Era medio día, el sol incidía directamente sobre las cabezas de los hombres, que avanzaban incansable a través de las arenas, con la visión de la recompensa dándoles la energía que necesitaban para continuar. Pero aquel calor era peligroso hasta para el más avezado habitante del desierto y algunos de ellos ya sufrían delirios debidos a la intensa deshidratación.

Chigaru se secó el sudor de frente bajo sus ropajes y se dirigió a Bomani jadeante:

- Esto es el infierno, ahora si suena apetecible la idea de tomar la ruta junto al Nilo -.

Bomani negó con la cabeza y se pasó un dedo por el cuello. Y es que aquellas eran las principales rutas de comercio, objetivo preferido de otros grupos de bandidos, más ahora que los soldados que las patrullaban habían partido para defender sus hogares de la poderosa armada Nubia.

Pero el sol inclemente, la falta de agua y los hombres no eran sus peores enemigos… había algo más, algo que se acercaba cargado con el intenso deseo de verles morir. El tiempo empezó a cambiar y los líderes de la caravana se detuvieron. Chigaru y Bomani miraron al horizonte y la expresión serena de ambos se hizo añicos.

– Pero de donde ha salido …-. Frente a ellos, como un enorme muro cuyo final no alcanzaba a discernir la vista, se aproximaba a toda velocidad una tormenta de arena monstruosa, mucho más enorme de las que habían visto jamás. Los caballos empezaron a ponerse a nerviosos y los hombres sencillamente miraban aterrorizados aquel infierno que se cernía sobre ellos. Chigaru se dirigió a todos para intentar poner orden y calmar al grupo:

- ¡Escuchad!, da igual lo grande que sea, ¡es una tormenta de arena!, hemos pasado por esta situación decenas de veces y nadie ha muerto hasta ahora … vamos, ya sabéis lo que hay que hacer, ¡así que dejad de admirar a ese monstruo y poneos en marcha!, ¡tapad la jaula!, ¡cubríos los ojos, la boca, la nariz!, subid la colina, escondeos tras lo que podáis y aguantad! , ¡detrás de esto nos espera una montaña de oro , suficiente para que todos alcancemos la ansiada liberación de esta vida miserable!, ¡VAMOS!-

Los hombres se miraron, asintieron motivados y de inmediato empezaron a prepararse para el contacto. Pero incluso con las palabras de ánimo de su capitán, no podían evitar sentir escalofríos al ver aquello. Era tan enorme y violenta que parecía que iba a devorarles cuando les alcanzara, a deshacerlos en un millón de pedazos, como si se tratara de una tormenta de pequeñas cuchillas que buscan la sangre. En el interior de la jaula todos estaban agarrados, temblando de miedo e indefensos más allá de unas tristes mantas raídas. Bes se acercó a su aterrorizado hermano pequeño y lo abrazó contra él. Este se le agarró a la espalda, lloroso, mientras decía:

– No quiero morir así… -. Bes le acarició el pelo y negó con la cabeza. – No vamos a morir aquí-

La tormenta se encontraba muy cerca y todos cerraron los ojos para recibir el impacto cuando algo increíble sucedió: Como si tuviera vida, aquel enorme muro de arena los evadió.

Todos se quedaron helados al ver aquello, parecía como si algo divino hubiera les hubiera protegido. Pero entonces, antes de que los hombres pudieran cantar victoria, el muro de arena cambió de rumbo… y los cercó. Ahora estaban atrapados en mitad de una tormenta interminable, en una cárcel cuyos barrotes eran la misma tormenta. Todos se preguntaban que sucedía, miraban a sus líderes buscando una respuesta, pero estos estaban tan desconcertados como ellos.

Tardaron en darse cuenta de que la muerte los había alcanzado. Una sombra prácticamente imperceptible al ojo humano derribó a un hombre y algo salpicó a sus compañeros cercanos.

–¿pero…que? -.

Se miraron el traje, estaba lleno de sangre… y en el suelo, el hombre que hace un instante estaba junto a ellos, yacía sin vida con un agujero justo en el corazón. Sobre el cadáver, un joven enorme, de ojos violetas, con una gema en el antebrazo y mirada fría y asesina. Antes de que ninguno de los dos pudiera reaccionar, cayeron al suelo, sin heridas, pero sangrando y con la mirada perdida en el vacío. Los bandidos dirigieron su atención hacia aquel ser que había aparecido de la nada, incapaces de mover un músculo. Zircón caminó sobre los cadáveres impasible, disfrutando de aquellas miradas de desconcierto y terror.

Sacaron y sus espadas y Chigaru y Bomani se pusieron al frente. El joven de ojos plateados sabía que no podían huir, la mirada de que aquel ser le decía que, sea por lo que fuese, había venido aquí simplemente a acabar con sus vidas, que nada de lo que dijeran los salvaría… y que su lucha había acabado en el momento el que los alcanzó.

Varios de los bandidos se lanzaron a por el con la espada en ristre, pero su determinación se hundió cuando cruzaron sus miradas con la de Zircón. En menos de un segundo, este invocó unos brazales de su gema, que se extendieron por todo su cuerpo, cubriéndolo con una especie de armadura fantasmagórica. Intentaron huir, pero del cuerpo del ser salieron varios ecos fantasmales que se abalanzaron sobre ellos y les arrancaron los miembros sin piedad y con una facilidad pasmosa, como si fueran simples moscas a las que les arrancaban las alas. Varios de los bandidos se orinaron encima presenciado aquella carnicería, muchos de ellos miraban aterrorizados a sus capitanes, los cuales también estaban estupefactos y eran incapaces de reaccionar.

Zircón dejó ver una sonrisa de satisfacción ante el escenario que había creado.

- … Temblad, como lo hicieron los niños al ver morir a sus padres…-

Chigaru se puso firme y se dirigió a él con una mirada de rabia. –¡¿Qué se supone que eres tu…?!-. Zircón agarró una espada del suelo, miró el filo y entonces se acercó a él como una ráfaga de viento huracanada, quedando frente a frente a escasos centímetros de su rostro.

- ¿Que más te da?, si vas a morir-.

Y entonces su mirada cambió, se volvió una llena de ira y cortó por la mitad al hombre que había justo detrás suya, bañando a Chigaru en su sangre. El joven se quedó paralizado, con los ojos en blanco, mientras el resto de los bandidos caían presa del pánico e intentaban huir, solo para ser cazados y asesinados por el eco de los movimientos de Zircón.

Bomani se lanzó a por él, pero Zircón respondió con fugaz tajo vertical ascendente. El viejo soldado consiguió esquivar el fatal ataque por un pelo e intentó contraatacar, pero ahora el pesado golpe descendente cayó sobre él, obligándole a cubrirse. La espada se quebró como si fuera un papiro gastado, pero él pudo escapar de nuevo de la muerte, no esta vez sin consecuencias: su mano derecha había desaparecido junto con su espada.

Bomani retrocedió esbozando una expresión de dolor y varios jinetes se lanzaron a galope contra él monstruo e intentaron alcanzarlo, pero Zircón sencillamente se apartó un lado de un salto antes de que la carga le alcanzara, y de un tajo con ambas manos, le cortó la cabeza de cuajo a uno de los caballos, haciendo que el jinete cayera con él y se partiera el cuello en la nefasta por la nefasta caída.

Los jinetes restantes miraron sorprendidos la escena por un instante y entonces volvieron a cargar, pero Zircón meneó los dedos y una ráfaga de viento extremadamente violenta los tiró al suelo. La gema se acercó a uno de los jinetes derribados y lo levantó del suelo con una sola mano dispuesto a rematarlo. Bomani se acercó corriendo hacia el para intentar rescatarlo, pero Zircón palmeó el aire frente a él y un eco de su cuerpo lo tiró hacia atrás con un leve pulso de aire…y ante la impotente mirada de sus compañeros volvió a fijar su atención en el jinete y esta vez concentró un enorme pulso de viento explosivo en su pecho, que hizo trizas sus costillas y órganos internos al desatarlo. El otro jinete cedió al terror de la escena y salió corriendo despavorido hacia la tormenta de arena, pero nada más alcanzarla se deshizo como un peluche ante la fuerza de esta.

Ahora solo Chigaru y Bomani seguían vivos, el resto alfombraban la arena del desierto y la pintaban de rojo. Chigaru seguía congelado de terror y Bomani miraba impotente como su adversario descansaba sobre el cadáver de uno de sus compañeros. Zircón esbozó una sonrisa triste y dejó escapar una leve risa entre dientes.

- …A Rose le parecía despreciable usar nuestra fuerza contra los seres humanos, incluso mostrar nuestros poderes era algo intolerable según Perla… ninguna se daba cuenta de que en la intención de protegerlos se creían por encima de los seres humanos, como si fuéramos una especie de … dioses… o cualquier cosa con unos valores por encima de los vuestros, porque… ¡que deshonra caer presa de la ira ante unos seres inferiores e incapaces de hacernos nada! -.

Chistó y su expresión se tornó feroz. - Eso es porque ninguna de ellas llegó a probar el dolor que pueden provocar un humano, nunca tuvieron la posibilidad… no, no estamos por encima, somos igual de salvajes llegado el momento de la verdad, ¿verdad hombre mudo?, ¿a qué ahora por ejemplo tu deseas matarme con todo tu ser? -

Bomani lo miraba con desprecio e impotencia en absoluto silencio, sabía que no podía hacer nada. Zircón se acercó hasta él y le puso la espada en la nuca.

- No te preocupes, ya me he saciado, esto será rápido-.

Zircón levantó la espada y Bomani cerró los ojos, preparado para morir … pero entonces algo atacó por la espalda a la gema… Chigaru se había abalanzado sobre él. Zircón se dio media vuelta y de un salto intentó esquivarlo, pero incluso con su rápida reacción recibió un corte en el ojo izquierdo.

-No te atrevas a tocarle…-

Bomani miró al joven y empezó a negar con la cabeza, suplicando con la mirada que el chaval se fuera de allí … fue en ese instante Zircón lo comprendió todo.

-Este chico de ojos plateados es tu hijo …-.

No podría haberse presentado más deliciosa venganza que aquella. Zircón se abalanzó sobre el chico con la espada en ristre, cuando Bomani se agarró a sus piernas. En un instante pensó en despacharlo, pero entonces el mudo hizo lo imposible, el mudo habló:

-¡..i..e..dad, or...fa…or!-

Pedía piedad… pero no para él. Bomani lloraba, suplicaba por la vida de su hijo con todo lo que su cuerpo daba de sí. Ver aquella escena le recordó inevitablemente a Sefu, lo que hizo que su piedad aflorara por un instante…Zircón bajó la espada y chistó contrariado. Chigaru se abalanzó sobre él gritando, pero a medio camino se cayó como un plomo al suelo. Su padre gritó con los ojos llenos de lágrimas, pero entonces Zircón negó con la cabeza.

– No está muerto, solo ha perdido el conocimiento por falta de… digamos aire … -

El viejo soldado lo miró sorprendido, ¿había realmente perdonado la vida a su hijo o aquello era solo un juego macabro?. La tormenta de arena se disipó en un instante y Zircón señaló uno de los caballos.

- Vete, antes de que despierte tu hijo, mantenlo alejado de esta existencia miserable maldita sea…-

Bomani asintió con la cabeza, recogió a su hijo en brazos y se dispuso a irse.

-Es…ero no ver…te nun..ca más-

Zircón asintió serio.

-Claro que lo esperas…-

Cuando Zircón se aseguró de que el caballo se había perdido en el horizonte, enterró los cuerpos bajo una manta de arena y se acercó a la Jaula. Quitó las mantas y miró a los esclavos; estaban temblando en una esquina, puede que no hubieran visto nada, pero lo habían escuchado todo. Sin embargo, al verlo todos se abalanzaron hacia los barrotes.

-¡¿Shu?!, ¡¿eres tú?! , ¡estás vivo!, ¡estás aquí!-

Zircón partió el candado de un espadazo y todos salieron y todos le abrazaron. La gema les devolvió el abrazo y con una enorme sonrisa en el rostro se dirigió a todos ellos:

-Cuidad bien de mi pequeño- .

Y dichas estas palabras, la conciencia de Zircón se desvaneció para no volver jamás…