Capítulo 9: Culpa
—Mi prometida. —Declaró Harry.
Hermione no supo si fueron minutos o segundos en los que dejó de respirar tras la declaración del moreno. Un dolor punzante e incómodo se instaló en su pecho y garganta, haciéndole difícil el sólo intento de tomar aire; incómoda, apartó su mirada de él, tratando de fingir que no le había afectado. De inmediato, el cerrar de la puerta principal se escuchó, Henry bajó de su silla y se acercó a Ellen, asustado; Hermione pudo percibir el eco que hacían los tacones acercándose hacia ellos con paso firme, fue entonces cuando la vio. Una mujer de porte elegante, luciendo un hermoso vestido entallado color vino, logrando resaltar sus curvas al tiempo que su cabello largo y negro se mecía con su andar, destacando sus finos rasgos orientales.
—¡He estado tratando de comunicarme contigo, pero no atiendes mis…! —Calló enseguida a lo que parecía un reclamo al ver a la castaña sentada en la mesa. —¿Qué hace ella aquí? —Preguntó con tono altanero, pero Ellen pudo percibir la sorpresa de la mujer y como trataba de mostrarse tranquila. Hermione enarcó una ceja con seriedad, no le gustó el tono en el que se dirigió a ella.
—Buenos días. —Saludó mordaz la anciana, ésta la dirigió una mirada arisca.
—No has contestado mi pregunta. —Le recordó al moreno, regresando a ver con disgusto a la castaña; Harry crispó sus puños, molesto.
—Baja tu tono de voz. —Le advirtió con seriedad sin inmutarse ante la mujer.
—¿Quién-es-ésta? —Repitió entre dientes señalándola. Hermione la miró indignada ¿había escuchado bien?
"¿Ésta?"
Si esa mujer no tenía modales, la castaña le demostraría que ella sí, y lo haría no rebajándose a su nivel; decidida, se incorporó de su silla con cuidado y añadió:
—Hermione Granger. —Contestó con formalidad, tratando de ocultar su molestia.
—No te molestes, linda. No vale la pena. —Le aseguró Ellen lanzándole una mirada de pocos amigos a Sharon.
—¡Qué fue lo que dijo! —Soltó colérica.
—¡Basta! —Bramó Harry furioso al tiempo que se incorporaba, dirigiéndose enseguida a la mujer tomándola con brusquedad del brazo.
—¿Qué haces? ¡Suéltame! —Le exigió tratando de zafarse.
—¡Cierra la maldita boca! —Le ordenó entre dientes mientras se dirigían a su despacho.
—Qué mujer tan vulgar. —Soltó la anciana tratando de tranquilizar al pequeño. —Ya hijo, ya pasó. —Le aseguró regalándole una tierna sonrisa. La castaña miró preocupada la dirección por donde la pareja se fue.
—¿Por qué ella es…?
—No busques respuestas donde no las hay, Hermione. —La interrumpió con seriedad. —Ella es mala y cruel. Es todo lo que necesitas saber. —Hermione la regresó a ver desconcertada. —Tu misma te irás dando cuenta más adelante. —Agregó al ver su mirada. —Será mejor que salgamos un momento al jardín, no quiero ser testigo de esta pelea. —Terminó al tiempo que se incorporaba.
—¿Puedo enseñarle a Hermione nuestro perro? —Preguntó un poco más calmado el pequeño siguiéndole los pasos, la anciana sonrió y asintió; la castaña mordió su labio, insegura si sería buena idea seguir a Ellen y al niño, o bien, esperar al moreno, pero la mirada de entusiasmo que le dirigió Henry terminó por convencerla, saliendo al final detrás de ellos.
Mientras tanto el moreno tenía que lidiar con la mujer forzándola a entrar a la oficina.
—¡Déjame maldita sea! —Le exigió una vez estuvieron dentro y el moreno cerró con seguro la puerta.
—¡Quieres callarte de una maldita vez! —Dijo esta vez Harry, alzando la voz con los ojos inyectados de furia.
—¡No, hasta que me expliques qué hace tu exnovia aquí! —Reclamó paseándose por el despacho furiosa. El enojo del moreno fue disipado por el desconcierto.
—¿La conoces? —Sharon se vio sorprendida por la pregunta y en un intento por ocultarlo se dirigió al pequeño bar, dándole la espalda.
—Por supuesto que la conozco. —Contestó mordaz, tomando una copa con nerviosismo, sin embargo, el fuerte agarre del moreno sobre su brazo la hizo girar con brusquedad.
—¡¿De dónde la conoces?! —Demandó entre dientes enojado. La morena le lanzó una mirada de odio y se soltó de él.
—¿No la oíste? Ella se presentó como "Hermione Granger" —Decía mientras servía whisky en su copa. —Se necesita ser demasiado estúpida para no recordar ese nombre que tanto sueles mencionar entre sueños. —Mintió, ocultando el hecho de conocerla con aquella falsa excusa, esperando que el moreno le creyera; Harry gruñó y le dirigió una mirada hosca, era verdad. Sharon sonrió triunfal ante la molestia del oji-verde y añadió:
—Aún no me has dicho qué hace esa idiota aquí. —Le recordó con desdén. —No me digas que hasta ahora la extrañaste y piensas regreasad… —Pero sus palabras murieron apenas sintió la mano del moreno tomar su cara con poca delicadeza.
—¡Dije que te callaras! —Le repitió apretando su rostro con fuerza y mirándola con odio. —¡El que esté Hermione aquí no es de tu maldita incumbencia! —Agregó soltándola con brusquedad. La mujer tomó una fuerte bocanada de aire y se acomodó el cabello decidida, regresando a verlo de forma retadora.
—Quiero que se largue. —Escupió sin importarle provocarlo; él la regresó a ver molesto…
—¡¿Es que no has entendido?!—Bramó fulminándola con la mirada; Sharon se obligó a tragar saliva al tiempo que regresaba al mini bar a dejar su copa.
—Escúchame…
—¡No! ¡Escúchame tu a mí! —Soltó enseguida mirándola rabioso. —¡Estoy HARTO! —Enfatizó al tiempo que se acercaba amenazadoramente. —Harto de tus chantajes… —La mujer retrocedió unos pasos. —Harto de ti, de toda esta maldita mierda de boda… —La morena lo miró sobresaltada.
—¿No estarás pensando en…?
—¿Cancelarla? —Terminó por ella en tono sarcástico. —Lo he considerado, al final ya todos sabemos en dónde terminará esta puta relación. —Le escupió entre dientes a centímetros de su rostro. Klein lo miró sorprendida tras oír esas palabras…
—¿Estás loco? —Lo miró furiosa. —¡No puedes…!
—Lárgate. —La cortó con su semblante ensombrecido. —O yo mismo te echaré a patadas de aquí. —Le advirtió con seriedad tratando de mantener la cordura; la mujer le lanzó una mirada fulminante.
—No hemos terminado… —Señaló antes de salir azotando la puerta de aquel lugar. Harry miró con odio la puerta al ver salir a su prometida, pasándose las manos por el rostro con frustración, preguntándose ¿Por qué demonios seguía con ella?
—Henry. —Murmuró para sí. Debía asegurar que el niño se quedara con él al mismo tiempo que no podía permitir que otra mujer terminara pisoteándolo como lo hicieron Hermione y Samantha.
"Hermione…"
Ese simple pensamiento lo hizo recordar que ella seguía ahí todavía. Decidido, salió de su despacho con dirección hacia ella, pero se sorprendió al no encontrarla por ningún lado, ni a Ellen ni a Henry. Desconcertado regresó sus pasos por si había descartado algo, pero no fue hasta que una burbujeante risa capturó su atención en el jardín trasero.
—Mira, también se sabe sentar. —Le mostraba el niño a la castaña, quien atenta miraba como a una señal de mano el labrador tomaba asiento.
—¡Muy bien hecho, cariño! —Lo felicitó Ellen, sonriendo.
—¿Tú le has enseñado? —Preguntó animada Hermione regalándole una caricia al animal.
—Papá me enseñó. —Contestó orgulloso tomando la correa de Bruno. —¿Te gustaría ver otro? —Pero tan pronto como terminó de formular la pregunta una voz interfirió…
—Será en otra ocasión. —Habló Harry. —La señorita Granger debe retirarse. —Agregó ganándose la atención de los presentes. La leve sonrisa de la oji-miel se vio obligada a apagarse tras las palabras del moreno; Henry hizo una mueca de resignación, dejando caer sus hombros.
—No he escuchado que Hermione quiera retirarse. —Dijo Ellen con seriedad.
—No es una petición. —Lanzó Harry con advertencia, regresando a ver a la anciana. Fue entonces donde comprendió que no debía interferir esta vez, las cosas se habían puesto feas desde que esa mujer apareció en la estancia, quizás lo más prudente fuera que Hermione se retirara para que las cosas se enfriaran.
—¿Vendrás de nuevo? —Quiso saber el pequeño mirando con esperanza a la castaña.
—Yo… —Se vio sin palabras tras la pregunta del niño y regresó a ver a Harry dudosa.
—Eso lo veremos más tarde. —Contestó el moreno, dirigiéndose al niño en un tono más suave, salvando a la castaña de una respuesta incómoda. —Ahora sube a tu habitación y trae tu mochila, no se me olvida que no has hecho tu tarea. —Le recordó mientras le acariciaba sus cabellos castaños, despeinándolos.
—Está bien. —Aceptó a regañadientes. —Vamos, Bruno. —Le dijo al animal animándolo con la correa, regresando al interior de la casa.
—¿Qué pasó con esa mujer? —Preguntó la anciana una vez el niño estuvo lo suficiente lejos para oír.
—Se largó. —Respondió cortante, no estaba de ánimos para que le recordaran de nuevo a esa mujer. Hermione enarcó una ceja desconcertada al oír el modo tan hosco en que se refería a su futura esposa, debía admitir que al principio esperó esa incomodidad de ver como Harry recibía con amor a su novia con un suave beso, pero se sorprendió al ver que fue todo lo contrario. La mujer se portó grosera y, por si fuera poco, quedó más que claro que ninguno de esa casa la toleraba, incluyendo Harry, entonces ¿Por qué estaba comprometido con ella? No pudo evitar cuestionarse, añadiendo una vez más a su lista otra de las cosas que no entendía del moreno. —Ve adentro y toma tus cosas. —Le ordenó serio con los brazos cruzados. Hermione asintió nerviosa y se incorporó de su silla para dirigirse al living. —Después ve hacia el auto que está afuera, yo te llevaré. —Hermione se detuvo en seco en la puerta al oírlo, tragó saliva ¿él la llevaría? Pensó preocupada ante el momento de incomodidad que se vendría.
—D-e de acuerdo. —Logró decir de forma atropellada.
—¿Por qué has querido que se vaya? —Harry gruñó al escuchar la pregunta de Ellen ¿es que no era obvio?
—Vino a hacer un chequeo médico ¿no? —La mujer asintió, desconcertada. —Entonces no hay nada más que tenga que hacer aquí. —Terminó con aquel semblante frío, dándose media vuelta, siguiendo a Hermione. La castaña supo, por la expresión que traía el moreno al subir al auto, que el regreso a casa iba a ser muy, muy largo…
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¡Era un estúpido! ¿Quién diablos se creía para tratarla así? Ella era su novia y próximamente su esposa, de ninguna manera podía permitir recibir un trato como ese y menos frente a la estúpida de Hermione Granger. Lo que la hizo recordar ¿Qué demonios hacía en Londres?
—¡Ese idiota! —escupió mientras manejaba furiosa. Habían hecho un trato, un acuerdo mutuo ¿y qué pasó? A la primera oportunidad que Granger quería regresar se encuentra con Potter ¿Qué parte de todo lo que le había dicho no entendió? ¿De verdad era tan estúpido como para permitirse fallar de esta manera? —No puedes hacer nada bien. —Gruñó apretando el volante, no pudiendo evitar recordar cuando la vio sentada cómodamente con los demás en la estancia. Había luchado para no mostrarse sorprendida ante su presencia, la muy mustia se había ganado la aprobación de la maldita anciana muy fácilmente, pues bastó un simple día para dejarla tomar el desayuno con ellos, mientras que a ella le tomó dos años recibir un trato "aceptable" por la vieja. No iba a permitir que le arrebataran lo que tanto trabajo le había costado, de ninguna manera permitiría que ella se interpusiera en sus planes. En cuanto a aquel estúpido, ya hablaría con él. Tenía que tomar cartas en el asunto cuanto antes, no podía esperar más tiempo, sabía que el moreno aún no le daba toda su aprobación a la castaña y debía aprovechar esa pequeña ventaja a su favor antes de que fuera demasiado tarde. No iba a permitir que regresaran, por nada del mundo dejaría que supieran la verdad.
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El transcurso, como lo había presentido, estaba resultando incómodo para ella, el solo intento de tomar aire la hacía dudar por temor a molestarlo, pero al mismo tiempo el silencio la estaba matando, si bien, anteriormente había compartido con él muchos momentos en el que el silencio era su mejor compañía, esta vez no resultó ser así. No estaba esa familiaridad, ni esa calidez que tanto le había hecho falta todos esos años.
A Harry por otro lado, su presencia, por más que quisiera evitarlo, le incomodaba. Era por ello que lo ocultaba con enojo; le dolía la mano con la que sostenía el volante debido a la fuerza que estaba usando. Hermione se removió incómoda en el asiento, fingiendo tener su mirada concentrada en el camino, pero no podía evitar mirar de reojo al oji-verde de vez en cuando ¿debería intentar conversar con él? Pensaba insegura, buscando desesperada salir de aquel silencio sofocante.
—Tu departamento queda por Hackney ¿no? —La repentina pregunta del moreno la tomó por sorpresa.
—Eh… sí. —Asintió al tiempo que tragaba nerviosa, pero casi enseguida lo volteó a ver desconcertada —¿Cómo es que sabes dónde vivo?
—En tu historial de trabajo venía. —Le recordó haciendo una mueca. La verdad era que se había aprendido toda su información porque más de una vez lo había leído no creyendo que fuera verdad; Hermione asintió, comprendiendo. Decidida a hacer el camino más cómodo y corto, optó por aventurarse a hablar…
—Nunca me había detenido a ver lo tranquilo que son los alrededores de Theydon Garnon, es un lugar hermoso. —Le comentó mientras miraba por el retrovisor.
—Lo es, a Henry le gusta este tipo de lugares. Es por eso que lo escogí… —Contestó serio, pero sin marcar aquella molestia con la que siempre solía vérsele; la oji-miel se permitió sonreír al recordar al pequeño.
—Es un niño muy listo ¿Cuántos años tiene? —Dijo volteándolo a ver más cómoda.
—Está próximo a cumplir los cinco años. —Sonrió con amargura, pues irónicamente el niño cumpliría años un día después de Hermione.
—Aún es muy pequeño. —Harry asintió sin apartar su vista del camino. —Tú y su madre seguro están orgullosos. —Agregó no muy segura al pensar en aquella mujer. El moreno apretó su mandíbula al recordarla.
—Si lo dices por la mujer de hace un momento, ella no es su madre. —Le explicó en tono molesto, no debería de estarle dando explicaciones, pero creer que Sharon era la madre de aquel niño lo consideraba un insulto hacia el pequeño; Hermione lo regresó a ver confundida por aquello.
—¿No es su madre? Pero si tu dijiste…
—Dije que era mi prometida, más nunca especifiqué que era la madre del niño. —La interrumpió con brusquedad. Hermione asintió, pues ahora que lo pensaba mejor, aquella mujer con la que vio a Harry hace años era rubia y para nada tenía rasgos orientales, pero si no era ella ¿entonces qué había pasado con la madre del niño? Suspiró cansada, no estaba entendiendo nada…
—Seguro no está acostumbrada a verte rodeada de mujeres extrañas. —Añadió al recordar el modo en que la había tratado; el azabache la miró desconcertado por el rabillo del ojo.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, es evidente que no le caí bien ¿no te parece? —Le explicó de brazos cruzados regresando su vista al camino.
—Es una mujer de carácter difícil. —Reconoció.
—Debes amarla demasiado, entonces. —Comentó en tono mordaz, pero aun así no pudo evitar que le doliera aquella simple idea.
—En realidad no. —Habló de inmediato. —No hay ningún lazo sentimental que me una a ella. —Le explicó con aquella expresión fría ¿Por qué de repente sentía la necesidad de que ella supiera todos esos detalles? ¿No se supone que debería de mantener la boca cerrada? De acuerdo, debía tranquilizarse, estaba siendo educado simplemente ¿no? Negó, estaba soltando la lengua de más.
—¿No? ¿entonces por qué te casarás con ella? —Preguntó sorprendida y hasta cierto punto molesta por lo absurdo de aquello; el moreno gruñó enojado.
—Esa es una pregunta imprudente, Hermione. —Lanzó cortante, llamándola por primera vez por su nombre. —No es algo que te incumba. —Le recordó serio, pero ahora fue el turno de la oji-miel de mirarlo enfadada.
—Imprudente es lo que estás a punto de hacer. —Se defendió. —Cuando uno se casa debe hacerlo por…
—¿Por amor? —La interrumpió al tiempo que soltaba una risita sarcástica. —Es la cosa más estúpida que he oído. —Un escalofrió la recorrió al escucharlo decir eso ¿había escuchado bien? ¿y lo que vivió con ella también lo consideró estúpido? Un nudo en su garganta se formó.
—¿Por- por qué dices eso? —Preguntó con voz ahogada y mirándolo consternada. Harry apretó sus labios, molesto al escuchar su pregunta ¿lo creía imbécil? ¿Cómo demonios se atrevía a hacerle ese tipo de preguntas? Ella sabía que era la principal responsable de que él pensara eso ¿o es que acaso se quería burlar de él? Indignado, la regresó a ver aprovechando que el semáforo se encontraba en rojo.
—Eres la menos indicada para hablarme de amor. —Le escupió con desdén, viendo como los ojos mieles se abrían con sorpresa ante esa declaración. Hermione sintió como un calor recorría su cuerpo hasta su rostro, furiosa.
—¿Estás insinuando que yo nunca te amé? —Le cuestionó ofendida enfrentando su mirada verde que en esos momentos la veían sin emoción.
—Yo no estoy insinuando nada. —Contestó regresando su vista hacia el frente una vez cambió la luz a verde, ya estaban a unas calles de llegar. —Sólo estoy diciendo la verdad. —Agregó al tiempo que daba vuelta en una esquina.
—¡¿De qué verdad me estás hablando?! —Soltó colérica sin poderse contener más. —¡Te largas por siete malditos años y cuando apareces vienes e insinúas que nunca te quise ¿Qué demonios te pasa?! —Exclamó ofendida y frustrada por no entenderlo, no percatándose que ya estaban frente a su departamento. —¡Por supuesto que te quise y…! —Tragó saliva mirándolo dolida. —Aunque te cueste creerlo aún lo hago. —Dijo esto último en voz baja. Hermione sintió que sus ojos ardían al ver la mueca burlesca que aparecía en el rostro del moreno.
—Me conmueves. —Soltó al tiempo que una risita escapaba de sus labios. —Es bueno saber que yo no. —Agregó después en un tono indiferente. La castaña lo miró en shock, no podía estar hablando en serio ¿nunca la quiso? Pensó con dolor si poder creer lo que había escuchado.
—Lo dices sólo para lastimarme. —Le dijo ahogadamente con los ojos vidriosos.
—Bájate. —Le ordenó cortante y con una mirada de advertencia; Hermione, agitada ante toda esa conmoción, negó. Pero el moreno no esperaría paciente hasta que quisiera; decidido, salió y rodeó el auto abriendo la puerta de la castaña de mala gana. —Bájate. —Repitió entre dientes una vez más. Lo miró unos segundos enfrentándose a su dura mirada, intentando razonar con él, transmitiéndole sus dudas como siempre lo hacían: mirándose. Pero sintió su alma venirse abajo al ver como Harry negaba seguro, tomándola del brazo y sacándola del auto con poca delicadeza.
—¿Nunca me amaste? —Se atrevió a preguntar afligida y con voz quebrada al verlo regresar a su puerta. Harry se detuvo unos segundos, negó sin regresarla a ver. —¿Por qué? —Quiso saber de inmediato haciendo un esfuerzo por no largarse a llorar; él se giró de nuevo hacia ella, serio. —¿No crees que merezco una explicación después de todo? —Dijo barriendo una lágrima que había escapado de sus ojos. Harry se acercó a ella con lentitud, tan lento como si estuviera asechando una presa, su mirada brilló con peligrosidad; Hermione retrocedió nerviosa chocando con la puerta del auto.
—Tu no mereces ninguna explicación. —Murmuró con la mandíbula apretada sin apartar su mirada de ella, la castaña tragó asustada, estaban demasiado cerca.
—Sólo intento… —Pero su voz se perdió al escuchar como la mano del moreno se estampaba en la ventanilla del auto con brusquedad; sobresaltada, giró su rostro hacia su izquierda notando como el vidrio ahora presentaba unas partes agrietadas sin llegar a quebrarse completamente.
—¡Al único al que le debes explicaciones de qué pasó aquella maldita noche es a mí! —Le escupió furioso apretando uno de sus puños para contenerse de dar otro golpe a la ventanilla y no hacerla añicos esta vez. Y se maldijo porque pudo verla de nuevo, rodeada y fascinada disfrutando de los brazos de aquel imbécil, dejando que alguien más disfrutara de sus labios, remplazando sus manos por las de otro al tiempo que borraba las huellas de él, dejando un hueco hondo en su pecho. Apretó su mandíbula, estaba lidiando una batalla interna con su maldito pasado y frente a la principal responsable, no debía mostrarse débil frente a ella, no debía mostrarse débil nunca más.
—¿Por qué me odias tanto? —Susurró dolida después de unos minutos que le parecieron segundos.
Su voz lo hizo volver en sí, encontrándose con sus ojos castaños mirándolo consternada; bajó su rostro esquivando su mirada de inmediato, no quería tener ningún contacto visual con ella, no quería dejarse embriagar por su calidez. Pero fue demasiado tarde, ella lo había visto y por más que intentara ocultarlo, pese a que los años pasaran aún lo conocía perfectamente, pudo verlo en sus ojos verdes en ese momento, dolido por algún recuerdo que desconocía pero que sabía perfectamente que la involucraba a ella.
—No dejaré que me lastimen de nuevo… —Se dijo así mismo en un susurro, desconcertando a la castaña; levantó el rostro hacia ella. —Ni tú, ni ninguna otra maldita mujer. —Agregó con determinación.
—¿De qué…? —Pero Harry se apartó enseguida de ella.
—El lunes a primera hora haré que te depositen lo de la consulta a Ellen. —Fue lo último que dijo sin regresar a verla antes de subir al auto y marcharse, dejando a una perturbada Hermione.
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Había sido una semana difícil después del último caso que tuvieron y del cual, aún no recibía respuesta de parte de Estados Unidos. Permitiéndole apenas un día libre, así que lo aprovechó visitando las clases de conducir de la rubia, llevándose una gran sorpresa al llegar y ver la gran cantidad de conos tirados en medio de lo que se supone, era la pista de instrucción.
—No, no, no y no. Por milésima vez ¡así no es señorita, Lovegood! —La reprendió el maestro. Ron pudo percibir, por lo despeinado que estaba y la ropa desalineada, que el hombre se había pasado tantas veces las manos por su cabello y las mangas con frustración. —Lleva asistiendo a clases más de dos semanas y aún no logra diferenciar entre reverse y drive en la palanca de cambios. —Le soltó airado, alzando sus manos al cielo, como pidiendo piedad al todo poderoso. El pelirrojo arqueó una ceja al ver la sonrisa burlesca de la rubia ¿Qué le causaba tanta gracia? Pero tan pronto como formuló la pregunta la respuesta vino enseguida, recordando lo que hacía unos momentos había dicho el instructor; miró a su alrededor con cuidado. Era absurdo que una cosa tan sencilla no pudiera aprenderla, estaba seguro que Luna ya sabía lo básico, no por nada estaba en Ravenclaw, a él no lo hacía idiota; negó, no entendía el propósito de todo eso. Curioso, se acercó hacia ellos para así saber más de cerca que pretendía aquella mujer.
—Buenos días señor, Campbell. —Saludó a lo lejos al tiempo que se acercaba con las manos en los bolsillos. Luna giró de inmediato su rostro hacia otro lado al ver que se trataba de Ronald, ignorándolo.
—Serán para usted, detective Weasley. —Contestó malhumorado el hombre de brazos cruzados.
—¿Por qué lo dice? —Preguntó serio sin apartar la mirada de la chica.
—Ella. —Señaló con su dedo índice a la oji-azul de forma acusadora —Es la alumna más, más… —Intentó decir exasperado, pero guardó silencio al ver que Luna lo regresaba a ver molesta. —Distraída que he tenido. —Añadió con firmeza manteniendo su cordura. —No ha aprendido nada en todo este tiempo. —Añadió mientras le señalaba con ambas manos los conos naranjas tirados por todos lados.
—¿Tiene algo que decir señorita Lovegood? —Preguntó el pecoso al ver como la rubia apretaba sus nudillos y sus labios al tiempo que fulminaba con la mirada al señor Campbell.
—No. —Respondió cortante.
—Bien, ¿Qué le parece si yo me encargo de esto? Y así le quito de encima a la chica problemas. —Le propuso el pelirrojo, sonriendo al ver la expresión de alivio del hombre, ganándose ahora una mirada de desconcierto de la Ravenclaw. —Deme unos minutos con la señorita Lovegood. —Le solicitó mientras se cruzaba de brazos.
—Por supuesto. —Aceptó entusiasmado dispuesto a retirarse.
—Pero antes deme las llaves del auto. —Le ordenó al ver que se iba. Campbell lo regresó a ver desconcertado.
—Pero la señorita no sabe… —Intentó explicarle confundido por su petición.
—Sólo démelas y retírese. —Demandó en tono serio. El señor Campbell asintió sin objetar y se las entregó. Ron esperó hasta que estuviera lo suficiente lejos como para no oír lo que le diría a la rubia. —Sube al auto. —Pidió lanzándole las llaves.
—¿Estás loco? —Soltó desconcertada una vez las tuvo en las manos. —¿No acabas de oír lo que dijo el señor, Campbell?
—Lo he oído perfectamente. —Dijo mientras abría la puerta del copiloto. —Y sé que estás fingiendo que no sabes. —Agregó serio mientras se subía y se colocaba el cinturón. Luna lo miró boquiabierta desde la ventanilla, la había descubierto tan fácilmente; apretó sus puños mirándolo molesta.
—Yo no miento, no me dicen Ron Weasley. —Le escupió con frialdad.
—¡Sólo sube, maldita sea! —Repitió entre dientes enojado. Ron pudo jurar haber oído maldecir a la chica al verla subir de mala gana al auto, cerrando la puerta con más fuerza de la habitual. —Enciende el auto. —Le pidió mirando como la rubia se cruzaba de brazos ignorándolo.
—No. —Habló permaneciendo su vista en el parabrisas.
—¿No? —La rubia negó. El pelirrojo se pasó las manos por su cabello con frustración ¿desde cuándo se había vuelto tan complicada? ¡Ah ya, claro! Desde que él se había portado como un verdadero idiota con ella. —Escucha… —Dijo tomando aire hondamente. —Sé que lo nuestro no terminó bien y…—Intentó decir buscando las palabras adecuadas y así relajar el ambiente, pero calló de inmediato al ver que Luna lo regresaba a ver rápidamente.
—¿Nuestro? —Soltó no creyendo lo que acababa de escuchar. —¿Cómo te atreves siquiera a insinuar que fuimos algo? —Le escupió mirándolo con repulsión. —¡Tú y yo nunca…!
—Lo fuimos. —Reafirmó entre dientes, interrumpiéndola y retándola con la mirada. —Aunque digas lo contrario. —Le aseguró. La rubia negó mientras una risita mordaz escapaba de sus labios.
—Sigue creyéndolo. —Lanzó mientras encendía el auto, quería salir cuanto antes de ahí e irse a casa. El chico no pudo evitar mirarla abatido ante sus palabras, se había equivocado, lo reconocía y estaba pagando caro las consecuencias.
La Ravenclaw no esperó indicaciones y puso de inmediato el auto en marcha, dirigiéndose hacia los únicos conos que aún se mantenían parados sobre la pista.
—Sabía que no lo hacías nada mal. —Le dijo después de unos minutos sonriendo mientras veía como entraba cuidadosamente al camino de conos, sin embargo, tan pronto como habló se vio obligado a taparse los oídos por el fuerte ruido del auto. —¡Merlín…! —Soltó aturdido al sentir la música a todo volumen, desgarrándole los tímpanos. Luna sonrió satisfecha, si iba a tener que lidiar con él un par de horas, creyó que podría sacarle algo de provecho torturándolo a su manera. —¡¿QUIERES BAJARLE EL VOLUMEN A ESA COSA?! —Gritó para hacerse escuchar, pero la oji-azul fingió no oír nada, prestando toda su atención al camino; Ron gruñó por sobre el ruido y apagó la radio. —¿Cuál es tu…? —Pero calló al sentir su rostro golpear con el tablero del auto. —¿Qué demonios…? ¡Porqué hiciste eso! —Lanzó adolorido con la mano en su frente.
—Te dije que no sabía manejar. —Respondió con simpleza. —Además, se me atravesó un cono. —Añadió fingiendo seriedad, lo cierto era que se estaba partiendo de la risa en el fondo.
—¡Pero si ibas a menos de veinte millas! ¿y cómo es eso de que se te atravesó un cono? —Exclamó incrédulo. —¡Aun así, no era para que frenaras de esa manera tan brusca! —Le reclamó mientras se sobaba. Ron se obligó a tomar una gran bocanada de aire, tenía que tener paciencia, no iba a sacarlo de sus casillas tan fácilmente ¡Oh, por supuesto que no!
—¿Continuó o seguirás lamentándote como un niño? —Preguntó ésta sin ocultar su diversión esta vez; el pecoso gruñó disgustado, pero asintió.
Lamentablemente las cosas no mejoraron una hora más tarde, había intentado, con una paciencia que no lo caracterizaba, enseñarle a conducir a la rubia, pero tal parecía que ésta estaba empeñada en perforarle el cráneo, pues en todo este tiempo no había dejado de frenar "suavemente".
—¡PARA! —Rogó adolorido. —¡Por Merlín, mujer! Al paso que vas voy a terminar pareciendo unicornio. —Se quejó pasándose una mano por la frente, estaba seguro de que esa bola no era normal o al menos hacia un par de horas no la tenía.
—Un ciervo te quedaría mejor. —No pudo evitar decir al ver su frente roja, mordiéndose los labios para no partirse de la risa.
—No es divertido, Luna. —La acusó haciendo una mueca al tiempo que bajaba el parasol y miraba su frente en el espejo, sin embargo, tras escucharla soltar una suave risa no pudo evitar regresar a verla, dejándolo maravillado, permitiéndose disfrutar de su sonrisa y perderse unos segundos en ella, dibujándole una a él también en el rostro. Tenía años que no veía sonreír a Luna y verla en ese momento fue, como si su corazón volviera a bombear sangre después de mantenerse estático todo ese tiempo, como echar a andar un viejo motor o simplemente, como volver a respirar. Fue entonces cuando se dio cuenta de algo: la había extrañado. Merlín, sí que la había extrañado como un condenado y podía jurar a los mismísimos Dioses, que se moría por borrar su sonrisa con sus labios en ese momento. Tragó saliva, admirándola como si ella fuera la dulce y fresca agua, y él, un pobre sediento en medio del desierto, preguntándose ¿Por qué demonios había sido tan imbécil hace siete años? Probablemente ahora podría comer de esa boca cuando él quisiera, quizás en esos momentos sería su esposa ¿y por qué no? Hasta hijos tendrían probablemente; gruñó por sus sueños frustrados. Desgraciadamente sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de un móvil que provenía del bolsillo de la rubia, pero algo se rompió dentro de él al verla contestar con tanto entusiasmo, viendo no sólo como se le iluminaba el rostro, sino también sus preciosos ojos azules.
—¡Cariño! —Ron arqueó una ceja ¿cariño? ¿Había escuchado bien? Pensó airado al mismo tiempo que un incómodo vacío se formaba en su estómago. Sus ojos no habían brillado así con él hace unos momentos cuando la hizo sonreír, pensó abatido. —Yo también te extraño ¿Cuándo vendrás a verme? —Preguntó la rubia mientras se bajaba del auto con cuidado para tener algo de privacidad, pero Ronald alcanzó a escuchar, asqueado de aquel tono meloso que uso ¿Quién era con el que hablaba? ¿y por qué demonios le decía "cariño"? Bufó molesto. Un par de minutos después la rubia subió de nuevo al auto encontrándose con un Ron de brazos cruzados y una mueca de disgusto pintada en el rostro, sin apartar su mirada seria del retrovisor.
—¿Alguien importante? —Preguntó con más brusquedad de la planeada; Luna arqueó una ceja desconcertada ante su tono.
—No te incumbe. —Contestó usando el mismo tono que él. El chico tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para controlarse y no reclamarle en esos momentos, limitándose únicamente a asentir mientras apretaba su mandíbula con fuerza ¡que Merlín se apiadara de él! Porque estaba seguro de que, si abría la boca saldría de todo menos palabras bonitas, pero justo cuando creyó perder el control, el móvil de él se hizo escuchar. Sobresaltado, abrió su chaqueta y lo sacó, notando como en la pantalla aparecía el nombre de Draco.
—Maldición ¿justo ahora? —Se dijo en un gruñido mientras aceptaba la llamada para contestar, capturando la atención de la Ravenclaw —¿Qué ocurre, Malfoy? —Soltó serio porque interrumpieran sus pensamientos de romperle el cuello a quien sea con quien haya hablado Luna.
—¿Por qué demonios no contestas mis mensajes, Weasley? —Le reclamó del otro lado de la línea el rubio.
—¿Qué? Mierda, sabes que no manejo aún del todo bien estas cosas muggles, hurón. —Se defendió ofendido.
—Los informes de Sean Webster han llegado. —Le comunicó en un tono severo.
—¿Harry sabe de esto? —Peguntó con mesura.
—Hace un momento llame a su casa y me informaron que salió. —Le explicó. Ron guardó silencio unos segundos y giró hacia la rubia, dudoso.
—De acuerdo, te veo en mi departamento en media hora. —Optó por decir antes de colgar. La chica lo miró confundida ante la mención del Slytherin, pero por su expresión supo que se trataba de algo grave. —Debo irme. —Dijo serio mientras se quitaba el cinturón de seguridad y abría la puerta. —¿Quieres que te lleve a casa? —Se ofreció antes de bajar.
—No, no hace falta. —El pecoso frunció el ceño asintiendo de mala gana, no pudiendo evitar pensar que seguro aquel sujeto al que llamó cariño iría por ella.
—¡Como quieras! —Lanzó enfadado saliendo del auto y cerrando la puerta con fuerza.
̶ │ ̶
El domingo tampoco pintaba para ser un buen día, cansada permanecía acostada en su cama, Luna y Ginny habían intentado persuadirla de que saliera a desayunar, pero se excusó diciendo que estaba cansada y quería dormir más. Lo cierto era que no tenía apetito, solo quería un poco de privacidad, tuvo suerte que al llegar a casa no estuviera ninguna de sus amigas, pudiendo así desahogarse libremente, yéndose a la cama más temprano de lo habitual para así no tener que lidiar con un interrogatorio, que estaba segura más tarde le harían. Un débil suspiro escapó de sus labios al tiempo que contemplaba la ciudad desde lo ancho de su ventana, pensando, cosa que no pudo evitar hacer desde que el moreno la había dejado en su departamento. Una lágrima corrió de sus ojos al recordar sus duras palabras ¡Cuánto dolía! Pensaba al tiempo que mordía sus labios, luchando para que los sollozos no escaparan de su boca. Estaba cansada, tanto física como emocionalmente, cansada de intentar acercarse a él, cansada de recibir rechazo por Harry sin oportunidad de una explicación.
"Al único al que le debes explicaciones de que pasó aquella maldita noche es a mí"
¿Explicaciones? ¿Explicaciones de qué? ¿Y las que él le debía no contaban acaso? ¿Qué culpa tenía ella en todo eso? ¿es que simplemente no podía decirle que hizo mal? Pensaba frustrada apretando sus puños. Un débil sollozo brotó de sus labios al pensar que, probablemente aquello ya no tenga remedio a estas alturas ¿Dónde había quedado todo el amor que se habían jurado sentir? ¿Fue mentira? ¿Cómo demonios habían terminado así? Y la pregunta clave: ¿Por qué? Había intentado hablar con él, irónicamente pensando que podían recuperar su amistad, lo cierto era que, cada vez veía eso más lejos y fuera de su alcance, intentó engañarse a sí misma, todos estos años lo había extrañado tanto, sumiéndose en sus estudios para evitar pensarlo, pero el tiempo y el destino fueron crueles con ella, porque siempre, por alguna razón por más absurda que fuera, terminaba recordándolo. Las chicas habían intentado convencerla de que saliera con otros chicos, pero terminó fracasando, pues el salir con otros sólo lograba recordarle más a Harry, ya que siempre solía compararlos. Después de todo no merecían que les creara falsas ilusiones, por otro lado, con Ben las cosas nunca marcharon bien, Ginny, pero sobre todo Luna, le sugirieron en más de una ocasión que lo terminara si no lo amaba, lo irónico aquí era que ellas le pidieran terminar con él cuándo fueron las que al principio la incitaron a conocer a otros hombres. Pero ninguno de ellos, ninguna de esas relaciones o salidas, eran siquiera la cuarta parte de lo que fue con Harry…
Flash Back
Una suave risa escapó de la castaña al sentir los labios del moreno sobre su cuello, pues al parecer no era la única que se estaba divirtiendo con aquello.
—Tengo algo que decirte. —Confesó el oji-verde luego de unos minutos. Hermione, quien permanecía abrazada a su cuello, se separó un poco de él para verlo mejor.
—Te escucho. —Le dijo al tiempo que acariciaba los cabellos negros de su nuca. Harry la ayudó a que apoyara mejor los pies sobre su cintura antes de sentarse un poco mejor con ella a horcadas, cuidando de no remover las sábanas que los cubrían.
—He estado pensando… —Comenzó mientras acariciaba suavemente su espalda desnuda. —Y luego de darle muchas vueltas, estoy decidido. —Murmuró a escasos centímetros de sus labios sin apartar su mirada verde de ella. La castaña pudo percibir un brillo extraño en sus ojos, Harry la miró con ternura al ver el gesto de desconcierto de su novia. —Quiero que te cases conmigo, Hermione. —Pronunció con seriedad contemplando aquellos orbes castaños que en ese momento lo miraban con sorpresa.
—¿Estás seguro de…? —Intentó formular con voz ahogada.
—Completamente. —Le dijo en tono dulce mientras acomodaba un mechón de cabello tras su oreja. —¿No quieres? —Se atrevió a cuestionar al verla dudosa al mismo tiempo que dejaba guiar su mano lentamente hacia el centro de sus muslos. Un estremecimiento recorrió su cuerpo y no pudo evitar gemir al sentir su mano rosar su pelvis, tapada por aquellas sábanas blancas. —¿Aceptas? —Preguntó con voz ronca mientras hacia un trazo de besos a través de su mandíbula. Hermione bajó un poco el rostro hacia él, encontrándose con los labios ansiosos del moreno quienes la recibieron gustoso.
—Eso es hacer trampa, señor Potter. —Dijo divertida mientras lo tomaba del rostro para verlo bien, el oji-verde sonrió y volvió a capturar sus labios. —Pero acepto. —Apenas logró decir, agitada ante el juego que le proponía el azabache; Harry sonrió ante las palabras de la castaña.
—Te amo. —Soltó cargado de emoción, siendo esta vez el turno de Hermione de sonreír.
—Y yo a ti. —Le aseguró volviendo a unir sus labios con los de él.
Fin del Flash Back
Y esa había sido la última noche que pasaron juntos, pensó con tristeza al tiempo que gruesas lágrimas corrían por sus mejillas.
̶ │ ̶
Ron ya había perdido la cuenta de cuantas veces se había removido incómodo en la silla desde que había llegado a la madriguera aquel domingo, no tenía ánimos para estar ahí. Estaba cansado por la noche anterior, había estudiado el caso hasta más de media noche junto con Malfoy y no encontraron ningún indicio que pudiera revelarles algo, aunque si era sincero consigo mismo, sabía que ese no había sido el problema de que no haya podido dormir. Desde su encuentro con la rubia no pudo dejar de pensar en aquella llamada, le volvía loco imaginar a Luna saliendo con alguien más y como consecuencia por haber escuchado aquello, ahí estaba, sentado en la mesa de su familia con mala cara, no prestando atención a lo que decían los demás.
—¿Por qué no han venido esta vez las chicas? —Quiso saber su madre mientras acomodaba los cubiertos para el almuerzo.
—Hermione dijo no sentirse bien y Luna tenía una cita. —Contestó Ginny mientras acomodaba la comida. Ante la mención de la rubia, el pecoso no pudo evitar chasquear los dientes al tiempo que se cruzaba de brazos y rodaba los ojos fastidiado.
"Seguro que con aquel idiota al que le dijo que extrañaba" pensó enfadado. Fred y George no pudieron evitar mirarse cómplice al ver la expresión de su hermano.
—¿Una cita? —Preguntó interesado George. —Y yo que pensaba invitarla a salir. —Agregó desanimado, dejando caer su rostro en su puño. Ron hizo una mueca lanzándole una mirada arisca que no pasó desapercibida por Fred.
—Demasiado tarde, ya te la han ganado. —Agregó divertida la pecosa; Ron apretó sus nudillos con fuerza.
—¿Luna está saliendo con alguien? —Indagó interesado Fred, sin apartar la mirada de su hermano, viendo como Ginny asentía sonriendo mientras colocaba la comida sobre la mesa. No soportando más aquello, Ronald se incorporó con brusquedad, ganándose la atención de todos los presentes.
—Necesito tomar aire. —Avisó en tono serio dirigiéndose al patio trasero, necesitaba calmar su creciente molestia.
—Yo iré a hablar con él. —Anunció Arthur al ver la mirada de desconcierto de todos.
—y a éste ¿qué le sucede? —Inquirió Ginny viendo como su padre se acercaba a su hermano.
—Es obvio ¿no? —Intervino uno de los gemelos. —Fue por Luna.
—¿De qué hablas? —Arqueó su ceja con seriedad.
—Ron puede ser un despistado a veces, pero acabas de evidenciar que Luna tiene novio. —Agregó George mientras le daba un trago a su bebida.
—¿Eso qué tiene que ver? —Los cuestionó sin entender.
—Celos. —Concluyó Fred en un tono burlesco, dejando más desconcertada a su hermana.
—¡Maldición! —Profirió mientras encendía un cigarrillo. Sus sospechas eran ciertas entonces, Luna estaba saliendo con alguien más, pensó mientras gruñía molesto. Detestaba sentirse así, ¿Por qué, en primer lugar, estaba saliendo con alguien más? ¿Se había enamorado de otro? No pudo evitar cuestionarse angustiado.
—¿Qué te ocurre? —Se escuchó una voz detrás de él viendo enseguida que se trataba de su padre.
—Nada. —Contestó cortante dándole otra calada a su cigarro.
—¿Quieres hablar? —Preguntó su padre al ver que algo preocupaba a su hijo, Ron asintió.
—Caminemos. —Pidió expulsando el humo enseguida. Un silencio incómodo se formó entre padre e hijo, ninguno sabía cómo empezar, así que el señor Weasley decidió arriesgarse.
—¿Qué tal va todo en el trabajo? —Empezó mientras caminaban, oyéndose únicamente las pisadas de ambos y el suave cantar de las aves.
—He tenido algo de trabajo extra esta semana. —Le explicó serio, su padre asintió pensativo.
—¿Qué tal las cosas con tu novia? —El pecoso hizo un movimiento de hombros, dándole a entender que le daba igual.
—Normal, supongo. —Contestó sin darle importancia.
—¿Entonces qué ocurre? —Quiso saber deteniendo su andar, ya estaban lo suficiente lejos de la madriguera como para que los escucharan. El pelirrojo le dio una última calada a su cigarro y lo tiró.
—No sé qué hacer. —Reconoció abatido metiendo sus manos a sus bolsillos.
—¿Sobre qué? —El chico se pasó una mano por la sien tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—Sobre Luna. —Murmuró sin ver a su padre a la cara. —Aún la quiero… —Añadió con el ceño fruncido viendo por primera vez a su padre a la cara; Arthur le regaló una sonrisa que lo reconfortó.
—Pese a las protestas de tu madre de que ya era hora de que formaras una familia, siempre supe que ninguna de ellas era la indicada. —Le dijo posando una mano en su hombro.
—Nunca la he querido. Ni a Rose ni a Sabine. —Confesó cabizbajo.
—Lo sé, lo que jamás entendí fue ¿Por qué seguiste con ellas? —Ron tomó una gran bocanada de aire y regresó su vista a la madriguera, pensativo.
—No lo sé, supongo que por despecho. —Declaró afligido. —Intenté muchas veces hablar con Luna para explicarle y disculparme, que me cansé de no recibir una respuesta de su parte. —Murmuró dolido.
—Nunca me comentaste que ocurrió. —Le recordó su padre serio.
—Me comporté como un cobarde. Si te dijera, probablemente te sentirías avergonzado de que fuera un Weasley. —Respondió haciendo una mueca.
—Me avergonzaría mas que no mostraras arrepentimiento. —Lo corrigió enseguida el hombre. —Sin embargo, reconoces que te has equivocado e intentaste enmendarlo. —Ron negó.
—Fui un imbécil y mírame ahora… Muriéndome de celos, hundido en mi propia miseria. —Dijo en tono amargo pasando una de sus manos por su cuello con la idea de que no podría arreglar nada. Fue entonces cuando las palabras de su padre le dieron un giro a todo aquello, dándole esperanzas.
—Entonces conquístala de nuevo. —Habló como si fuera lo más obvio.
—¿De qué hablas? —Lo regresó a ver interesado.
—Demuéstrale que aún la quieres y que estás dispuesto a recuperarla. —Le animó.
—¿Cómo se supone que haga eso? Acabas de oír a Ginny, Luna tiene novio y…
—Hijo mío… —Le sonrió dándole unas palmadas en la espalda. —En la guerra y en el amor todo se vale. —Le recordó guiñándole un ojo, para enseguida tomar camino hacia la madriguera, dejando a un pensativo Ronald. Sabía perfectamente, que pese a la simple oración y sus posibles significados, Ron jamás jugaría sucio para atraer de nuevo a la rubia.
—¿Pero qué tonterías estás diciendo? —Soltó la pecosa ante lo absurdo de aquello.
—Ron jamás supero a Luna ¿ya olvidaste como se puso? —Le intentaron recordar sus hermanos. Ginny regresó su mirada hacia afuera, viendo como su padre regresaba, y a unos cuantos metros más atrás su hermano también. Su padre ingresó a la casa, pero Ron permaneció unos minutos más afuera, contemplando los amplios terrenos de su casa, pensativo. Tras las palabras de los gemelos, no quiso quedarse con la duda, molestándole esa tonta idea, luego de que se burló de su amiga.
—Y a ti ¿qué mosco te picó? ¿No me digas que ya te descubrieron tus noviecitas? —No pudo evitar lanzar en tono mordaz; Ron se giró y le lanzó una mirada fulminante.
—Lárgate. —Le escupió malhumorado, esquivándola.
—¿Es por lo que dije de Luna? —Añadió y sonrió sarcástica al ver como rápidamente su hermano regresaba a verla.
—Déjame solo. —Le ordenó en un gruñido. Ginny soltó una carcajada que sólo logró incrementar la molestia del pelirrojo.
—así que Ronnie está celoso, ¿eh? —Rio mientras se colocaba a un lado de él. Su hermano la miró serio, debatiéndose entre preguntarle o no acerca del novio de la rubia.
—¿Por qué no me dijiste que estaba saliendo con alguien más? —Reclamó no pudiendo contenerse.
—¿Por qué tendría que hacerlo? Son asuntos de Luna, no míos. —Contestó irritada.
—Eres mi hermana, deberías haberme…
—Después de lo que le hiciste ¿Esperabas que te diera explicaciones? —Contestó a la defensiva ante el cinismo de su hermano, comenzaba a perder la paciencia.
—Sabes que nunca fue mi intención…
—¡Jugaste con ella, Ron! —Exclamó enfadada. —La hiciste parte de tu estúpido juego sin consultárselo. —Le recordó entre dientes, cuidando de no alzar la voz demasiado para que no oyeran los demás. —La engañaste, le hiciste creer que la amabas sólo para desquitarte el que Lavender te haya puesto el cuerno. —Le soltó colérica. —Y, por si fuera poco, no te bastó enamorarla, sino que también decidiste acostarte con ella. —Ron bajó el rostro avergonzado ante las palabras de su hermana, Ginny no pudo evitar mirarlo con decepción.
—Intenté disculparme… —Tragó tratando de evitar el nudo que comenzaba a formarse en su garganta. —Le envié una carta todos los días durante seis meses, pidiéndole, suplicándole que me escuchara y… —Su voz se quebró, guardó silencio intentando encontrar las palabras correctas, levantó el rostro hacia ella. —Jamás recibí una respuesta. Te juro que no hay día que no me reproche mi estupidez. —Reconoció mostrándose vulnerable ante su hermana. Por un momento no pudo evitar sentir lástima por el pecoso al escucharlo, pero había una clara diferencia entre sus acciones y lo que le estaba diciendo ahora, llevándola a dudar si estaba siendo sincero con ella.
—Ella te quiso de verdad, Ron. —Murmuró seria, no dispuesta a escuchar una palabra más de él.
— Yo también perdí ante mi propio juego, Ginny. —Declaró afligido antes de que entrara a la madriguera, logrando que ésta se detuviera y regresara a verlo.
—¿de qué hablas? —Cuestionó desconcertada.
—Me enamoré de ella.
̶ │ ̶
Había ansiado que no comenzara la semana, no tenía ánimos para verlo luego de su última discusión, ni siquiera sabía cómo mirarlo a la cara y tener que soportar su indiferencia. Si antes pensó que la brecha que los separaba se había reducido un poco desde que Ellen habló con él, ahora no tenía la menor duda de que jamás estarían lo suficientemente cerca como lo estuvieron hace siete años. Con esa actitud que tomaba hacia ella nunca descubriría que fue lo que pasó. Un suspiro escapó de sus labios mientras removía una papa frita con su tenedor, no prestando atención a lo que decían sus demás compañeros de trabajo, no estaba disfrutando de la conversación como otras veces.
—Está horrible ¿cierto? —Dijo Jessica mirando con cierto asco su almuerzo. —Estamos considerando hablar con el Sr. Evans para que cambien el menú de la cafetería. —Le explicó al ver la mirada de desconcierto de la castaña. —Toma, puedes probar mi emparedado, no es mucho, pero sí sabe mejor que esa cosa. —Le ofreció sonriendo.
—Agradezco el gesto Jessica, pero no tengo apetito en estos momentos. —Se disculpó apenada.
—¿Qué te preocupa, Hermione? —Preguntó Mike aceptando la mitad que la oji-miel rechazó.
—Tu jefe. —Se limitó a decir cansada apartando la charola de comida.
—¿Qué hay con él? —Inquirió curiosa su compañera.
—¿Tan mal te trata? —Hermione asintió. —Vaya… —Dijo con asombro. —La verdad me cuesta creer que sea tan duro contigo. —Reconoció el pelirrojo.
—¿Por qué habrá tomado represalias contra Hermione? —Se cuestionó curiosa Jessica. —¿Le recordarás a alguien o ya se conocían? —Añadió para enseguida darle un mordisco a su comida; la castaña se removió incomoda.
—Fueron novios. —Habló una voz femenina de repente para luego tomar asiento con ellos. Los presentes la regresaron a ver sorprendidos.
—¿De qué hablas, Anahí? —Quiso saber Jessica acomodándose un mechón castaño tras la oreja, como si este le fuera a permitir oír mejor lo que estaba a punto de decir la chica. Hermione miró alarmada a la oji-azul ¿Qué había hecho? Y por primera vez se lamentó haberle confesado ese secreto a Anahí.
—¿Hermione no se los dijo? —Los presentes negaron sin salir de su asombro, Anahí se giró desconcertada hacia Hermione y vio como ésta forzaba una sonrisa. Fue entonces cuando se dio cuenta —¡Oh, cuanto lo siento Hermione! —Se lamentó al entender que lo había arruinado. —Yo no sabía, creí que…
—Descuida. —La tranquilizó ésta.
—¿De verdad fuiste novia del Sr. Evans? —Preguntaron estupefactos, Hermione asintió. La castaña se sintió incómoda al ver que todas las miradas estaban presentes sobre ella, sin decir nada.
—Es una lástima que ya no lo sean… —Comentó Jessica minutos después. —Eres más linda que la odiosa señorita Klein. —Agregó haciendo una mueca.
—Y que lo digas. —Concordaron Anahí y Mike.
—Hemos tenido suerte de que no se haya parado desde el cumpleaños del señor. —Les recordó con alivio Anahí, ganándose la atención de Hermione.
—¿De quién hablan? —Preguntó ya imaginándose de quien se trataba.
—Sharon Klein. La novia y futura esposa del señor Evans. —Recitó con sarcasmo Jess haciendo énfasis con sus manos cual si fuera un anuncio importante en primera plana.
—Tienes suerte de no haberla conocido hasta ahora. —Habló Anahí mientras abría su almuerzo. —La primera vez que le negué la entrada me empujó y me gritó cosas horribles. —Confesó al tiempo que le recorría un escalofrió al recordar; la oji-miel la miró boquiabierta, no creyendo lo que acababa de escuchar. —Tuve suerte de que el Sr. Evans llegara y me defendiera. —Terminó, logrando que Hermione cerrara la boca ante lo que parecía una protesta por el trato que recibían los empleados.
—Y hablando del Rey de Roma. —Anunció Jessica señalando la entrada del comedor, donde de lejos se apreciaba a un moreno que se acercaba a pedir un café, vestido con su pulcro traje de oficina gris, sin embargo, Hermione no pudo evitar notar su semblante cansado, como si no hubiera dormido bien en estos últimos días. Quiso negarlo, pero una ligera esperanza embargó su corazón al pensar que quizás él también había pasado malas noches desde que discutieron, pero negó ante lo absurdo de aquello, las probabilidades eran pocas.
—Ha estado llegando muy tarde últimamente. —Comentó Anahí mientras abría su bebida.
—¿A qué te refieres? —Indagó frunciendo el ceño.
—A que sólo está la mitad del tiempo. A veces llega temprano, pero a los minutos entra el detective Weasley, solicitando verlo de inmediato para a los minutos salir apresurados. —Le explicó sin darle importancia. Desconcertada, regresó su mirada al azabache ¿Qué estaba ocultando? Se preguntó viendo como recibía su pedido amable, para posteriormente retirarse apresurado.
̶ │ ̶
Había sido un día largo y estaba agotada, sólo quería ir a la cama y no despertar hasta el día siguiente. Ahora entendía a Anahí las últimas dos semanas, Harry era demasiado exigente con ella, pensaba cansada mientras dejaba caer su bolso sobre su cama. El sonido de la puerta llamó su atención.
—¡La cena esta lista! —Le avisó Ginny sin entrar.
—Voy enseguida. —Dijo mientras se quitaba sus zapatos. Cansada, revisó su armario, buscando algo cómodo para vestir, optando al final por un short de mezclilla azul y una playera suelta gris, tomando su cabello en una coleta despeinada. Buscó un par de sandalias y salió de la habitación.
—Luna ¿podrías pasarme la salsa que está sobre la encimera? —Pidió la pecosa mientras sacaba un par de platos.
—¿Hermione no vendrá a cenar? —Preguntó ésta mientras se la entregaba.
—Aquí estoy. —Soltó a la pregunta de la rubia con desgana. Ambas chicas regresaron a verla al mismo tiempo.
—Te ves fatal. —Observó Luna haciendo una mueca.
—¿Has dormido bien? —Añadió preocupada Ginny, Hermione negó.
—Pero descuiden, estoy bien. —Les aseguró mientras fingía no darle importancia, no quería que empezaran a hacer preguntas de los últimos dos días.
—Desde que llegaste el sábado estás muy extraña. —Le comentó la pelirroja mientras se servía un poco de asado y patatas. —¿A dónde fuiste?
—Fui a hacer un chequeo médico. —Respondió nerviosa mientras recibía su comida y tomaba asiento.
—¿A quién? —Insistió seria.
—Un enfermo. —Vaciló llevándose un pedazo de pan a la boca para no responder más.
—Hermione… —Le advirtió con tono serio la rubia, mirándola con el ceño fruncido y de brazos cruzados. —¿A quién fuiste a ver? Di la verdad. —Añadió rápidamente al ver sus intenciones de mentir. La castaña suspiró cansada, asintiendo.
—Fui a casa de Harry. —Murmuró cabizbaja removiendo su comida. Ginny y Luna se regresaron a ver desconcertadas.
—Y se puede saber ¿a qué, exactamente? —No pudo evitar preguntar molesta la oji-azul.
—Ya les dije, fui a hacer un chequeo médico.
—¿A Harry? —La castaña negó —¿Entonces a quién?
—Ellen, una señora mayor que vive con él. —Les explicó mientras tomaba un vaso y se servía un poco de agua.
—¡Si, claro! —Lanzó con una sonrisa fingida. —¿Y de casualidad te contagió la enfermedad? Porque no logro explicarme que en estos momentos tengas peor cara que Voldemort. —Declaró con sorna la oji-azul mientras tomaba sus cubiertos para empezar a comer.
—¡Luna! —La amonestó la pecosa. —No seas tan dura con ella, deja que termine. Apuesto a que Hermione tiene una buena explicación para todo esto. —Le aseguró mirándola con seriedad; la rubia se limitó a bufar tomando un poco de su asado. Ginny negó cansada —¿Podrías continuar? —Pidió mientras comían.
—El viernes por la noche, recibí una llamada de Ellen pidiéndome que fuera a verla el sábado temprano. —Continuó removiendo su comida. —Desconozco la relación que hay entre ellos, de lo único que me he podido percatar es que ella ejerce una gran influencia sobre Harry. —Añadió al ver las miradas de desconcierto de sus amigas.
—¿Está vieja? —Preguntó curiosa la rubia.
—¡Merlín, Luna! —Soltó molesta su amiga. —Un par de meses con Ronald y te han hecho una insensible y poco delicada. —La reprendió Ginny.
—¡Oye! —La miró ofendida.
—Sólo guarda silencio ¿sí? —Le solicitó enfadada; Luna rodó los ojos y volvió a su comida. —Continua. —Hermione asintió y prosiguió, dejando de lado su comida unos momentos. El transcurso de la cena pasó entre explicaciones desde la insufrible y poco delicada prometida de Harry, hasta el pequeño y tierno Henry y, por último, la fuerte discusión con el moreno en la cual no entró en tantos detalles.
—Francamente no sé qué me sorprende más. —Le comentó asombrada Luna.
—Aún no puedo creer que tenga un hijo. —Declaró con impresión la pecosa.
—Y yo que esté comprometido. —Le siguió la oji-azul. —Pero ¿por qué Harry te odiará tanto? —Y Hermione se lamentó que llegara a esa parte.
—No lo sé. —Se limitó a decir abatida.
—¿Sospechas de algo? —Dijo la pecosa ganándose la atención de la oji-miel.
—Del porque me odie no, pero…
—¿Pero…? —La animaron a seguir interesadas.
—He notado cosas.
—¿Qué cosas?
—Harry me oculta algo. —Confesó como no queriendo.
—¿Por qué lo dices?
—Hoy por ejemplo… —Comenzó acomodándose mejor en su lugar. —En el almuerzo Anahí me comentó que ha estado llegando más tarde de lo habitual y yéndose largas horas con Ron.
—¿Y cómo es que hasta ahora te enteraste?
—Eso lo hace en el transcurso de la mañana, cuando comienzo mi turno él ya está ahí.
—¿O sea que…? —Inquirió la pecosa sin entender aún.
—Harry ha cuidado de ir y regresar en el transcurso que no está Hermione. Lo que deja claro que algo está ocultando. —Concluyó Luna, sabiendo por fin a que se refería su amiga. —Él sabe perfectamente que Hermione sospecharía en cualquier momento, ella no tiene un pelo de tonta… a veces. —La castaña estrechó sus ojos hacia la rubia.
—¿Crees que sea algo malo? —Quiso saber Ginny, mirando seria a sus amigas.
—Podría apostar a que sí. —Aseguró.
—¿Saben? Yo también noté algo extraño en Ron. —Comentó la Ravenclaw pensativa.
—¿Viste a Ron? —Luna asintió. —Vaya, eso explica tu lenguaje. —Comentó mordaz, la rubia le lanzó una mirada fulminante.
—A veces eres igual de insoportable que él. —Le soltó disgustada.
—Y aquí vamos de nuevo. —Se dijo cansada Hermione mientras apoyaba su cabeza en su puño. —Ginny ¿te importaría ahora dejar que Luna termine? —Le suplicó con cierta pena, la pecosa asintió mientras levantaba su plato y se dirigía al fregadero. —¿Qué fue lo que notaste?
—Oh, nada raro. —Hizo un ademán exagerado con sus manos. —Sólo que Ron habló por celular con Malfoy. —Contestó sarcástica.
—¿Malfoy?
—¿Ron sabe usar un celular? —Soltaron al unísono desconcertadas.
—Sí, pero por lo que escuché aún tiene dificultades con el ¿Sabes que el muy idiota trae uno mejor que el mío? —Decía sacando el de ella de su bolsillo.
—¡Al grano, Luna! —Lanzó exasperada Ginny tomando asiento de nuevo.
—¡Oh, sí! Les decía, hablaban con tanta familiaridad, también mencionó a Harry, por cierto. —Recordó dirigiéndose esta vez a la oji-miel.
—¿Qué dijeron?
—Nada que yo pudiera entender, pero Ronald se puso muy serio y se fue de inmediato. —Les explicó pasando su mirada de una a la otra.
—Cuando ese par se juntan no es para algo bueno…
—Y menos si esta Malfoy incluido. —Completó la pecosa.
—¿Desde cuándo se hablan? En Hogwarts no se podían ni ver. —Recordó extrañada, viendo como enseguida Ginny negaba.
—Jamás me comentó nada de Malfoy. Ni él, ni los gemelos o mamá y papá ¿Qué se traerán entre manos? —No pudo evitar preguntarse.
—Tendremos que averiguarlo, supongo. —Reconoció Hermione con un poco más de ánimos.
—Eso suena divertido. —Sonrió la rubia interesada en la propuesta de su amiga. —¿Qué tienes pensado?
—Habrá que vigilarlos de cerca.
—¿Y cómo? Por lo que sé Harry apenas te permite verlo y Malfoy sólo se deja ver en horas de clases. —Le comentó con desgana, tomando sus platos dirigiéndose al fregadero. Fue entonces donde Ginny recordó la última charla que tuvo con su hermano, si Ron hablaba en serio esta podría ser una buena oportunidad de comprobarlo.
—Hermione. —Le habló en voz baja para que la rubia no escuchara mientras lavaba las vajillas. La castaña se acercó a ella con cuidado, prestándole atención. —Luna podría averiguar algo si ella y Ron… —Le hizo una seña uniendo los dedos índices de sus manos; la castaña la miró boquiabierta, luego sonrió.
—Tenemos que pensar en otra cosa. —Sugirió la oji-azul acercándose de nuevo a ellas.
—Hay una forma… —Dijo Ginny dirigiéndole una mirada cómplice a Hermione, la cual entendió de inmediato su indirecta y sonrió; Luna las miró desconcertadas.
—Habla con Ron. —Terminó por ésta.
—¿Qué? —Sacudió la cabeza creyendo haber escuchado mal. —Un momento… —Hizo una pausa mirando las miradas pícaras que le lanzaban sus amigas. —Si piensan que yo…
—¡Oh vamos, Luna! Ron es un boca floja y el más despistado de los tres. —Le suplicó la castaña.
—Con un par de encantos tuyos seguro te dice todo. —Le animó la otra.
—¿Se han vuelto locas? De ninguna manera voy a… a… ¡Eso que están pensando! —Soltó cruzándose de brazos en una clara muestra de estar en desacuerdo.
—Nadie mencionó el sexo, pero si tu consideras que es una buena alternativa, pues…
—¡GINNY! —Chilló escandalizada y con el rostro rojo.
—Sólo piénsalo, saldrían ganando los dos ¿o tu qué piensas Hermione? —Declaró divertida con aquello y Hermione no pudo evitar sonreír también.
—¡Eso no es justo, quieren que yo haga el trabajo sucio! —Las acusó indignada.
—Te encantará ensuciarte las manos con Ronnie, ya lo has hecho antes ¿Cuál es el problema? —Y esta vez no pudo evitar soltar una risita. La rubia bufó molesta para enseguida lanzarle un trozo de pan que se encontraba en una canastilla.
—Aun así, te recuerdo que tu hermano tiene pareja. —Dijo ante lo absurdo que sonaba aquello.
—Ron le es infiel ¿Qué más da? —Respondió sin darle importancia.
—¡Pero yo no! ¿Ya olvidaste a Frank? —Articuló enojada. —Vendrá a verme la próxima semana. —Les anunció tratando de apaciguar su molestia. Ginny chasqueó los dientes fastidiada ante los peros que ponía su amiga.
—Aplica el dicho muggle. —Le sugirió. Luna y Hermione la voltearon a ver sin entender. —"Ojos que no ven, corazón que no siente" —Levantando sus cejas en una muestra clara de burla y picardía.
—Esto no puede estar pasándome. —Se dijo mientras se dejaba caer pesadamente en la silla, pasándose las manos por la sien. —¿No hay otra forma? —Ambas negaron. —¿Siquiera puedo pensarlo? —Gruñó enfadada.
—Tienes hasta el martes.
—¡Pero eso es mañana! —Exclamó ofuscada.
—Exacto ¿Tenemos un trato? —Derrotada, la rubia dejó caer sus hombros.
—Lo pensaré. —Declaró vencida.
—¡Excelente! —Soltó contenta Ginny con una sonrisa triunfal, chocando sus palmas con Hermione.
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El olor a sangre inundó sus fosas nasales a pesar de la espesa lluvia y el barro. Miró a su alrededor una vez más, verificando que nadie estuviera cerca como para haberlo visto aquella noche. Bajó su rostro a aquel cuerpo inerte, rodeado de barro y sangre por todos lados; una mueca de asco cruzó por sus labios al tiempo que apretaba aquella varita de acebo.
—Te dije que no te metieras en mis asuntos. —Le escupió con frialdad al tiempo que lo apuntaba. —Incarcerous. —Pronunció, viendo complacido como aquel cuerpo era envuelto en gruesas sogas. Una sonrisa cruzó por su rostro al escuchar como parte de su cuello y columna se rompían. Con cuidado, removió el hechizo y a unos metros del cuerpo hizo un agujero poco profundo. Removió un poco de barro que cubría su cara y regresó a ver el cadáver inexpresivo, dándole un empujón con sus botas para que cayera en el hoyo, perdiéndose en la oscuridad.
El sonido de la fuerte lluvia y los truenos, más los charcos de agua que pisaba al caminar era lo único que se escuchaba aquella noche, él iba a vengarse. De él, de todos los que lo humillaron, pero sobre todo de esa asquerosa sangre sucia que se atrevió a rechazarlo sólo para correr a los brazos de ese mestizo. Nadie lo humillaba, no permitiría que nadie lo hiciera menos nunca más, no permitiría que se burlaran de él. Los sangre sucia no merecían vivir y ser parte de los grandes magos como él, ellos no merecían nada, entonces ¿Por qué ella tuvo todo lo que él no? Todo lo mejor: una familia, amigos, poder, amor… ¿Por qué a él lo rechazaron cuando era igual que ellos? Un impuro.
—No. —Negó deteniendo sus pasos. Él era especial, él era único, su hermano y sus estúpidos padres eran la escoria de aquella familia. Por eso los había matado, y ahora iría por ella, por traidora. —Hermione Granger. —Arrojó con repulsión, desapareciendo de aquel lejano bosque.
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¡Hola chicos!
Siento no haberlos saludado en los capítulos anteriores, pero he estado tan concentrada en los siguientes que la verdad no me dio tiempo ¿Les está gustando el camino que está tomando el fic? Sé que aún hay muchas cosas que no tienen explicación, pero prometo que se irán aclarando en el transcurso del fic. Y bueno, siento anunciar que el próximo capítulo es el último que tengo listo, después de ese, no sé cuando vaya a actualizar, espero que se pueda antes de que regrese a clases, así que las dudas que tengan, pregúntenlas ahora y yo tratare de dejarles pistas jajaja…
Sin más, espero que el capítulo haya sido de su agrado, los días del Harry odioso están casi por terminar, así que ténganle paciencia jajajaja
¡Nos vemos, saludos!
-Laura
