Capitulo 10

Snape mantuvo un ojo en el mocoso y otro en el reloj. Recientemente equipado con las normas básicas para una buena caligrafía y una pluma funcional, Harry logro mostrar bastante mejora cuando finalizo sus 200 líneas, que termino poco antes de la cena.

-¡Aquí están, Profesor!- Harry dijo feliz. -Las conté dos veces para ver que estuvieran todas.- Y le entrego el pergamino con orgullo.

Normalmente en este punto, Snape le mandaba un hechizo incendio al pergamino para demostrarle al sinvergüenza cuan inútil había sido el castigo. Todo su tiempo y esfuerzo gastados en algo sin sentido y sin valor ni siquiera para el hombre que lo había solicitado. Más de una vez, este casual acto de crueldad había reducido a estudiantes a las lágrimas, cuando se daban cuenta lo malvado y sin corazón que era en realidad su Profesor de Pociones.

Pero de alguna manera, mirando la cara de satisfacción que Harry tenía por sus 200 líneas, el producto de toda una tarde de esfuerzo agotador, Snape no pudo hacerlo. -Hm,- observo el pergamino. -No tan terrible como podía haber sido,- dijo reluctante.

-¿Así que en vez de garabateos de pollo, quizás son garabateos… de mono?- le pregunto Harry descaradamente.

Snape entrecerró lo ojos. -Su caligrafía todavía no alcanza el nivel de los primates, Sr. Potter.-

-¿Garabateos de pavo? ¿O de búho? Pingüino – Harry se estaba divirtiendo mucho con estos pensamientos, y Snape dejo caer su mano con fuerza en el escritorio produciendo un sonoro crash.

-POTTER. ¡Estas siendo castigado!-

-Oh,- Harry dijo culpable. Hizo su mejor esfuerzo para lucir arrepentido. El profesor no tenía que estarle recordando eso. Ahora el hombre iba a pensar que no estaba haciendo un buen trabajo disciplinando a Harry. ¡Pobre Profesor Snape! Harry sabía cómo era el que te hicieran sentir que no habías hecho un buen trabajo, pese a que habías hecho tu mejor esfuerzo. No quería que el profesor se sintiera de esa manera.

Pese a lo que el Sr. Weasley le había dicho, estaba claro para Harry que el profesor simplemente no sabía cómo ser demasiado estricto. Y solo porque Snape realmente no entendía este asunto de los castigos, no quería decir que Harry debía hacerlo sentir mal por sus defectos. -Lo siento señor.- Pensó con fuerza. ¿Que podía decir que hiciera creer al profesor que su "castigo" había sido efectivo? -Em, Siento mucho haber tomado riesgos con mi seguridad. Aprendí mi lección, en serio.- Miro al profesor preocupado. ¿Funcionaria eso? No había querido en realidad hacer sentir inadecuado al Profesor Snape.

Snape miro al mocoso con los ojos entrecerrados. Así estaba mejor. El chico lucia ansioso ahora, y se mordía los labios, nervioso. Obviamente el arrebato de Snape había asustado a la pequeña amenaza. Sus familiares probablemente le gritaban con frecuencia.

Snape se movió incomodo cuando un extraño sentimiento de culpa se alojo en su pecho. Harry era mucho más frágil que los normales horrorosos estudiantes de Hogwarts. Debía recordar eso y no ser su típico ser enojón, para que así el chico no se acordara de sus desagradables familiares Muggles.

-Estoy contento de escuchar eso, Sr. Potter,- le dijo, su voz sería pero más calmada. -Tu bienestar es muy importante para que lo trates tan casualmente o que corras riesgos innecesarios. No voy a relajar mi posición en ese asunto, así que si no deseas pasar todas tus tardes copiando líneas, escribiendo ensayos, y sobando tu adolorido trasero, te sugiero que muestres mas precaución en tus actividades diarias.-

Le tomo a Harry unos momentos comprender todas las palabras, pero una vez que lo hizo, su rostro se ilumino con una sonrisa. ¡El Profesor Snape había dicho que Harry importaba! Había dicho que la salud y seguridad de Harry eran importantes. Que Harry no debía hacer tonterías que podían lastimarlo, porque era importante. Eso era casi lo mismo que decir que Snape se preocupaba. Mucho mejor, porque mucha gente decía a veces que se preocupaba, pero no lo demostraba con acciones.
Pero Snape hacía más que eso. Había dicho que si Harry se ponía en riesgo, él, Snape, lo detendría. Incluso había amenazado con golpearlo nuevamente, no que sus suaves palmadas en realidad dejaran a Harry con el trasero adolorido, pero era obvio que el Profesor Snape creía que sí. De todas formas, sus amenazas mostraban lo serio que era, porque él solo usaba los palmazos para la más terrible de las malas conductas. Caracoles, eso era casi como decir que nada era más importante que Harry.

Harry parpadeo. Este era un pensamiento tan revolucionario que tenía que probarlo.

-¿Señor?-

-¿Qué?- Snape frunció el ceño. El chico todavía lucia un poco ansioso. ¿Qué era lo que lo estaba molestando tanto? ¿La amenaza de más palmadas? ¿El reto? ¿Había sido el tono de Snape demasiado duro?

-¿Me pegaría por responderle de mala manera?- Harry pregunto con mucha precaución. Responder de mala manera era un pecado capital en la casa de los Dursley. Para Harry, seguramente. Por que Dudley tenía permitido por supuesto contestar de mala manera y hacer berrinches por cualquier trivialidad.

Snape parpadeo. Que pregunta más extraña. ¿Qué era lo que estaba planeando Potter? Le dio al mocoso su mirada "ya que obviamente encuentras la vida muy difícil, serás más útil como ingrediente para pociones" y gruño, -No, Sr. Potter, pero me preocupare mediante otros métodos que nunca más cometa esa falta.-

Harry pensó sobre eso. Quizás responder de mala manera no era una ofensa tan seria aquí. El había escuchado a los otros chicos, como Ron, decirle cosas al profesor que él jamás le habría dicho al tío Vernon, a menos que quisiera su trasero con todos los colores del arcoíris. Quizás debería preguntar otra cosa.

-¿Me pegaría por pegarle a otra persona? ¿Como por ejemplo a Draco?- Harry supuso que meterse en una pelea con un miembro de la Casa de Snape seguramente le asignaría a Harry el castigo más severo posible.

Snape miro al chico con los ojos entrecerrados. Por un lado tenía que animar al chico por querer pelear con alguien, en vez de ser la victima pasiva que los Dursley le habían entrenado a ser. Por el otro lado, no estaba complacido ante esta muestra de agresividad preadolescente. ¿Y por que estaba el pequeño idiota haciendo esta pregunta? Acaso era tan estúpido de informarle a Snape sus planes para futuras travesuras, ¿no obstante su forma de darle vueltas al asunto? -No, Potter, porque con toda la cantidad de puntos que vas a perder de tu Casa y las numerosas detenciones que recibirías te quedaría más que claro lo tonto de tus acciones.-

Harry parpadeo. Caracoles. Así que el profesor no creía que pegarle a Draco era más importante que ponerse en peligro. Eso era increíble. Sabía que debía detenerse, pero se sentía forzado a tentar su suerte y tratar una vez más. Seguramente este sería el peor de todos los crímenes, al menos aquí en la escuela.

-¿Me pegaría por hacer… trampa?- Harry apenas respiro en la última palabra. Se dio cuenta que para un profesor, hacer trampa debía ser el pecado máximo.

Después de todo, además de pelear y ser irrespetuoso, ¿Que hacían los estudiantes que pusieran completamente furiosos a los profesores?

¡El pequeño monstruo! ¿Que estaba tramando? Snape se acerco, y agarro a Harry por los hombros, acercándolo. -Potter,- dijo, frunciéndole el ceño al mocoso, -hacer trampa en Hogwarts es una de las pocas acciones por las cuales tienes que lidiar directamente con el Profesor Dumbledore. ¿Realmente quieres que se enoje contigo- Harry palideció y meneo la cabeza violentamente. -Bien.- Se detuvo Snape. -Pero para responder tu pregunta, no. No te golpearía por eso. No te he dicho suficientes veces que solo te pegaría si violas mis dos más importantes reglas, que son en esencia que cuides de tu persona.- Lo miro amenazadoramente. -¿Necesitas copiar esto unos cientos de veces hasta que se te grabe en tu dura cabeza?-

-¡No, señor!- Harry dijo rápidamente. Los dedos todavía le dolían por sostener la pluma durante las 200 líneas, y todavía tenía 500 más por hacer. Pero pese a la amenaza de Snape, no pudo contener la felicidad que recorrió todo su ser como un placentero calor. Tenía razón, aunque fuera increíble. Snape estaba de hecho diciendo que la salud y bienestar de Harry eran más importantes para él que ninguna otra cosa.

Considerando los seguido que Harry se había quemado preparando la comida de los Dursley o lastimado trabajando en el jardín, era absolutamente extraño que Snape pusiera tanto énfasis en su bienestar. Los Dursley siempre habían insistido que todo lo concerniente a Harry, incluida su salud tomara un distante segundo lugar frente a cualquiera de sus deseos. Ellos no se preocuparían por nada que fuese de importancia para Harry, y la mayor parte de su vida, Harry había aprendido a aceptar que cualquier deseo trivial de Dudley era más importante que sus necesidades más básicas. Hasta ahora.

Ahora el Profesor Snape estaba poniendo su mundo al revés, al decir que la cosa MÁS importante para él era Harry. La salud de Harry. La seguridad de Harry. Y voluntariamente apoyaba sus palabras con acciones, incluyendo unas palmadas, que el obviamente consideraba un Castigo Muy Severo. El cálido sentimiento interior que sentía Harry se intensifico. El Profesor Snape claramente no tenía idea como golpear a un niño. Pero el solo hecho de que estaba intentándolo, solo para asegurar que Harry comprendiera lo serio que Snape estaba sobre su seguridad, significaba que estaba dispuesto a soportar muchos problemas por el beneficio de Harry, algo que nunca nadie había hecho por Harry desde que él podía recordar.

Harry deseo que hubiera algo que pudiera hacer por el Profesor Snape para demostrarle lo mucho que apreciaba lo que el profesor estaba haciendo por él. -¿Señor?- dijo dudoso.

-¿Que pasa ahora, Potter?- le pregunto Snape con irritación. ¿Porque estaba el mocoso parado ahí pensativo con el ceño fruncido?

Y de repente el pequeño monstruo lo apretaba firmemente. Snape casi saco su varita antes de darse cuenta que Harry no lo estaba atacando. Era un abrazo, completamente incomprensible dadas las circunstancias. El mocoso estuvo en detención; tuvo que copiar la misma frase 200 inútiles veces; había sido amenazado con castigos adicionales, incluido castigo físico; y Snape le había claramente explicado que no le perdonarla ninguna falta, y no le mostraría favoritismo si se metía en problemas. El rápidamente destruyo cualquier esperanza que el mocoso tuviera de hacer travesuras sin castigo.

Había deducido finalmente que Harry estaba nombrándole las típicas malas conductas escolares esperando que su guardián usara sus facultades como miembro académico para librarlo de los castigos. En vez de eso Snape le había dejado claro a Harry que habría castigo hasta para la más mínima ofensa. ¿Entonces porque le estaba dando un abrazo?

Snape se pregunto si acaso el mocoso estaba más confundido de lo que creyó originalmente. Había sido obvio desde la primera detención que Harry no tenía idea de lo que constituía un castigo apropiado, menos sobre recompensas, pero ahora Severus se preguntaba si el chico estaba tan confundido que cualquier castigo que no fuera una paliza la veía como una increíble indulgencia.

-Potter, eso es suficiente-dijo, quitándose al chiquillo de encima. Miro feo al mocoso, que le sonreía alegremente, pero de alguna manera las manos que sostenían a Potter alejado eran mucho más gentiles de lo que podían haber sido. Su intención había sido sacudir al chico, para que supiera que este tipo de demostraciones afectivas no serian permitidas, pero en vez de eso se encontró haciendo cariño a los delgados hombros. ¡Realmente! ¿Qué estaba haciendo? Solo porque había aceptado ser el guardián del chico no significaba que debía demostrar su afecto a cada rato.

Hora para cambiar el tema.

-Potter, ven conmigo.- Aclaro su garganta incomodo y se puso de pie. Harry salió tras él mientras Snape lo guiaba hacia sus habitaciones personales.

Snape discutió consigo mismo todo el camino, al final decidió que tenía sentido salir de eso ahora mismo, sino por otra razón para que Albus no lo molestara durante la cena. -Entra,- le ordeno, abriendo la puerta para la nueva habitación de Harry.

El mocoso, desobediente en esto como en todas las otras cosas, le dio una mirada incierta y se asomo a mirar receloso. -¡Entra!- le repitió Snape. Levanto su mano hacia adelante para darle un empujón al mocoso, para que entrara a la habitación.

Pero esa maniobra no funciono como Snape esperaba, porque lo próximo que supo, fue que el mocoso le agarro la mano con firmeza. De la forma que dudaba en entrar a la habitación, cualquiera creería que había un dragón vivo adentro.

-Oh, por Merlín, Potter.- Snape caminó hacia adelante, llevando al chico con él. Movió su varita, iluminando sus alrededores, y Harry quedo con la boca abierta.
Estaban parados al medio de una espaciosa habitación, con ventanas mágicas que proveían una vista del campo de Quidditch. Una cama con dosel, resplandeciente con (según Snape) los chillones colores Gryffindor, mientras alrededor de la habitación libreros llenos de libros de texto y diversión, sin mencionar muchos de los juguetes y actividades que Albus había insistido en comprar. Un escritorio en una esquina, demasiado cercano a la ventana según el punto de vista de Snape; la microscópica atención del mocoso pasaría distraída, tenía unos básicos materiales de referencia, un set de plumas apropiadas para su edad (anti goteo, llenado mágico, y encantadas para reconocer errores de caligrafía), y un montón de pergaminos de varios tamaños.

Snape vio que los ojos del chico habían sido capturados por las sabanas animadas de hipogrifos y rodó los ojos ante la extravagante idea de Albus. ¡De seguro Potter era muy mayor para estas tonterías de bebe!

-¡Genial!- dijo el chico. Bueno. Aparentemente no.

Los ojos de Harry zumbaron por toda la habitación. Era como una habitación de sueños, llena con los más asombroso juguetes que Dudley hubiera visto jamás. Había un caballete con pinturas en una esquina, algo que parecía como un animado y miniaturizado juego de Quidditch, mas libros de los que había visto fuera de una librería… incluso algo tan prosaico como la cama tenía sabanas mágicas, y podía ver por la puerta entreabierta que el baño adjunto tenía una bañera, un lavamanos y un inodoro.

¡Quien fuera que viviera aquí debía tener mucha suerte! ¿Harry se pregunto cómo esta persona podía dejar sola esta maravillosa habitación? Si Harry hubiera tenido una habitación una fracción tan linda como esta, los Dursley nunca tendrían que haberlo encerrado; el habría estado feliz de permanecer allí, fuera de su vista.
Harry miro alrededor, preguntándose en la habitación de quien estaba. No había pensado que el Profesor Snape tuviera hijos, pero obviamente se había equivocado. Harry sintió un fiero sentimiento de pérdida, y también de ¿celos?, en su pecho. Estúpido, se dijo a sí mismo con fiereza. Solo porque él es amable contigo no quiere decir que eres especial para él. El solo es bueno, eso es todo.

Harry peleo por mantener abajo el sentimiento de amarga decepción, por que reconoció que era inútil para él e injusto para el profesor. Él sabía muy bien lo que era ser el segundo en todo, un reemplazo, y había brevemente soñado en ser el foco único de la atención de un adulto. Pero obviamente no sería así. En realidad, el Profesor Snape sería mucho mejor que los Dursley. ¿No había sido más amable con Harry de lo que ellos nunca habían sido? Incluso si él tuviera su propio hijo, por el que naturalmente se preocuparía mucho mas, igual seria amable con Harry, y además, Harry tenía a los Weasley.

Ohhhhh, ahora Harry vio las visitas a los Weasley con una nueva perspectiva. Obviamente sería enviado donde los Weasley cuando el Profesor Snape quisiera pasar tiempo con su hijo verdadero. Bueno, eso era mucho mejor que ser exiliado a una alacena. Harry trato de sonreír. ¿Ves? Se digo a sí mismo. El Profesor Snape está siendo terriblemente amable y pensando en ti igual.

Esta era la cosa sobre ser un huérfano. Uno no podía esperar realmente que alguien te quisiera después que morían tus padres. Todos estaban demasiado ocupados con sus propios hijos, y estar atorado con otro era, bueno, inconveniente. Harry tenía ese concepto machacado en él desde muy pequeño, y sabía que debía estar agradecido por cualquier amabilidad que le llegara a él.

Y él lo estaba. De verdad. Solo era que por una estúpida, tonta, inmadura razón él había creído que el Profesor Snape era… suyo. Y dolió un montón darse cuenta de que no era así

Se aguanto sus traidoras lágrimas. No sería justo para el profesor, que había sido tan bueno con él (¡incluso dándole un regalo en medio de la detención!), averiguar lo presuntuoso que Harry había sido.

-¿Si señor?- lucho para sonar lo más natural posible. Miro nuevamente la habitación. ¿Porque estaba aquí? ¿Quizás Snape quería que limpiara la habitación? ¿O iba a advertirle como los Dursley lo habían hecho con las dos habitaciones de Dudley que esta habitación estaba fuera de límites para él? ¡Como si fuera tan estúpido como para tocar las cosas de otras personas! Dudley lo había curado de eso cuando tenía cuatro años de edad.

Snape frunció el ceño mientras miraba al muchacho. No había esperado saltos de alegría, bien, actualmente lo había esperado, pero para una criatura tan emocional como era Potter, esta cara de póquer mientras observaba la habitación era exasperante. El pequeño ingrato era demasiado orgulloso para decir siquiera gracias, y miraba la habitación con una clara expresión de decepción.

Así que todos sus esfuerzos (sin mencionar los de los elfos domésticos) habían sido desperdiciados, ¿no es así? Snape se esforzó por tratar de complacer al desagradecido mocoso. ¿Por qué había esperado que un Potter mostrara agradecimiento? ¡Naturalmente el chico pensaba que una habitación en una mazmorra era inapropiada para el príncipe de Gryffindor!

Snape apretó los dientes, forzando atrás los ácidos comentarios llenos de improperios que estaban por salir de sus labios. Revelarían mucho de su estado emocional. No, mejor mostrar el mismo desinterés del chico, una actitud ligeramente desdeñosa. Nunca le había demostrado al padre lo mucho que sus acciones lo lastimaban; y no iba a empezar ahora con el hijo.

Cuando Harry se giro hacia él con una expectante mirada y una pregunta, Snape retorno la mirada con el ceño fruncido. -¿Qué pasa, Potter?- no iba a sonsacar del chico, un obviamente insincero, gracias.

-Em… ¿Porque estamos aquí señor?-

¡La desfachatez del chico! ¡Como si no hubiera notado la habitación! ¡Como si fuera irrelevante! bien, dos podían jugar el mismo juego.

-Pensé que te gustaría ver donde dormirás cuando te quedes conmigo,- le gruño. -A la mayoría de la gente civilizada le gusta saber sobre sus acomodaciones.-

Oh no. Esta era una muy mala idea. Harry miro alrededor de la encantadora habitación mágica con algo cercano al susto. Era una cosa no tener mucho. Pero era otra diferente que te lo sacaran en cara. Estar rodeado por todas estas cosas maravillosas que él nunca tendría la esperanza de tocar, menos que fueran suyas, sería demasiado, mucho peor que estar encerrado en una pequeña, sucia, alacena llena de arañas. Por lo menos en la alacena, Harry se podía rodear con las maravillas de su imaginación. Quizás no fueran reales, pero al menos eran suyas.

¿Y qué pasaba con el dueño de la habitación? Seguramente no estaría complacido de tener a un intruso quedándose en su cama, posiblemente jugando con sus juguetes. Incluso si él no fuera como Dudley, que creía que las cosas estaban arruinadas para siempre si Harry las miraba, no era probable que quisiera a alguien más quedándose en su habitación, con sus cosas. Y si fuera como Dudley… algunos de los peores castigos de Harry habían sido después que Dudley había dicho que Harry había roto, tocado, o jugado con sus juguetes. No importaba si Harry hubiera estado en otra habitación cuando esto sucedió, sus tíos siempre le creían a Dudley.

Harry esperaba que el Profesor Snape fuera un poco más justo si una cosa así pasaba aquí, por lo menos que escuchara la versión de Harry antes de automáticamente castigarlo, pero sería mejor, mucho mejor evitar el problema en primer lugar.

-Por favor señor,- Harry trago en seco. No quería parecer desagradecido. La gente desagradecida era lo peor, y muy a menudo se quedaban sin comer, por un largo tiempo. -¿No podría mejor dormir en el sofá como lo hice anoche? Era realmente confortable. No necesito una cama.-

Snape no podía creer lo que decía el mocoso. Acaso era tan rencoroso que prefería dormir en un sillón que en una cama, ¿solo para demostrar lo completamente indiferente que estaba por los esfuerzos de Snape por complacerlo?

-¿Como si quisiera tener a un mocoso que ronca en mi sala?- gruño, apenas logrando contener su temperamento. Solo pensar lo que le haría Albus si lanzara a la fuerza al pequeño mocoso de sus habitaciones, lo calmaba.

Oh. Por supuesto. Harry se sintió estúpido. Como si alguien quisiera a un odioso huérfano plantado en el medio de sus habitaciones. -Em, bien, en realidad no necesito una habitación como esta,- dijo, removiéndose. -Quiero decir, si usted tiene una habitación donde guarda cosas o una alac…- No alcanzo a terminar su oración, porque Snape lo agarro por los hombros y lo sacudió.

-¿Alacena?- pregunto el profesor furioso. -¿Ibas a decir alacena?- Al asentimiento de Harry, el profesor lo sacudíos nuevamente. -¿Cómo te atreves a insinuar que soy como esos horribles familiares tuyos?, ¡Potter! ¿De verdad imaginas que encerraría a un niño con los útiles de limpieza?- Snape no podía recordar la última vez que había estado tan enojado, incluso el sabotaje de las duchas de los Slytherin por los gemelos Weasley, que dejo a todos los miembros de su Casa verdes, palidecía en comparación. ¿El pequeño mocoso le estaba informando que prefería la alacena de esos Muggles en vez del mejor esfuerzo de Snape para una grandiosa habitación? esta indígnate falta de respeto…era completamente Slytherin.

Harry miro al Profesor Snape en shock. Estaba casi tan molesto como cuando Harry fue tras la recordadora. ¿Pero qué es lo que había hecho Harry? Todo lo que había dicho, oh. Había sugerido que una alacena era buena para él. El profesor le había dejado claro que los Dursley eran terribles personas porque no trataban a Harry correctamente. Harry merecía mejor. Y aquí estaba él, actuando como si estuviera bien que lo enviaran a una alacena. Los Dursley jamás habrían tratado a Dudley de esa forma, y el Profesor Snape había dicho que Harry merecía ser tratado tan bien como Dudley. Por lo menos.

El profesor debía creer que él era realmente tonto. Seguía olvidándose. Seguía actuando como si lo que decían los Dursley era correcto, incluso aunque el Profesor Snape le había repetido lo contrario como un millón de veces. Con razón estaba tan enojado.

Por supuesto, esto significaba que el profesor todavía se preocupaba por él. Oh, obviamente no tanto como se preocupaba por su hijo verdadero, el dueño de esta asombrosa habitación, pero igual se preocupaba bastante. El corazón de Harry dio una vuelta. En realidad le gustaba que el profesor se pusiera furioso cuando Harry actuaba como si no importara. Era una clara indicación para Harry que si importaba. Para él. Por lo menos un poco.

-Lo siento," murmuro, agachando la cabeza para ocultar su alivio. -Yo solo no quiero meterme en problemas por tocar algo.-

La ira de Snape se calmo cuando las palabras penetraron su cerebro. -¿Qué? ¿Porque te vas a meter en problemas por eso?-

Harry mantuvo sus ojos agachados y respondió levantando un hombro, un hábito que Snape ya había aprendido a detestar. -A él quizás no le guste que toque sus cosas.-

-¿A quién?-

-A su hijo.-

Las piernas de Snape casi cedieron. ¿Qué? ¿Acaso el mocoso estaba alucinando? ¿Acaso tenia personalidad dividida para hablar de sí mismo en tercera persona? -Potter, en nombre de Merlín, ¿de qué estás hablando?-

Harry lo miro confundido. - Su hijo. El niño dueño de esta habitación. ¿O es su sobrino? Yo solo creo que a él no le va a gustar que yo me quede aquí. Quiero decir, el tiene todas estas cosas, y a él quizás no le guste que alguien las toque. Yo no tocaría nada,- agrego rápidamente, -pero él, él quizás pensaría que lo hice. Como sin querer muevo algo mientras estoy limpiando. Y el quizás se enoje,- finalizo, tragando con fuerza.

Snape miro al chico. Como siempre las emociones de Harry estaban escritas en su rostro. Deseo, envidia, esperanza perdida, miedo, aprehensión… el niño obviamente había sido acusado de "tocar algo" en el pasado, donde los Muggles, claramente y el resultado lo había dejado marcado. Probablemente en forma literal. Snape apretó nuevamente sus dientes, pero ahora la rabia no estaba dirigida al chico enfrente de él, sino a esos malditos Muggles a los cuales les debía una visita.

Pero ahora, por supuesto, tenía varios malentendidos que aclarar. -Potter. Yo no tengo un hijo, ni un sobrino, ni primo, ni ningún otro relativo sanguíneo. Tengo alguien a mi cargo Tú,- le dijo apuntándolo. El chico era un Gryffindor, después de todo.

Harry miro al hombre en confusión. Así que el profesor estaba solo, tal y como Harry había pensado. ¿Pero entonces de quien era esta asombrosa habitación?

-Esta habitación,- continúo Snape, ignorando la culpa que se le enterraba por lo que había asumido previamente, -Es tuya. Yo la hice, con ayuda de los elfos domésticos,- añadió de mala gana, - para ti. Nunca ha pertenecido a nadie. Es tuya.- Repitió el punto, al ver la choqueada expresión del chico que le sugería que no comprendía el concepto. -Todo lo que está en esta habitación te pertenece. A nadie más. Tú tienes que tocar las cosas.-

Pero ahora el chico estaba moviendo la cabeza desesperadamente, y tenía las manos firmemente apretadas delante de él, como si estuviera asustado de que pudieran traicionarlo de alguna forma. -No, señor. No. No son mías. Nunca antes las vi. Usted debe haber cometido un error, señor. Quizás le pertenecen a alguno de los otros chicos del dormitorio. Por favor señor, yo nunca las he tocado.-

Genial. El mocoso se estaba poniendo histérico. Idiota Gryffindor. Incapaz de hacer la mas mínima deducción y poniéndose agitado al pensar que Snape había amueblado su habitación con cosas robadas.

Snape tomo al chico con él hacia la cama y se sentó, ignorando los rugidos molestos de los hipogrifos mágicos. Posiciono al tembloroso chiquillo entre sus rodillas y lo miro directamente a los ojos. -Potter. Voy a decir esto lentamente, así que trata de seguirme,- dijo bruscamente, retorciéndose internamente por lo que iba a revelar. -Las cosas en esta habitación son tuyas. Te… ¡deja de menear la cabeza, chiquillo tonto! te pertenecen, porque yo las compre para ti.-
Harry se quedo helado. No podía haber oído correctamente.

-Sí,- continúo Snape. -Hice esta habitación para ti y compre las cosas que hay en ella para ti. Un chico debe tener sus propias cosas. El hecho es que esos innaturales familiares tuyos no te proveyeron con las necesidades básicas como comida y ropa, menos las cosas apropiadas para un chico que está creciendo, como libros y juguetes educacionales para estimular la mente, esa no va a ser mi forma. Tú viste la casa de los Weasley. Tú viste todas las cosas que sus niños tienen, pese a sus recursos limitados. ¿Acaso creíste que iba a tratarte tan mal como lo hicieron esos Muggles? tu eres mi responsabilidad, Potter. Tú vas a ser tratado como el importante, y merecedor niño que eres. Los niños deben ser atesorados, Potter. Tu trato va a reflejar eso.- Oh, Merlín, si Albus lo escuchara en esta nauseabunda plática nunca dejaría de molestarlo. Terminaría siendo el Jefe de la Casa Hufflepuff para el fin del día si seguía así, pero el chico necesitaba oírlo. Todos los libros lo decían.

Ciertamente, estaba ahora mirando a Snape como si fuera una criatura del espacio, hablando disparates. Snape gruño frustrado, entonces decidió, mientras nadie este por aquí para ser testigo de lo Hufflepuff que había sido con tanta estupidez emocional, mejor seguir el ejemplo de Molly Weasley. Tomo al chico en su regazo (¡SU REGAZO! ¿Qué es lo que estaba pensando?) Y lo acaricio torpemente. -Está bien, Potter. Tú mereces estas cosas. Mereces ser tratado bien. Tu eres un… buen niño.- No pudo suprimir una mueca cuando dijo lo último, era totalmente extraño a su naturaleza, pero aun así forzó las palabras a salir.

Hubo un increíble sonido en los oídos de Harry al tratar de procesar la completamente imposible declaración que había salido de la boca de Snape. ¿Todo esto era para él? ¿El profesor había salido y comprado esto para él? ¿Con su propio dinero? ¿Pero porque el profesor haría eso? ¡Ya había hecho tanto por Harry! ¿Por qué gastaba más tiempo y dinero en él?

-¿P...p...pero porque?- Harry finalmente logro tartamudear.

-¡Potter! ¿Acaso no estabas escuchando?- lo reto Snape, apretando su agarre alrededor de los delgados hombros. Bien, ahora tenía una razón para retarlo. Era mucho mejor en eso. - Te dije. Tú ahora eres mi responsabilidad. Y es mí deber asegurar que tengas todo lo que un joven mago necesita.-

-¿P-pero todo esto?- Harry chillo, moviendo sus brazos a la enorme, maravillosa, habitación mágica (literalmente). -yo-yo no necesito todo esto.-

Snape frunció el ceño con fiereza. -Por supuesto que sí, chiquillo ridículo. Solo porque has sido tratado como un elfo domestico ilegitimo por la mayor parte de tu vida no quiere decir que eso va a continuar. ¿Tú crees que me comportare como esos horrible Muggles? Tú mereces y tienes derecho a las mismas cosas que cualquier otro niño mago tiene, y es mi responsabilidad ver que las tengas.-

Los ojos de Harry cayeron. -Pero usted ya me dio un papá,- murmuro, una mano jugando con la manga de Snape. -No necesita darme nada más.-

Le tomo un momento para asimilar las palabras de Harry, y cuando lo hizo, fueron seguidas de inmediato por un estruendoso sonido que hizo que Snape se preguntara si alguien estaba ocupando la red flu. Solo el extraño, apretado sentimiento en su pecho le señalo que el sonido venia de adentro.

Ese impertinente, incomprensible, e impredecible muchacho ¿había dicho eso? Se había referido a Snape como un padre, ¿su padre? Snape se pregunto si los cerdos voladores que habían invadido Hogwarts estaban interfiriendo con la práctica de Quidditch.

Intento hablar y se dio cuenta que tuvo que aclarar su garganta primero. -Em, si, bien.- ¿Que se supone debía decir frente a esta ridícula y equivocada declaración? - Bien, em, si.- Necesitaba aclarar este asunto de una vez por todas. No podía dejar que el mocoso anduviera por Hogwarts esparciendo esas ridículas ideas. Era una cosa para él, servir como guardián momentario del mocoso hasta que Albus finalmente volviera a sus sentidos y lo reemplazara con alguien apropiado, y otra diferente que alguien, particularmente el engendro de su Némesis, lo imaginara en una clase de rol paternal. Solamente podía imaginar los gritos de incredulidad y escarnio con que esa noticia sería recibida. Y ese solo sería la reacción de los otros miembros de la facultad.

No, mejor enderezar a la pequeña amenaza de una vez por todas. Dejarle claro que ningún Snape que se respete se afiliaría con un pilluelo, menos con un Potter. Solo porque había jurado cuidar al muchacho no quería decir que tenía que lidiar con nada más aparte de su bienestar material. Incluso los Dursley habían hecho eso, más o menos. Bien, menos, para decir la verdad.

Abrió la boca para decirle al mocoso, de una vez por todas, que nunca debería usar ese término nuevamente. Él era responsabilidad de Snape por orden del Director. Y Snape cuidaría de él porque era su deber, nada más. Pero antes que pudiera hacerlo, Harry lo miro desde donde había estado casi hipnotizado por la manga de Snape, y los ojos de Lily una vez más atraparon su alma.

En el fondo de su alma, apenas noto, para su sorpresa, que Harry no estaba indeciso o preocupado. En vez de eso sus ojos contenían una quieta satisfacción y paz. Como si pese a cualquier cosa que pasara en el mundo, él había encontrado su lugar de paz. Estaba retraído, pero no asustado.

Snape aclaro su garganta. -Suenas como un bobo, Potter. Estar en esta, em, en este tipo de posición hace más probable que provea estas cosas. Ahora si no te gusta la habitación o los juguetes, entonces… –

-¡No!- grito Harry. -¡No! ¡Son geniales! ¡Me encantan!-

Snape dijo desaprobadoramente. -Bueno, como todavía no has dado las gracias, naturalmente asumí… –

Y una vez más el chico se lanzo hacia el profesor, con tanta fuerza que saco todo el aire del hombre. –Gracias, gracias, gracias,- murmuro en el pecho de Snape, apretándolo lo más fuerte que podía.

El exquisito dolor en su pecho obviamente era causado porque Potter estaba presionando su cráneo contra su esternón, se dijo Snape. -Sí, bueno, que no hayan mas de esas ridículas lagrimas, Potter. No tengo intenciones de arruinar otra túnica por tu inhabilidad de usar un pañuelo apropiadamente.- Hubo un sospechoso resoplido desde el área de su pecho, y Snape ahogo un suspiro. -Tienes veinte minutos antes de la cena. Te sugiero que los uses explorando tu habitación, aunque si insistes, puedes pasarlos lloriqueando desesperadamente en mi hombro.-

-¡No lloro desesperadamente! Harry reclamo indignado, levantando la cabeza y mirando al profesor con ojos que eran sospechosamente brillantes.

Snape levanto una ceja. -Por supuesto que no,- agrego sarcástico. Levanto al chico de su regazo y lo deposito en la cama. -Te llamare cuando sea hora de ir al Gran Comedor.-

Y dejo al chico para que explorara, y ojala que el pequeño idiota pudiera ser capaz de tocar las cosas de su habitación si se encontraba solo por un rato, y para ser sincero, no estaba seguro si podría quedarse en la habitación más tiempo. Dumbledore obviamente se habría quedado allí, mostrándole cada juego y juguete, pero Snape se dio cuenta que le estaba costando mucho mantener su fría fachada. Cada vez que el mocoso se mostraba emocionado por las cosas más mundanas que le eran dadas, Snape era atacado por un deseo casi incontrolable de Aparecerse donde los Dursley y demostrarles unos cuantos trucos que aprendió de los Mortífagos. Se pregunto si podría tomar prestada a Bellatrix LeStrange de Azkaban por unas cuantas horas, y quizás un par de Dementores también…

Harry miro la habitación, su habitación, se corrigió rápidamente, y adonde mirara, vio nuevas cosas maravillosas para explorar. Acaricio las sabanas donde estaba sentado, y los hipogrifos graznaron y batieron sus alas en bienvenida. Dudley no tenía sabanas como estas. Él nunca había visto sabanas como estas. Y su habitación no era tan grande, tampoco. Incluso si pusiera las dos habitaciones juntas, esta habitación, la habitación de Harry, era más grande. Y los juguetes de Dudley no hacían nada. Los juguetes de Harry (¡LOS JUGUETES DE HARRY!) hacían todo tipo de cosas asombrosas. Sabía que debería estar caminando alrededor tocando todas las diferentes cosas y juguetes, pero en este momento, todo lo que quería hacer era sentarse y mirar.

Tenía una habitación. Una habitación de verdad, que era suya. ¡Y estaba llena, prácticamente hasta el borde!, con juguetes y libros y todo tipo de cosas maravillosas. Pero la mejor parte, la parte que estaba haciendo tan feliz a Harry que dolía, en una extraña, pero maravillosa forma, era que el Profesor Snape la había hecho. Solo para él. Había hecho una habitación y comprado todas las cosas Solo Para Harry.

Harry miro alrededor de la habitación, y sus ojos no vieron objetos, ellos vieron Amor. Tangible, concretos ejemplos de amor, amabilidad y preocupación. Harry pensó, casi sin aliento, que su corazón podía explotar si era más feliz. Se dejo caer en la cama y miro el dosel preguntándose si algún otro niño en la historia del mudo había sido tan feliz.

Y así fue como Snape lo encontró veinte minutos después, acostado de espalda en su cama, una extraña, mirada de felicidad en su rostro. -¡Potter!- lo reto Snape, levantándolo de la cama y pegándole un palmazo (no una caricia) en el trasero. Después de todo el sentimentalismo de antes, era mejor que le enviara un fuerte mensaje a Harry de que no debería esperar puros corazones, flores y abrazos de él. -No te acuestes en la cama con los zapatos puestos, chiquillo descerebrado. ¿Todavía no estás listo? ¿No te has lavado la cara y las manos? ¿No te dije que ya casi era tiempo de cenar?- El chico debió haberse tropezado cuando se paro, porque de repente sus brazos estaban alrededor de la cintura de Snape afirmándose para no caer, supuso él. Los traidores brazos de Snape le dieron un pequeño apretón al mocoso mientras lo afirmaba para que se enderezara mejor.

Harry le dio a Snape un abrazo cuando el hombre lo ayudo a levantarse encantado cuando recibió un breve abrazo en retorno. Se sentía muy bien el tener a un adulto que te ayudara a levantarte, completo con una palmada cariñosa en el trasero. Antes de Hogwarts, nunca un adulto había puesto las manos en Harry en otra forma que no fuera enojo, encontró que en realidad le gustaba, en realidad le gustaba mucho el afectuoso toque del profesor. No era suave como el de la Sra. Weasley o Madame Pomfrey, y noto que era más… masculino que eso. No era tan fuerte como para ser considerado rudo pero tampoco era como de bebé o niña. Harry sonrío. Era lo que un papá debía hacer. No muy gentil, no muy rudo, solo perfecto.

Y ahora el profesor estaba guiándolo hacia el baño, ordenándole que se lavara, asegurándose que Harry estuviera limpio y ordenado antes de salir. Era tan bueno tener a alguien que se preocupara por él de esta manera, asegurándose que no se avergonzara el mismo, asegurándose que tuviera sus comidas a tiempo… Harry suspiro con felicidad.

Snape rodó sus ojos ante los ruidos histriónicos del mocoso. Oh, por Merlín. Tantos suspiros y lamentaciones, todo porque lo había mandado a limpiarse antes de la cena. Que monstruo más melodramático. -Apúrate,- dijo bruscamente. El chico era muy flacucho. Necesitaba comer bien cuando correspondía, y dado el apetito de sus otros compañeros de Casa, si el chico no llegaba a la mesa a tiempo, tendría suerte si Longbottom y los otros barriles sin fondo le dejaran solamente las sobras. -Si te sigues entreteniendo, haré que te tomes otra poción nutritiva,- lo amenazo.

Harry se seco la cara y manos y se apresuro. Era tan bueno de parte de su profesor el pensar en cosas como la poción nutritiva, y más aun prepararla para él. Quizás… quizás si preguntaba con mucha amabilidad, después de terminar todas sus líneas de castigo y ensayos, ¿el profesor le dejaría ayudarlo a prepararlas?
-Vamos,- Snape tomo a Harry con él y partieron hacia el Gran Comedor. Harry noto a varios Slytherin mirándolo y murmurando mientras caminaban a través de las mazmorras, y sonrío y les hizo señas. Después de todo, necesitaba llevarse bien con los miembros de la Casa del profesor. Extrañamente, sus amistosos saludos parecían causar más furiosos murmullos.

Después empezaron a caminar por los pasillos principales, y eran los Gryffindor haciendo el mirar y murmurar. A Harry no le importaba. Estaba acostumbrado a que la gente murmurara sobre él, Dudley se había asegurado de que todos los niños en la escuela pensaran que él era raro y estúpido. Se sentía bien que la gente ahora murmurara por algo bueno, como el hecho que tenía un nuevo guardián. Se dio cuenta que los otros profesores no tenían hijos en la escuela, así que él sería el centro de atención por un tiempo, pero eso estaba bien. Como cuando el profesor lo reto por ponerse en peligro, no era una cosa muy buena para pasarle (como un reto o murmullos) mientras la razón importante para eso fuera buena (como el que se preocuparan por él o el hecho de haber sido adoptado).

-Ve a unirte con los de tu Casa, y recuerda servirte una comida balanceada,- le ordeno Snape cuando llegaron a la Entrada.

Harry asintió y corrió a unirse con sus compañeros. -Hola, Harry,- Oliver Wood lo intercepto. Harry noto que Oliver estaba moviéndose con más facilidad que cuando salió del salón de Snape. -¿Estás bien?-

-Estoy bien,- le aseguro al muchacho mayor. -¿Y tú? ¿Madame Pomfrey te dio alguna poción?-

Wood suspiro con pesadez. -Sí, y también me ayudo con el ensayo, pero primero recibí un buen reto de parte de ella también. Estoy muy arrepentido de haberte dejado así de adolorido, Harry.-

-No fue tan malo,- le aseguro Harry rápidamente. ¡No quería que el capitán del equipo pensara que era un llorón!

Oliver le dio una mirada dudosa. -Está bien. Bueno, de todas formas, desde ahora en adelante, vamos a comenzar y terminar todas las prácticas con estiramientos. Asegúrate de que, em, bueno, ¿te puedes asegurar que el Profesor Snape sepa eso?-

-Seguro,- accedió Harry. Se sentó al lado de Oliver y otros miembros del equipo y rápidamente se sumergió en una fuerte discusión sobre consejos de Quidditch.
En la mesa de los profesores, Snape miro como el desobediente mocoso completamente ignoraba los vegetales en favor de carne y papas. Aun peor, se relleno de panes y jugo de calabaza mientras esperaba que apareciera el plato principal. Lanzo una mirada tan fiera que los Gryffindor al lado de él la sintieron. Katie Bell rápidamente le dio un codazo a Potter y le susurro al oído. El pequeño monstruo se sobresalto, miro rápidamente a la mesa de los profesores, y se puso completamente colorado. Un momento después estaba echando vegetales a su plato, mientras Katie y Oliver sonreían divertidos.

-Hmm. Veo que los hábitos alimenticios de Harry están sufriendo un dramático cambio,- le murmuro McGonagall al oído. -¿No será tu influencia, Severus?-

Le lanzo una altanera mirada. -Como su Jefa de Casa, yo esperaría que tu emplearas tu influencia y le explicaras que las ranas de chocolate no son una forma apropiada de alimentación.-

Ella suspiro. -Oh, Severus, él ha tenido tan pocos dulces en su vida. Seguramente una o dos ranas… –

Dejo de escucharla. Típicamente Gryffindor. Tal y como le dijo a Albus, demasiado preocupada en el trágico pasado del chico para ayudarlo a construir un fuerte y sano futuro. Bien, si él tenía que ser el Malvado Murciélago, así sería, pero Potter no crecería para ser El-Niño-Que-Vivió-Para-Ignorar-Los-Vegetales si él podía evitarlo.

Cuando apareció el budín en la mesa, Harry virtuosamente lo ignoro… después de lanzar una esperanzadora mirada a la mesa de los profesores. Lo que leyó en la cara de Snape fue suficiente para convencerlo de no tratar ni siquiera una probada.

Oliver se dio cuenta de la interacción. -¿Te dijo que no podías comer budín no es así?- le susurro a Harry.

Harry suspiro y asintió.

-¿Quieres que trate de pasarte un poco por debajo de la mesa?-

-Mejor que no.- Harry meneo la cabeza, recordando la amenaza del profesor de hacer que los elfos domésticos lo alimentaran en frente de todos. El todavía no estaba seguro de que eran los elfos domésticos, pero figuraba que cualquier cosa que significara que le dieran la comida en la boca en el Gran Comedor seria mortificante, como un sueño de los peores.

Oliver miro a la mesa de profesores y tirito. -Sí, mejor no arriesgarse.- Miro a la mesa. -Apuesto que no se molestaría si comes algo de fruta,- le digo, mostrándole los platos con fruta que habían.

Harry se mordió los labios. -¿De verdad?-

-Sí, son casi vegetales.-

Harry recordó como el profesor le había dado una manzana antes, después de confiscarle la rana de chocolate. Levanto una mano hacia la fruta, mirando al profesor. Cuando él asintió, se relajo y tomo una banana y unas uvas. -¡Gracias!- le dijo a Wood.

-No te preocupes chico,- le sonrío el chico mayor. -Debemos mantener a nuestro Buscador en la mejor forma!-

Después de la cena, Harry regreso al dormitorio con Neville, Dean, y Seamus, los estudiantes mayores se habían dirigido a estudiar a otra parte. Cuando llegaron al retrato, fueron interceptados por McGonagall. -Sr. Potter,- lo llamo, -El Profesor Snape me pidió que le recordara que tiene que ir a su oficina mañana a las diez.- Lo miro de cerca. -No está marcado como detención en mi registro, Sr. Potter, así que no tiene que asistir si no lo desea… ¿Le gustaría que yo hablara con el Profesor Snape sobre dejarlo libre de esa cita, o está bien en asistir?-

Él le sonrío. -Está bien, Profesora. Oye, Neville, ¿quizás tú quieras venir conmigo?-

Longbottom se ahogo y palideció. -¿Qué? ¿Por qué?-

-Para que puedas ver mi habitación, es genial y le voy a preguntar al Profesor Snape si me deja hacer pociones con él. Quizás si tu vienes, el te dará datos para ayudarte en clases.-

McGonagall lo quedo mirando con la boca abierta. –Tu… que…pero…Severus… ¿eh?"

Ella se quedo mirando a los chicos cuando atravesaron el retrato, Harry tratando entusiasmadamente de convencer a Neville. Ella había empezado la conversación mintiéndose bastante ansiosa sobre como Harry se estaba ajustando a Severus. Pero ahora, viendo el comportamiento de Harry, se encontró más preocupaba de como la nueva situación iba a afectar a Snape. ¡Pobre Severus! Ella sospechaba que él no tenía idea en lo que se había metido…

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