"Hoy te busque,
y te hallé.
En mis sueños"

Warcry – La vida en un beso

Vampiros, necesito encontrarme algo más sobre vampiros». Esos pensamientos aturdían a Andrew mientras buscaba en la web algo relacionado con los seres extraños aparecidos la otra noche, aun no podía quitar de su cabeza esos dientes extremadamente blancos y filosos, la fuerza superior, y esos ojos ennegrecidos e intimidantes, el rostro de aquel hombre quien le atacó aun volcaba sus emociones. Por un instante se hundió entre esos recuerdos, remembrando cada movimiento, cada golpe, cada frase dicha por Winter, una parte de su conciencia le decía que todo lo visto había sido producto de su imaginación, que nada de eso en realidad pasó.

Después de todo, ser atacado por un ser maligno muy parecido a tu manager no es algo que suceda todos los días.

Por un instante dejó de observar la pantalla resplandeciente de la portátil mientras que con su mano comenzó a mover el bolígrafo dando golpecillos contra la mesa de escritorio, su mente se perdió tratando de darle una explicación lógica a todo ello.

En realidad no la había.

- ¿Por qué no me haces esas preguntas directamente? –un aire frío golpeó parte de su antebrazo erizándolo de pies a cabeza, de inmediato volteó a ver aquella pequeña y ardiente silueta de cabellera rubia parada a un lado de la ventana abierta de par en par.

- ¿Qué haces aquí?, ¿cómo entraste? –de golpe se puso de pie dejando caer algunas hojas sueltas.

- Si te vas a concentrar en hacer esas preguntas tan irrelevantes será mejor que me vaya de aquí. –arqueó la ceja derecha dando unos ligeros pasos hacia él.

- ¿Tú podrías explicarme por qué Bi… esa cosa me atacó?

- No exactamente. Pero por eso estoy aquí, a mí también me importa descubrir porqué el interés en ti. Además –el taconeo de sus pasos se detuvo justo frente a él—, que tengo algunas preguntas que hacerte.

Aspiró profundamente el aroma combinado entre hierbas y flores de lavanda que ella expedía.

- ¿Vampiros en California? –leyó de entre las notas tiradas en el piso—. Enserio que has estado investigando –comentó exagerando un poco–. Pero no has buscado en las fuentes correctas.

Tragó un poco de saliva y pasó la mano por su cuello, intentando calmar esa extraña sensación que le provocaba esa mujer.

Unos pasos hacia atrás le indicaron a Winter algo de inseguridad.

- ¿Acaso eres uno de ellos? –cerró la PC al ver que la mirada de la rubia se dirigía a la pantalla.

- Ya lo has dicho Andy, lo sabes. No entiendo por qué preguntas.

- El, el tipo que me atacó, ¿quién es?

- Un demonio, un demonio vampiro. Que amenaza tanto a mortales como… a… nosotros –un suspiro marcó una severa pausa en sus palabras—. El maldito es demasiado poderoso, muchos han fallecido en sus manos… Como sea, ahora tu dime –su voz se tornó agresiva—, ¿cómo recuperaste la cadena con el dije?

- ¿Qué cadena?, ¿de qué estás hablando? –respondió en ese mismo tono agresivo.

- El de la media luna, el que llevabas esa noche. Dime ¿cómo lo recuperaste?

- Entonces tú lo tomaste. –Andy acusó a la rubia.

- No creas que nuestro primer encuentro fue simple casualidad, ni mucho menos lo de la otra vez. ¿Dónde lo tienes?

- No, no lo tengo.

- Busca, sé que lo tienes.

- ¡Carajo! Que no lo tengo.

- Búscalo.

Fue de inmediato a la pequeña mesa de noche que estaba a un lado de la cama y sobre este, al lado de la lámpara estaba esa pieza de plata, Andy aún perplejo parpadeó varias veces al notar que misteriosamente el objeto había aparecido.

- Esto no puede ser –tragó saliva al tomar el objeto entre su mano. Podría haber jurado que aquella noche después del ataque sintió no tenerla colgando de su cuello, además que los días posteriores parecían como si aquella prenda nunca jamás hubiese existido—. Llévatela –extendió la cadenilla de plata que parecía brillar con más fuerza.

- No la tomaré hasta que me digas ¿cómo la recuperaste? –Andy arrojó la pieza al suelo cerca de los tacones color magenta de Winter.

- ¡No lo sé!, ya te dije –la voz de Andrew resonó en toda la habitación—. Sólo apareció y ya.

La mirada esmeralda se estrechó mirándolo fijamente, Andy se asentó sobre la cama, cubrió su rostro con las manos mientras continuaba sin creer lo que había sucedido.

- Te creo –ella dijo aliviando de golpe la confusión del pelinegro—. Quizá no tengas la culpa de esto –puso frente a su rostro la prenda con la media luna meneándose ligeramente de un lado a otro—. Sólo dime, ¿quién te la dio originalmente? –Andy miraba fijamente el movimiento del objeto tratando de buscar algo más allá de lo que sus propios ojos podían ver.

- Lo arrojaron… en un concierto. Es todo. –Miró a los ojos a su receptora.

- De acuerdo –ella lanzó la cadenilla a la cama y se apartó de enfrente de él—, entonces te tengo dos recomendaciones. Uno, usa esa cosa, puede servirte de mucho y dos, protege tu cuello –caminaba pausadamente hacia la puerta—. Ah, se me olvidaba –levantó la mano—, ni una palabra a nadie sobre esto.

- Espera –él se puso de pie siguiéndola— tú aun no has respondido a mis preguntas. Por si no lo sabías a mí también me interesa saber.

- Te lo resumiré en algo simple —Winter dio media vuelta para mirarlo—, él no fue convertido como los demás, se dice que fue creado por los conjuros una bruja sedienta de venganza más o menos en la edad media, debido a esto es que tiene diferentes habilidades a nosotros, ese hijo de puta esta exterminando a todos los vampiros a su paso, y no, no te preocupes, que si te muerde lo más probable es que te mate, ya que él no puede convertir a nadie. Por otra parte sé que él busca algo, y está relacionado con esa media luna que tú tienes, sé que suena algo extraño pero por el momento, creo que corres menos riesgo tú que yo misma.

- ¿Cómo es que sabes todo esto? –él la miraba curioso.

El rostro de la chica se nubló tornándose algo triste.

- He pasado muchos años tratando de acabarlo, sería algo estúpido que no sepa todo esto. Créeme que todos nosotros nos conocemos muy bien todo lo que se dice de ese maldito depredador, esto es algo fundamental si es que pretendes sobrevivir –Winter bajó levemente la mirada y puso la mano sobre la perilla de la puerta—. Entenderás cuán difícil es pasarte toda una vida escondiéndote todo el tiempo para no ser una presa más para ese maldito demonio.

Sus ojos se ensombrecieron al pronunciar las últimas palabras, Andy observó el gesto en ella y agregó después de unos segundos de silencio:

- Si, lo entiendo, porque quizá los dos estamos con las mismas probabilidades de ser sus víctimas.

El ambiente entre ellos se había calmado un poco.

- Sí, en eso tienes razón –Winter sacudió la cabeza—. Debo irme –Abrió la puerta.

- Antes dime una última cosa –Él caminó unos pasos hacia ella—. ¿Hay algún otro motivo por el cual desees acabarlo?

Un suspiro profundo antecedió a su respuesta.

- Él acabo con todo lo que tenía, con todo lo que alguna vez fui o pude ser alguna vez. ¿Contento?

Andrew no respondió, Winter se fue, él sabía que algo de oscuridad acompañaban sus palabras, no pretendió profundizar más, aunque toda esa situación comenzaba a despertarle aún más interés sobre Winter, algo en ella le hacía sentir un tipo de atracción casi enfermiza que le hacía dudar si estaba o no bajo alguna energía maligna. O algo así.

Ahora podría creerlo todo.

Esa noche había sido de mucho trabajo, Bill se había quedado hasta tarde en el edificio con los productores y editores revisando las primeras partes del videoclip; y como en todo, él quería participar hasta en la más mínima parte, para así lograr una obra perfecta, digna para la apreciación del público. Alguna otra parte del equipo de trabajo estaba arreglando la utilería y trasladando las últimas cosas para el próximo lugar en donde se grabaría, Katherine junto con las personas de vestuario estaban reparando y acomodando algunas prendas para el siguiente día, a pesar de la hora, había mucho movimiento, los muchachos de la banda hacía algunos momentos se habían retirado a hacerle compañía a Andy en el departamento, algunas luces comenzaban a apagarse, todos allí ya estaban exhaustos y Bill podía notarlo, así que después de ciertos ajustes y guardar algunos cambios decidió al fin retirar al personal, el día que estaba por venir sería aún más exhaustivo.

- Amanda, por favor necesito que me confirmes la fecha para el concierto en Denver –Bill se ponía la chamarra mientras la mujer de aproximadamente unos 30 años apuntaba y lo seguía por el pasillo—, y que le digas al señor Campbell de Universal que me llame lo más pronto posible.

- Claro que sí –ella asintió—, ¿es todo?

- Mmmhh por el momento sí –él sonrió—. Nos vemos mañana entonces.

Ella se despidió y se retiró de allí, Bill cerró la puerta y también se despidió de las personas que andaban por allí, al fin iría a descansar.

La noche se veía tranquila, muy buena para contemplar las estrellas en el cielo, se sentía ese aroma fresco en el ambiente, ese frío envolvente que te ínsita a beber un café caliente y retozar toda la noche en la comodidad de la cama y las cobijas suaves y abrigadoras.

Sí, eso figuraba esa noche en la movida ciudad de California.

Katherine bajaba las escaleras cuando se topó con la figura de ese hombre alto, delgado, con los cabellos algo alborotados, caminando hacia los escalones, él, cuyo aroma perforó su nariz haciéndola estremecerse como cada vez que lo tenía cerca.

Ella se detuvo justo cuando él levantó la mirada.

- Katherine, vaya sorpresa, aun sigues aquí. –el sonido de las llaves era lo único que se escuchaba en ese edificio ya semi-obscuro.

- Sí, bueno, estaba a punto de retirarme. Creí que ya te habías ido. –él subió unos cuantos escalones para estar a la altura de ella.

- De hecho sí, ya me había ido, sólo que olvidé mi celular en la oficina y volví por él. –comentó burlándose de su propia distracción.

- Eso es algo que no deberías soltar jamás. –dijo Katherine. A pesar de su aspecto un poco cansado, él se miraba tan hermoso, tan perfecto, sólo como puede ser ante los ojos de ella.

- Lo sé. Oye ¿me esperas?, iré por eso y si gustas te llevo a tu casa.

- Oh, no, no, no quisiera ocasionar molestias, además me voy con unos compañeros en un taxi. –intentó justificar la pelirroja.

- ¡Va!, no importa, si ellos vienen también los llevo –sonrió—. Anda.

Ella no pudo resistir ante tal petición, lo siguió escaleras arriba hacia la ya mencionada oficina, el eco de sus pasos se escuchaban hasta que se silenciaron cuando llegaron a la puerta, él abrió y encendió la luz, fue directamente detrás del escritorio y buscó por los papeles y folders que habían sobre este, pero no encontró nada.

Katherine se aproximó a ayudarle con la búsqueda, el escritorio había quedado siendo un desastre, una melodía comenzó a sonar, de inmediato dejaron de buscar, Katherine siguió el sonido hasta encontrar el móvil debajo de unos papeles en la impresora que se hallaba enfrente del escritorio.

- Allí estaba –dijo Bill aproximándose rápidamente

Lo tomó y al dar la media vuelta se topó con Bill frente a ella, su mano rozó levemente la tela de la chamarra que llevaba puesta, intento dar un paso hacia atrás pero topó con el mueble de la impresora.

- Aquí… tienes. –su corazón, su respiración y sus pensamientos se detuvieron al fijarse en esa mirada tan cerca de su persona.

- Gracias. –ella le dio el móvil, pero él continuaba mirándola fijamente.

Katherine no podía apartar la mirada de él, algo en esos ojos marrones se lo impedían, su presencia estaba ocasionando lo mismo que hace años, cuando recién se conocieron, cuando su corazón se aferró por primera vez al único quien sería capaz de arrastrarlo a un mundo completamente diferente.

Una sensación inexplicable envolvió la conciencia de Bill, era increíble que no pudiera dejar de mirarla, ese impulso de sentirse atraído cada vez más y más cerca de ella, esa necesidad de sentir el roce de su piel, de sentirse tan necesitado de ella como un mendigo hambriento y sediento de algo que solo Katherine podría brindarle. Acarició su mejilla a lo que ella inconscientemente cerró los ojos dando un ligero suspiro sintiendo su tacto, un paso más acortó la distancia entre ellos, como si ese magnetismo les estuviera obligando a hacer contacto de alguna u otra manera, como si sus propios cuerpos exigieran la cercanía el uno del otro.

- Katherine… –dijo en un susurro que sólo ella pudo escuchar mientras continuaba sintiendo la piel de su rostro—. ¿Sientes esto?

Su mirada recayó en sus labios, Katherine podía sentir el poder de sus ojos sobre ella, estaba conteniéndose hasta el límite de esa fuerte energía que él emanaba.

- Sentir ¿qué? –simplemente se inclinó ligeramente hacia adelante quedando aún más cerca de su rostro.

- Esto… –acto seguido y sin ningún tipo de duda se acercó a sus labios tocándolos en un beso cargado de sentimiento, de un sentimiento que ni él mismo sabía que existiese en su ser, de una manera necesitada, ansiosa de pasión pero a la vez lleno de ternura y candor.

Su mano pasaba ligeramente por su cuello y nuca, Katherine sintió de nuevo el calor de su cuerpo cerca de ella, tocó su pecho, sitió los latidos acelerados de su corazón, similares a los de ella en esos momentos, ese estremecimiento, esa electricidad pasar de cuerpo a cuerpo en forma de un beso tan familiar y nuevo a la vez. Pareciera como si él supiera desde siempre cómo hacerla delirar con el simple tacto de su boca.

Ese beso, detuvo el tiempo, el tiempo de los dos, haciéndolo uno solo.

Como antes solía ser, como siempre debió de ser.

Volvieron a ser uno por ese instante.

La vibración sorpresiva del celular hizo que él se apartara, aquella sinfonía volvió a escucharse haciéndolos recordar en donde estaban en realidad.

Bill algo indeciso intercambio miradas entre Katherine y el móvil, dudoso entre qué hacer y no. Dio unos pasos hacia atrás y contestó.

Katherine recuperó la respiración y la conciencia después de aquel magnífico transe de hace algunos segundos, sin más se dirigió a la puerta, Bill intentó tomarle del brazo pero ella se soltó, salió de allí.

Unos segundos bastaron para cortar de raíz la efímera charla sobre los ajustes del próximo set de grabación, de inmediato salió detrás de ella, llamándole por su nombre bajó las escaleras, no la vio, pasó corriendo hasta la salida, mirando hacia todas partes, tratando de encontrarla.

Ella se había ido.