Capítulo 10.

PRIMER MES.

Lamento todo esto. Me doy cuenta de los esfuerzos que hacen los demás para mantenerme animada, pero...
Me acerqué a la ventana sin más.
Estaba realmente cansada. No tenía motivos para sentirme viva. Si, no los tenía.
Desde que ÉL se fue, muy pocas cosas (por no decir nada) tenían sentido. El dolor punzante que tenía en el pecho ya se había hecho una costumbre. Quería comprender porqué no me hizo caso, porque no escuchó todo lo que le rogué, lo que le supliqué para que se quedara, de verdad quería comprenderlo. Pero por más que lo intentaba, nada bueno venía a mi mente.
Ya nada era lo mismo. Podía darme cuenta de que yo no era la misma.
Mis amigos, no, ya no los veía.
No hablaba con Kikyou, no hablaba con Sesshoumaru (aunque él jamás fue de muchas palabras conmigo).
A Sango la veía poco y cuando estábamos juntas, sinceramente, ya no era lo mismo que antes. Aquel entusiasmo que siempre tenía al verla se había esfumado y tan solo musitaba un triste: "Hola" en una conversación que luego se tornaba apagada y fría.
Era imposible darme cuenta de lo mal que estaba haciendo.
El único sol que había tenido mi vida hasta ese momento, se había ido.
De la nada, aún bajo mis ruegos y lágrimas.
¿Por qué el destino se empeñaba en sacarme todo lo que más quería?.
Imposible saberlo.
Por más que intentaba ser la misma de antes, mantener un poco de aquella vieja chica que alguna vez fui, era imposible. Mis tonadas (las más alegres para mi gusto), sonaban siempre forzosas. Aquel brillo en los ojos que todos tanto destacaban, estaba muerto, al igual que mi corazón y mi capacidad de sentir.
Quisiera darme cuenta, entender.
Por más que pusiera todo de mí para ser la misma, las palabras y las frases alegres no salían.
Mi optimismo no existía.
Y no sabía hacer otra cosa más que lamentarme.
Llorar.
Deprimirme.
Sabía que estaban preocupados por mí.
Podía sentirlo. Como también sentía aquella leve sensación de que ya no los quería.
No, no era eso. Yo los seguía amando. Como siempre. Como la de siempre. Pero... ÉL se había ido. Ya no me quedaban fuerzas para hablar.
No tenía motivos por los cuales sonreír. Aquella sensación de felicidad y plenitud se había marchado.
Ahora era débil, sensible, estaba vulnerable a todo. Como cuando estás muy enferma y cabe esa posibilidad de morir por un simple resfriado.
Mi aspecto no estaba mejor que mi actitud. Ya no tenía ganas de comer o de salir de mi cuarto.
Kikyou insistía en que debía hablar, alimentarme, intentar salir de todo lo que me sucedía, pero... ¿Cómo puedes vivir si no tienes aire para respirar?. ¿Cómo puedes continuar si la luz que te guía se desapareció?.
Mis sonrisas rotas decían todo lo que una simple palabra jamás podría llegar a significar. Es increíble lo poco resistente que se vuelve una persona cuando no tienes eso que te alienta seguir a tu lado.
Como todas las mañanas, como todas las tardes, como todas las noches... Me senté frente a la ventana a ver como la vida pasaba sin que yo pudiera disfrutar de ella.
El tiempo parecía correr de forma apresurada sin que pudiera pararlo o al menos, darme cuenta que pasaba.
Quería creer que él volvería, claro que quería.
Intentaba llamarlo. Le envía textos. Incluso mails, con la esperanza de que me respondiera algún día.
Pero nada sucedía.
Siempre era igual.
Teléfono apagado. Mensajes que no se podían enviar. Casilla rechazada.
Mi vida se iba día a día, suspiro a suspiro, lágrima tras lágrima.
No podía llegar a comprender que era lo que sucedía conmigo.
O al menos, eso pensaba. Claro que lo entendía.
Yo lo amaba. Claro que lo amaba.
Más de lo que jamás había podido llegar a imaginar.
Me pregunto si es así como se sintió ÉL cuando yo me fui. Supongo que así sería. Pero... perder una vez... se puede seguir. Perder dos veces... era insoportable. No podía sobrellevarlo.
Como hubiera querido ver a Naraku frente a mí, matándome, deshaciéndose de mí, para al menos, poder evitar este sufrimiento que sentía.
Como todos los días se hacían noche, todas las noches se hacían días.
Y yo... seguía igual. Como siempre.
Sentada.
Esperando.
Muriendo.
Aún así, no podía evitar seguir pensando en ÉL cada segundo que pasaba.
Y aunque eso hiciera, con decir su nombre, solo lograba un dolor más grande del que ya tenía.
Era imposible para mí. Sumamente imposible.
Me preguntaba si alguna vez superaría todo... o simplemente moriría con esta angustia que sentía.
Eso era algo que me hubiera gustado averiguar lo antes posible.
Muchas veces quise saber dónde estaba, que hacía.
Si estaría pensando en mí.
Si estaría con alguien más.
Si me extrañaba tanto como yo a él.
Si me necesitaba.
Si me amaba.
Si quería verme.
Si me buscaba.
Si quería abrazarme.
Si quería besarme.
Si regresaría.
Si me olvidaría.
Mi cabeza era un mar de preguntas y suposiciones, sugestiones, miedos.
No podía pensar con claridad y no actuaba de la mejor manera.
Solo vivía oculta bajo una sombra y un agujero oscuro y profundo que su partida había dejado en mí...

Continuará...

Kaag.