Ahi esta el capitulo un poco mas grande como lo prometi. Si tengo por ahi alguna falla, haganmela saber, porque lo escribi un poquito a la carrera.
OF CITY TO VILLAGE
(Edward)
[Soundtrack: Grace Nelly-Miko]
Seguía el ágil paso de mis hermanos o por lo menos lo intentaba. Debería sentirme poca cosa a lado de sus perfectas siluetas, pero que mas daba ya estaba acostumbrado, no todo es perfección, aunque con ellos, esa frase era una papanada.
A veces me preguntaba de que nube los fueron a sacar, y a mi como bien lo e sabido siempre fui excomulgado de este, para remeterme en las llamas. Eso, o fui lo ultimo que encontraron en ofertas.
Yo amaba ser el centro de atención cuando se trataba de mí. Pero esta vez los barboteos no solo se trataban de mi, si no que en si la mayoría halagaban y galanteaban a mis hermanas, saliendo a relucir la alucinante belleza de Bella. Y eso yo no lo podía negar, Bella destacaba entre todos, ya era mucho decir a lado de Rosalie, quien no dejaba de regodearse ella misma.
Bella tenía una belleza inhumanamente anormal, natural. Su rostro en forma de corazón, pálido incluso aun más blanco tanto como la cal. Era adornado sutilmente por inescrutable cabello color marrón rojizo, formando por ambos lados una cortina, cual quiera diría que desearía pasar por desapercibida. Y a pesar de que sus ojos eran del mismo color ámbar como el de mis otros hermanos, los de ella tenían brillo mas notable, iba mas del ámbar, al dorado. Tenia dos bolsas violáceas bajo sus ojos, cosa que no le afectaban en lo mas mínimo. Incluso en ella, se veían realmente bien.
¡Bah! Renegué mentalmente, seria difícil que la ignoraran.
Deje caer mi plato de un asoton sobre la mesa, arrastre la silla y me senté aun lado de Bella.
Cada uno tenía su merienda frente a ellos, con pequeñas porciones de comida, pero solo tomaban pequeños sorbos de su vaso de agua simple.
¿Problema alimenticio?, que va si estaban mas que sanos.
— ¿No piensan comer, algo mas que tomar agua? ¿Oh ya cenaron y no me di cuenta?— inquirí secamente, solo Bella me respondió.
—Come, Edward. Se te va enfriar— respondió, desviando su mirada
—Bien, ya me acostumbre— espete llevándome un pedazo de carne a la boca.
Bella suspiro a mi lado, tomo su tenedor y cuchillo. Partió un trocito de carne, vacilo un poco antes de llevárselo a la boca. No sin antes hacer un gesto de asco, como cuando me hacían comer mis verduras.
Después los demás siguieron su ejemplo, y como poniéndose de acuerdo, dibujaron la misma mueca de repugnancia.
— ¡Iag!— rezongo Rosalie, separe mi mirada del plato, para verla, rápidamente desvió sus ojos, ya era de saber que yo no soy de su agrado, ¿Por qué?, bueno nadie me lo a dicho, pero posiblemente soy un intruso, porque en realidad soy eso.
Y que mejor que despreciar lo que yo e hecho. Si, bueno una de las otras cosas diferentes, es que de todos soy el único que sabe cocinar, más bien tuve que aprender, ya que de tanta comida al carbón de Alice, comenzaba a perder mi sentido gustativo.
¡Oh ellos eran muy ingenuos o yo lo suficiente estupido para no darme cuenta de que sus platos eran adornados por una buena cantidad de servilletas abultadas!
Bien, posiblemente soy muy distraído y lo que sea, pero mi familia es una de mis mayores prioridades, y de las pocas cosas que siempre tomo en cuenta.
Mire de soslayo a Bella, ella no tenia servilletas acumuladas, y su plato estaba medianamente vació.
Eso me descoloco por completo, sabia que ella, más bien que nadie comía. Todavía no tenía bien planteadas mis teorías, pero eso me pareció un gran sacrificio. De todas ser la única con el valor de ingerir algo poco apetecible para ella. Y vamos a que se piensan que soy tan idiota como no fijarme en todo este tiempo que mi familia, no duermen, no comen, y son inclusos más fríos que un cubito de hielo.
Temperatura que ya me es indiferente, vivir entre paredes como en un congelador, siempre en lugares con climas lluviosos.
Esme termino de acomodar su comida en las servilletas, y disimuladamente las depósito en su plato vació. Enseguida empuje mi silla, y me levante, tomando precipitadamente mi plato.
—Gracias cariño— Esme revolvió amorosamente mi cabello, — ve a descansar, mañana vas a clases y no pienso quitarte horas de sueño— sugirió. Le di un beso en la mejilla, era imposible no darle muestras de amor. A veces lo hacia sin proponérmelo.
Esme se vio por un momento sorprendida, pero cuando vio que su gélida mejilla no me afectaba, relajo su postura.
—Buenas noches— me despedí de todos, que ahora se encontraba en la estancia. La única que me siguió fue Bella.
—Yo también, voy a… dormir— susurro la última parte deseándolo, o algo así me pareció.
Bella me siguió muy de cerca.
—Que descanses Edward— no pude evitar abrazarla, extrañaba la sensación de ser abrazado por un viento helado. Y para mi buena suerte ella devolvió aquel gesto, si preámbulos o restricciones, como solía hacerlo antes.
—Que tengas dulces sueños, Bella— le dije, intentando que mi deseo fuera mas real que irónico.
Llámenme loco, pero mis hermanos solo usaban pijamas para verme la cara de idiota, y eso era una misión imposible.
Ella me sonrió melancólica, y se encerró en su habitación.
Recorrí la poca distancia que quedaba para mi cuarto, y me encerré yo también.
Era la replica exacta de mi vieja recamara, solo que esta el doble de amplia y mas iluminada. Por sus enormes ventanales que dejaban a la vista un maravilloso paisaje.
Otra de las mas extraños sucesos que rodeaban a mi familia, es que siempre terminábamos viviendo rodeados por la madre naturaleza, y en realidad eso a mi no me molestaba.
Me despoje de todas mis prendas, tomando solo mi pantalón del pijama.
Me di una vuelta, me di otra vuelta. Aun lado, al otro, mis pies quedaron a la cabecera, o colgando. Cambie de posición, sobre mi estomago, boca arriba, incluso avente mi almohada. Pero nada, era imposible conciliar el sueño. Es que vivir en una casa de somnifobicos me estaba afectando.
Me senté sobre mi cama, y me restregué la cara. ¡Porque diablos no puedo dormir!. Estaba comenzando a tener un ataque de desesperación, tenía un tremendo sueño, pero mis ojos no estaban ayudando mucho que digamos. A pesar del frustrante sueño, mis parpados no se quedaban cerrados.
Entonces recordé mi niñez, cuando me daban ataques de insomnio solía escurrirme a escondidas al cuarto de Bella.
Si posiblemente ahora sonaría ridículo, pero estaba desesperado y necesitaba tomar medidas drásticas.
Tome mi almohada, ya iba a irrumpir su cuarto, no invadiría también su cama, ya ocuparía el sillón.
Salí lo mas silencioso posible, la casa ya estaba totalmente a obscura, y sin ruido alguno.
—Ah!— suspire bajo mi aliento, se estaban pasando de la raya, fingir.
Toque un par de veces, pero nadie respondió, así que abrí y me metí sigilosamente, Bella estaba recostada y las cobijas la tapaban hasta la cabeza. Respiraba acompasada. Pero no dormía.
Eres una mala mentirosa, hermanita. Pensé, y me en la esquina de su cama. Bella no se delataría por si solo, me arrastre por su cama, y me acerque su cara.
— ¿Bella?— susurre una vez, ella no abrió los ojos. ¡Diablos, deja de hacerte la dormida!
— ¿Bella?— volví a intentar. Nada.
Intente sacudirla del hombro, pero fue querer mover algún objeto pegado con colaloca.
—Bella, despierta— esta vez ella se removió, y luego bostezo según ella despertándose.
— ¿Edward?— pregunto, con la voz de un coro de campanas. — ¿Qué pasa?
—No puedo dormir— me queje, me escuche como todo niño pequeño. — Me preguntaba si, me dejarías dormir por esta noche contigo— me explique, ella frunció el ceño, y me miro turbada, — quiero decir, en el sillón, claro si tu me lo permites— balbucee nervioso, posiblemente Bella me había malinterpretado.
Pero su risa me aturdió.
—No seas bobo, Edward— ella levanto su edredón, y se recorrió un poco, — Una cama matrimonial sirve para dos personas, así que ven y recuéstate— bien aquello me tomo desprevenido, pero no lo pensé mucho, y me acosté a su lado. Me gire de tal modo que quede dándole la espalda, y ella paso su mano por mi cintura, y se acurruco un poco mas cerca de mi. A su lado era como estar en el Edén.
Bella comenzó a tararear una melodía, que me pareció muy familiar. Eso y su aliento a menta me arrullo.
Estaba soñando, ve a saber que cosa. Cuando un molesto ruidito hizo su magnifica aparición. Algo como pequeñas rocas, estrellándose. Una tras otra, una tras otra.
Gruñí contra mi almohada, pero algo duro como el mármol, evito que me moviera de lugar. Intente safarme pero fue prácticamente imposible. Era como lidiar con una trampa de osos.
Me jale mas fuerte y al suelo fui a dar.
— ¡Edward!— exclamo una tintineante vocecita. Me gire lentamente, aun con mi pie atrapado con algo, y ahí estaba Bella tomando mi tobillo, haciendo serios esfuerzos para no reírse.
Me quede de a seis, recordé todo lo de la noche anterior.
¡Diablos precisamente Bella tenia que ver mi torpeza matutina! Aunque pensándolo bien, no esta del todo mal, que lo primero que mis ojos vean entre sus lagañas, sea la perfecta replica de Afrodita!. Bien, Bella no tenia nada de lujuriosa, ella irradiaba pureza, y honestamente si no fuera así, que mas daba. No por ello dejaría de ser la resurrección de la perfección.
— ¿Edward?— ¡Ah!, suspire. Hasta su voz eran como cánticos celestiales, — ¿Edward?— En que estaría pensando Dios, cuando creo criatura tan maravillosa, —¡¡Edward!!— bueno aquello fue mas un rugido, que un canto.
—¡¿Qué?!, ¡¿Qué paso?!— exclame al borde del colapso.
Bella rió, con una aquella risita que me pareció encantadora y por un momento me dejo aturdido.
—Si no te apuras, llegaras tarde a clases— me informo con picardía.
—No voy a ir— a nuncio como si fuese cualquier cosa. Ella no pareció tragársela enseguida y me reí bajito.
— ¡¿Cómo?!— exploto, subió su tono de voz y aun así me parecía encantador. Pero que querían, la carne es débil y Bella era tentadora, hasta sin proponérselo.
Me reí, — No me pienso arriesgar a que me digan "Hay viene el cojo Cullen"— me burle. Luego mire mi tobillo aprisionado por su gélida mano, y luego a Bella.
Me soltó enseguida, y agacho su cabeza, asiento que su cabello se convirtiera en cortinas de seda.
Tal vez ella no se sonrojaba, pero aquello era señal de bochorno. Le conocía cada uno de sus gestos, muecas y sonrisas como a la palma de mi pálida mano. Cualquiera diría que era un autentico acosador. Que bah! Es cosa que me viene y me va.
—Lo siento— susurro, y llevo su mano a su sedoso cabello para peinarlo hacia atrás, — Se te hará tarde—advirtió.
—Ya, no es necesario que me corras, comprendí a la primera— Y me pare de un salto en intento de acrobacia. Ya que di una pequeña pirueta. Bella aplaudió e Hice un par de reverencias, — Gracias, Gracia— me alabe.
—Eres buen acróbata, pero me gustas mas como domador— dijo , y eso me pareció doble sentido o algo por el estilo, de igual manera me encogí de hombros y le seguí el juego.
—Entonces tu tendrás que ser mi peligrosa felina— me pareció verla tensarse, pero enseguida se recompuso y comenzó a reírse.
—No soy tan fácil de dominar.
— ¿Ah no? Y si comprobamos— la rete, y me acerque peligrosamente a ella.
— ¡Edward, se te hace tarde!— y luego se esfumo.
¿Qué mosco le abra picado?, si tan solo estábamos jugando.
Tuve una batalla campal con mi cabello, aunque como siempre termine por perder. Y me enfunde en una ancha sudadera gris. Revolví mi enorme closeth para solo tomar unos de esos pantalones de mezclilla que según Alice solo entraban con calzador, pero a mi todavía me quedaban un tanto grandes. No soy flacucho, pero igual no tengo el cuerpo de un gorila.
La mayoría de los autos eran tan viejos como mi abuela, aunque ni si quiera le conocía, incluso podría decir que mi volvo era llamativo, o al menos si para los trescientos cincuenta y sietes alumnos, y ahora trescientos cincuenta y ocho, contándome a mi.
Me baje envolviendo mi bufanda alrededor de mi cuello, y frote mis manos haciendo fricción para calentarlas. Se que debería estar acostumbrando a este tipo de clima, pero el frió es frió, después de todo. Subí mi capucha y corrí hasta el primer edificio, lamentándome por aceptar de buenas a primeras la mudanza.
Aquel lugar de tres edificios que parecían más bien tres casas de retiro, no eran nada a comparación a los grandes edificios de mi antiguo instituto. Simplemente en mi clase de tercer año había setecientos alumnos. ¡Ah!, esto seria un gran cambio para mi común vida de ciudad.
Suspire profundo y empuje la puerta, adentro estaba calientito, tendrían su aire de calefacción, me imagine que aquello para los alumnos era un lujo. Había un letrerito que decía "Oficina principal". Bien, estaba en el lugar correcto, era mejor preguntar, antes de perderme, aunque no vi eso como posible, después de todo el lugar a mi parecer era pequeño.
La oficina era igual de angosta, constaba con los sillones de espera, algunos diplomas y premios pegados en las paredes, se escucha solo el constante tic tac de un reloj. Era dividida por un alargado mostrador y detrás de ella, algunos escritorios.
En uno de ellos se encontraba una mujer corpulenta con unas enormes gafas de armazón negro.
Me tuve que acercar, para que notara mi presencia, y lo hizo.
— ¿Te pudo ayudar en algo?— me pregunto, alzándose un poco.
— Vengo por mi horario de clases, y el plano del plantel. Mi nombre es Edward Cullen— informe, y entonces sus ojos mostraron un amago de reconocimiento. Por supuesto hijo del Dr Edward Culle, el unico Dr del pueblo.
—Oh Claro, pero si eres igual de guapo que tu padre, como no notarlo. Aunque es algo joven, para tener un muchacho de tu edad, ¿no?— reconoció. Su voz paso de profesional a demasiado dulzona, inclusive me pareció mas un mal coqueteo.
—Soy adoptado— aclare, tomando de su mano el horario y el plano de la escuela. —Gracias— estuve apunto de irme, cuando su voz me detuvo de nuevo.
—Te falta el comprobante de asistencias, no olvides mostrárselo a tus profesores.
Volví a agradecer y Salí de aquel lugar.
Cuando Salí, ya estaba mas lleno el estacionamiento del instituto. Examine mi horario, y me subí nuevamente la capucha de mi sudadera, para correr al edificio de mi primer clase.
Camine entre "el mundo de gente", mi primer clase era literatura, genial no era una fanático de la lectura, lo mió era la música.
El aula era pequeña, y la mayoría de los alumnos tenían la tez clara, aunque no llegaban aun pálido como el mío, posiblemente ellos si se asoleaban.
Y le entregue mi comprobante al Sr Masón o por lo menos así decía la larga placa sobre su escritorio.
Me senté en las ultimas bancas de la fila, ese siempre a sido mi lugar apropiado, tanto así como en mi escuela anterior. No es por pasar desapercibido, es solo costumbre.
La clase se torno aburrida, ya que estaban debatiéndose sobre una obra de shakespeare, una que ya tenía más que aprendida, luego de haber participado en teatro sobre la misma.
Ignore el parlotee del profesor haciendo dibujitos en mi libreta, hasta que escuche el timbre de entre clases.
Casi llegando a mi próxima clase, sentí un pequeño toque en mi hombro, y me gire, una muchachita de aproximadamente 1.70 de altura, y delgada. De ojos avellanos y castaña. Estaba sonriéndome amablemente.
— ¿Eres nuevo verdad?— inquirió algo tímida, enseguida me imagine el trabajo que le debió haber costado acercarse a mi.
Seguro no era de las populares, y a pesar de que yo siempre andaba entre animadoras, no estaba mal hacer un pequeño cambio en mí, antes de que realmente hiciera estragos en mi persona.
—Si, soy Edward Cullen— me presente, correspondiendo su cordial y tímida sonrisa.
—Oh si!— reconocido, — Soy Angela weber— dijo, llevándose un dedo a la nariz para acomodar sus pequeñas gafas.
Estaba comencé a pensar, que se le hacia muy difícil hacer un larga conversación, así que me dispuse a ayudarla un poco.
— ¿Qué clase te sigue?— pregunte.
—Voy al edificio 4.
Cheque mi horario, y lamentablemente, mi primera amiga tenia una clase distinta a la mía.
— Humm yo voy al 6, pero vamos de camino— sugerí.
Volví a acomodar mi bufanda y espere a Angela luego de ir a recoger su abrigo,
Cuando salimos ya no llovía tan fuerte, ahora tan solo chispeaba.
— ¿Apuesto que el lugar de donde vienes es más grande?— me pregunto curiosa. Asentí.
—En realidad si— respondí honestamente.
— ¿Es diferente?
—Bueno si hablamos de una ciudad, pues si lo es— no se que vio en mi cara, pero algo me decía que la siguiente pregunta me lo diría.
— ¿No te gusta verdad? A decir verdad te comprendo, debe haber una enorme diferencia entre un chico de ciudad y un pueblerino—bien, lo que vio fue antipatía, ¡diablos! No quería que ella pensara eso de mí.
—¡No es eso!— respondí un poco mas rápido de lo debido, la sobresalte un poco, — quiero decir, es solo que es la primera vez que me mudo, es …— busque la palabra mas apropiada, — difícil.
Pasamos por la cafetería al siguiente edificio, y me despedí de ella, esperando encontrármela en la cafetería. Por supuesto haría mas amigos, pero algo me decía que con Angela me llevaría mejor que con los demás. En un lugar chico, no puedes encontrar tanto como en un lugar grande.
El resto de la mañana transcurrió igual, no hubieron mas presentaciones, y mis cambios de clase los hice yo solo.
A la hora del almuerzo, Ángela ya me esperaba con su charola en la mano, le sonreí y me acerque a ella.
— Hey— salude, ella me sonrió. — Voy por una charola y ya regreso, — le avise y ella se sentó en una mesa, donde habían otro par de chicos y chicas.
Regrese con la bandeja casi vacía, solo agarre una manzana y una soda.
—Edward— me llamo la delgada voz de Ángela, alce la mirada de mi charola, — Ellos son Erick— señalo aun muchacho con acne, —Mike— un rubio con el cabello engomado, y aspecto creído, —Jessica y Lauren— no tenían mucha diferencia ambas rubias, y de tez clara, solo que con ojos azul y grandes, otra de color avellanos.
Y ahí estaba yo, en medio de la cafetería sentado entre desconocido, y con una única con la que sentía del todo a gusto. Como bien dije, era de tontos no notar quien era falso. Angela realmente no sabia elegir amigos, ya le enseñaría yo.
Jessica estaba muy entretenida conociendo mi vida que por cierto yo invente, no iba a compartir con ella mi vida personal. Y con una risa coqueta preguntándome sobre mis gustos y mis novias.
Hasta que escuche la chillante voz de Lauren.
— ¡Dios, están buenísimos!— me voltee sobre mi silla para seguir su mirada, y fue a parar a una de las mesas mas alejadas de las demás, en una esquina.
Difícil no reconocerlos pero que hacían ellos aquí!
—Mis hermanos— susurre, pero inevitablemente no lo suficiente bajo para no ser escuchados.
— ¿Ellos son tus hermanos?— me pregunto Jessica, y me limite a asentir.
— ¿Todos son hijos del Dr Cullen?, Pero si no pasa de los treinta— comento Lauren, otra que estaba locamente enamorada de mi padre.
—Somos adoptados, a excepción de Jasper y Rosalie los rubios, ellos son hijos de algún tío lejano— relate la misma historia de siempre, ya ni yo me la creía.
Ignore los murmullos a mi alrededor, que ahora incrementaban después de a la aparición de mis hermanos.
Todos tenían sus charolas frente a ellos, con algo de comida, pero intacta a final de cuentas. Ni si quiera conversaban entre si, todos tenían la mirada perdida en diferentes sitios.
—Pues a mí la que me gusta es la castaña— opino Mike y entonces una fuerte molesta en mí estomago.
Fue entonces que note que casi todas las miradas eran hacia su mesa, y mas precisamente a una única persona, la única que parecía no tener pareja.
No era difícil de leer la mente de toda la bola de neardentales, y eso me enfurecía, no tenían nada mejor que hacer que imaginarse fantasías sexuales con mi hermana. Y a Bello eso no parecía gustarle.
Me levante golpe.
Ignore los murmullos a mí alrededor. De no ser por la bandeja que llevaba en mis manos, ya hubiese llevado ambas manos a mis oídos.
Entre al salón de Biología, sin fijarme en los demás alumnos y volví a entregar mi comprobante de asistencia.
—Toma asiento, aun lado de… ¿tu hermana?, así que también eres un Cullen. Bien pues empecemos la clase— aquello hizo que alzara la mirada y ahí estaba, Bella sonriéndome nerviosamente.
Ya me tendría que darme varias explicaciones, ¿no se supone que era mayor que yo?, aunque no lo aparentara.
Me deje a caer a su lado, y acomode mi libro de Biología.
— ¿Qué haces aquí?— le pregunte mas cortante de lo que quería.
—Bueno, ya te lo explicaremos en casa— respondió simplemente, volvió su atención a la clase.
Una fuerte ráfaga de aire entro, y me revolvió un poco el cabello. Sentí a Bella tensarse y agarrarse un poco mas del escritorio.
— ¿Estas bien?— le pregunte.
—Si— respondió cortante, vaya genio. La ignore el resto de la clase, yo no le propuse que se inscribiera conmigo. De hecho me molestaba, era como si necesitara todos unos guaruras para cuidarme. Comenzaba a sentirme estupidamente machista, pero es que así me hacían ver como el débil chico de la película de acción.
Antes del que timbre sonara, Bella ya estaba saliendo como un rayo de la clase, intente seguirla, pero una fuerte mano me detuvo.
—Déjala un momento, Edward— me gire para ver a Jasper, y lado de el al resto de mis hermanos.
— ¿Qué tiene?, a estado muy rara— les explique para que me dejaran ir.
—A estado un poco enferma por la mañana— dijo Alice, atrás de ella estaba Emmett tomando de la cintura a Rosalie, que no se le veía para nada contenta.
—¡Vamos hermanito pequeño, tenemos que llevarte a casa!— grito Emmett, haciendo que varias cabeza se giraran en mi dirección.
No solo seria un gran cambio, también un muy largo curso escolar.
