POR FAVOR LEAN LA NOTA ANTES: Hola y perdón. Yo sé que ahora he tardado demasiado en traerles capítulo nuevo y podría poner como escusa exámenes finales, otra historia, que mi abuelita se murió, que me dio cáncer como por dos meses y por eso no podía y blablabla. Pero la verdad es que no sabía cómo manejar los siguientes tres capítulos ya que son de gran importancia para la historia (ya se darán cuenta) este capítulo se llama "El principio del fin" y estará dividido entre partes, no tanto porque sea el mismo contenido sino por la relación que hay entre ellos. De nuevo espero me disculpen :)

Sobre el Edward POV del beso *Made se pone roja* lo perdí :S suena tonto, pero en serio lo perdí en la computadora porque lo borre al tener el mismo título que el Beso desde la perspectiva de Bella. Pero me fijaré en quien me dejo sus comentarios en el cap 9 y se los mandaré cuando este re-escrito.

Quiero dedicar este capítulo a mis dos hermanas mayores cibernéticas Vanessa Erika y Zoalesita. Gracias por los consejos Vane y gracias Zoalesita por darme una perspectiva completamente diferente del por qué y para que escribo.

Capítulo beteado por: Isa Beta Traductora Ffad (Beta FFAD) www . facebook groups / betasffaddiction/


Capítulo 10: "El principio del fin parte I"

(Nunca digas nunca)


Edward POV:

Dos años. Dos hermosos y perfectos años al lado de mi princesa. Porque sí damas y caballeros YO, Edward Don Nadie Masen tenía a mi lado a la ninfa de cabellos y ojos chocolates más hermosos a mi lado.

¿Cómo lo conseguí? ¡Ni puta idea! Espero que disculpen mi vocabulario pero ni yo mismo me explico cómo pasó. Son de esas cosas maravillosas de la vida que te hacen preguntarte qué demonios habías hecho para merecerlas.

Y que también siempre da miedo perderlas…

— ¿Edward…? —escuché que me llamaba la persona que tenía parcialmente encima de mi cuerpo.

— ¿Sí princesa? —le dije volteando mi rostro para dejar un beso en el tope de su cabeza.

— ¿En qué piensas? —dijo mirándome con sus grandes y curiosos ojos marrones. Toqué con delicadeza el contorno de su cara, maravillado por lo suave que era su piel y de cómo los rayos del sol que se filtraban por el traga luz del claro le daban una apariencia de porcelana.

—En lo afortunado que soy de tenerte y de que no sé qué rayos hice para merecerte —Bella rodó sus ojos y eso solo provocó mi risa.

—Ahí vas con lo mismo de nuevo —me dijo "molesta" y bueno, en parte la entiendo porque soy consciente de que nunca me canso de recordarle de lo afortunado que soy de que ella esté conmigo y que corresponda a mis sentimientos. Es curioso como las cosas dieron su giro porque me recuerdo perfectamente a mí mismo diciéndome que no estaría con ella hasta dentro de años porque aún no la merecía y que tal vez aunque consiguiera en cierto punto ser digno, no sabía si algún día ella correspondería a mis sentimientos.

Pero lo que yo no sabía era que mi princesa no estaría dispuesta a esperar por mí tantos años.

Flash Back

El cielo.

Ahí mismo me encontraba cuando Bella separó sus labios de los míos por la necesidad del estúpido aire. Ella descendió de la punta de sus pies pero nunca soltó mi rostro que lo tenía sostenido por sus dos manos. Yo, que aún tenía mis manos sobre su cintura, bajé mi cabeza hacia la de ella con una sonrisa de idiota que yo creo que apenas podía con ella, para descansar mi frente sobre la suya.

—Wooou —dijo ella con su respiración aún un poco errática.

—Woou es poco —le dije moviendo mi cabeza sobre la suya.

— ¿Edward? —me llamó con los dos aún en la misma posición.

— ¿Sí? —le pregunté ahora con un poco de miedo. La verdad es que no me había puesto a pensar en qué pasaría después de que la besara. ¿Solo querría tener su primer beso conmigo porque era su mejor amigo y confiaba en mí? ¿O tal vez era por algo más?

—Te quiero —volvió a repetir lo dicho antes del beso y al igual que la ocasión anterior, hizo que mi corazón latiera como loco.

—Yo también te quiero Bella —besé el tope de su cabeza.

—No Edward, mírame —. Tomó cada lado de mi rostro con sus dos pequeña manos y levantó su mirada, obligándome a mirarla directamente a los ojos—Yo no te quiero así… —. Con sus manos bajó mi cabeza hasta su altura y depositó un beso en el tope de ella como yo había hecho con la suya segundos atrás. A mí me confundió el gesto, pero lo que hizo a continuación aclaró sus intenciones.

—Yo te quiero así… —levantó ligeramente mi rostro y depositó un tierno –pero lleno de sentimiento– beso en mis labios.

— ¿En serio? —mi voz parecía la de una adolecente al que le habían dicho que su ídolo favorito venía a la ciudad.

—En serio —me dijo divertida por mi emoción y abrazándose fuertemente a mí. Dentro de mi emoción, lo único que se me ocurrió hacer fue separarla de mí para darle un profundo y lleno de agradecimiento beso al mismo tiempo que la levantaba del suelo para darle un par de vueltas en el aire por si aún no había quedado claro cuan contento me ponía lo que me estaba diciendo. ¡Ella me quería! Y no como su amigo.

—¡Gracias Bella! En serio no tienes una idea de lo feliz que me haces —le dije completamente en serio y mirándola a los ojos.

— ¿Entonces tengo que tomar tu reacción como una respuesta recíproca a mis sentimientos? —preguntó, yo creo que solo por preguntar, porque la respuesta parecía más que obvia por mi reacción.

—Claro que sí princesa, ¿qué clase de tonto podría no quererte? —le dije con una enorme sonrisa y depositando un casto beso en sus suaves labios.

—Yo siempre supe que terminaríamos juntos, Edward —me dijo con una dulce sonrisa en sus labios y acariciando con delicadeza mi cara.

—Yo también. Siempre te he querido Bella, desde que era apenas un chiquillo ya conseguías que mi corazón se acelerara con el simple hecho de verte sonrojar con tus dos enormes coletas castañas —le dije con sinceridad y feliz de poder decírselo sin miedo.

—Yo era la misma historia, desde pequeña mis sonrojos eran por aquel niño con los ojos del color de los dulces de limón.

— ¿Dulces de limón? —le dije divertido y ocasionando que ella también riera conmigo.

—¡Hey, a la edad de cinco años fue la mejor comparación que se me ocurrió! —. Verla así de contenta y en medio del claro de mi mamá me hizo querer ser mejor para ella, me hizo querer intentar con más fuerzas y casi con humor recordé el día que me había dicho a mí mismo.

"Yo seré un príncipe por ti…"

Y lo sería, sería el príncipe con el que Bella siempre había soñado desde pequeña y el que ella se merecía.

—Sí princesa, tenemos que estar juntos —le dije convencido, haciendo que su sonrisa se ensanchara. —Ahora no podemos, pero te prometo que mas delante lo estaremos, ya verás. Yo pondré todo de mi parte para algún día ser digo de ti y tal vez dentro de unos años cuando yo…

— ¡¿QUÉ? ¡Alto ahí Edward Masen! —. La expresión de la cara de Bella cambió drásticamente y dio un paso hacia atrás poniendo sus dos manos en jarra.

Estoy en problemas.

— ¿Qué es eso de que no podemos estar juntos ahora? ¿Cómo porque no? Y… ¡¿Qué es eso de que en unos años tal vez?

—Pues eso, simplemente lo obvio —le dije apuntándome a mí mismo y a mi modesta vestimenta, sintiendo la vergüenza de recordarme la gran diferencia que existía entre nosotros dos. — ¿Qué te puede ofrecer un pobre diablo como yo, Bella? Yo no tengo nada, absolutamente nada para darte —bajé con vergüenza mi rostro y con aún más humillación sentí una lágrima deslizarse por mi mejilla izquierda —Por favor, dame la oportunidad de ser mejor para ti, dame tiempo para ser digno de ti. No me pidas estar contigo cuando hay tanta diferencia entre los dos, no quiero que sientas vergüenza al decir que estás con alguien como yo. Quiero ser el príncipe con el que tú desde pequeña soñaste, no te mereces quedarte con el plebeyo del pueblo, solo… Solo dame tiempo y prometo ser y darte lo que te mereces —. El silencio reinó durante unos segundos. Nunca me atreví a subir mi mirada hacia ella y mantuve mis ojos en el suelo y en mis desgastados zapatos.

¿¡Por qué? ¡¿Por qué tuve que nacer pobre? ¿¡Por qué tuve que quedar huérfano siendo apenas un niño? ¡¿Por qué tienen que ser tan complicadas las cosas para mí?

Por primera vez en años le volví a reprochar a la vida todo aquello por lo que había pasado y ahora tenía que soportar.

A mí me valía un reverendo chachaguate el estúpido dinero, lo único que quiero es ser digno de ella. Y para eso aún me faltaba muuuucho…

No me di cuenta en qué momento había vuelto a quedar frente a mí, hasta que sentí sus pequeñas manos posarse con infinita ternura en mi rostro, obligándome a mirarla a los ojos que sorprendentemente estaban llenos de lágrimas sin derramar y algo parecido al dolor.

— ¿En serio tan poca cosa te consideras, Edward? ¿Tan poco crees que vales, mi príncipe? —dijo removiendo con igual ternura las dos lágrimas que habían conseguido escapar de mis ojos. —Te diré una frase que alguna vez leí uno de mis muchos cuentos de princesas, pero que realmente nunca comprendí hasta que te conocí —me dijo con una sonrisa triste en sus labios y dejándome expectante. —"Príncipe no es aquel que está lleno de riquezas, si no el que es puro de corazón y ama sin condición" —. Después de sus palabras, hizo que un extraño y reconfortante calor se instalara en mi pecho.

—Pero yo no tengo nada que darte… —susurré aún insistiendo en mi punto.

—Al contrario Edward, tienes lo que más quiero y de hecho seré la persona más egoísta del mundo al exigírtelo si tanto dices quererme. ¿Estarías dispuesto a darme eso que es lo que más quiero…? —. Con sus tiernos casi 15 años, su mirada nunca había sido más seria y madura en que en estos momentos, haciéndome estremecer ligeramente por su intensidad.

Entonces me preparé mentalmente para lo que ella me exigiría.

¿Qué querría? ¿Cuánto tendría que trabajar para poder dárselo? Porque se lo daría de eso no había duda.

—Dime qué quieres, no sé cómo lo haré, pero será tuyo —le dije con convicción.

Los ojos de mi niña-mujer llenos de intensidad me sorprendieron levantando una de sus manos para colocarla justo encima de mi pecho…

Justo donde se encontraba mi corazón.

—Yo solo te pido tu amor Edward…

Fin Flash Back.

Y cumplí mi palabra. Desde hace dos años, yo le había entregado por completo mi amor.

Al contrario de lo que pensé, el hecho de que Bella supiera mis intenciones y mis planes a futuro solo consiguió facilitarme las cosas, porque ahora ya no le ocultaba mis miedos ni inseguridades, teniendo siempre su apoyo incondicional en todo lo que hacía, hasta el punto de dejar de recriminarme el porqué estudiaba siempre de "más" y alentándome a continuar con el eterno recordatorio de que no importaba lo que pasara o si yo no alcanzaba lo que según yo sería "ideal" para nuestro futuro juntos.

Ella estaría a mi lado. Siempre.

—Ya falta media para las cinco —le dije ocasionando un puchero de su parte que solo hizo que no me aguantara las ganas de descender mi rostro hacia el de ella para devorar sus labios y ella me regresara gustosa el beso. Los labios de ella, al ser el majar más delicioso que jamás había probado, hicieron que inevitablemente mi lengua delineara su labio inferior pidiendo permiso para explorar su boca. Permiso que ella me concedió de inmediato, como siempre.

Al estar los dos acostados sobre el suave pasto del prado, realmente no me di cuenta en el momento en que Bella se me subió encima, quedando sentada a horcajadas sobre mí.

Yo solo sabía que ella me volvía loco.

Últimamente nuestra relación cada vez se volvía más intensa y eso no me hacía para nada las cosas fáciles. Yo la amo y la respeto mucho, pero también tengo que admitir que soy humano y siento… Y el hecho de que ella al parecer no me quiera poner límites sino que al contrario, pareciera quererme hacer morder la manzana. Esta vez lo consiguió.

Por primera vez en dos años de estar con ella, dejé que mi lado más humano y más sensitivo ganara sobre la razón. Mis manos se encontraban acariciando su espalda mientras las de ella se perdían en mi cabello, cruzando una línea que jamás habían cruzado antes.

Mis dos manos terminaron de descender hacia el trasero de Bella empujándola ligeramente contra mí, haciéndonos gemir bajito por el roce que esa acción había causado.

Juro que casi muero por el remolino de sensaciones que ese simple roce causó en mí, pero eso también me hizo reaccionar para quitar las manos de ahí y mirar espantado a Bella por lo que acababa de hacer.

Creo que esperaba ver sus ojos espantados, con miedo o incluso enojados y preparado mentalmente para una buena abofeteada, pero con lo único con lo que me encontré fueron con sus enormes ojos de cordero mirándome sorprendidos pero no de una forma negativa, además de tener sus mejillas completamente sonrojadas.

—Bella yo lo siento, no sé qué me pasó, en serio discul…

—Shhh… No te preocupes Edward. ¿Yo soy tu novia no? —me interrumpió aún sonrojada.

—Sí, pero eso no quiere decir que yo te falte el respeto o haga cosas que tú no quieras —le dije avergonzado por mi comportamiento y creo que incluso yo también estaba un poco sonrojado.

—No me faltaste al respeto, ya te dije que yo soy tu novia, solo que nunca me habías tocado así —dijo con sus mejillas cubriéndose de un rojo escarlata.

—Por eso te dijo que lo siento, perdón por haber…

—Edward, aún no terminó —me dijo interrumpiéndome de nuevo. —El hecho de que no me hubieras tocado así no significa que sea algo que yo no quiera, i-incluso fue algo que me gu-gustó… —dijo completamente apenada y poniéndose de un rojo que ni siquiera sabía que se podía poner. Como si fuera poco, volvió a frotarse voluntariamente contra mí justo como yo lo había hecho momentos atrás para dejar en claro sus palabras.

¡Alerta roja! Gritaron todos mis sentidos haciéndome parar de golpe y alejar de forma un poco brusca a Bella, haciéndola terminar sentada sobre el pasto.

— ¡Ya son veinte para las cinco! —grité como escusa y comenzado a acercarme a la salida del claro. —Me gustaría quedarme más tiempo contigo, pero sabes que tengo que estar allá a las cinco en punto —me acerqué dubitativo para ayudarla a parar –a ella y a sus confundidos ojos– para después dejar un rápido beso en su cabeza para poder salir corriendo por el camino de regreso, sabiendo que ella podría regresar por sí misma y gritándole un "Te amo" en el camino. Apenas alcancé a escuchar el "Igual" por la prisa con la que salí de ahí.

Crucé el portón de la casa de los Swan para poder llegar a mi destino, aún tirando de mis cabellos por lo que acabada de pasar. Nunca la había tocado así, nunca. Si soy sincero no es porque no quisiera, porque Dios sabe lo difícil que me resulta no sobrepasar líneas para las que Bella aún no está lista, pero ella con sus 17 años ya era una mujer hermosa y aunque a veces me den ganas de "exigir" un poco más, no sé hasta qué punto le estaría faltando el respeto y hasta qué punto ella me dejaría llegar a más porque ella así lo quiere. Porque estoy seguro de que Bella me ama tanto que sería capaz de permitirme más cosas de las que a ella realmente le gustarían que pasaran por el simple hecho de que me ama.

Mi pregunta es… ¿Qué tanto es por ella, qué tanto es por mí?

.

.

.

—Hola Sara —saludé a la recepcionista del hospital.

—Hola Edward, ¿cómo estás? —me dijo amablemente y entregándome un buen bonche de papeles que me tendrían perfectamente ocupado por dos horas que eran las que duraban mi servicio universitario. Porque sí, ¡Lo conseguí! Conseguí entrar a la universidad de Londres y este ya era mi segundo año en la carrera de medicina. Me sentí algo decepcionado cuando tuve que declinar mi carta de aceptación para Cambridge por cuestiones económicas; solamente pagar un semestre ahí hubiera sido suficiente como para que me endeudara por el resto de mi vida. De por sí casi todos mis ahorros se estaban yendo solamente en libros de medicina que estoy seguro que son los más caros que se necesitan para una carrera, sin contar ñis materiales que se me pedían en ocasiones, tener que pagar el transporte de la casa del los Swan a la universidad, también para llegar al hospital privado de Londres que era en el que actualmente daba mi servicio universitario.

Había conseguido la oportunidad de dar mi servicio en este hospital, que era sin dudar alguno el más caro de toda la ciudad porque mi promedio era el más alto entre mis compañeros y también gracias a las recomendaciones de mis maestros, porque aunque actualmente solo me tengan aquí para papeleos y atender cosas tan pequeñas como tomar la presión o curar raspones de los niños ricos que lo único que tal vez podrían necesitar es una bandita y punto, sé la clase de conexiones que me pueden traer un lugar como este. Yo tal vez sea pobre pero de tonto no tengo un pelo. Obviamente no tengo conocidos ni influencias en el mundo de la medicina así que si quería ser alguien importante en este mundo tan competitivo, tenía que ir haciéndome paso por mí mismo.

— ¿Edward? —levanté mi rostro de los papeles en los cuales tenían mi concentración cuando escuché la vos del doctor Eleazar llamarme.

— ¿Sí Doctor? —. Doctor… qué bonita se escuchaba esa palabra, el solo escucharla me hacía tener más fuerzas para algún día poder ser llamado así, lástima que la medicina fuera una carrera tan larga. Tal vez se preguntarán por qué escogí una de las carreras más largas que hay, pero de verdad es algo que me apasiona y supongo que también tiene mucho que ver el hecho de que mi mamá en alguna ocasión me contó que si mi papá hubiera tenido la oportunidad, hubiera estudiado medicina.

— ¿Me podrías hacer el favor de atender al señor que está allá dentro? Lo suyo no es nada grave, pero ahora mismo yo tengo una operación programada y sé que tú puedes hacerte cargo perfectamente de él —me dijo primero apuntando a su consultorio y después miró su reloj como haciendo referencia a la cirugía a la que tenía que llegar.

—Claro —dije parándome del pequeño escritorio que estaba a pocos metros de la puerta de su consultorio.

—Gracias, pero por favor trátalo bien, es de los importantes —. Cuando aquí decían "De los importantes" era sinónimo de "Es asquerosamente rico y si él pide que lama sus pies, mejor veles poniendo chocolate porque lo harás"

—La petición está de más —le dije con la verdad, pues yo trataba igual de bien a todos los pacientes.

—Lo sé y de nuevo gracias Edward —. Y sin más se volteó para dirigirse hacia donde estaba la sala de operaciones. Antes de entrar al consultorio, traté de mentalizarme para no rodar los ojos en cuanto viera la "urgencia" por la que este señor pagaría un ojo de la cara por algo que probablemente se alivie con una simple aspirina. Por obvias razones ya tengo conocimientos médicos por estos dos años que llevo en la carrera, pero si tomamos en cuenta que dura cinco años solamente medicina general, mis conocimientos aún eran muy pobres en comparación a los de un médico ya formado. Así que si soy "perfectamente capaz de hacerme cargo" siempre tendían a ser casos que me querían hacer rodar los ojos.

En serio, ¿por qué algunos ricos son tan chillones?

—Buenas tardes, ahora el Doctor Eleazar tuvo que atender una cirugía y me ha pedido que sea yo el que lo atienda —dije entrado y volteándome para cerrar la puerta, pero una voz familiar me hizo poner mi mirada de nuevo en el paciente.

— ¿Edward…?

— ¿Señor Cullen? —dije sorprendido al ver a Carlisle Cullen en la mesa exploraciones y con lo que parecía ser una pierna lastimada por la posición en la que la tenía descansando horizontalmente sobre la mesa mientras la otra colgaba en el aire.

—Qué sorpresa encontrarte por aquí muchacho —me dijo con el tono cortés con el que siempre me había hablado en las pocas oportunidades que había tenido que hablar con él. El señor y su esposa son de esa clase de personas que definitivamente clasifican como "personas que valen la pena". Estoy seguro que son el doble de ricos que el señor Swan, pero aún así son el tripe de humildes que él. No es que yo me lleve mucho con ellos ni mucho menos, pero aún puedo recordar perfectamente la primera vez que crucé palabra con ellos a la edad de 11 años.

Flash Back

Yo me encontraba regando la enorme sección del área verde del jardín como lo hacía cada tres día, hasta que escuché la voz del señor Swan acercarse, lo cual hizo pegar un brinco a Bella que se encontraba a pocos metros de mí para evitar que pisar el pasto mojado que yo iba regando. Estaba ahí parada para darme una explicación del porqué se había caído esta vez mientras estaba en su receso en la escuela y de cómo no debía preocuparme de más por lo que estaba haciendo.

Los dos nos miramos con los ojos ensanchados en una muda expresión de pánico sin tener realmente escapatoria porque prácticamente estábamos justo en medio del jardín e intentar huir a su casa o a cualquier otro lado sería inútil porque la verían correr hacia cualquiera de las dos opciones que eligiera. Así que ella solo corrió unos cuantos metros más y se dejó caer rápidamente en el suelo, abriendo el libro que casi siempre solía traer cuando me acompañaba por las tardes porque a veces solo optaba por brindarme su compañía mientras yo hacía mis quehaceres. Procuré quedarme quieto y solo seguir regando como si los estuviéramos en dos mundos completamente diferente.

—Y como ves Carlisle, este sería un gran momento para consolidar una alianza como la que te propongo, los beneficios para ambas partes son obvias —. Por mi vista periférica vi al señor Swan venir caminando como si estuviese dando un paseo con los que ya había visto desde lo lejos en algunas ocasiones en la casa, y por las propias palabras de Bella eran los papás de Alice.

—Isabella, ¿qué haces aquí a estas horas y con este? —se escuchó la dura voz del señor Swan hablarle a Bella. Yo traté de ignorarlo lo más que pude y continúe regando el pasto de espaldas a ellos.

—Nada, solo estoy leyendo un libro y no es tan tarde, son apenas las cinco algo de la tarde —dijo ella con naturalidad. Por lo regular, ella ya sabía que como a eso de las siete se tenía que ir, lo cual ocasionó que esa vez fuéramos encontrados juntos, pero realmente ninguno de los dos nos esperábamos a su papá tan temprano y aunque él se encontrara ahí, no era para nada frecuente que el señor Swan saliera para el jardín.

—No me interesa. ¿No ves que el criado está regando el pasto? —. Apreté los dientes por el sobrenombre, pero conseguí continuar con lo que estaba haciendo, solo escuchando su plática desde algo a lo lejos. Se escuchó como que Bella iba a volver a hablar pero fue cortada por otra voz femenina.

— ¿Criado…? ¿Pues cuántos años tiene ese niño? —dijo la señora Cullen o al menos supuse que sería ella la que estaba hablando porque fue la única otra mujer vi venir con ellos.

—Ya está grande el muchacho, se ve con un poco menos de edad pero ya tiene los once años —habló el señor Swan con desagrado.

— ¡Once años! —se escuchó la voz escandalizada de la mujer.

—Amor… Cálmate…

— ¡Nada de cálmate Carlisle! Ese niño debería ir a la escuela en lugar de estar trabajando. Yo sé que estamos en su casa Charlie, pero me va tener que disculpar y escucharme. No me parece la manera más educada de dirigirse a las personas que se ocupan del mantenimiento de un hogar llamándolos "criados" —. No podía ver la expresión ni movimientos de la señora, pero por su tono de voz no se escuchaba muy contenta.

—Emmm bueno, el chico sí trabaja aquí pero también va a la escuela. Esta clase de trabajos solo los hace por la tarde —. Creo que era de la pocas veces –si no la única vez– que había escuchado al señor Swan algo nervioso y no me sorprende tanto porque Bella, a pesar de tener nueve años en ese entonces, era una niña muy viva y me había platicado que su papá parecía siempre querer quedar y caer bien con los señores Cullen por alguna clase de trato que quería que cerraran entre ellos.

—Aún así me parce muy pequeño para hacer esa clase de trabajos —dijo sin vacilar la señora. Si supiera que desde los siete trabajo… —Es más, ¿quién tiene la custodia de ese chico? ¿Los padres del niño están de acuerdo con que le trabaje y estudie a la vez? —. En la voz de la mujer aún se escuchaba el tono indignado, a pesar de la explicación del señor Swan.

—Esme por favor… —trató de nuevo el señor Cullen.

—Emmm, una de las que ayudan en esta casa tiene su custodia, el chico es huérfano.

— ¿Quién le dejó la custodia? —. Parecía que la señora Cullen aún no estaba muy conforme con las respuestas que recibía.

—Fue la ma-madre del chico, antes de que ella… Antes de que ella muriera se lo dejó a cargo de Leah —dijo bajando considerablemente la voz al nombrar o por lo menos referirse a mi mamá.

—Esme, por favor cariño, estamos de visita y no queremos incomodar a nuestro anfitrión —. Yo, al no estar de frente a ellos, supuse que la expresión del Señor de Swan sonó igual que su voz; apagada y con un nudo. Siempre era lo mismo cuando se hablaba o alguien insinuaba algo relacionado con mi mamá.

— ¿Y el padre? —preguntó la señora, haciendo que se escuchara un bufido por parte del señor Cullen.

—Él murió antes de siquiera conocer al chico —dijo con sus dientes apretados y haciéndome apretar los míos de paso. Era bastante frustrante escuchar como tres personas discutían tu vida sin poder hacer nada y aparte escuchar un tema tan delicado como lo era mi padre para mí.

—Muy bien, ya fue sufriente —. Ahora sí se escuchó el cambio de súplica a firmeza en el señor Cullen.

Pero al parecer la señora lo ignoró igual.

— ¿Cuál es su nombre?

— ¿Eso qué importa? Les dijo que solo es alguien que por vueltas de la vida terminó trabajando en mi casa para poder tener en donde vivir —dijo el señor Swan como para tratar de dar cerrado por completo el tema.

—Su nombre es Edward —por fin se escuchó la voz de mi Bella.

—Tú no te metas señorita, que aún no me has contestado qué haces aquí —volvió el tono molesto a la voz del señor Swan.

—Bella está leyendo un libro en el jardín de su casa con Edward, que lo único que está haciendo es su trabajo y yo no le veo nada de malo a eso —dijo ella con voz convencida y ya sin siquiera escuchar la réplica de su esposo. Creo que se dio por vencido.

—No, supongo que no —dijo con la voz más forzada que jamás había escuchado.

—Bien, eso creí —dijo con suficiencia la señora Cullen. —Ahora… ¿Edward? —me tensé en el momento que escuché que me llamaba.

— ¿Qué no escuchas que te habla o también a parte de no hablar mucho eres sordo? —me dijo mordazmente el señor Swan cuando ya había pasado tiempo desde que escuché que me llamaban y yo no lograba moverme de mi lugar para darles la cara.

—No hay necesidad de agredir —dijo la señora, reprobando la forma en la que me habló el señor Swan. —¿Edward…? —dulcificó su tono al hablarme de nuevo.

Yo, haciendo acopio de todo mi valor, me giré lentamente hacia esos dos desconocidos que ya se sabían la mitad de mi vida gracias a la cortesía del señor Swan.

—Wooow, vaya que es un chico apuesto —alabó sorprendida la Señora Cullen una vez estuve frente a ellos, haciéndome sentir aún más cohibido por la forma, fascinación e incluso creo… ¿Dulzura? con la que me observaba.

—Acércate cariño que no muerdo, por favor déjame ver esos ojos —me tendió su mano para que me acercara. Antes de hacerlo, miré por mi vista periférica a mi princesa que veía la escena entre sorprendida y preocupada, al mismo que mordía su labio inferior. Cuando vi que ella lentamente asentía con su cabella, decidí comenzar a caminar en su dirección dejando en el pasto la manguera y cerrándola por la perilla. Cuando ya estaba casi en frente de ellos, escuché como la señora Cullen tomaba un profundo suspiro que parecía ser de admiración. — ¿Habías vistos alguna vez unos ojos más verdes que los suyos? —le dijo a su esposo sin nunca despegar su mirada de mí.

Los tres se encontraban en hilera horizontal con la señora Esme y cuando estuve justo enfrente de ellos, ella tenía esa cara de fascinación que pareció aumentar en cuanto me tuvo en frente de ella.

—No, la verdad es que no, tienen un color muy particular —dijo el señor Cullen, también estudiando detenidamente mi rostro.

— ¿Puedo…? —preguntó la señora al mismo tiempo que estiraba su mano hacia mi rostro y por alguna razón no sentí miedo, así que sin dudar asentí con mi cabeza para darle el permiso de tocarme. Ella con delicadeza tomó mi rostro por la barbilla y con el mismo cuidado lo elevó hacia arriba para poder observarme mejor.

—Son realmente preciosos, son de un verde intenso pero ahora que los veo con la luz del sol parecieran tener destellos de azul e incluso gris —. Ella y el señor Cullen parecían que habían entrado en una clase de trance al ver mis ojos y yo solo pude ver como una mueca desagrado y de dolor se formaba en la cara del señor Swan.—Y dime Edward ¿Quién te dio este regalo tan hermoso? —Dijo refiriéndose claramente a mis ojos.

—Mi madre —dije simplemente y sin mostrar muchos sentimientos en mi voz. El señor Swan pareciera que no pudo continuar mirándome porque con una mueca que ahora sí era claramente de dolor, se volteó dando me la espalda y llevando su mano derecha hacia su frente mientras la izquierda la apoyaba en su cintura. Los señores Cullen parecieron no tomarle mucha importancia pues aún seguían mirándome. Pero al ver la mueca del señor Swan, retiré lo más "respetuosamente" posible mi rostro de la mano de la señora Cullen haciéndome sentir extraño, incluso como si lo extrañara, pues su toque me había resultado agradable, reconfortante, algo parecido a lo que sentía cuando mi Bella me tomaba de la mano o por alguna razón me tocaba. Aunque el sentimiento fue diferente, un sentimiento que me hizo sentir triste al poder destituir exactamente con quien lo había experimentado.

Con mi mamá.

Después de eso y al parecer muy al pesar de Esme, se despidió alabando de nuevo mi belleza, volviendo a decir que en su vida había visto unos ojos tan bellos como los míos y que debía de agradecerle a mi mamá por haber sido tan generosa y compartir conmigo semejante regalo. Cosa con la que yo respondí con un asentimiento y una sonrisa sincera.

Carlisle que me había pedido que me refiriera a él por su nombre al igual que su esposa, me dijo que era un chico valiente y que me admiraba por la forma en la que estaba saliendo adelante a pesar de las piedras con las que ya me había tropezado a tan temprana edad y que nunca perdiera esa fuerza que despedían mis ojos más allá de su belleza. Me dio un pequeño apretón de manos que yo respondí en ese entonces con mi mano que se veía pequeña en comparación con la de él y que me hizo experimentar un afecto que nunca antes había experimentado.

Un afecto paternal.

El único mal sabor de boca que me dejó ese recuerdo fue lo que vino después…

Esme y Carlisle se retiraron diciendo que esperaban verme pronto alguna vez y yéndose de paso con el Señor Swan que parecía tener su mirada algo perdida, pero a pesar de eso, su voz sonó lo suficientemente firme como para indicarle a Bella que tomara sus cosas y se fuera con ellos. Dejándome solo y pensativo en el jardín.

Lo realmente malo sobre ese día vino en realidad en la noche.

Yo me encontraba en mi cuarto sentado sobre mi cama simplemente pensando y procesando lo que acababa de pasar esa tarde, tratando de reflexionar y recordar lo agradable de la sensación del toque de Esme o el nunca experimentado sentimiento paternal que Carlisle me transmitió. Si bien era cierto que mi mamá le dejó mi custodia a Leah y Sam, siempre habían procurado estar ahí para mí. Les tenía cariño, mas nunca había sentido algo semejante a lo que sentí con ellos. Nadie me había mirado a los ojos con tanta dulzura –como algún día lo hizo mi mamá– hasta que lo hizo Esme, o nunca nadie me había dicho que creía que era valiente y que luchara por lo quería, como lo había hecho Carlisle.

Se sintió correcto.

Se sintió real.

— ¡Dónde está ese maldito mocoso! —se escuchó la voz furiosa y algo ¿aturdida? voz del señor Swan resonar en la pequeña casa de servicio.

—Señor Swan cálmese, usted está notablemente alcoholizado en este momento y no creo que sea la forma en la que se deba buscar a un niño —escuché que rogaba la voz de Leah por la escaleras que, a juzgar por las fuertes pisadas, las subía con prisa y furia el Señor Swan.

— ¡Esta también es mi maldita casa y hago en ella lo que se me venga en gana, tú no eres nadie para mandarme mugrosa criada! —. Su voz ya se escuchaba justamente fuera de mi cuarto. — ¡Así que quítate de mi camino y déjame ver a ese pequeño hijo de puta!

— ¡No! —fue lo único que escuché decir a Leah antes de que se escuchara como si fuera empujada. A los pocos segundos se abrió de golpe mi puerta haciéndome pegar un brinco en mi lugar, para al poco tiempo encogerme en el mismo por la furia que había en los ojos del señor Swan. Azotó la puerta para cerrarla con seguro con la misma fuerza con la que había interrumpido en mi cuarto.

— ¡Tú! —dijo apuntándome con el dedo y sin mantenerse completamente estable en su lugar por lo ebrio que se encontraba —Sí tú, pequeño hijo de puta —dijo con una risa amarga. —Porque eso eres, tu madre era una pequeña zorra, una estúpida zorra a la que no le importó enamorarme como un jodido idiota con sus enormes y brillantes ojos verdes desde que éramos apenas unos niños, para después olvidarse jodiéndome el corazón y la vida por ese mugroso jardinero que no tenía ni en dónde caerse muerto —. Yo, al ser en ese entonces un niño, sentí coraje al escucharlo pero dentro de mi mismo miedo solo me quedé quieto y temblando en mi lugar al no saber cómo reaccionaría. Me encogí aún más en mi lugar cuando de la nada soltó una risotada que realmente no sabría decir si era risa o llanto — ¿Qué graciosos no? Toda mi maldita vida, desde que era un niño, me enseñaron que una persona valía por la cantidad en su cuenta bancaria, que lo que realmente importaba era lo material y que con eso podrías tener a toda la gente que quisieras a tú alrededor, podrías tener al amigo que tú quisieras, que podría tener a la mujer que yo quisiera… —terminó recargándose en la puesta para después dejarse deslizar lentamente hasta caer al suelo e ignorando los gritos de Leah que le suplicaba que abriera la puerta. Supongo que solo se escuchó en ese momento su voz porque ese día precisamente resultó ser miércoles y Sam con Quil tenían por costumbre salir a jugar o tomar alguna cerveza. — ¿Pero sabes? —miró hacia el techo y vi como una lágrima se resbalaba por la comisura izquierda de su ojo antes de volver a soltar una risotada amarga. —NUNCA, nunca la pude tener a ella ¡Nunca! Lo tenía tooodooo —hizo un movimiento circular algo torpe, para referirse a todo en el aire con su mano. —Dinero, casas, coches y todo aquello que se necesita para tener a "cualquier" mujer —volvió a hacer una pausa mientras se reía, aunque ahora creo saber que era simplemente para contener el llanto. —Y ella… ella lo prefirió a él, a él que no tenía NADA, pero aún así él se llevó su corazón. No tenía nada que ofrecerle, era un pobre diablo muerto de hambre, un simple jardinero, pero como lo envidiaba al muy cabrón. Yo tenía dinero, yo tenía casas, yo tenía coches… —hizo otra pausa, pero esta vez despejó su mirada del techo y miró hacia la nada con lágrimas en los ojos antes de hablar. —Pero él tenía lo único que yo quería, lo único que desde pequeño me importó, él la tenía a ella… él tenía a mi Elizabeth…

Yo en ese momento no sabía qué hacer, no sabía si debía intentar salir de ahí, no sabía si debía quedarme quieto y esperar a que él solo se fuera.

Después de que el siguiera con su mirada perdida en algún punto del cuarto y con los ojos aún llenos de lágrimas sin derramar, decidí tratar de bajar de la cama pero apenas me moví, él comenzó a hablar de nuevo.

—No, no te muevas de tu lugar que aún no termino. Permíteme contarte la parte más patética de esta historia —dijo con "humor". —Ella me dejó por él, ella se casó con él sin importarle cuánto le rogara que no lo hiciera, ella me rechazó más de lo que alguien que se quiera llamar a sí mismo "hombre" debería de admitir que rogó, incluso cuando tu padre murió y supe que tu madre estaba embarazada —apretó sus puños. —Aún cuando supe que llevaba un hijo de él en su vientre, fui corriendo como el idiota enamorado que era y me tragué por milésima vez mi orgullo e incluso me ofrecí a casarme con ella, me ofrecí a reconocer a ese hijo como mío, estuve dispuesto a olvidar y cuidar de ella con la única condición de que ella aceptara ser mi esposa —. En ese momento no comprendí la magnitud de sus palabras, yo lo único que sabía era que estaba asustado, pero ahora que soy más grande, puedo decir sin vacilar que no he visto en mi vida entera una mirada más triste que la de ese hombre en ese momento.

Triste y vacío.

—Y para variar ella me rechazó… —. Su voz sonó abatida y de nuevo dejó caer su cabeza en la puerta para cerrar sus ojos por un momento. — ¿Sabes? Las pocas veces que te he visto con mi hija he visto como la miras —. Seguía con sus ojos cerrados mientras hablaba. —Tienes esa misma cara de idiota que yo tenía cuando veía a tu madre, me recuerda a como yo la miraba cuando éramos niños, así que ahora ya sabes en parte por que los alejo. Para empezar tú eres un muerto de hambre al igual que tu padre y no te mereces a alguien como mi hija, y en segunda deberías de darme las gracias. Todas las mujeres son unas malditas a las que no les importa jugar con los sentimientos de los hombres. Sigue así y mi hija te hará pedacitos igual de fácil como tu madre lo hizo conmigo, aunque… Ahora que lo pienso no sería tan mal idea —dijo riéndose y sin abrir en ningún momento sus ojos.

Y hubiera deseado que no los hubiera abierto nunca.

Solo fueron unos segundos más lo que duró con su cabeza alzada y con sus ojos cerrados porque después como un simple gesto cualquiera, dejó caer su cabeza hacia el lado izquierdo abriendo ligeramente sus ojos. Hacia el lado que él volteó, se encontraba para mi mala suerte mi buro en donde yo tenía siempre la imagen de mi mamá con una rosa roja que eran las que más le gustaban, como una forma de mini altar y de recordarla.

Todo fue muy rápido.

Fueron a lo mucho 3 segundos los que le tomaron el estar de pie al señor Swan y en enseguida estuvo enfrente de la imagen de mi mamá, que tiró con rabia y sin contemplaciones al suelo junto con la rosa.

— ¡¿Qué te dije de las rosas? ¡Cuando las mandé a quitar todas del jardín dejé en claro que no las quería volver a ver! —dijo mientras pisaba y machacaba la rosa con furia en el suelo. —¡¿De dónde la sacaste? —me gritó al mismo tiempo que me empujaba con fuerza fuera de mi cama en donde yo había mantenido mi posición, haciéndome caer fuertemente al piso. Yo lo miré asustado desde el suelo y sin poder moverme del miedo que me embargó en ese momento. Se acercó de nuevo a mí tomándome por las esquinas de mi playera, para levantarme con fuerza bruta del piso y volver a exigir una respuesta.

— ¡Contesta! ¡¿De dónde la has sacado? —me zarandeó con fuerza y yo dentro de mi pánico perdí mi voz y cerré mis ojos fuertemente como una forma de "protección". Pero al poco tiempo de no contestar, lo siguiente que sentí fue un fuerte golpe en mi cara que me hizo regresar al piso y chillar del dolor que sentía en mi parte superior derecha de mi cabeza. Llevé mi mano a mi ceja que era en donde sentía el dolor punzar y comprobé que había sangre en ella. — ¡Maldito chico del demonio! ¡Qué me contestes con una mierda! —. Ni siquiera tuve tiempo de seguir preocupado por el dolor que el golpe me había propinado, porque casi de inmediato me volvió a tomar por las esquinas de mi camisa y elevarme del suelo para encararlo. Lo más inteligente en ese momento hubiera sido contestar con lo que fuera, pero no quedarse callado por completo. Lo único malo es que en verdad el miedo y pánico era lo que sentía impidiéndome hablar. Al no contestar, escuché un bufido por parte del señor Swan haciéndome suponer que otro golpe vendría, así que esta vez fui capaz de encontrar mi voz para rogar él que no me golpeara otra vez.

— ¡No! Por favor espere, ya no me golpee otra vez —conseguí decir al mismo tiempo que también abría mis ojos. Al abrirlos, me pude dar cuenta que estábamos muy cerca el uno del otro y verlo a los ojos me causó una sensación desagradable al darme cuenta que sus ojos eran exactamente igual a los de Bella, pero translimitan cosas completamente diferentes a los de ella. No sé qué vio él en los míos, pero los miró detenidamente antes de hacer exactamente la misma mueca de desagrado y dolor que hizo en el jardín al observarlos y me dejó caer al suelo con cara abatida y sin golpearme ya.

—Exactamente iguales —susurró dándome la espalda y respirando erráticamente. —Sus ojos, todo a excepción de ese cabello alborotado es ella de nuevo…

Lo último que escuché fue un sollozo salir desde lo más profundo de él antes de salir como alma que llevaba el diablo de mi cuarto y dejando entrar a una llorosa Leah que había escuchado cada una de las palabras dichas y nunca dejó de suplicar que se le diera la entrada a ese cuarto en el que a la edad e once años puede comprender prácticamente en su totalidad porque el odio del Señor Swan hacia mí…

Fin Flashback

— ¿Edward?

—Ah sí, perdoné señor Cullen, me distraje por un momento —dije regresando de nuevo a mi realidad, tratando de sacar de mi cabeza la –a veces presente– expresión de dolor y vacío que vi en aquella ocasión en los ojos del Señor Swan.

Lo odié, lo odié, como pocas veces lo había hecho ese día, el solo recordar cómo había llamado a mi mamá insultando su memoria y de paso la de mi papá que si bien nunca conocí, le tenía cariño por el simple hecho de haber sido mi padre.

Pero también de la misma forma en la que lo odié, lo pude comprender.

Tal vez se puede pensar que estoy loco por decir que ahora en parte lo comprendo e incluso sentí compasión de él en cierto punto de su discurso que me dio ese día, ¿pero es que como no hacerlo si en cierto momento me sentí identificado con él? Él habló de un amor que nació en él siendo apenas un niño, que lo único que hizo fue crecer conforme pasaba el tiempo en lugar de disminuir, haciéndolo cometer estupidez tras estupidez. No es que yo me haya sentido identificado en el sentido de no ser correspondido porque gracias a Dios lo era, pero el simple hecho de pensar que en algún momento, alguien o algo alejara a mi Bella de mí…

Yo creo que sería igual que él o incluso peor…

— ¿Por un momento? Yo más bien diría que por un buen rato, estuve a punto de mejor llamar a un médico para ti —bromeó desde la mesa de observaciones.

—De nuevo una disculpa Señor Cull… Carlisle —me auto corregí cuando lo vi alzar su ceja al escucharme llamarlo "Señor Cullen".

—Así está mejor, y dime… ¿Qué haces aquí, por fin ya eres el gran medico que desde pequeño siempre quisiste ser? —me preguntó con tono amable pero al mismo tiempo sabiendo que sus palabras no podían ser ciertas, pues era imposible que yo a mis 19 años hubiera terminado la carrera de medicina.

—No, qué más quisiera yo que fuera así, pero por ahora soy solo un ayudante aquí —dije acercándome por completo a la cama de exploraciones y confirmando que su pierna estaba lastimada al ver un muy improvisado vendaje en ella.

— ¿Pero sigues estudiando cierto? —me preguntó ahora más serio.

—Claro que sí, una vez le prometí que algún día terminaría con mi carrera y lo pienso cumplir —dije alejándome de la mesa de exploraciones solo unos pasos hacia la vitrina, en la que yo sabía que estaban las gasas y las cosas de curación que suponía iba que tener que utilizar.

—Oh sí, recuerdo bien ese día, fue el mismo en el que te negaste a recibir cualquier ayuda que yo o Esme te pudiéramos dar —bromeó y bufo al mismo tiempo.

—Exacto, ese día.

— ¿Y en qué ayudas aquí? —me dijo una vez estuve de nuevo frente a él con las cosas que necesitaría.

— ¿Me podría decir usted primero cómo fue que se hizo esto? —le dije al levantar el como ya dije muy improvisado y mal puesto vendaje. No es que fuera una herida grave como bien me había dicho el doctor Eleazar, pues solo tenía algunos raspones y una herida mayor que tal vez necesitarían unos dos o tres puntos.

—Neee, nada importante. Si estoy aquí es realmente por Esme y su "se te van a salir las tripas por ahí" —volvió a bromear. ¿En serio este hombre siempre podía estar de buen humor? —Pero más en serio fue en una de las construcciones. Iba revisando unos planos y no me fijé en una zanja que habían hecho para uno de los cimientos, cayendo sin querer en ella —. Eso fue fácil de creer pues los Cullen eran dueños de la constructora más importante de los Estados Unidos y habían venido desde hace unos años a Europa para expandirse teniendo a Inglaterra como país residente.

—Pues le tengo buenas noticias, no se le saldrán las tripas por ahí, pero igual fue bueno que viniera porque la herida más profunda sí necesita algunas puntadas —bromeé ahora yo, poniendo un banco en frente de la mesa de exploraciones para comenzar la curación. Anestesié el área en donde pondría los puntos y después me puse a trabajar en su colocación.

—Bien, ahora que aclaramos que mi vida no corre peligro, ¿me podrías decir ahora exactamente qué haces aquí?

—Pues ahora estoy cruzando el segundo año de medicina y en la universidad se me pide un servicio universitario así que aquí se me permite darlo, llenado uno que otro papeleo o atendiendo casos menores —me encogí de hombros.

—Eso es buena señal, si estás aquí tienes que ser buen estudiante —me felicitó mientras yo seguía haciendo mi trabajo.

—Supongo. Levante un poco su pierna por favor —dije para poder poner correctamente el vendaje.

—Uggghh yo no sé cómo te puede gustar esto; ver enfermos, heridas, sangre y señores quejones todo el día —dijo refiriéndose a sí mismo y haciéndome reír a mí.

—No lo sé, es algo que desde pequeño me ha gustado —respondí sinceramente y sabiendo más o menos por donde quería ir Carlisle.

— ¿Sabes? La arquitectura es una carrera igual o incluso me atrevería a decir más apasionante que la medicina.

—Puede que lo sea para usted, pero para mí lo es la medicina. Además ya es muy tarde para cambiar de carrera.

—Nunca es tarde Edward, la carrera de medicina es tan larga que sería casi lo mismo o incluso en menos tiempo el terminar la carrera en arquitectura —dijo tomando mi hombro y con brillo en sus ojos, el mismo brillo con el que me hablaba sobre aquella carrera desde que era niño. Brillo que yo siempre desde pequeño apagaba.

—No, yo quiero medicina, es serio gracias por lo que intentas hacer Carlisle, sé que te gustaría que estudiara esa carrera para que tú me pudieras ayudar de alguna manera o incluso ofrecerme un trabajo más a delante como muchas veces me lo has dicho y créame que lo aceptaría si todas esas conexiones, oportunidades de trabajo y demás que usted me ofrece fueran relacionadas con la medicina, pero desafortunadamente no es así —le dije desanimándolo y desanimándome a mí también pues sabía que si estudiara esa carrera, mis expectativas serían mucho más fáciles de alcanzar gracias a la ayuda que Carlisle y Esme me han venido ofreciendo desde las pocas veces que han hablando conmigo desde que era más pequeño, pero desafortunadamente el estudiar medicina era algo que yo reamente quería tanto personalmente, como por el hecho de que mi papá nunca pudo ser médico al no tener la oportunidad.

Después de eso, un incómodo silencio cayó entre nosotros mientras yo terminaba la curación y aseguraba bien el vendaje.

—Bueno, el vendaje ya está listo y la herida no fue nada realmente grave así que saque cita con la recepcionista a la hora que le cobren para que pueda regresar a que le quiten esos puntos—le dije parándome de mi lugar y haciéndome a un lado para que él se pudiera parar con mi ayuda y con unas muletas que le pasé para que pudiera tener como recargarse, por lo menos en lo que se pasaba el efecto del sedante en su pierna.

—Muchas gracias muchacho, estoy seguro de que algún día serás un gran médico —me dijo sinceramente y dándome una ligera palmadita en el hombro. Parecía que se iba a voltear para retirarse, pero se quedó pensativo por unos segundos y con algo de trabajo por las muletas, sacó su cartera del bolsillo trasero de su pantalón y observé como tomaba una pequeña tarjetita que se veía elegante y en tonos azules.

—Toma —me extendió la tarjetita haciéndomela coger con el ceño fruncido pues no sabía qué podía ser.

"Dr. En arquitectura Carlisle Cullen"

Decía la tarjetita que me había tendido Carlisle, conteniendo en ella todos sus datos y otros más de sus empresas.

—Esto es por si alguna vez cambian de opinión, solo tienes que marcar y sabes que contarás con todo nuestro apoyo; desde el pago de una nueva universidad, es más si tú quisieras la mejor escuela de arquitectura en el país o en el que te plazca, hasta un trabajo asegurado una vez terminaras tu carrera.

—Carlisle, yo nunca…—tomó por la muñeca interrumpiendo a mi mano que yo planeaba estirar para regresarle su tarjeta.

Nunca digas nunca Edward, porque uno nunca sabe los giros, sorpresas o planes que tiene la vida tiene para nosotros…


Ojala les haya gustado :) Y CLARO que leo todos sus comentarios y cada uno de ellos me hace muy feliz, mil gracias por su apoyo :)

MILY TELLO: Gracias por preocuparte nena pero estoy bien (algo loca pero bien XD) y sobre mi historia de "El mejor amigo de mi papá" no la saque por voluntad propia, cuando fue todo esto de que estuvieron borrando varios fics el mío fue uno de ellos :/ y aun estoy en veré de que haré con él. Lo más probable es que lo termine y suba a FF prácticamente de un tirón con diferente nombre una vez esté terminado.

CHICAS SI QUIEREN PERMISO PARA PUBLICAR ALGUNA DE MIS HISTORIAS EN OTRO LUGAR NO TENGO PROBLEMA. PERO PIDAN PERMISO.

Pao Campos: Tienes mi permiso solo etiquétame cuando lo publiques y esta de mas decirte que digas que la historia es mía :P no te había podido contestar porque el permiso lo pediste por review anónimo. (lo de pedir permiso no lo pongo por ti lo que pasa es que una chica comenzó a publicar mi otro fic sin mi permiso)

Por cierto si quieren una canción que defina bien esta historia solo escuchén "Love story" de Taylor Swift le queda como anillo al dedo.

Bueno… Nos vemos en el próximo y mi príncipe les deja una rosa roja a cada una de ustedes :D