raro que sean ustedes dos los que están en problemas!
—No es culpa nuestra. —replicó Ron exasperado.
—Es cierto. —dijo Harry con una sonrisa— Pero por el lado positivo qu mejor gusto que venir a visitarla.
—Siempre tan zalamero, usted, señor Potter. —dijo ella halagada dándole una palmada no muy suave en la espalda.
La sanadora neutralizó el hechizo de Ron con un encantamiento; Ron recuperó una visión casi normal a los pocos minutos. Seguía viendo una especie de sombra tenue de la serpiente, madame Pomfrey le aseguró que recuperaría completa normalidad de visión dos o tres horas más tarde.
A Harry le dio una poción para contrarrestar el efecto del hechizo, pero la mala noticia era que la poción iba a demorar veinticuatro horas para devolverle a los cabellos una velocidad de crecimiento normal. Durante todo ese tiempo Harry iba a verse obligado a cortarlo constantemente. Harry gruñó fastidiado.
El Gran Salón estalló en risotadas cuando Harry entró para la cena. La mayoría no eran sino risas divertidas, sólo las de los Slytherin sonaban maliciosas y venían acompañadas de abucheos e insultos más o menos disimulados. Harry tomó asiento dándoles la espalda.
Para disminuirle en parte la incomodidad, Hermione, con mucha sagacidad, había usado dos encantamientos uno para que el pelo pesara menos y otro para que se fuera trenzando espontáneamente a medida que crecía. Ginny se encargó de cortarle la trenza cada tanto durante la comida.
Uno de los efectos colaterales del hechizo era un apetito voraz. El crecimiento acelerado del cabello consumía ingentes cantidades de energía. Harry trató de comer pausadamente pero ingirió el triple de lo que comía habitualmente.
Snape pasó en un momento y se detuvo a su lado con su usual mueca desdeñosa pintada en el rostro.
—Señor Potter, Ud. sabe muy bien que el código de buena presencia y vestimenta de la escuela establece que los varones deben llevar el cabello cortado por encima del cuello de la toga. Diez puntos menos para Gryffindor y cumplirá penitencia conmigo esta noche.
Hubo risotadas en la mesa de Slytherin y quejas y miradas hoscas en la de Gryffindor. Para sus adentros, Harry suspiró de alivio, no hubiera podido cubrirse con el Manto de Invisibilidad con el pelo creciéndole así. Snape le había proporcionado una buena excusa para que se presentara en los subsuelos esa noche para la clase de Legilimencia.
Más tarde, fueron Ginny y Neville los que lo escoltaron a la "penitencia". Hermione estaba ayudándole a Ron con un deber de Transfiguración, los dos se habían quedado en la sala común. Harry les dijo que probablemente terminaría muy tarde, después del toque de queda, les pidió que no vinieran a buscarlo, que el sabría arreglárselas solo para volver.
Cuando entró en el aula de Pociones, Snape estaba sentado al escritorio. Lo miró con su sempiterna expresión desdeñosa.
—Señor Potter, su penitencia consistirá en fregar el piso del aula. No podrá emplear para la tarea ningún tipo de magia, con varita o sin ella. Podrá retirarse una vez que haya concluido.
Harry se quedó mirándolo boquiabierto durante varios segundos. Hasta que se dio cuenta y sonrió.
—¡Muy gracioso! —pensó exponiéndole la idea al frente
—Sabía que le iba a resultar divertido. —pensó Snape y dibujó una pequeña sonrisa— Y veo que ha estado practicando. —agregó en voz alta después de poner un encantamiento silenciador.
Harry se sonrojó. —Un poco… —dijo con culpa.
—Sinceramente, señor Potter, no hace falta saber Legilimencia para darse cuenta de lo que Ud. siente o piensa; Ud. ofrece toda la información de manera gratuita y manifiesta, basta sólo con mirarlo.
Harry lo miró con desconcierto. —¿Qué me quiere decir, señor?
—Su lenguaje corporal, la expresión de su cara y el tono de su voz… lo dicen todo. Usted se siente culpable por haber practicado con… quienquiera que sea que le dio esos chupones. Sé que aprendió Oclumencia con Dumbledore pero me pregunto para que se molestó en aprender si constantemente está con el corazón en la mano.
Harry adoptó una expresión impasible. —¿Así está mejor?
—Mucho mejor. Tiene enemigos en la escuela, señor Potter. Ud. lo sabe… hay alumnos que responden al Señor Oscuro… lo vigilan y lo espían, observan sus reacciones buscando signos de debilidad. Por eso celebro que haya resucitado el ED, no se acobardó cuando empezaron los ataques, todo lo contrario.
—Eso fue una idea de Hermione. —aclaró Harry.
—Digamos entonces que sabe Ud. elegir bien a sus amigos… Pero una vez más se ha expresado con sinceridad, con demasiada franqueza y eso a veces no es lo conveniente. Si insiste en mostrarse humilde, hágalo... pero sólo frente a sus amigos. Para todos los demás Ud debe proyectar fuerza de carácter. El Señor Oscuro no debe nunca enterarse de que Ud. está pasando un mal día, porque si lo sabe, se las va a ingeniar y va a hacer todo lo posible para hacerle pasar muchos más malos días. Usará ese recurso para debilitarlo al punto de que ya no pueda pelear contra él.
Harry asintió. —Eso que me dice tiene mucho sentido.
Para la clase se trasladaron a la oficina. Snape puso un encantamiento de alarma en el aula para que los alertara si entraba alguien. Le dio también un fajo de deberes para corregir, también para disimular.
Snape empezó explicándole qué era lo que tenía que buscar para poder capturar pensamientos más complejos que palabras o frases cortas. A Harry la lección empezaba a resultarle más fácil que en las oportunidades anteriores. No demoraron en pasar a ideas abstractas y emociones.
En un momento Snape incursionó en la idea de "amor". Harry reaccionó mal.
—¿Qué está haciendo? —le espetó poniéndose de pie, al tiempo que intensificaba al máximo sus escudos de Oclumencia— ¡Me había dicho que podía confiar en Ud.!
—Y es así. —respondió Snape impasible— Tuvo Ud. una reacción muy fuerte ante ese concepto, dado que estábamos conectados mentalmente era inevitable que me diera cuenta.
—¡Ud. intentó escarbar! —gritó Harry.
Hubo una milésima de segundo de vacilación en los ojos del profesor. Fue suficiente… Harry le taladró la mente.
—¡¿Qué fue lo que vio?!
—Harry, por favor… tome asiento. —dijo Snape con tono calmo e hizo un gesto hacia la silla.
—¡No! ¡Dígame lo que vio! —aulló Harry indignado. Se sentía traicionado.
Snape también se puso de pie, se inclinó sobre el escritorio y lo miró enojado, los ojos negros relumbraban con chispas feroces— Señor Potter, —pronunció con tono cargado de autoridad— ¡Siéntese!
Harry no estaba dispuesto a ceder. Cuadró los hombros y respondió con un tono de voz neutro. —Dígame lo que vio.
Snape cruzó los brazos sobre el pecho. Un segundo más tarde el asomo de una sonrisa comenzó a dibujársele en los labios. La sonrisa se amplió un instante después… y empezó a reírse.
Harry quedó perplejo, nunca lo había visto riéndose así… era una risa genuina… pero igual se negaba a ceder… sus ojos brillaron con hostilidad. Snape volvió a sentarse y conjuró un servicio de té y escones. Sirvió una taza de té para cada uno y volvió a pedirle a Harry que tomara asiento. Harry así lo hizo pero seguía mirándolo muy desconfiado.
—Coma algo, sé que tiene hambre. —dijo el profesor. Harry sacudió la cabeza, se reclinó sobre el respaldo de la silla y siguió mirándolo fijamente demandando una explicación.
—Harry, su cabello ha crecido cinco metros desde que entró acá. Pero aparte de eso… su mente ha estado… proyectando hambre… desde que empezamos la lección. Tales necesidades fisiológicas básicas son tan viscerales que prácticamente nadie, ni el oclumente más logrado, puede ocultarlas. Encomio su fuerza de voluntad… pero dado que hay comida frente a Ud., no veo razón alguna para que tenga que refrenarse de satisfacer su apetito.
Harry no movió un músculo, siguió mirándolo impasible y hostil, exactamente igual que antes.
—Ya veo. —dijo Snape tras una larga pausa, tomó un sorbo de su té y esperó otro intervalo antes de proseguir— Del mismo modo en que Ud. está proyectando hambre como ahora… también ha estado proyectando frustración por cuestiones románticas. Debo conceder que ha sabido ocultarlas muy bien… pero tal como le había dicho… ni siquiera el mejor puede bloquear por completo ese tipo de pensamientos tan viscerales. Nos hemos sentido preocupados al respecto.
Harry alzó una ceja incrédula.
—Sí, señor Potter, yo también. Somos muchos los que estamos pendientes de Ud.. Algunos, enemigos, para informarle de sus debilidades al Señor Oscuro, otros… como yo… Señor Potter, cuando yo incursioné en el territorio mental "amor"… su reacción fue descontrolada, desproporcionada… e inmediatamente se hicieron presentes otros poderosos sentimientos combinados… deseo sexual, culpa, miedo… y frustración también, emoción que había sido una constante en los últimos días. Mi intención no era traidora… sólo trataba de evaluar hasta qué punto podían afectarlo negativamente esas emociones.
—Hay algo más que no me está diciendo…
—Así es… estaba por decirlo justamente… tiene que ver con el poder. Ud. se dio cuenta de que yo estaba incursionando en sus emociones. Y no sólo eso… se dio cuenta de lo que yo estaba pensando como consecuencia de lo que veía en su mente. Un poder extraordinario el suyo… dado que como legilimente tiene poca experiencia… dudo que el Señor Oscuro se hubiese dado cuenta, y él es un legilimente muy experimentado.
Los rasgos de Harry se suavizaron y suspiró profundamente.
—¿Debo entender que me está diciendo que soy más poderoso que Voldemort también en lo que respecta a esta cuestión?
—Ud. es más poderoso que él. Pero él tiene mucho más control… y es por eso que todavía Ud. no está listo para enfrentarlo. Pero si Ud. se aviene a continuar con el entrenamiento aprenderá a ganar control… y podrá vencerlo. —Harry supo que le estaba diciendo la verdad, Snape tenía sus defensas oclumentes en alto pero Harry podía atravesarlas.
—Puedo sentir que me está invadiendo, señor Potter.
—Ud. también debe de ser muy poderoso si se dio cuenta.
—Es una cuestión de práctica más que de poder.
Harry siguió leyéndolo sin pruritos éticos. —Ud. confía en mí. —dijo finalmente.
—Así es. —dijo Snape— Y Ud., señor Potter, ¿sigue confiando en mí?
Harry no respondió, se inclinó hacia adelante, tomó la taza de té y bebió un sorbo; en ningún momento le quitó los ojos a los de Snape. Snape se estaba preguntando por qué Potter no se comía también un escón… tenía hambre, eso no lo podía ocultar.
—Estoy tratando de proyectar fuerza de voluntad. —respondió Harry a la pregunta no formulada.
—¿Cómo dijo? —preguntó Snape algo confundido.
—Por eso no como… No quiero hacerle saber a Ud. que tengo hambre… con mis amigos sería distinto, a ellos les diría sin problemas que tengo hambre.
Snape entrecerró los ojos con exasperación pero Harry sabía que en el fondo el comentario lo había divertido.
Sonó la alarma. Harry agarró los deberes que tenía adelante y fingió ponerse a leerlos como si estuviera corrigiéndolos. Con un rápido movimiento de varita, Snape hizo desaparecer el servicio de té y los escones. Perenelle entró en la oficina.
Ella contempló la escena y sonrió. —Mírenlos nomás, corrigiendo deberes juntos… si hasta se diría que son viejos amigos. —se volvió jovial hacia Harry— ¿Y cómo anda mi conejito de Indias de cabellos largos?
—Perenelle, estoy muerto de hambre. —dijo Harry. Se puso de pie y la saludó con un abrazo. Snape conjuró más té y escones… y un plato de sándwiches.
—¡Severus! ¿Cómo te va? —saludó Perenelle. Se inclinó por encima del escritorio e intercambió con él besos en las mejillas. Metiéndose un sándwich entero en la boca, Harry los miró asombrado mientras intercambiaban algunas frases amables. Snape parecía realmente contento, Harry nunca lo había visto con una expresión así.
—¡Merlín, Harry! —exclamó Perenelle— ¡Sí que estás con hambre! —Harry ya iba por el segundo sándwich.
—Justamente… —intervino Snape con tono intencionado— …Harry me estaba hablando de su fuerza de carácter…
—En realidad estábamos hablando de amistad y de confianza, Sev. —puntualizó Harry con la boca llena.
—Harry, te recuerdo que yo sigo siendo tu profesor… —empezó a decir Snape.
—¡Pare, paren, paren! —interrumpió Perenelle. Los dos se volvieron a mirarla sorprendidos— Me pareció detectar demasiada tensión en el ambiente cuando entré y decidí emanar buenas ondas de cordialidad… pero me parece que se me fue la mano… vuelvan ya mismo a los apelativos señor Potter y profesor Snape.
Harry abrió grandes los ojos de asombro y volvió a sentarse. —¿Puede Ud. hacer algo así?
—Claro, pichón. Una habilidad bien chévere… ¿no te parece?
—¡Sí! —contestó Harry riendo.
Perenelle se le acercó y le pasó una mano por los cabellos trenzados. —Hum… vamos a tener que hacer algo con respecto a esto. A decir verdad los dos necesitan un corte de pelo.
Snape adoptó de inmediato una expresión beligerante. —Perenelle, ya te he dicho…
—Y yo ya te he dicho, Severus, que si persistís en negarte al cuidado de tus cabellos… no sólo van a seguir tan grasientos como ahora, te vas a quedar calvo antes de los cincuenta. Si me permitieras cortártelos te resultaría mucho más rápido aplicarte los tónicos protectores a la mañana.
—Me gusta llevar los cabellos largos.
—Deberías entonces tomarte el tiempo necesario para aplicarte los tónicos.
—Soy un hombre con muchas obligaciones.
—Permitime que te lo corte entonces.
—Perenelle… ¡no! —exclamó Snape con tono determinado.
Ella hizo un puchero frustrado y luego se volvió hacia Harry con ojos afectuosos.
—Bueno, parece que Severus va a seguir empecinado en que no lo ayude. —miró de soslayo a Snape con fastidio— Pero vos me vas a dejar que te ayude, ¿no es así, Harry?
Harry sonrió. —¿Puede hacer algo para que deje de crecer tan rápido?
—Veamos… —anuló primero el encantamiento de autotrenzado y hundió los dedos en el pelo masajeándole suavemente el cuero cabelludo. Cerró los ojos y murmuró: Capilli tardus.
A Harry le pareció percibir la detención del crecimiento acelerado y el hambre mermó de inmediato.
—Y ahora vamos a deshacernos de esta melena hiperdesarrollada. —y procedió a usar los dedos a modo de tijeras, fue girando a su alrededor trabajando como una coiffeuse experta. Cuando hubo terminado, conjuró un espejo y se lo tendió a Harry para que pudiera observar los resultados de su labor.
Harry se contempló unos instantes, se lo había dejado muy corto y las mechas negras se erizaban como siempre, pero era un look muy sentador y muy a la moda.
Sonrió, se puso de pie y la abrazó. —¡Gracias!
Con un rápido movimiento de varita, Snape hizo desaparecer todo el cabello que alfombraba buena parte del suelo. —¿Ya está listo para la poción? —interrogó.
Por el tono Harry se dio cuenta de que había vuelto a ser el Snape de siempre. Asintió escuetamente y tomó asiento. —¿Qué tienen hoy para mí?
—Es una variante de una simple poción de sueño lúcido. —explicó Perenelle— La hemos combinado con otra poción, una que suele usarse para crear vínculos. Creemos que puede facilitarte la localización de la mente de Voldemort.
—Y si ése llegara a ser el caso, —agregó Snape muy serio— ni se le ocurra tratar de usar con él sus recientemente adquiridas habilidades de legilimente. Todavía no ha Ud. adquirido la destreza suficiente como para colarse inadvertido. No queremos que se dé cuenta de la intrusión, puesto que reforzaría sus barreras bloqueando toda posibilidad de acceso en el futuro.
—Entendido. —asintió Harry.
—Y otra cosa más, Harry. —dijo Perenelle— Apenas te despiertes usá esta pluma para escribir todo lo que hayas soñado. Está encantada para estimular la memoria.
—Harry… —dijo Snape mirándolo directo a los ojos y con las barreras de Oclumencia bajas como gesto de buena fe— está también encantada para que no puedas omitir ningún detalle… no es que no confiemos en vos… pero puede haber detalles que parezcan insignificantes pero que pueden adquirir importancia más adelante. Tanto Perenelle como yo hemos jurado un voto de secreto, no podemos divulgar nada de lo que escribas con esta pluma, excepto que lo autorices expresamente. ¿Te parece bien?
—Sí. —contestó Harry— Pero entonces, nadie va saber de la poción… si es exitosa ¿ustedes no van a obtener crédito alguno?
—No estamos haciendo esto por los honores. —respondió Perenelle— Lo estamos haciendo por vos y por el mundo mágico.
—Pero esta poción podría ser un logro extraordinario…
—Un logro que a mí podría significarme la muerte. —le recordó Snape.
—Y si esto trascendiera estaríamos poniendo tu vida en peligro. Y yo estoy muy encariñada con mi conejito de Indias y no quiero que le pase nada.
Harry les sonrió agradecido. Tenía ganas de abrazarlos… a los dos.
—Señor Potter, háganos el bien de guardarse el corazón que tan manifiestamente está exponiendo en la mano. No existe razón alguna para este despliegue de gratitud injustificada.
Harry lo miró, le copió la mueca desdeñosa y el tono para replicar: —Ciertamente.
Perenelle se echó a reír.
oOo
Harry se despidió y los dejó discutiendo sobre Pociones. Cuando salió al pasillo miró la hora. Era muy tarde para ir al lago, si Malfoy había ido seguramente ya habría vuelto, cansado de esperar. Una lástima… a Harry le hubiese gustado alardear con su nuevo corte de pelo.
Cuando pasó frente del corredor que conducía a los aposentos de Snape se le ocurrió una idea. Se cubrió con el Manto y caminó hasta la puerta. Se detuvo frente a la serpiente de piedra que la guardaba.
—¿Hablas pársel? —preguntó Harry.
—Sí. —contestó la serpiente— Aunque nadie me había hablado en mi lengua desde hace cincuenta años.
Harry se estremeció. Sin dudas estaba haciendo referencia a Tom Riddle. —Soy amigo del profesor Snape. —dijo Harry.
—Eres el Invisible, —dijo la serpiente— que lo ha acompañado en otra oportunidad.
—Ése soy yo. —confirmó Harry— Me preguntaba si tú estarías dispuesta a que le juguemos una broma.
—¿Qué broma quieres que le juguemos?
—La próxima vez que quiera cambiar la contraseña, niégate a aceptar todas sus propuestas. Proponle a cambio alternativas que suenen ridículas.
—El profesor Snape es muy serio… ésta va a resultar una broma excelente.
—Gracias. Cuento contigo entonces. —se despidió y emprendió el regreso a la torre de Gryffindor.
Para su gran agrado hubo varias exclamaciones contenidas, sobre todo femeninas, cuando lo vieron entrar a la sala común con su nuevo corte de pelo.
—¡Genial, Harry! —lo felicitó Ginny— Te queda fabuloso.
Harry se sonrojó. Igualmente pensó que si Ginny que era su hermana había quedado tan bien impresionada, entonces Malfoy… trató de apartar el pensamiento, era mejor no ponerse a imaginar lo que podía hacer Malfoy reaccionando gratamente impresionado.
Se sentó con sus amigos junto a la chimenea y estuvieron charlando y jugando a las cartas hasta muy tarde.
Ya con el piyama puesto y antes de trepar a la cama, preparó pergamino, tinta y la pluma encantada. Acomodó todo con esmero sobre la mesita de luz. Procedió durante unos minutos a aclarar la mente y finalmente se bebió la poción.
Se acostó y cerró los ojos. Demoró muy poco en conciliar el sueño.
oOo
