Capítulo X
-"Sangre, dolor es todo lo que puedo sentir. Tal vez este sea mi fin, tengo tanto frío"- Ryo tosía entre pensamientos. - "Es la primera vez que lo siento en mi boca, este sabor es tan repugnante, no puedo respirar bien. ¿Por qué me hizo esto? no lo entiendo..."
- Lo desprecio...
"Pronto ya nada quedara de mí. No volveré a sentir sus manos, es el único consuelo que me queda."
Un pequeño permanecía recostado en el mármol negro de una fría habitación limpiando la sangre de su boca, las antorchas alumbraban débilmente el desorden del cuarto, una silla volcada, numerosos pergaminos estaban desperdigados y algunos de ellos se encontraban manchados por sangre.
Ryo se encontraba en una condición deplorable, no podía mover ni una sola parte de su cuerpo sin que esto le produjera dolor, en toda su piel se podían ver finas marcas y heridas encarnadas, de sus ojos no dejaban de correr lágrimas, esta vez su cuerpo había sido usado de la manera más vil y despreciable que alguna vez se pudiera imaginar. Su espalda era la que había recibido más castigo, algunos de sus cabellos se tiñeron de rojo al contacto con la sangre que emanaba de las heridas.
- No, no puedo rendirme ahora, alguien me espera.
Ryo se levanto lo más lentamente que pudo, todo sus cuerpo temblaba del insoportable dolor, tomo lo poco que había quedado de sus ropas y camino sujetándose de las paredes teniendo mucho cuidado de no hacer ningún ruido. De entre sus piernas escurrían numerosos hilos de sangre los cuales trazaban delgadas líneas hasta llegar a los tobillos, por algunos momentos sus piernas se doblaban pero volvía a recuperar fuerzas y seguía con su lento y pesado paso.
- Por favor Ra ayúdame a salir de aquí.- Ryo abrió la pesada puerta de la habitación asomó la mirada y se dió cuenta que nadie dormía en la cama del faraón, su corazón latía muy rápido y la sangre de sus heridas escurría por su piel, el sudor no le ayudaba. El pequeño tomo un largo suspiró y apresuró el paso para atravesar el enorme cuarto y llegar a la salida, eso solo era el principio tenía que conseguir ayuda o pronto moriría desangrado.
-"Corre tonto, no es momento de mostrar debilidad, no puedes rendirte ahora"- Corrió como pudo por el largo pasillo, su visión se nublaba pero el temor de volver a ser castigado era lo que lo hacía mantenerse en pie, inconscientemente llego una vez más en donde se encontraba el enorme mural del halcón.
- ¿Pero qué estúpido soy, porque vine aquí?- El pequeño se tambaleaba mientras se acercaba más a la pintura
- Lo siento, creo que ya no te podré ver. - La piernas se doblaron sus fuerzas se le habían acabado, una vez más pasaba su mano por la boca para limpiar la sangre pero esta vez no dejaba de apartar la mirada del manchado dorso.
- Nunca creí que fuera a morir de esta manera, creo que es lo mejor, que lastima por fin había conocido a un amigo.- Ryo se dejo caer por completo en el piso, no podía dormir el dolor era más fuerte que su cansancio, el piso se manchaba de sangre que escurría por la blanca piel.
- Ayu...den...me...ayúdenme...¡AYÚDENME! – El pequeño sentía como sus entrañas se desgarraban más por el esfuerzo de haber corrido.
- ¡Ah!
- ¡RYO! – Súbitamente el pequeño cuerpo era sujetado y abrazado con desesperación
- ¡Bakura! Eres tú. - Ryo temblaba sus manos sujetaban las ropas de Bakura el cual estaba en shock al ver como Ryo había sido maltratado.
- ¡Maldita sea! ¿Quién te hizo esto?
- Bakura, por favor ayúdame, no puedo morir, mi padre me espera.
- Con un demonio me las pagará quien te haya hecho esto – Bakura levanto a Ryo del piso y corrió con él.
- Aww me lastimas.
- No te preocupes muy pronto estarás bien.
- No quiero morir, mi padre me espera – Ryo caía inconsciente en los brazos de Bakura.
- ¿Ryo? ¿¡ESTUPIDO SHADA DONDE ESTAS?
Esa mañana...
-"¿Qué pasó?"- El cuerpo de Ryo estaba de nuevo adolorido, las piernas las tenía entumecidas y un dolor intenso le incomodaba. No recordaba con exactitud lo que había ocurrido la noche anterior, al pasar sus manos por su cuerpo se percató de que su piel estaba pegajosa y un fuerte olor a vino le impregnaba. Ni que decir de las nauseas y la jaqueca, estaba en plena resaca.
- Hola – Los bellos ojos castaños se abrieron con sorpresa ante la presencia de Atem, este ya se encontraba arreglado y limpio, sin lugar a dudas era muy madrugador porque apenas en el horizonte se asomaban los primeros rayos del sol, durante los últimos minutos Atem solo había permanecido a un lado de la cama contemplando a Ryo dormir.
- Sabes, tus ojos no son lo único que destaca en ti – Ryo al darse cuenta de que no tenía nada encima jalo la colcha y se cubrió hasta el cuello permaneciendo recostado. Atem sonreía ante la inocencia de Ryo el cual desviaba la mirada con enfado, el cuerpo le dolía mucho y sabia que eso se lo debía al faraón.
- Veo que dormiste bien.- Ryo no respondía a la pregunta del faraón.
Ryo volteo su cuerpo dando la espalda, por fortuna no recordaba como el faraón y el sacerdote se habían divertido a costa de él mientras soñaba con el sol y no quería saber nada de lo que hubiera pasado. El cuerpo de Atem se colocó detrás de él.
- Esto es tuyo no me arrepiento de habértelo dado – La gargantilla de oro blanco se movía como un péndulo, brillaba espléndidamente con los rayos del sol.
- Puede quedárselo señor, no me lo merezco y además no me gusta – Ryo se cubría hasta la cabeza con la colcha para no sentir como le susurraban al oído. Atem se sentaba en la cama fingiendo no entender la actitud del pequeño.
- Vaya lo que me faltaba un simple esclavo sumamente exigente con las joyas
- ¿Por qué no va con su sacerdote y se lo entrega? de seguro a él si le va a gustar. – Ryo no sabía que se estaba poniendo la soga al cuello. Al faraón por otro lado se le estaba acabando la paciencia.
– Me temo que eso va a ser imposible Ryo, te lo regalé a ti, por complacerme.
- ¡Pues tírelo! ¡No lo quiero! ¡Ni tampoco quiero otro regalo suyo si con eso debo de recordar cada noche que pase con usted! – Esa fue la gota que derramo el vaso, Atem se levantó y jalo con todas sus fuerzas la colcha, tomo a Ryo de la muñeca para sacarlo de la cama y colocarlo enfrente de él.
- ¡Cómo te atreves a hablarme de esa manera! Creo que en realidad no se puede ser gentil contigo.
- Me está lastimando – A Ryo no solo le dolía su muñeca sino también le costaba trabajo mantenerse en pie.
- ¡CÁLLATE, ¡Yo hago contigo lo que se me da la gana y tú simplemente obedeces!. Lo entiendes solo ¡OBEDECES! – El chico estaba aterrado ante la furia del faraón, era la primera vez que le gritaba de esa manera, Atem comenzaba a tranquilizarse al ver como Ryo cerraba los ojos ante sus gritos.
- Te quedaras con el collar.- E faraón dejaba de apretar la muñeca y colocaba la gargantilla en el cuello de Ryo, sus piernas le temblaban, no sabía cuanto tiempo podría mantenerse erguido.
- Este collar no solo te lo entrego por hacer bien tu trabajo, llamas mucho la atención y no quiero que NADIE se atreva a tocarte.
- El sacerdote lo hizo.
- Lo de Seth fue un simple capricho suyo que no se volverá a repetir. Olvídate de él –
Por un largo rato Atem observaba el rostro de Ryo, no pudo resistir la tentación de abrazarlo y besarlo. El pequeño dio un leve quejido mientras sus piernas se doblaban por el dolor. Atem al notar esto lo cargo y lo colocó en la cama.
- No sé porque te duele, tuve mucho cuidado de no lastimarte
El listón negro que aún conservaba Ryo en el tobillo captó la mirada de Atem. El faraón comenzó a tocar sutilmente la pierna, Ryo intento flexionarla, para evitar el roce de los dedos, pero una mano en su tobillo se lo impidió.
- Anoche te portaste muy bien, me agradó mucho la forma en que me correspondías – El faraón levanto el pie hasta tenerlo a la altura de su boca, besaba cada uno de los pequeños dedos.
- No siga.
- ¿Por qué no? Se que te gusta, tus mejillas me lo dicen todo – La boca avanzaba por el tobillo para continuar por la pierna, desatando el listón con los dientes. - Aun sabes a vino, ahora te recordare por ese incomparable sabor. – Ryo veía con preocupación como el rostro se acercaba a otra parte de su cuerpo.
-¡NO! – No pudo resistir más, abrazó sus piernas ocultando su rostro entre ellas. – No más, se lo suplico. – Su débil voz se entrecortaba al sentir sus lágrimas cayendo por sus mejillas. Atem se colocó aun más cerca, al notar el sufrimiento.
- Eres la primera persona que conozco que se resiste, intento comprenderte. –Una mano se posaba en la blanca cabellera para acariciarla. - Trato de ser paciente.- Ryo levantaba la cara no podía creer que el faraón se mostrara amable. - Pero no puedo.- La mano bajaba para rozar la barbilla.- Y no quiero.
Atem recostaba a Ryo colocándose sobre él, veía obsesionado los ojos castaños, su voz cambiaba de tono al notar como Ryo le prestaba mucha atención.
- Hace mucho tiempo que deje de tenerle piedad a la gente. ¿Por qué debería de empezar a tenerla contigo? ¿Crees que unas simples lágrimas me detendrán?- El faraón hablaba con mucha dulzura mientras limpiaba las lágrimas del sorprendido rostro. - ¿Que tu mirada hará desaparecer lo que siento en mi interior?-
- Yo… ¿por qué dice eso señor?
La expresión en el rostro del faraón se tornaba menos seria. Ryo se quedaba paralizado ante este nuevo semblante, sus labios se estaban acercando, Ryo no entendía que estaba pasando ni porque le decían todas esas cosas.
- Se buen chico y déjame quitarme este sabor a sangre que he llevado por años – El pequeño no se resistió, le impresionaba de manera sobrenatural la forma en la que le veía y hablaba, pero lo que más le impacto fue la forma en que lo estaban besando, de todos los besos que había recibido ese era el primero que sentía por decirlo de alguna manera "auténtico", era su imaginación o aquella persona que le besaba era otra puesto que esta lo hacía con mucha ternura. El pequeño se dio cuenta que la expresión del faraón se tornaba gentil y melancólica, y sus manos lo acariciaban con cariño.
Ryo no podía evitar sentir pena, pero el coraje y el odio fueron más fuertes, no olvidaba todo el sufrimiento y angustia que le había hecho pasar, volteó su rostro para finalizar el beso y aquel pequeño y dulce momento se rompió, Atem sentía pesar ante el rechazo.
En ese momento alguien tocaba a las puertas con mucha impaciencia.
- ¿Qué quieres?
- Señor disculpe necesitamos su ayuda – Un guardia hablaba muy preocupado del otro lado de la puerta
- Si es por lo del próximo banquete, estoy ocupado habla con Seth o con Isis
- Señor algo terrible acaba de pasar, la señorita Isis me pide que le informe que la reserva de trigo ha sido incendiada.
- ¿QUÉ? – Atem se levantaba bruscamente, arreglo sus ropas y abrió las puertas a punto de casi tirarlas. Ryo veía como el faraón cambiaba drásticamente de ánimo
- ¿Qué tontería has dicho infeliz? – El enorme guardia estaba hincado y temblando como si le hubieran echado un balde de agua fría.
- Incendiaron las reservas de trigo en la madrugada señor. La corte le espera para tomar una decisión de emergencia.
- Con un demonio deja de tartamudear estúpido llama a Serenity dile que venga ¡YA! – Con esto Atem azotó las puertas y se dirigió enfurecido a uno de sus tantos muebles a tomar la fusta de su padre, ese día le iba a ser de gran utilidad. Ryo se dio cuenta que justo a unos cuantos pasos de él la dulce persona que lo había besado había desaparecido ahora se encontraba un demonio en persona, Atem enfoco su mirada en el chico y se dirigió a él, golpeando muy fuerte la palma de la mano.
- Más tarde arreglaré cuentas contigo – Ryo se moría por dentro de solo ver la mirada del faraón.
Las puertas se abrían de nuevo y dejaban pasar al guardia y a Serenity la cual llevaba un velo en el rostro.
- A sus órdenes majestad – La voz de Serenity se escuchaba sumamente triste
- Ya sabes que hacer – Atem paso de largo y se retiró con el guardia.
- ¡Serenity! Qué bueno verte – Ryo se levantaba con dificultad de la cama cubriendo su cuerpo con la colcha. Intentó acercarse a la joven, pero esta con una señal de su mano lo detuvo para que no lo hiciera.
- No te muevas – El chico se quedaba extrañado ante la actitud de Serenity, la joven se mantenía en su lugar y veía las condiciones en las que se encontraba la habitación, había vidrios rotos esparcidos en la parte trasera, trozos de lino negro en la alfombra púrpura y un ligero olor a vino proviniendo de Ryo, pero lo que más le impacto fue el hecho de encontrar uno de los brazaletes de Seth tirado a los pies de la cama muy cerca de donde se encontraba el chico.
- Regresa a la cama Ryo no quiero que te cortes – Serenity hablaba con mucha frialdad mientras recogía el brazalete y se lo ponía en la muñeca.
- ¿Que tienes Serenity?, te noto extraña, ¿te pasó algo? – Serenity no dijo nada, fue directo al baño del faraón para prepararlo. Ryo quedaba solo sentado en la cama.
Durante todo el tiempo que Serenity ayudó a Ryo a arreglarse no pronunció ni una sola palabra, el pequeño intentaba llamar la atención a la mirada de Serenity pero esta lo ignoraba por completo.
- Serenity ¿Estas enojada conmigo?
- Estas listo Ryo. Será mejor que te dirijas a desayunar.
- ¿No me piensas acompañar?
- Lo siento, tengo cosas que hacer. Te veré mañana para ayudarte de nuevo, apresúrate porque las mucamas vendrán a limpiar.
- ¡Serenity que te pasa tú no eres así! – Ryo la tomaba por la mano.
- Ryo me tengo que ir no puedo perder más tiempo contigo. – Serenity lo rechazaba con enfado
- ¿Por qué me haces esto? Creí que eras mi amiga.
- No digas eso Ryo tú eres el primero en traicionar la amistad.
- ¿De qué hablas?
- No importa. Adiós Ryo le diré Al faraón que le pida a otra chica del gineceo que te ayude a partir de mañana.
- No, primero me explicas que te pasa – Ryo se sentía tan molesto que jalo el velo de Serenity para encararla, se dio cuenta que tenía un moretón en el rostro.
- ¿Qué te paso? – Serenity cayó al piso cubriéndose la cara llena de vergüenza, lloraba con desesperación.
- ¡Eres un tonto! ¡No quiero volver a hablar contigo VETE!-
- ¡Fue ese desgraciado, como se atrevió!– Ryo se arrodillo al lado de su amiga y la abrazó para consolarla.
- ¡Ryo!¡Ryo! Estaba muy enfadado, me dijo que no valía nada, que su vida sería mucho mejor sin mí.
- Eso no es verdad Serenity lo que te dijo fueron puras mentiras.
- Perdóname, me sentía molesta porque Seth solo hablaba de lo maravilloso que se la había pasado anoche y que solo se aburría conmigo, yo no sabía con quien había estado hasta que vi su brazalete en la alcoba, mis celos me cegaron, Ryo yo lo amo, no me lo quites.
- Serenity siento mucho decir esto pero eres una TONTA. Como se te ocurren semejantes ideas. No solo te ciegan los celos sino el enfermo amor que sientes por ese maldito, no veo la forma de quitártelo de la cabeza.
- Dime ¿Qué paso anoche? Necesito saberlo – Ryo ahora era el que se ponía frío, se separo de Serenity, la veía con seriedad.
- No lo sé, no lo recuerdo. Pero si tanto te interesa...
- Lo siento, me estoy volviendo loca, ya ni siquiera sé lo que digo, perdóname Ryo, perdóname tu tienes tus problemas y yo solo te atormento con los míos.
- Voy a matarlo.
- No digas eso. - Serenity tomaba a Ryo de los hombros.
- Si, voy a matarlo por todo el daño que nos ha causado. Me separo de mi padre para traerme a sufrir a este palacio y eso nunca se lo perdonaré.
- Ryo mírame a los ojos no pienses en hacer eso, eres muy joven y Seth te lleva mucha ventaja, no quiero que te haga daño ni que tu se lo hagas a él.
- Ese es el problema Serenity, él ya me hizo daño y lo seguirá haciendo si no acabo con él de una buena vez. Prefiero morir en el intento que permitir que siga aprovechándose de mí.
- Por la vida de tu padre no lo hagas, imagínate el dolor que le causarías si supiera que has muerto, crees que Él se merece eso.- Ryo no contestaba. - Lo ves aun tienes a alguien esperándote, tienes que ser fuerte y no pensar en hacerte daño
- Padre. ¿Se encontrará bien? Tengo tantos deseos de verlo.
- Vamos Ryo será mejor que te acompañe a desayunar para que cuando veas de nuevo a tu padre te encuentres muy sano y fuerte.
En otro lugar…
-Tres de los cuatro pabellones de las reservas se perdieron, sobrevivieron muy pocos guardias los cuales no saben con exactitud qué fue lo que paso, al parecer fue un grupo de hombres que por las ropas parecían ser sirios, pero no se llevaron absolutamente nada, por lo cual lograron escapar sin ninguna dificultad.- Isis leía en voz alta el informe que le habían proporcionado.
-"Todo estuvo calculado, fueron rápidos, sabían exactamente como entrar a pesar de que el pabellón estaba custodiado"- El faraón se encontraba pensativo en su trono.
- El problema de todo esto es que no sabremos como alimentar a tanta gente, ese trigo era nuestra única fuente de recursos durante la próxima temporada
- Es obvio nuestros enemigos quieren destruir nuestras reservas para encontrarnos más vulnerables ante un posible ataque - Seth hablaba mientras le arrebataba el papiro a Isis.
- ¿Que es lo que haremos faraón? – El gabinete real veían con mucha impaciencia a Atem el cual seguía con una mirada perdida.
- Yo sugiero que vayamos a cada uno de los pueblos a cobrar un tributo para compensar nuestras pérdidas.
-¿Estás loco Seth? apenas cobramos uno, ningún pueblo sería capaz de proporcionarnos otro, los haríamos morir de hambre.
- Lo dices como si eso nos tuviera que importar – Seth e Isis se mataban con la mirada.
- ¿Qué opinas? – Shada veía del otro extremo de la habitación a Atem, el cual parecía distraído ante la discusión de ambos consejeros.
- Isis tiene razón ningún pueblo podrá proporcionarnos otro tributo en comida – Isis se sorprendía mucho ante la nueva actitud de Atem era la primera vez que le daba la razón- ... sin embargo tendrán que proporcionarnos otro en oro.
- Pero faraón para que queremos oro si no podremos alimentarnos con él.
- Por una simple razón. Compraremos más trigo.
- ¿Cómo, nosotros el poderoso Egipto comprando trigo?- Todos los hombres murmuraban ante la observación de Seth
- ¡Silencio! –La fusta era golpeaba con fuerza en la mesa.- Haremos lo siguiente: quiero que la ultima reserva de trigo sea repartida a partes iguales entre todos los agricultores de Egipto, Shada tu sabes mucho de plantas quiero que encuentres la forma de que la tierra nos proporcione el suficiente trigo en muy poco tiempo para compensar mínimo tres cuartas partes de las perdidas, no me importa que hagas sangrar la tierra necesitamos recuperarnos.
- ¿Y me podrías decir mi poderoso faraón como nos alimentaremos los demás?- Seth hablaba con mucha malicia.
- Aun tenemos trigo suficiente para alimentarnos por un par de semanas, es el tiempo suficiente para ir a Siria y comprar el trigo para abastecernos hasta que termine la temporada de recolección.
- Pero que tonterías dices, como lograremos que nuestros propios enemigos nos lo vendan
- Eso será muy fácil Seth, los engañaremos.- Todos los hombres volvían a murmurar.
- Necesito preparar una comisión que vaya disfrazada y oculta como gente de Siria o cualquiera de nuestros vecinos, esta comisión se dividirá en grupos y comprará el trigo para no levantar sospechas, además así nos enteraremos de la clase de planes que nos tienen preparados nuestros enemigos.
- ¿Espías? pero eso es jugar sucio.
- Solo se estará poniendo la balanza en equilibrio hermana – Repentinamente la voz de Malik intervino en la conversación.
- ¿Y a ti quien te dio derecho a hablar mocoso?
- Nadie Seth, pero Atem tiene razón, por lo que pasó esta madrugada no hay que dudar que existan espías entre nosotros, era muy difícil entrar a esos pabellones solo la gente encargada de cuidarlo sabía la manera de penetrarlo, Atem no está jugando sucio solo estará actuando como lo hacen sus enemigos. – Todos se miraban con preocupación ante la idea de la traición.
- Bien Malik puesto que tú eres muy astuto en las cuestiones del disfraz serás el líder de la comisión esta será tu primera misión y no quiero que me falles ¿entendido?- A Malik le brillaron los ojos, al fin iba a hacer algo por defender a Egipto como lo había hecho su padre.
- Gracias.
- No me lo agradezcas solo espero que no me defraudes ya sabes que no me gustan los errores.
- ¿Y qué pasará con el cobro de tributo?
- De eso te encargarás tu Isis, tienes el tacto, cobra lo que consideres necesario a cada pueblo dependiendo de las riquezas que posea, de manera que les sea imperceptible, también no quiero levantar sospechas por el cobro excesivo de oro, podrían pensar que estamos en apuros.- Al parecer todos quedaban satisfechos ante la solución que el faraón había propuesto, Shada notó que Atem había actuado con más cautela, sus ideas tenían un ligero toque de compasión la cual no era una de las virtudes del joven faraón.
- Y tu Seth. Te encargaras de vigilar a toda la corte – Lo ultimo no le había agradado a nadie.
- Así es, de ahora en adelante todos los que se encuentren en esta habitación se encontraran bajo vigilancia especial, todos sus movimientos serán registrados y ninguno podrá salir de Egipto si no es bajo mi autorización y con la vigilancia correspondiente.
- ¿Majestad acaso ya no confía en nosotros? – Hablaba uno de los hombres
- En tiempos como estos me temo no. La confianza a desaparecido con el suceso que ocurrió puesto que no fue un simple atentado de eso estoy completamente seguro. Pero no tendrán nada que temer si su conciencia se encuentra tranquila, de lo contrario no solo su cadáver sino el de toda su familia y esclavos colgara de las murallas del palacio. – Ningún hombre protestó ante este último comentario.
- Bien. Por último deseo que se vuelva a interrogar a cada uno de los guardias sobrevivientes y describan a los hombres que lograron ver, quiero ver qué clase de hombres eran, consigan un escriba y hagan retratos.
- Puedo decirle a Bakura que los haga
- ¡Por Ra, un maleante ayudando a capturar a otro maleante, por favor Isis.
- Pero Bakura se ha regenerado.
- Estoy de acuerdo con Seth no quiero la ayuda de ese desgraciado, consíganme otro, deseo atrapar a los que dañaron a mis hombres y pusieron en peligro la grandeza de mi reinado, quiero tenerlos enfrente para degollarlos con mis propias manos. El faraón ha hablado.
- Como usted ordene señor.- Todos los hombres se levantaron e hicieron una reverencia al ver que el faraón se retiraba con Seth y Shadi a su lado. Posteriormente todos hablaban y murmuraban al salir del salón dejando a Malik e Isis solos.
- Isis por fin. Atem me ha dado una misión.
- Malik ten mucho cuidado, tengo miedo de que algo malo pueda ocurrirte
- No te preocupes veras que todo saldrá bien y regresaré triunfal con sacos llenos de trigo.
- No lo sé, últimamente he tenido un sueño muy extraño que me dice que algo malo ocurrirá.
- Podrías decírmelo, dicen que cuando cuentas los sueños no suelen ocurrir.
- Pues veras. "Veo un halcón muy hermoso surcando los cielos, sus alas se mueven con mucha gracia y sus ojos reflejan una pureza sin igual, vuela sumamente alto y a cada aleteo de entre sus finas plumas brotan polvos de oro y plata los cuales al caer a la tierra hacen brotar lotos de diferentes colores sobre el río Nilo."
"El sol aparece provocando que el halcón quede un poco cegado y comience a volar en círculos entorno a él, el halcón intenta alejarse del sol, pero este brilla aun más lastimándole los ojos, el ave empieza a volar con desesperación sin saber a donde va, haciendo que algunas de sus plumas caigan por el cielo, pero cuando tocan finalmente al suelo en lugar de brotar flores, la tierra se abre, dejando escapar gritos de dolor."
"El halcón pierde el control al eclipsarse el sol, desplomándose en la tierra. En la oscuridad aparece un chacal negro, que se acerca lentamente al halcón, este intenta de nuevo volar para salvarse pero sus alas se han roto al caer desde tan alto. El chacal se precipita sobre el ave y es cuando en mi sueño todo se cubre de sangre."
- ¿Isis estás segura de que no has consumido opio últimamente? – Malik recibía un coscorrón por parte de su hermana.
- No sé porque pierdo mi tiempo contándote lo que veo.
- Lo siento Isis seguramente el perrito solo tenía hambre. ¡Eso es!
- ¿Qué?
- El hambre, seguramente es el hambre que tendremos si no consigo el trigo, no te preocupes Isis, nada de eso pasará, te prometo que lo conseguiré y dejarás de tener ese extraño sueño.
- De verdad espero que se trate de eso y no de algo más.
Mientras tanto.
- ¡Le voy a romper la cara, donde esta para MATARLO! -
- "Aquí vamos de nuevo" – Al llegar al comedor Ryo y Serenity se habían encontrado con Joseph descansando en la elegante mesa puesto que Shada estaba ocupado en la junta de emergencia. Serenity no se había vuelto a colocar el velo en el rostro y Joseph tenía una idea de quien había sido el culpable del daño a su hermana.
- Te digo que fue un accidente me pegue con la puerta, si. Así es con la puerta, soy muy tonta.- Ryo veía con enfado a la joven al escuchar sus mentiras
- Jo tu hermana...OUCH – Ryo trato de decir algo pero Serenity le dio un pellizco
- Ryo ¿verdad que me pegue con la puerta?-
- ¿Es eso cierto?- Ryo cerró los ojos y asintió ante la mirada de Joseph.
- Está bien. Ten más cuidado Serenity, me preocupa mucho que te pueda pasar algo malo a lado de ese desgraciado.
- Si hermanito, prometo ser más cuidadosa.
- Esta bien me tengo que ir, Ryo sé que eres un buen chico así que cuídala mucho.- Ryo encogía los hombros apenado.
- Jo podrías mandarle un saludo de mi parte a Shada- Solicitaba Ryo
- Claro, tu también cuídate espero verte pronto – El rubio se alejaba apresuradamente.
- Debiste haberle dicho la verdad, no sabes lo culpable que me siento.
- No quiero que haya más peleas, estoy cansada de que Joseph siempre termine en el suelo cuando se enfrenta a Seth.
- ¿Joseph se ha enfrentado a Seth? Se convertirá en mi mejor amigo.
- No es gracioso, el tener que limpiar las heridas de tu propio hermano.
- Lo siento, a propósito ayer conocí a alguien muy extraño.
- ¿A quién?
- Un sujeto llamado Bakura.
- ¡Bakura!
- Si ¿por qué te sorprendes?
- Ese hombre es muy peligroso no te le vuelvas a acercar
- ¿Por qué? Está loco es cierto pero es agradable.
- Ryo te lo digo en serio ese sujeto solía ser un peligroso ladrón y no dudo que las malas mañas no se le hayan quitado, he escuchado también que mato a mucha gente.
- No es cierto.
- Es verdad yo nunca le he dirigido la palabra pero pienso que es una mala persona, Seth me ha hablado muy mal de él, puesto que lo conoce mejor que yo.
- Pues confío menos en lo que dice el sacerdote, además si fuera una mala persona no seguiría en el palacio, estaría en una mina tallando granito, en lugar de estar pintando murales.
- No te acerques a él, lo digo por tu bien.
- Pero yo le prometí que lo vería hoy, no puedo romper mi promesa
- A un hombre que no tiene honor no es necesario que se le cumplan las promesas.
- Pero yo si tengo honor y debo de cumplir. Además tu también estas en un gran peligro y no te quieres alejar de él
- Ay Ryo está bien haz lo que quieras pero ten mucho cuidado.
- ¡Ana fi intizarak! (estoy esperándote)...bil saniah ghabak wella gait (cuento los segundos de tu ausencia y no vienes)... aizah 'araf la tikoun (necesito saber si estas triste)
Bakura se encontraba entonando una vieja melodía mientras pintaba con impaciencia un nuevo mural en otra pared contigua a la del halcón, tanto sus ropas como su morena piel estaban manchadas de diferentes tinturas. Era una hermosa pintura sobre la noche en el río Nilo, el blanco de la luna llena resaltaba sobre un fondo azul oscuro, sobresalían algunas ibis rosadas volando sobre los trazos del río.
- Il ghbah teegheeb allatoul?... (¿la ausencia continuara por siempre?)
- Que bonita pintura - A Bakura por poco se le caían las cosas por el tremendo susto que la voz de Ryo le había dado al escucharla tan repentinamente.
- Hola. – Bakura se sorprendía al ver a Ryo, se sentía algo incomodo al notar que Ryo lucia muy elegante en aquellas vestiduras color vino, mientras él estaba vestido con sus ropas más viejas, embadurnado de pintura.
- Min zambee ghayrak mah la eit..
- Yo no soy el problema. Bakura cantas horrible
- Gracias bocón. – Bakura dejó las tinturas en el piso y tomo un paño para limpiarse la cara.
- Bakura, ¿desde cuando pintas?
- Pues no sé desde hace mucho.
- ¿Siempre has pintado?
- ¿Eh?...Si siempre...
- ¿Nunca te habías dedicado a otra cosa?
- ¡¿Por qué tantas preguntas tan fastidiosas!- Bakura arrojaba con fuerza el trapo contra las tinturas, haciendo que se escurrieran por el piso, su rostro reflejaba mucho enfado.
- Simple curiosidad. Está bien si te molesto me voy.
- Espera. – Bakura se ponía enfrente de Ryo para impedir que se fuera, comenzaba a inundarle la culpabilidad.
- No sé ni siquiera por que vine. Hecho, ya cumplí mi promesa.
- No te vayas. - Bakura lo sujetaba una vez más por los hombros - Lo que pasa es que no me gusta hablar de mí, mejor hablemos de ti. ¿Qué haces en el palacio? – El chico se quedó helado no quería hablar sobre ese desagradable tema.
- Yo...Bueno. - Ryo volteaba la cabeza para evitar la mirada de Bakura se estaba poniendo muy nervioso, sentía como si lo estuvieran interrogando por un asesinato.
- Lo sé, eres un amigo del estúpido faraón, tienes que serlo para vestir de esa manera, que lástima, como le haces para soportarlo, es tan, como decirlo sin que suene ofensivo, tan... estúpido.
- No Bakura el faraón no es mi amigo.
- ¡Mira! Tenemos algo en común tampoco es amigo mío. "Ni en un millón de años", dime ¿a qué te dedicas?
- ¿Por qué pintas los murales de su palacio? – La conversación había perdido sentido únicamente había preguntas pero no existían respuestas.
- Dejémonos de cuestionamientos. Por alguna extraña razón tú no quieres contestar mis preguntas ni yo las tuyas, que te parece si damos un paseo por el palacio
- No lo sé Bakura, es algo tarde.
- Ou tikulif wit ooul naseen (Estrechas mi mano y te vas tan rápido, ¿por qué no vienes y me dices olvídalo?)
- De acuerdo. Tú ganas, te acompaño, pero por todos los dioses ¡deja de cantar!
- Vamos te tengo que enseñar muchas cosas – Bakura tomo una pequeña libreta cubierta de cuero y ambos caminaron por los pasillos.
En el transcurso de la tarde Bakura le mostró todos los jardines a Ryo el cual quedaba maravillado ante la belleza de tantas flores, Bakura se la pasaba contándole bromas y Ryo no podía contener sus carcajadas ante las locuras que le estaban diciendo, todos aquellas personas que los veían pasar no dejaban de notar el contraste del dúo, enfocaban más al pequeño puesto que el color vino de la ropa que llevaba lo hacía lucir muy bien, no lucia como un esclavo sino como un noble, pero sus sospechas se aclaraban al notar la gargantilla en el cuello, una cosa de la cual Bakura no se había percatado y Ryo había olvidado.
Más tarde ambos se encontraban sentados en un pórtico, Bakura escribía y Ryo contemplaba el paisaje, la tranquilidad de la compañía mutua los reconfortaba.
- ¿Qué escribes Bakura?
- Cosas.
- Déjame ver – Ryo sentía tanta curiosidad que tomo sin permiso alguno la libreta de Bakura y comenzó a leerla en voz alta.
Ah ya helu ya msallini (Oh belleza oh compañía)
Ya-lli be-nar el-hajre kawini (Eres quien me quema con el fuego de tu abandono)
Emla-l-mudam ya jamil we-s'ini ya e-ni (Llena la copa de tu belleza y dame de beber)
Min kotre sho'i alek ma b-anam (porque mi ardiente deseo por ti no me deja descansar.)
- ¡Dame eso tonto! – Bakura intento arrebatarle el cuaderno, pero Ryo fue más ágil y siguió leyendo
Habbet jamil we ya retni dello (Me siento enamorado de tu belleza, me gustaría ser tu sombra)
Lamma ra-eto malak fo-adi (Cuando te encontré tomaste posesión de mi )
Sabbarte 'albi we hamalte zello (Le pedí a mi corazón ser paciente y cargar con este pesar)
- Ryo¡Es la última vez que te lo pido por las buenas! – Pero Ryo no hacía caso estaba fascinado con aquella poesía.
Abyad we ya, ya lon-el-yasmin (Blanco es el color del jazmín)
Ya-lli 'ala khaddak yetshaf-el-wardi (En sus mejillas puedo ver flores)
Inni asir-el-mawadda (Soy el prisionero de su amor y amistad)
Una enorme sonrisa aparecía en el rostro de Ryo. Bakura quedaba paralizado al escuchar el último verso, odiaba quedar expuesto pero lo que más odiaba era quedar ridiculizado ante un chico. Tomo Ryo por la ropa y le arrebato el cuaderno de las manos.
- Pedazo de escoria ¿quién te crees para leer lo que no te importa?
- Bakura.
- Te has burlado ¿no? - el sentimiento de que sus ideas hubieran sido ultrajadas por ese chico lo humillaba aun más.
- Yo sería incapaz de hacer eso. ¿Por qué te molesta tanto?. No tiene nada de malo el que lo lea, inclusive podría ayudarte para que se lo puedas dar a tu novia
- Ryo, eres un tonto – Bakura miraba con ternura a Ryo le encantaba que fuera tan ingenuo "¿Qué no lo entiendes?. el poema es para..."
- ¡Estás loco Bakura, enfadarte solo por un poema.
- ¡Eres un mocoso entrometido!
- ¡Y tú eres un neurótico!
- JAJAJAJA- Ryo respiraba agitado, no entendía porque en aquel palacio todos tenían una personalidad tan voluble.
- No seas malo Bakura léeme el último párrafo.
- ¿Te gustó?
- Pues te estoy pidiendo que me lo leas ¡duh!
- Ven siéntate junto a mí...
Ma zane albi tensani (Nunca le había pasado a mi corazón)
We yzid fi hobbak ashjani (Y mi dolor crece)
Ud ya jamil ya-khi ud li tani (Regresa a mí belleza... regresa una vez más)
Min kotre sho'i alek ma b-anam (Porque mi ardiente deseo por ti no me deja descansar.)
De nuevo la felicidad se apodero de Ryo, no sabía todo sobre ese idioma pero podía entender muchas de las cosas que estaban escritas. En Ryo nacía una confianza hacia Bakura, quería contarle tantas cosas, pero a la vez el remordimiento y la culpabilidad le impedían decirle lo que realmente pasaba por su cabeza.
Ryo hojeaba el contenido de aquel cuaderno, en el no solo habían poemas sino un sin fin de dibujos y hojas de diferentes arboles usadas como separadores, era como mirar dentro de una vida, por otro lado Bakura contemplaba con detenimiento a Ryo, sus cabellos, cada parpadeo, cada movimiento de sus manos, el movimiento de su pecho al respirar, todo en él se le hacía hermoso no podía apartar la mirada ni un solo segundo.
- ¡Bakura! – El mayor salía de sus pensamientos al escuchar el sobresalto del pequeño.
- ¿Qué te pasa?
- ¡El sol!
- Si es un bello atardecer – Ryo le entrego el cuaderno y caminó apresurado - ¡Ryo!
- No puede ser como no me había dado cuenta – Bakura lo sujeto del brazo
- Ryo ¿Por qué tanta prisa?
- Me tengo que ir. – Bakura percibía en los ojos de Ryo mucho temor.
- ¿Que tienes, por qué tiemblas?
- Bakura. Yo...- Los últimos rayos del sol se ocultaron y la noche se hizo presente. Ryo se estaba muriendo por dentro. Sin decir más se soltó como pudo y corrió a más no poder al interior del palacio.
- ¡Ryo! ¡RYO! – Por más que Bakura intento alcanzarlo no pudo, Ryo era mucho más rápido que él y le perdió la pista sin saber a dónde se había marchado.
- "Soy un tonto, el tiempo fue tan corto, cielos como pudo pasarme esto"- Ryo detuvo sus pasos al encontrase en el pasillo de la habitación de Seth miró con detenimiento que nadie se encontrara en él, al verse solo y sin ningún obstáculo decidió que era momento de continuar la carrera. Llevaba una velocidad impresionante
Por fin Ryo vio las puertas y patinó por un largo trecho hasta detenerse a unos cuantos milímetros de chocar con las enormes puertas. Por su frente escurría un sudor frío no era por el esfuerzo de haber corrido sino por el miedo, no sabría lo que le esperaba.
"Lo mejor sería correr en dirección opuesta, pero a dónde, los guardias no me dejarían ir muy lejos. Bakura,te hubiera contado todo, de que me hubiera servido, nadie puede contra el poder del faraón. Ra sé que no escuchas mis plegarias porque prefieres a tu hijo. ¿Cómo puedo confiar en ti? No Ryo esas son blasfemias " Las ideas lo carcomían, estiro su mano temblorosa y poco a poco una de las puertas se abrió casi por completo.
Todo permanecía en calma, solo se escuchaba el crujir de las antorchas, Ryo caminaba con sigilo por la habitación, el faraón no se encontraba en la cama, la tranquilidad comenzó a reconfortar al pequeño posiblemente el faraón tendría asuntos más importantes que atender y esa noche lo dejaría descansar.
- Menos mal...- Ryo giraba su cuerpo por inercia al escuchar como la puerta que había abierto, se cerraba con un ruido ensordecedor. Ahí estaba a un lado de la puerta y con un brazo estirado el mismísimo faraón.
Al pobre de Ryo se le fue la respiración al escuchar como los pasos resonaban por toda la habitación avanzando hacia él, las velas reflejaban espeluznantes sombras, las cuales se precipitaban sobre el piso y el atemorizado Ryo, ahí estaba justo enfrente de él la altiva y majestuosa figura del faraón.
La imagen de su rostro era lo peor, inexpresivo, con tanta frialdad en los ojos, no pronunciaba ni una sola palabra, en una de sus manos sostenía la fusta que lo hacía lucir como una imagen ancestral.
- No fue mi intención hacerlo esperar.- Atem lo observaba con desdén.- Lo siento...-
¡Plaf!
El rostro ladeaba ante la tremenda bofetada
- Cállate. No me interesa escuchar hablar a la basura.
- Señor... - ¡Plaf! Una delgada línea de sangre se asomaba por la boca de Ryo por la segunda bofetada
- Que no entiendes porquería, no quiero que hables
Ryo no pudo resistir sollozar ante el dolor era la primera vez que alguien le golpeaba de esa manera, Atem doblo la fusta en un ligero arco y dejo dos marcas en los brazos del pequeño.
- Deja de llorar, deja de llorar – A cada palabra Atem golpeaba con mayor fuerza la piel del chico este caía arrodillado ante el dolor, tratando de contener los gritos. Más sangre brotaba de entre las heridas manchando la blanca piel de los brazos.
- ¿Quién te dijo que te podías sentar?¡LEVÁNTATE INUTIL!- Atem tomo a Ryo del cuello y lo hizo caminar hasta recostarlo boca abajo en la cama fijando su mirada en la espalda.
- Mi paciencia se ha acabado contigo, no habrá más consideraciones, me tienes harto, te dije claramente que odiaba la espera - La fusta silbó por el aire y corto la ropa y la espalda, Ryo gritaba apretando con desesperación las frazadas, esto enardecía mas al faraón, la fusta siguió abatiendo hasta completar diez líneas rojas, la sangre escurría de las heridas manchando todo.
El faraón levantó a Ryo del brazo el cual no se podía incorporar bien a causa del dolor y fue arrastrado por toda la habitación hasta llegar a otra de las puertas, la cual fue abierta de una patada.
Atem lo introdujo tirándolo en el piso y cerro la habitación.
- Mírate. No mereces dormir en mi cama.
Ryo al ver que el faraón de nuevo se acercaba con la fusta para golpearlo se levanto como pudo e intento alejarse, pero el faraón se acercaba rápidamente, lo veía con un deprecio inmenso. ¿Por qué lo trataba de esa forma? Ryo entendía que merecía un castigo por haber llegado tarde pero eso era demasiado.
Esta pregunta tenía una simple respuesta, el faraón estaba enajenado por la simple razón de que había visto a Ryo sonreír, el hecho de haber llegado tarde pasaba a segundo término, le había molestado enormemente el haberlo visto feliz, solo que esta dicha no la había compartido con él, sino con aquel despreciable sujeto a quien tanto odiaba, su némesis y enemigo de toda la vida: Bakura.
- No vales nada.- Atem lo sujetaba fuertemente del cuello, Ryo respiraba con dificultad no dejaba de ver la encolerizada mirada de la persona que lo guiaba lentamente hacia un escritorio.
El solo hecho de recordar como los había visto juntos, como Ryo mostraba su dulzura y ofrecía su amistad y fraternidad al ser más despreciable que alguna vez hubiera podido conocer lo volvía loco, pero lo que más lo consumía era que no soportaba la idea de haberse encariñado con aquella persona que tenía tan cerca, era algo que no podía asimilar, se había prometido así mismo el no sentir ninguna clase de afecto por nadie, tenía que cortarlo de raíz y la única forma de lograrlo era acabando con Ryo.
- Eres un simple objeto el cual puedo utilizar a mi antojo, solo sirves para eso, eres un ser sumamente repulsivo - La moral de Ryo estaba hecha añicos, las palabras del faraón lo hacían sentir miserable, pero Atem se sentía aun más miserable al verlo llorar.
- Pues si tanto asco le doy, déjeme ir. – La sola idea de perderlo horrorizaba al faraón
- Déjeme ir. ¡DÉJEME IR! – Ryo se libero bruscamente de la mano que lo sujetaba y encaro con todo – Tal vez para usted yo no valga nada pero conozco gente que me quiere. ¡Mi padre! ¡Mis amigos! ¡Bakura!
Ese fue el principio del fin, Ryo no sabía porque había dicho el nombre de Bakura, ni siquiera él estaba seguro de que aquel sujeto lo considerara su amigo, no tuvo mucho tiempo para analizar las cosas debido a que Atem lo sujetaba de los cabellos, su cuerpo era colocado boca abajo contra el escritorio tirando todas las cosas que se encontraban encima, al mismo tiempo que sus piernas colgaban de la orilla.
- ¡No te mereces nada, ni mis caricias, ni mis besos. ¡Nada! – Atem estaba al borde de la locura, golpeaba sin compasión. Ryo era suyo y no lo iba a compartir con ninguna otra persona.
- ¡Ah! - Ninguna parte de su cuerpo quedo a salvo, líneas rojas resplandecientes escurrían por la espalda desde los hombros, otras rodeaban sus piernas como culebrillas finas color carmesí.
El faraón no pudo resistir más los gritos y al ver a Ryo a su merced decido que era el momento de terminar de una vez por todas, quito la ropa de ambos como pudo y sujeto al pequeño contra el escritorio, lo demás fue el infierno para Ryo, el cual se agitaba y debatía en su desesperación, pero la furia no parecía calmarse con nada.
Las uñas del pequeño se lastimaban al enterrarlas en la superficie de madera, al mismo tiempo que sus entrañas eran desgarradas sin misericordia, el sufrimiento era insoportable y sus gritos se hacían más sonoros. En otro arranque del faraón, sujeto la gargantilla y la arranco del cuello cortando gravemente la piel, su sudor caía sobre las heridas provocando que el pequeño se arqueara de dolor, los gritos eran interrumpidos por constantes insultos, Ryo estaba muerto en vida.
En unos instantes después Ryo dejo de gritar estaba agotado, únicamente se escuchaban sus sollozos y quejidos ahogados, Atem seguía encolerizado, hasta que escucho un ruido casi inaudible de los labios del pequeño que se repetía una y otra vez.
- Te odio...te odio...te odio...
Al escuchar aquellas palabras y verse a sí mismo cubierto de sangre el faraón reaccionó sintiendo como lo poco que quedaba de su alma se partía en mil pedazos, se separo de Ryo con terror y se retiro de la habitación sin saber a donde dirigirse, cerrando las puertas tras de sí, una vez más cientos de imágenes de su pasado le venían a la mente, su padre, Seth, dolor, culpa, remordimientos, "Bakura... el maldito de Bakura".
El cuerpo de Ryo caía del escritorio sin fuerzas, su pecho se movía débilmente entre los sollozos, sus ojos permanecían abiertos enfocando la luz de las velas.
Esa noche…
- ¡CÓMO QUE NO ESTA!
- Bakura tranquilízate yo curaré a Ryo
- Solo te advierto una cosa rubio enclenque si lo haces sufrir ¡TE MUERES!
- (Gulp) Está bien tratare de hacer lo mejor posible.
- No esmirriado no lo intentaras. Lo harás. – Bakura saco un enorme cuchillo de su cinto y lo colocó en el cuello de Joseph, el rubio perdía el control de sus esfínteres al sentir el frío metal cortando una pequeña herida en su cuello.
- Bakura. Si me cortas el cuello no podré ayudar a Ryo
- Pues entonces ¡Muévete!
En el acto Joseph tomo las cosas necesarias e inicio la plegaria que había aprendido de Shada, estaba sudando la gota gorda, era la primera vez que la iba a poner en práctica y requería de toda su energía y concentración, pero con un chico desangrándose y otro sujeto sosteniendo con furia un cuchillo de treinta centímetros de largo no le era muy fácil realizar esta tarea.
- Thet, Mut, Ab, Ankh, dolorosa Amanti, tierra de ensueño y oscuridad, morada de los que nunca vuelven a despertar... – La luz emanaba de las manos. - ...alivia su corazón de la miseria.- Poco a poco todas las heridas de Ryo se desvanecían con el resplandor y la piel recobraba la tersura que le caracterizaban.
- ¡Lo logré!
Pero Ryo aun permanecía inconsciente y un tono pálido lo hacía lucir como si estuviera muerto. Bakura veía muy preocupado el débil cuerpo sobre el diván.
- ¿Qué pasa, por qué no reacciona?
- Perdió mucha sangre, es necesario que descanse.
- ¿Quién podría hacerle esto?- Pensó Bakura en voz alta.
- ¿No lo sabes?- Habló Jo.
- ¿Acaso tu sí? Dímelo con un demonio, para romperle todos los huesos y sacarle las uñas. – El rubio era alzado en el aire.
- El faraón
- ¿Cómo? ¿Por qué lo trataría de esta manera? ¿Qué derechos tiene sobre Ryo?
- Todos. Ryo es su esclavo, su nuevo "juguete" - Bakura sintió como si le dieran una puñalada en el pecho con su propio cuchillo, bajo lentamente al rubio y se sentó a un lado del pálido cuerpo.
- No puede ser. Por eso estabas tan asustado. Por eso tenias que irte tan rápido.
- Yo tampoco entiendo porque lo trato de esa manera, posiblemente Ryo hizo algo que ofendió mucho al faraón, tuvo que ser algo grave para que lo haya dejado así.
- Ese miserable me las va a pagar, no me importa la promesa que hice.
- Bakura no puedes enfrentarlo es tu faraón.
- ¡Al diablo con todo, tal vez para ti lo sea, pero para mí el verdadero faraón ha muerto, a él era a quien le tenía que rendir cuantas no a este pelagatos de porquería.- Joseph se sorprendía mucho al escucharlo hablar, creía que ese lado de Bakura había desaparecido, en especial desde la muerte del antiguo faraón.
- Lo mejor será que te vayas a dormir estás muy agitado
- No me pienso ir y dejar a Ryo solo con semejante tonto lame pisos del falso faraón.
- Está bien, toma dale esto de beber. Vendré a verlos más tarde- Jo bostezó- Ya que vas a estar aquí dormiré un poco me siento muy cansado no sé como Shada soporta usar tanta energía y mantenerse tan lúcido.
Durante el resto de la noche y toda la madrugada Bakura no se separo de Ryo ni un solo instante, le dio de beber agua, lo arropo y lo contemplo por un largo rato, el rostro de Ryo al dormir le llenaba todo el cuerpo de una extraña sensación.
Ayer me dijo un ave que volara...
- ¿Por qué no me lo mencionaste?
Por donde no hay dolor
- ¿Acaso no me tienes confianza?
Que lo sufrido no resucita en sueños
- No te culpo, yo tampoco tuve el valor para contarte tantas cosas
Y en rezos nunca murió
Bakura tomo la mano de Ryo, estaba tan fría y pálida, no podía creer que él hubiera hecho algo tan grave para provocar la furia del faraón.
- Eres como "yo" siempre metiéndonos en problemas.
Que saque el aire de mis ojos
Que abrace al miedo con tus sueños
- Así los dioses me maldigan por enfrentarme a su hijo.
Que sea un guerrero de sangre
Para que nadie te haga daño.
- No permitiré que te vuelva a tocar.
Isis de nuevo se levantaba con sobresalto, aquel sueño se aparecía una vez más en su mente y no la dejaba descansar. Decidió tomar un paseo por el palacio para despejar su mente y sentir el aire frío. Sus ojos azules reflejaban el brillo de las estrellas las cuales contemplaba con detenimiento en búsqueda de alguna respuesta que le pudieran dar a tantas preguntas que giraban en torno a ella, pero no había nada.
Repentinamente sintió como una sombra avanzaba entre los pilares y se dirigía al salón principal, un enorme temor le invadió, pero su valor se impuso, lo mejor era investigar no permitiría que cualquier intruso invadiera el palacio de su querido faraón.
Siguió a la sombra con cautela y observo como esta se introducía al enorme salón
-"¿Que es lo que buscas? ¿Qué cosas te atormentan que vienes a buscar refugio en la oscuridad?"
Al internarse al salón, contemplo con horror como las antorchas iluminaban el ensangrentado cuerpo de Atem sentado sobre su trono, con una fusta escurriendo sangre.
- ¿Atem que te pasó?
Ayer me dijo un ave que volara
Hasta desintegrarme...
Bakura no lo resistía más, veía impaciente los labios de Ryo, puso la mano que sostenía la de Ryo en su pecho y la otra en la del pequeño, sentía su respiración y el latir del corazón de ambos.
Que la distancia no es cansancio
No pudo más, acerco sus labios a los de Ryo, estaba cada vez más y más cerca, era algo magnético no lo podía evitar, tan cerca, casi rozando, cerro sus ojos y se dejo llevar por el aire que exhalaba suavemente la boca.
Es fuerza, eres tú..
- Papá…– Bakura no pudo terminar con lo que tenía planeado, separo su rostro y vio como Ryo aun seguía durmiendo.
- Lo siento Ryo.
Que saque el aire de mis ojos
Que abrace al miedo con tus sueños
Un largo suspiro se escucho en la habitación – Creo que tendré que esperar. – Bakura soltó la mano y arropo por completo a la persona que se convertía en su esperanza de vida.
Que sea un guerrero de sangre
Unos minutos después Bakura caía dormido a los pies del diván soñando con su adoración y persona de su devoción.
Para que nadie te haga daño
- Kura...
Para que nadie te haga daño
Para que nadie te haga daño.
CONTINUARA
