*Circulo polar ártico, 1803*
Akasha se quedó sorprendida por lo que acaba de escuchar.
-¿Qué?
-Ya me has oído. Si realmente estáis aquí para ayudarme, mátame.
Todos se miraban los unos a los otros confundidos.
-Ya le han oído, así que a que esperan.-dijo Ernest.
-Tranquilícese, joven.-le replicó Abraham.
-¿Porque nos pides esto?-le preguntó Hyde.-Jamás entenderé a nadie que quiera terminar su vida por voluntad propia, por difícil que sea su situación, ¿pero porque nos lo pides? ¿Porque no tomas tu vida tu mismo?
-Porque Victor Frankenstein hizo demasiado bien su trabajo. El frío no me afecta. Cuando lo intento auto inflingiendome heridas, o bien no son lo suficientemente profundas, o se curan antes de que pueda haber mayor daño. La otra opción es el fuego, pero no permanece encendido el tiempo necesario. O bien el clima, o bien la nieve, lo apagan. Así que he llegado a la conclusión de que solo un ser con un poder similar al mío podría hacerlo.
Akasha no sabía que decir. Veía a los demás, esperando su respuesta. Gabriel Van Helsing la miraba sonriendo por algún motivo. Ernest Frankenstein esperaba con ansías que cumpliera la petición de la criatura. Mientras Abraham, parecía compartir el mismo sentimiento que ella en aquella situación.
Al final suspiró resignada.
-Quiero ayudarte, de veras que quiero. Pero...
-¿Pero?
-Debe de haber otra forma en la que pueda hacerlo. Lo siento, pero no puedo manchar mis manos de sangre de esta forma. Menos de alguien que parece no tener intención de defenderse.-le dijo sintiéndose mal por él.
-Comprendo.-dijo abriendo los puños y cerrándolos.-No tienes la predisposición natural a matar. Ni disfrutas, ni te es fácil hacerlo. Pero puede que haya una solución a tu dilema.
Alzó su puño derecho y lo observó unos momentos.
-Supongo que conoceréis el objetivo final de mi diseño, ¿no?
Como previendo a lo que se refería, Akasha se echó a un lado.
El bloque de nieve y tierra sobre el que se encontraba hace meros momentos, estalló como si acabara de explotar, mientras la criatura la miraba de lado tras observar el efecto de su ataque sobre el terreno.
No tuvo tiempo de pensar en lo devastadores que resultaban sus golpes, pues echó una mirada para ver si Ernest y Abraham se encontraban bien. Afortunadamente sí, pero desafortunadamente, la criatura era más rápida de lo que su tamaño parecía indicar.
Se lanzó contra ella dándole un rodillazo en el estómago. Escupió un poco de sangre, y cuando vio venir su golpe con el codo desde la izquierda, alzó su brazo para protegerse la cara, haciéndola salir rodando hacía un lado, y poniéndose de pie en pleno giro.
El monstruo detuvo un segundo su ataque para determinar el alcance de los daños que había recibido la vampiresa. Solo para verla lanzarse hacía él. Pudo notar el tacto de la punta de su bota.
¡SNAP!
Es curioso el ruido de un cuello al romperse. Su cuerpo dejó un surco de 10 metros de nieve, mientras podía apreciarse su cabeza en una posición antinatural, con un pequeño bulto asomando en su nuca, que podía adivinarse fácilmente que era.
-¡Agh! Ya era maldita hora de que se decidiera.-dijo Ernest al ver el cuerpo inmóvil de su enemigo.
-Cállate, chico.-dijo Gabriel, que se había reunido con los demás junto a él.
Akasha permanecía de pie, aún alejada del grupo, observando al ser al que acababa de tumbar, con una mirada seria. Ernest miró a sus compañeros alrededor, y vio que lo veían de la misma forma. Hyde parecía dispuesto a lanzarse hacía él a pesar de haber caído, Solomon dispuesto a sacar sus espadas, y Gabriel solo esperaba con las armas caídas. Mientras Griffin... quien sabe que cara tenía Griffin.
-Temo que hayamos podido cometer un error de juicio con esta operación.-dijo Solomon.
-¿De que hablan? ¡Hemos ganado!-les dijo Ernest.
-Será mejor que se retiren y vuelvan con el Capitán Nemo.-dijo Akasha sin apartar la vista de la criatura.
-Hagamos caso a la señorita. Solo seríamos un estorbo.-dijo Gabriel.
-Bah, como si me importase.-dijo Hyde siendo el primero en darse la vuelta.
-Ehm... ¿pasa algo?-preguntó el último Frankenstein.
-Que no prestas suficiente atención, chaval.-dijo Griffin extendiendo el brazo, a pesar de solo verse lo que cubría el abrigo.-Mira.
Observó el cuerpo del monstruo. Hubo un pequeño espasmo, y se alzó, quedándose sentado, con la cabeza aún en esa posición antinatural hacía atrás. Acto seguido, colocando ambas manos alrededor de su cuello y mandíbula, la colocó en su correcta posición como quien se estalla los dedos, pero con un sonido mucho menos reconfortante.
¡CRUNCH!
Ernest cayó sentado al suelo, con la boca abierta, y atemorizado. Solomon y Griffin lo agarraron de los brazos mientras lo arrastraban, a la vez que Gabriel ayudaba a su padre a moverse para salir de allí.
La criatura los ignoró, y centró su atención en Akasha. Ella también se encontraba sorprendida a pesar de no cambiar su expresión. Al igual que la criatura.
-Eres justo lo que necesitaba. Prueba otra vez.
-Te he dado de lleno con todas mis fuerzas. No deberías haberte levantado.
-Ambos sabemos que eso es mentira. No te contengas.
-¿Entonces porque lo estás haciendo tú?
La criatura, abrió ligeramente los ojos algo sorprendido, mientas Akasha le sonreía con algo de sangre aún en su boca.
-Ese primer golpe que me diste, prácticamente debería haber licuado mis órganos internos. Pero el dolor que siento no llega a ese nivel. Está claro que no has ido con intención de matar.
-Quien necesito que muera soy yo, no tú.
-Pues parece que tenemos un problema. No estoy dispuesta a tomar la vida de alguien de esta forma.-dijo acercándose a él con calma.-Y menos si no sé porque.
-¿No os ha contado el hermano de mi padre toda mi vida?
-No, pudimos leerlo en el diario de Victor Frankenstein. Allí escribió todo lo que le contaste.-dijo estando enfrente suya.
-Entonces, ¿qué más necesitas saber de mi?-dijo extendiendo los brazos a los lados.
-Si lo que te motiva a hacer esto es la culpa, entonces no es necesario que lo hagas. Nunca es tarde para cambiar. Para enmendar tus errores por graves que sean. Déjame ayudarte a mi manera.
La criatura quedó en silencio con la mirada baja. Akasha pensó que había logrado convencerle, pero nada más lejos de la realidad.
-Veo que sigues sin entenderlo.
Akasha solo tuvo tiempo de mover ligeramente la cabeza, mientras el puño de la criatura pasaba rozando su rostro, dejando ver como algunos pelos rosados cortados flotaban en el aire.
Tomó distancia entre ambos, para asegurarse de ver venir su próximo ataque.
-¿Qué importa como me sienta? Eso no cambiará lo que soy.
-¿A que te refieres?
Volvió a lanzarse a por ella. Golpeó el árbol que se encontraba tras Akasha, para apoyar el pie en el suelo, y comenzar a lanzarle golpes que ella esquivaba con relativa facilidad, hasta que decidió devolverle uno que lo hecho hacía atrás. Él se recuperó como si nada.
-"Esto no es normal."-pensaba Akasha.-"Su fuerza y su velocidad no son nada que no haya visto, pero su resistencia es antinatural. Primero lo del cuello, y ahora un golpe que debería partirle el esternón no le afecta siquiera."
-Durante mi corto período de vida, culpé a cualquiera de mi situación. De el monstruo, el demonio, el paria en el que me había convertido. Culpe a mi padre, a la raza humana, y en determinado momento, incluso a los propios yokai. Concretamente, a los vampiros, pues de no existir vosotros, no lo habría hecho yo.
Golpeó el suelo con ambos puños, abriendo una grieta, de la que Akasha tuvo que apartarse.
-"Esto es malo. Ha comenzado a soltarse cada vez más. No puedo seguir a la defensiva eternamente."
-Estaba completamente convencido de el crimen del que había sido víctima. Pero cuando llegué aquí después de completar mi venganza, tras incinerar el cadáver de mi padre, tuve mucho tiempo para pensar. De que quizás, la culpa de lo que me había pasado, había sido mía.
Tras esto, decidió quedarse de pie en el sitio en el que se encontraba, sin atacarla, mientras Akasha lo observaba sintiendo pena por él.
-Sí, no tuve control alguno sobre las cosas que me sucedían. Pero sí sobre como mis propias acciones afectaban a otros. Pude irme a cualquier lugar, pero decidí caminar por la senda de la venganza.
Podía notarse como el ambiente comenzaba a cargarse. Las nubes comenzaron a arremolinarse a su alrededor. Pero la vampiresa no se había percatado aún de eso. Esa criatura le recordaba a cierta persona que en su día le había salvado la vida.
-Porque, en el fondo, lo que soy por fuera, no es más que un mero reflejo de lo que soy por dentro. Dentro de mi no hay más rabia e ira. He tenido lo que me merezco. Una vida miserable, para una muerte miserable.
Podían verse chispas saliendo de los árboles y de la misma nieve de alrededor. Comenzaron a caer rayos bastante cerca de ellos, mientras las chispas que rodeaban a la criatura se hacían más violentas. Akasha se dio cuenta de que ya no podía seguir conteniéndose. Se quitó el abrigo de invierno para poder moverse mejor.
-Jamás he tenido piedad contra cualquiera que me haya enfrentado. Y no entiendo porque debería hacerlo ahora.
Ahora era un aura demoníaca la que comenzaba a emanar de Akasha. Murciélagos salidos de la nada comenzaron a rodearla como formando un pequeño tornado. La criatura no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa momentánea al verlo.
-Lo siento, pero si sigues con esto no me dejaras otra opción.
-No sé porque te disculpas. Debería darte las gracias ahora, porque seguro que después no podré.
Los demás avanzaban por la gruesa capa de hielo hacía donde se veía salir la nave de Nemo. Gabriel echó la vista atrás un momento, y miró preocupado las nubes arremolinadas sobre el lugar donde se encontraban Akasha y la criatura.
-¿Sucede algo?-le preguntó Griffin.
-No. Solo creo que deberíamos darnos más prisa.-le contestó.
Cuando Nemo había ayudado a Abraham a subir, y antes de poder preguntarles porque habían vuelto tan pronto, una onda o movimiento sísmico los zarandeó a todos, la nave incluida. Pudieron ver como el bloque de hielo se comenzaba a partir.
Ernest patinó mientras la placa sobre la que se encontraba se inclinaba. Momento en el que Hyde le agarró de la capucha del abrigo, y lo lanzó a la cubierta sin cuidado.
-¡¿Qué demonios es eso?!-preguntó Nemo mientras los demás subían.
-La señorita Bloodriver cumpliendo su cometido.-le contestó el anciano mientras entraba en la nave.
-Deberíamos quedarnos dentro hasta que la tormenta haya pasado.-dijo Griffin.
-Será lo mejor. Una vez dejemos de notar como si hubiera un maremoto ya podremos salir.-dijo Gabriel, mientras la gran nave se sacudía ligeramente, a la vez que los golpes se confundían con los truenos.
-"Yo sigo siendo más rápida y fuerte que él, pero su resistencia parece infinita."-pensaba Akasha habiendo perdido de vista a su contrincante por un momento.-"El podría seguir así por horas, pero yo me cansaré mucho antes. No quiero matarle, pero tiene que haber una forma de subyugarlo si quiero ayudarlo."
Fue entonces cuando lo notó. Dio un salto momentos antes de que la tierra bajo ella estallara.
-¡Mierda!-solo alcanzó a decir, antes de que la criatura la agarrara por una pierna y la lanzará contra una ladera.
Reboto por el páramo nevado durante cientos de metros, para luego notar como iba frenando, y conseguía recuperarse para aterrizar de pie y comenzar a frenar sobre una superficie lisa. Pequeñas chispas eléctricas salían de su cuerpo mientras los efectos del ataque de su enemigo se disipaban. Fue entonces cuando notó donde se encontraba.
Una enorme placa de hielo, debajo de la cual solo había metros y metros de profundidad oceánica. Apenas podía divisar el acantilado desde donde cayó a cientos de metros. ¿Tan lejos la había lanzado?
-"Tengo que salir de aquí cuanto antes."-dijo poniéndose de pie.-"Debo irme antes de que me alcance o..."
Demasiado tarde. Un silbido cayendo del cielo avecinaba lo que ella se temía. La criatura atravesó por completo la gruesa capa de hielo, haciéndola estallar en pedazos y provocando olas en todas direcciones, que no hicieron otra cosa que arrastrar a la vampiresa, y dejarla caer sobre el helado océano, mientras sentía como si su carne se hiciera pedazos entre las descargas eléctricas que le provocaban la debilidad de su especie y el toque helador del agua.
Abraham seguía hablando con Tsukune y las chicas.
-Veréis, hubo un tiempo durante el siglo XIX en el que ya no se conformaban con mejorar su estilo de vida mediante máquinas. Querían mejorarse a si mismo. Y aún pretenden hacerlo. Pero no con el ahínco de entonces. Y en aquella sana curiosidad científica, los cazadores vieron una oportunidad.
Las chicas aún no se sentían completamente seguras en ese lugar, pero escuchaban con atención lo que el anciano les narraba. Se puso de pie y comenzó a dar vueltas alrededor de la habitación, lo que las puso un poco más nerviosas de lo que ya estaban, mientras Tsukune parecía tranquilo, pero mirando incómodo la actitud de sus amigas.
-Su cacería comenzó en la simple ignorancia. Creían que los yokai eran simples demonios que buscaban acabar con la humanidad. Pero según fue pasando el tiempo, la mayoría comenzaron a darse cuenta de que solo buscaban la paz.
-Creo que entiendo a donde quiere llegar.-dijo Moka con una sonrisa confiada.-¿Ustedes son humanos que buscan la paz con los yokais?
-Je.-dejó salir el anciano, molestando un poco a la vampiresa.-No, no. Esos fueron una minoría realmente minúscula. Aunque no te equivocas en su objetivo. No, la mayoría de ellos se dieron cuenta de la otra amenaza que representaba para la humanidad la raza yokai, y siguieron con más ahínco que nunca la causa.
Eso llamó la atención de Tsukune. ¿Otra amenaza? Se lo había oído mencionar otra vez, pero no sabía a que se refería.
-De los chicos que conocisteis en aquel hostal, solo dos de ellos son humanos "normales". De linajes, como ya os habrán explicado, de cazadores de monstruos arrepentidos, al igual que yo. No, el resto, son el resultado de los experimentos hace tiempo olvidados que se llevaron a cabo en orden de mejorar a la especie humana para sobrevivir. Bueno, más que para sobrevivir, para poder cazar mejor.
Se sacó una pequeña probeta de su chaqueta, llena de sangre.
-¿Te apetece probarla?-le dijo mostrándosela a Moka.
La vampiresa arqueó una ceja, y entonces notó como Tsukune a su lado se levantaba alarmado.
-¿Porque quiere darle a Moka...?
-Tranquilo. La cantidad es ínfima. Es solo que me gusta ser ilustrativo con mis explicaciones.-dijo destapando el recipiente con el dedo gordo.
Le seguía ofreciendo la sangre, con Tsukune algo preocupado, y las chicas a su lado extrañadas y alerta. Moka al final cogió el frasco. Olía normal. Miraba al anciano mientras le sonreía confiado. Al final fue adelante, y le dio un trago entero de golpe. Luego le devolvió el frasco.
-Je, ¿ya está?-dijo con una sonrisa sarcástica.-¿Tanta ceremonia para...?
En ese momento sus pupilas se dilataron. Se tiró al suelo de rodillas mientras se llevaba las manos al estómago. Sentía como si le ardieran las tripas, y fuera a vomitar sus intestinos.
-¡Moka!-Mizore, Kurumu y Tsukune se acercaron a ella alarmados.
Pero tan pronto como empezó, terminó. Moka se puso de pie extrañada, sin sentir ningún dolor más, ni ninguna repercusión. Completamente sana como antes, aunque sudando un poco. Kurumu entonces se giró hacía Abraham sacando sus garras y su alas, dispuesta a atacarle.
-¡Cómo te atreves a intentar a envenenar a mi amiga!
Se lanzaba hacía el anciano, pero este no parecía ni inmutarse. Fue en ese momento cuando la puerta corredera del jardín fue atravesada, y Kurumu sintió como le aplastaban la muñeca. Un tipo gigantón, con una cicatriz diagonal en la cara, y otras casi igual de grandes recorriendo sus brazos, que dejaban ver su camiseta negra, le agarraba del brazo.
-T-tú.-dijo intentando atacarle con la mano libre.
Victor paró su ataque de nuevo con la otra mano. Luego extendió los brazos, dejando colgada a Kurumu, como quien atrapa a una mariposa por sus alas, mirándola de frente. El tipo tenía una mirada espeluznante en su cara.
Mizore estaba preparada para atacarle también, en cuanto viera una apertura, pero Abraham intervino antes.
-Victor, esa no es forma de tratar a nuestras invitadas.-le dijo el anciano.
-No parecen muy contentas con sus anfitriones.-dijo con una voz grave y profunda como el averno, mientras Kurumu no podía evitar sentirse intimidada.
-Suéltala ya, ¿quieres? Solo ha sido un pequeño malentendido.-dijo mostrándole el frasco.
Victor miró entonces a Moka, que todavía tenía algunas gotas de sudor en la cara, y le miraba desafiante y curiosa.
-Uhm, ya veo.-dijo soltando a la súcubo.-¿Por eso Eli me sacó aquella muestra de sangre? ¿Para dársela de beber a esa vampiresa?
Moka ahora si que tenía curiosidad.
-¿Tú sangre?-le dijo.
-Oh, sí, verás. Su tipo es uno de los resultados de aquellos humanos mejorados. La clase mejor preparada y de mayor nivel para cazar yokais.-dijo el anciano señalando a Victor.-De hecho, su "raza", fue creada para acabar específicamente con la especie que se dice más poderosa entre los yokais. Por eso su sangre resulta tan peligrosa para esa raza.
Victor solo miraba a Moka penetrantemente a los ojos, mientras esta le devolvía la mirada.
Kurumu se restregaba las muñecas adolorida y con algo de rencor.
-¿Nacieron para matar vampiros?-dijo Mizore.
-Exacto. El resto de los que habitan esta mansión, poseen igualmente capacidades que les permiten sobreponerse sobre los humanos normales. Pero los antepasados de los que las heredaron, no quisieron alinearse con los cazadores. Una vez probaron como era el mundo de los yokai de primera mano, formaron esto, de lo que ahora nosotros formamos parte.-dijo Abraham sonriendo.-Ah, por cierto, el joven aquí presente es Victor. Victor Frankesntein.
-Tú. ¿Eres la hija de Akasha Bloodriver?-le dijo con seriedad.
-¿Y que si lo soy?-dijo acercándose algo a él.
Victor solo se quedó pensando unos momentos, soltó un pequeño gruñido, y salió por el agujero que había causado.
-Bueno, no se lo echéis en cara. Es que le cuesta conocer gente.-dijo el anciano.-Soy consciente de que os va a llevar un tiempo confiar en nosotros, pero cuando hayáis terminado de poneros al día con vuestro amigo, os daremos más detalles sobre lo que está ocurriendo.
Abraham salió de la habitación también. Solo estaban las chicas y Tsukune.
-Bueno, sé que Victor puede ser brusco, pero por lo que he visto hasta ahora de él, no tiene pinta de ser mal tipo.-les dijo Tsukune, intentando convencer a sus amigas de las buenas intenciones de esta extraña gente.
-Se parece mucho al hombre de mi recuerdo.-decía Moka un poco ida.
-¿Eh?-ahora era Tsukune el que estaba perdido.
-Según Moka, un hombre con un símbolo como el que llevan ellos visitó el hogar de la familia Shuzen hace años.-dijo Mizore.
-Y su cuerpo estaba cubierto de cicatrices como el de él.-dijo Moka.
-Tampoco deberíais extrañaros siendo el monstruo de Frankenstein y su hijo.-dijo con tranquilidad.
-¿El monstruo de Frankenstein?-preguntó Moka.
-Ehm... ¿no sabéis quien es?-les dijo algo perplejo.
Las chicas no sabían contestarle.
-Me parece raro. Dentro del mundo humano, es el monstruo más conocido junto a los vampiros y los hombres lobos.-les dijo Tsukune.
-¿Quieres decir que ese tipo realmente es tan fuerte como Moka y como tú?-le dijo Kurumu.
-Bueno, peleé con él durante una confusión cuando me desperté aquí.-dijo frotándose las costillas un poco.-Pero no tuve tiempo de probar que tan fuerte era. ¿Pero en serio no conocéis la historia? Supuse que sería bastante popular entre el mundo de los monstruos.
-Tampoco es que ahora importe mucho quien sea.-dijo Moka.-Lo importante sería si pueden ayudarnos.
-Por lo que me han contado, tienen incluso más ganas que nosotros de perseguir a esos cazadores. -le dijo Tsukune.
-Y ahora mismo parece que no tenemos mucha más alternativa que fiarnos.-dijo Mizore.
-¿No hablarás en serio?-protestó Kurumu.
-¿Qué otra opción nos queda?-dijo Moka.-Además, mi padre parecía conocerlos.
-Por ahora podríamos confiar en ellos.-dijo Mizore.
Kurumu no pudo sino darse por vencida, y ver la razón tras las palabras de sus compañeras.
-Vale. Pero si hacen algo raro deberíamos apartarnos de ellos.
-Pero ya os digo que por ahora parecen buena gente.-decía Tsukune confiado.
-Tsukune, a veces eres demasiado confiado.-le dijo Mizore.
Moka se acercó a la puerta, que el anciano Abraham abrió de golpe.
-Bien, chicas. ¿Se han despejado sus dudas?-dijo el amable hombre sonriendo.
-Iremos con ustedes por ahora.-dijo Kurumu.-Pero que conste que no nos fiamos de...
-Sí, sí. Que no hagamos nada raro o nos fileteaís o algo por el estilo.-dijo Gabriel a su lado, mirándolas divertido.-Venid al salón, allí podremos presentarnos más tranquilamente.
-Nuestros hombres ya han informado. Han localizado a un grupo de estudiantes fugados. Que por lo que han podido averiguar ellos, e investigar nosotros, son el mismo "club de periodismo" y aliados que derribaron a Fairy Tale.-dijo Koweranai a la figura en sombras.
Otra reunión holográfica proyectada en la sala de aquel hombre en las penumbras, con Ravage y Wilson presentes.
-Señor, solicito permiso para asistir a mis hombres.-dijo Wilson.
-No será necesario, comandante. Además, se le necesita donde esta para mantener el orden.
-Pero señor, si lo que dicen de ellos es cierto, no son suficientes ni de sobra.-dijo Koweranai.-Necesitarán una persona de nuestro nivel al menos
-Es por eso que he decidido enviar a una agente especializada para encargarse.
-¿Una agente?-preguntó Wilson.-¿De que división?
-Investigación y desarrollo de posthumanos.
Wilson miró a sus lados confuso, pero cuando vio la expresión de Koweranai y su rostro, comprendió a quien se refería.
-La va a enviar a ella porque sabe que ellos pueden estar ayudándoles.-dijo la japonesa.-Señor, aún así, ella es muy inestable y agresiva. Le falta...
-Es precisamente eso por lo que es la mejor opción. Además, la decisión ya había sido tomada. Esto solo era una reunión informativa, y para que pudieran proveerla de un primer objetivo. Y no podría haber uno mejor que este. Podremos comprobar sus límites con enemigos de su nivel.
-Pero si lo que sospechamos es cierto.-dijo Wilson.-Puede que ella y nuestros hombres se vean superados.
-¿Y eso es un inconveniente? Mejor. Así lucharán con más ahínco. Fin de la discusión.
La transmisión fue interrumpida de golpe, dejando a Koweranai hundiéndose en su sillón llevándose las manos a la cabeza, y a Wilson apretando los puños nervioso. Por su parte Savage.
-Que lástima no poder estar ahí para verlo.
En el hostal de Marin y Sun, los recién llegados se ponían al día con la otra mitad del club de periodismo.
-¿Y las dejasteis ir sin más?-preguntó Gin.
-Tratamos de convencerlas de lo contrario, desu. Pero les fue escuchar "Tsukune", y ya nada pudimos hacer para que cambiasen de opinión.-le explicó Yukari.
-Hmf. Tener que encontrar a Tsukune ya era un problema de por si. Pero si encima vamos a tener que rescatar a estas...-comentó la hermana de Fong Fong fastidiada.
-Sí. No podemos marcharnos sin encontrarlas a ellas primero.-dijo Fong Fong.
-No me refería a eso en concreto, pero sí. Sin ellas no podemos hacer mucho. Especialmente sin Moka. Si todo esto es tan gordo como parece hasta ahora, necesitaremos su fuerza.
-¿Entonces que hacemos? Deberíamos estar buscándolas en vez de aquí hablando.-proclamó Kokoa enfadada.
-No podemos salir sin más. Podrían aparecer más de esos soldados para atacarnos en cualquier momento si se nos ve por la calle.-comentó Ruby.
-¡Ja! ¿A nosotros? ¿Detenernos unos simples humanos?-rió Haiji.-Después de lo que hicimos con Fairy Tale, dudo que debamos tener miedo.
-Entendido.
El lugarteniente de Wilson cortó la comunicación, mientras bajaba las escaleras del edificio donde se escondían, desde donde vigilaban el hostal de Marin. En la planta baja se reunió con el resto, que preparaban sus armas para la batalla.
-El comandante dice que el apoyo ya debería estar al llegar.
-Por fin. ¿Va a venir él, nuestra comandante, o ambos?-preguntó uno de los lugartenientes de Kowarenai.
-No, no va a ser ninguno de los dos.-dijo intentando apartar la mirada.
-No será Ravage.-preguntó otro.
-No, no va a ser él.
-Pero si ellos son los únicos capacitados en el terreno para un combate mano a mano de ese nivel. ¿A quien más podrían enviar?
Entonces escucharon como alguien llamaba a la puerta del edificio, poniendo a todos en alerta.
-Será mejor que lo veáis vosotros mismos.-dijo el hombre acercándose a la puerta con resignación.
Los demás no entendían el misterio. Pero cuando vieron a la joven entrar, algunos de ellos prefirieron que les hubieran enviado a Ravage.
Entró con paso zalamero, una joven de unos 18 años con vaqueros ajustados, que aunque no mostrara mucha carne, se notaba lo orgullosa que se sentía de su cuerpo por lo ajustado de su ropa. Aparte de eso, solo llevaba una camiseta verde, que resaltaba todo el contorno de su torso, y su voluminoso pero equilibrado pecho. Su larga melena negra le llegaba casi hasta las nalgas, y ocultaba sus ojos verde esmeralda, tras unas gafas de sol de aviador, y una sonrisa de diversión. Solo se cubría con una chaqueta de cuero marrón, y unos mitones de cuero en las manos, con los nudillos al descubierto.
-Agente. Nos alegra tenerla en el terreno con nosotros.-dijo el lugarteniente de Wilson.
-Ya, ya. Estáis honrados con mi presencia, habéis oído mucho de mi... Toda esa mierda que os piden para mantenerme estable.-dijo estirándose los brazos.-Me han informado de todo antes de venir, y de quienes son. Por cierto, ¿dónde están?
-Se resguardan en un hostal junto a la playa, y la zona esta protegida por una barrera que los hace invisibles. A ellos y a los guardias de los Wong que vigilan la entrada.-dijo uno de los lugartenientes de Kowerenai.-Estamos discutiendo la estrategia de aproximación. Pero no tenemos claro como... ¡Eih! ¿Adonde va?
La aludida ya salía de nuevo por la puerta.
-Tres cosas. Primero, no me tratéis de usted, que soy mucho más joven que vosotros. Segundo, me llamo Lilith. Tercero, me apetece hablar con ellos.
-Si lo que intenta..s, es negociar, o algo por el estilo, bien. Pero nosotros no podemos quedarnos aquí sin más.-dijo uno de los de Wilson.
-Pues vale. Que los matrixlegolas vigilen desde los tejados, y que los ninjatanques os quedéis detrás mía y ocultos hasta que empiecen los golpes. ¿Contentos?
No dijeron nada. Y aunque lo hubiesen hecho no habrían conseguido nada. Por eso preferían a Ravage. Sería un psicópata, pero al menos era profesional
Mientras tanto, los guardaespaldas de la familia Wong se preguntaban como aquella atractiva joven había atravesado la barrera. Caminaba directa hacía ellos con las manos en los bolsillos. No parecía amenaza alguna, pero si se dirigía al hostal, no podían dejarla pasar.
-Lo siento, señorita. Esta es una zona privada por ahora.-le dijo uno de los guardaespaldas cortándole el paso.
-Nah, está bien. Venía a ver a los Wong y al club de periodismo de la academia Yokai.-le contestó ella observándole desde arriba.
Aquella chica debía medir por lo menos 1'95. Aún así, ninguno se sintió intimidado por su altura.
-¿Hm? ¿Cómo sabes que están aquí?-preguntó el guardaespaldas llevando una mano al arma en su funda, mientras los demás hacían lo mismo.
-Tengo mis fuentes. ¿Puedo pasar o no?
-No hasta que nos expliques que trato tienes con ellos.
-No tengo trato ninguno. Solo quiero conocerlos.
-Pues me temo que no vamos a poder dejarte pasar.
El guardaespaldas la agarró del hombro. Esta solo lo miró divertida, y le agarró esa mano.
¡KRUNCH!
-¡Aaaaaaaaargh...!
El hombre se hincó de rodillas, y los demás la amenazaron con sus armas.
-¡Suéltalo!
-En cuanto me dejéis pasar, lo dejo. Hasta entonces...
Apretó un poco más.
-¡Aaaaaah!
Los demás estaban ya preparados para abrir fuego, aún estando su compañero en medio. Pero afortunadamente, para ellos, la imperativa voz de Ling Ling les interrumpió.
-¡¿Que está pasando aquí?!
-Ah, señorita. Esta mujer ha aparecido, y nos ha atacado.
-Yo no he atacado a nadie, esto le pasa por tocarme. Yo solo quería entrar.-observó a la zombie.-Eih, te conozco de los archivos. Eres Ling Ling Wong.
-Sí, soy yo.-le dijo sonriente como siempre.-¿Me buscabas por algo en particular?
-Más que a ti, a tu hermano y sus amigos. ¿Están dentro, verdad?
Seguía sin soltar al hombre.
-Puede. ¿Quién necesita saberlo?
Volvió a apretar.
-Me estoy cansando de que me hagan esa pregunta.-ella también sonreía.
-Si nos informaras de parte de quien vienes, sería más fácil dejarte pasar.
-Los cazadores en la oscuridad.-dijo directamente.-¿Puedo pasar ya?
Ling Ling meditó aquello unos momentos.
-"Obviamente esto es una trampa. Pero se encuentra ella sola. Aunque no puedo permitirle que siga haciéndole daño a mis subordinados. Claramente es fuerte, aunque no desprende youki alguno. Bueno, por mucho que lo sea, no podrá pelear dentro con todos nosotros."
-Vaya, menuda oportunidad. No esperaba que pudiésemos dialogar con el enemigo tan pronto.-dijo intentando aparentar calma.-Dejadla pasar.
-Muchas gracias.
Soltó la destrozada mano del yokai, y caminó en dirección a la entrada, donde la esperaba Ling Ling, sin que nadie se interpusiera.
-Que conste, esto lo has provocado tú solo.-se dirigió al herido, antes de cerrar la puerta tras Ling Ling.
