¡Hola! Algo cortito. Momento perdido del 5to libro. Nuevamente tengo dudas de su "canonicidad", pero qué más da.
Los invito a pasar por mi nuevo fic, "Crisis". Un saludo.
X. Navidad
Mírame, mírame.
Ron llevaba más o menos media hora sentado junto al pino navideño en Grimmauld Place, jugando con su tablero de ajedrez y un par de cachivaches que han encontrado en las antiguas habitaciones de los Black y que Sirius les ha permitido usar, asegurando de que no eran peligrosas. Hermione estaba descalza sobre el sofá leyendo atentamente "Nueva teoría de la numerología", el libro que le ha dado Harry por navidad.
Mírame, mírame.
Ha intentado todo para captar su atención. Toser, decir groserías, bostezar sin taparse la boca, ordenar ruidosamente los movimientos a las piezas de ajedrez sobre el tablero, toser sin taparse la boca, agitar el cabello para un lado y otro… y nada. Hermione ha levantado los ojos un par de veces, ha siseado para hacerlo callar y se ha vuelto a fundir en su lectura.
Anda, ese libro no puede estar tan genial. Hagamos algo juntos. Mírame.
Soltó un bufido.
Sabía que tenía que comprarle un libro. Ella adora los libros y desde ayer lo único que hace es perderse en aquel que Harry le ha regalado, argumentando que hace muchísimo deseaba leerlo y estaba tan interesante y un montón de otras cosas que ponían a Ron de muy mal humor. Él había pensado que, después de todo, un libro era un regalo muy aburrido para que se lo diera él. Él tenía que darle otro tipo de regalos.
Volvió a bufar.
El tipo de regalos que te cuesta cinco mesadas juntas, claro.
Y que ella ni siquiera lo ha usado. Tal vez ni le gustó.
Volvió a enfurruñarse y empezó a guardar las piezas del ajedrez dentro de su caja, sumergiéndose entre una sensación rara de celos y despecho. Hermione, al instante, levantó la vista.
—¿Pasa algo? —preguntó. Ron negó con la cabeza.
—Nada, me voy a mi cuarto —respondió. Hermione abrió la boca para decir algo y se quedó callada en seguida. Ron argumentó: —Estoy aburrido.
Hermione soltó un suspiro, medio de frustración y le puso una pegatina de un color chillón a la página que leía. Cerró el libro.
¡Cerró el libro!
—Ya, está bien, juguemos una partida —. Ron la miró, extrañado. —¿No estabas aburrido?
Ron volvió a sentarse sobre la alfombra y ella se bajó del sillón para acompañarlo en frente. Rápidamente, Hermione comandaba las blancas y Ron las negras.
Unos cuantos movimientos y Hermione se encontraba atrapada en una brillante jugada de Ron. Se rió un poco, ya estaba acostumbrada a perder contra él.
—Para esto querías jugar conmigo, para humillarme —dramatizó. Ron soltó una carcajada.
—Me gusta jugar contigo —le dijo, encogiéndose de hombros. Hermione se sonrojó y Ron, advirtiéndolo, sintió sus mejillas coloreándose también.
Pasó mucho rato antes de que volvieran a hablar. El aire era espeso y la tensión iba creciendo a medida en que él iba deseando que el juego acabese pronto para conversar sobre cualquier cosa y a la vez, que no se terminase nunca para no tener que mirarla a la cara.
Movió una pieza e hizo jaque.
—Oye —aprovechó de decir, soltando un suspiro. Hermione asintió sin levantar la vista, probablemente estudiando su próxima jugada. —Si no te ha gustado el perfume, puedo ver si es que en la tienda lo cambian por otra cosa.
Hermione ahora lo miró con un gesto de confusión en la cara.
—¿Qué? —alcanzó a decir antes de que Ron empezara a hablar.
—Sé que prefieres los libros, lo siento. Ha sido una tontería intentar ser original —se rió, más nervioso que divertido—. Yo creo que mamá me dejaría ir a cambiarlo por otra cosa si Tonks me acompaña.
Hermione titubeó. ¿Se ha vuelto loco?
Movió una pieza y perdió.
—¿Te has vuelto loco? —preguntó, cuando se dio cuenta de que no tenía cabeza para pensar en otra respuesta. Ron no supo qué decir, balbuceó incoherencias indicando hacia el libro de numerología que descansaba sobre el sofá y luego a ella, sin articular ni una palabra. —¡El perfume me ha encantado!
Parecía ofendida y es que de verdad no se lo podía creer. Ron se avergonzó un poco.
—Bueno, es que…
—No puedo andarlo trayendo para todos lados porque no es para jugar con él, Ron —le reclamó ella, adivinando sus pensamientos. Ron se sonrojó profundamente y asintió con la cabeza.
¡Tonto de mierda!
—Y ha sido el regalo más lindo y original que he recibido nunca.
Se miraron a los ojos. Ella tenía una sonrisa en la cara y las mejillas sonrosadas ligeramente.
Pasos a lo lejos anunciaron que ya no estaban solos en la sala y un par de personas empezaron a ocupar la mesa de la habitación y otras se sentaron en el sofá frente al árbol de navidad.
Pero no importaba quiénes eran, no importaba qué hacían, qué decían.
Él se sentía la gloria.
A Hermione le había gustado su regalo. Hermione le había sonreído. Hermione había aceptado jugar otra partida con él. Hermione ocupaba, otra vez, todos sus pensamientos.
Hermione, Hermione.
