Que pena, más de un año sin actualizar. Siento mucho no haber actualizado antes, me fui a tope con la historia yyyyyyyy... Me atoré, me emocioné escribiendo y resulta que me perdí en la historia, no tenía la menor idea como seguirlo, he estado pensando y pensando y pensando, hasta que por inspiración divina llegó la continuación a mi cabeza. Espero que les guste el capítulo, ¡Traigo intriga! Muajajajajaja. Prometo aplicarme ahora que tendo idea de nuevo a donde voy. Gracias a Faig2 que tuvo fe en enviarme un review el mes pasado, persona con esperanzas que me dan animos.

He aquí la continuación...

Arthur lo había golpeado; no con todas sus fuerzas, por supuesto, pero lo suficiente para hacer caer a Merlin. Tampoco le gustaría admitirlo, pero gritó al tiempo que tomaba la maleta que no había alcanzado a vaciar. Estaba furioso, Merlin dudando de su propia existencia, él, quien creía que lo conocía mejor que nadie.

−¡No volveré hasta que estés listo para disculparte! –había gritado antes de azotar la puerta al salir.

Un mes después se encontraban con los arrepentimientos que había acumulado a lo largo de los días pasados y sin poder comunicarse con el mago. Más que por intentos debido a su orgullo, seguía esperando que él se comunicara para disculparse y cada día que pasaba le parecía más tonto su empeño en esperar la llamada.

−Buen día –la directora lo encontró de pie frente al cuadro de los fundadores de la enorme escuela en que trabajaba.

Arthur solía detenerse frente al cuadro de los fundadores, cada día un minuto más que el anterior.

−Buen día –se vio obligado a apartar la vista para mirar a la mujer que lo saludaba.

−Es impresionante el parecido físico, ¿no es verdad? –La mujer le sonrió para después mirar la pintura que Arthur había mirado−, su amigo, el que lo ha recomendado, es idéntico a su tatarabuelo, me sorprendió cuando lo vi, casi como si hubiera escapado del cuadro.

Arthur rió, la mujer no podía saber que la persona que había sido retratada se trataba del mismo joven que lo había recomendado. La mujer se despidió después de unas pocas palabras relacionadas con el trabajo. Arthur volvió la vista al cuadro, habían pasado dos siglos desde que había sido pintado y el Merlin que se encontraba ahí parecía más mayor que actualmente. Su mago había sonreído con tristeza cuando lo vio: "En aquel tiempo ellos fueron muy amables conmigo" había comentado respecto a los hombres ancianos que aparecían con él en el cuadro.

Suspiró sonoramente. Tenía una hora libre por lo que se dirigió a prisa a su habitación para buscar su celular, de repente escuchar la voz de Merlin se volvió lo más necesario para su vida.

···

Merlin miró los altos edificio, sacudiendo nerviosamente la tarjeta que tenía en su mano. Cinco años había pasado desde la última vez que estuvo en ese lugar, por lo que le sorprendió encontrar el camino, se dirigió al elevador ante el que se vio obligado a pasar la tarjeta. Soltó la respiración, que sin darse cuenta había contenido, cuando la tarjeta fue aceptada, no era necesario marcar el número del piso ya que lo llevaría automáticamente, a ese piso solo era posible acceder con la tarjeta. Le resultó imposible reconocer al joven en el reflejo frente a él, no por hubiera cambiado apariencia con magia sino debido al elegante traje que usaba y el cambio de peinado en su cabello, se sonrió, con esa sonrisa ensayada años atrás para parecer seductora y que con el pasar del tiempo había enterrado en lo más profundo del baúl que eran los años acumulado en su vida. Se obligó a aspirar profundamente cuando el elevador anunció su llegada, hacía tiempo que no se encontraba tan nervioso.

La música y la oscuridad lo tomaron por sorpresa, el lugar era prácticamente el mismo que había abandonado años atrás, cortinas ocultando los privados, jóvenes hermosos caminando en silencio con las bebidas sobre charolas doradas.

−¡Por dios! –la voz lo hizo voltear y los ojos verdes más bellos que había visto en siglos lo miraban con sorpresa−, no has cambiado absolutamente nada en 5 años.

La sonrisa que Merlin había practicado desapareció para dar paso a una real.

El cabello rojo estaba más largo, era más mayor, 23 años tenía ahora si no recordaba mal, seguía siendo joven y lo más hermoso que Merlin había visto en su vida.

−Tú sigues siendo la persona más bella que ha vivido en los últimos mil años.

El chico sonrió, usaba un traje negro que hacía resaltar su increíblemente blanca piel. Merlin solía pensar que a ese joven le prohibían salir para evitar que cualquier rayo de sol dañara su piel.

−Siempre lo dices con tal seguridad me haces creer que hablas en serio –como recompensa por sus palabras el pelinegro había obtenido una sonrisa que lo hizo suspirar

El pelirrojo camino hacia él, pasando los brazos por su cuello acortó la distancia, besando los labios del mago quien correspondió con avaricia abriendo su boca para permitir que la lengua del contario jugara con la suya, mientras sus manos rodeaban la cintura del joven.

···

−Cuando te di la dirección de mi casa no era para recibir rosas anónimas cada año.

−¿No eres persona de rosas? –preguntó al tiempo que llevaba la bebida a su boca para ocultar su sonrisa.

−Sabes que no es por eso, todos los arreglos fueron preciosos, pero…

−¿Cómo has estado? –le interrumpió el pelinegro.

El joven pelirrojo suspiró, mostrando tristeza en su rostro.

−Al parecer no tan bien como tú –el joven acercó su mano al rostro del mago, se detuvo a unos milímetros de tocarle− ¿eres real?

Merlin rió, moviendo su rostro tuvo contacto con los pálidos dedos.

−¿Qué te parece? Te prometí que vendría a verte cuando estuviera de nuevo en América ¿no es verdad?

−Lo dijiste –el joven acarició con dulzura la mejilla−, pero nunca creí que lo harías, es decir… yo…

El mago giró hacia él, tomando el rostro en sus manos le beso con lentitud, sintiendo un suspiro escapar de sus labios. Merlin sabía lo que quería, lo que intentaba decir. No necesitaba que nadie se lo dijera, él lo sabía, estaba siendo cruel con él. Movió con lentitud una mano a su cuello, mientras que la otra bajaba a su cintura, atrayéndolo a él, haciendo que quedara de pie entre sus piernas. Era cruel porque sabía lo que el chico quería y no era capaz de cumplírselo. Sintió las manos rodear su cuello, por lo que colocó sus dos manos en las delgadas caderas. No pudo evitar un suspiro cuando las bocas se separaron ligeramente para tomar aire. Si tan solo lo hubiera conocido siglos atrás… Lo más hermoso que Merlin había visto y ahora ya no podía tenerlo, sabía que no sería capaz de sobrevivir a una pérdida más, era su miedo lo único que no le permitía amarlo: no podía verlo morir, no podría pasar por eso a pesar de que sabía que era amado. No podía permitirse amarlo, así como no podía amar a Arthur por la misma razón.

−¿Sucede algo? –los ojos verdes que siempre robaban su aliento se clavaron en él.

−Te hice algo horrible –el pelinegro lo atrajo a él, ocultando su rostro en su cuello−, cuando me dijiste que me amabas, no debí haberte enviado las rosas, no debí haber vuelto egoístamente. Debí haberte dejado que me olvidaras. Lo siento tanto.

El joven lo sujetó de su rostro, obligándolo a mirarlo a los ojos. El mago temió ver desprecio en él, pero había una sonrisa en sus labios.

−No hiciste algo horrible, fuiste sincero cuando me declaré, no me dijiste que me amabas solo para que siguiera durmiendo contigo. Es verdad que la primera vez tiré tus rosas, pero terminé volviéndolas a recoger, estaba molesto, pero pensabas en mí, con el tiempo se volvió suficiente; ahora has vuelto, no me importa que no sea por mí, viniste a verme, tal como prometiste.

Merlin volvió a besarlo, no podía decirle que había viajado miles de kilómetros solo por él, no volvería a ser tan cruel, ya era demasiado haber vuelto… pero necesitaba tanto verlo.

Lamento no hacerlo más largo, pero ya ven que por costumbre es de tres partes, prometo no tardar un año en actualizar.

Besos y abrazos de mi parte, gracias por leer.